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ص SadVersículo (Español)
[38:35] y exclamó: "¡Oh, Señor mío! Perdóname y concédeme un reino tan poderoso, que nadie pueda igualarlo después de mí; Tú eres el Dadivoso".
Tafsir de Al-Qurtubi
{Dijo: «¡Señor mío! Perdóname y concédeme un reino que no convenga a nadie después de mí. Ciertamente, Tú eres el Munífico Dador».} (35)
Palabras del Altísimo:
«Dijo: “¡Señor mío! Perdóname”»
esto es: perdóname mi pecado.
«y concédeme un reino que no convenga a nadie después de mí. Ciertamente, Tú eres el Munífico Dador».
Se dice: ¿cómo se atrevió Salomón a pedir lo mundano, siendo ello censurado por Dios —Altísimo sea—, aborrecido por Él y vil ante Él? La respuesta es que, según los sabios, esto se interpreta como (una petición orientada a) cumplir los derechos de Dios —Altísimo sea—, gobernar su reino, ordenar los rangos de Sus criaturas, establecer Sus límites, preservar Sus prescripciones, engrandecer Sus ritos, manifestar Su adoración, perseverar en Su obediencia, organizar la norma de gobierno ejecutiva sobre ellos por su parte,
y realizar las promesas en cuanto a que él sabe lo que nadie de Sus criaturas sabe, conforme a lo que explícitamente declaró a Sus ángeles cuando dijo:
«Ciertamente, Yo sé lo que vosotros no sabéis»
[al-Baqara: 30].
Y temió Salomón —la paz sea con él— que su petición fuese una solicitud de la mundanidad para sí mismo; pues él y los profetas son los más ascetas de las criaturas de Dios respecto de ella. Más bien, pidió su soberanía para Dios, del mismo modo que Noé pidió su destrucción y aniquilación para Dios; y ambos fueron loados y se les respondió en ello: se respondió a Noé y destruyó a quienes estaban sobre ella, y a Salomón se le otorgó el reino.
Y se ha dicho: que ello fue por orden de Dios —Glorioso y Excelso—, conforme a una cualidad que Dios supo que nadie podría dominar sino él solo, con exclusión del resto de Sus siervos;
o bien quiso decir: un reino grandioso, y por eso dijo: «que no convenga a nadie después de mí».
Esto, sin embargo, es discutible; y lo primero es más correcto.
Luego le dijo:
«Este es Nuestro don: concede, pues, o retén, sin cuenta».
Dijo al-Hasan: no hay nadie sin que pese sobre él, ante Dios, una responsabilidad por Sus mercedes, salvo Salomón hijo de David —la paz sea con él—, pues dijo: «Este es Nuestro don», la aleya.
Digo:
Y esto refuta lo transmitido en el relato: que el último de los profetas en entrar en el Paraíso será Salomón hijo de David —la paz sea con él—, a causa de su reino en la vida mundana.
Y en algunos relatos: que entrará en el Paraíso después de los profetas con cuarenta otoños de retraso; lo mencionó el autor de al-Qūt, y es un hadiz sin fundamento. Pues si —Glorificado sea— Su don no conlleva responsabilidad, por ser por vía de gracia, ¿cómo habría de ser el último de los profetas en entrar en el Paraíso,
siendo que Él —Glorificado sea— dice:
«Y ciertamente, para él hay junto a Nosotros cercanía y buen retorno».
Y en el Sahih:
«Cada profeta tiene una súplica respondida; y cada profeta se apresuró con su súplica…»
el hadiz. Y ya se ha mencionado: se le concedió, antes de la petición, una necesidad satisfecha; por ello no recayó sobre él responsabilidad.
Y el sentido de su dicho: «que no convenga a nadie después de mí»
es: que se lo pida. Como si hubiera pedido que se impidiera la petición después de él, para que no se vincule a ello la esperanza de nadie; y no pidió que se impidiera la respuesta.
Y se ha dicho: que pidió un reino que no convenga a nadie después de él para que su rango y su dignidad ante Dios fuesen manifiestos en la creación de los cielos y la tierra; pues los profetas —la paz sea con ellos— compiten en el rango ante Él, y cada cual ama tener una particularidad por la que se infiera su rango ante Él. Por eso, cuando el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— apresó al ‘ifrīt que quiso interrumpirle la oración, y Dios le dio poder sobre él,
quiso atarlo, pero luego recordó las palabras de su hermano Salomón:
«¡Señor mío! Perdóname y concédeme un reino que no convenga a nadie después de mí»;
y lo devolvió humillado. Pues si a alguien después de él se le hubiera dado algo semejante, se habría ido la particularidad. Como si —Dios le bendiga y le conceda paz— hubiera detestado competir con él en esa particularidad, después de saber que era algo con lo que él fue singularizado: el sometimiento de los demonios, y que se le respondió a que no lo tuviera nadie después de él. Y Dios sabe más.
Notas y Referencias
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