2

La Vaca

البقرة Al-Baqarah
Aya 190

Versículo (Español)

[2:190] Y combatan por la causa de Dios a quienes los agredan, pero no se excedan, porque Dios no ama a los agresores.

Tafsir de Al-Qurtubi

{Y combatid por la causa de Allah a quienes os combaten, y no transgredáis. Ciertamente, Allah no ama a los transgresores} (190) En ella hay tres cuestiones:

La primera: Su dicho —Exaltado sea—: "Y combatid". Esta aleya es la primera que descendió ordenando el combate; y no hay discrepancia en que el combate estaba prohibido antes de la Hégira, por Su dicho: "Repele con lo que es mejor [1658]" [Fuṣṣilat: 34], y Su dicho: "Perdónales y pasa por alto [1659]" [Al-Mā’ida: 13], y Su dicho: "Y apártate de ellos con un apartamiento hermoso [1660]" [Al-Muzzammil: 10], y Su dicho: "No eres sobre ellos un dominador [1661]" [Al-Gāshiya: 22], y otros semejantes de lo que descendió en La Meca. Luego, cuando emigró a Medina, se ordenó el combate, y descendió: "Y combatid por la causa de Allah a quienes os combaten". Así lo dijo Al-Rabī‘ ibn Anas y otros. Y se transmitió de Abū Bakr al-Ṣiddīq que la primera aleya que descendió sobre el combate fue: "Se ha dado permiso a quienes son combatidos, por haber sido agraviados [1662]" [Al-Ḥaŷŷ: 39]. Pero la primera opinión es más extendida; y la aleya del permiso no descendió sino acerca del combate en general, tanto contra quien combate como contra quien no combate de entre los idólatras. Ello es que el Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— salió con sus compañeros hacia La Meca para la ‘umra; y cuando llegó a Al-Ḥudaybiya, cerca de La Meca —y Al-Ḥudaybiya es el nombre de un pozo, y aquel lugar fue llamado por el nombre de ese pozo—, los idólatras le impidieron el acceso a la Casa. Permaneció en Al-Ḥudaybiya un mes, y pactaron con él que regresara aquel año tal como había venido, y que se le dejaría libre La Meca el año siguiente durante tres días; y pactaron que no habría combate entre ellos durante diez años. Y regresó a Medina. Cuando al año siguiente se preparó para la ‘umra de compensación, los musulmanes temieron la traición de los incrédulos y detestaron combatir en el Ḥaram y en el mes sagrado; entonces descendió esta aleya, es decir: se os hace lícito el combate si los incrédulos os combaten. Así, la aleya está conectada con lo anterior, en la mención del ḥaŷŷ y de entrar en las casas por sus espaldas. De modo que —la paz sea con él— combatía a quien le combatía y se abstenía de quien se abstenía, hasta que descendió: "Matad, pues, a los idólatras [1663]" [Al-Tawba: 5], y esta aleya abrogó aquella, según lo dijo un grupo de sabios. E Ibn Zayd y Al-Rabī‘ dijeron: la abrogó: "Y combatid a los idólatras en su totalidad [1664]" [Al-Tawba: 36], y así se ordenó el combate contra todos los incrédulos. E Ibn ‘Abbās, ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Azīz y Muŷāhid dijeron: es determinante (muḥkama), es decir: combatid a quienes están en condición de combatiros, y no transgredáis matando a mujeres, niños, monjes y semejantes, conforme vendrá su explicación. Dijo Abū Ŷa‘far al-Naḥḥās: este es el más correcto de los dos dichos, según la Sunna y la consideración racional. En cuanto a la Sunna, el ḥadiz de Ibn ‘Umar: que el Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones sean con él— vio en una de sus expediciones a una mujer muerta, y reprobó ello, y prohibió matar a mujeres y niños; lo transmitieron los imames. En cuanto a la consideración racional, "fā‘il" por lo común no se da sino entre dos, como el combatirse, el injuriarse y el litigarse; y el combate no se da en mujeres ni en niños ni en quienes se les asemejan, como monjes, inválidos, ancianos y jornaleros: no se les mata. Con ello aconsejó Abū Bakr al-Ṣiddīq —Allah esté complacido con él— a Yazīd ibn Abī Sufyān cuando lo envió a Siria, salvo que de parte de estos haya daño; lo transmitió Mālik y otros. Y los sabios tienen respecto de ellos seis casos:

El primero: Las mujeres: si combaten, se las mata. Dijo Saḥnūn: tanto durante el combate como después de él, por la generalidad de Su dicho: "Y combatid por la causa de Allah a quienes os combaten", y: "Y matadlos dondequiera que los encontréis" [Al-Baqara: 191]. Y la mujer tiene efectos enormes en el combate: entre ellos, el suministro de bienes; entre ellos, la incitación al combate; y puede que salgan con el cabello suelto, lamentándose, excitando y avergonzando por la huida; y eso hace lícito matarlas. Sin embargo, si caen en cautiverio, la esclavización es más provechosa por la rapidez de su islamización y su retorno de sus religiones, y por la dificultad de su fuga a sus patrias, a diferencia de los hombres.

El segundo: Los niños: no se los mata, por la prohibición establecida de matar a la descendencia, y porque no hay obligación legal sobre ellos. Pero si el niño combate, se le mata.

El tercero: Los monjes: no se los mata ni se los esclaviza; antes bien, se les deja lo con que vivan de sus bienes. Esto, si están apartados de la gente de la incredulidad, por el dicho de Abū Bakr a Yazīd: "Y encontrarás a gentes que pretenden haberse recluido para Allah: déjalos, pues, y aquello para lo que pretenden haberse recluido". Pero si están con los incrédulos en las iglesias, se les mata. Y si la mujer se hiciera monja, se transmitió de Ashhab que no se la hostiga [1665] Y dijo Saḥnūn: el monacato no cambia su norma. Dijo el cadí Abū Bakr ibn al-‘Arabī: "Lo correcto, a mi juicio, es la transmisión de Ashhab, porque ella entra bajo Su dicho: "déjalos, pues, y aquello para lo que se recluyeron"".

El cuarto: Los inválidos. Dijo Saḥnūn: se los mata. Y dijo Ibn Ḥabīb: no se los mata. Y lo correcto es considerar sus estados: si hay de parte de ellos daño, se los mata; y si no, se los deja, con lo que tienen de invalidez, y pasan a ser [1666] una carga en su condición y un relleno.

El quinto: Los ancianos. Dijo Mālik en el Libro de Muḥammad: no se los mata. Y lo que sostiene la mayoría de los juristas es: si es un anciano muy mayor y decrépito, que no puede combatir ni se obtiene de él beneficio en opinión ni en defensa, entonces no se le mata; así lo dijeron Mālik y Abū Ḥanīfa. Al-Shāfi‘ī tiene dos opiniones: Una: como la opinión del grupo. La segunda: se mata a él y al monje. Y lo correcto es la primera, por el dicho de Abū Bakr a Yazīd; y no hay quien le contradiga, por lo que queda establecido que es consenso. Además, es de quienes no combaten ni ayudan al enemigo, y no es lícito matarlo, como a la mujer. Pero si es de quienes se teme su perjuicio por la guerra, o por la opinión, o por los bienes, entonces, si es capturado, el imán tiene elección respecto de cinco cosas: matarlo, o concederle la gracia, o rescatarlo, o esclavizarlo, o pactar con él la dhimma a cambio del pago de la ŷizya. El sexto: Los ‘asafā’, que son los jornaleros y los labradores. Dijo Mālik en el Libro de Muḥammad: no se los mata. Y dijo Al-Shāfi‘ī: se mata a los labradores, a los jornaleros y a los ancianos muy mayores, salvo que se islamicen o paguen la ŷizya. Y la primera opinión es más correcta, por su dicho —la paz sea con él— en el ḥadiz de Rabāḥ [1667] ibn al-Rabī‘: (Alcánzale a Jālid ibn al-Walīd: que no mate ni descendencia ni ‘asīf). Y dijo ‘Umar ibn al-Khaṭṭāb: temed a Allah respecto de la descendencia y de los labradores que no os levantan guerra. Y ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Azīz no mataba a un labrador; lo mencionó Ibn al-Mundhir.

La segunda: Ashhab transmitió de Mālik que lo pretendido por Su dicho: "Y combatid por la causa de Allah a quienes os combaten" son la gente de Al-Ḥudaybiya [1668]: se les ordenó combatir a quien les combatiera. Y lo correcto es que es un خطاب dirigido a todos los musulmanes: se ordena a cada cual combatir a quien le combate, pues no es posible otra cosa. ¿Acaso no ves cómo lo aclaró en la sura "Barā’a" con Su dicho: "Combatid a los incrédulos que están más próximos a vosotros [1669]" [Al-Tawba: 123]? Y ello es que el objetivo primero eran los habitantes de La Meca, por lo que se determinó comenzar por ellos; y cuando Allah abrió La Meca, el combate fue contra los más próximos de entre quienes dañaban, hasta que la llamada se generalice y la Palabra alcance todos los horizontes, y no quede nadie de los incrédulos. Y esto permanece y continúa hasta el Día de la Resurrección, extendiéndose hasta un límite, que es su dicho —la paz sea con él—: (Los caballos tienen atado en sus copetes el bien hasta el Día de la Resurrección: la recompensa y el botín). Y se dijo: su límite es el descenso de ‘Īsā ibn Maryam —la paz sea con él—; y ello concuerda con el ḥadiz anterior, porque su descenso es de las señales de la Hora.

La tercera: Su dicho —Exaltado sea—: "y no transgredáis". Se dijo en su interpretación lo que ya hemos adelantado; así, es determinante (muḥkama). En cuanto a los apóstatas, no hay sino la muerte o el arrepentimiento; y asimismo la gente de la desviación y del extravío: no hay sino la espada o el arrepentimiento. Y quien oculta la creencia en lo falso [1670] y luego se descubre, es como el zindīq: se le mata y no se le pide arrepentimiento. En cuanto a los jārŷíes que se alzan contra los imames de justicia, es obligatorio combatirlos hasta que retornen a la verdad. Y dijo un grupo: el sentido es: no transgredáis en el combate por algo distinto del rostro de Allah, como el fanatismo o la búsqueda de renombre; antes bien, combatid por la causa de Allah a quienes os combaten, es decir, por religión y para hacer manifiesta la Palabra. Y se dijo: "no transgredáis", es decir: no combatáis a quien no combate. Según esto, la aleya estaría abrogada por la orden de combatir a todos los incrédulos. Y Allah sabe más.

[1658] [1659] [1660] [1661] [1662] [1663] [1664] [1665] [1666] [1667] [1668] [1669] [1670]

Notas y Referencias

[1658] Véase t. 12, p. 147.

[1659] Véase t. 6, p. 116.

[1660] Véase t. 19, p. 44.

[1661] Véase t. 20, p. 37.

[1662] Véase t. 12, p. 67.

[1663] Véase t. 8, p. 72 y p. 132.

[1664] Es Yazīd ibn Abī Sufyān ibn Ḥarb. Se islamizó el día de la conquista de La Meca. Abū Bakr —Allah esté complacido con él— le confirió, en el año 13 H, el mando junto con emires y ejércitos hacia Siria; fue el primero de los emires que partieron hacia ella. Abū Bakr lo despidió caminando, y le dijo: "... Y ciertamente te recomiendo diez cosas: no mates a una mujer, ni a un niño, ni a un anciano decrépito; no cortes un árbol frutal; no destruyas una construcción habitada; no degüelles una oveja ni un camello sino para comer; no quemes colmenas ni las anegues; no malverses del botín ni defraudes". Véase el Muwaṭṭa’ de Mālik, capítulo del ŷihād, y las Ṭabaqāt de Ibn Sa‘d y la Historia de al-Ṭabarī.

[1665] «No se la hostiga»: es decir, no se la molesta ni se la ahuyenta.

[1666] Así está en los ejemplares base.

[1667] Rabāḥ, con ب (bā’) simple. Y se dijo: con ي (yā’) con dos puntos debajo. Véase Tahḏīb al-Tahḏīb, en la letra rā’.

[1668] En a, b, z: «la gente de Medina».

[1669] Véase t. 8, p. 297.

[1670] En algunas copias del original: «... en lo oculto....», con «nūn».