33

Los Confederados

الأحزاب Al-Ahzab
Aya 9

Versículo (Español)

[33:9] ¡Oh, creyentes! Recuerden las mercedes con las que Dios los agració, cuando [en la batalla de Al Jandaq] los cercó un ejército, y envié contra ellos una tempestad y un ejército [de ángeles] que no podías ver. Dios ve todo cuanto hacen.

Tafsir de Al-Qurtubi

{يَـٰٓأَيُّهَا ٱلَّذِينَ ءَامَنُواْ ٱذۡكُرُواْ نِعۡمَةَ ٱللَّهِ عَلَيۡكُمۡ إِذۡ جَآءَتۡكُمۡ جُنُودٞ فَأَرۡسَلۡنَا عَلَيۡهِمۡ رِيحٗا وَجُنُودٗا لَّمۡ تَرَوۡهَاۚ وَكَانَ ٱللَّهُ بِمَا تَعۡمَلُونَ بَصِيرًا} (9) Esto se refiere a la expedición del Foso (al-Jandaq), a los Confederados (al-Aḥzāb) y a Banū Qurayẓa [12722]; y fue una situación durísima, seguida de gracia, holgura y dicha; e incluyó numerosos preceptos y signos evidentes, preciosos y excelsos. Y mencionaremos de ello —con la ayuda de Dios, Altísimo— lo que baste en diez cuestiones:

La primera: Se discrepó acerca de en qué año tuvo lugar. Ibn Isḥāq dijo: fue en Šawwāl del año quinto. E Ibn Wahb e Ibn al-Qāsim, de Mālik —Dios tenga misericordia de él—, dijeron: la batalla del Foso fue en el año cuarto; y ésta y la de Banū Qurayẓa ocurrieron en un mismo día; y entre Banū Qurayẓa y al-Naḍīr mediaron cuatro años. Ibn Wahb dijo: y oí a Mālik decir: el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— ordenó combatir desde Medina; y eso es la palabra del Altísimo: «إذ جاؤوكم من فوقكم ومن أسفل منكم وإذ زاغت الأبصار وبلغت القلوب الحناجر» [al-Aḥzāb: 10]. Dijo: ese fue el día del Foso: Qurayš vino por aquí, los judíos por aquí, y los naǧdíes por aquí. Mālik quiere decir: que quienes vinieron “desde arriba” fueron Banū Qurayẓa, y “desde abajo” fueron Qurayš y Ġaṭafān. Y su causa fue: que un grupo de judíos —entre ellos Kināna b. al-Rabīʿ b. Abī al-Ḥuqayq, Salām b. Abī al-Ḥuqayq, Salām b. Miškam, Ḥuyayy b. Ajṭab de al-Naḍīr, Hawḏa b. Qays y Abū ʿAmmār de Banū Wāʾil—, todos ellos judíos, fueron quienes coaligaron a los Confederados, incitaron y reunieron. Salieron con un grupo de Banū al-Naḍīr y un grupo de Banū Wāʾil, fueron a La Meca e invitaron a la guerra contra el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, y se comprometieron por su parte a prestar ayuda con quienes se ofrecieran para ello; y la gente de La Meca les respondió afirmativamente. Luego los judíos mencionados salieron hacia Ġaṭafān y los invitaron a lo mismo, y les respondieron. Entonces salió Qurayš, comandados por Abū Sufyān b. Ḥarb; y salió Ġaṭafān, siendo su jefe ʿUyayna b. Ḥiṣn b. Ḥuḏayfa b. Badr al-Fazārī sobre Fazāra, y al-Ḥāriṯ b. ʿAwf al-Murrī sobre Banū Murra, y Masʿūd b. Ruḫayla sobre Ašǧaʿ. Cuando el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— oyó de su reunión y salida, consultó a sus compañeros; y Salmān le indicó cavar el foso, y aprobó su parecer. Los emigrados (al-Muhāǧirūn) dijeron aquel día: «Salmān es de los nuestros». Y los auxiliares (al-Anṣār) dijeron: «¡Salmān es de los nuestros!». Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «(Salmān es de nosotros, de la Gente de la Casa)». Y el foso fue el primer combate al que asistió Salmān con el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, y aquel día era un hombre libre. Dijo: «¡Mensajero de Dios! En Persia, cuando éramos sitiados, cavábamos un foso». Así, los musulmanes trabajaron en el foso con empeño, mientras los hipócritas retrocedían y se escabullían furtivamente unos tras otros [12723]; y descendieron acerca de ellos aleyas del Corán, mencionadas por Ibn Isḥāq y otros. Y quien de los musulmanes terminaba su parte volvía a ayudar a otro, hasta que el foso quedó completado. Y en él hubo signos claros y señales de la profecía.

Digo: En lo que hemos mencionado de este relato hay cuestiones de fiqh, a saber:

La segunda: Que el gobernante consulte a sus compañeros y a sus allegados en el asunto del combate; esto ya se ha tratado en «Āl ʿImrān» [12724], y en «al-Naml». Y en ello está el atrincherarse frente al enemigo con cuantos medios sean posibles y emplearlos; esto ya se ha tratado en otros lugares. Y en ello está que la excavación del foso se reparta entre la gente; y quien termine ayude a quien no haya terminado: los musulmanes son una sola mano frente a los demás. Y en al-Buḫārī y Muslim, de al-Barāʾ b. ʿĀzib, dijo: cuando fue el día de los Confederados y el foso del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, lo vi transportar tierra del foso, y el polvo me ocultaba la piel de su vientre; y era muy velludo. Y lo oí recitar en rajaz con los versos de Ibn Rawāḥa, diciendo:

¡Oh Dios! Si no fuera por Ti, no nos habríamos guiado *** ni habríamos dado limosna ni habríamos orado.

Haz descender serenidad sobre nosotros *** y afirma los pies si nos encontramos con ellos.

Y en cuanto a los signos que hubo en ello, son:

La tercera: Al-Nasāʾī transmitió de Abū Sakīna, un hombre de los liberados [12725], de un hombre de los compañeros del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, que dijo: cuando el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— ordenó cavar el foso, se toparon con una roca que se interpuso entre ellos y la excavación. Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— se levantó, tomó el pico, dejó su manto a un lado del foso y dijo: «وتمت كلمة ربك صدقا» [12726][al-Anʿām: 115], la aleya; y saltó [12727] un tercio de la piedra. Y Salmān el persa estaba de pie mirando; y con el golpe del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— relampagueó un destello. Luego dio el segundo golpe y dijo: «وتمت» [al-Anʿām: 115], la aleya; y saltó el otro tercio, y relampagueó un destello que Salmān vio. Luego dio el tercer golpe y dijo: «وتمت كلمة ربك صدقا», la aleya; y saltó el tercio restante. Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— salió, tomó su manto y se sentó. Salmān dijo: «¡Mensajero de Dios! Te vi cuando golpeaste: no dabas un golpe sin que hubiera con él un destello». El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— le dijo: «(¿Viste eso, Salmān?)». Dijo: «Sí, por Aquel que te envió con la verdad, ¡Mensajero de Dios!». Dijo: «(Pues cuando di el primer golpe, se me mostraron las ciudades de Kisrā y lo que las rodea, y muchas ciudades, hasta que las vi con mis propios ojos)». Quienes estaban presentes de sus compañeros le dijeron: «¡Mensajero de Dios! Invoca a Dios para que nos las abra y nos haga botín de sus descendientes [12728], y que destruya por nuestras manos sus tierras». Y el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— invocó. «(Luego di el segundo golpe y se me mostraron las ciudades del César y lo que las rodea, hasta que las vi con mis propios ojos)». Dijeron: «¡Mensajero de Dios! Invoca a Dios —Altísimo— para que nos las abra y nos haga botín de sus descendientes y destruya por nuestras manos sus tierras». Y el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— invocó. «(Luego di el tercer golpe y se me mostraron las ciudades de Abisinia y las aldeas que las rodean, hasta que las vi con mis propios ojos)». Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «Dejad a Abisinia mientras os dejen, y dejad a los turcos mientras os dejen». Y también lo transmitió de al-Barāʾ, quien dijo: cuando el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— nos ordenó cavar el foso, se nos presentó una roca en la que los picos no hacían mella; nos quejamos de ello al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—. Vino el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, arrojó su manto, tomó el pico y dijo: «(En el nombre de Dios)». Dio un golpe y quebró un tercio de la roca, y luego dijo: «(Dios es el Más Grande: se me han dado las llaves de al-Šām; y, por Dios, veo ahora sus palacios rojos desde este lugar mío)». Dijo: luego dio otro golpe y dijo: «(En el nombre de Dios)». Quebró otro tercio y luego dijo: «(Dios es el Más Grande: se me han dado las llaves de Persia; y, por Dios, veo el palacio blanco de al-Madāʾin)». Luego dio el tercer golpe y dijo: «(En el nombre de Dios)». Cortó la piedra y dijo: «(Dios es el Más Grande: se me han dado las llaves del Yemen; y, por Dios, veo la puerta de Ṣanʿāʾ)». Abū Muḥammad ʿAbd al-Ḥaqq lo declaró auténtico.

La cuarta: Cuando el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— terminó de cavar el foso, llegó Qurayš con unos diez mil, con quienes les acompañaban de Kināna y la gente de Tihāma; y llegó Ġaṭafān con quienes les acompañaban de la gente de Naǧd, hasta que acamparon al lado de Uḥud. Y el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— salió con los musulmanes hasta que acamparon a la espalda de Salʿ [12729] con tres mil, establecieron su campamento y el foso quedó entre ellos y los idólatras. Y dejó encargado de Medina a Ibn Umm Maktūm —según Ibn Šihāb—. Y salió el enemigo de Dios Ḥuyayy b. Ajṭab al-Naḍarī hasta llegar a Kaʿb b. Asad al-Quraẓī, quien era el poseedor del pacto de Banū Qurayẓa y su jefe. Él había pactado con el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— y había hecho alianza con él. Cuando Kaʿb b. Asad oyó a Ḥuyayy b. Ajṭab, cerró ante él la puerta de su fortaleza y se negó a abrirle. Le dijo: «Ábreme, hermano». Dijo: «No te abriré: eres un hombre funesto; me llamas a contradecir a Muḥammad, y yo he pactado con él y he hecho alianza con él; y no he visto de él sino lealtad y veracidad. No romperé lo que hay entre él y yo». Ḥuyayy dijo: «Ábreme para que te hable y me marche de tu lado». Dijo: «No lo haré». Dijo: «Sólo temes que coma contigo tu ǧašīša». Kaʿb se enfadó y le abrió. Dijo: «¡Kaʿb! He venido a ti con el poder del tiempo: he venido con Qurayš y sus notables, y con Ġaṭafān y sus jefes; han pactado arrancar de raíz a Muḥammad y a quienes están con él». Kaʿb le dijo: «Has venido, por Dios, con la humillación del tiempo y con una nube estéril [12730] sin lluvia. ¡Ay de ti, Ḥuyayy! Déjame, pues no haré lo que me llamas a hacer». Pero Ḥuyayy no dejó de prometerle y engañarle hasta que lo hizo volver a ello y pactó con él abandonar a Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz— y a sus compañeros, y marchar con ellos. Ḥuyayy b. Ajṭab le dijo: «Si Qurayš y Ġaṭafān se retiran, entraré contigo con los judíos que están conmigo». Cuando la noticia de Kaʿb y Ḥuyayy llegó al Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—, envió a Saʿd b. ʿUbāda, jefe de al-Jazraǧ, y al jefe de al-Aws Saʿd b. Muʿāḏ; y envió con ambos a ʿAbd Allāh b. Rawāḥa y a Ḫawāt b. Ǧubayr. El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— les dijo: «(Id a Banū Qurayẓa; si lo que se nos ha dicho es verdad, habladnos con una alusión, y no quebréis el ánimo de la gente. Y si es mentira, proclamadlo abiertamente a la gente)». Fueron hasta llegar a ellos y los hallaron en lo peor de cuanto se había dicho de ellos; injuriaron al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— y dijeron: «No hay pacto para él con nosotros». Saʿd b. Muʿāḏ los insultó y ellos lo insultaron; él tenía aspereza. Saʿd b. ʿUbāda le dijo: «Deja de insultarlos: lo que hay entre nosotros y ellos es mayor que eso». Luego Saʿd y Saʿd regresaron hasta llegar al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— en medio de la asamblea de los musulmanes, y dijeron: «ʿAḍal y al-Qāra» —aludiendo a la traición de ʿAḍal y al-Qāra contra los compañeros de al-Raǧīʿ, Ḫubayb y sus compañeros—. Entonces el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «(¡Albricias, comunidad de los musulmanes!)». Entonces la aflicción se hizo enorme y el temor se intensificó. El enemigo llegó a los musulmanes desde arriba —es decir, desde arriba del valle, por el oriente— y desde abajo —desde el fondo del valle, por el occidente—, hasta que pensaron de Dios pensamientos diversos; y los hipócritas mostraron mucho de lo que ocultaban. Entre ellos hubo quien dijo: «Nuestras casas están desprotegidas: volvamos a ellas, pues tememos por ellas».

Y entre quienes dijeron eso estaba Aws b. Qayẓī. Y entre ellos hubo quien dijo: «Muḥammad nos promete abrir los tesoros de Kisrā y del César, y hoy uno de nosotros no se siente seguro ni para ir a hacer sus necesidades». Y entre quienes lo dijeron estaba Muʿtab b. Qušayr, de Banū ʿAmr b. ʿAwf. El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— permaneció, y los idólatras permanecieron unas veintitantas noches, cerca de un mes; no hubo entre ellos guerra sino el lanzamiento de flechas y piedras. Cuando el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— vio que la aflicción se había hecho dura para los musulmanes, envió a ʿUyayna b. Ḥiṣn al-Fazārī y a al-Ḥāriṯ b. ʿAwf al-Murrī, los dos jefes de Ġaṭafān, y les ofreció un tercio de los frutos de Medina para que se retiraran con quienes estaban con ellos de Ġaṭafān, abandonaran a Qurayš y regresaran con su gente. Esta propuesta fue una negociación y no un contrato. Cuando el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— vio de ellos que habían cedido y aceptado, acudió a Saʿd b. Muʿāḏ y a Saʿd b. ʿUbāda, les mencionó eso y los consultó. Dijeron: «¡Mensajero de Dios! ¿Es algo que te agrada y lo hacemos por ti, o algo que Dios te ha ordenado y lo escuchamos y obedecemos, o algo que haces por nosotros?». Dijo: «(Más bien es algo que hago por vosotros; por Dios, no lo hago sino porque he visto que los árabes os han disparado con un solo arco)». Entonces Saʿd b. Muʿāḏ le dijo: «¡Mensajero de Dios! Por Dios, nosotros y esta gente estábamos en la idolatría de Dios y en la adoración de ídolos: no adorábamos a Dios ni lo conocíamos; y jamás aspiraron a obtener de nosotros fruto alguno sino comprándolo o como hospitalidad. ¿Y cuando Dios nos ha honrado con el Islam, nos ha guiado a él y nos ha fortalecido por ti, les daremos nuestros bienes? Por Dios, no les daremos sino la espada hasta que Dios juzgue entre nosotros y ellos». El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— se alegró de ello y dijo: «(Vosotros y eso)». Y dijo a ʿUyayna y a al-Ḥāriṯ: «(Retiraos: no tenéis de nosotros sino la espada)». Saʿd tomó el documento —en el que no había testimonio— y lo borró.

La quinta: El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— y los musulmanes permanecieron en su situación, y los idólatras los sitiaban sin combate entre ellos, salvo que unos jinetes de Qurayš —entre ellos ʿAmr b. ʿAbd Wudd al-ʿĀmirī, de Banū ʿĀmir b. Luʾayy, ʿIkrima b. Abī Ǧahl, Hubayra b. Abī Wahb y Ḍirār b. al-Ḫaṭṭāb al-Fihrī—, que eran los caballeros de Qurayš y sus valientes, avanzaron hasta detenerse junto al foso. Cuando lo vieron, dijeron: «Esto es una estratagema: los árabes no solían urdirla». Luego se dirigieron hacia un lugar estrecho del foso, espolearon sus caballos y éstos lo saltaron con ellos; cruzaron el foso y quedaron entre el foso y Salʿ. Salió ʿAlī b. Abī Ṭālib con un grupo de musulmanes y les cerraron la brecha por la que habían irrumpido. Los jinetes avanzaron hacia ellos. ʿAmr b. ʿAbd Wudd había sido retenido por heridas el día de Badr y no asistió a ningún combate; y quiso el día del Foso mostrar su lugar. Cuando él y su caballería se detuvieron, gritó: «¿Quién combate en duelo?». Salió ante él ʿAlī b. Abī Ṭālib y le dijo: «¡ʿAmr! Nos ha llegado que pactaste con Dios que no serías invitado a una de dos opciones sin tomar una de ellas». Dijo: «Sí». Dijo: «Te invito a Dios y al Islam». Dijo: «No tengo necesidad de eso». Dijo: «Entonces te invito al duelo». Dijo: «¡Sobrino! Por Dios, no me agrada matarte por lo que hubo entre tu padre y yo». ʿAlī le dijo: «Yo, por Dios, sí deseo matarte». Entonces ʿAmr b. ʿAbd Wudd se enfureció, bajó de su caballo, lo desjarretó y avanzó hacia ʿAlī. Se trabaron, se movieron de un lado a otro, y se levantó polvo entre ambos hasta ocultarlos. No se despejó el polvo hasta que se vio a ʿAlī sobre el pecho de ʿAmr, cortándole la cabeza. Cuando sus compañeros vieron que ʿAlī lo había matado, saltaron con sus caballos por la brecha, derrotados y huyendo. Y ʿAlī —Dios esté complacido con él— dijo sobre ello:

Auxilió a las piedras por la necedad de su parecer *** y yo auxilié la religión de Muḥammad con el golpe. [12731]

Lo enfrenté [12732] y lo dejé tendido *** como un tronco entre dunas y lomas. [12733]

Y me abstuve de sus ropas; y si yo *** hubiera estado encadenado, me habría despojado de mis ropas. [12734]

No penséis que Dios abandonará Su religión *** y a Su Profeta, ¡oh comunidad de los Confederados!

Ibn Hišām dijo: la mayoría de los sabios de las biografías [12735] duda que sea de ʿAlī. Ibn Hišām dijo: ʿIkrima b. Abī Ǧahl arrojó su lanza aquel día mientras huía de ʿAmr. Entonces Ḥassān b. Ṯābit dijo sobre ello:

Huyó y nos arrojó su lanza *** quizá, ʿIkrima, no lo hiciste.

Y te volviste corriendo como corre el avestruz *** sin desviarte del camino recto.

Y no diste la espalda con confianza *** como si tu nuca fuera la nuca de un furʿul.

Ibn Hišām dijo: furʿul es una cría de hiena. ʿĀʾiša —Dios esté complacido con ella— estaba en la fortaleza de Banū Ḥāriṯa, y la madre de Saʿd b. Muʿāḏ estaba con ella. Saʿd llevaba una cota de malla ceñida [12736] de la que le había salido el brazo; en su mano tenía su lanza, y decía:

Espera un poco: alcanzará la refriega Ǧamal *** no hay mal en la muerte cuando llega el plazo.

Aquel día Saʿd b. Muʿāḏ fue alcanzado por una flecha que le cortó la vena al-akḥal [12737] Se discrepó sobre quién le disparó. Se dijo: le disparó Ḥabbān b. Qays b. al-ʿArqa [12738], de Banū ʿĀmir b. Luʾayy. Cuando lo alcanzó, le dijo: «Tómala: yo soy hijo de al-ʿArqa». Saʿd le dijo: «Que Dios ennegrezca tu rostro en el Fuego». Y se dijo: quien le disparó fue Ḫafāǧa b. ʿĀṣim b. Ḥabbān [12739] Y se dijo: más bien quien le disparó fue Abū Usāma al-Ǧušamī, aliado de Banū Maḫzūm. Y Ḥassān tuvo con Ṣafiyya bt. ʿAbd al-Muṭṭalib un relato curioso aquel día, mencionado por Ibn Isḥāq y otros. Ṣafiyya bt. ʿAbd al-Muṭṭalib —Dios esté complacido con ella— dijo: «El día de los Confederados estábamos en la fortaleza de Ḥassān b. Ṯābit; Ḥassān estaba con nosotros entre las mujeres y los niños; el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— y sus compañeros estaban frente al enemigo y no podían volver a nosotros. Entonces un judío rondaba. Le dije a Ḥassān: “Baja a él y mátalo”. Dijo: “Yo no soy para esto, hija de ʿAbd al-Muṭṭalib”. Tomé un poste, bajé de la fortaleza y lo maté. Le dije: “¡Ḥassān! Baja y despojémoslo”. Y nada me impidió despojarlo sino que era un hombre. Dijo: “No necesito su despojo, hija de ʿAbd al-Muṭṭalib”. Dijo: “Entonces bajé y lo despojé”». Abū ʿUmar b. ʿAbd al-Barr dijo: un grupo de los expertos en sīra negó esto de Ḥassān y dijeron: si en Ḥassān hubiera habido la cobardía que describís, lo habrían satirizado por ello aquellos a quienes satirizaba en la ignorancia preislámica y en el Islam; y también habría sido satirizado por ello su hijo ʿAbd al-Raḥmān, pues él satirizaba con frecuencia a la gente entre los poetas árabes, como al-Naǧāšī y otros.

La sexta: Nuʿaym b. Masʿūd b. ʿĀmir al-Ašǧaʿī acudió al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— y dijo: «¡Mensajero de Dios! He abrazado el Islam y mi gente no sabe de mi Islam; ordéname lo que quieras». El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— le dijo: «(Tú no eres sino un solo hombre de Ġaṭafān; si salieras y nos desmoralizaras de ellos cuanto pudieras, sería más amado para nosotros que tu permanencia [12740] con nosotros. Sal, pues: la guerra es engaño)». Nuʿaym b. Masʿūd salió hasta llegar a Banū Qurayẓa —y en la ignorancia preislámica bebía con ellos— y dijo: «¡Banū Qurayẓa! Ya conocéis mi afecto por vosotros y lo particular de lo que hay entre vosotros y yo». Dijeron: «Habla: no eres para nosotros sospechoso». Dijo: «Qurayš y Ġaṭafān no son como vosotros: la tierra es vuestra tierra; en ella están vuestros bienes, vuestros hijos y vuestras mujeres. Qurayš y Ġaṭafān han venido a combatir a Muḥammad y a sus compañeros, y vosotros los habéis apoyado contra él. Si ven una oportunidad [12741], la aprovecharán; y si no, volverán a sus tierras y os dejarán solos frente al hombre, y no tenéis fuerza contra él. Así que no combatáis con esa gente hasta que toméis de ellos rehenes». Luego salió hasta llegar a Qurayš y les dijo: «Ya conocéis mi afecto por vosotros, comunidad de Qurayš, y mi separación de Muḥammad. Me ha llegado un asunto que considero de verdad que debo comunicaros como consejo para vosotros; guardadlo en secreto respecto de mí». Dijeron: «Lo haremos». Dijo: «Sabéis que la comunidad de los judíos se ha arrepentido de lo que hubo en su abandono de Muḥammad; y le han enviado: “Nos hemos arrepentido de lo que hicimos; ¿te complace que tomemos de Qurayš y de Ġaṭafān [ a hombres de sus notables y te los entreguemos para que les cortes ] [12742] las cabezas, y luego estemos contigo contra los que queden de ellos hasta exterminarlos?”». Luego fue a Ġaṭafān y les dijo lo mismo. Cuando fue la noche del sábado —y eso fue de lo que Dios, Poderoso y Majestuoso, dispuso para Su Mensajero y los creyentes—, Abū Sufyān envió a Banū Qurayẓa a ʿIkrima b. Abī Ǧahl con un grupo de Qurayš y Ġaṭafān, diciéndoles: «No estamos en una tierra de permanencia: han perecido las bestias de pezuña y de casco; salid mañana por la mañana al combate para que nos enfrentemos a Muḥammad». Ellos les enviaron: «Hoy es sábado, y ya sabéis lo que nos alcanzó por quien transgredió en sábado; y, además, no combatiremos con vosotros hasta que nos deis rehenes». Cuando el mensajero volvió con eso, dijeron: «Por Dios, Nuʿaym b. Masʿūd nos ha dicho la verdad». Devolvieron a los mensajeros y dijeron: «Por Dios, no os daremos rehenes jamás. Salid con nosotros si queréis; y si no, no hay pacto entre nosotros y vosotros». Banū Qurayẓa dijeron: «Por Dios, Nuʿaym b. Masʿūd ha dicho la verdad». Dios los desunió, su palabra se dividió, y Dios envió contra ellos un viento huracanado en noches de intenso frío: el viento volteaba sus utensilios y derribaba sus calderos.

La séptima: Cuando llegó al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— la noticia de la divergencia de su situación, envió a Ḥuḏayfa b. al-Yamān para que le trajera información. Fue a ellos y se ocultó entre su multitud [12743]; y oyó a Abū Sufyān decir: «¡Comunidad de Qurayš! Que cada hombre reconozca a su compañero de asiento». Ḥuḏayfa dijo: «Tomé la mano de mi vecino y le dije: “¿Quién eres?”; dijo: “Soy fulano”». Luego Abū Sufyān dijo: «¡Ay de vosotros, comunidad de Qurayš! Por Dios, no estáis en una tierra de permanencia. Han perecido, en verdad, el kurrāʿ y el ḫuff [12744]; Banū Qurayẓa nos han fallado; y hemos sufrido de este viento lo que veis: no se sostiene para nosotros construcción alguna, ni se mantiene caldero alguno, ni se enciende fuego alguno. Partid, pues: yo parto». Saltó sobre su camello, y no desató el amarre de su mano sino estando ya en pie. Ḥuḏayfa dijo: si no fuera por el compromiso del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— conmigo cuando me envió —me dijo: «(Ve a la gente, infórmate de cómo están y no hagas nada)»—, lo habría matado con una flecha. Luego fui al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— cuando se retiraban, y lo hallé de pie orando con un manto de una de sus esposas, “marāǧil”. Ibn Hišām dijo: al-marāǧil es un tipo de brocado yemení. Le informé, y él alabó a Dios.

Digo: Este relato de Ḥuḏayfa está mencionado en el Ṣaḥīḥ de Muslim, y en él hay signos grandiosos. Lo transmitió Ǧarīr de al-Aʿmaš, de Ibrāhīm al-Taymī, de su padre, que dijo: estábamos con Ḥuḏayfa cuando un hombre dijo: «Si yo hubiera alcanzado al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, habría combatido con él y me habría distinguido». Ḥuḏayfa dijo: «¿Tú habrías hecho eso? Yo nos vi con el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— la noche de los Confederados, y nos alcanzó un viento fuerte y un frío intenso. El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: “(¿Hay algún hombre que me traiga noticias de la gente, y Dios lo ponga conmigo el Día de la Resurrección?)”. Guardamos silencio y ninguno respondió. Luego dijo: “(¿Hay algún hombre que nos traiga noticias de la gente, y Dios lo ponga conmigo el Día de la Resurrección?)”. Guardamos silencio y ninguno respondió. Entonces dijo: “(Levántate, Ḥuḏayfa, y tráenos noticias de la gente)”. No hallé escapatoria, pues me llamó por mi nombre, sino levantarme. Dijo: “(Ve y tráeme noticias de la gente, y no los alarmes [12745] contra mí)”. Dijo: cuando me aparté de su lado, fue como si caminara en un baño caliente [12746], hasta que llegué a ellos. Vi a Abū Sufyān calentarse la espalda al fuego; puse una flecha en el centro del arco y quise dispararle, pero recordé la palabra del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—: “(y no los alarmes contra mí)”. Si le hubiera disparado, lo habría alcanzado. Regresé caminando como en un baño caliente. Cuando llegué a él y le informé de las noticias de la gente y terminé, sentí frío. El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— me vistió con el sobrante de una capa que llevaba y con la que oraba. No dejé de dormir hasta que amaneció. Cuando amaneció, dijo: “(Levántate, dormilón)”». Cuando amaneció y los Confederados se habían ido, el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— regresó a Medina y los musulmanes depusieron las armas. Entonces Gabriel —la paz sea con él— vino a él con la forma de Diḥya b. Ḫalīfa al-Kalbī, sobre una mula con una manta de brocado, y le dijo: «¡Muḥammad! Si vosotros habéis depuesto las armas, los ángeles no han depuesto las suyas. Dios te ordena salir hacia Banū Qurayẓa; yo me adelanto hacia ellos para sacudir sus fortalezas». Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— ordenó, y ésta es:

La octava: Que un pregonero proclamara: «Que nadie rece el ʿaṣr sino en Banū Qurayẓa». Unos temieron que se les pasara el tiempo y rezaron antes de llegar a Banū Qurayẓa. Otros dijeron: «No rezaremos el ʿaṣr sino donde nos ordenó el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, aunque se nos pase el tiempo». Dijo: y no reprendió a ninguno de los dos grupos. En esto hay, en fiqh, la corrección de los iǧtihād de los muǧtahidūn; ya se explicó en «al-Anbiyāʾ» [12747] Cuando Saʿd b. Muʿāḏ fue alcanzado por la flecha, suplicó a su Señor diciendo: «¡Oh Dios! Si has dejado algo de la guerra de Qurayš, déjame para ella, pues no hay gente a la que más ame combatir que a la gente que desmintió a Tu Mensajero y lo expulsó. ¡Oh Dios! Y si has puesto fin a la guerra entre nosotros y ellos, hazla para mí martirio, y no me hagas morir hasta que se alegre mi ojo respecto de Banū Qurayẓa». Ibn Wahb transmitió de Mālik, quien dijo: me ha llegado que Saʿd b. Muʿāḏ pasó junto a ʿĀʾiša —Dios esté complacido con ella— y unas mujeres con ella en el aṭm [12748](Fāriʿ) [12749], llevando una cota de malla ceñida [12750], con las mangas remangadas; tenía huella de azafrán y recitaba en rajaz:

Espera un poco: alcanzará la refriega Ǧamal *** no hay mal en la muerte cuando llega el plazo.

Entonces ʿĀʾiša —Dios esté complacido con ella— dijo: «No temo que Saʿd sea herido hoy sino en sus extremidades». Y fue herido en su vena al-akḥal. Ibn Wahb e Ibn al-Qāsim transmitieron de Mālik que ʿĀʾiša —Dios esté complacido con ella— dijo: «No he visto a un hombre más hermoso que Saʿd b. Muʿāḏ, salvo el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—». Fue herido en su vena al-akḥal y luego dijo: «¡Oh Dios! Si de la guerra de Qurayẓa no queda nada, llévame a Ti; y si queda de ella un resto, déjame hasta que combata con Tu Mensajero contra Sus enemigos». Cuando dictó sentencia sobre Banū Qurayẓa, falleció; la gente se alegró y dijo: «Esperamos que su súplica haya sido respondida».

La novena: Cuando los musulmanes salieron hacia Banū Qurayẓa, el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dio el estandarte a ʿAlī b. Abī Ṭālib, dejó encargado de Medina a Ibn Umm Maktūm, y ʿAlī avanzó con un grupo hasta llegar a Banū Qurayẓa y los sitió. Oyeron insultos contra el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—. ʿAlī regresó al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— y le dijo: «¡Mensajero de Dios! No llegues hasta ellos», y se lo insinuó. Él le dijo: «(Creo que has oído de ellos mi injuria. Si me vieran, se abstendrían de eso)». Avanzó hacia ellos; cuando lo vieron, se callaron. Les dijo: «(Habéis roto el pacto, hermanos de los monos; que Dios os humille y haga descender sobre vosotros Su castigo)». Dijeron: «No eras ignorante, Muḥammad: no seas ignorante con nosotros». El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— descendió y los sitió unas veintitantas noches. Su jefe Kaʿb les propuso tres opciones para que eligieran la que quisieran: O bien abrazar el Islam y seguir a Muḥammad en lo que ha traído, y así salvarse. Dijo: «Y preservad vuestros bienes, vuestras mujeres y vuestros hijos; por Dios, sabéis que es aquel que halláis escrito en vuestro Libro». O bien matar a sus hijos y mujeres, y luego avanzar y combatir hasta morir todos. O bien atacar por sorpresa a los musulmanes la noche del sábado, en el momento de su tranquilidad, y matarlos. Le dijeron: «En cuanto al Islam, no abrazaremos el Islam ni contravendremos el juicio de la Torá; en cuanto a matar a nuestros hijos y mujeres, ¿qué culpa tienen esos pobres para que los matemos? Y nosotros no transgredimos en sábado». Luego enviaron a buscar a Abū Lubāba, pues eran aliados de Banū ʿAmr b. ʿAwf y del resto de al-Aws. Él fue a ellos; reunieron ante él a sus hijos, mujeres y hombres, y le dijeron: «¡Abū Lubāba! ¿Crees que debemos someternos al juicio de Muḥammad?». Dijo: «Sí» —y señaló con su mano a su garganta—: «es degüello si lo hacéis». Luego Abū Lubāba se arrepintió al instante y supo que había traicionado a Dios y a Su Mensajero, y que era un asunto que Dios no ocultaría a Su Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—. Partió hacia Medina y no regresó al Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—; se ató a una columna y juró no moverse de su lugar hasta que Dios aceptara su arrepentimiento. Su esposa lo desataba para el tiempo de cada oración. Ibn ʿUyayna y otros dijeron: sobre él descendió: «يا أيها الذين آمنوا لا تخونوا الله والرسول وتخونوا أماناتكم» [12751][al-Anfāl: 27], la aleya. Y juró no entrar jamás en la tierra de Banū Qurayẓa, lugar en el que había cometido el pecado. Cuando el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— supo lo que hizo Abū Lubāba, dijo: «(Si hubiera venido a mí, habría pedido perdón por él; pero, puesto que ha hecho lo que ha hecho, no lo soltaré hasta que lo suelte Dios —Altísimo—)». Entonces Dios —Altísimo— hizo descender sobre el asunto de Abū Lubāba: «وآخرون اعترفوا بذنوبهم» [12752][al-Tawba: 102], la aleya. Cuando descendió sobre él el Corán, el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— ordenó que lo soltaran. Cuando amaneció, Banū Qurayẓa se sometieron al juicio del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—. Los Aws se precipitaron hacia el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— y dijeron: «¡Mensajero de Dios! Ya sabes que son nuestros aliados; y ya favoreciste [12753] a ʿAbd Allāh b. Ubayy b. Salūl respecto de Banū al-Naḍīr, aliados de al-Jazraǧ. Que nuestra parte no sea más baja y menor ante ti que la parte de otros: ellos son nuestros protegidos». El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— les dijo: «(¡Comunidad de al-Aws! ¿No os complace que juzgue sobre ellos un hombre de vosotros?)». Dijeron: «Sí». Dijo: «(Entonces, eso corresponde a Saʿd b. Muʿāḏ)». El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— le había dispuesto una tienda en la mezquita para visitarlo de cerca durante su enfermedad por la herida que recibió en el foso. Saʿd juzgó sobre ellos que se matara a los combatientes, se cautivara a la descendencia y a las mujeres, y se repartieran sus bienes. El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— le dijo: «(Has juzgado sobre ellos con el juicio de Dios —Altísimo— desde encima de siete cielos)» [12754] El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— ordenó que los sacaran a un lugar del mercado de Medina —en tiempos de Ibn Isḥāq—, y allí se cavaron fosas; luego ordenó —la paz sea con él— que se les cortaran las cabezas en esas fosas. Aquel día fueron muertos Ḥuyayy b. Ajṭab y Kaʿb b. Asad, que eran la cabeza del pueblo. Eran entre seiscientos y setecientos. Ḥuyayy llevaba una túnica de color “fuqāḥī” [12755], que había rasgado por todos lados, del tamaño de una yema, yema por yema, para que no se la despojaran. Cuando miró al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— al ser llevado ante él, con las manos atadas al cuello con una cuerda, dijo: «Por Dios, no me reprocho a mí mismo en tu enemistad,

*pero a quien Dios abandona, es abandonado*».

Luego dijo: «¡Oh gente! No hay mal en el decreto de Dios: Escritura, determinación y gran matanza [12756] escrita sobre los Hijos de Israel». Luego se sentó y se le cortó la cabeza. De sus mujeres fue muerta una mujer: Banāna, esposa de al-Ḥakam al-Quraẓī, la que arrojó la piedra de molino sobre Ḫallād b. Suwayd y lo mató. El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— ordenó matar a todo aquel de ellos a quien le hubiera brotado vello, y dejar a quien no le hubiera brotado. ʿAṭiyya al-Quraẓī fue de los que no habían desarrollado vello; el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— le perdonó la vida, y está mencionado entre los compañeros. El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— concedió a Ṯābit b. Qays b. Šammās a los hijos de al-Zubayr b. Bāṭā, y él les perdonó la vida; entre ellos estaba ʿAbd al-Raḥmān b. al-Zubayr, que abrazó el Islam y tuvo compañía. Y también concedió —la paz sea con él— a Rifāʿa b. Samūʾal al-Quraẓī a Umm al-Munḏir Salmā bt. Qays, hermana de Sulayṭ b. Qays de Banū al-Naǧǧār; ella había orado hacia las dos qiblas. Rifāʿa abrazó el Islam y tuvo compañía y transmisión. Ibn Wahb e Ibn al-Qāsim transmitieron de Mālik, quien dijo: Ṯābit b. Qays b. Šammās fue a Ibn Bāṭā —y éste tenía con él un favor— y le dijo: «He pedido que el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— te me conceda, por el favor que tienes conmigo». Dijo: «Eso hace el noble con el noble». Luego dijo: «¿Y cómo vive un hombre sin hijos ni familia?». Ṯābit fue al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— y le mencionó eso; y le dio su familia y sus hijos. Fue y se lo comunicó. Dijo: «¿Cómo vive un hombre sin bienes?». Ṯābit fue al Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— y lo pidió; y le dio sus bienes. Volvió a él y se lo comunicó. Dijo: «¿Qué fue de Ibn Abī al-Ḥuqayq, cuyo rostro era como un espejo chino?». Dijo: «Fue muerto». Dijo: «¿Qué fue de los dos consejos, es decir, Banū Kaʿb b. Qurayẓa y Banū ʿAmr b. Qurayẓa?». Dijo: «Fueron muertos». Dijo: «¿Qué fue de los dos grupos?». Dijo: «Fueron muertos». Dijo: «Tu responsabilidad queda libre; y no sacaré de ella jamás un cubo», es decir, de las palmeras; «hazme alcanzar a ellos». Se negó a matarlo, y lo mató otro. Y el favor que Ibn Bāṭā tenía con Ṯābit era que Ṯābit lo capturó el día de Buʿāṯ, le cortó el copete y lo dejó libre.

La décima: El Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— repartió los bienes de Banū Qurayẓa, y asignó al jinete tres partes y al infante una. Y se ha dicho: al jinete dos partes y al infante una. Los caballos de los musulmanes aquel día eran treinta y seis. Y le correspondió al Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— de sus cautivas Rayḥāna bt. ʿAmr b. Ǧunāfa [12757], de Banū ʿAmr b. Qurayẓa; permaneció con él hasta que murió —Dios lo bendiga y le conceda paz—. Y se dijo: el botín de Qurayẓa fue el primer botín en el que se repartió entre jinete e infante, y el primer botín en el que se estableció el quinto. Ya se ha mencionado que lo primero de eso fue en la expedición de ʿAbd Allāh b. Ǧaḥš; y Dios sabe más. Dijo Abū ʿUmar: y la depuración de ello es que el botín de Qurayẓa fuera el primer botín en el que se aplicó el quinto tras el descenso de Su palabra: «واعلموا أنما غنمتم من شيء فأن لله خمسه وللرسول» [12758][al-Anfāl: 41], la aleya. Y ʿAbd Allāh b. Ǧaḥš ya había separado el quinto antes de eso en su expedición; luego descendió el Corán conforme a lo que él hizo, y eso fue de sus méritos —la misericordia de Dios sea con él—. La conquista de Qurayẓa fue a finales de Ḏū al-Qaʿda y comienzos de Ḏū al-Ḥiǧǧa del año quinto de la Hégira. Cuando se completó el asunto de Banū Qurayẓa, fue respondida la súplica del hombre excelente y recto Saʿd b. Muʿāḏ: su herida se abrió, su vena se desgarró, su sangre fluyó y murió —Dios esté complacido con él—. Y es aquel sobre quien vino el ḥadīṯ: «(El Trono del Compasivo se estremeció por su muerte)», es decir, los habitantes del Trono entre los ángeles se alegraron con la llegada de su espíritu y se estremecieron por él. Ibn al-Qāsim transmitió de Mālik: me narró Yaḥyā b. Saʿīd, dijo: ciertamente descendieron por la muerte de Saʿd b. Muʿāḏ setenta mil ángeles; no habían descendido a la tierra antes de ello. Mālik dijo: y no fue martirizado el día del Foso de entre los musulmanes sino cuatro o cinco.

Digo: Los que fueron martirizados el día del Foso de entre los musulmanes fueron seis, según lo que mencionan los sabios de la sīra: Saʿd b. Muʿāḏ Abū ʿAmr, de Banū ʿAbd al-Ašhal; Anas b. Aws b. ʿAtīk; y ʿAbd Allāh b. Sahl, ambos también de Banū ʿAbd al-Ašhal; al-Ṭufayl b. al-Nuʿmān; y Ṯaʿlaba b. Ġanma [12759], ambos de Banū Salima; y Kaʿb b. Zayd de Banū Dīnār b. al-Naǧǧār: le alcanzó una flecha perdida [12760] y lo mató. Dios esté complacido con ellos. Y de los incrédulos fueron muertos tres: Munabbih b. ʿUṯmān b. ʿUbayd b. al-Sabbāq b. ʿAbd al-Dār: le alcanzó una flecha y murió por ella en La Meca. Y se ha dicho: más bien es ʿUṯmān b. Umayya b. Munabbih b. ʿUbayd b. al-Sabbāq. Y Nawfal b. ʿAbd Allāh b. al-Muġīra al-Maḫzūmī: saltó el foso, cayó en él y fue muerto; los musulmanes se apoderaron de su cuerpo. Se transmitió de al-Zuhrī que dieron al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— por su cuerpo diez mil dírhams, y él dijo: «(No tenemos necesidad de su cuerpo ni de su precio)», y los dejó con él. Y ʿAmr b. ʿAbd Wudd, a quien ʿAlī mató en duelo; ya se mencionó. Y el día de Qurayẓa fue martirizado de entre los musulmanes Ḫallād b. Suwayd b. Ṯaʿlaba b. ʿAmr, de Banū al-Ḥāriṯ b. al-Jazraǧ: una mujer de Banū Qurayẓa le arrojó una piedra de molino y lo mató. Y durante el asedio murió Abū Sinān b. Muḥṣin b. Ḥarṯān al-Asadī, hermano de ʿUkāša b. Muḥṣin; el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— lo enterró en el cementerio de Banū Qurayẓa, en el que se entierran los musulmanes que hoy habitan allí. No fue alcanzado nadie más que estos dos; y los incrédulos de Qurayš no volvieron a atacar a los creyentes después del Foso. Al-Dārimī, Abū Muḥammad, transmitió con cadena en su Musnad: nos informó Yazīd b. Hārūn, de Ibn Abī Ḏiʾb, de al-Maqburī, de ʿAbd al-Raḥmān b. Abī Saʿīd al-Ḫudrī, de su padre, que dijo: «Fuimos retenidos el día del Foso hasta que se fue una gran parte [12761] de la noche, hasta que se nos bastó; y eso es la palabra de Dios —Poderoso y Majestuoso—: “وكفى الله المؤمنين القتال وكان الله قويا عزيزا” [al-Aḥzāb: 25]. Entonces el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— ordenó a Bilāl que hiciera el iqāma y rezó el ẓuhr, y lo hizo bien como solía rezarlo en su tiempo; luego le ordenó que hiciera el iqāma del ʿaṣr y lo rezó; luego le ordenó que hiciera el iqāma del maġrib y lo rezó; luego le ordenó que hiciera el iqāma del ʿišāʾ y lo rezó. Y eso fue antes de que descendiera: “فإن خفتم فرجالا أو ركبانا” [12762][al-Baqara: 239]». Al-Nasāʾī también lo transmitió. Esta cuestión ya se trató en «Ṭā Hā» [12763] Hemos mencionado en esta expedición muchos preceptos para quien los considere en diez cuestiones. Luego volvemos al comienzo de las aleyas: son diecinueve aleyas que incluyeron lo que hemos mencionado.

Su palabra —Altísimo—: «إذ جاءتكم جنود» significa: los Confederados. «فأرسلنا عليهم ريحا». Muǧāhid dijo: es el viento del este (al-ṣabā); fue enviado contra los Confederados el día del Foso, hasta que arrojó sus calderos y arrancó sus tiendas. Dijo: y los “ejércitos” son los ángeles, y aquel día no combatieron. ʿIkrima dijo: el viento del sur dijo al del norte la noche de los Confederados: «Ve a socorrer al Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—». El del norte dijo: «Una mujer libre [12764] no viaja de noche». Así, el viento que fue enviado contra ellos fue el del este (al-ṣabā). Saʿīd b. Ǧubayr transmitió de Ibn ʿAbbās, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «(Fui auxiliado por el viento del este, y ʿĀd fue destruido por el viento del oeste)». Este viento fue un milagro del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—, porque el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— y los musulmanes estaban cerca de él: no había entre ellos y él sino el ancho del foso; y estaban a salvo de él, sin noticia de él. «وجنودا لم تروها». Se leyó con yāʾ, es decir: no los vieron los idólatras. Los exegetas dijeron: Dios —Altísimo— envió contra ellos a los ángeles: arrancaron las estacas, cortaron las cuerdas de las tiendas, apagaron los fuegos, volcaron los calderos, los caballos se agitaron unos contra otros, y Dios envió sobre ellos el terror. Se multiplicó el takbīr de los ángeles en los lados del campamento, hasta que el jefe de cada tienda decía: «¡Banū fulān, venid a mí!». Cuando se reunían, les decía: «¡Huid, huid!», por el terror que Dios —Altísimo— envió sobre ellos. «وكان الله بما تعملون بصيرا». Se leyó: «يعملون» con yāʾ, como enunciado informativo; es la lectura de Abū ʿAmr. Los demás lo leyeron con tāʾ: se refiere a quienes cavaron el foso y se protegieron del enemigo. [12763] :Véase t. 11, p. 180. [12764] :Maḥwa: uno de los nombres del viento del norte; se la denomina así porque borra las nubes y se las lleva. Es un nombre propio (determinado) que no admite declinación (ghayr munṣarif) y no se le antepone alif y lām.

Notas y Referencias

[12722] Se llamó la batalla del Foso (Ghazwat al-Khandaq) por el foso que se excavó alrededor de Medina por orden del Enviado —que Allah le bendiga y le conceda paz—. En cuanto a su denominación como «la de los Confederados» (al-Aḥzāb), se debe a la reunión de grupos de idólatras para combatir a los musulmanes: Quraysh, Ghaṭafān y los judíos.

[12723] Es decir, ocultándose y encubriéndose unos a otros.

[12724] Véase t. 4, p. 249 y ss.; y t. 13, p. 194.

[12725] Es decir, el liberado del Fuego.

[12726] Véase t. 7, p. 71.

[12727] Nadara: cayó.

[12728] En al-Nasā’ī: «sus moradas».

[12729] Salʿ: monte en Medina.

[12730] Al-jihām: nubes sin agua.

[12731] En la Sīra de Ibn Hishām: «bi-ṣawābī».

[12732] En la Sīra de Ibn Hishām: «fa-ṣadadtu ḥīna taraktuhu…».

[12733] Al-mutajaddil: lo pegado al suelo. Al-dakādik: plural de dakdāk, que es la arena blanda. Al-rawābī: plural de rābiya, que es lo elevado del terreno.

[12734] Al-muqṭar: aquel sobre uno de cuyos dos «qaṭr» —es decir, sus dos costados— se ha echado (algo). Y bazanī: me despojó y me dejó desnudo.

[12735] En la Sīra de Ibn Hishām: «bi-l-shiʿr».

[12736] Muqallaṣa: reunida, compacta.

[12737] Al-akḥal: vena en medio del antebrazo.

[12738] Al-ʿArqa (con ʿayn abierta y rā’ con kasra): Umm Ḥabbān; su nombre es Qullāba bint Saʿīd b. Saʿd, su kunya es Umm Fāṭima. Se la llamó al-ʿArqa por la fragancia de su olor; es la abuela de Jadiya.

[12739] En los ejemplares base: «Jabbāra»; la corrección se toma de la Sīra de Ibn Hishām y del Sharḥ al-Mawāhib.

[12740] En K: «que combatas con nosotros». Y en J: «tu permanencia». Su dicho: «khudʿa», en al-Nihāya de Ibn al-Athīr: «se transmite con la ḫā’ con fatḥa o con ḍamma, con sukūn en la dāl; y también con ḍamma en la ḫā’ y fatḥa en la dāl. El primero significa: que el asunto de la guerra se decide con una sola estratagema de las estratagemas; es decir, que si el combatiente es engañado una sola vez, no hay reparación para ello. Es la transmisión más elocuente y la más correcta. El sentido del segundo: es el nombre (maṣdar) de “engañar”. El sentido del tercero: que la guerra engaña a los hombres, les hace promesas y no se las cumple; como se dice: fulano es un hombre “juguete” y “risa”, es decir, muy dado al juego y a la risa».

[12741] Al-nahza: la oportunidad que encuentras en tu compañero.

[12742] «Entre los dos cuadriláteros» así aparece en K. Lo que hay en J, Sh: «…y Ghaṭafān nos dará en prenda a unos hombres y se los entregaremos».

[12743] Con la ghayn en sus tres vocalizaciones.

[12744] Al-karāʿ: nombre colectivo para los caballos. Y al-khuff: nombre colectivo para los camellos.

[12745] Al-dhuʿr: el pavor; quiere decir: no les hagas saber nada por ti mismo y camina en secreto para que no se espanten de ti y vengan contra mí.

[12746] Dice: como si caminara en un calor al que no me alcanzó frío alguno, ni me afectó nada de aquel viento intenso, por la bendición de la orientación del Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—.

[12747] Véase t. 11, p. 311.

[12748] Al-uṭm: fortaleza construida con piedras.

[12749] En los ejemplares base: «en el uṭm que es Fāriʿ». Y Fāriʿ: fortaleza en Medina; se dijo que es la fortaleza de Ḥassān b. Thābit.

[12750] Muqallaṣa: reunida, compacta.

[12751] Véase t. 7, p. 394.

[12752] Véase t. 8, p. 242.

[12753] Al-isʿāf: satisfacer la necesidad.

[12754] Arqiʿa: plural de raqīʿ; y al-raqīʿ es el cielo; se lo llamó así porque «remendó» las estrellas.

[12755] Es decir, del color de la rosa cuando está a punto de abrirse.

[12756] Al-malḥama: el gran enfrentamiento de mucha matanza.

[12757] Y se dice que en ello aparece «khanāfa» con la ḫā’ (muʿjama).

[12758] Véase t. 8, p. 1.

[12759] En al-Mawāhib al-Ladunniyya y al-Iṣāba: «Thaʿlaba b. ʿAnama, con la ʿayn (muhmala) con fatḥa y la nūn».

[12760] Dijo Ibn Hishām: «una flecha extraviada; y una flecha extraviada (con iḍāfa y sin iḍāfa): es aquella de la que no se sabe de dónde vino ni quién la disparó».

[12761] Al-hawā (con fatḥa): el tiempo prolongado.

[12762] Véase t. 3, p. 223.

[12763] Véase t. 11, p. 180.

[12764] Maḥwa: uno de los nombres del viento del norte; se la denomina así porque borra las nubes y se las lleva. Es un nombre propio (determinado) que no admite declinación (ghayr munṣarif) y no se le antepone alif y lām.