22

La Peregrinación

الحج Al-Hajj
Aya 52

Versículo (Español)

[22:52] No envié antes de ti [¡oh, Mujámmad!], Mensajero ni Profeta alguno al que no le ocurriera que al recitar [lo que le había sido inspirado] el demonio intentara confundir algo en su recitación. Pero Dios anula lo que el demonio inspira. Dios aclara Su revelación, porque Dios es Conocedor, Sabio.

Tafsir de Al-Qurtubi

{Y no enviamos antes de ti a ningún Mensajero ni a ningún Profeta sino que, cuando anhelaba (o recitaba), el Shayṭān arrojaba en su anhelo (o recitación); pero Allah abroga lo que arroja el Shayṭān; luego Allah hace firmes Sus aleyas. Y Allah es Omnisciente, Sabio.} (52) En ella hay tres cuestiones:

La primera.— Su dicho, Altísimo: «tamannā» esto es: recitó y declamó. Y «el Shayṭān arrojó en su umniyya» esto es: en su recitación y declamación. Ya se trató anteriormente en al-Baqara [11561] Dijo Ibn ʿAṭiyya: Se transmitió de Ibn ʿAbbās que solía recitar: «Y no enviamos antes de ti a ningún Mensajero, ni a ningún Profeta, ni a ningún muḥaddath». Lo mencionó Maslama b. al-Qāsim b. ʿAbd Allāh, y lo transmitió Sufyān de ʿAmr b. Dīnār, de Ibn ʿAbbās. Dijo Maslama: Hallamos que los muḥaddathūn [11562] se aferraban a la profecía —según la lectura de Ibn ʿAbbās—, porque hablaron de asuntos sublimes, de noticias del No-visto, como inspiraciones súbitas; y pronunciaron la sabiduría interior, acertando en lo que dijeron y siendo preservados en lo que pronunciaron, como ʿUmar b. al-Jaṭṭāb en la historia de Sāriya [11563], y lo que dijo de pruebas elevadas.

Digo: Abū Bakr al-Anbārī mencionó esta noticia en su libro al-Radd; y mi padre —Allah tenga misericordia de él— me la transmitió: nos transmitió ʿAlī b. Ḥarb, nos transmitió Sufyān b. ʿUyayna, de ʿAmr, de Ibn ʿAbbās —Allah esté complacido con ambos—, que recitó: «Y no enviamos antes de ti a ningún Mensajero, ni a ningún Profeta, ni a ningún muḥaddath». Dijo Abū Bakr: este ḥadīṯ no se toma como prueba de que eso sea Corán. Y el muḥaddath es aquel a quien se le inspira en su sueño, pues la visión de los profetas es revelación.

La segunda.— Dijeron los sabios: Esta aleya es problemática por dos aspectos: uno de ellos, que un grupo sostiene que entre los profetas —las bendiciones de Allah sobre ellos— hay enviados y hay no enviados; y otros sostienen que no es lícito decir «profeta» sino cuando es enviado. La prueba de la corrección de esto es Su dicho, Altísimo: «Y no enviamos antes de ti a ningún Mensajero ni a ningún Profeta»; pues hizo obligatoria para el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— la misión. Y que el sentido de «profeta» es: quien informa de Allah —Glorificado y Exaltado sea—; y el sentido de informar de Allah —Glorificado y Exaltado sea— es, en sí mismo, el envío. Dijo al-Farrāʾ: El mensajero es aquel que fue enviado a las criaturas mediante el envío de Ŷibrīl —la paz sea con él— a él de manera visible; y el profeta es aquel cuya profecía es por inspiración o por sueño. Así, todo mensajero es profeta, pero no todo profeta es mensajero. Dijo al-Mahdawī: Esto es lo correcto: que todo mensajero es profeta, pero no todo profeta es mensajero. Y así lo mencionó el cadí ʿIyāḍ en el libro al-Šifāʾ; dijo: Lo correcto —y aquello sobre lo que está la inmensa mayoría— es que todo mensajero es profeta, pero no todo profeta es mensajero. Y argumentó con el ḥadīṯ de Abū Ḏarr: que los mensajeros, de entre los profetas, son trescientos trece; el primero de ellos es Ādam y el último de ellos es Muḥammad —Allah le bendiga y le conceda paz—. Y el otro aspecto en el que está la dificultad es:

La tercera.— Los ḥadīṯes transmitidos acerca del descenso de esta aleya, y no hay en ellos nada auténtico. Y de lo que los incrédulos usaban para engañar a sus gentes era su dicho: Lo propio de los profetas es que no sean incapaces de nada; ¿por qué, entonces, Muḥammad no nos trae el castigo, cuando hemos exagerado en su enemistad? Y decían también: No debería ocurrirles descuido ni error. Entonces el Señor —Glorificado sea— aclaró que son seres humanos; y quien trae el castigo es Allah —Altísimo sea— según lo que Él quiere; y al ser humano le es posible el descuido, el olvido y el error, hasta que Allah haga firmes Sus aleyas y abrogue las artimañas del Shayṭān. Al-Layṯ transmitió de Yūnus, de al-Zuhrī, de Abū Bakr b. ʿAbd al-Raḥmān b. al-Ḥāriṯ b. Hišām, que dijo: El Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le conceda paz— recitó: «Por la estrella cuando cae» [al-Naŷm: 1]. Y cuando llegó a: «¿Habéis visto a al-Lāt y a al-ʿUzzā, y a Manāt, la tercera, la otra?» [11564][al-Naŷm: 19-20], se distrajo y dijo: (Se espera su intercesión). Entonces lo encontraron los idólatras y quienes tienen enfermedad en sus corazones, y lo saludaron y se alegraron. Y él dijo: (Esto es del Shayṭān). Entonces Allah —Altísimo sea— reveló: «Y no enviamos antes de ti a ningún Mensajero ni a ningún Profeta…», la aleya. Dijo al-Naḥḥās: Este ḥadīṯ es mursal (interrumpido) y contiene este asunto enorme. Y lo mismo el ḥadīṯ de Qatāda, y añadió en él: (Y ciertamente ellas son, sin duda, las sublimes gharānīq) [11565] Y más atroz [11566] que esto es lo que mencionó al-Wāqidī, de Kaṯīr b. Zayd, de al-Muṭṭalib b. ʿAbd Allāh, que dijo: Todos los idólatras se postraron, excepto al-Walīd b. al-Muġīra, pues tomó tierra del suelo, la elevó a su frente y se postró sobre ella; y era un anciano muy mayor. Y se dice que era Abū Uḥayḥa Saʿīd b. al-ʿĀṣ. Hasta que descendió Ŷibrīl —la paz sea con él— y el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— le recitó. Entonces dijo: (¡No te he traído eso!). Y Allah reveló: «Por poco ibas a inclinarte hacia ellos algo» [11567][al-Isrāʾ: 74]. Dijo al-Naḥḥās: Este ḥadīṯ es reprobable, interrumpido, y más aún viniendo del ḥadīṯ de al-Wāqidī. Y en al-Buḫārī consta que quien tomó un puñado de tierra y lo elevó a su frente fue Umayya b. Ḫalaf. Y vendrá el resto de las palabras de al-Naḥḥās sobre el ḥadīṯ —si Allah quiere— al final del capítulo. Dijo Ibn ʿAṭiyya: Este ḥadīṯ en el que aparece «ellas son las sublimes gharānīq» se encuentra en libros de tafsīr y similares, y no lo incluyeron al-Buḫārī ni Muslim, ni lo mencionó —según mi conocimiento— un compilador famoso; más bien, el método de la gente del ḥadīṯ exige que el Shayṭān arrojó, pero no determinan esta causa ni otra. Y no hay discrepancia en que el arrojar del Shayṭān solo es respecto de palabras oídas, por las cuales ocurrió la sedición. Luego la gente discrepó sobre la forma de ese arrojar. Lo que está en los tafsīres —y es la opinión famosa— es: que el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— pronunció esas palabras con su lengua. Y mi padre —Allah esté complacido con él— me contó que encontró en Oriente a algunos shayjs de los sabios y teólogos que dijeron: Esto no es lícito respecto del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz—, pues es el preservado en la transmisión. Sino que el asunto es que el Shayṭān pronunció una expresión que hizo oír a los incrédulos cuando el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «¿Habéis visto a al-Lāt y a al-ʿUzzā, y a Manāt, la tercera, la otra?» [11568][al-Naŷm: 19-20], y aproximó su voz a la voz del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— hasta que el asunto se confundió para los idólatras. Y dijeron: Muḥammad la recitó. Y se transmitió algo semejante de esta interpretación del imām Abū al-Maʿālī. Y se dijo: quien arrojó fue un shayṭān de los humanos, como Su dicho —Poderoso y Majestuoso—: «y haced ruido en él» [11569][Fuṣṣilat: 26]. Qatāda dijo: Es lo que recitó estando adormilado.

Y el cadí ʿIyāḍ dijo en el libro al-Šifāʾ, después de mencionar la prueba de la veracidad del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— y que la comunidad ha consensuado que, en aquello cuyo camino es la transmisión del mensaje, él está preservado de informar algo contrario a como es, ni intencionalmente ni deliberadamente ni por descuido o error: Sabe —Allah te honre— que tenemos, al hablar sobre la dificultad de este ḥadīṯ, dos enfoques: uno, debilitar su fundamento; y el segundo, aun concediéndolo. En cuanto al primer enfoque, te basta con que este es un ḥadīṯ que ninguno de la gente de lo auténtico lo sacó, ni lo transmitió con una cadena [ṣaḥīḥ] [11570] sana, continua y fiable; más bien, se aficionaron a él y a sus semejantes los exegetas y los historiadores, aficionados a toda rareza, que recogen de los folios todo lo auténtico y lo defectuoso. Dijo Abū Bakr al-Bazzār: Este ḥadīṯ no sabemos que se transmita del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— con una cadena continua cuya mención sea lícita, salvo lo que transmitió Šuʿba de Abū Bišr, de Saʿīd b. Ŷubayr, de Ibn ʿAbbās: (que, según creo —la duda en el ḥadīṯ—, el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— estaba en La Meca…) Y mencionó la historia. Y no lo atribuyó a Šuʿba con isnād sino Umayya b. Ḫālid; y otros lo transmiten mursal de Saʿīd b. Ŷubayr. Y solo se conoce por al-Kalbī, de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās. Así, Abū Bakr —Allah tenga misericordia de él— te ha aclarado que no se conoce por una vía cuya mención sea lícita sino esta, y en ella hay debilidad, como él advirtió, junto con la presencia de la duda que hemos mencionado, que no merece confianza ni tiene realidad. En cuanto al ḥadīṯ de al-Kalbī, es de aquello de lo que no es lícito transmitir ni mencionar, por la fuerza de su debilidad y su mentira, como indicó al-Bazzār —Allah tenga misericordia de él—. Y lo que hay de ello en lo auténtico: que el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— recitó «al-Naŷm» en La Meca, y se postró, y se postraron con él los musulmanes, los idólatras, los genios y los humanos. Este es su debilitamiento por la vía de la transmisión.

En cuanto al segundo enfoque, se basa en conceder el ḥadīṯ si fuese auténtico. Y Allah nos ha protegido de su autenticidad. Pero, en cualquier caso, los imames de los musulmanes respondieron a ello con respuestas, entre lo deleznable y lo sólido. Lo que parece y prevalece en su interpretación —aun concediéndolo— es que el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz—, tal como su Señor le ordenó, recitaba el Corán con recitación pausada, y separaba las aleyas con separación en su lectura, como lo transmitieron de él los fiables. Así, es posible que el Shayṭān acechara esas pausas e introdujera en ellas lo que inventó de esas palabras, imitando la entonación del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— de modo que lo oyera quien se acercara de los incrédulos; y pensaron que era de las palabras del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— y lo difundieron. Y ello no afectó a los musulmanes, por haber memorizado la sura antes de eso tal como Allah la reveló, y por su certeza del estado del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— en la censura de los ídolos y su denigración, como se conocía de él. Así, lo que se transmitió del pesar del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— sería por este rumor, esta duda y la causa de esta sedición. Y Allah —Altísimo sea— dijo: «Y no enviamos antes de ti a ningún Mensajero ni a ningún Profeta…» [11571], la aleya.

Digo: Esta interpretación es lo mejor que se ha dicho sobre esto. Y dijo Sulaymān b. Ḥarb: «fī» tiene el sentido de «ʿinda» (junto a), esto es: el Shayṭān arrojó en los corazones de los incrédulos, junto a la recitación del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz—, como Su dicho —Poderoso y Majestuoso—: «y permaneciste entre nosotros» [11572][al-Šuʿarāʾ: 18], esto es: junto a nosotros. Y este es el sentido de lo que Ibn ʿAṭiyya transmitió de su padre, de los sabios de Oriente. Y a ello aludió el cadí Abū Bakr b. al-ʿArabī. Y dijo antes: Esta aleya es un texto explícito para nuestro propósito, prueba de la corrección de nuestra doctrina, fundamento de la exoneración del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— de lo que se le atribuye que dijo. Y ello porque Allah —Altísimo sea— dijo: «Y no enviamos antes de ti a ningún Mensajero ni a ningún Profeta sino que, cuando recitaba, el Shayṭān arrojaba en su recitación», es decir, en su lectura. Así, Allah —Altísimo sea— informó que, de Su norma respecto de Sus mensajeros y de Su proceder con Sus profetas, cuando ellos dicen de Allah —Altísimo sea— una palabra, el Shayṭān añade en ella, por su propia iniciativa, como hace en el resto de los pecados. Tú dices: «Arrojé en tal casa» y «arrojé en tal bolsa». Esto es un texto explícito respecto del Shayṭān: que él añadió a lo que dijo el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz—, no que el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz— lo pronunciara. Luego mencionó el sentido de las palabras de ʿIyāḍ, hasta que dijo: Y nadie fue guiado a esto sino al-Ṭabarī, por la grandeza de su rango, la pureza de su pensamiento, la amplitud de su alcance en el conocimiento y la fuerza de su brazo en la reflexión. Y como si hubiera señalado este propósito, y acertado en este blanco. Y escribió, después de mencionar en ello muchas transmisiones, todas ellas falsas, sin fundamento. Y si tu Señor hubiera querido, nadie las habría transmitido ni las habría consignado; pero Él hace lo que quiere.

En cuanto a otras interpretaciones: lo que algunos relataron de que el Shayṭān lo forzó hasta que dijo tal cosa, es imposible, pues el Shayṭān no tiene poder para arrebatar al ser humano la capacidad de elegir. Allah —Altísimo sea— dijo informando de él: «No tenía yo sobre vosotros autoridad alguna, salvo que os llamé y me respondisteis» [11573][Ibrāhīm: 22]. Y si el Shayṭān tuviera esta capacidad, no quedaría para nadie de los hijos de Ādam fuerza para obedecer. Y quien imagine que el Shayṭān tiene esta fuerza, eso es la doctrina de los dualistas y los magos, según la cual el bien es de Allah y el mal es del Shayṭān. Y quien dijo que eso ocurrió en su lengua por descuido, dijo: No es remoto que hubiera oído las dos palabras de los idólatras y que estuvieran memorizadas, y que al recitar la sura saliera lo que estaba en su memoria por descuido. Y según esto, el descuido es posible para ellos, pero no se les confirma en ello. Y Allah —Poderoso y Majestuoso— reveló esta aleya como preparación de su excusa y consuelo para él, para que no se dijera: «Se retractó de parte de su recitación». Y aclaró que algo semejante ocurrió a los profetas por descuido; y el descuido solo se niega respecto de Allah —Altísimo sea—. Y dijo Ibn ʿAbbās: (Un shayṭān llamado al-Abyaḍ se presentó al Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le conceda paz— con la forma de Ŷibrīl —la paz sea con él—, y arrojó en la recitación del Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz—: «esas son las sublimes gharānīq, y ciertamente se espera su intercesión»). Esta interpretación, aunque es más cercana que la anterior, la primera interpretación es aquella en la que se apoya; no se debe apartar de ella hacia otra, por haberla elegido los sabios verificadores, y la debilidad del ḥadīṯ dispensa de toda interpretación. Y alabado sea Allah. Y de lo que indica también su debilidad y su desacreditación desde el Libro es Su dicho, Altísimo: «Y por poco te habrían tentado» [11574][al-Isrāʾ: 73], las dos aleyas; pues ambas rechazan la noticia que transmitieron. Porque Allah —Altísimo sea— mencionó que por poco lo tentaron hasta que inventara, y que, de no haberlo afirmado, habría inclinado hacia ellos. Así, el contenido y el sentido implícito de esto es que Allah —Altísimo sea— lo preservó de inventar y lo afirmó hasta que no se inclinó hacia ellos ni un poco; ¿cómo, entonces, mucho? Y ellos transmiten en sus noticias endebles que él fue más allá de la inclinación y la invención, elogiando a sus dioses, y que dijo —la oración y la paz sean con él—: «He inventado contra Allah y he dicho lo que Él no dijo». Esto es lo contrario del sentido implícito de la aleya; y ella debilita el ḥadīṯ si fuera auténtico; ¿cómo, entonces, cuando no tiene autenticidad? Y esto es como Su dicho, Altísimo: «Y si no fuera por el favor de Allah sobre ti y Su misericordia, un grupo de ellos habría intentado extraviarte; pero no extravían sino a sí mismos, y no te perjudican en nada» [al-Nisāʾ: 113] [11575] Dijo al-Qušayrī: Ciertamente Qurayš y Ṯaqīf le pidieron, cuando pasaba junto a sus ídolos, que volviera su rostro hacia ellos, y le prometieron creer en él si hacía eso. ¡Y no lo hizo! ¡Y no iba a hacerlo! Dijo Ibn al-Anbārī: El Mensajero no se aproximó ni se inclinó. Dijo al-Zaŷŷāŷ: Es decir: por poco; y entraron «in» y la «lām» para enfatizar. Y se ha dicho: que el sentido de «tamannā» es «ocurrió», no «recitó». Se transmitió de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās, sobre Su dicho —Poderoso y Majestuoso—: («sino que, cuando tamannā», dijo: sino que, cuando ocurrió; «el Shayṭān arrojó en su umniyya», dijo: en su conversación; «y Allah abroga lo que arroja el Shayṭān», dijo: Allah anula lo que arroja el Shayṭān). Dijo al-Naḥḥās: Esto es de lo mejor, más elevado y más noble que se ha dicho sobre la aleya. Y Aḥmad b. Muḥammad b. Ḥanbal en Egipto dijo: hay un cuaderno en tafsīr, transmitido por ʿAlī b. Abī Ṭalḥa; si un hombre viajara por él a Egipto con ese propósito, no sería mucho. Y según este sentido: que el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz—, cuando se hablaba a sí mismo, el Shayṭān arrojaba en su conversación a modo de cautela, y decía: «Si pidieras a Allah —Poderoso y Majestuoso— que te conceda botín, para que los musulmanes se ensanchen»; y Allah —Poderoso y Majestuoso— sabe que el bien está en otra cosa; entonces anula lo que arroja el Shayṭān, como dijo Ibn ʿAbbās —Allah esté complacido con ambos—. Y al-Kisāʾī y al-Farrāʾ, ambos, recogieron «tamannā» con el sentido de «cuando se hablaba a sí mismo», y esto es lo conocido en la lengua. Y recogieron también «tamannā» con el sentido de «cuando recitó». Y se transmitió también de Ibn ʿAbbās, y lo dijeron Muŷāhid, al-Ḍaḥḥāk y otros. Y dijo Abū al-Ḥasan b. Mahdī: Este «tamannī» no tiene nada que ver con el Corán ni con la revelación; sino que el Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz—, cuando sus manos quedaban vacías de dinero y veía el mal estado de sus compañeros, deseaba el mundo en su corazón, y era la insinuación del Shayṭān. Y al-Mahdawī mencionó de Ibn ʿAbbās que el sentido es: («cuando hablaba, el Shayṭān arrojaba en su conversación»); esto es la elección de al-Ṭabarī.

Digo: Su dicho, Altísimo: «para hacer de lo que arroja el Shayṭān una tentación», la aleya, refuta la interpretación de la conversación interior. Y dijo Ibn ʿAṭiyya: No hay discrepancia en que el arrojar del Shayṭān solo es respecto de palabras oídas, por las cuales ocurrió la sedición. Y Allah sabe más. Dijo al-Naḥḥās: Si el ḥadīṯ fuera auténtico y su cadena estuviera conectada, su sentido sería correcto; y el sentido de «se distrajo» sería «omitió». Y su estimación sería: «¿Habéis visto a al-Lāt y a al-ʿUzzā?», y se completó el discurso; luego omitió: («y las sublimes gharānīq»), esto es: los ángeles. («pues ciertamente se espera su intercesión»), el pronombre vuelve a los ángeles. En cuanto a quien transmitió: «pues ciertamente ellas son las sublimes gharānīq», en su transmisión hay respuestas: entre ellas, que haya una expresión elidida, como los árabes usan en muchas cosas; y es posible que sea sin elipsis, y sea una reprensión, porque antes está «¿habéis visto…?»; y esto sería un argumento contra ellos. Y si fue en la oración, entonces el الكلام (habla) era permitido en la oración. Y se transmitió en esta historia que era de lo que se recitaba: «¿Habéis visto a al-Lāt y a al-ʿUzzā, y a Manāt, la tercera, la otra? Y las gharānīqa sublimes; y ciertamente se espera su intercesión». Se transmitió su sentido de Muŷāhid. Y dijo al-Ḥasan: Con «las sublimes gharānīq» quiso decir los ángeles; y así interpretó al-Kalbī que las gharānīqa son los ángeles. Y ello porque los incrédulos creían que los ídolos y los ángeles eran hijas de Allah, como Allah —Altísimo sea— lo narró de ellos; y les respondió en esta sura con Su dicho: «¿Para vosotros el varón y para Él la hembra?» [11576] Entonces Allah negó todo esto de sus palabras. Y la esperanza de la intercesión de los ángeles es verdadera. Así, cuando los idólatras lo interpretaron como que lo pretendido por ese ذكر (mencionado) eran sus dioses, y el Shayṭān les confundió con ello, Allah abrogó lo que arrojó el Shayṭān, e hizo firmes Sus aleyas, y elevó la recitación de esas dos expresiones por las que el Shayṭān halló un camino para la confusión, como abrogó mucho del Corán y se elevó su recitación. Dijo al-Qušayrī: Esto no es acertado, por Su dicho: «y Allah abroga lo que arroja el Shayṭān», es decir, lo anula; y la intercesión de los ángeles no es anulable. «Y Allah es Omnisciente, Sabio». «Omnisciente» respecto de lo que reveló a Su Profeta —Allah le bendiga y le conceda paz—. «Sabio» en Su creación.

[11561]: Véase t. 2, p. 5. [11562]: Los muḥaddathūn (con la dāl en fatḥa y geminada). Dijo Ibn al-Aṯīr: son los inspirados; y el inspirado es aquel en cuya alma se arroja algo y lo informa por intuición y perspicacia. Es un tipo con el que Allah —Poderoso y Majestuoso— distingue a quien quiere de Sus siervos que ha escogido, como ʿUmar; como si se les hubiera «hablado» de algo y lo dijeran. [11563]: Es Sāriya b. Zanīm b. ʿAbd Allāh. De su historia: ʿUmar —Allah esté complacido con él— lo puso al mando de un ejército y lo envió a Persia en el año veintitrés. Se le ocurrió a nuestro señor ʿUmar, mientras pronunciaba el sermón del viernes, que el ejército mencionado se había encontrado con el enemigo estando en el fondo de un valle y que estaban a punto de ser derrotados, y cerca de ellos había una montaña. Entonces dijo durante su sermón: «¡Oh Sāriya, la montaña, la montaña!», y elevó su voz. Allah lo hizo llegar al oído de Sāriya, y este se replegó con la gente hacia la montaña y combatieron desde un solo flanco, y Allah les concedió la victoria. (Véase su biografía en los libros de los Compañeros). [11564]: Véase t. 17, p. 99. [11565]: En K: «para quien». [11566]: Así en B. [11567]: Véase t. 10, p. 300. [11568]: Véase t. 17, p. 99. [11569]: Véase t. 15, p. 355 y ss. [11570]: De K. [11571]: Véase el libro al-Šifāʾ del cadí ʿIyāḍ, t. 2, pp. 116, 131, edición de Estambul. [11572]: Véase t. 13, p. 93. [11573]: Véase t. 9, p. 356. [11574]: Véase t. 10, p. 299. [11575]: Véase t. 5, p. 381 y ss. [11576]: Véase t. 17, p. 102.

Notas y Referencias

[11561] Véase t. 2, p. 5.

[11562] Los muḥaddathūn (con la dāl en fatḥa y geminada). Dijo Ibn al-Aṯīr: son los inspirados; y el inspirado es aquel en cuya alma se arroja algo y lo informa por intuición y perspicacia. Es un tipo con el que Allah —Poderoso y Majestuoso— distingue a quien quiere de Sus siervos que ha escogido, como ʿUmar; como si se les hubiera «hablado» de algo y lo dijeran.

[11563] Es Sāriya b. Zanīm b. ʿAbd Allāh. De su historia: ʿUmar —Allah esté complacido con él— lo puso al mando de un ejército y lo envió a Persia en el año veintitrés. Se le ocurrió a nuestro señor ʿUmar, mientras pronunciaba el sermón del viernes, que el ejército mencionado se había encontrado con el enemigo estando en el fondo de un valle y que estaban a punto de ser derrotados, y cerca de ellos había una montaña. Entonces dijo durante su sermón: «¡Oh Sāriya, la montaña, la montaña!», y elevó su voz. Allah lo hizo llegar al oído de Sāriya, y este se replegó con la gente hacia la montaña y combatieron desde un solo flanco, y Allah les concedió la victoria. (Véase su biografía en los libros de los Compañeros).

[11564] Véase t. 17, p. 99.

[11565] En K: «para quien».

[11566] Así en B.

[11567] Véase t. 10, p. 300.

[11568] Véase t. 17, p. 99.

[11569] Véase t. 15, p. 355 y ss.

[11570] De K.

[11571] Véase el libro al-Šifāʾ del cadí ʿIyāḍ, t. 2, pp. 116, 131, edición de Estambul.

[11572] Véase t. 13, p. 93.

[11573] Véase t. 9, p. 356.

[11574] Véase t. 10, p. 299.

[11575] Véase t. 5, p. 381 y ss.

[11576] Véase t. 17, p. 102.