25

El Criterio

الفرقان Al-Furqan
Aya 48

Versículo (Español)

[25:48] Él es Quien envía los vientos como anuncios de Su misericordia, y hace descender del cielo agua pura,

Tafsir de Al-Qurtubi

{وَهُوَ ٱلَّذِيٓ أَرۡسَلَ ٱلرِّيَٰحَ بُشۡرَۢا بَيۡنَ يَدَيۡ رَحۡمَتِهِۦۚ وَأَنزَلۡنَا مِنَ ٱلسَّمَآءِ مَآءٗ طَهُورٗا} (48) Su dicho —Exaltado sea—: «Y Él es Quien envió los vientos como buena nueva, por delante de Su misericordia». Ya se trató en «Al-A‘rāf» [12132]

En ello hay quince cuestiones:

La primera.— Su dicho —Exaltado sea—: «agua purificadora». Con ella se realiza la purificación; como se dice: wuḍū’ para el agua con la que se hace la ablución. Todo ṭahūr es ṭāhir, pero no todo ṭāhir es ṭahūr. Pues ṭahūr (con فتح de la ṭā’) es el nombre; y así también al-wuḍū’ y al-waqūd. Y con ḍamma es el maṣdar; esto es lo conocido en la lengua; lo dijo Ibn al-Anbārī. Así aclaró que el agua descendida del cielo es pura en sí misma y purificadora para otro; pues ṭahūr es una forma de intensificación de ṭāhir, y esta intensificación exige que sea pura y purificadora. A esto se adhiere la doctrina de la mayoría. Y se dijo: que «ṭahūran» significa «ṭāhir»; y es la opinión de Abū Ḥanīfa, y se apoyó en Su dicho —Exaltado sea—: «Y su Señor les dará de beber una bebida purificadora» [Al-Insān: 21], es decir, pura. Y dice el poeta:

«¡Oh mis dos compañeros! ¿Hay en una mirada, tras un arrepentimiento, *** con la que cure mi corazón, sobre mí, pues es pecador?»

«Hacia las de pesadas ancas, gacelas [12133]*** el tormento de los incisivos: su saliva es ṭahūr».

Describió la saliva como ṭahūr, sin ser purificadora. Y dicen los árabes: “un hombre na’ūm”, y ello no significa que sea “adormecedor” de otro, sino que remite a su propio acto. Y nuestros sabios han respondido a esto diciendo: describir la bebida del Paraíso como ṭahūr implica la purificación de las inmundicias de los pecados y de las bajezas de los rasgos, como el rencor y la envidia; de modo que, cuando beban esa bebida, Dios los purifica del lavado de los pecados y de las inmundicias de las creencias reprobables; así acuden a Dios con un corazón sano y entran en el Paraíso con los atributos de la sumisión; y entonces se les dice: «Paz sobre vosotros; habéis sido buenos; entrad en ella, eternos» [Az-Zumar: 73]. Y como su efecto en este mundo es la desaparición del estado de impureza ritual por el correr del agua sobre los miembros, esa es su sabiduría en la Otra Vida. En cuanto al dicho del poeta:

«su saliva es ṭahūr»

pretendió con ello la hipérbole en describir la “purificatoriedad” de la saliva por su dulzura, su apego a los corazones, su agrado en las almas y el apaciguamiento del ardor del amante con su sorbo, hasta como si fuera el agua purificadora. En suma: los dictámenes legales no se establecen por licencias poéticas; pues los poetas, en su exageración, traspasan el límite de la verdad hacia la mentira, y se desbocan en el decir hasta sacarlos ello hacia la innovación y la desobediencia; y quizá caigan en la incredulidad sin darse cuenta. ¿Acaso no ves el dicho de alguno de ellos?

«Si su pie no hubiese tocado la faz de la tierra, *** no habría sabido yo que existe causa para el tayammum»

Esto es incredulidad manifiesta; buscamos refugio en Dios de ello. Dijo el juez Abū Bakr b. al-‘Arabī: esto es el colmo del meollo del كلام de los sabios, y es consumado en su arte; pero lo consideré desde la vía de la arabidad y hallé en ello un comienzo luminoso: la forma fa‘ūl es para la hipérbole, pero la hipérbole puede estar en el verbo transitivo, como dijo el poeta:

«Golpeador con el filo de la espada, de las piernas de sus gorduras» [12134]

y puede estar en el verbo intransitivo, como dijo el poeta:

«Dormilón de la mañana: no se ciñó por generosidad» [12135]

Y la “purificatoriedad” del agua para otro se toma, por la vía de lo bello, como limpieza; y por la vía de la ley, como purificación; como su dicho —sobre él la paz—: «Dios no acepta una oración sin ṭahūr». Y la comunidad ha consensuado, en lengua y ley, que la descripción ṭahūr se reserva al agua y no se extiende a los demás líquidos, aunque sean puros; así, su restricción al agua es la prueba más clara de que ṭahūr es lo purificador. Y puede venir fa‘ūl con otro sentido, no perteneciente a todo lo anterior: expresar con él el instrumento del acto, no el acto mismo; como nuestro decir: waqūd y saḥūr con فتح de la fā’, pues expresan la leña y el alimento con el que se toma el suḥūr. Así, describir el agua como ṭahūr (con فتح de la ṭā’) también puede ser خبر acerca del instrumento con el que se purifica. Y si se pone ḍamma en la fā’ de waqūd y saḥūr y ṭahūr, vuelve al acto y es خبر acerca de él. Queda establecido con esto que el nombre fa‘ūl (con فتح de la fā’) puede ser forma de hipérbole y puede ser خبر acerca del instrumento; esto es lo que se le ocurrió a los ḥanafíes, pero sus bocas quedaron cortas para masticarlo. Y tras esto, la exposición se detiene, respecto de la hipérbole y del instrumento, en la prueba por Su dicho —Exaltado sea—: «Y hemos hecho descender del cielo agua purificadora». Y su dicho —sobre él la paz—: «Se me ha hecho la tierra mezquita y ṭahūr» admite la hipérbole y admite que se exprese con ello el instrumento; así, no hay en ello prueba para nuestros sabios. Pero permanece Su dicho: «para purificaros con ella» [Al-Anfāl: 11], como نص en que su acción se extiende a otro.

La segunda.— Las aguas descendidas del cielo, depositadas en la tierra, son puras y purificadoras, pese a la diversidad de sus colores, sabores y olores, hasta que se mezclen con otra cosa. Y lo que se mezcla con el agua es de tres tipos: un tipo que concuerda con ella en ambas cualidades; si se mezcla y la altera, no le arrebata ninguna de las dos descripciones por concordar con ambas: es la tierra. El segundo tipo concuerda con ella en una de las dos cualidades, que es la pureza; si se mezcla y la altera, le arrebata lo que difiere, que es la capacidad de purificar: como el agua de rosas y las demás sustancias puras. El tercer tipo difiere de ella en ambas cualidades; si se mezcla y la altera, le arrebata ambas cualidades por diferir en ellas: es lo impuro.

La tercera.— Los egipcios de entre los compañeros de Mālik sostuvieron que una pequeña cantidad de agua se corrompe por una pequeña cantidad de impureza, y que la gran cantidad no se corrompe sino por aquello que cambie su color, su sabor o su olor de entre las cosas prohibidas. No fijaron un límite entre poca y mucha cantidad en el que detenerse; salvo que Ibn al-Qāsim transmitió de Mālik, acerca del junub que se baña en un estanque de los que se da de beber a las bestias, sin lavar lo que tiene de suciedad, que ciertamente ha corrompido el agua. Esta es la doctrina de Ibn al-Qāsim, Ašhab, Ibn ‘Abd al-Ḥakam y quienes los siguieron de los egipcios; excepto Ibn Wahb, pues él opina sobre el agua conforme a los medinenses de entre los compañeros de Mālik. Y su dicho es lo que Abū Muṣ‘ab transmitió de ellos y de él: que el agua no la corrompe la impureza que cae en ella, sea poca o mucha, salvo que la impureza que cae en ella se manifieste y cambie de ella sabor, olor o color. Aḥmad b. al-Mu‘addal mencionó que esta es la opinión de Mālik b. Anas sobre el agua. A esto fueron Ismā‘īl b. Isḥāq, Muḥammad b. Bukayr, Abū l-Faraǧ al-Abharī y el resto de quienes se adscriben a la escuela de Mālik, de los bagdadíes; y es la opinión de al-Awzā‘ī, al-Layṯ b. Sa‘d, al-Ḥasan b. Ṣāliḥ y Dāwūd b. ‘Alī. Es la doctrina de la gente de Baṣra; y es lo correcto según la النظر y de buen أثر. Dijo Abū Ḥanīfa: si cae una impureza en el agua, la corrompe, sea mucha o poca, cuando se verifique la generalización de la impureza en ella. El modo de verificarla, según él, es que caiga, por ejemplo, una gota de orina en una alberca: si la alberca se mueve en sus dos extremos al moverse uno de ellos, entonces todo es impuro; y si el movimiento de un extremo no mueve el otro, no se vuelve impuro. En al-Maǧmū‘ hay algo cercano a la doctrina de Abū Ḥanīfa. Y aš-Šāfi‘ī se apoyó en el ḥadīṯ de las dos qullatayn, y es un ḥadīṯ impugnado: se discrepó sobre su isnād y su matn. Lo sacaron Abū Dāwūd y at-Tirmiḏī, y en particular ad-Dāraquṭnī, pues con él encabezó su libro y reunió sus vías. Dijo Ibn al-‘Arabī: ad-Dāraquṭnī, pese a su condición de imām, pretendió autenticar el ḥadīṯ de las dos qullatayn y no pudo. Y dijo Abū ‘Umar b. ‘Abd al-Barr: en cuanto a lo que aš-Šāfi‘ī sostuvo del ḥadīṯ de las dos qullatayn, es una doctrina débil por la vía de la النظر, no firme en el أثر; porque un grupo de أهل العلم del نقل habló sobre él; y porque no se puede determinar la realidad de su medida en un أثر firme ni en un consenso. Si eso fuese un límite obligatorio, habría sido necesario que los sabios lo investigasen para conocer el límite que fijó el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, pues es de los fundamentos de su religión y de sus obligaciones; y si fuese así, no lo habrían descuidado: han investigado cosas menores que eso y más sutiles.

Digo: en lo que Ibn al-Munḏir mencionó sobre la discrepancia respecto de las dos qullatayn hay indicio de que no hay determinación revelada ni fijación. Y en las Sunan de ad-Dāraquṭnī, de Ḥammād b. Zayd, de ‘Āṣim b. al-Munḏir, dijo: “al-qilāl: las grandes tinajas”. Y este ‘Āṣim es uno de los transmisores del ḥadīṯ de las dos qullatayn. Y se desprende del dicho de ad-Dāraquṭnī que son como las tinajas de Haǧar; por su modo de encadenar el ḥadīṯ del Isrā’ de Anas b. Mālik: que el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— dijo: «Cuando fui elevado hasta Sidrat al-Muntahā en el séptimo cielo, sus azufaifas eran como las tinajas de Haǧar y sus hojas como orejas de elefantes». Y mencionó el ḥadīṯ. Dijo Ibn al-‘Arabī: nuestros sabios se apoyaron en el ḥadīṯ de Abū Sa‘īd al-Juḏrī sobre el pozo de Buḍā‘a [12136], transmitido por an-Nasā’ī, at-Tirmiḏī, Abū Dāwūd y otros. Y también es un ḥadīṯ débil, sin pie en la autenticidad, así que no se apoya en él. Y he debatido con aṭ-Ṭūsī al-Akbar sobre esta cuestión, y dijo: la doctrina más depurada en esta cuestión es la de Mālik: el agua es ṭahūr mientras no cambie una de sus cualidades; pues no hay ḥadīṯ en el capítulo en el que se pueda apoyar; lo que se toma como apoyo es el ظاهر del Corán, y es Su dicho —Exaltado sea—: «Y hemos hecho descender del cielo agua purificadora»; esto es mientras conserve sus cualidades. Si cambia en alguna de ellas, sale del nombre por salir de la cualidad. Por eso, cuando al-Buḫārī —imām del ḥadīṯ y del fiqh— no halló en el capítulo un reporte en el que apoyarse, dijo: “Capítulo: cuando cambia la cualidad del agua”, e introdujo el ḥadīṯ auténtico: «No hay nadie que sea herido en el camino de Dios —y Dios sabe mejor quién es herido en Su camino— sino que vendrá el Día de la Resurrección y su herida manará sangre: el color, color de sangre, y el olor, olor de almizcle» [12137] Así informó —Dios le bendiga y le dé paz— que la sangre permanece como tal, y sobre ella hay olor de almizcle, y el olor no la sacó de la cualidad de “sangre”. Por eso dijeron nuestros sabios: si el agua cambia por el olor de una carroña en su borde y ribera, ello no impide la ablución con ella. Pero si cambiase por ello habiéndose puesto dentro, eso sería impurificación por mezcla; lo primero es mera vecindad, sin consideración.

Digo: también se ha inferido de él lo contrario: que el cambio del olor la saca de su origen. La vía de esta inferencia es que la sangre, cuando su olor se transforma en olor de almizcle, sale de ser repugnante e impura, y se vuelve almizcle; y el almizcle es parte de la sangre del ciervo. Así también el agua cuando cambia su olor. A esta interpretación fue la mayoría respecto del agua; y a la primera fue ‘Abd al-Malik. Dijo Abū ‘Umar: hicieron depender el dictamen del olor, no del color; así, el dictamen fue para él, y pretendieron inferirlo con este ḥadīṯ. Pero de él no se entiende un sentido al que el alma se aquiete; ni hay en la sangre el sentido del agua para que se mida por analogía; y los juristas no se ocupan de un fiqh como este. No es propio de أهل العلم convertirlo en enigma y oscurecerlo; su cometido es aclararlo y exponerlo; por eso se tomó el pacto sobre ellos: que lo aclarasen a la gente y no lo ocultasen. Y el agua no deja de cambiar por impureza o por otra cosa: si es por impureza y cambia, los sabios han consensuado que no es ni pura ni purificadora; y también consensuaron que si cambia por algo que no es impureza, es pura en su origen. Y dijo la mayoría: no es purificadora, salvo que su cambio provenga de tierra y lodo. Y lo que han consensuado es la verdad en la que no hay dificultad ni confusión.

La cuarta.— El agua que cambia por su fondo, como por arsénico o cal sobre la que corre, o cambia por algas o por hojas de árbol que crecen sobre ella, de lo cual no es posible precaverse: los sabios acordaron que ello no impide la ablución con ella, por la imposibilidad de evitarlo y de separarse de ello. Ibn Wahb transmitió de Mālik que otra cosa es más digna que ello.

La quinta.— Dijeron nuestros sabios —Dios tenga misericordia de ellos—: es reprobable el sobrante (su’r) del cristiano y del resto de los incrédulos, del bebedor habitual de vino, y de quien come carroña, como los perros y otros. Quien haga ablución con su sobrante no incurre en nada hasta que tenga certeza de la impureza. Dijo al-Buḫārī: ‘Umar —Dios esté complacido con él— hizo ablución del agua de la casa de una cristiana. Sufyān b. ‘Uyayna mencionó: nos transmitieron de Zayd b. Aslam, de su padre, que dijo: cuando estábamos en Šām, llevé a ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb agua y se hizo ablución con ella. Dijo: “¿De dónde has traído esta agua? No he visto agua dulce ni agua de cielo más agradable que ella”. Dijo: “Le dije: la traje de la casa de esta anciana cristiana”. Cuando terminó la ablución, fue a ella y dijo: «¡Anciana! Hazte musulmana y estarás a salvo; Dios envió a Muḥammad —Dios le bendiga y le dé paz— con la verdad». Dijo: “Se descubrió la cabeza, y era como la ṯuġāma [12138]; y dijo: ‘Anciana grande, y ya muero ahora’”. Entonces ‘Umar —Dios esté complacido con él— dijo: “¡Oh Dios, sé testigo!”. Lo transmitió ad-Dāraquṭnī: nos narró al-Ḥusayn b. Ismā‘īl, dijo: nos narró Aḥmad b. Ibrāhīm al-Būšanǧī, dijo: nos narró Sufyān… y lo mencionó. Y también lo transmitió de al-Ḥusayn b. Ismā‘īl, dijo: nos narró Ḫallād b. Aslam, nos narró Sufyān, de Zayd b. Aslam, de su padre: que ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb —Dios esté complacido con él— hizo ablución del agua de la casa de una cristiana; fue a ella y dijo: “¡Anciana! Hazte musulmana…”; y mencionó el ḥadīṯ con algo semejante a lo anterior.

La sexta.— En cuanto al perro, si lame el agua, dijo Mālik: se lava el recipiente siete veces y no se hace ablución con esa agua, aunque es pura. Dijo aṯ-Ṯawrī: se hace ablución con esa agua y además se hace tayammum. Es la opinión de ‘Abd al-Malik b. ‘Abd al-‘Azīz y Muḥammad b. Maslama. Dijo Abū Ḥanīfa: el perro es impuro, y se lava el recipiente por su impureza. Así lo dijeron aš-Šāfi‘ī, Aḥmad e Isḥāq. Mālik solía distinguir entre los perros cuya tenencia es lícita y los que no lo es, respecto del lavado del recipiente por su lamido.

La síntesis de su doctrina es que, para él, es puro: su lamido no impurifica nada de lo que lame, sea alimento u otra cosa; salvo que recomendó derramar el agua que ha lamido por la facilidad de su coste. El perro del desierto y el de la ciudad son iguales. Y se lava el recipiente en todo caso siete veces, como acto de adoración. Esto es lo que se asentó de su doctrina entre los polemistas de sus compañeros. Ibn Wahb lo mencionó y dijo: nos narró ‘Abd ar-Raḥmān b. Zayd b. Aslam, de su padre, de ‘Aṭā’, de Abū Hurayra, que dijo: se preguntó al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— sobre los estanques que hay entre La Meca y Medina, y se le dijo: “Los perros y las fieras acuden a ellos”. Dijo: «No: lo que tomen en sus vientres; y para nosotros lo que quede: bebida y ṭahūr». Lo transmitió ad-Dāraquṭnī. Esto es نص en la pureza de los perros y en la pureza de aquello que lamen. Y en al-Buḫārī, de Ibn ‘Umar: los perros entraban y salían en la mezquita del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— y no rociaban nada por ello. Y ‘Umar dijo, en presencia de los compañeros, al dueño del estanque al que ‘Amr b. al-‘Āṣ preguntó: “¿Acuden las fieras a tu estanque?”. ‘Umar dijo: “¡Dueño del estanque! No nos lo digas: nosotros acudimos a las fieras y ellas acuden a nosotros”. Lo transmitieron Mālik y ad-Dāraquṭnī. No distinguió entre fieras; y el perro está entre ellas. No hay prueba para el discrepante en la orden de derramar lo que el perro lamió, ni en que ello sea por impureza: se ordenó derramarlo porque el alma lo aborrece, no por su impureza; ya que apartarse de las suciedades es recomendado; o como severidad contra ellos, porque se les prohibió tenerlos, como dijo Ibn ‘Umar y al-Ḥasan. Cuando no desistieron, se fue severo con ellos en el agua por su escasez en el desierto, hasta que se les hiciera duro y se abstuvieran de tenerlos. En cuanto a la orden de lavar el recipiente, es عبادَة, no por su impureza, como lo hemos mencionado, por dos pruebas: la primera, que el lavado incluye número; la segunda, que se dio entrada a la tierra, por su dicho —sobre él la paz—: «y frotadlo la octava con tierra». Si fuese por impureza, no habría entrada ni para el número ni para la tierra, como en la orina. Y el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— declaró puro al gato y a lo que lame; y el gato es una fiera, sin discrepancia en ello, pues depreda y come carroña. Así también el perro y lo semejante de las fieras: porque si llega نص en uno de ellos, es نص en el otro. Este es de los tipos más fuertes de analogía. Esto, aun si no hubiera prueba; y ya hemos mencionado el texto sobre su pureza, así que cae la opinión del discrepante. Y alabado sea Dios.

La séptima.— Lo que muere en el agua de aquello que no tiene sangre no perjudica al agua si no cambia su olor; si se pudre, no se hace ablución con ella. Asimismo, lo que tiene sangre fluida de los animales del agua, como el pez y la rana, su muerte en ella no corrompe el agua, salvo que cambie su olor; si cambia su olor y se pudre, no es lícito purificarse con ella ni hacer ablución con ella, y no es impura según Mālik. En cuanto a lo que tiene sangre fluida y muere en el agua, y se extrae del lugar, sin cambiar su color, sabor u olor, es pura y purificadora, sea el agua poca o mucha, según los medinenses. Algunos recomendaron extraer cubos de esa agua para que el alma se sienta a gusto, sin fijar un límite que no se sobrepase. Reprueban usar esa agua antes de extraer cubos; si alguien la usa para baño o ablución, es válido si su estado es como hemos descrito. Algunos compañeros de Mālik opinaban que quien hiciera ablución con esa agua, aunque no cambie, haga tayammum, reuniendo ambas purificaciones por cautela; si no lo hace y reza con esa agua, le es suficiente. Ad-Dāraquṭnī transmitió de Muḥammad b. Sīrīn que un zanjī cayó en Zamzam —es decir, murió—; Ibn ‘Abbās —Dios esté complacido con él— ordenó sacarlo y ordenó que se extrajera el agua. Dijo: “Los venció un manantial que les vino desde el Rukn, y ordenó que se taponara con telas coptas [12139] y mantos hasta que la extrajeron; cuando la extrajeron, brotó sobre ellos”. Y lo transmitió de Abū Ṭufayl: que un muchacho cayó en el pozo de Zamzam y se extrajo el agua. Esto admite que el agua hubiera cambiado; y Dios sabe más. Y transmitió Šu‘ba, de Muġīra, de Ibrāhīm, que solía decir: “De toda criatura con sangre fluida no se hace ablución”; pero concedió licencia respecto del escarabajo, el escorpión, el saltamontes y el ǧadǧad [12140] si caen en el rakā’ [12141], no hay problema. Dijo Šu‘ba: “Y creo que mencionó la salamanquesa”. Lo transmitió ad-Dāraquṭnī: nos narró al-Ḥusayn b. Ismā‘īl, dijo: nos narró Muḥammad b. al-Walīd, dijo: nos narró Muḥammad b. Ǧa‘far, dijo: nos narró Šu‘ba… y lo mencionó.

La octava.— La mayoría de los compañeros, los juristas de las ciudades y el resto de los تابعين en el Ḥiǧāz y el ‘Irāq sostuvieron que el agua que el gato lame es pura, y que no hay inconveniente en hacer ablución con su sobrante, por el ḥadīṯ de Abū Qatāda, transmitido por Mālik y otros. Se transmitió de Abū Hurayra discrepancia al respecto. Y se transmitió de ‘Aṭā’ b. Abī Rabāḥ, Sa‘īd b. al-Musayyab y Muḥammad b. Sīrīn que ordenaron derramar el agua que el gato lamió y lavar el recipiente. Se discrepó sobre ello de al-Ḥasan. Es posible que al-Ḥasan viera en su boca impureza, para que se armonicen las dos transmisiones sobre él. At-Tirmiḏī, al mencionar el ḥadīṯ de Mālik, dijo: “En el capítulo hay también de ‘Ā’iša y Abū Hurayra. Este ḥadīṯ es حسن صحيح, y es la opinión de la mayoría de أهل العلم de entre los compañeros del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, los تابعين y quienes vinieron después, como aš-Šāfi‘ī, Aḥmad e Isḥāq: no vieron inconveniente en el sobrante del gato”. Esto es lo mejor en el capítulo. Mālik perfeccionó este ḥadīṯ de Isḥāq b. ‘Abd Allāh b. Abī Ṭalḥa, y nadie lo trajo más completo que Mālik. Dijo el حافظ Abū ‘Umar: la prueba, cuando hay disputa y discrepancia, es la Sunna del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—. Se ha autenticado, por el ḥadīṯ de Abū Qatāda, que inclinó el recipiente para ella hasta que bebió… el ḥadīṯ. En ello se apoyan los juristas en toda ciudad, salvo Abū Ḥanīfa y quienes dijeron como él, pues él reprobaba su sobrante. Y dijo: si alguien hace ablución con él, le es suficiente. No conozco prueba para quien reprobó la ablución con el sobrante del gato mejor que que no le llegó el ḥadīṯ de Abū Qatāda; y le llegó el ḥadīṯ de Abū Hurayra sobre el perro, y midió el gato por analogía con él. Pero la Sunna distinguió entre ambos en el باب de la adoración en el lavado del recipiente. Quien argumenta con la Sunna, ella lo refuta; y lo que la contradice es desechable. Y en Dios está el éxito. Y entre sus pruebas también está lo que transmitió Qurra b. Ḫālid, de Muḥammad b. Sīrīn, de Abū Hurayra, del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, que dijo: «La purificación del recipiente cuando el gato lame en él es lavarlo una o dos veces». Qurra dudó. Este ḥadīṯ no lo elevó (marfū‘) sino Qurra b. Ḫālid; y Qurra es fiable y firme.

Digo: este ḥadīṯ lo transmitió ad-Dāraquṭnī, y su texto es: «La purificación del recipiente cuando el perro lame en él es lavarlo siete veces, la primera con tierra; y el gato, una o dos veces». Qurra dudó. Dijo Abū Bakr: así lo transmitió Abū ‘Āṣim, elevado; y otros lo transmitieron de Qurra: “el lamido del perro” elevado, y “el lamido del gato” detenido (mawqūf). Y Abū Ṣāliḥ transmitió de Abū Hurayra que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— dijo: «Se lava el recipiente por el gato como se lava por el perro». Dijo ad-Dāraquṭnī: esto no se establece elevado; lo محفوظ es que es dicho de Abū Hurayra, y se discrepó sobre él. Y Ma‘mar e Ibn Ǧurayǧ mencionaron, de Ibn Ṭāwūs, de su padre, que equiparaba el gato al perro. Y de Muǧāhid: que dijo sobre el recipiente en el que lame el gato: “Lávalo siete veces”. Lo mencionó ad-Dāraquṭnī.

La novena.— El agua usada es pura si los miembros del que se hace ablución con ella son puros; salvo que Mālik y un grupo de grandes juristas reprobaban hacer ablución con ella. Dijo Mālik: no hay bien en ella, y no me agrada que nadie haga ablución con ella; si lo hace y reza, no veo que deba repetir la oración, y que haga ablución para lo venidero. Dijeron Abū Ḥanīfa, aš-Šāfi‘ī y sus compañeros: no es lícito usarla para levantar el ḥadaṯ; quien haga ablución con ella repite, porque no es “agua absoluta”, y quien la encuentre debe hacer tayammum porque no es hallador de agua. Aṣbaġ b. al-Faraǧ dijo como ellos; y es la opinión de al-Awzā‘ī. Se apoyaron en el ḥadīṯ de aṣ-Ṣunābiḥī, transmitido por Mālik, y el ḥadīṯ de ‘Amr b. ‘Anbasa, transmitido por Muslim, y otros آثار. Y dijeron: el agua, cuando se hace ablución con ella, salen con ella las faltas; por tanto, debe evitarse, pues es “agua de pecados”. Dijo Abū ‘Umar: esto, a mi juicio, no tiene fundamento; porque los pecados no impurifican el agua, ya que no tienen entidad ni cuerpo que se mezcle con el agua y la corrompa. El sentido de su dicho: “salieron las faltas con el agua” es informar de que la ablución para la oración es una obra con la que Dios expía las malas acciones de Sus siervos creyentes, por misericordia hacia ellos y favor sobre ellos. Y Abū Ṯawr y Dāwūd dijeron como Mālik: que la ablución con agua usada es válida, porque es agua pura a la que no se añade nada, y es agua absoluta. Se apoyaron en el consenso de la comunidad sobre su pureza si no hay impureza en los miembros del que se hace ablución. A esto fue Abū ‘Abd Allāh al-Marwazī Muḥammad b. Naṣr. Y se transmitió de ‘Alī b. Abī Ṭālib, Ibn ‘Umar, Abū Umāma, ‘Aṭā’ b. Abī Rabāḥ, al-Ḥasan al-Baṣrī, an-Naḫa‘ī, Makḥūl y az-Zuhrī que dijeron sobre quien olvidó pasar la mano por la cabeza y halló humedad en su barba: le basta con pasar con esa humedad por su cabeza. Todos هؤلاء permitieron la ablución con agua usada. ‘Abd as-Salām b. Ṣāliḥ transmitió: nos narró Isḥāq b. Suwayd, de al-‘Alā’ b. Ziyād, de un hombre de los compañeros del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, que dijo: «El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— salió hacia ellos un día, habiéndose bañado, y quedó una mancha de su cuerpo a la que no llegó el agua. Le dijimos: “¡Mensajero de Dios! Esta mancha no la alcanzó el agua”. Tenía el cabello caído [12142]; entonces [12143] con su cabello hizo así sobre el lugar y lo humedeció». Lo transmitió ad-Dāraquṭnī, y dijo: este ‘Abd as-Salām b. Ṣāliḥ es baṣrí y no es fuerte; y otros de los fiables lo transmiten de Isḥāq, de al-‘Alā’, como مرسل, y eso es lo correcto.

Digo: el transmisor fiable de Isḥāq b. Suwayd al-‘Adawī, de al-‘Alā’ b. Ziyād al-‘Adawī, es que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— se bañó… el ḥadīṯ, según lo que mencionó Hušaym. Dijo Ibn al-‘Arabī: “La cuestión del agua usada se edifica sobre otro fundamento: si el instrumento, cuando se cumple con él una obligación, ¿puede cumplirse con él otra obligación o no? El discrepante lo impidió por analogía con la esclavitud: si se cumple con ella la obligación de manumitir, no sirve repetirla para cumplir otra obligación. Esto es falso: la manumisión, cuando recae sobre la esclavitud, la destruye, y no queda محل para cumplir otra obligación con otra manumisión. Su análogo en el agua es lo que se consume sobre los miembros: no es válido cumplir con ello otra obligación, por consumirse su عين sensiblemente, como se consume la esclavitud en la esclava por la manumisión, jurídicamente. Esto es precioso: meditadlo”.

La décima.— Mālik y sus compañeros no distinguieron entre el agua en la que cae la impureza y la impureza sobre la que llega el agua, sea el agua estancada o no; por el dicho del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—: «El agua no la impurifica nada, salvo lo que la domine y cambie su sabor, su color o su olor». Los šāfi‘íes distinguieron y dijeron: si la impureza llega al agua, se vuelve impura; e Ibn al-‘Arabī lo prefirió. Y dijo: entre los fundamentos de la ley en los dictámenes del agua está que la llegada de la impureza al agua no es como la llegada del agua a la impureza; por el dicho del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—: «Cuando uno de vosotros despierte de su sueño, que no sumerja su mano en el recipiente hasta lavarla tres veces, pues uno de vosotros no sabe dónde pasó la noche su mano». Prohibió la llegada de la mano al agua y ordenó hacer llegar el agua a ella. Este es un fundamento admirable en el capítulo. Si no fuera por su llegada a la impureza —poca o mucha—, no se purificaría. Y se ha establecido del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— que dijo sobre la orina del beduino en la mezquita: «Echad sobre ello un cubo grande [12144] de agua». Dijo nuestro shayj Abū l-‘Abbās: también se apoyaron en el ḥadīṯ de las dos qullatayn, y dijeron: si el agua es menor que dos qullatayn y cae en ella una impureza, se vuelve impura aunque no la cambie; pero si llega esa cantidad o menos sobre la impureza y elimina su عين, el agua permanece en su pureza y elimina la impureza. Esto es una contradicción, pues la mezcla se ha producido en ambas imágenes. Su distinción entre la llegada del agua a la impureza y la llegada de la impureza al agua es una distinción meramente formal, sin nada de fiqh: el capítulo no es de عبادات, sino de عقلية المعاني, pues es de la eliminación de la impureza y sus dictámenes. Luego, todo esto de ellos lo refuta su dicho —sobre él la paz—: «El agua es ṭahūr: nada la impurifica salvo lo que cambie su color, su sabor o su olor».

Digo: este ḥadīṯ lo transmitió ad-Dāraquṭnī de Rušdayn b. Sa‘d Abū l-Ḥaǧǧāǧ, de Mu‘āwiya b. Ṣāliḥ, de Rāšid b. Sa‘d, de Abū Umāma al-Bāhilī y de Ṯawbān, del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—; y no menciona el color. Dijo: no lo elevó sino Rušdayn b. Sa‘d de Mu‘āwiya b. Ṣāliḥ, y no es fuerte. Mejor que él para la argumentación es lo que transmitió Abū Usāma, de al-Walīd b. Kaṯīr, de Muḥammad b. Ka‘b, de ‘Ubayd Allāh b. ‘Abd Allāh b. Rāfi‘ b. Ḫudayǧ, de Abū Sa‘īd al-Juḏrī, que dijo: se dijo: “¡Mensajero de Dios! ¿Hacemos ablución del pozo de Buḍā‘a? Es un pozo en el que se arrojan los paños de la menstruación [12145], carnes de perros y suciedad”. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— dijo: «El agua es ṭahūr: nada la impurifica». Lo transmitieron Abū Dāwūd, at-Tirmiḏī y ad-Dāraquṭnī, todos con este isnād. Dijo Abū ‘Īsā: este ḥadīṯ es حسن, y Abū Usāma lo perfeccionó; nadie transmitió el ḥadīṯ de Abū Sa‘īd sobre el pozo de Buḍā‘a mejor que Abū Usāma. Este ḥadīṯ es نص sobre la llegada de la impureza al agua, y el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— dictaminó su pureza y su condición de ṭahūr. Dijo Abū Dāwūd: oí a Qutayba b. Sa‘īd decir: pregunté al encargado del pozo de Buḍā‘a sobre su profundidad. Dije: “¿Hasta dónde llega el agua en su mayor nivel?”. Dijo: “Hasta la ingle”. Dije: “¿Y cuando baja?”. Dijo: “Por debajo de la ‘awra”. Dijo Abū Dāwūd: medí el pozo de Buḍā‘a con mi manto: lo extendí sobre él y lo medí, y su anchura era de seis codos. Y pregunté a quien me abrió la puerta del huerto y me hizo entrar: “¿Ha cambiado su construcción respecto de como era?”. Dijo: “No”. Y vi en él agua de color cambiado. Esto fue una prueba para nosotros de lo que mencionamos; salvo que Ibn al-‘Arabī dijo: está en medio de una marisma salina, y su agua cambia por su fondo. Y Dios sabe más.

La undécima.— El agua pura y purificadora con la que es lícito hacer ablución y lavar impurezas es el agua pura, clara: de lluvia, ríos, mares, manantiales y pozos; y aquello que la gente conoce como “agua absoluta”, no añadida a algo que se haya mezclado con ella, tal como Dios —Poderoso y Majestuoso— la creó clara; y no le perjudica el color de su suelo, como ya hemos explicado. En esto discrepó Abū Ḥanīfa, ‘Abd Allāh b. ‘Amr y ‘Abd Allāh b. ‘Umar. En cuanto a Abū Ḥanīfa, permitió la ablución con nabīḏ en viaje, y permitió eliminar la impureza con todo líquido puro. En cuanto al aceite y el caldo, hay de él una transmisión de que no es lícito eliminarla con ello. Pero sus compañeros dicen: si la impureza se elimina con ello, es válido. Asimismo, para él, el fuego y el sol: hasta el punto de que la piel de un animal muerto, si se seca al sol, se purifica sin curtido. Y también la impureza en el suelo, si se seca al sol, ese lugar se purifica, de modo que es lícito rezar sobre él; pero no es lícito hacer tayammum con esa tierra. Dijo Ibn al-‘Arabī: cuando Dios —Glorificado sea— describió el agua como ṭahūr y concedió el favor de hacerla descender del cielo para purificarnos con ella, ello indica su exclusividad en esto. Asimismo, el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— dijo a Asmā’ bint aṣ-Ṣiddīq cuando le preguntó por la sangre de la menstruación que cae en la ropa: «Ráspala, luego frótala, luego lávala con agua». Por eso no se equiparó otra cosa al agua: porque ello anularía el favor concedido. Y la impureza no es un significado sensible para decir: “todo lo que la elimine ha cumplido el objetivo”; más bien, la impureza es un dictamen legal, y el Legislador asignó para ella el agua, así que no se le equipara otra cosa, pues no está en su significado. Y porque, si se le equiparase, lo anularía; y cuando el injerto del فرع al أصل revierte en anularlo, cae por sí mismo. Y el تاج de la Sunna, Ḏū l-‘Izz b. al-Murtaḍā ad-Dabūsī, solía llamarlo “polluelo de fornicación”.

Digo: en cuanto a lo que se adujo para el uso del nabīḏ, son ḥadīṯes endebles, débiles, ninguno de los cuales se sostiene; ad-Dāraquṭnī los mencionó, los debilitó y se pronunció sobre ellos. Asimismo debilitó lo transmitido de Ibn ‘Abbās como mawqūf: «El nabīḏ es ablución para quien no encuentra agua»; en su vía está Ibn Muḥriz, abandonado en ḥadīṯ. Y asimismo lo transmitido de ‘Alī: que no hay inconveniente en la ablución con nabīḏ; al-Ḥaǧǧāǧ y Abū Laylā son débiles. Y debilitó el ḥadīṯ de Ibn Mas‘ūd y dijo: se singularizó en él Ibn Lahī‘a, y es débil en ḥadīṯ. Y mencionó de ‘Alqama b. Qays que dijo: dije a ‘Abd Allāh b. Mas‘ūd: “¿Presenció alguno de vosotros al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— la noche en que le vino el convocador de los genios?”. Dijo: “No”. Dije: este isnād es auténtico; no se discrepa sobre la rectitud de sus transmisores. At-Tirmiḏī transmitió el ḥadīṯ de Ibn Mas‘ūd: que el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— me preguntó: «¿Qué hay en tu cantimplora? [12146]». Dije: “nabīḏ”. Dijo: «Fruto bueno y agua purificadora». Dijo: y se hizo ablución con ello. Dijo Abū ‘Īsā: este ḥadīṯ solo se transmitió de Abū Zayd, de ‘Abd Allāh, del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—; y Abū Zayd es un hombre desconocido para أهل الحديث: no conocemos de él transmisión sino este ḥadīṯ. Algunos de أهل العلم vieron la ablución con nabīḏ, entre ellos Sufyān y otros. Y algunos de أهل العلم dijeron: no se hace ablución con nabīḏ; es la opinión de aš-Šāfi‘ī, Aḥmad e Isḥāq. Isḥāq dijo: si un hombre se ve probado con esto y hace ablución con nabīḏ y hace tayammum, me es más querido. Dijo Abū ‘Īsā: la opinión de quien dice que no se hace ablución con nabīḏ es más cercana al Libro y a la Sunna y más adecuada; porque Dios —Altísimo— dijo: «y si no encontráis agua, entonces haced tayammum con tierra buena» [Al-Mā’ida: 6]. Esta cuestión está ampliamente tratada en los libros de discrepancia; su apoyo principal es aferrarse al término “agua”, como ya se adelantó en «Al-Mā’ida» [12147] su explicación. Y Dios sabe más.

La duodécima.— Cuando Dios —Altísimo— dijo: «Y hemos hecho descender del cielo agua purificadora», y dijo: «para purificaros con ella» [Al-Anfāl: 11], un grupo se detuvo respecto del agua del mar, porque no es descendida del cielo; hasta que se transmitió de ‘Abd Allāh b. ‘Umar y de Ibn ‘Amr, ambos, que no se hace ablución con ella, porque es fuego y porque es una capa del Infierno. Pero el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— aclaró su dictamen cuando dijo a quien le preguntó: «Su agua es purificadora y su muerto es lícito». Lo transmitió Mālik. Y Abū ‘Īsā dijo sobre ello: este ḥadīṯ es حسن صحيح. Es la opinión de la mayoría de los juristas de entre los compañeros del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, entre ellos Abū Bakr, ‘Umar e Ibn ‘Abbās: no vieron inconveniente en el agua del mar. Algunos compañeros del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— reprobaron la ablución con el agua del mar, entre ellos Ibn ‘Umar y ‘Abd Allāh b. ‘Amr. ‘Abd Allāh b. ‘Amr dijo: “Es fuego”. Dijo Abū ‘Umar: se preguntó a Abū ‘Īsā at-Tirmiḏī sobre este ḥadīṯ de Mālik, de Ṣafwān b. Sulaym, y dijo: para mí es un ḥadīṯ auténtico. Dijo Abū ‘Īsā: y dije a al-Buḫārī: Hušaym dice en él: “mi padre, Ibn Barza”. Dijo: “Se equivocó en ello; es al-Muġīra b. Abī Burda”. Dijo Abū ‘Umar: no sé qué es esto de al-Buḫārī —Dios tenga misericordia de él—; si fuera صحيح lo habría sacado en su compilación que considera auténtica, y no lo hizo, porque en lo auténtico solo se apoya en el isnād. Este ḥadīṯ, los أهل الحديث no argumentan con un isnād como el suyo. Pero para mí es auténtico, porque los sabios lo recibieron con aceptación y actuaron conforme a él; y nadie discrepa en su conjunto, sino que la discrepancia entre ellos está en algunos de sus significados. La mayoría de los sabios y un grupo de imames de la fatwā en las ciudades han consensuado: que el mar, su agua es ṭahūr y que la ablución con ella es lícita; salvo lo transmitido de ‘Abd Allāh b. ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb y ‘Abd Allāh b. ‘Amr b. al-‘Āṣ, que reprobaron la ablución con el agua del mar. Nadie de los juristas de las ciudades los siguió en ello, ni se atendió a ello, ni se le prestó atención, por el ḥadīṯ de este capítulo. Esto te indica la notoriedad del ḥadīṯ entre ellos, su práctica conforme a él y su aceptación; y para ellos es preferible a un isnād de ظاهر autenticidad cuyo sentido lo rechazan los fundamentos. Y en Dios está el éxito. Dijo Abū ‘Umar: Ṣafwān b. Sulaym, cliente de Ḥumayd b. ‘Abd ar-Raḥmān b. ‘Awf az-Zuhrī, era de los devotos de Medina y de los más temerosos de Dios: asceta, muy dado a la limosna con lo que hallaba, poco o mucho; de mucha obra, temeroso de Dios. Su kunya era Abū ‘Abd Allāh. Vivió en Medina y no se trasladó de ella; murió allí en el año 132. ‘Abd Allāh b. Aḥmad b. Ḥanbal mencionó: oí a mi padre ser preguntado por Ṣafwān b. Sulaym, y dijo: “Fiable, de los mejores devotos de Dios y de los virtuosos musulmanes”. En cuanto a Sa‘īd b. Salama, según sé, no transmitió de él sino Ṣafwān —y Dios sabe más—; y quien está en tal situación es desconocido: no se establece con él prueba según todos. En cuanto a al-Muġīra b. Abī Burda, se dijo de él que no es conocido entre los portadores de conocimiento, como Sa‘īd b. Salama. Y se dijo: no es desconocido. Dijo Abū ‘Umar: hallé mención de al-Muġīra b. Abī Burda en las Magāzī de Mūsā b. Nuṣayr en el Magreb: Mūsā lo ponía al mando de la caballería, y Dios le abrió conquistas en tierras de los bereberes por tierra y por mar. Y ad-Dāraquṭnī transmitió, por otra vía distinta de la de Mālik, de Abū Hurayra: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— dijo: «A quien no lo purifique el agua del mar, que Dios no lo purifique». Dijo: su isnād es حسن.

La decimotercera.— Dijo Ibn al-‘Arabī: algunos imaginaron que si al junub le sobra agua, no se hace ablución con su sobrante; y es una doctrina falsa. Se ha establecido de Maymūna que dijo: “Quedé en estado de janāba yo y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—, y me bañé de una jofaina, y sobró un resto. Vino el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— para bañarse con ello, y le dije: ‘Yo me he bañado con ello’. Dijo: «El agua no tiene impureza —o— el agua no se vuelve junub»”. Dijo Abū ‘Umar: han llegado آثار en este capítulo, elevados, sobre la prohibición de que el hombre haga ablución con el sobrante de la mujer. Algunos añadieron en algunos: “pero que ambos saquen agua juntos”. Un grupo dijo: no es lícito que el hombre saque agua junto con la mujer en un mismo recipiente, porque cada uno estaría haciendo ablución con el sobrante del otro. Otros dijeron: lo reprobable es que la mujer se quede sola con el recipiente y luego el hombre haga ablución con su sobrante. Cada uno de ellos transmitió un أثر conforme a lo que sostuvo. Lo que sostuvo la mayoría de los sabios y un grupo de juristas de las ciudades es que no hay inconveniente en que el hombre haga ablución con el sobrante de la mujer y la mujer con el sobrante del hombre, se haya quedado ella sola con el recipiente o no. En esto hay muchos آثار auténticos. Y lo que sostenemos es que el agua no la impurifica nada salvo lo que se manifieste en ella de impurezas o la domine; así, no hay sentido en ocuparse de lo que no es auténtico de آثار y opiniones. Y Dios es Aquel de quien se busca ayuda. At-Tirmiḏī transmitió de Ibn ‘Abbās: que Maymūna le contó: “Yo me bañaba, y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—, de un mismo recipiente por janāba”. Dijo: este ḥadīṯ es حسن صحيح. Y al-Buḫārī transmitió de ‘Ā’iša: “Yo me bañaba, y el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, de un mismo recipiente llamado al-faraq [12148]”. Y en el Ṣaḥīḥ de Muslim, de Ibn ‘Abbās: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— se bañaba con el sobrante de Maymūna. At-Tirmiḏī transmitió de Ibn ‘Abbās: “Una de las esposas del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— se bañó en una jofaina; el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— quiso hacer ablución con ella, y ella dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Yo estaba junub’. Dijo: «El agua no se vuelve junub»”. Dijo: este ḥadīṯ es حسن صحيح, y es la opinión de Sufyān aṯ-Ṯawrī, Mālik y aš-Šāfi‘ī. Y ad-Dāraquṭnī transmitió de ‘Amra, de ‘Ā’iša —Dios esté complacido con ella—, que dijo: “Yo hacía ablución, y el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, de un mismo recipiente, y el gato había bebido de él antes”. Dijo: este ḥadīṯ es حسن صحيح. Y también se transmitió de un hombre de Banū Ġifār: «El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— prohibió el sobrante de la purificación de la mujer». En el capítulo hay también de ‘Abd Allāh b. Sarǧis. Algunos juristas reprobaron el sobrante de la purificación de la mujer: es la opinión de Aḥmad e Isḥāq.

La decimocuarta.— Ad-Dāraquṭnī transmitió de Zayd b. Aslam, cliente de ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb, que ‘Umar b. al-Ḫaṭṭāb solía calentarle agua en una qumquma [12149] y se bañaba con ella. Dijo: este isnād es auténtico. Y se transmitió de ‘Ā’iša que dijo: “Entró en mi casa el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—, y yo había calentado agua al sol”. Dijo: «No lo hagas, Ḥumayrā’, pues provoca el vitíligo». Lo transmitió Ḫālid b. Ismā‘īl al-Maḫzūmī, de Hišām b. ‘Urwa, de su padre, de ‘Ā’iša; y es abandonado. Y lo transmitió ‘Amr b. Muḥammad al-A‘šam, de Fulayḥ, de az-Zuhrī, de ‘Urwa, de ‘Ā’iša; y es un ḥadīṯ rechazable, y nadie lo transmitió de Fulayḥ sino él, y no es auténtico de az-Zuhrī. Lo dijo ad-Dāraquṭnī.

La decimoquinta.— Todo recipiente puro es lícito para hacer ablución de él, salvo el recipiente de oro y plata, por la prohibición del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— de tomarlos. Y ello —y Dios sabe más— es por asemejarse a los extranjeros y a los tiranos, no por impureza en ellos. Quien haga ablución en ellos, su ablución le es suficiente, pero es pecador por usarlos. Y se dijo: no es suficiente la ablución en uno de ellos. La primera opinión es la más extendida. Dijo Abū ‘Umar: toda piel de animal sacrificado es lícito usarla para la ablución y otras cosas. Mālik reprobaba hacer ablución en un recipiente de piel de animal muerto tras el curtido, según discrepancia en sus dichos. Ya se trató en «An-Naḥl» [12150]

[12132] :Véase t. 7, p. 228; y “nušran” con nūn es la lectura de Nāfi‘. [12133] :En Ibn al-‘Arabī y en Lisān (raíz “rǧḥ”): * ilā ruǧḥ al-akfāl hayf ḫuṣūruhā* Y una mujer raǧāḥ y rāǧiḥ: de nalgas pesadas; de entre mujeres “ruǧḥ”. [12134] :Este es el primer hemistiquio de un verso de un poema de Abū Ṭālib b. ‘Abd al-Muṭṭalib, con el que elogia a Musāfir b. ‘Amr y al-Qurašī; y su continuación: * iḏā ‘adimū zādan fa’innaka ‘āqir* [12135] :Este es el segundo hemistiquio de un verso de la Mu‘allaqa de Imru’ al-Qays; su primer hemistiquio: * wa-yaḍḥā fatītu l-miski fawqa firāšihā* Y al-intiqāṭ: ceñirse el izār para el trabajo. Y at-tafaḍḍul: envolverse (tawaššuḥ), que es vestir la prenda más ligera. [12136] :El pozo de Buḍā‘a: un pozo en Medina. Y se dice que Buḍā‘a es el nombre de la mujer a la que se atribuye el pozo. [12137] :yaṯ‘ab: corre. [12138] :aṯ-ṯuġāma: planta de fruto y flor blancos, cuyo blanco se asemeja al de las canas. [12139] :dasama l-šay’a yadsumuhu dasman: lo taponó. Y al-qabāṭī (con ḍamma): telas de lino fino hechas en Egipto, atribuidas a los coptos contra la analogía. Y al-maṭārif: plural de miṭraf, manto cuadrado de brocado con franjas. [12140] :al-ǧadǧad, como hudhud: pajarillo semejante al saltamontes. [12141] :ar-rakā’ (plural de rakwa): recipiente pequeño de cuero del que se bebe agua. [12142] :es decir, suelto, largo. [12143] :Los árabes hacen de “decir” una expresión de todos los actos, y lo aplican a lo que no es الكلام ni la lengua; dicen: “dijo con su mano”, es decir, tomó; “dijo con su pie”, es decir, caminó; “dijo con el agua sobre sus manos”, es decir, la vertió; “dijo con su ropa”, es decir, la levantó. Todo ello es por metáfora y amplitud. [12144] :al-dhanūb (con fatḥa): el cubo.[12145] :al-ḥayḍ: los trapos con los que se limpia la sangre de la menstruación; y se les llama al-maḥāyiḍ.[12146] :al-idāwa (con kasra): un recipiente pequeño de cuero que se hace para el agua.[12147] :véase t. 6, p. 105 y ss., edición primera o segunda.[12148] :al-farq (con vocalización): una medida que contiene dieciséis raṭl. Y con sukūn: ciento veinte raṭl.[12149] :al-qumquma y al-qumqum (como «hudhud»): aquello en lo que se calienta el agua, de cobre u otro material.[12150] :véase t. 10, p. 156, edición primera o segunda.

Notas y Referencias

[12132] Véase t. 7, p. 228; y «nushran» con nūn es la lectura de Nāfiʿ.

[12133] [12133] :En Ibn al-ʿArabī y en Lisān (al-ʿArab), en la entrada «r-j-ḥ»: * ilā rajaḥ al-akfāl hīf khuṣūruhā* Y una mujer «rajjāḥ» y «rājiḥ»: pesada de nalgas, de entre las mujeres «rajaḥ».

[12134] [12134] :Este es el inicio de un verso de un poema de Abū Ṭālib b. ʿAbd al-Muṭṭalib, con el que elogia a Musāfir b. ʿAmr al-Qurashī; y su continuación es: * idhā ʿadimū zādan fa-innaka ʿāqir*

[12135] [12135] :Este es el hemistiquio final de un verso de la Muʿallaqa de Imruʾ al-Qays; y su inicio es: * wa-yaḍḥā fatīt al-misk fawqa firāshihā* Al-intiqāṭ: ceñirse el izār para el trabajo. Al-tafaḍḍul: envolverse (con la prenda), que es vestir sus ropas más ligeras.

[12136] El pozo de Buḍāʿa: un pozo en Medina. Y se dice que Buḍāʿa es el nombre de la mujer a la que se atribuye el pozo.

[12137] Yathʿab: corre (fluye).

[12138] Al-thughāma: planta de fruto y flor blancos; se asemeja con ella la blancura de las canas.

[12139] Dasama la cosa, yadsmuhā, dasman: la taponó. Y al-qabāṭī (con ḍamma): prendas de lino fino hechas en Egipto, atribuidas a los coptos contra la analogía. Y al-maṭārif: plural de miṭraf, que es un manto de brocado, cuadrado y con franjas.

[12140] Al-judjud, como «hudhud»: un pajarillo semejante al saltamontes.

[12141] Al-rikāʾ (plural de rakwa): un recipiente pequeño de cuero del que se bebe agua.

[12142] Es decir: suelto, largo.

[12143] Los árabes hacen de «decir» una expresión que abarca todos los actos, y lo aplican a lo que no es habla ni lengua; así dicen: «dijo con su mano», es decir, tomó; y «dijo con su pie», es decir, caminó; y «dijo con el agua sobre sus manos», es decir, la volcó; y «dijo con su vestido», es decir, lo levantó. Todo ello es por vía de metáfora y amplitud (del uso).

[12144] Al-dhanūb (con fatḥa): el cubo.

[12145] Al-ḥayḍ: los trapos con los que se limpia la sangre de la menstruación; y se les llama al-maḥāyiḍ.

[12146] Al-idāwa (con kasra): un recipiente pequeño de cuero que se hace para el agua.

[12147] Véase t. 6, p. 105 y ss., edición primera o segunda.

[12148] Al-farq (con vocalización): una medida que contiene dieciséis raṭl. Y con sukūn: ciento veinte raṭl.

[12149] Al-qumquma y al-qumqum (como «hudhud»): aquello en lo que se calienta el agua, de cobre u otro material.

[12150] Véase t. 10, p. 156, edición primera o segunda.