7

Las Alturas

الأعراف Al-A'raf
Aya 12

Versículo (Español)

[7:12] [Dios] le preguntó: "¿Qué te impidió prosternarte cuando te lo ordené?" Respondió: "Yo soy superior a él, pues a mí me creaste de fuego, mientras que a él lo creaste del barro".

Tafsir de Al-Qurtubi

{Dijo: «¿Qué te impidió postrarte cuando te lo ordené?» Dijo: «Yo soy mejor que él: me creaste de fuego y lo creaste de barro»} (12) Su dicho —Exaltado sea—: «Dijo: “¿Qué te impidió?”». «¿Qué?» está en posición de nominativo como inicio (mubtada’), es decir: ¿qué cosa te impidió? Y esta es una pregunta de reproche. «Que no te postres» está en posición de acusativo, es decir: de postrarte. Y «no» es redundante. Y en Ṣād: «¿Qué te impidió que te postraras?» [ Ṣ : 75 ]. Y dijo el poeta:

Su generosidad rehusó, no la avaricia; y me apresuré a acudir a él *** Sí: de un joven cuya dádiva no impide su benefactor.

Quiso decir: “Su generosidad rehusó la avaricia”, y añadió «no». Y se ha dicho: no es redundante, pues en “impedir” hay un matiz de decir y de incitar; como si dijera: ¿quién te dijo que no te postraras?, o ¿quién te llamó a que no te postraras? Como cuando dices: “Te he dicho que no hagas tal cosa”. Y se ha dicho: en el discurso hay una elipsis, y la estimación es: ¿qué te impidió obedecer y te llevó a no postrarte? Dijeron los sabios: lo que lo llevó a abandonar la postración fue la soberbia y la envidia; y lo había ocultado en su interior cuando se le ordenó aquello. Y su orden fue antes de la creación de Adán; dice Dios —Exaltado sea—: «Ciertamente voy a crear un ser humano de barro. Y cuando lo haya modelado y haya insuflado en él de Mi espíritu, caed ante él postrados[7021]» [ Ṣ : 71, 72 ]. Como si le hubiera penetrado un asunto enorme por Su dicho: «caed ante él postrados». Pues en el “caer” hay humillación para quien cae y ennoblecimiento para aquel ante quien se cae; así, ocultó en su interior que no se postraría cuando se le ordenase en ese momento. Luego, cuando se insufló en él el espíritu, los ángeles cayeron en postración, y él permaneció en pie entre ellos; y con su permanecer en pie y abandonar la postración manifestó lo que había en su fuero interno. Entonces dijo Dios —Exaltado sea—: «¿Qué te impidió que no te postraras?», es decir: ¿qué te impidió someterte a Mi orden?; y sacó a la luz el secreto de su interior, y dijo: «Yo soy mejor que él».

La segunda cuestión.— Su dicho —Exaltado sea—: «cuando te lo ordené» indica lo que dicen los juristas: que el mandato, en su sentido absoluto y sin indicio contextual, implica obligatoriedad; porque la censura se vinculó al abandono de un mandato absoluto, que es Su dicho —Poderoso y Majestuoso— a los ángeles: «Postraos ante Adán». Y esto es claro.

La tercera cuestión.— Su dicho —Exaltado sea—: «Dijo: “Yo soy mejor que él”», es decir: lo que me impidió postrarme fue mi superioridad sobre él; así, esta es de Iblīs una respuesta conforme al sentido. Como cuando dices: “¿De quién es esta casa?”, y el interpelado responde: “Su dueño es Zayd”. No es esta la respuesta literal, sino un discurso que retorna al sentido de la respuesta. «Me creaste de fuego y lo creaste de barro». Consideró que el fuego es más noble que el barro: por su elevación, su ascenso y su ligereza, y porque es una sustancia luminosa. Dijeron Ibn ʿAbbās, al-Ḥasan e Ibn Sīrīn: el primero que hizo analogía (qiyās) fue Iblīs, y erró en la analogía. Quien mida la religión por su opinión, Dios lo emparejará con Iblīs. Dijo Ibn Sīrīn: no se adoró al sol y a la luna sino por analogías. Y dijeron los sabios: erró el enemigo de Dios al preferir el fuego al barro, aunque ambos estén en un mismo grado en cuanto son materia inerte creada. Pues el barro es mejor que el fuego por cuatro aspectos: El primero: que en la esencia del barro están la gravedad y la quietud, la dignidad y la calma, la clemencia, el pudor y la paciencia. Eso fue lo que condujo a Adán —sobre él la paz—, tras la dicha que le había sido previamente decretada, al arrepentimiento, la humildad y la súplica; y ello le legó el perdón, la elección y la guía. Y en la esencia del fuego están la ligereza, la temeridad, la agudeza, la altivez y la agitación. Eso fue lo que condujo a Iblīs, tras la desdicha que le había sido previamente decretada, a la arrogancia y la obstinación; y ello le legó la perdición, el castigo, la maldición y la desventura. Esto lo dijo al-Qaffāl. El segundo: que el relato transmite que el polvo del Paraíso es almizcle fragante, y no transmite el relato que en el Paraíso haya fuego, ni que en el Fuego haya polvo. El tercero: que el fuego es causa del castigo, y es el castigo de Dios para Sus enemigos; y el polvo no es causa de castigo. El cuarto: que el barro puede prescindir del fuego, mientras que el fuego necesita un lugar, y su lugar es el polvo.

Digo: y cabe una quinta consideración: que la tierra es lugar de postración y purificación, como ha venido en el ḥadīṯ auténtico; mientras que el fuego es amedrentamiento y castigo, como dijo —Exaltado sea—: «Con eso Dios amedrenta a Sus siervos[7022]» [ al-Zumar: 16 ]. Y dijo Ibn ʿAbbās: la obediencia era más apropiada para Iblīs que la analogía; pero desobedeció a su Señor, y fue el primero que hizo analogía por su opinión. Y la analogía en oposición al texto es rechazada.

La cuarta cuestión.— La gente discrepó respecto del qiyās entre quien lo sostiene y quien lo rechaza. En cuanto a quienes lo sostienen: son los Compañeros, los Seguidores y la mayoría de los posteriores; y que el sometimiento a él es racionalmente posible y legalmente establecido; y esto es lo correcto. Al-Qaffāl, de los šāfiʿíes, y Abū al-Ḥusayn al-Baṣrī fueron a que es obligatorio racionalmente someterse a él. Al-Naẓẓām sostuvo que es imposible racional y legalmente someterse a él, y lo rechazó parte de la gente del literalismo (ahl al-ẓāhir). Y lo primero es lo correcto. Dijo al-Buḫārī en (Libro de aferrarse al Libro y a la Sunna): el sentido es que no hay infalibilidad para nadie sino en el Libro de Dios, o en la Sunna de Su Profeta, o en el consenso de los sabios cuando se halla en ellos el dictamen; y si no se halla, entonces el qiyās. Y tituló sobre esto: (Capítulo: quien asemeja un fundamento conocido a un fundamento claro cuyo dictamen Dios ha esclarecido, para que el preguntante comprenda). Y después tituló: (Capítulo: los dictámenes que se conocen por las indicaciones; y cuál es el sentido de la indicación y su explicación). Y dijo al-Ṭabarī: el iŷtihād y la deducción a partir del Libro de Dios, la Sunna de Su Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— y el consenso de la comunidad es la verdad obligatoria y el deber ineludible para la gente de conocimiento. Y con ello vinieron los relatos del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—, y de un grupo de los Compañeros y los Seguidores. Y dijo Abū Tammām al-Mālikī: la comunidad ha consensuado el qiyās; y de ello está que consensuaron la analogía del oro y la plata acuñada en el zakāt. Y dijo Abū Bakr: “Relevadme de mi juramento de fidelidad”. Entonces ʿAlī dijo: “Por Dios, no te relevaremos ni pediremos ser relevados de ti: el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— te aceptó para nuestra religión; ¿acaso no te aceptaremos para nuestro mundo?”. Así, hizo analogía del imamato con la oración. Y el Veraz (al-Ṣiddīq) hizo analogía del zakāt con la oración y dijo: “Por Dios, no separaré lo que Dios ha unido”. Y ʿAlī explicitó el qiyās respecto del bebedor de vino en presencia de los Compañeros, y dijo: “Cuando se embriaga, delira; y cuando delira, calumnia; así, su pena es la pena del calumniador”. Y ʿUmar escribió a Abū Mūsā al-Ašʿarī una carta en la que decía: “Comprensión de lo que se agita en tu pecho de aquello que no te ha llegado en el Libro y la Sunna: conoce los ejemplos y los semejantes; luego mide los asuntos conforme a ello; y dirígete a lo que sea más amado para Dios —Exaltado sea— y más semejante a la verdad, según lo que veas”. El ḥadīṯ, en toda su extensión, lo mencionó al-Dāraquṭnī. Y Abū ʿUbayda dijo a ʿUmar —Dios esté complacido con ambos—[7023] en el ḥadīṯ de la epidemia, cuando ʿUmar regresó de Sarġ[7024]: “¿Huyes del decreto de Dios?”. Dijo ʿUmar: “¡Sí! Huimos del decreto de Dios hacia el decreto de Dios”. Luego ʿUmar le dijo: “¿Qué te parece[7025]..?”. Y lo comparó y debatió con lo semejante de su cuestión en presencia de los emigrados y los auxiliares; y con eso te basta. En cuanto a los relatos y a las aleyas del Corán en este sentido, son muchos; y ello indica que el qiyās es un fundamento entre los fundamentos de la religión, y una salvaguarda para quien Dios salvaguarda de los musulmanes: a él retornan los muŷtahidūn y a él acuden los sabios practicantes, y por él deducen los dictámenes. Esta es la palabra de la mayoría, que es la prueba; y no se presta atención a quien se aparta de ella. En cuanto a la opinión censurada y el qiyās forzado[7026] prohibido, es aquello que no se apoya en estos fundamentos mencionados; porque eso es conjetura y susurro[7027] del demonio. Dijo Dios —Exaltado sea—: «Y no sigas aquello de lo que no tienes conocimiento[7028]» [ al-Isrā’: 36 ]. Y todo lo que el discrepante aduce de ḥadīṯes débiles y noticias endebles en censura del qiyās se interpreta según este tipo de qiyās censurado, que no tiene en la Ley un fundamento conocido. Y la culminación de este capítulo está en los libros de uṣūl.

Notas y Referencias

[7021] Véase t. 15, p. 228 y p. 227.

[7022] Véase t. 15, p. 243.

[7023] De ʿ.

[7024] Lugar cerca de al-Šām, entre al-Muġīṯa y Tabūk.

[7025] Véase al-Muwaṭṭaʾ: «Capítulo: lo que ha venido acerca de la peste».

[7026] En ʿ: al-šakl.

[7027] En ʿ: «y engaño»; y en b: «naġz», que es la incitación.

[7028] Véase t. 10, p. 257.