27

Las Hormigas

النمل An-Naml
Aya 18

Versículo (Español)

[27:18] Al pasar por un valle donde había hormigas, una de ellas dijo: "¡Oh, hormigas! Entren en sus hormigueros, no sea que Salomón y sus tropas las pisen sin darse cuenta".

Tafsir de Al-Qurtubi

{حَتَّىٰٓ إِذَآ أَتَوۡاْ عَلَىٰ وَادِ ٱلنَّمۡلِ قَالَتۡ نَمۡلَةٞ يَـٰٓأَيُّهَا ٱلنَّمۡلُ ٱدۡخُلُواْ مَسَٰكِنَكُمۡ لَا يَحۡطِمَنَّكُمۡ سُلَيۡمَٰنُ وَجُنُودُهُۥ وَهُمۡ لَا يَشۡعُرُونَ} (18) En ella hay seis cuestiones:

La primera.— Su dicho —Exaltado sea—: «hasta que, cuando llegaron al valle de las hormigas». Dijo Qatāda: se nos ha mencionado que es un valle en la tierra de al-Šām. Y dijo Kaʿb: está en al-Ṭāʾif.

Su dicho —Exaltado sea—: «dijo una hormiga: “¡Oh hormigas! Entrad en vuestras moradas”». Dijo al-Šaʿbī: la hormiga tenía dos alas y pasó a ser de las aves; por eso (Salomón) conoció su lenguaje, y de no ser por ello no lo habría conocido. Esto ya se ha mencionado y volverá. Y leyó Sulaymān al-Taymī en La Meca: «namla» y «al-naml» con la nūn en fatḥ y la mīm en ḍamm. Y también se le atribuye que puso ḍamm a ambas. Y se llamó a la hormiga “namla” por su “tanammul”, esto es, la abundancia de su movimiento y la escasez de su quietud. Dijo Kaʿb: pasó Sulaymān —la paz sea con él— por el valle de al-Sadīr, uno de los valles de al-Ṭāʾif, y llegó al valle de las hormigas; entonces se alzó una hormiga que caminaba siendo coja, contoneándose como el lobo con el hueso, y clamó: «¡Oh hormigas!», la aleya. Al-Zamaḫšarī: Sulaymān oyó sus palabras desde tres millas, y ella caminaba coja, contoneándose. Y se dijo: su nombre era Ṭāḫiya. Y dijo al-Suhaylī: han mencionado el nombre de la hormiga que habló con Sulaymān —la paz sea con él—, y dijeron que su nombre era Ḥarmiyā; y no sé cómo puede concebirse para una hormiga un nombre propio, cuando las hormigas no se nombran unas a otras, ni los humanos pueden poner a una de ellas un nombre propio, porque para los humanos no se distinguen unas de otras; y tampoco están bajo el dominio de los hijos de Adán como los caballos, los perros y semejantes, pues el uso del nombre propio, en lo que es así, existe entre los árabes. Y si dijeras: el nombre propio existe en los géneros, como Ṯuʿāla, Usāma, Juʿār y Quṯām para la hiena, y cosas semejantes son muchas; el nombre de la hormiga no es de este tipo, porque pretendieron que es un nombre propio de una hormiga única y determinada entre todas las hormigas; mientras que Ṯuʿāla y lo semejante no se restringe a un solo individuo del género, sino que cada uno que veas de ese género es Ṯuʿāla; y así también Usāma, “ibn āwā” (chacal), “ibn ʿirs” (comadreja) y lo parecido. Si es cierto lo que dijeron, tiene una explicación: que esta hormiga parlante hubiera sido nombrada con ese nombre en la Torá, o en los Salmos, o en algunas de las Escrituras; que Dios —Exaltado sea— la hubiera llamado con ese nombre y lo hubiera dado a conocer a los profetas antes de Sulaymān, o a algunos de ellos. Y fue singularizada con el nombre por su habla y su fe: esta es la explicación. Y el sentido de que afirmemos su fe es que dijo a las hormigas: «no os aplaste Sulaymān y sus ejércitos, sin darse cuenta». Pues su dicho: «sin darse cuenta» es un giro propio del creyente; es decir: por la justicia de Sulaymān, su excelencia y la excelencia de sus ejércitos, no aplastan a una hormiga ni a nada superior a ella sino sin advertirlo. Y se ha dicho: que la sonrisa de Sulaymān fue de alegría por esa palabra de ella; por eso reforzó la sonrisa con su dicho: «riendo», pues puede haber sonrisa sin risa ni complacencia. ¿No ves que dicen: “sonrió la sonrisa del airado” y “sonrió la sonrisa de los burlones”? La sonrisa de risa no es sino por alegría; y un profeta no se alegra por asunto mundano, sino que se alegró por lo que atañe a la Otra Vida y a la religión. Y su dicho: «sin darse cuenta» es una indicación a la religión, la justicia y la compasión. Y un paralelo del dicho de la hormiga acerca de las huestes de Sulaymān: «sin darse cuenta», es el dicho de Dios —Exaltado sea— acerca de las huestes de Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz—: «y os alcance por su causa una afrenta sin conocimiento» [al-Fatḥ: 25], como giro hacia que no pretenden derramar la sangre de un creyente. Solo que quien elogia a las huestes de Sulaymān es la hormiga, con permiso de Dios —Exaltado sea—; y quien elogia a las huestes de Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz— es Dios —Poderoso y Majestuoso— por Sí mismo, por la excelencia que tienen las huestes de Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz— sobre las huestes de otros profetas, así como Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz— tiene excelencia sobre todos los profetas —Dios los bendiga y les conceda paz— en conjunto. Y leyó Šahr b. Ḥawšab: «maskinakum» con sukūn en la sīn, en singular. Y en el muṣḥaf de Ubayy: «masākinakunna lā yaḥṭimannakum». Y leyó Sulaymān al-Taymī: «masākinakum lā yaḥṭimankunna», lo mencionó al-Naḥḥās; es decir: que no os rompan al pisaros, sin saber de vosotras. Dijo al-Mahdawī: Dios —Exaltado sea— hizo comprender esto a la hormiga para que fuese un milagro de Sulaymān. Y dijo Wahb: Dios —Exaltado sea— ordenó al viento que nadie dijera cosa alguna sin que la arrojara al oído de Sulaymān, debido a que los demonios querían urdir contra él. Y se ha dicho: que este valle estaba en las tierras del Yemen, y que era una hormiga pequeña como las hormigas habituales; lo dijo al-Kalbī. Y dijeron Nawf al-Šāmī y Šaqīq b. Salama: las hormigas de aquel valle eran como lobos en tamaño. Y dijo Burayda al-Aslamī: como ovejas. Dijo Muḥammad b. ʿAlī al-Tirmiḏī: si fuese de esa constitución, tendría voz; y lo que se echa en falta de la voz de las hormigas se debe a la pequeñez de su creación; si no, las voces en aves y bestias existen, y eso es su “lógica”; y en esas “lógicas” hay significados de glorificación y otras cosas, y ello es Su dicho —Exaltado sea—: «No hay cosa alguna que no glorifique con Su alabanza, pero vosotros no comprendéis su glorificación» [al-Isrāʾ: 44]. Digo: y Su dicho: «no os aplaste» indica la corrección de lo dicho por al-Kalbī; pues si fueran como lobos y ovejas no se aplastarían al ser pisadas. Y Dios sabe más. Y dijo: «Entrad en vuestras moradas», y vino conforme al modo de dirigirse a los humanos, porque aquí las hormigas fueron tratadas como humanos cuando hablaron como hablan los humanos. Dijo Abū Isḥāq al-Ṯaʿlabī: y vi en algunos libros que Sulaymān le dijo: “¿Por qué advertiste a las hormigas? ¿Temiste mi injusticia? ¿Acaso no sabes que soy un profeta justo? Entonces, ¿por qué dijiste: ‘os aplaste Sulaymān y sus ejércitos’?” La hormiga dijo: “¿Acaso no oíste mi dicho: ‘sin darse cuenta’? Con todo, no quise el aplastamiento de las vidas, sino el aplastamiento de los corazones, por temor a que deseen lo mismo que se te ha dado, o se vean tentadas por el mundo, y se ocupen mirando tu reino en vez de la glorificación y el recuerdo”. Entonces Sulaymān le dijo: “Amonéstame”. La hormiga dijo: “¿Acaso sabes por qué se llamó tu padre Dāwūd?” Dijo: “No”. Dijo: “Porque curó la herida de su corazón. ¿Sabes por qué te llamaste Sulaymān?” Dijo: “No”. Dijo: “Porque eres ‘salīm’ en tu lado, por lo que se te ha dado, con la integridad de tu pecho; y te corresponde alcanzar a tu padre [12265]”. Luego dijo: “¿Sabes por qué Dios te sometió el viento?” Dijo: “No”. Dijo: “Te informo de que el mundo entero es viento”. «Entonces sonrió, riendo, por lo que ella dijo», maravillado; luego se marchó apresurada hacia su gente y dijo: “¿Tenéis algo que podamos regalar al Profeta de Dios?” Dijeron: “¿Y qué valor tiene lo que le regalemos? Por Dios, no tenemos sino un solo fruto de azufaifo”. Dijo: “Bien; traédmelo”. Se lo trajeron; lo tomó en su boca y se fue arrastrándolo. Entonces Dios ordenó al viento que la transportara; y ella avanzó atravesando a humanos, genios, sabios y profetas sobre la alfombra, hasta que cayó ante él; luego depositó aquel fruto de azufaifo de su boca en su palma, y comenzó a decir:

¿No ves que ofrecemos a Dios lo que es Suyo *** y, aunque Él sea Rico, lo acepta?

Y si se ofreciera al Majestuoso según Su rango *** el mar y su orilla un día quedarían cortos.

Pero ofrecemos a quien amamos *** y se complace con ello de nosotros y agradece a quien lo hace.

Y eso no es sino propio de un noble en sus actos *** pues, si no, en nuestro reino no hay nada que se le asemeje.

Entonces él le dijo: “Que Dios os bendiga”; y, por esa súplica, (Sulaymān) fue de las criaturas de Dios más agradecidas y de las criaturas de Dios más abundantes en agradecimiento. Y dijo Ibn ʿAbbās: el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— prohibió matar a cuatro animales: la abubilla, el alcaudón, la hormiga y la abeja. Lo transmitió Abū Dāwūd y lo autentificó Abū Muḥammad ʿAbd al-Ḥaqq; y se narró por el ḥadīṯ de Abū Hurayra. Ya pasó en «al-Aʿrāf» [12266] Así, la hormiga elogió a Sulaymān e informó de lo mejor que pudo: que no se dan cuenta si os aplastan, y que no lo hacen deliberadamente; con ello negó de ellos la injusticia. Por eso se prohibió matarla, y (se prohibió) matar a la abubilla, porque fue el guía de Sulaymān hacia el agua y su mensajero ante Bilqīs. Y dijo ʿIkrima: Dios solo apartó de la abubilla el mal de Sulaymān porque era piadosa con sus padres. Y al alcaudón se le llama “al-ṣawwām”. Y se narró de Abū Hurayra que dijo: el primero que ayunó fue el alcaudón. Y cuando Ibrāhīm —la paz sea con él— salió de al-Šām hacia el Ḥaram para la construcción de la Casa, la sakīna [12267] estaba con él y el alcaudón; el alcaudón era su guía hacia el lugar y la sakīna su medida. Cuando llegó al paraje, la sakīna se posó sobre el lugar de la Casa y llamó diciendo: “Construye, oh Ibrāhīm, según la medida de mi sombra”. Ya se adelantó en «al-Aʿrāf» la causa de la prohibición de matar a la rana, y en «al-Naḥl» [12268] la prohibición de matar a la abeja. Y alabado sea Dios.

La segunda.— Leyó al-Ḥasan: «lā yaḥṭimannakum», y también se le atribuye: «lā yaḥiṭṭimannakum», y también se le atribuye, a él y a Abū Rajāʾ: «lā yuḥaṭṭimannakum». Y al-ḥaṭm es la rotura: “ḥaṭamtuhu ḥaṭman”, es decir, lo rompí; y “taḥaṭṭama”; y “al-taḥṭīm” es el quebrantamiento. «sin darse cuenta»: es posible que sea un estado (ḥāl) de Sulaymān y sus ejércitos, y el regente del estado sea «os aplaste». O (que sea) un estado de la hormiga, y el regente sea «dijo»: es decir, dijo eso en estado de descuido de los ejércitos; como tu dicho: “me levanté mientras la gente estaba distraída”. O (que sea) un estado de las hormigas también, y el regente sea «dijo», con el sentido de: y las hormigas no se dan cuenta de que Sulaymān entiende su dicho. En ello hay lejanía; y vendrá.

La tercera.— Muslim روایتó, por el ḥadīṯ de Abū Hurayra, del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—: «que una hormiga mordió a uno de los profetas; entonces ordenó (quemar) la aldea de las hormigas y fue incendiada; y Dios —Exaltado sea— le reveló: “¿Por una hormiga que te mordió has destruido a una comunidad de las comunidades que glorifican?”». Y en otra vía: «¿y no (bastaba) una sola hormiga?». Dijeron nuestros sabios: se dice que este profeta es Mūsā —la paz sea con él—, y que dijo: “¡Señor mío! Castigas a los habitantes de una aldea por sus desobediencias, y entre ellos está el obediente”. Como si hubiera querido que se le mostrara eso de parte de Él. Entonces se le impuso el calor hasta que se refugió en un árbol, buscando el alivio de su sombra; y junto a él había una aldea de hormigas. El sueño lo venció; y cuando halló el deleite del sueño, la hormiga lo picó y lo molestó; entonces las frotó con su pie y las destruyó, y quemó aquel árbol junto al cual estaban sus moradas. Así Dios le mostró la lección en ello como un signo: “Cuando te mordió una hormiga, ¿cómo alcanzaste a los restantes con su castigo?”. Quiere advertirle que el castigo de Dios —Exaltado sea— se generaliza y se convierte en misericordia para el obediente, y en purificación, bendición; y en mal y venganza para el desobediente. Conforme a esto, no hay en el ḥadīṯ nada que indique reprobación ni prohibición de matar hormigas: pues quien te daña, te es lícito apartarlo de ti; y ninguna de Sus criaturas tiene mayor inviolabilidad que el creyente, y se te ha permitido apartarlo de ti con muerte o golpe en la medida debida; ¿cómo no (será lícito) con los insectos y animales que te han sido sometidos y sobre los que se te ha dado dominio? Si te dañan, se te permite matarlos. Y se narró de Ibrāhīm: “lo que te dañe de las hormigas, mátalo”. Y su dicho: «sino una sola hormiga» es prueba de que quien daña es dañado y se mata; y siempre que la muerte sea para un beneficio o para repeler un daño, no hay inconveniente en ello según los sabios. Y se dijo “una hormiga” sin especificar aquella hormiga que mordió frente a otras, porque no se pretende el talión: pues si lo pretendiera habría dicho: “¿y no tu hormiga que te mordió?”. Pero dijo: “¿y no una hormiga en lugar de una hormiga?”, y así incluyó al inocente y al culpable en ello, para que se sepa que quiso advertirle por su pregunta a su Señor acerca del castigo de los habitantes de una aldea, estando entre ellos el obediente y el desobediente. Y se ha dicho: que para ese profeta era lícito en su ley castigar a los animales con el fuego; por eso Dios —Exaltado sea— solo lo reprendió por quemar a muchas hormigas, no por el principio mismo de quemar. ¿No ves Su dicho: «¿y no una sola hormiga?», es decir: “¿y no quemaste una sola hormiga?”. Esto es distinto de nuestra ley, pues el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— ha prohibido el castigo con fuego, y dijo: «No castiga con fuego sino Dios». Asimismo, matar hormigas era lícito en la ley de ese profeta, pues Dios no lo reprendió por el principio de matar hormigas. En cuanto a nuestra ley, ha venido por el ḥadīṯ de Ibn ʿAbbās y Abū Hurayra la prohibición de ello. Mālik reprobó matar hormigas, salvo que dañen y no se pueda apartarlas sino matándolas. Y se ha dicho: que Dios solo lo reprendió porque se vengó para sí mismo destruyendo a un grupo cuando uno solo lo dañó; y lo primero habría sido la paciencia y el perdón. Pero al profeta le ocurrió que este tipo (de criatura) es dañino para los hijos de Adán, y la inviolabilidad de los hijos de Adán es mayor que la inviolabilidad de otros animales no parlantes; si este juicio hubiera sido lo único, sin añadirse a él el desahogo natural, no habría sido reprendido. Y Dios sabe más. Pero cuando se le añadió el desahogo que indica el contexto del ḥadīṯ, fue reprendido por ello.

La cuarta.— Su dicho: «¿Por una hormiga que te mordió has destruido a una comunidad de las comunidades que glorifican?». Lo que esto exige es que su glorificación sea por palabra y habla, tal como Dios informó acerca de las hormigas: que tienen “lógica”, y Sulaymān —la paz sea con él— la entendió —y esto es un milagro para él—, y sonrió por lo que ella dijo. Esto indica con evidencia clara que las hormigas tienen habla y palabra, pero no la oye cualquiera, sino aquel a quien Dios —Exaltado sea— quiere, de entre quienes se les rompe la costumbre: un profeta o un amigo (walī). No negamos esto por el hecho de que no lo oigamos, pues no se sigue de la ausencia de percepción la inexistencia de lo percibido en sí mismo. Además, el ser humano halla en sí mismo palabra y habla, y no se oye de él sino cuando pronuncia con su lengua. Dios rompió la costumbre para nuestro Profeta Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz— y le hizo oír el habla interior de gentes que hablaban consigo mismas, y les informó de lo que había en sus almas, como se ha transmitido abundantemente de él por nuestros imames en los libros de los milagros del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—. Asimismo, esto ocurrió a muchos de los amigos de Dios —Exaltado sea— a quienes Él honró, en más de un caso. Y a ello aludió el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— con su dicho: «En mi comunidad hay “muhaddathūn”, y ʿUmar es de ellos». Ya pasó este sentido en la glorificación [12269] de lo inanimado en «al-Isrāʾ» [12270], y que es glorificación de lengua y palabra, no glorificación por indicación del estado. Y alabado sea Dios.

[12265]: ... [12266]: ... [12267]: ... [12268]: ... [12269]: ... [12270]: ...

Notas y Referencias

[12265] La expresión en «Qiṣaṣ al-anbiyāʾ» de al-Ṯaʿlabī: «Dijo: porque eres salīm: te apoyaste en lo que se te dio con la integridad de tu pecho, y con razón te corresponde alcanzar a tu padre Dāwūd».

[12266] Véase t. 7, p. 270, primera o segunda edición.

[12267] La sakīna: una nube, como en el relato. Y en un ḥadīṯ de ʿAlī —Dios esté complacido con él—, que la sakīna es un viento de rápido tránsito. No es claro.

[12268] Véase t. 10, p. 134, primera o segunda edición.

[12269] Adición exigida por el contexto.

[12270] Véase t. 10, p. 266 y lo que sigue, primera o segunda edición.