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La Familia de Imran

آل عمران Ali 'Imran
Aya 26

Versículo (Español)

[3:26] Di: "¡Oh, Dios, Soberano Absoluto! Tú concedes el poder a quien quieres y se lo quitas a quien quieres, fortaleces a quien quieres y humillas a quien quieres. Todo el bien descansa en Tus manos. Tú tienes poder sobre todas las cosas.

Tafsir de Al-Qurtubi

{Di: «¡Oh Allah, Dueño del dominio! Concedes el dominio a quien quieres, y arrancas el dominio a quien quieres; honras a quien quieres y humillas a quien quieres. En Tu mano está el bien. Ciertamente, Tú eres Poderoso sobre toda cosa»} (26) Dijo ‘Alí —Dios esté complacido con él—: dijo el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—: (Cuando Dios —Altísimo— quiso hacer descender la Apertura del Libro, la Aleya del Trono, «Dios atestigua» y «Di: ¡Oh Allah, Dueño del dominio!» hasta Su dicho «sin cuenta», se aferraron al Trono, y no había entre ellas y Dios velo alguno, y dijeron: «¡Señor nuestro! ¿Nos haces descender a la morada de los pecados y hacia quien Te desobedece?» Entonces Dios —Altísimo— dijo: «Por Mi poder y Mi majestad: no las recitará siervo alguno tras cada oración prescrita sin que lo haga habitar en el Recinto de la Santidad, sea cual fuere lo que hubiera hecho; y sin que lo mire con Mi mirada escondida cada día setenta miradas; y sin que le satisfaga cada día setenta necesidades, la menor de las cuales es el perdón; y sin que lo proteja de todo enemigo y le dé victoria sobre él; y nada le impedirá entrar en el Paraíso sino que muera»). Y dijo Mu‘ādh ibn Jabal: Me demoré un día respecto del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y no recé con él el viernes. Dijo: («¡Oh Mu‘ādh! ¿Qué te impidió la oración del viernes?») Dije: ¡Mensajero de Dios! Yo tenía con Yūḥannā ibn Bāriyā, el judío, una onza de oro, y él estaba a mi puerta acechándome; temí que me retuviera y me impidiera llegar a ti. Dijo: («¿Te gustaría, oh Mu‘ādh, que Dios saldara tu deuda?») . Dije: Sí. Dijo: («Di: cada día di: “¡Oh Allah, Dueño del dominio” —hasta Su dicho— “sin cuenta”; (y di:) “Compasivo de este mundo y del Más Allá, y Misericordioso de ambos: das de ambos a quien quieres y privas de ambos a quien quieres; salda mi deuda”. Pues, aunque tuvieras una deuda equivalente a lo que llena la tierra de oro, Dios la pagaría por ti») . Lo transmitió Abū Nu‘aym, el ḥāfiẓ. Asimismo, de ‘Aṭā’ al-Jurāsānī, que Mu‘ādh ibn Jabal dijo: El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— me enseñó aleyas del Corán —o palabras—: no hay en la tierra musulmán que invoque con ellas estando afligido, o endeudado, o con deuda, sin que Dios se la salde y le alivie su preocupación. Me demoré respecto del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, y lo mencionó. Es extraño dentro del ḥadiz de ‘Aṭā’: lo transmitió de forma mursal de Mu‘ādh. Y dijeron Ibn ‘Abbās y Anas ibn Mālik: Cuando el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— conquistó La Meca y prometió a su comunidad el dominio de Persia y de Bizancio, dijeron los hipócritas y los judíos: «¡Lejos, lejos! ¿De dónde va a obtener Muḥammad el dominio de Persia y de Bizancio? Ellos son más poderosos y más inaccesibles que eso. ¿No le bastaron a Muḥammad La Meca y Medina, hasta codiciar el dominio de Persia y de Bizancio?» Entonces Dios —Altísimo— hizo descender esta aleya. Y se dijo: Descendió como refutación contundente de la falsedad de los cristianos de la gente de Naǧrān en su dicho: «Ciertamente, ‘Īsā es Dios»; pues estas cualidades muestran a todo aquel de naturaleza sana que ‘Īsā no participa en nada de ellas. Dijo Ibn Isḥāq: Dios —Poderoso y Majestuoso— informó en esta aleya de su obstinación y de su incredulidad; y que ‘Īsā —la paz sea con él—, aunque Dios —Altísimo— le concedió signos que indican su profecía, como resucitar a los muertos y otras cosas, sin embargo Dios —Poderoso y Majestuoso— es el Único que se singulariza en estas cosas; a partir de Su dicho: «Concedes el dominio a quien quieres y arrancas el dominio a quien quieres; honras a quien quieres y humillas a quien quieres». Y Su dicho: «Haces entrar la noche en el día y haces entrar el día en la noche; haces salir al vivo del muerto y haces salir al muerto del vivo; y provees a quien quieres sin cuenta» [Āl ‘Imrān: 27] pues, si ‘Īsā fuera una divinidad, esto le correspondería a él; y en ello hay una consideración y un signo evidente [2975]

Su dicho —Altísimo—: «Di: ¡Oh Allah!» Los gramáticos discreparon acerca de la composición de la expresión «Allāhumma», tras su consenso en que la hā’ lleva ḍamma, la mīm está geminada y abierta, y que es un vocativo. Y ha venido con la mīm aligerada en el verso de al-A‘šā:

Como la invocación de Abū Rabāḥ *** la oye Allāhuma [2976] los grandes.

Dijeron al-Jalīl, Sībawayh y todos los basríes: El origen de Allāhumma es yā Allāh; y cuando se usó la palabra sin la partícula de vocativo, que es «yā», pusieron en su lugar esta mīm geminada; así trajeron dos letras —las dos mīm— como sustitución de dos letras —la yā’ y el alif—. Y la ḍamma de la hā’ es la ḍamma del nombre singular en vocativo. Al-Farrā’ y los kufíes sostuvieron que el origen de Allāhumma es: yā Allāh, ummanā bi-jayr («¡Oh Allah, concédenos seguridad con bien!»); luego se suprimió y se mezclaron las dos palabras; y que la ḍamma que está en la hā’ es la ḍamma que estaba en ummanā: cuando se suprimió la hamza, la vocal se trasladó. Dijo al-Naḥḥās: Esto, para los basríes, es un error gravísimo; y la opinión en esto es la que dijeron al-Jalīl y Sībawayh. Dijo al-Zaǧǧāǧ: Es imposible abandonar la ḍamma, que es indicio del vocativo singular, y poner en el nombre de Allah la ḍamma de umm; esto es una desviación en el nombre de Dios —Altísimo—. Dijo Ibn ‘Aṭiyya: Esto es un exceso por parte de al-Zaǧǧāǧ; y afirmó que jamás oyó: yā Allāh umm, y que los árabes no dicen: yā Allāhumma. Y dijeron los kufíes: Que la partícula de vocativo puede entrar sobre «Allāhumma», y recitaron como prueba el verso del raǧaz:

Perdonaste o castigaste, ¡oh Allāhumā!

Otro:

Y nada te cuesta decir, cada vez que *** glorifiques o proclames la unicidad: ¡oh Allāhumma! [2977] qué

Devuélvenos a nuestro shayj sano y salvo *** pues de su bien no nos veremos privados

Otro:

Yo, cuando un suceso sobreviene *** digo: ¡oh Allāhumma, oh Allāhumā!

Dijeron: Si la mīm fuera sustitución de la partícula de vocativo, no se reunirían ambas. Dijo al-Zaǧǧāǧ: Esto es anómalo y no se conoce a su autor; y no se abandona por ello lo que está en el Libro de Dios y en todo el dīwān de los árabes. Y ha llegado algo semejante en su dicho [2978]:

Ellos soplaron en mi boca, desde sus dos bocas *** contra el ladrador aullante, con la más dura pedrea

Dijeron los kufíes: La mīm solo se añade, aligerada, en fam e ibn; en cuanto a una mīm geminada, no se añade. Y algunos gramáticos dijeron: Lo que dijeron los kufíes es un error; porque, si fuera como dijeron, debería decirse «Allāhumma» y limitarse a ello, pues con ello ya hay súplica. Además, tú dices: «Tú eres Allāhumma el Proveedor». Si fuera como pretendieron, habrías separado con dos oraciones entre el inicio y el predicado. Dijo al-Naḍr ibn Šumayl: Quien dice Allāhumma, ha invocado a Dios —Altísimo— con todos Sus nombres en conjunto. Y dijo al-Ḥasan: Allāhumma reúne la súplica.

Su dicho —Altísimo—: «Dueño del dominio» Dijo Qatāda: me ha llegado que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— pidió a Dios —Poderoso y Majestuoso— que concediera a su comunidad el dominio de Persia; entonces Dios hizo descender esta aleya. Y dijo Muqātil: El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— pidió que Dios le concediera el dominio de Persia y de Bizancio en su comunidad; y Dios —Altísimo— le enseñó a invocar con esta súplica. Ya ha precedido su sentido. Y «Dueño» está en acusativo, según Sībawayh, por ser un segundo vocativo; y semejante es Su dicho —Altísimo—: «Di: ¡Oh Allah, Originador de los cielos y de la tierra!» [2979][al-Zumar: 46] Y, según él, no es lícito que se describa a Allāhumma, porque se le ha añadido la mīm. Le contradijeron Muḥammad ibn Yazīd e Ibrāhīm ibn al-Sarī [2980] al-Zaǧǧāǧ, y dijeron: «Dueño» en el i‘rāb es un adjetivo del nombre de Dios —Altísimo—; y asimismo «Originador de los cielos y de la tierra». Dijo Abū ‘Alī: Es la doctrina de Abū al-‘Abbās al-Mubarrad; y lo que dijo Sībawayh es más correcto y más claro. Ello se debe a que no hay, entre los nombres descritos, nada conforme al patrón de «Allāhumma», pues es un nombre singular al que se le ha añadido un sonido; y los sonidos no se describen, como ġāq y lo semejante. Y la norma del nombre singular es que no se describa, aunque lo hayan descrito en algunos lugares. Así, cuando aquí se añadió lo que no se describe a aquello cuya analogía era no describirse, vino a ser como un sonido añadido a un sonido, como ḥayhal, y no se describió. Y «el dominio» aquí es la profecía, según Muǧāhid. Y se dijo: la supremacía. Y se dijo: la riqueza y los siervos. Al-Zaǧǧāǧ: el sentido es: Dueño de los siervos y de lo que poseen. Y se dijo: el sentido es: Dueño de este mundo y del Más Allá. Y el sentido de «concedes el dominio» es: la fe y el islam. «a quien quieres», es decir, a quien quieres concedérselo; y así lo que viene después. Y es imprescindible estimar una elipsis: es decir, «y arrancas el dominio a quien quieres arrancárselo», y luego se suprimió esto. Y Sībawayh citó:

¿Acaso tiene este tiempo algún pretexto *** contra la gente? haga con la gente lo que quiera [2982]

Dijo al-Zaǧǧāǧ: «lo que quiera hacer con la gente, lo hace». Y Su dicho: «honras a quien quieres» Se dice: ‘azza, cuando se eleva, domina y vence. De ello: «y me venció en la disputa» [2983][Ṣād: 23]. «y humillas a quien quieres» ḏalla yaḏillu ḏullan, cuando es vencido, y el otro se eleva y lo domina [2984] Dijo Ṭarafa:

Lento ante lo grave, rápido hacia la vileza *** humillado por las palmas de los hombres, apaleado [2985]

«En Tu mano está el bien» Es decir: en Tu mano está el bien y el mal, pero se suprimió, como dijo: «vestiduras que os protegen del calor» [2986][al-Naḥl: 81]. Y se dijo: se mencionó el bien en particular porque es lugar de súplica y de anhelo de Su favor. Dijo al-Naqqāš: «En Tu mano está el bien», es decir, la victoria y el botín. Y dijeron los maestros de las alusiones: Abū Ŷahl poseía mucha riqueza, y cayó en el ar-rass [2987] el día de Badr; y los pobres Ṣuhayb, Bilāl y Jabbāb no tenían riqueza, pero su dominio era la fe. «Di: ¡Oh Allah, Dueño del dominio! Concedes el dominio a quien quieres»: estableces al Mensajero, huérfano de Abū Ṭālib, a la cabeza del ar-rass, hasta que llama a cuerpos que han sido arrojados al pozo: «¡Oh ‘Utba! ¡Oh Šayba! Honras a quien quieres y humillas a quien quieres». Es decir: Ṣuhayb, es decir [2988] Bilāl: no creáis que os privamos de [2989] este mundo por odio hacia vosotros. En Tu mano está el bien: no os lo impidió sino la incapacidad. «Ciertamente, Tú eres Poderoso sobre toda cosa»: la gracia del Real es general; se encarga de quien quiere.

Notas y Referencias

[2975] - En b y d: «consideración en ello, evidente».

[2976] - Así está en las copias del original y en Ma‘ānī al-Qur’ān de al-Farrā’; y en Lisān: «lā hum al-kibār», con la mīm aligerada.

[2977] - En Lisān: «yā Allāhumā»; y lo que hay en los originales y en Ma‘ānī al-Qur’ān, t. 1, p. 203, y en al-Jizāna, t. 1, p. 358, es lo que hemos consignado.

[2978] - El autor es al-Farazdaq: describió a dos poetas de su gente, hacia quienes se inclinó en la poesía. Y con «el ladrador aullante» quiso decir a quien lo satirizó; e hizo de la sátira algo semejante a la pedrea, al hacer a los satirizadores como el perro que ladra; y «al-riǧām» es la pedrea, como en Šarḥ al-Šawāhid. Y «al-riǧām» son las piedras.

[2979] - Véase t. 15, p. 265.

[2980] - En los originales: «y al-Zaǧǧāǧ» con wāw, y no es correcto; porque al-Zaǧǧāǧ es Ibrāhīm ibn al-Sarī ibn Sahl, Abū Isḥāq al-Zaǧǧāǧ.

[2981] - En z: «concedes la fe».

[2982] - El verso es de al-Aswad ibn Ya‘fur al-Nahšalī. Dice: ciertamente este tiempo se lleva el esplendor del ser humano y su juventud, y se excusa en hacerlo con una excusa semejante a la del que comete una injusticia contra otro (según Šarḥ al-Šawāhid).

[2983] - Véase t. 15, p. 174.

[2984] - De b y d.

[2985] - Al-ǧulā: el asunto grave para el que se convoca a los de buen juicio. Al-janā: la corrupción y la obscenidad en el habla. Al-ḏalīl: el subyugado, y es lo contrario de al-‘azīz. Aǧmā‘: plural de ǧum‘, y es el dorso de la palma cuando juntas y cierras los dedos. Al-mulhad: el golpeado, el empujado. (Según Šarḥ al-Mu‘allaqāt).

[2986] - Véase t. 10, p. 160.

[2987] - Al-rass: el pozo revestido con piedras.

[2988] - En z: «Ṣuhayban wa Bilālan».

[2989] - En z: «os privamos de este mundo»; y en d: «solo os privamos».