33

Los Confederados

الأحزاب Al-Ahzab
Aya 52

Versículo (Español)

[33:52] No te será lícito que vuelvas a casarte luego de esta revelación, ni sustituir a una por otra aunque fueran muy hermosas, excepto lo que posea tu diestra. Dios todo lo observa.

Tafsir de Al-Qurtubi

{لَّا يَحِلُّ لَكَ ٱلنِّسَآءُ مِنۢ بَعۡدُ وَلَآ أَن تَبَدَّلَ بِهِنَّ مِنۡ أَزۡوَٰجٖ وَلَوۡ أَعۡجَبَكَ حُسۡنُهُنَّ إِلَّا مَا مَلَكَتۡ يَمِينُكَۗ وَكَانَ ٱللَّهُ عَلَىٰ كُلِّ شَيۡءٖ رَّقِيبٗا} (52) En ella hay siete cuestiones:

La primera— Su dicho, Altísimo: «No te son lícitas las mujeres después». Los sabios discreparon acerca de la interpretación de Su dicho: «No te son lícitas las mujeres después», en siete opiniones: La primera: que está abrogada por la Sunna; y lo que la abroga es el hadiz de ‘A’isha, quien dijo: No murió el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— hasta que se le hicieron lícitas las mujeres; y ya se mencionó [12894] La segunda: que está abrogada por otra aleya. Al-Tahawi transmitió de Umm Salama, quien dijo: No murió el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— hasta que Dios le permitió casarse, de entre las mujeres, con quien quisiera, excepto con una pariente de grado prohibido; y ello es Su dicho —Poderoso y Majestuoso—: «Aplazas a quien quieres de entre ellas y acoges junto a ti a quien quieres». Dijo al-Nahhas: Esto —y Dios sabe más— es lo más preferible de cuanto se ha dicho sobre la aleya; y es, en la abrogación, una misma cosa que el dicho de ‘A’isha. Y cabe que ‘A’isha pretendiera: “se le hizo lícito eso por el Corán”. Con todo, es también la opinión de ‘Alí ibn Abi Talib, Ibn ‘Abbas, ‘Alí ibn al-Husayn y al-Dahhak. Algunos juristas de Kufa objetaron diciendo: Es imposible que esta aleya —esto es, «Aplazas a quien quieres de entre ellas»— abrogue «No te son lícitas las mujeres después», siendo aquella anterior a esta en el muṣḥaf sobre el que los musulmanes han convenido. Y dieron preferencia a la opinión de quienes dijeron que fue abrogada por la Sunna. Dijo al-Nahhas: Esta objeción no es vinculante, y quien la formula yerra; porque el Corán es como una sola imagen, tal como se ha transmitido auténticamente de Ibn ‘Abbas: Dios hizo descender el Corán de una sola vez al cielo de este mundo en el mes de Ramadán. Y se te aclara que la objeción de este objetor no es necesaria por el hecho de que Su dicho —Poderoso y Majestuoso—: «Y quienes de vosotros fallecen y dejan esposas: un testamento para sus esposas, manutención por un año, sin expulsión» [12895][al-Baqara: 240] está abrogado —según los exégetas, sin que conozcamos discrepancia entre ellos— por la aleya anterior a ella: «Y quienes de vosotros fallecen y dejan esposas: que ellas esperen por sí mismas cuatro meses y diez días» [12896][al-Baqara: 234]. La tercera: que —Dios le bendiga y le conceda paz— se le prohibió casarse además de sus esposas, porque ellas eligieron a Dios, a Su Mensajero y la Morada postrera. Esta es la opinión de al-Hasan, Ibn Sirin y Abu Bakr ibn ‘Abd al-Rahman ibn al-Harith ibn Hisham. Dijo al-Nahhas: Esta opinión puede haber sido así, y luego haber sido abrogada. La cuarta: que, cuando se les prohibió a ellas casarse después de él, se le prohibió a él casarse con otras distintas de ellas. Lo dijo Abu Umama ibn Sahl ibn Hunayf.

Su dicho, Altísimo: «No te son lícitas las mujeres después», es decir: después de las clases que fueron mencionadas. Lo dijeron Ubayy ibn Ka‘b, ‘Ikrima y Abu Razin; y es la elección de Muhammad ibn Yarir. Y quien sostuvo que la licitud para él era absoluta, dijo aquí: «No te son lícitas las que se esfuerzan»; esto significa: no te son lícitas las judías ni las cristianas. Esta interpretación es algo forzada. Y se transmitió de Mujahid, Sa‘id ibn Jubayr y también de ‘Ikrima. Y esta es la sexta opinión. Dijo Mujahid: Para que no sea incrédula y, sin embargo, madre de los creyentes. Esta opinión es lejana, porque la estima como: “después de las musulmanas”, y no se ha mencionado a las musulmanas. Del mismo modo, estima: «y no que las sustituyas», es decir: y no que repudies a una musulmana para sustituirla por una mujer de la Gente del Libro.

Que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— tenía por lícito casarse con quien quisiera, y luego eso fue abrogado. Dijo: Y así fue también con los profetas anteriores a él —Dios le bendiga y le conceda paz—. Lo dijo Muhammad ibn Ka‘b al-Qurazi.

La segunda— Su dicho, Altísimo: «y no que las sustituyas por esposas». Dijo Ibn Zayd: esto era algo que los árabes solían hacer: uno de ellos decía: “Toma a mi esposa y dame la tuya”. Al-Daraqutni transmitió de Abu Hurayra, quien dijo: El intercambio en la época preislámica consistía en que un hombre decía a otro: “renuncia para mí a tu mujer y yo renunciaré para ti a la mía, y te daré un extra”; entonces Dios —Poderoso y Majestuoso— hizo descender: «y no que las sustituyas por esposas, aunque te agrade su hermosura». Dijo: Entonces entró ‘Uyayna ibn Hisn al-Fazari donde estaba el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y con él estaba ‘A’isha; entró sin permiso. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— le dijo: (Oh ‘Uyayna, ¿dónde está el pedir permiso?) Él dijo: Oh Mensajero de Dios, no he pedido permiso para entrar a ningún hombre de Mudar desde que tuve uso de razón. Dijo: ¿Quién es esa “rojiza” a tu lado? El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: (Es ‘A’isha, la Madre de los Creyentes.) Dijo: ¿No voy a renunciar para ti a la más hermosa de la creación? Entonces dijo: (Oh ‘Uyayna, Dios ha prohibido eso.) Dijo: Cuando salió, ‘A’isha dijo: Oh Mensajero de Dios, ¿quién es ese? Dijo: (Un necio obedecido; y, pese a lo que ves, es el señor de su gente.) Al-Tabari, al-Nahhas y otros reprobaron lo que Ibn Zayd narró acerca de los árabes: que intercambiaban a sus esposas. Dijo al-Tabari: Los árabes jamás hicieron esto. Y lo transmitido en el hadiz de ‘Uyayna ibn Hisn, de que entró donde estaba el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y con él estaba ‘A’isha… el hadiz, no es un intercambio, ni él pretendía eso; sino que menospreció a ‘A’isha porque era una muchacha, y por eso dijo esas palabras.

Digo: Lo que hemos mencionado del hadiz de Zayd ibn Aslam, de ‘Ata’ ibn Yasar, de Abu Hurayra, acerca de que el intercambio existía en la época preislámica, indica lo contrario de lo que se ha negado al respecto. Y Dios sabe más. Dijo al-Mubarrad: Se recitó «no es lícito» con yā’ y con tā’. Quien lo recita con tā’, es según el sentido de la colectividad de “las mujeres”; y con yā’ (debajo), según el sentido de la totalidad de “las mujeres”. Y al-Farra’ pretendió diciendo: Los recitadores han coincidido en que la lectura es con yā’; y esto es un error. ¿Cómo puede decirse: “han coincidido los recitadores”, cuando Abu ‘Amr lo recitó con tā’ sin discrepancia atribuida a él?

La tercera— Su dicho, Altísimo: «aunque te agrade su hermosura». Dijo Ibn ‘Abbas: esto descendió a causa de Asma’ bint ‘Umays: al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— le agradó su hermosura cuando murió su esposo Ja‘far ibn Abi Talib, y quiso casarse con ella; entonces descendió la aleya. Este es un hadiz débil. Así lo dijo Ibn al-‘Arabi.

La cuarta— En esta aleya hay prueba de la licitud de que el hombre mire a aquella con la que desea casarse. Al-Mughira ibn Shu‘ba quiso casarse con una mujer, y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— le dijo: (Mírala, pues es más probable que se afiance [12897] entre vosotros.) Y dijo —sobre él la paz— a otro: (Mírala, pues en los ojos de los ansar hay algo.) Lo transmitió el Ṣaḥīḥ. Dijeron al-Humaydi y Abu al-Faraj al-Jawzi: Quiere decir: amarillentos o azules. Y se dijo: legañosos [12898]

La quinta— La orden de mirar a la prometida es únicamente a modo de orientación hacia el interés: pues, si la mira, quizá vea en ella algo que le incline a desear casarse con ella. Y de lo que indica que la orden es a modo de orientación es lo que mencionó Abu Dawud en el hadiz de Jabir, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo: (Si alguno de vosotros pide en matrimonio a una mujer, y puede mirar de ella aquello que le invite a casarse con ella, que lo haga.) Su dicho: (Si puede, que lo haga) no se dice en términos semejantes respecto de lo obligatorio. Esto es lo que sostuvo la mayoría de los juristas: Malik, al-Shafi‘i, los kufíes y otros, y la gente del literalismo. Algunos lo reprobaron, sin que se preste atención a su dicho, por los hadices auténticos y por Su dicho, Altísimo: «aunque te agrade su hermosura». Dijo Sahl ibn Abi Khaythama: Vi a Muhammad ibn Maslama persiguiendo a Thubayta bint al-Dahhak sobre un iŷār de los aŷāŷīr de Medina; y le dije: “¿Haces esto?”. Dijo: “Sí. El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: (Si Dios pone en el corazón de alguno de vosotros la intención de pedir a una mujer, no hay inconveniente en que la mire.)” El iŷār: la azotea, en la lengua de la gente de Siria y del Hiyaz. Dijo Abu ‘Ubayd: El plural de iŷār es aŷāŷīr y aŷāŷira.

La sexta— Se discrepó acerca de qué le es lícito mirar de ella. Dijo Malik: Mira su rostro y sus manos; y no mira sino con su permiso. Dijeron al-Shafi‘i y Ahmad: Con su permiso y sin su permiso, si ella está recatada. Dijo al-Awza‘i: La mira, se esfuerza, y mira los lugares de carne de ella. Dijo Dawud: Mira el resto de su cuerpo, aferrándose al sentido aparente del enunciado. Pero los fundamentos de la Ley lo refutan por la prohibición de contemplar la ‘awra. Y Dios sabe más.

La séptima— Su dicho, Altísimo: «excepto lo que posea tu diestra; y Dios es, sobre toda cosa, Vigilante». Los sabios discreparon acerca de si la esclava incrédula le era lícita al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, en dos opiniones: Es lícita, por la generalidad de Su dicho: «excepto lo que posea tu diestra». Así lo dijeron Mujahid, Sa‘id ibn Jubayr, ‘Ata’ y al-Hakam. Dijeron: Su dicho, Altísimo: «No te son lícitas las mujeres después», es decir: no te son lícitas las mujeres que no sean musulmanas; en cuanto a las judías, las cristianas y las asociadoras, te son ilícitas; es decir, no te es lícito casarte con una incrédula para que sea Madre de los Creyentes, aunque te agrade su hermosura; excepto lo que posea tu diestra, pues le es lícito tomarla como concubina. La segunda opinión: No es lícita, por ennoblecimiento de su rango, para apartarlo de tratar carnalmente con una incrédula. Y Dios —Altísimo— ha dicho: «Y no retengáis los vínculos matrimoniales de las incrédulas» [12899][al-Mumtahana: 10]. ¿Cómo, entonces, respecto de él —Dios le bendiga y le conceda paz—? Y el «mā» en Su dicho: «excepto lo que posea tu diestra» está en posición de nominativo, como sustituto (badal) de «las mujeres». Y es posible que esté en posición de acusativo como excepción; pero en ello hay debilidad. Y es posible que sea de valor masdarí; y la estimación es: “excepto la posesión de tu diestra”; y “posesión” con el sentido de “poseído”, y está en acusativo porque es una excepción de un género distinto del primero.

Notas y Referencias

[12894] Pág. 207 de este volumen.

[12895] Véase t. 3, p. 226.

[12896] Véase t. 3, pp. 174 y 226.

[12897] Es decir, más probable que perdure el afecto entre vosotros. Se dice: “Adāma Dios entre ambos” (ya’dimu idāman), esto es, los unió y los armonizó.

[12898] El ramṣ (con vocalización): suciedad que se reúne en el ángulo del ojo; si es fluida, es ghamṣ; y si se solidifica, es ramṣ.

[12899] Véase t. 18, p. 65.