Ta-Ha
طه Ta-HaVersículo (Español)
[20:52] Dijo [Moisés]: "Solo mi Señor lo sabe, y Él lo tiene registrado todo en un Libro. Mi Señor no se equivoca nunca ni se olvida de nada.
Tafsir de Al-Qurtubi
{Dijo: Su conocimiento está junto a mi Señor, en un Libro; mi Señor no yerra ni olvida} (52)
Entonces dijo:
«Su conocimiento está junto a mi Señor, en un Libro; mi Señor no yerra ni olvida».
Y en el Ṣaḥīḥ de Muslim, de Abū Hurayra —Dios esté complacido con él—, dijo: El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
(Cuando Dios decretó la creación, escribió en Su Libro, sobre Sí mismo —y está depositado junto a Él—: “En verdad, Mi misericordia prevalece sobre Mi ira”).
Y al-Jaṭīb Abū Bakr transmitió con cadena de Abū Hurayra, quien dijo:
(Un hombre de los Anṣār solía sentarse junto al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, escuchaba de él el ḥadiz, le agradaba, pero no lo memorizaba. Se quejó de ello al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y dijo: “¡Mensajero de Dios! Oigo de ti el ḥadiz, me agrada, pero no lo memorizo”. Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— le dijo: (Ayúdate de tu diestra), e hizo un gesto hacia la escritura. Este es un texto explícito. En cuanto a la licitud de escribir el conocimiento y consignarlo por escrito, la sostiene la mayoría de los Compañeros y de los Seguidores. Y él —Dios le bendiga y le conceda paz— ordenó escribir el sermón que pronunció en la peregrinación para Abū Shāh —un hombre del Yemen— cuando este se lo pidió por escrito. Lo transmitió Muslim.
Y ‘Amr b. Shu‘ayb narró de su padre, de su abuelo, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo:
(Atad el conocimiento mediante la escritura).
Y dijo Mu‘āwiya b. Qurra:
Quien no escribe el conocimiento, su conocimiento no llega a ser conocimiento.
Y un grupo se inclinó a prohibir los escritos. Así, Abū Naṣra transmitió
[11082] que se dijo a Abū Sa‘īd: “¿Escribiremos este ḥadiz vuestro?”. Dijo:
“¿Acaso queréis convertirlo en Corán? Más bien memorizad como memorizamos nosotros”.
Entre quienes no escribían estaban al-Sha‘bī, Yūnus b. ‘Ubayd y Jālid al-Ḥaḏḏā’ —dijo Jālid: “No escribí jamás nada, salvo un solo ḥadiz; cuando lo memoricé, lo borré”—, e Ibn ‘Awn y al-Zuhrī. Algunos de ellos escribían y, cuando memorizaban, lo borraban; entre ellos Muḥammad b. Sīrīn y ‘Āṣim b. Ḍamra.
Y dijo Hišām b. Ḥassān:
“No escribí jamás un ḥadiz, salvo el ḥadiz de al-A‘māq
[11083] y, cuando lo memoricé, lo borré”.
Digo:
Ya hemos mencionado de Jālid al-Ḥaḏḏā’ algo semejante.
Y el ḥadiz de al-A‘māq lo transmitió Muslim al final del libro:
(La Hora no llegará hasta que los romanos desciendan en al-A‘māq —o— en Dābiq),
ḥadiz que mencionó en el Libro de las tribulaciones.
Algunos de ellos memorizaban y luego escribían lo que memorizaban; entre ellos al-A‘maš, ‘Abd Allāh b. Idrīs, Hušaym y otros. Esto es una cautela en favor de la memorización. Con todo, los libros, en general, son preferibles; y a ello han venido las aleyas y los ḥadices. Se ha transmitido de ‘Umar, ‘Alī, Jābir y Anas —Dios esté complacido con ellos—, y de quienes les siguieron entre los grandes de los Seguidores, como al-Ḥasan, ‘Aṭā’, Ṭāwūs y ‘Urwa b. al-Zubayr, y de quienes vinieron después entre la gente del conocimiento.
Dijo Dios —Altísimo sea—:
«Y le escribimos en las Tablas de toda cosa»
[11084][al-A‘rāf: 145].
Y dijo —Altísimo sea—:
«Y ciertamente escribimos en los Salmos, después del Recuerdo, que la tierra la heredarán Mis siervos justos»
[11085][al-Anbiyā’: 105].
Y dijo —Altísimo sea—:
«Y escríbenos en esta vida una buena [parte]»
[11086][al-A‘rāf: 156], la aleya.
Y dijo —Altísimo sea—:
«Y todo cuanto hicieron está en los registros. Y todo lo pequeño y lo grande está consignado»
[11087][al-Qamar: 52-53].
«Dijo: Su conocimiento está junto a mi Señor, en un Libro»,
y otras aleyas semejantes.
Además, el conocimiento no se fija sino mediante el libro, y luego mediante la confrontación, el estudio recíproco, el cuidado constante, la preservación, el repaso, la pregunta y la indagación acerca de los transmisores, y la confianza en lo que transmitieron.
Solo detestó los escritos quien los detestó entre los primeros, por la cercanía de la época y la proximidad de las cadenas, para que el que escribe no se apoye en ello y lo descuide, o se aparte de memorizarlo
[11088] y de obrar conforme a ello.
Pero cuando el tiempo se ha distanciado, las cadenas ya no son próximas, las vías son diversas, los transmisores se asemejan, la calamidad del olvido se interpone y el error no está a salvo, entonces atar el conocimiento mediante el libro es más apropiado y más curativo, y la prueba de su obligatoriedad es más fuerte.
Si alguien objetara con el ḥadiz de Abū Sa‘īd, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo:
(No escribáis de mí; y quien haya escrito algo distinto del Corán, que lo borre),
lo transmitió Muslim; la respuesta es que eso fue anterior y quedó abrogado por su orden de escribir y por su permiso a Abū Shāh y a otros. Además, aquello fue para que no se mezclara con el Corán lo que no es de él. Y asimismo lo que se transmitió de Abū Sa‘īd —“anhelamos que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— nos autorizara a escribir, pero se negó”—, si está bien conservado, fue antes de la Hégira, cuando no se estaba a salvo de que ello distrajera del Corán.
La tercera cuestión:
Dijo Abū Bakr al-Jaṭīb:
Conviene escribir el ḥadiz con negro, y luego con tinta (ḥibr) en particular, no con tinta (midād);
[11089] porque el negro es el más saturado de los colores, y la tinta (ḥibr) es la más perdurable a lo largo de los tiempos. Es el instrumento de los poseedores de conocimiento y el pertrecho de la gente de la ciencia.
Mencionó ‘Abd Allāh b. Aḥmad b. Ḥanbal: “Me narró mi padre: al-Šāfi‘ī me vio estando yo en su asamblea, con tinta en mi camisa, y yo la ocultaba. Me dijo: ‘¿Por qué la ocultas y la cubres? La tinta en la ropa es parte de la hombría, porque su imagen ante las miradas es negrura, y ante las clarividencias es blancura’”.
Y dijo Jālid b. Zayd:
La tinta en la ropa del transmisor de ḥadiz es como el ḫalūq
[11090] en la ropa de la novia.
De esto tomó Abū ‘Abd Allāh al-Balawī, y dijo:
La tinta de los tinteros es el perfume de los hombres*** y el perfume de las mujeres es el azafrán
Esto conviene a las vestiduras de aquel*** y esto conviene al vestido del caballo
Y al-Māwardī mencionó que ‘Abd Allāh
[11091] b. Sulaymān —según se cuenta— vio en alguna de sus ropas un rastro de amarillez; tomó tinta del tintero y la untó con ella, y luego dijo:
La tinta nos sienta mejor que el azafrán.
Y recitó:
El azafrán no es sino el perfume de las doncellas*** y la tinta del tintero es el perfume de los hombres
La cuarta cuestión:
Su dicho —Altísimo sea—:
«Mi Señor no yerra ni olvida».
Se discrepó acerca de su sentido según cinco opiniones.
La primera: que es el inicio de una nueva frase, una declaración de la trascendencia de Dios —Altísimo sea— respecto de estas dos cualidades; y que el discurso ya había concluido en Su dicho: «en un Libro». Así lo dijo también al-Zaǧǧāǧ. Y que el sentido de «no yerra» es “no perece”, a partir de Su dicho: «¿Acaso cuando nos hayamos extraviado en la tierra…?»
[11092][al-Saǧda: 10].
Y «ni olvida» cosa alguna: lo declaró exento de perecer y de olvidar.
La segunda opinión: «no yerra» significa “no se equivoca”, como dijo Ibn ‘Abbās; es decir, no se equivoca en la disposición: a quien le concede prórroga, se la concede por una sabiduría; y a quien le apresura [el castigo], se lo apresura por una sabiduría.
La tercera opinión: «no yerra» significa “no se ausenta”. Dijo Ibn al-A‘rābī:
El origen de la “desviación/extravío” (ḍalāl) es la ocultación/ausencia.
Se dice: “se extravió el olvidadizo” cuando se le ausenta la conservación de una cosa.
Dijo:
Y el sentido de «mi Señor no yerra ni olvida» es: nada se Le ausenta, y Él no se ausenta de nada.
La cuarta opinión: también la dijo al-Zaǧǧāǧ. Y dijo al-Naḥḥās:
La más adecuada al sentido es: Dios —Poderoso y Majestuoso— informó de que no necesita un libro; y el sentido es que no se le escapa el conocimiento de ninguna de las cosas ni su cognición, ni olvida lo que de ellas supo.
Digo:
Esta opinión retorna al sentido de la de Ibn al-A‘rābī.
Y una quinta opinión: que «mi Señor no yerra ni olvida» está en posición de adjetivo de «Libro»; es decir, el Libro no está extraviado respecto de Dios —Poderoso y Majestuoso—, o sea, no se le va.
Y «ni olvida», es decir, no es olvidadizo de Él: ambos son dos calificativos de «Libro». Según esto, el discurso es continuo y no se hace pausa en «Libro».
Los árabes dicen: “me extravió la cosa” cuando no la hallé; y “yo la extravié” cuando la dejé en un lugar y no la hallaste allí.
Y al-Ḥasan, Qatāda, ‘Īsā b. ‘Umar, Ibn Muḥayṣin, ‘Āṣim al-Ǧaḥdarī e Ibn Kaṯīr —según lo que Šibl transmitió de él— recitaron «no yuḍallu» con ḍamma en la yā’, con el sentido de: mi Señor no lo pierde ni lo olvida.
Dijo Ibn ‘Arafa:
La “desviación” (ḍalāla) entre los árabes es seguir un camino distinto del recto; se dice: “se desvió del camino”; y “desvió la cosa” cuando la perdió. De ello es la lectura de quien recitó «mi Señor no yerra», es decir, no pierde: esta es la doctrina de los árabes.
Notas y Referencias
[11082] Así en ب y ط y ي, y es lo correcto. Y Abū Naḍra es al-Munḏir b. Mālik b. Qiṭ‘a.
[11083] Al-A‘māq: lugar en los confines de Medina; y Dābiq: nombre de un lugar con mercado. La duda es del transmisor.
[11084] Véase t. 7, p. 280 y ss., y p. 296.
[11085] Véase p. 349 de este tomo.
[11086] Véase t. 7, p. 280 y ss., y p. 296.
[11087] Véase t. 17, p. 149.
[11088] En ب y جـ y ز y ط y ك y ي: «su preservación».
[11089] No hay diferencia en la lengua entre midād y ḥibr; quizá se pretenda la escritura con tinta negra en particular, de modo que la distinción sea por el color, según parece.
[11090] Al-ḫalūq: un perfume conocido, hecho de azafrán y otras cosas.
[11091] En «Adab al-dunyā wa-l-dīn»: ‘Ubayd Allāh b. Sulaymān.
[11092] Véase t. 14, p. 91.