Ta-Ha
طه Ta-HaVersículo (Español)
[20:18] Respondió: "Es mi bastón. Me sirve de apoyo, y con él vareo los árboles para que mi ganado coma [de su follaje]; además de otros usos".
Tafsir de Al-Qurtubi
{Dijo: «Es mi cayado; me apoyo en él, y con él vareo para mi rebaño, y tengo en él otros usos»} (18)
En ella hay cinco cuestiones:
La primera.—
Su dicho —Exaltado sea—:
«¿Y qué es eso que tienes en tu diestra?»
Se ha dicho: este discurso fue de parte de Dios —Exaltado sea— a Moisés como revelación; porque dijo: (Escucha, pues, lo que se revela). Y es necesario que el profeta, en su fuero interno, tenga un milagro por el que conozca la veracidad de su propia profecía; así, le mostró en el cayado y en sí mismo lo que le mostró para ello. Y es posible que lo que le mostró en el árbol fuese un signo suficiente para él en sí mismo, y que luego la mano y el cayado fuesen un refuerzo de confirmación y una prueba con la que enfrentarse a su pueblo. Se discrepó acerca de «qué» en Su dicho (¿y qué es eso?): al-Zajjāj y al-Farrā’ dijeron: es un nombre incompleto, unido a «tu diestra», es decir: «¿cuál es la que está en tu diestra?». Dijo también: «eso» con el sentido de «esto»; y si hubiera dicho: «¿qué es aquello?», habría sido válido, es decir: «¿qué es esa cosa?». La finalidad de la pregunta es asentar el asunto hasta que Moisés diga: «es mi cayado», para que la prueba quede establecida contra él después de que lo haya reconocido; si no, Dios ya sabía qué era desde la preeternidad.
Ibn al-Jawharī dijo: y en algunos relatos se menciona que Dios —Exaltado sea— reprochó a Moisés el haber atribuido el cayado a sí mismo en aquel lugar; y se le dijo: «Arrójalo para que veas de él lo prodigioso, y sepas que no tienes dominio sobre él ni se te atribuye». Ibn Abī Isḥāq leyó «mi cayado» (ʿaṣī) según la lengua de Hudhayl; y es semejante a «¡oh, buena nueva mía!» [11039] y «mi vivificador» [11040], y ya se ha mencionado. Al-Ḥasan leyó «mi cayado» (ʿaṣāy) con kasra en la yā’ por el encuentro de dos consonantes quiescentes. De este tipo es la lectura de Ḥamza: «y vosotros no sois mis auxiliadores» [11041][Ibrāhīm: 22]. Y de Ibn Abī Isḥāq se transmitió la yā’ en sukūn.
La segunda.—En esta aleya hay prueba de responder a la pregunta [11042] con más de lo que se preguntó; pues cuando dijo: «¿Y qué es eso que tienes en tu diestra, oh Moisés?», mencionó cuatro significados: la atribución del cayado a sí mismo —cuando lo que le correspondía era decir: «un cayado»—, el apoyarse, el varear y los usos en general. Moisés mencionó de los beneficios de su cayado lo principal y lo más común, y resumió el resto. Y en el ḥadiz: se preguntó al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca del agua del mar y dijo: (Su agua es purificadora y lícita su carroña). Y una mujer le preguntó por un niño pequeño cuando se lo alzó hacia él, y dijo: «¿Tiene este peregrinación?». Dijo: (Sí, y para ti hay recompensa). Y hay muchos ejemplos semejantes en el ḥadiz.
La tercera.—
Su dicho —Exaltado sea—: «me apoyo en él», es decir, me sostengo en él al caminar y al estar de pie; de ahí el «apoyarse» (ittikā’). «Y con él vareo»: «y vareo» (wa-ahushshu) también, lo mencionó al-Naḥḥās. Es la lectura de al-Nakhaʿī [11043], es decir, golpeo con él el follaje: golpeo las ramas de los árboles para que caigan sus hojas, y así a mi rebaño le resulta fácil alcanzarlas y comerlas.
Dijo el rajazista:
Vareo con el cayado para mis ovejas *** de la suave arāk y del bashām
Se dice: «vareó para su rebaño» (hashsha) —en el futuro: yahushshu—. Y «se alegró por el hombre» (hashsha ilā l-rajul) —con fatḥa—; y asimismo «se alegró por el bien» (hashsha li-l-maʿrūf), y «yo me alegré» (hashashtu). Y en el ḥadiz de ʿUmar: «me alegré un día y besé estando en ayuno».
Shammar dijo: es decir, me regocijé y lo deseé.
Dijo: y es posible «hāsha» con el sentido de «hashsha». Dijo al-Rāʿī:
Engrandeció por el sueño, y se alborozó su corazón *** y dio buena nueva a un alma que antes la reprendía
Es decir, se embriagó de gozo. El origen de la palabra es la blandura. Se dice: hombre «hishsh» y esposo «hishsh». ʿIkrima leyó «y ahuss» con sīn no punteada; se dijo: son dos lenguas con un mismo significado. Y se dijo: sus significados difieren: el «hashsh» con puntos es varear el árbol, y el «hass» sin puntos es arrear el rebaño; lo mencionó al-Māwardī. Así lo mencionó también al-Zamakhsharī. Y de ʿIkrima: «y ahuss» con sīn, es decir, las aparto de él arreándolas; y «al-hass» es arrear el rebaño.
La cuarta.—
Su dicho —Exaltado sea—: «y tengo en él otros usos», es decir, necesidades. Su singular es ma’ruba, ma’raba y ma’riba. Y dijo: «otros» en forma de singular, porque «usos» está en sentido de colectividad; pero el camino claro [11044] en los complementos del plural de lo que no es racional es el singularizar y aludir a ello así, pues ello corre el curso de un femenino singular, como Su dicho —Exaltado sea—: «Y de Dios son los nombres más bellos: invocadlo, pues, por ellos» [11045][al-Aʿrāf: 180], y como tu dicho: «¡Oh montañas, repetid con él!» [11046][Saba’: 10]. Esto ya se ha adelantado en «al-Aʿrāf» [11047]
La quinta.—Unos se ocuparon de enumerar los beneficios del cayado, entre ellos Ibn ʿAbbās. Dijo: cuando llego al brocal de un pozo y la cuerda queda corta, la empalmo con el cayado; y cuando me alcanza el calor del sol, lo hundo en la tierra y pongo sobre él lo que me dé sombra; y cuando temo algo de los animales dañinos de la tierra, lo mato con él; y cuando camino, lo pongo sobre mi hombro y cuelgo de él el arco, el carcaj y la alforja; y con él combato a las fieras para proteger al rebaño.
De él transmitió Maymūn b. Mihrān, quien dijo: llevar el cayado es una sunna de los profetas y un signo del creyente.
Al-Ḥasan al-Baṣrī dijo: en él hay seis cualidades: sunna de los profetas, adorno de los virtuosos, arma contra los enemigos, auxilio de los débiles, aflicción de los hipócritas y aumento en las obediencias.
Y se dice: si el creyente lleva consigo el cayado, el demonio huye de él; el hipócrita y el libertino se amedrentan ante él; y le sirve de qibla cuando ora, y de fuerza cuando se fatiga.
Al-Ḥajjāj se encontró con un beduino y le dijo: «¿De dónde vienes, beduino?». Dijo: «Del desierto». Dijo: «¿Y qué hay en tu mano?». Dijo: «Mi cayado: lo hincaré para mi oración [11048], lo preparo para mis enemigos, con él conduzco mi montura, con él me fortalezco en mi viaje, y me apoyo en él al andar para que se ensanche mi zancada; con él salto el río; me protege de los tropiezos; pongo sobre él mi manto y me preserva del calor y me calienta del frío; me acerca lo que está lejos de mí; es el soporte de mi provisión de viaje y el colgadero de mi odre; con él desobedezco en el combate; con él llamo a las puertas; con él me guardo de los perros rabiosos; suple a la lanza en la estocada y a la espada en el duelo con los pares; lo heredé de mi padre y lo legaré tras de mí a mi hijo; con él vareo para mi rebaño, y tengo en él otros usos, muchos, que no se pueden contar».
Dije: los beneficios del cayado son muchos, y tiene entrada en lugares de la Ley: entre ellos, que se toma como qibla en el desierto; y el Profeta —sobre él la oración y la paz— tenía una ʿanaza [11049] que se le hincaba y oraba hacia ella; y cuando salía el día de la fiesta, se ordenaba llevar una lanza y se colocaba delante de él, y oraba hacia ella; y esto está establecido en el Ṣaḥīḥ. La lanza, la ʿanaza, el nīzak y el instrumento son nombres de una misma cosa. Y tenía un miḥjan, que es un bastón de extremo curvo, con el que señalaba la Piedra si no podía besarla; también está establecido en el Ṣaḥīḥ.
En el Muwaṭṭa’, de al-Sā’ib b. Yazīd, dijo: ʿUmar b. al-Khaṭṭāb —Dios esté complacido con él— ordenó a Ubayy b. Kaʿb y a Tamīm al-Dārī que dirigieran a la gente con once rakʿas; y el recitador recitaba centenas de aleyas hasta el punto de que nos apoyábamos en los bastones por la longitud de la permanencia en pie, y no nos retirábamos sino al despuntar el alba.
En los dos Ṣaḥīḥ: que él —sobre él la oración y la paz— tenía una mikhṣara [11050] Y hay consenso en que el predicador pronuncia el sermón apoyado en una espada o en un cayado. Así, el cayado procede de un origen noble y de una fuente ilustre, y no lo rechaza sino un ignorante. Dios reunió para Moisés, en su cayado, grandes pruebas y enormes signos, por los que creyeron los magos obstinados. Salomón lo tomó para su sermón, su exhortación y la prolongación de su oración. Ibn Masʿūd era el encargado del cayado del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y de su ʿanaza; y predicaba con la vara —y basta con ello como mérito sobre la noble condición del cayado—. Así lo hicieron los califas y los grandes predicadores; y es costumbre de los árabes puros, de lengua elocuente y verbo retórico, tomar la mikhṣara y el cayado y apoyarse en ellos al hablar, en asambleas y sermones. Los shuʿūbiyya reprobaron a los predicadores árabes el tomar la mikhṣara y señalar con ella los significados; y los shuʿūbiyya detestan a los árabes y prefieren a los no árabes.
Mālik dijo: ʿAṭā’ b. al-Sā’ib sostenía la mikhṣara y se ayudaba con ella.
Mālik dijo: y el hombre, cuando envejece, no es como el joven: se fortalece con ella al ponerse en pie.
Dije: y en su caminar, como dijo alguno:
Solía andar apoyado en dos piernas *** y pasé a andar con otra de madera
Mālik —Dios tenga misericordia de él y esté complacido con él— dijo: la gente, cuando les venía la lluvia, salía con bastones apoyándose en ellos, hasta el punto de que los jóvenes retenían sus bastones; y quizá Rabīʿa tomaba el bastón de alguno de los que se sentaban con él hasta que se levantaba. Y entre los beneficios del cayado está que el hombre golpee con él a sus mujeres en lo que las enmiende, y enmiende su estado y el de ellas con él. De ello es su dicho —sobre él la paz—: (En cuanto a Abū Jahm, no deja su bastón de su hombro [11051]) en una de las versiones.
Y se ha transmitido de él —sobre él la paz— que dijo a un hombre al que aconsejaba: (No levantes tu bastón de tu familia: hazles temer a Dios). Lo narró ʿUbāda b. al-Ṣāmit; lo registró al-Nasā’ī.
Y de este sentido es su dicho —Dios le bendiga y le conceda paz—: (Cuelga tu látigo donde lo vea tu familia). Esto ya se ha adelantado en «Las mujeres» [11052] Y entre sus utilidades está advertir del tránsito desde esta morada, como se dijo a uno de los ascetas: «¿Por qué caminas con un bastón, si no eres anciano ni enfermo?». Dijo: «Sé que soy viajero, y que es una morada de partida, y que el bastón es parte del equipo del viaje». Un poeta lo tomó y dijo:
Llevé el bastón: no fue la debilidad la que impuso llevarlo *** ni que me encorvara por vejez
Sino que me obligué a llevarlo *** para hacerle saber que el residente está de viaje
En ella hay cinco cuestiones:
La primera.—
Su dicho —Exaltado sea—:
«¿Y qué es eso que tienes en tu diestra?»
Se ha dicho: este discurso fue de parte de Dios —Exaltado sea— a Moisés como revelación; porque dijo: (Escucha, pues, lo que se revela). Y es necesario que el profeta, en su fuero interno, tenga un milagro por el que conozca la veracidad de su propia profecía; así, le mostró en el cayado y en sí mismo lo que le mostró para ello. Y es posible que lo que le mostró en el árbol fuese un signo suficiente para él en sí mismo, y que luego la mano y el cayado fuesen un refuerzo de confirmación y una prueba con la que enfrentarse a su pueblo. Se discrepó acerca de «qué» en Su dicho (¿y qué es eso?): al-Zajjāj y al-Farrā’ dijeron: es un nombre incompleto, unido a «tu diestra», es decir: «¿cuál es la que está en tu diestra?». Dijo también: «eso» con el sentido de «esto»; y si hubiera dicho: «¿qué es aquello?», habría sido válido, es decir: «¿qué es esa cosa?». La finalidad de la pregunta es asentar el asunto hasta que Moisés diga: «es mi cayado», para que la prueba quede establecida contra él después de que lo haya reconocido; si no, Dios ya sabía qué era desde la preeternidad.
Ibn al-Jawharī dijo: y en algunos relatos se menciona que Dios —Exaltado sea— reprochó a Moisés el haber atribuido el cayado a sí mismo en aquel lugar; y se le dijo: «Arrójalo para que veas de él lo prodigioso, y sepas que no tienes dominio sobre él ni se te atribuye». Ibn Abī Isḥāq leyó «mi cayado» (ʿaṣī) según la lengua de Hudhayl; y es semejante a «¡oh, buena nueva mía!» [1] y «mi vivificador» [2], y ya se ha mencionado. Al-Ḥasan leyó «mi cayado» (ʿaṣāy) con kasra en la yā’ por el encuentro de dos consonantes quiescentes. De este tipo es la lectura de Ḥamza: «y vosotros no sois mis auxiliadores» [3][Ibrāhīm: 22]. Y de Ibn Abī Isḥāq se transmitió la yā’ en sukūn.
La segunda.—En esta aleya hay prueba de responder a la pregunta [4] con más de lo que se preguntó; pues cuando dijo: «¿Y qué es eso que tienes en tu diestra, oh Moisés?», mencionó cuatro significados: la atribución del cayado a sí mismo —cuando lo que le correspondía era decir: «un cayado»—, el apoyarse, el varear y los usos en general. Moisés mencionó de los beneficios de su cayado lo principal y lo más común, y resumió el resto. Y en el ḥadiz: se preguntó al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca del agua del mar y dijo: (Su agua es purificadora y lícita su carroña). Y una mujer le preguntó por un niño pequeño cuando se lo alzó hacia él, y dijo: «¿Tiene este peregrinación?». Dijo: (Sí, y para ti hay recompensa). Y hay muchos ejemplos semejantes en el ḥadiz.
La tercera.—
Su dicho —Exaltado sea—: «me apoyo en él», es decir, me sostengo en él al caminar y al estar de pie; de ahí el «apoyarse» (ittikā’). «Y con él vareo»: «y vareo» (wa-ahushshu) también, lo mencionó al-Naḥḥās. Es la lectura de al-Nakhaʿī [5], es decir, golpeo con él el follaje: golpeo las ramas de los árboles para que caigan sus hojas, y así a mi rebaño le resulta fácil alcanzarlas y comerlas.
Dijo el rajazista:
Vareo con el cayado para mis ovejas *** de la suave arāk y del bashām
Se dice: «vareó para su rebaño» (hashsha) —en el futuro: yahushshu—. Y «se alegró por el hombre» (hashsha ilā l-rajul) —con fatḥa—; y asimismo «se alegró por el bien» (hashsha li-l-maʿrūf), y «yo me alegré» (hashashtu). Y en el ḥadiz de ʿUmar: «me alegré un día y besé estando en ayuno».
Shammar dijo: es decir, me regocijé y lo deseé.
Dijo: y es posible «hāsha» con el sentido de «hashsha». Dijo al-Rāʿī:
Engrandeció por el sueño, y se alborozó su corazón *** y dio buena nueva a un alma que antes la reprendía
Es decir, se embriagó de gozo. El origen de la palabra es la blandura. Se dice: hombre «hishsh» y esposo «hishsh». ʿIkrima leyó «y ahuss» con sīn no punteada; se dijo: son dos lenguas con un mismo significado. Y se dijo: sus significados difieren: el «hashsh» con puntos es varear el árbol, y el «hass» sin puntos es arrear el rebaño; lo mencionó al-Māwardī. Así lo mencionó también al-Zamakhsharī. Y de ʿIkrima: «y ahuss» con sīn, es decir, las aparto de él arreándolas; y «al-hass» es arrear el rebaño.
La cuarta.—
Su dicho —Exaltado sea—: «y tengo en él otros usos», es decir, necesidades. Su singular es ma’ruba, ma’raba y ma’riba. Y dijo: «otros» en forma de singular, porque «usos» está en sentido de colectividad; pero el camino claro [6] en los complementos del plural de lo que no es racional es el singularizar y aludir a ello así, pues ello corre el curso de un femenino singular, como Su dicho —Exaltado sea—: «Y de Dios son los nombres más bellos: invocadlo, pues, por ellos» [7][al-Aʿrāf: 180], y como tu dicho: «¡Oh montañas, repetid con él!» [8][Saba’: 10]. Esto ya se ha adelantado en «al-Aʿrāf» [9]
La quinta.—Unos se ocuparon de enumerar los beneficios del cayado, entre ellos Ibn ʿAbbās. Dijo: cuando llego al brocal de un pozo y la cuerda queda corta, la empalmo con el cayado; y cuando me alcanza el calor del sol, lo hundo en la tierra y pongo sobre él lo que me dé sombra; y cuando temo algo de los animales dañinos de la tierra, lo mato con él; y cuando camino, lo pongo sobre mi hombro y cuelgo de él el arco, el carcaj y la alforja; y con él combato a las fieras para proteger al rebaño.
De él transmitió Maymūn b. Mihrān, quien dijo: llevar el cayado es una sunna de los profetas y un signo del creyente.
Al-Ḥasan al-Baṣrī dijo: en él hay seis cualidades: sunna de los profetas, adorno de los virtuosos, arma contra los enemigos, auxilio de los débiles, aflicción de los hipócritas y aumento en las obediencias.
Y se dice: si el creyente lleva consigo el cayado, el demonio huye de él; el hipócrita y el libertino se amedrentan ante él; y le sirve de qibla cuando ora, y de fuerza cuando se fatiga.
Al-Ḥajjāj se encontró con un beduino y le dijo: «¿De dónde vienes, beduino?». Dijo: «Del desierto». Dijo: «¿Y qué hay en tu mano?». Dijo: «Mi cayado: lo hincaré para mi oración [10], lo preparo para mis enemigos, con él conduzco mi montura, con él me fortalezco en mi viaje, y me apoyo en él al andar para que se ensanche mi zancada; con él salto el río; me protege de los tropiezos; pongo sobre él mi manto y me preserva del calor y me calienta del frío; me acerca lo que está lejos de mí; es el soporte de mi provisión de viaje y el colgadero de mi odre; con él desobedezco en el combate; con él llamo a las puertas; con él me guardo de los perros rabiosos; suple a la lanza en la estocada y a la espada en el duelo con los pares; lo heredé de mi padre y lo legaré tras de mí a mi hijo; con él vareo para mi rebaño, y tengo en él otros usos, muchos, que no se pueden contar».
Dije: los beneficios del cayado son muchos, y tiene entrada en lugares de la Ley: entre ellos, que se toma como qibla en el desierto; y el Profeta —sobre él la oración y la paz— tenía una ʿanaza [11] que se le hincaba y oraba hacia ella; y cuando salía el día de la fiesta, se ordenaba llevar una lanza y se colocaba delante de él, y oraba hacia ella; y esto está establecido en el Ṣaḥīḥ. La lanza, la ʿanaza, el nīzak y el instrumento son nombres de una misma cosa. Y tenía un miḥjan, que es un bastón de extremo curvo, con el que señalaba la Piedra si no podía besarla; también está establecido en el Ṣaḥīḥ.
En el Muwaṭṭa’, de al-Sā’ib b. Yazīd, dijo: ʿUmar b. al-Khaṭṭāb —Dios esté complacido con él— ordenó a Ubayy b. Kaʿb y a Tamīm al-Dārī que dirigieran a la gente con once rakʿas; y el recitador recitaba centenas de aleyas hasta el punto de que nos apoyábamos en los bastones por la longitud de la permanencia en pie, y no nos retirábamos sino al despuntar el alba.
En los dos Ṣaḥīḥ: que él —sobre él la oración y la paz— tenía una mikhṣara [12] Y hay consenso en que el predicador pronuncia el sermón apoyado en una espada o en un cayado. Así, el cayado procede de un origen noble y de una fuente ilustre, y no lo rechaza sino un ignorante. Dios reunió para Moisés, en su cayado, grandes pruebas y enormes signos, por los que creyeron los magos obstinados. Salomón lo tomó para su sermón, su exhortación y la prolongación de su oración. Ibn Masʿūd era el encargado del cayado del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y de su ʿanaza; y predicaba con la vara —y basta con ello como mérito sobre la noble condición del cayado—. Así lo hicieron los califas y los grandes predicadores; y es costumbre de los árabes puros, de lengua elocuente y verbo retórico, tomar la mikhṣara y el cayado y apoyarse en ellos al hablar, en asambleas y sermones. Los shuʿūbiyya reprobaron a los predicadores árabes el tomar la mikhṣara y señalar con ella los significados; y los shuʿūbiyya detestan a los árabes y prefieren a los no árabes.
Mālik dijo: ʿAṭā’ b. al-Sā’ib sostenía la mikhṣara y se ayudaba con ella.
Mālik dijo: y el hombre, cuando envejece, no es como el joven: se fortalece con ella al ponerse en pie.
Dije: y en su caminar, como dijo alguno:
Solía andar apoyado en dos piernas *** y pasé a andar con otra de madera
Mālik —Dios tenga misericordia de él y esté complacido con él— dijo: la gente, cuando les venía la lluvia, salía con bastones apoyándose en ellos, hasta el punto de que los jóvenes retenían sus bastones; y quizá Rabīʿa tomaba el bastón de alguno de los que se sentaban con él hasta que se levantaba. Y entre los beneficios del cayado está que el hombre golpee con él a sus mujeres en lo que las enmiende, y enmiende su estado y el de ellas con él. De ello es su dicho —sobre él la paz—: (En cuanto a Abū Jahm, no deja su bastón de su hombro [13]) en una de las versiones.
Y se ha transmitido de él —sobre él la paz— que dijo a un hombre al que aconsejaba: (No levantes tu bastón de tu familia: hazles temer a Dios). Lo narró ʿUbāda b. al-Ṣāmit; lo registró al-Nasā’ī.
Y de este sentido es su dicho —Dios le bendiga y le conceda paz—: (Cuelga tu látigo donde lo vea tu familia). Esto ya se ha adelantado en «Las mujeres» [14] Y entre sus utilidades está advertir del tránsito desde esta morada, como se dijo a uno de los ascetas: «¿Por qué caminas con un bastón, si no eres anciano ni enfermo?». Dijo: «Sé que soy viajero, y que es una morada de partida, y que el bastón es parte del equipo del viaje». Un poeta lo tomó y dijo:
Llevé el bastón: no fue la debilidad la que impuso llevarlo *** ni que me encorvara por vejez
Sino que me obligué a llevarlo *** para hacerle saber que el residente está de viaje
Notas y Referencias
[1] Quizá sea ʿAmr b. Murra, mencionado en la cadena de transmisión del ḥadiz (véase Ibn Mājah, t. 1, p. 139, y Sunan Abī Dāwūd, t. 1, p. 77, ed. Egipto).
[2] En algunas copias: «Abī Qāsim».
[3] En algunas copias: «al-masīy».
[4] Aleya 92 de la sura al-Ḥaŷŷ.
[5] Aleya 98 de la sura al-Naḥl.
[6] Su dicho: se le llama Khanẓab. En la Nihāya de Ibn al-Athīr: «Dijo Abū ʿAmr: es un sobrenombre suyo; y al-khanẓab (con fatḥa): un pedazo de carne; y se transmite también con kasra y con ḍamma».
[7] Adición tomada de Lisān al-ʿArab, entrada (ḥaŷar).
[8] Es al-Nābigha al-Dhubyānī, como en Lisān al-ʿArab (shaṭan).
[9] Adición tomada de Lisān al-ʿArab, entrada (shaṭan).
[10] En los originales: «idh baṭal»; la corrección es según al-Lisān.
[11] Al-fā’il: vena en los muslos, situada en la cavidad de la cadera, que desciende por las piernas.
[12] Lo ató en el hierro y en la ligadura cuando lo apretó.
[13] Véase t. 11, p. 111, y en t. 13, p. 121.
[14] Es decir: y dijo Dios: «es repartida».
[11039] Véase t. 9, p. 152 y p. 357.
[11040] Véase t. 7, p. 152.
[11041] Véase t. 9, p. 357.
[11042] En ŷ, ṭ, w, k y y: «al-mas’ūl» (lo preguntado).
[11043] Y se transmitió también de al-Nakhaʿī que leyó: «wa-uhushsh» con ḍamma en la hamza y en la shīn, de «ahashsha» en forma cuadrilítera.
[11044] Al-muhayyʿ: el camino claro, ancho y manifiesto.
[11045] Véase t. 7, p. 325 y p. 327 y ss.
[11046] Véase t. 14, p. 264 y ss.
[11047] Véase t. 7, p. 325 y p. 327 y ss.
[11048] En ŷ: «li-ṣawātī».
[11049] La ʿanaza: como media lanza, o algo mayor; y tiene una punta como la punta de la lanza.
[11050] Al-mikhṣara —con ḫā’ punteada y ṣād no punteada—: lo que el hombre toma en su mano y sostiene, sea un bastón, una muleta, una vara, o una vara delgada; y puede apoyarse en ello. Al-Nihāya.
[11051] Esto es del ḥadiz de Fāṭima bt. Qays: cuando acudió al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y le mencionó que Abū Jahm b. Ḥudhayfa y Muʿāwiya b. Abī Sufyān la habían pedido en matrimonio, dijo: «En cuanto a Abū Jahm, es un hombre que no levanta su bastón de las mujeres; y en cuanto a Muʿāwiya, es un indigente sin bienes». Al-Tirmidhī.
[11052] Véase t. …, p. 174.