5

La Mesa Servida

المائدة Al-Ma'idah
Aya 33

Versículo (Español)

[5:33] El castigo para quienes hacen la guerra a [un pueblo que se gobierna por la ley de] Dios y Su Mensajero y siembran en la Tierra la corrupción es que [luego de un juicio justo] se los condene a muerte, se los crucifique, se les ampute una mano y el pie del lado opuesto, o se los condene al exilio. Esto es para que sean denigrados en esta vida, y en la otra tendrán un castigo terrible.

Tafsir de Al-Qurtubi

{Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Allah y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción es que sean ejecutados, o crucificados, o que se les ampute la mano y el pie opuestos, o que sean desterrados de la tierra. Eso es para ellos ignominia en la vida mundanal; y para ellos, en la Otra, hay un castigo inmenso} (33) فيه خمس عشرة مسألة :

الأولى : La gente discrepó acerca de la causa de la revelación de [5504] esta aleya. Lo que sostiene la mayoría es que fue revelada acerca de los ‘uraniyyūn. Los imames transmitieron —y la formulación es la de Abū Dāwūd— de Anas b. Mālik: que un grupo de ‘Ukl [5505]—o dijo: de ‘Urayna— llegó ante el Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— y no se adaptaron [5506] a Medina. Entonces el Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— les ordenó que se les dieran camellas lecheras y les mandó beber de su orina y de su leche. Partieron; y cuando recobraron la salud, mataron al pastor del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y se llevaron el ganado. La noticia le llegó al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— a primera hora del día, y envió tras ellos. Cuando el día avanzó y fueron traídos, ordenó respecto de ellos que se les amputaran manos y pies, y se les cauterizaran [5507] los ojos, y fueron arrojados en la ḥarra [5508] pidiendo agua sin que se les diera. Abū Qilāba dijo: Estos son unos hombres que robaron, mataron, apostataron tras su fe y hicieron la guerra a Allah y a Su Mensajero. Y en otra versión: ordenó traer clavos, se calentaron al rojo y se les aplicaron como colirio; se les amputaron manos y pies, y no se les cauterizó [5509] Y en otra versión: el Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— envió en su búsqueda rastreadores [5510] y fueron traídos. Dijo: Entonces Allah —Bendito y Exaltado— reveló acerca de ello: «Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Allah y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción», la aleya. Y en otra versión Anas dijo: Ciertamente vi a uno de ellos morder la tierra [5511] con su boca por la sed, hasta que murieron. Y en al-Bujārī, Jarīr b. ‘Abd Allāh dijo en su hadiz: El Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— me envió con un grupo de musulmanes hasta que los alcanzamos cuando ya se asomaban [5512] a sus tierras; y los llevamos ante el Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz—. Jarīr dijo: Ellos decían: «¡Agua!», y el Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— decía: «(El fuego)». Los autores de crónicas y biografías han referido: que cortaron las manos y los pies del pastor, clavaron espinas en sus ojos hasta que murió, y lo introdujeron en la ciudad muerto. Se llamaba Yasār y era nubio. Este acto de los apóstatas ocurrió en el año seis de la Hégira. En algunas versiones de Anas: que el Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— los quemó con fuego después de haberlos matado. Y se transmitió de Ibn ‘Abbās y al-Ḍaḥḥāk: que fue revelada por causa de un grupo de la Gente del Libro que tenía un pacto con el Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz—; quebrantaron el pacto, cortaron el camino y corrompieron en la tierra. Y en el Muṣannaf de Abū Dāwūd, de Ibn ‘Abbās, dijo: «“Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Allah y a Su Mensajero” hasta Su dicho: “Perdonador, Misericordioso”». Esta aleya fue revelada acerca de los idólatras; y a quien de ellos se tome [5513] antes de que se tenga poder sobre él, ello no le impedirá que se le aplique el ḥadd que le corresponda. Entre quienes dijeron que la aleya fue revelada acerca de los idólatras están ‘Ikrima y al-Ḥasan; pero esto es débil, y lo refuta Su dicho —Exaltado sea—: «Di a quienes han descreído: si cesan, se les perdonará lo que ya pasó [5514]» [al-Anfāl: 38], y su dicho —sobre él la oración [5515] y la paz—: «(El islam derriba lo anterior)». Lo transmitió Muslim. Y lo correcto es lo primero, por los textos de los hadices firmemente establecidos al respecto. Mālik, al-Shāfi‘ī, Abū Thawr y los partidarios de la opinión dijeron: la aleya fue revelada acerca de quien, de entre los musulmanes, sale a cortar el camino y se afana en la tierra con corrupción. Ibn al-Mundhir dijo: la opinión de Mālik es correcta. Y Abū Thawr, argumentando en favor de esta opinión, dijo: en la aleya hay una prueba de que fue revelada acerca de otros distintos de la gente del politeísmo, y ello es Su dicho —Glorificado sea—: «Excepto quienes se arrepientan antes de que tengáis poder sobre ellos». Han acordado unánimemente que la gente del politeísmo, si cae en nuestras manos y abraza el islam, sus sangres se vuelven inviolables; esto indica que la aleya fue revelada acerca de la gente del islam. Al-Ṭabarī transmitió de algunos sabios: que esta aleya abrogó el proceder del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— con los ‘uraniyyūn, quedando el asunto circunscrito a estos ḥudūd. Y Muḥammad b. Sīrīn transmitió: esto fue antes de que descendieran los ḥudūd —es decir, el hadiz de Anas—; lo mencionó Abū Dāwūd. Y un grupo —entre ellos al-Layth b. Sa‘d— dijo: lo que hizo el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— con la delegación de ‘Urayna fue abrogado [5516], pues no es lícito mutilar al apóstata. Abū al-Zinād dijo: cuando el Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— amputó a quienes robaron sus camellas lecheras y les cegó los ojos con fuego, Allah —Poderoso y Majestuoso— le reprochó ello; entonces Allah —Altísimo— reveló acerca de ello: «Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Allah y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción es que sean ejecutados o crucificados», la aleya. Lo transmitió Abū Dāwūd. Abū al-Zinād dijo: cuando fue amonestado y se le prohibió la mutilación, no volvió a hacerlo. Y se transmitió de un grupo que esta aleya no es abrogante de aquel acto, porque aquello ocurrió en dos ocasiones; máxime cuando está establecido en el Ṣaḥīḥ de Muslim, en el libro de al-Nasā’ī y en otros, que dijo: el Profeta [5517]—Dios le bendiga y le conceda paz— solo cegó a aquellos porque ellos habían cegado los ojos de los pastores; fue, pues, represalia. Y esta aleya versa sobre el salteador creyente. Digo: esta es una opinión buena, y es el sentido de lo que sostuvieron Mālik y al-Shāfi‘ī; por eso Allah —Altísimo— dijo: «Excepto quienes se arrepientan antes de que tengáis poder sobre ellos». Y es sabido que los incrédulos no difieren en sus normas respecto a que se les retire el castigo por el arrepentimiento después de tener poder sobre ellos, como antes de tenerlo. El apóstata merece la muerte por la mera apostasía —sin necesidad de salteo—; no se le destierra, ni se le amputa mano o pie, ni se le deja libre; más bien se le mata si no entra en el islam, y tampoco se le crucifica. Esto indica que lo contenido en la aleya no se refiere al apóstata. Y Allah —Altísimo— dijo respecto de los incrédulos: «Di a quienes han descreído: si cesan, se les perdonará lo que ya pasó» [al-Anfāl: 38]. Y dijo respecto de los salteadores: «Excepto quienes se arrepientan», la aleya; y esto es claro. Conforme a lo que hemos establecido al inicio del capítulo, no hay dificultad, ni reproche, ni censura, pues ello es lo exigido por el Libro. Allah —Altísimo— dijo: «Y quien os agreda, agredidle del mismo modo que os agredió» [5518][al-Baqara: 194]. Ellos mutilaron, y se les mutiló; si bien cabe que el reproche —si es auténtico— fuese por el exceso en la ejecución: esto es, aplicarles como colirio clavos al rojo y dejarlos sedientos hasta que murieron. Y Allah sabe más. Al-Ṭabarī transmitió de al-Suddī: que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— no cegó los ojos de los ‘uraniyyūn, sino que quiso hacerlo; entonces descendió la aleya prohibiéndolo. Esto es muy débil, pues los relatos firmes han llegado con el cegamiento; y en el Ṣaḥīḥ de al-Bujārī: «Ordenó traer clavos y se calentaron para ellos». No hay discrepancia entre los sabios en que el dictamen de esta aleya se aplica a los salteadores de entre la gente del islam, aunque hubiera sido revelada acerca de apóstatas o judíos. En Su dicho —Altísimo—: «Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Allah y a Su Mensajero», hay metáfora y uso figurado; pues Allah —Glorificado sea— no combate ni es vencido, por lo que Le corresponde de atributos de perfección y por la trascendencia debida, libre de contrarios y semejantes. El sentido es: hacen la guerra a los aliados de Allah; y se expresó con Su noble Esencia en lugar de Sus aliados, para magnificar el agravio contra ellos; como se expresó con Su Esencia respecto de los pobres débiles en Su dicho: «¿Quién es el que presta a Allah un préstamo bueno?» [al-Baqara: 245], incitando a la compasión hacia ellos. Y su semejante está en la Sunna auténtica: «(Me pedí alimento y no me alimentaste)», el hadiz; lo transmitió Muslim. Ya se trató en «al-Baqara» [5519]

الثانية : Los sabios discreparon acerca de quién merece el nombre de ḥirāba. Mālik dijo: el salteador, según nosotros, es quien se abalanza sobre la gente en una ciudad o en despoblado, y los enfrenta abiertamente por sus personas y sus bienes, sin que medie revuelta [5520], ni venganza [5521], ni enemistad. Ibn al-Mundhir dijo: se transmitieron de Mālik discrepancias en esta cuestión: una vez afirmó la ḥirāba en la ciudad y otra vez la negó. Y un grupo dijo: el dictamen en la ciudad, o en las casas, caminos, moradas de los beduinos y aldeas es el mismo, y sus ḥudūd son uno; esta es la opinión de al-Shāfi‘ī y Abū Thawr. Ibn al-Mundhir dijo: así es, porque a todos les alcanza el nombre de ḥirāba, y el Libro está en generalidad; y a nadie le es lícito excluir de la aleya a un grupo sin prueba. Y un grupo dijo: no hay ḥirāba en la ciudad; solo la hay fuera de la ciudad. Esta es la opinión de Sufyān al-Thawrī, Isḥāq y al-Nu‘mān. Y el asesino a traición es como el salteador: es quien maquina matar a una persona para tomar su dinero; aunque no exhiba arma, si entra en su casa o lo acompaña en un viaje y le da veneno y lo mata, se le ejecuta como ḥadd, no como qiṣāṣ.

الثالثة : Discreparon acerca del dictamen del salteador. Un grupo dijo: se le aplica conforme a la medida de su acto: quien atemoriza el camino y toma dinero, se le amputa la mano y el pie opuestos; si toma dinero y mata, se le amputa la mano y el pie y luego se le crucifica; si mata sin tomar dinero…; y si no toma dinero ni mata, se le destierra. Esto lo dijo Ibn ‘Abbās. Y se transmitió de Abū Majlaz, al-Nakha‘ī, ‘Aṭā’ al-Jurāsānī y otros. Abū Yūsuf dijo: si toma dinero y mata, se le crucifica y se le mata sobre el madero. Al-Layth dijo: con lanza, estando crucificado. Abū Ḥanīfa dijo: si mata, se le mata; si toma dinero y no mata, se le amputa la mano y el pie opuestos; y si toma dinero y mata, el sultán tiene elección: si quiere, le amputa la mano y el pie; y si quiere, no amputa, y lo mata y lo crucifica [5522] Abū Yūsuf dijo: la muerte lo abarca todo. Y algo semejante es la opinión de al-Awzā‘ī. Al-Shāfi‘ī dijo: si toma dinero, se le amputa la mano derecha y se cauteriza; luego se le amputa el pie izquierdo y se cauteriza, y se le deja libre; porque este delito excede al robo por el hecho de la ḥirāba. Si mata, se le mata. Y si toma dinero y mata, se le mata y se le crucifica. Y se transmitió de él que dijo: se le crucifica tres días. Dijo: y si estuvo presente, fue numeroso y temible, y fue apoyo para el enemigo, se le encarcela. Aḥmad dijo: si mata, se le mata; y si toma dinero, se le amputa la mano y el pie, como dijo al-Shāfi‘ī. Y un grupo dijo: no conviene crucificar antes de matar, pues se le impediría la oración, la comida y la bebida. Y se transmitió de al-Shāfi‘ī: detesto que se le mate estando crucificado, por la prohibición del Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— de la mutilación. Abū Thawr dijo: el imām tiene elección conforme al sentido aparente de la aleya. Así mismo dijo Mālik; y se transmitió de Ibn ‘Abbās. Y es la opinión de Sa‘īd b. al-Musayyab, ‘Umar b. ‘Abd al-‘Azīz, Mujāhid, al-Ḍaḥḥāk y al-Nakha‘ī: todos dijeron que el imām tiene elección en el juicio sobre los salteadores: los juzga con cualquiera de los dictámenes que Allah —Altísimo— impuso: ejecución, crucifixión, amputación o destierro, conforme al sentido aparente de la aleya. Ibn ‘Abbās dijo: todo lo que en el Corán viene con «o», su sujeto tiene elección. Esta opinión es más acorde [5523] con el sentido aparente de la aleya. Pues los partidarios de la primera opinión, que dijeron que «o» indica orden —aunque discreparon—, encuentras en sus dichos que acumulan dos ḥudūd, y dicen: «se mata y se crucifica»; y algunos dicen: «se crucifica y se mata»; y algunos dicen: «se le amputa la mano y el pie y se le destierra». Y no es así la aleya, ni es ese el sentido de «o» en la lengua. Esto lo dijo al-Naḥḥās. Los primeros argumentaron con lo que al-Ṭabarī mencionó de Anas b. Mālik: que dijo: el Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— preguntó a Gabriel —sobre él la paz— acerca del dictamen del salteador, y dijo: «Quien atemorice el camino y tome dinero, córtale la mano por la toma y el pie por el amedrentamiento; quien mate, mátalo; y quien reúna ambas cosas, crucifícalo». Ibn ‘Aṭiyya dijo: queda el destierro para el mero amedrentador; y el amedrentador está en el dictamen del homicida. Con todo, Mālik considera en ello tomar el castigo más leve [5524] y la sanción, por preferencia jurídica.

الرابعة : Su dicho —Altísimo—: «o que sean desterrados de la tierra». Se discrepó acerca de su sentido. Al-Suddī dijo: es que se les persiga siempre, a caballo y a pie, hasta que se les capture y se les aplique el ḥadd de Allah; o que salga de la Morada del Islam huyendo de quien lo persigue. Esto se transmitió de Ibn ‘Abbās, Anas b. Mālik, Mālik b. Anas, al-Ḥasan, al-Suddī, al-Ḍaḥḥāk, Qatāda, Sa‘īd b. Jubayr, al-Rabī‘ b. Anas y al-Zuhrī. Lo narró al-Rummānī en su libro. Y se transmitió de al-Shāfi‘ī: que se les expulsa de una localidad a otra, y se les busca para aplicarles los ḥudūd. Así lo dijeron al-Layth b. Sa‘d y también al-Zuhrī. Y Mālik dijo también: se le destierra de la localidad donde cometió esto a otra, y se le encarcela allí, como al fornicador. Y Mālik dijo también [5525] y los kufíes: su destierro es su encarcelamiento; así, se le destierra de la amplitud del mundo a su estrechez, y es como si, al ser encarcelado, hubiera sido desterrado de la tierra salvo del lugar de su asentamiento. Y argumentaron con el dicho de algunos encarcelados al respecto:

Salimos del mundo, siendo de su gente *** y no somos en él ni muertos ni vivos.

Cuando el carcelero viene un día por necesidad *** nos asombramos y decimos: «Este ha venido del mundo».

Makḥūl narró que ‘Umar b. al-Jaṭṭāb —Allah esté complacido con él— fue el primero en encarcelar en prisiones, y dijo: «Lo encarcelaré hasta que vea en él el arrepentimiento; y no lo desterraré de una localidad a otra para que los perjudique». Y lo aparente es que «la tierra» en la aleya es la tierra del suceso, de la que se le aparta. Antiguamente la gente evitaba la tierra en la que había cometido pecados; de ello es el hadiz [5526]: «(aquel cuyo pecho se estrechó y se alejó de la tierra sagrada)». Y conviene que el imām, si este salteador es temible y se presume que volverá al salteo o a la corrupción, lo encarcele en la localidad a la que se le destierra; y si no es temible y se presume que no volverá a delinquir [5527], se le deja en libertad. Ibn ‘Aṭiyya dijo: este es el explícito madhhab de Mālik: que se le destierre y se le encarcele allí donde se le destierra; y esto, por lo general, cuando es temible. Al-Ṭabarī lo prefirió, y es lo claro [5528], porque desterrarlo de la tierra del suceso es el texto de la aleya; y su encarcelamiento después depende del temor que se le tenga. Si se arrepiente y se comprende su estado, se le deja libre.

الخامسة : Su dicho —Altísimo—: «o que sean desterrados de la tierra». El أصل del destierro (nafy) es la aniquilación; de ahí la afirmación y la negación: el nafy es aniquilar por supresión. De ahí también nafāya, para lo vil de los enseres; y de ahí nafy para lo que salpica del agua al sacarla del cubo. Dijo el rajazista [5529]:

كأن مَتْنَيْهِ [5530]من النَّفِيِّ *** مواقعُ الطَّيْرِ على الصُّفِيِّ

السادسة : Ibn Juwayz Mandād dijo: no se considera, respecto del dinero que toma el salteador, un niṣāb como se considera en el ladrón. Y se ha dicho: se considera en ello el niṣāb de un cuarto de dinar. Ibn al-‘Arabī dijo: al-Shāfi‘ī y los partidarios de la opinión dijeron: no se amputa a los salteadores del camino sino a quien toma la cantidad por la que se amputa la mano del ladrón. Mālik dijo: se le juzga con el dictamen del salteador, y esto es lo correcto. Pues Allah —Altísimo— fijó, por lengua de Su Profeta —sobre él la oración y la paz—, la amputación en el robo en un cuarto de dinar; y no fijó nada en la ḥirāba, sino que mencionó la retribución del salteador. Esto exige cumplirles la retribución por la ḥirāba incluso por un grano. Luego, esto es analogía de un fundamento con otro fundamento, y ello es discutido; y analogía de lo superior con lo inferior y de lo inferior con lo más bajo: y eso es invertir la analogía. ¿Cómo puede ser correcto analogar el salteador con el ladrón, cuando el salteador busca arrebatar el dinero y, si se le percibe, huye? Hasta el punto de que el ladrón, si entra con arma buscando el dinero y se le impide o se le sorprende y combate por ello, es salteador y se le juzga con el dictamen del salteador. El cadí Ibn al-‘Arabī dijo: en los días en que yo juzgaba entre la gente, si me traían a un ladrón que había entrado en la casa con un cuchillo para mantener en vilo el corazón del dueño mientras dormía, y sus compañeros tomaban el dinero del hombre, yo dictaminaba sobre ellos con el dictamen de los salteadores. Comprended esto desde el fundamento de la religión, y elevad vuestra comprensión a las alturas del saber, lejos del abismo de los ignorantes. Digo: al-yaf‘ [5531] es la parte alta de la montaña; de ahí «muchacho yaf‘a» cuando se eleva hacia la pubertad. Y al-ḥaḍīḍ es el hoyo en el fondo del valle. Así lo dijeron los lingüistas.

السابعة : No hay discrepancia en que en la ḥirāba se mata a quien mata, aunque el muerto no sea equivalente al homicida. Al-Shāfi‘ī tiene dos opiniones: una de ellas, que se considera la equivalencia, porque es muerte y se considera en ella la equivalencia como en el qiṣāṣ. Esto es débil, porque aquí la muerte no es por la mera muerte, sino por la corrupción general de amedrentar y despojar de bienes. Allah —Altísimo— dijo: «Ciertamente, la retribución de quienes hacen la guerra a Allah y a Su Mensajero y se afanan en la tierra sembrando corrupción es que sean ejecutados». Así, ordenó —Altísimo— establecer los ḥudūd sobre el salteador cuando reúne dos cosas: ḥirāba y afán de corrupción en la tierra; y no distinguió entre noble y vil, ni entre elevado y bajo.

الثامنة : Si los salteadores salen y combaten con una caravana, y algunos de los salteadores matan y otros no, se mata a todos. Al-Shāfi‘ī dijo: no se mata sino a quien mató. Esto también es débil, pues quienes estuvieron presentes en el encuentro son copartícipes en el botín aunque no todos maten. Y han acordado con nosotros matar al apoyo (al-rid’), que es la avanzadilla; el salteador, con mayor razón.

التاسعة : Si los salteadores atemorizan el camino y cortan la ruta, es obligatorio para el imām combatirlos sin llamarlos previamente; y es obligatorio para los musulmanes cooperar en combatirlos, apartándolos del daño contra los musulmanes. Si huyen, no se persigue al que se retira, salvo que haya matado y tomado dinero; si es así, se le persigue para capturarlo y aplicarle lo que su delito exige. Y no se remata [5532] a su herido, salvo que haya matado. Si son capturados y se encuentra en sus manos un bien perteneciente a alguien en particular, se le devuelve a él o a sus herederos; y si no se conoce dueño, se deposita en el Bayt al-Māl. Lo que destruyeron del dinero de alguien, lo indemnizan. No hay diya por quienes mataron si se tiene poder sobre ellos antes del arrepentimiento. Si se arrepienten y vienen arrepentidos, y esto es:

العاشرة : no hay para el imām vía contra ellos; cae de ellos lo que era ḥadd de Allah, y se les toma por los derechos de los seres humanos: se aplica qiṣāṣ por vidas y heridas; y recae sobre ellos lo que destruyeron de bienes y sangre, para sus deudos. Y es lícito para estos perdonar y donar, como en el resto de delincuentes no salteadores. Este es el madhhab de Mālik, al-Shāfi‘ī, Abū Thawr y los partidarios de la opinión. Solo se toma lo que está en sus manos de bienes, y garantizan su valor por lo que consumieron, porque eso es usurpación y no es lícito que lo posean; se devuelve a sus dueños o el imām lo retiene hasta que se conozca su propietario. Y un grupo de compañeros y seguidores dijo: no se reclama del dinero sino lo que se encuentre en su poder; en cuanto a lo que consumió, no se le exige. Al-Ṭabarī mencionó esto de Mālik por la transmisión de al-Walīd b. Muslim de él. Y esto es lo aparente del proceder de ‘Alī b. Abī Ṭālib —Allah esté complacido con él— con Ḥāritha b. Badr al-Ghudānī: era salteador, luego se arrepintió antes de que se tuviera poder sobre él, y le escribió un documento público declarando la caída de bienes y sangre respecto de él. Ibn Juwayz Mandād dijo: se discrepó en la transmisión de Mālik acerca del salteador: si se le aplica el ḥadd y no se le encuentra dinero, ¿se le persigue como deuda por lo que tomó, o cae de él como cae del ladrón? El musulmán y el dimmí en ello son iguales.

الحادية عشرة : Los sabios han acordado unánimemente que el sultán es el walī respecto de quien hace ḥirāba. Si un salteador mata al hermano de un hombre o a su padre en estado de ḥirāba, el reclamante de la sangre no tiene nada que decidir respecto del salteador; no es lícito el perdón del walī de la sangre. Quien se encarga de ello es el imām. Lo han puesto al nivel de un ḥadd de los ḥudūd de Allah —Altísimo—.

Digo: esta es una suma de los dictámenes de los salteadores: hemos reunido sus perlas selectas y hemos recogido sus gemas. Y de lo más extraño que se dijo en su interpretación está lo siguiente, y es:

الثانية عشرة : la interpretación de Mujāhid: que lo pretendido por «ḥirāba» en esta aleya es la fornicación y el robo. No es correcto, pues Allah —Glorificado sea— aclaró en Su Libro y por lengua de Su Profeta que al ladrón se le amputa la mano, y que al fornicador se le azota y se le destierra si es soltero, y se le lapida si es casado y muḥṣan. Los dictámenes del salteador en esta aleya difieren de ello; salvo que quiera decir: atemorizar el camino exhibiendo armas con intención de imponerse sobre los pudores; esto es la más atroz ḥirāba, más abominable que tomar bienes, y entra en el sentido de Su dicho —Altísimo—: «y se afanan en la tierra sembrando corrupción».

الثالثة عشرة : Nuestros sabios dijeron: se conjura al ladrón por Allah —Altísimo—; si se abstiene, se le deja; y si se niega, se le combate. Si lo matas, es el peor de los muertos y su sangre es impune. Al-Nasā’ī transmitió de Abū Hurayra que un hombre vino al Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— y dijo: «¡Mensajero de Allah! ¿Qué opinas si se atenta contra mi dinero?». Dijo: «(Conjúralo por Allah)». Dijo: «¿Y si se niegan contra mí?». Dijo: «(Conjúralo por Allah)». Dijo: «¿Y si se niegan contra mí?». Dijo: «(Conjúralo por Allah)». Dijo: «¿Y si se niegan contra mí?». Dijo: «(Entonces combate: si mueres, estás en el Paraíso; y si lo matas, está en el Fuego)». Y al-Bujārī y Muslim lo transmitieron —sin mención de la conjuración— de Abū Hurayra: un hombre vino al Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— y dijo: «¡Mensajero de Allah! ¿Qué opinas si viene un hombre queriendo tomar mi dinero?». Dijo: «(No le entregues tu dinero)». Dijo: «¿Qué opinas si me combate?». Dijo: «(Combátelo)». Dijo: «¿Qué opinas si me mata?». Dijo: «(Entonces eres mártir)». Dijo: «¿Y si yo lo mato?». Dijo: «(Él está en el Fuego)». Ibn al-Mundhir dijo: hemos transmitido de un grupo de sabios que consideraron lícito combatir a los ladrones y rechazarlos de sus personas y bienes. Esta es la opinión de Ibn ‘Umar, al-Ḥasan al-Baṣrī, Ibrāhīm al-Nakha‘ī, Qatāda, Mālik, al-Shāfi‘ī, Aḥmad, Isḥāq y al-Nu‘mān. Y esto es lo que sostiene la generalidad de los sabios: que al hombre le es lícito combatir por sí mismo, su familia y su dinero si se pretende injustamente, por los relatos que han llegado del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, sin especificar tiempo ni estado, salvo el sultán: pues la mayoría de los expertos en hadiz no lo combaten ni se alzan contra él, por los relatos del Mensajero de Allah —Dios le bendiga y le conceda paz— que ordenan paciencia ante lo que provenga de ellos de injusticia y opresión, y abandonar su combate y la rebelión contra ellos mientras establezcan la oración.

Digo: en nuestro madhhab se discrepó: si se pide algo ligero como una prenda o comida, ¿se les entrega o se les combate? Esta discrepancia se funda en un principio: ¿la orden de combatirlos es por cambiar un mal (taghyīr al-munkar) o es del باب de repeler el daño? Sobre esto también se construye la discrepancia acerca de llamarlos antes del combate. Y Allah sabe más.

الرابعة عشرة : Su dicho —Altísimo—: «Eso es para ellos ignominia en la vida mundanal». Por la atrocidad de la ḥirāba y la enormidad de su daño. La ḥirāba es de gran daño porque en ella se cierra a la gente el camino del sustento; pues la mayoría de los medios de vida, y los más grandes, son los comercios, y su pilar y fundamento es viajar por la tierra; como dijo —Poderoso y Majestuoso—: «Y otros viajan por la tierra buscando el favor de Allah» [5533][al-Muzzammil: 20]. Si el camino se vuelve temible, la gente deja de viajar y necesita permanecer en las casas; se les cierra la puerta del comercio y se interrumpen sus ganancias. Por ello Allah legisló para los salteadores del camino ḥudūd agravados: esa ignominia en la vida mundanal, como disuasión de su mala acción y como apertura de la puerta del comercio que permitió a Sus siervos para quien de ellos lo quiera; y prometió para ellos el castigo inmenso en la Otra. Este pecado queda fuera de los pecados y queda exceptuado del hadiz de ‘Ubāda en el dicho del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—: «(Quien cometa algo de eso y sea castigado por ello en la vida mundanal, ello le es [5534] expiación)». Y Allah sabe más. Y cabe que la ignominia sea para quien fue castigado, y el castigo de la Otra para quien se salvó en la vida mundanal; y este pecado se trate como los demás. No hay eternidad para un creyente en el Fuego, como ya se expuso; pero se agrava su castigo por la gravedad del pecado, y luego sale, ya sea por la intercesión o por la «toma». Luego, esta amenaza está condicionada en su ejecución a la Voluntad, como Su dicho —Altísimo—: «y perdona lo que está por debajo de eso a quien quiere [5535]» [al-Nisā’: 116]. Sin embargo, el temor predomina sobre ellos según la amenaza y la enormidad del pecado [5536]

Notas y Referencias

[5504] De K.

[5505] ‘Ukl (con ḍamma en la ‘ayn no punteada y sukūn en la kāf): tribu conocida.

[5506] Es decir, les sobrevino al-jawā, que es la enfermedad y dolencia del vientre cuando se prolonga; y ello cuando su aire no les resultó adecuado y lo consideraron malsano. (Al-Nihāya) de Ibn al-Athīr.

[5507] Sammara el ojo de alguien: se lo cegó (se lo reventó).

[5508] Al-ḥarra (con fatḥa en la ḥā’ y con la rā’ geminada): terreno fuera de Medina con piedras negras.

[5509] Ḥasama la vena: la cortó y luego la cauterizó para que no fluyera su sangre.

[5510] Al-qāfa: plural de (qā’if), el que sigue el rastro.

[5511] Kadama: lo mordió con la parte anterior de su boca.

[5512] En W y A: «y ya nos asomábamos».

[5513] En el Muṣannaf de Abū Dāwūd: «se arrepintió», en lugar de «tomó».

[5514] Véase t. 7, p. 401.

[5515] De J.

[5516] De K, y es lo correcto; y en H, J, A, Z y L: «no fue lícito».

[5517] De J, K y H.

[5518] Véase t. 2, p. 354.

[5519] Véase t. 3, p. 240.

[5520] Ná’arat una nā’ira entre la gente: se agitó una agitación.

[5521] Al-dhaḥl: la venganza de sangre.

[5522] En K: «no amputó y lo crucificó».

[5523] En J y K: «más acorde».

[5524] De K.

[5525] De K.

[5526] Es el hadiz del que mató a noventa y nueve personas. Y nā’a con el sentido de «se levantó»; y cabe que sea con el sentido de «se alejó». (Al-Nihāya de Ibn al-Athīr).

[5527] De K.

[5528] De K. Y en J, H, Z: «el más preponderante».

[5529] Es al-Ajīl.

[5530] En (Lisān al-‘Arab), en la entrada n-f-y, se menciona que lo correcto es «كأن متني» porque después viene «من طول إشرافي على الطوى». Y matnā al-ẓahr son los dos lados del lomo que flanquean la columna, a derecha e izquierda, de nervio y carne. Y al-ṣafī (con ḍamma en la ṣād o con kasra) es plural de ṣafā (maqṣūr); y ṣafā es plural de ṣafاة, que es la piedra dura, grande y lisa en la que no brota nada. Se explicó que comparó el agua que cayó sobre la espalda del aguador con el excremento del ave sobre el ṣafī.

[5531] Al-yaf‘ con el sentido de al-yifā‘.

[5532] Daffafa sobre el herido: lo remató.

[5533] Véase t. 19, p. 50.

[5534] El añadido es de Ibn ‘Aṭiyya.

[5535] Véase t. 5, p. 385.

[5536] Así está en el original y en el Tafsīr de Ibn ‘Aṭiyya. Y lo que está en al-Baḥr: «Y esta amenaza, como las demás, está condicionada a la Voluntad; y Allah —Altísimo— puede perdonar este pecado, pero en la amenaza hay temor para el amenazado de que se ejecute la amenaza». Es más claro.