3

La Familia de Imran

آل عمران Ali 'Imran
Aya 100

Versículo (Español)

[3:100] ¡Oh, creyentes! Si se someten a algunos de la Gente del Libro, ellos lograrán sacarlos a ustedes de la fe a la incredulidad.

Tafsir de Al-Qurtubi

{¡Oh vosotros que habéis creído! Si obedecéis a un grupo de aquellos a quienes se les dio el Libro, os harán volver, después de vuestra fe, como incrédulos} (100) Fue revelada acerca de un judío que quiso reavivar la discordia entre los Aws y los Jazray, después de que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— la hubiese extinguido. Se sentó entre ellos y les recitó unos versos que había compuesto uno de los dos clanes en el tiempo de su guerra. Entonces dijo el otro clan: «Nuestro poeta dijo, en tal día y tal día…», y como si aquello les hubiera afectado en algo, dijeron: «Venid: devolvamos la guerra, en toda su crudeza, como era». Y estos gritaron: «¡Oh gente de Aws!». Y aquellos gritaron: «¡Oh gente de Jazray!». Se reunieron, tomaron las armas y se alinearon para combatir; entonces descendió esta aleya. El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— acudió hasta situarse entre las dos filas, la recitó y alzó la voz. Cuando oyeron su voz, guardaron silencio ante él y se pusieron a escuchar. Cuando terminó, arrojaron las armas, se abrazaron unos a otros y se echaron a llorar. Según ‘Ikrima, Ibn Zayd e Ibn ‘Abbās. Quien hizo eso fue Shās ibn Qays, el judío: instigó contra los Aws y los Jazray a quien les recordase lo que había habido entre ellos de guerras; y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— vino a ellos y se lo recordó. Entonces la gente supo que era una incitación del Demonio y una maquinación de su enemigo; arrojaron las armas de sus manos, lloraron y se abrazaron unos a otros. Luego se marcharon con el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, escuchando y obedeciendo. Entonces Dios —Poderoso y Majestuoso— reveló: «¡Oh vosotros que habéis creído!», es decir, los Aws y los Jazray. «Si obedecéis a un grupo de aquellos a quienes se les dio el Libro», es decir, a Shās y a sus compañeros. «Os harán volver, después de vuestra fe, como incrédulos». Dijo Jābir ibn ‘Abd Allāh: «No hubo nadie que nos resultara más detestable al aparecer que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—; pero nos hizo una seña con su mano y nos contuvimos, y Dios —Altísimo— arregló lo que había entre nosotros. Y no hubo persona más amada para nosotros que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—. No he visto un día más feo ni más desolador al comienzo, ni más hermoso al final, que aquel día».

Notas y Referencias

(No se generaron)