El Arrepentimiento
التوبة At-TawbahVersículo (Español)
[9:25] [Recuerden que] Dios los socorrió en muchas ocasiones, como el día de [la batalla de] Hunain, cuando ustedes se vanagloriaban de su superioridad numérica, pero de nada les valió y les resultó estrecha la Tierra [para escapar cuando los atacaron los idólatras] a pesar de su vastedad, y huyeron.
Tafsir de Al-Qurtubi
{Ciertamente, Alá os ha auxiliado en muchos escenarios, y el día de Hunayn, cuando os maravilló vuestra multitud, pero no os sirvió de nada, y la tierra se os hizo estrecha a pesar de su amplitud; luego volvisteis la espalda, huyendo} (25)
En ella hay ocho cuestiones:
La primera.—
Su dicho —Exaltado sea—:
«Ciertamente, Alá os ha auxiliado en muchos escenarios».
Cuando a Hawāzin le llegó la noticia de la conquista de La Meca, los reunió Mālik b. ʿAwf al-Naṣrī, de Banū Naṣr b. Mālik; el mando de todo el ejército recaía en él. Condujo con los incrédulos sus bienes, sus ganados, sus mujeres y sus hijos, y pretendió que con ello protegería sus vidas y que, entonces, se fortalecería su ímpetu en el combate. Eran ocho mil, según al-Ḥasan y Muǧāhid.
Y se dijo: cuatro mil, de Hawāzin y Ṯaqīf. Sobre Hawāzin estaba Mālik b. ʿAwf, y sobre Ṯaqīf, Kināna b. ʿAbd; acamparon en Awṭās[7892] El Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— envió como espía a ʿAbd Allāh b. Abī Ḥadrad al-Aslamī; este acudió a él y le informó de lo que había visto de ellos. Entonces el Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— se determinó a marchar contra ellos, y tomó prestadas de Ṣafwān b. Umayya b. Ḫalaf al-Ǧumaḥī unas cotas.
Se dijo: cien cotas.
Y se dijo: cuatrocientas cotas. Y pidió un préstamo a Rabīʿa al-Maḫzūmī de treinta mil o cuarenta mil; cuando llegó, se lo pagó.
Luego el Profeta —que Alá le bendiga y le conceda paz— le dijo:
«Que Alá bendiga para ti a tu familia y a tu hacienda; en verdad, la retribución del préstamo es el cumplimiento y el agradecimiento».
Lo transmitió Ibn Māǧa en al-Sunan. El Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— salió con doce mil musulmanes: diez mil que le acompañaron desde Medina y dos mil de los islamizados de la Conquista —los ṭulaqāʾ—, además de quienes se le unieron de los beduinos de Sulaym, Banū Kilāb, ʿAbs y Ḏubyān. Dejó a ʿAttāb b. Asīd al frente de La Meca. En esta salida vio la gente ignorante de los beduinos un árbol verde; en la época preislámica tenían un árbol conocido llamado Ḏāt Anwāṭ, al que los incrédulos acudían un día señalado del año para venerarlo.
Dijeron: «¡Mensajero de Alá! Haznos un Ḏāt Anwāṭ como ellos tienen un Ḏāt Anwāṭ». Y él —sobre él la paz— dijo:
«¡Alá es el Más Grande! Habéis dicho —por Aquel en cuya mano está mi alma— lo mismo que dijo el pueblo de Moisés: {Haznos una divinidad como ellos tienen divinidades. Dijo: En verdad, sois un pueblo ignorante}. Seguiréis, sin duda, las sendas de quienes os precedieron, exactamente, pluma por pluma, hasta el punto de que, si entrasen en la madriguera de un lagarto, entraríais en ella».
El Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— avanzó hasta llegar al valle de Ḥunayn, uno de los valles de Tihāma. Hawāzin se había emboscado en las dos laderas del valle, en la penumbra del alba; cargaron contra los musulmanes como un solo hombre, y la mayoría de los musulmanes huyó sin volver la vista[7893] unos hacia otros. Permaneció firme el Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz—, y permanecieron firmes con él Abū Bakr y ʿUmar; y de su Casa: ʿAlī, al-ʿAbbās, Abū Sufyān b. al-Ḥāriṯ b. ʿAbd al-Muṭṭalib y su hijo Ǧaʿfar; Usāma b. Zayd; y Ayman b. ʿUbayd —que es Ayman b. Umm Ayman—, que fue muerto aquel día en Ḥunayn; y Rabīʿa b. al-Ḥāriṯ; y al-Faḍl b. ʿAbbās.
Y se dijo, en lugar de Ǧaʿfar b. Abī Sufyān: Qutham b. al-ʿAbbās. Estos fueron diez hombres.
Por esto dijo al-ʿAbbās:
Auxiliamos al Mensajero de Alá en la guerra: nueve, *** mientras huyeron quienes huyeron de su lado[7894]
y se dispersaron.
Y el décimo encontró la muerte por sí mismo, *** por lo que le alcanzó por Alá, sin lamentarse.
Umm Sulaym se mantuvo firme entre quienes se mantuvieron firmes, ceñida, sujetando un camello de Abū Ṭalḥa, y en su mano un puñal. No huyó el Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— ni ninguno de estos. El Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— iba sobre su mula torda, cuyo nombre era Duldul. En Ṣaḥīḥ Muslim, de Anas, dijo al-ʿAbbās[7895]: «Yo sujetaba el ronzal de la mula del Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz—, conteniéndola para que no se apresurase, y Abū Sufyān sujetaba el estribo del Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz—.
Entonces el Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— dijo: “¡Oh ʿAbbās! Llama a los compañeros del árbol[7896]”.
Dijo al-ʿAbbās —y era un hombre de voz potente; y se narra, por la fuerza de su voz, que un día hizo una incursión contra La Meca y gritó “¡Oh, mañana!” y toda embarazada que oyó su voz abortó—:
“Grité con la voz más alta: ¿Dónde están los compañeros del árbol?”.
Dijo: “¡Por Alá!, fue como si, al oír mi voz, se volvieran hacia mí como se vuelve el ganado hacia sus crías”.
Dijeron: “¡Aquí estamos! ¡Aquí estamos!”.
Dijo: “Y combatieron contra los incrédulos…”»; el ḥadiz.
Y en él: «Dijo: Luego el Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— tomó unas piedrecillas y las arrojó a los rostros de los incrédulos».
Luego dijo: «¡Huid, por el Señor de Muḥammad!».
Dijo: «Me puse a mirar y, según veía, el combate seguía como estaba».
Dijo: «¡Por Alá!, no fue sino que les arrojó sus piedrecillas, y no dejé de ver su filo embotado y su asunto en retirada».
Dijo Abū ʿUmar: Hemos transmitido por diversas vías, de algunos de los asociadores que se islamizaron y que presenciaron Ḥunayn, que dijo —cuando fue preguntado por el día de Ḥunayn—: “Nos encontramos con los musulmanes y no tardamos en derrotarlos y perseguirlos, hasta que llegamos a un hombre montado en una mula blanca. Cuando nos vio, nos increpó con un grito y nos reprendió; tomó en su palma guijarros[7897] y tierra, los arrojó y dijo: ‘¡Que se afeen los rostros!’. No quedó ojo al que no le entrara algo de ello, y no pudimos sino volver sobre nuestros talones”.
Y dijo Saʿīd b. Ǧubayr: “Nos contó un hombre de los asociadores, el día de Ḥunayn: cuando nos encontramos con los compañeros del Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz—, no resistieron ante nosotros lo que dura el ordeño de una oveja, hasta que llegamos al de la mula torda —es decir, el Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz—. Entonces nos salieron al encuentro hombres de rostros blancos y hermosos, y nos dijeron: ‘¡Que se afeen los rostros! ¡Regresad!’. Regresamos, y ellos nos montaron sobre las espaldas: fue aquello mismo”. Es decir, los ángeles.
Digo: no hay contradicción, pues es posible que ‘¡Que se afeen los rostros!’ procediera tanto de su dicho —que Alá le bendiga y le conceda paz— como del dicho de los ángeles a la vez; y esto indica que los ángeles combatieron el día de Ḥunayn. Y Alá sabe más. ʿAlī —Dios esté complacido con él— mató el día de Ḥunayn, con su propia mano, a cuarenta hombres. Y el Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— capturó cuatro mil cabezas.
Y se dijo: seis mil, y doce mil camellas, además de lo que no se conoce de botín.
La segunda.—
Dijeron los sabios acerca de esta expedición: el Profeta —que Alá le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Quien mate a un enemigo y tenga prueba de ello, tendrá su despojo».
Ya se explicó en «al-Anfāl»[7898]
Dijo Ibn al-ʿArabī: por esta sutileza y otras, los juristas de los aḥkām incluyeron esta aleya entre los aḥkām.
Digo: en ella hay también la licitud de tomar prestadas armas, y la licitud de beneficiarse de lo prestado si es conforme a lo acostumbrado para aquello para lo que se presta algo semejante; y la licitud de que el imām pida un préstamo de dinero cuando haya necesidad de ello, y de devolverlo a su dueño. El ḥadiz de Ṣafwān es un fundamento en este capítulo. Y en esta expedición el Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— ordenó:
«Que no se tenga trato con una embarazada hasta que dé a luz, ni con una no embarazada hasta que menstrúe una vez».
Esto indica que el cautiverio corta el vínculo matrimonial. Ya se explicó en la sura «al-Nisāʾ» de manera completa[7899] Y en el ḥadiz de Mālik: que Ṣafwān salió con el Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz— siendo incrédulo, y presenció Ḥunayn y al-Ṭāʾif, mientras su esposa era musulmana; el ḥadiz.
Dijo Mālik: y eso no fue por orden del Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz—; y no veo que se pida ayuda a los asociadores contra los asociadores, salvo que sean sirvientes o marineros.
Y dijeron Abū Ḥanīfa, al-Šāfiʿī, al-Ṯawrī y al-Awzāʿī: no hay inconveniente en ello si el gobierno del islam es el predominante; solo se desaprueba pedirles ayuda cuando el gobierno de la incredulidad es el manifiesto. Ya se trató lo relativo a asignarles parte en «al-Anfāl»[7900]
La tercera.—
Su dicho —Exaltado sea—: «y el día de Hunayn».
Ḥunayn es un valle entre La Meca y al-Ṭāʾif; se declina porque es un nombre masculino, y esta es la lengua del Corán. Entre los árabes hay quien no lo declina, considerándolo nombre de un paraje.
Y se recitó:
Auxiliaron a su Profeta y reforzaron su apoyo *** en Ḥunayn, el día en que los valientes se abandonaron.
[7901]
«y el día» es un circunstancial (ẓarf), y aquí está en acusativo con el sentido de: y os auxilió el día de Hunayn.
Dijo al-Farrāʾ: «mawāṭin» no se declinó porque no tiene semejante en el singular y no tiene plural colectivo; salvo que el poeta, a veces, se ve forzado y lo pluraliza; y no es lícito en el habla todo lo que es lícito en la poesía.
Y citó:
y ellas mastican sus hierros.
Dijo al-Naḥḥās: vi a Abū Isḥāq asombrarse de esto; dijo: tomó el dicho de al-Ḫalīl y erró en ello; porque al-Ḫalīl dice al respecto: no se declinó porque es un plural que no tiene semejante en el singular y no se pluraliza con el plural fracto; en cambio, con alif y tāʾ no hay impedimento.
La cuarta.—
Su dicho —Exaltado sea—: «cuando os maravilló vuestra multitud».
Se dijo: eran doce mil.
Y se dijo: once mil quinientos.
Y se dijo: dieciséis mil.
Entonces algunos dijeron: «Hoy no seremos vencidos por escasez». Fueron dejados a esa palabra, y ocurrió lo que hemos mencionado de la derrota al comienzo, hasta que regresaron; y la victoria y el triunfo fueron para los musulmanes por la bendición del señor de los enviados —que Alá le bendiga y le conceda paz—.
Así, Alá —Poderoso y Majestuoso— aclaró en esta aleya que la victoria solo se da por el auxilio de Alá, no por la multitud. Y Él ha dicho: {Y si Él os abandona, ¿quién os auxiliará después de Él?}[7902][Āl ʿImrān: 160].
La quinta.—
Su dicho —Exaltado sea—: «y la tierra se os hizo estrecha a pesar de su amplitud».
Es decir, por el miedo, como se dijo:
Como si las tierras de Alá, siendo anchas, *** para el temeroso perseguido fueran el lazo del cazador.
[7903]
Al-raḥb —con ḍamma en la rāʾ— es la amplitud.
Se dice de ello: fulano es de pecho amplio.
Y al-raḥb —con fatḥa—: lo espacioso.
Se dice de ello: tierra espaciosa, y suelo espacioso. Y se dice: raḥubat tarḥubu raḥban wa raḥāba.
Y se dijo: la bāʾ tiene el sentido de «con», es decir, con su amplitud.
Y se dijo: con el sentido de «sobre», es decir, sobre su amplitud.
Y se dijo: el sentido es «por su amplitud», y «mā» es de valor masdarí.
La sexta.—
Su dicho —Exaltado sea—: «luego volvisteis la espalda, huyendo».
Muslim transmitió de Abū Isḥāq, que dijo: un hombre vino a al-Barāʾ y le dijo: «¿Huisteis el día de Ḥunayn, oh Abū ʿUmāra?».
Dijo: «Doy testimonio, respecto al Profeta de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz—, de que no huyó; pero se adelantaron los más ligeros[7904] de la gente, y se descubrieron ante este clan de Hawāzin. Eran un pueblo de arqueros; les dispararon una descarga de flechas como si fuera una nube de langosta, y se desbandaron. Entonces la gente se dirigió hacia el Mensajero de Alá —que Alá le bendiga y le conceda paz—, mientras Abū Sufyān le conducía su mula.
Entonces descendió, invocó y pidió auxilio, diciendo:
“Yo soy el Profeta, no hay mentira. Yo soy hijo de ʿAbd al-Muṭṭalib. ¡Oh Alá, haz descender Tu auxilio!”».
Dijo al-Barāʾ: «Por Alá, cuando el combate se enrojecía, nos protegíamos con él; y el valiente entre nosotros era quien se ponía a su lado», es decir, el Profeta —que Alá le bendiga y le conceda paz—.
Notas y Referencias
[7892] Awṭās: un valle en las tierras de Hawāzin; allí tuvo lugar el combate de Ḥunayn.
[7893] Es decir, no volvió la vista ni se volvió hacia (nadie).
[7894] En los manuscritos: «de ellos»; la corrección es según al-Mawāhib al-Ladunniyya.
[7895] En a, ǧ, ḥ, l, h, z: «dijo Ibn ʿAbbās»; lo correcto es lo que hemos fijado según k, b, y.
[7896] Es decir, los compañeros del árbol llamado al-samura; es el árbol junto al cual tuvo lugar la Bayʿat al-Riḍwān el año de al-Ḥudaybiyya.
[7897] En b y ǧ: «o tierra».
[7898] Véase t. 7, p. 363.
[7899] Véase t. 5, p. 121.
[7900] Véase la cuestión vigésima, p. 18 de este volumen.
[7901] El verso es de Ḥassān b. Ṯābit.
[7902] Véase t. 4, p. 253 y ss.
[7903] Al-kiffa (con kasra): el lazo del cazador; y al-ḥābil: quien tiende el lazo.
[7904] Aḫiffāʾ: plural de ḫafīf, como ṭabīb y aṭibbāʾ; con ello quiso decir los apresurados. Y al-ḥusr: plural de ḥāsir, como sāǧid y suǧǧad. Es quien no lleva cota ni casco, es decir, no llevan armas. Y al-rašq (con kasra): nombre de las flechas que un grupo dispara de una sola vez. Y al-raǧl (con kasra): el trozo. Y su dicho «iḥmarra al-baʾs» significa: se recrudeció la guerra. (Véase el comentario de al-Nawawī a Ṣaḥīḥ Muslim, Kitāb al-Maġāzī).