La Caverna
الكهف Al-KahfVersículo (Español)
[18:95] Les dijo: "Lo que mi Señor me ha concedido es superior [a lo que puedan ofrecerme]. Ayúdenme y erigiré una muralla entre ustedes y ellos.
Tafsir de Al-Qurtubi
{Dijo: «Lo que mi Señor me ha concedido como poder es mejor; así pues, ayudadme con fuerza: levantaré entre vosotros y ellos un dique»} (95)
Su dicho —Exaltado sea—:
{Dijo: «Lo que mi Señor me ha concedido como poder es mejor»}
En ello hay dos cuestiones:
La primera—
Su dicho —Exaltado sea—:
«Dijo: “Lo que mi Señor me ha concedido como poder es mejor; así pues, ayudadme con fuerza”».
El sentido es que Dhū l-Qarnayn les dijo: lo que Dios —Exaltado sea— me ha otorgado de capacidad y soberanía es mejor que vuestro tributo y vuestras riquezas; pero ayudadme con la fuerza de los cuerpos, es decir, con hombres y trabajo corporal por vuestra parte[10741], y con el instrumento con el que edificaré el dique, que es la muralla. Esto es un apoyo de Dios —Exaltado sea— a Dhū l-Qarnayn en este diálogo, pues si la gente le hubiera reunido un tributo, nadie le habría ayudado; y si les hubiera dejado la construcción y su auxilio[10742] a ellos mismos, habría sido más hermoso para él y más rápido en la conclusión de esta obra, y quizá habría superado lo que le mencionaron respecto del tributo. Ibn Kaṯīr leyó en solitario: «mā makkannanī» con dos nūn. Los demás leyeron: «mā makkananī fīhi rabbī».
La segunda— En esta aleya hay prueba de que al rey le es obligatorio encargarse de la protección de la creación: preservar su integridad, cerrar su brecha, y reparar sus fronteras, con los bienes de ellos que retornan sobre ellos, y con sus derechos que su tesorería reúne bajo su mano y su supervisión; de modo que, aun si los derechos los consumieran y los gastos los agotaran, sería obligación de ellos compensar eso con sus bienes, y obligación de él velar bien por ellos.
Y ello con tres condiciones:
La primera: que no se apropie en exclusiva de nada en perjuicio de ellos.
La segunda: que comience por los necesitados y los auxilie.
La tercera: que iguale entre ellos en la asignación, conforme al rango de sus posiciones.
Si tras esto se agotara y quedara en cero, y los acontecimientos hicieran aparecer una situación, ofrecerían sus personas antes que sus bienes; y si eso no bastara, entonces sus bienes se tomarían de ellos con una estimación y una administración mediante una disposición prudente.
Así, Dhū l-Qarnayn, cuando le ofrecieron dinero para que los librara de lo que temían de la agresión de Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ, dijo: no lo necesito; lo que necesito es a vosotros: «así pues, ayudadme con fuerza», es decir, servid con vuestras personas conmigo; pues el dinero está conmigo y los hombres están con vosotros. Y vio que el dinero no les basta, porque si lo tomaba como salario, eso disminuiría de lo que él necesita, y el salario recaería de vuelta sobre ellos. Por ello, el ofrecimiento voluntario del servicio corporal era más apropiado. Y la regla que rige los asuntos es que no es lícito el bien de nadie sino por una necesidad que sobrevenga; entonces se toma ese bien públicamente, no en secreto, y se gasta con justicia, no con apropiación exclusiva, y con el parecer del colectivo, no con la imposición unilateral del asunto. Y Dios —Exaltado sea— es Quien concede el acierto.
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