Las Mujeres
النساء An-NisaVersículo (Español)
[4:9] Que [los apoderados de los huérfanos] se preocupen [por ellos] igual que si dejasen tras de sí a sus propios hijos menores huérfanos y temiesen por ellos. Que tengan temor de Dios y digan la verdad.
Tafsir de Al-Qurtubi
{وَلۡيَخۡشَ ٱلَّذِينَ لَوۡ تَرَكُواْ مِنۡ خَلۡفِهِمۡ ذُرِّيَّةٗ ضِعَٰفًا خَافُواْ عَلَيۡهِمۡ فَلۡيَتَّقُواْ ٱللَّهَ وَلۡيَقُولُواْ قَوۡلٗا سَدِيدًا} (9)
Consta de dos cuestiones:
La primera:
Su dicho —Exaltado sea—:
«wa-l-yakhsha».
Se ha suprimido el alif de «li-yakhsha» por el jazm debido al imperativo; y, según Sibawayh, no es lícito elidir la lām del imperativo por analogía con las preposiciones, salvo en necesidad poética. Los kufíes permitieron la supresión de la lām junto con el jazm, y todos citaron:
Muḥammad, rescata con tu vida toda vida *** cuando temas de algo un mal fin
[4044]
Quiso decir: «la-tufdi». El complemento directo de «yakhsha» está elidido por indicación del contexto. Y «khāfū» es la respuesta de «law»; la estimación es: «si dejaran, temerían». También es posible suprimir la lām en la respuesta de «law».
Los sabios han discrepado acerca de la interpretación de esta aleya. Un grupo dijo: (esto es una exhortación a los albaceas: tratad a los huérfanos como os gustaría que se tratase a vuestros hijos después de vosotros); así lo dijo Ibn ʿAbbās. Por ello dijo Dios —Exaltado sea—: «إن الذين يأكلون أموال اليتامى ظلما» [Las mujeres: 10].
Otro grupo dijo: lo pretendido son todas las gentes; se les ordena temer a Dios respecto de los huérfanos y de los hijos de la gente, aunque no estén bajo su tutela, y que les enderecen la palabra tal como cada uno querría que se hiciera con su hijo después de él.
De ello es lo que transmitió al-Shaybānī. Dijo: Estábamos ante Constantinopla en el campamento de Maslama b. ʿAbd al-Malik; un día nos sentamos en una reunión de gente de conocimiento, entre ellos Ibn al-Daylamī, y recordaron los horrores que acontecerán al final de los tiempos. Le dije: «¡Oh Abū Bishr! [4045] desearía no tener hijo». Me dijo: «¿Qué te preocupa? No hay alma cuya salida de un hombre haya decretado Dios sino que sale, lo quiera o lo deteste; pero si quieres estar seguro respecto de ellos, teme a Dios respecto de los demás». Luego recitó la aleya.
Y en otra versión: «¿No he de indicarte algo que, si lo alcanzas, Dios te salvará de ello, y si dejas un hijo tras de ti, Dios los preservará por tu causa?». Dije: «Sí». Entonces recitó esta aleya: «wa-l-yakhsha alladhīna law tarakū…» hasta el final.
Digo: y de este sentido es lo que narró Muḥammad b. Kaʿb al-Quraẓī, de Abū Hurayra, del Profeta —Dios lo bendiga y le dé paz—, que dijo: «Quien perfecciona la limosna pasa sobre el Ṣirāṭ; y quien satisface la necesidad de una viuda, Dios le sustituye en su herencia». [4046] Y una tercera opinión, sostenida por un grupo de exegetas: esto concierne al hombre a quien le sobreviene la muerte, y quienes están presentes en su testamento le dicen: “Dios proveerá a tus hijos; mira por ti mismo, y dispone de tu hacienda en el camino de Dios; da limosna y manumite”, hasta que consume la mayor parte de su patrimonio o lo agota, perjudicando así a sus herederos; se les prohibió eso.
Como si la aleya les dijera: (así como teméis por vuestros herederos y descendencia después de vosotros, del mismo modo temed por los herederos de otros y no lo incitéis a dilapidar su hacienda). Así lo dijeron Ibn ʿAbbās, Qatāda, al-Suddī, Ibn Jubayr, al-Ḍaḥḥāk y Mujāhid.
Saʿīd b. Jubayr narró de Ibn ʿAbbās que dijo: (cuando el hombre está presente para el testamento, no conviene que se le diga: “dispón de tu hacienda, pues Dios —Exaltado sea— proveerá a tus hijos”; sino que se le diga: “adelanta para ti mismo y deja para tus hijos”). Esto es el dicho —Exaltado sea—: «fa-l-yattaqū llāh».
Y Muqsim y Ḥaḍramī dijeron: descendió acerca de lo contrario de esto: que quien está presente junto al moribundo le diga: “retén para tus herederos y deja para tus hijos, pues nadie tiene más derecho a tu hacienda que tus hijos”, y le prohíba el testamento; con ello se perjudica a los parientes y a todo aquel que merece que se le haga legado. Se les dijo entonces: así como teméis por vuestra descendencia y os alegráis de que se les trate bien, del mismo modo enderezad la palabra en lo tocante a los pobres y a los huérfanos, y temed a Dios respecto del daño que se les cause. Estas dos opiniones se basan en el tiempo en que el testamento era obligatorio antes del descenso de la aleya de las herencias; se transmitió de Saʿīd b. Jubayr y de Ibn al-Musayyab.
Ibn ʿAṭiyya dijo: estas dos opiniones no se aplican de manera uniforme a toda la gente; antes bien, la gente es de dos clases: a una le conviene una de las dos formulaciones, y a la otra, la segunda. Ello es que, si el hombre deja herederos autosuficientes y ricos, es bueno exhortarlo al testamento y llevarlo a que adelante para sí mismo; y si deja herederos débiles, desatendidos y necesitados [4047], es bueno exhortarlo a dejarles y a tomar precaución, pues su recompensa por proponerse eso es como su recompensa respecto de los pobres. La consideración, en realidad, es la debilidad, y por ello debe inclinarse con ella.
Digo: esta distinción es correcta, por su dicho —sobre él la paz— a Saʿd: «Ciertamente, que dejes a tus herederos ricos es mejor que dejarlos indigentes, mendigando a la gente». Y si el hombre no tiene hijo, o lo tiene pero es rico y autosuficiente, con bienes propios independientes de su padre, entonces ya está a salvo respecto de él; lo más apropiado para el hombre, en tal caso, es adelantar su hacienda ante sí, para que no la gaste después de él quien la gaste en lo que no conviene, recayendo su carga sobre él.
La segunda:
Su dicho —Exaltado sea—: «wa-l-yaqūlū qawlan sadīdan».
Al-sadīd: lo justo y lo acertado en la palabra; es decir, ordenad al enfermo que extraiga de su hacienda lo que pesa sobre él de derechos obligatorios, y luego que haga legado a sus parientes en una medida que no perjudique a sus herederos menores.
Y se dijo: el sentido es: decid al moribundo una palabra justa, que es inculcarle “no hay divinidad sino Dios”; y no se le ordena eso, sino que se dice en presencia de él, de modo que lo oiga y lo tome como fórmula. Así dijo el Profeta —Dios lo bendiga y le dé paz—: «Inculcad a vuestros moribundos: no hay divinidad sino Dios», y no dijo: “ordenadles”, porque si se le ordenase quizá se irritaría y lo negaría.
Y se dijo: lo pretendido es el huérfano: que no se le reprenda con aspereza [4050] ni se le menosprecie.
Notas y Referencias
[4044] El verso se atribuye —según se dijo— a Ḥassān; y se dijo que a Abū Ṭālib. Y tabālan: mal fin. Su origen es: wabāl; se sustituyó la wāw por una tā’. Al-Khazāna, t. 3, p. 680.
[4045] En ب y هـ y ط: “Abā Basr”, y ambas formas están atestiguadas, como en al-Tahdhīb. Y el relato, en la exégesis de esta aleya en al-Ṭabarī, es más claro.
[4046] En ي: “akhla fahu”.
[4047] En ط: “muflisīn” (arruinados).
[4048] De ج.
[4049] En ي: “qawl al-ṭayyib” (la buena palabra).
[4050] En ط y ي y ز: es decir, que no se le reprenda con aspereza ni se le menosprecie.