18

La Caverna

الكهف Al-Kahf
Aya 82

Versículo (Español)

[18:82] En cuanto al muro, pertenecía a dos jóvenes huérfanos del pueblo. Debajo de él había un tesoro que les pertenecía. Su padre había sido un hombre piadoso y tu Señor quiso que cuando alcanzaran la madurez encontraran el tesoro, como una misericordia de tu Señor. Yo no lo hice por iniciativa propia. Ésta es la interpretación de aquello sobre lo que no tuviste paciencia".

Tafsir de Al-Qurtubi

{Y en cuanto al muro, pertenecía a dos muchachos huérfanos en la ciudad; y debajo de él había un tesoro para ambos; y su padre era justo. Y tu Señor quiso que alcanzaran su plena madurez y extrajeran su tesoro, como misericordia de tu Señor. Y no lo hice por mi propia iniciativa. Esa es la interpretación de aquello sobre lo que no pudiste tener paciencia} (82) Palabras del Altísimo: «Y en cuanto al muro, pertenecía a dos muchachos huérfanos en la ciudad». Estos dos muchachos eran pequeños, por el indicio de haber sido descritos como huérfanos; y sus nombres eran Aṣram y Ṣarīm[10682] Y, ciertamente, dijo —sobre él la plegaria y la paz—: «No hay orfandad después de la pubertad». Esto es lo aparente. Y cabe, no obstante, que el nombre de orfandad permanezca sobre ellos tras la pubertad si son huérfanos, en el sentido de compasión hacia ellos. Ya se ha mencionado[10683] que la orfandad en los seres humanos es por la pérdida del padre, y en los demás animales por la pérdida de la madre.

Y la expresión: «en la ciudad» indica que a la aldea se la denomina “ciudad”; y de ello procede el hadiz: «Se me ha ordenado [dirigirme] a una aldea[10684] que devora a las aldeas…». Y en el hadiz de la Hégira: «¿De dónde eres?» Y el hombre respondió: “De la gente de la ciudad”, queriendo decir La Meca.

Palabras del Altísimo: «y debajo de él había un tesoro para ambos». La gente discrepó acerca del “tesoro”. ʿIkrima y Qatāda dijeron: era una gran riqueza, y esto es lo aparente por el sentido del término “tesoro”, pues en la lengua es el dinero reunido; ya ha pasado la exposición[10685] al respecto. E Ibn ʿAbbās dijo: «Era conocimiento en hojas enterradas». Y también se transmitió de él que dijo: «Era una lámina de oro en la que estaba escrito: “En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso. Me asombra quien cree en el decreto cómo se entristece; me asombra quien cree en el sustento cómo se fatiga; me asombra quien cree en la muerte cómo se alegra; me asombra quien cree en la rendición de cuentas cómo se descuida; me asombra quien cree en el mundo y en su alternancia con su gente cómo se tranquiliza con él. No hay divinidad sino Dios; Muḥammad es el Mensajero de Dios”». Se narró algo semejante de ʿIkrima y de ʿUmar, liberto de Ġufra; y lo narró ʿUṯmān ibn ʿAffān —Dios esté complacido con él— del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—.

Palabras del Altísimo: «y su padre era justo». Lo aparente del enunciado, y lo precedente en el contexto, es que se trata de su padre en el sentido más inmediato[10686] Y se dijo: era el séptimo antepasado; lo dijo Jaʿfar ibn Muḥammad. Y se dijo: el décimo; y por él fueron preservados, aunque no se mencione su rectitud; y se llamaba Kāšiḥ. Muqātil dijo: el nombre de su madre era Dunyā[10687]; lo mencionó al-Naqqāš[10688] En ello hay indicio de que Dios —Altísimo— preserva al justo en sí mismo y en su descendencia, aunque estén alejados de él. Y se ha transmitido que Dios —Altísimo— preserva al justo en siete de su descendencia[10689] Y a esto apunta la palabra del Altísimo: «Ciertamente, mi Protector es Dios, Quien hizo descender el Libro, y Él se encarga de los justos»[10690][al-Aʿrāf: 196].

Palabras del Altísimo: «Y no lo hice por mi propia iniciativa». Esto implica que al-Jaḍir es profeta; ya ha precedido la discrepancia acerca de ello. «Esa es la interpretación»: es decir, la explicación. «de aquello sobre lo que no pudiste tener paciencia». Un grupo leyó: «tastaṭīʿ», y la mayoría leyó: «tastaʿ». Dijo Abū Ḥātim: así leemos, conforme a la grafía del muṣḥaf.

Aquí hay cinco cuestiones:

La primera: Si alguien dijera: ¿por qué no se oye mención del joven de Moisés ni al comienzo de la historia ni al final? Se le responde: se discrepó sobre ello. ʿIkrima dijo a Ibn ʿAbbās: —No se oye mención del joven de Moisés, pese a que estaba con él. Él respondió: «El joven bebió del agua y quedó inmortal; y el sabio lo tomó y lo encerró en una nave[10691], luego lo arrojó al mar; y, ciertamente, ella lo mece en su interior hasta el Día de la Resurrección, y ello porque no le era lícito beber de ella, pero bebió». Dijo al-Qušayrī: si esto se confirma, entonces el joven no es Yūšaʿ ibn Nūn, pues Yūšaʿ ibn Nūn vivió después de Moisés y fue su sucesor. Y lo más probable es que Moisés apartara a su joven cuando se encontró con al-Jaḍir. Y dijo nuestro shayj, el imán Abū al-ʿAbbās: cabe que se haya considerado suficiente mencionar al seguido en lugar del seguidor. Y Dios sabe más.

La segunda: Si alguien dijera: ¿cómo al-Jaḍir atribuyó a Dios —Altísimo— la historia de extraer el tesoro de los dos muchachos, mientras que en el caso de la nave dijo: «y quise dañarla», atribuyendo el daño a sí mismo? Se le responde: la voluntad en el asunto del muro se atribuyó a Dios —Altísimo— porque se trata de algo futuro, en un tiempo largo, perteneciente a lo oculto de los ocultos; y fue apropiado singularizar este lugar con la mención de Dios —Altísimo—, aunque al-Jaḍir lo quisiera: lo que Dios —Altísimo— le hizo saber es que lo quisiera. Y se dijo: como todo ello era bien, lo atribuyó a Dios —Altísimo—; y atribuyó el defecto de la nave a sí mismo por consideración del decoro, pues es una expresión de “defecto”, y guardó el decoro al no atribuir la voluntad en ello sino a sí mismo; como guardó el decoro Abraham —sobre él la paz— en su dicho: «Y cuando enfermo, Él me cura»[10692]; atribuyó la acción antes y después a Dios —Altísimo—, y atribuyó a sí mismo la enfermedad, pues es un sentido de carencia y calamidad. Así, no se atribuye a Él —Glorificado y Altísimo—, de las expresiones, sino lo que se considera bello, no lo que se considera reprobable. Y esto es como la palabra del Altísimo[10693]: «En Tu mano está el bien»[10694][Āl ʿImrān: 26]; y se limitó a ello, sin atribuirle el mal, aunque en Su mano están el bien y el mal, el daño y el beneficio, pues Él es Poderoso sobre toda cosa y Conocedor de toda cosa. Y no hay objeción por lo que él —sobre él la paz— transmitió de su Señor —Poderoso y Majestuoso— que dice el Día de la Resurrección: «¡Oh hijo de Adán! Enfermé y no me visitaste; te pedí alimento y no me alimentaste; te pedí de beber y no me diste de beber». Pues esto es un descenso en el discurso y una delicadeza en el reproche, cuyo sentido es dar a conocer el favor del Poseedor de la Majestad y la magnitud de la recompensa de estas obras. Ya ha precedido este sentido; y Dios —Altísimo— sabe más. Y a Dios —Altísimo— le corresponde atribuirse a Sí mismo lo que quiera; y nosotros no atribuimos sino lo que se nos ha permitido de los atributos hermosos y de los actos nobles. Exaltado sea por encima de las carencias y las afecciones, con una exaltación inmensa. Y en el caso del muchacho dijo: «y quisimos», como si atribuyera la muerte a sí mismo y la sustitución a Dios —Altísimo—. Y “la plena madurez” es la perfección de la constitución y de la razón. Ya ha pasado la exposición de ello en «al-Anʿām»[10695] Y alabado sea Dios.

La tercera: Dijo nuestro shayj, el imán Abū al-ʿAbbās: un grupo de zindīqs de los bāṭiníes se inclinó a seguir un camino del que se sigue la obligatoriedad de estas normas legales. Dijeron: estas normas legales generales solo se aplican a los profetas[10696] y a la gente común; en cuanto a los santos y la gente de la particularidad, no necesitan esos textos; antes bien, se les incrementa a partir de lo que acontece en sus corazones, y se les juzga por lo que predomina en ellos de sus pensamientos. Y dijeron: ello se debe a la pureza de sus corazones de las turbiedades y a su vaciamiento de lo ajeno; así se les manifiestan las ciencias divinas y las realidades señoriales; se detienen en los secretos de los seres y conocen los dictámenes de las particularidades; y con ello se bastan de los dictámenes de las leyes universales, como ocurrió con al-Jaḍir, pues se bastó con lo que se le manifestó de las ciencias, frente a lo que Moisés tenía de aquellas comprensiones. Y en lo que ellos transmiten se ha dicho: «Consulta a tu corazón, aunque los muftíes te den fatwa». Dijo nuestro shayj —Dios esté complacido con él—: esta afirmación es zandaqa e incredulidad; se mata a quien la profesa y no se le pide arrepentimiento, porque es negación de lo sabido de las leyes. Pues Dios —Altísimo— ha hecho correr Su norma y ha ejecutado Su sabiduría: Sus dictámenes no se conocen sino por mediación de Sus mensajeros, embajadores entre Él y Su creación; ellos son quienes transmiten de Él Su mensaje[10697] y Su palabra, quienes explican Sus leyes y Sus dictámenes. Los eligió para ello y los singularizó con lo que hay allí, como dijo el Altísimo: «Dios elige, de entre los ángeles, mensajeros, y de entre los hombres; ciertamente Dios es Omnioyente, Omnividente»[10698][al-Ḥaǧǧ: 75]. Y dijo el Altísimo: «Dios sabe mejor dónde coloca Su mensaje»[10699][al-Anʿām: 241]. Y dijo el Altísimo: «La gente era una sola comunidad; entonces Dios envió a los profetas como portadores de buenas nuevas y como amonestadores»[10700][al-Baqara: 213] [la aleya][10701], y otras aleyas. En suma: se ha obtenido el conocimiento cierto, la certeza necesaria, y el consenso de los primeros y los últimos, de que no hay camino para conocer los dictámenes de Dios —Altísimo—, que remiten a Su orden y Su prohibición, y que nada de ello se conoce sino por la vía de los mensajeros. Quien diga: “hay otro camino por el que se conoce Su orden y Su prohibición, distinto de los mensajeros, de modo que se prescinde de los mensajeros”, es incrédulo: se le mata y no se le pide arrepentimiento; y no se necesita con él pregunta ni respuesta. Además, es una afirmación que implica establecer profetas después de nuestro Profeta —sobre él la plegaria y la paz—, a quien Dios ha hecho el sello de Sus profetas y mensajeros: no hay profeta después de él ni mensajero. La explicación de ello es que quien dice que toma de su corazón, y que lo que acontece en él es el dictamen de Dios —Altísimo—, y que obra conforme a ello, y que no necesita para ello ni Libro ni Sunna, ha establecido para sí mismo la particularidad de la profecía. Pues esto se asemeja a lo que dijo —sobre él la plegaria y la paz—: «Ciertamente, el Espíritu Santo insufló en mi interior…», el hadiz.

La cuarta: La mayoría de la gente sostuvo que al-Jaḍir murió —sobre él la plegaria y la paz—. Y un grupo dijo: está vivo porque bebió de la Fuente de la Vida; y que permanece en la tierra y que peregrina a la Casa. Dijo Ibn ʿAṭiyya: al-Naqqāš se extendió en este asunto y mencionó en su libro muchas cosas de ʿAlī ibn Abī Ṭālib y otros; pero ninguna se sostiene. Y si al-Jaḍir —sobre él la paz— estuviera vivo y peregrinara, tendría una manifestación en la religión del Islam. Y Dios, el Conocedor de los detalles de las cosas —no hay señor fuera de Él—. Y de lo que decide la muerte de al-Jaḍir —sobre él la paz— ahora está la palabra del Profeta —sobre él la plegaria y la paz—: «¿Veis vuestra noche esta? Ciertamente, no quedará de quienes hoy están sobre la faz de la tierra ninguno».

Digo: a esto fue al-Buḫārī, y lo eligió el cadí Abū Bakr ibn al-ʿArabī. Y lo correcto es la segunda opinión: que está vivo, conforme a lo que mencionaremos. El hadiz lo transmitió Muslim en su Ṣaḥīḥ, de ʿAbd Allāh ibn ʿUmar, quien dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— nos dirigió una noche la oración de ʿišāʾ al final de su vida; y cuando saludó, se levantó y dijo: «¿Veis vuestra noche esta? Ciertamente, al cabo de cien años desde ella, no quedará de quienes estén sobre la faz de la tierra ninguno[10702]». Dijo Ibn ʿUmar: la gente se confundió[10703] respecto a las palabras del Mensajero de Dios en aquello que comentaban de estos hadices sobre cien años. Y el Mensajero de Dios[10704]—sobre él la plegaria y la paz— solo dijo: «No quedará de quienes hoy están sobre la faz de la tierra ninguno», queriendo decir con ello que esa generación se extinguiría. Y también lo narró por la vía de Ǧābir ibn ʿAbd Allāh, quien dijo: oí al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decir, un mes antes de morir: «Me preguntáis por la Hora, pero su conocimiento está junto a Dios. Y juro por Dios: no hay sobre la tierra alma nacida[10705] a la que le sobrevengan cien años». Y en otra versión dijo Sālim: recordamos que «fue creada aquel día». Y en otra: «No hay alma nacida hoy a la que le sobrevengan cien años estando viva entonces». Y la explicó ʿAbd al-Raḥmān, el encargado de la provisión de agua, diciendo: “disminución de la vida”[10706] Y de Abū Saʿīd al-Ḫudrī se transmitió algo semejante. Dijeron nuestros sabios: el resultado de lo que contiene este hadiz es que él —sobre él la plegaria y la paz— informó, un mes antes de su muerte, que quien de los hijos de Adán existiera entonces no excedería en su vida de cien años; por su dicho —sobre él la plegaria y la paz—: «no hay alma nacida». Esta expresión no abarca a los ángeles ni a los genios, pues no se ha confirmado respecto de ellos que sean así; ni a los animales irracionales, por su dicho: «de quienes están sobre la faz de la tierra, ninguno», y esto, en su uso originario, solo se dice de quien razona. Queda determinado, pues, que lo pretendido son los hijos de Adán. E Ibn ʿUmar aclaró este sentido al decir: “quería decir con ello que esa generación se extinguiría”. Y no hay prueba, para quien se apoya en ello, para invalidar la opinión de quien dice que al-Jaḍir está vivo, por la generalidad de su dicho: «no hay alma nacida», porque la generalidad, aunque refuerce la inclusión total, no es un texto explícito en ello, sino que admite especificación. Así como no abarcó a ʿĪsā —sobre él la paz—, pues no murió ni fue matado: está vivo por el texto del Corán y su sentido; ni abarca al Daǧǧāl, pese a que está vivo, por la prueba del hadiz de al-Ǧassāsa[10707]; así tampoco abarca a al-Jaḍir —sobre él la paz—, y no es visible para la gente ni de quienes se mezclan con ellos, de modo que se les ocurra al dirigirse unos a otros. Un universal de este tipo no lo incluye. Y se ha dicho: los Compañeros de la Cueva están vivos y peregrinan con ʿĪsā —sobre él la plegaria y la paz—, como ya se mencionó. Y asimismo el joven de Moisés, según la opinión de Ibn ʿAbbās, como hemos citado. Abū Isḥāq al-Ṯaʿlabī mencionó en su libro al-ʿArāʾis: lo correcto es que al-Jaḍir[10708] es un profeta longevo, velado a las miradas. Y Muḥammad ibn al-Mutawakkil narró de Ḍamra ibn Rabīʿa, de ʿAbd Allāh ibn Šawḏab[10709], quien dijo: al-Jaḍir —sobre él la paz— es de la descendencia de Fāris, e Ilyās es de los Hijos de Israel; se encuentran cada año en la temporada. Y de ʿAmr ibn Dīnār: al-Jaḍir e Ilyās no dejan de estar vivos en la tierra mientras el Corán esté en la tierra; cuando sea retirado, morirán. Y nuestro shayj, el imán Abū Muḥammad ʿAbd al-Muʿṭī ibn Maḥmūd ibn ʿAbd al-Muʿṭī al-Laḫmī, en su comentario a la Risāla de al-Qušayrī, mencionó numerosos relatos de un grupo de varones y mujeres justos, de que vieron a al-Jaḍir —sobre él la paz— y se encontraron con él; el conjunto de ello aporta un grado máximo de conjetura sobre su vida, junto con lo que mencionaron al-Naqqāš, al-Ṯaʿlabī y otros. Y en el Ṣaḥīḥ de Muslim se recoge: «que el Daǧǧāl llega a algunas salinas contiguas a Medina, y sale hacia él aquel día un hombre que es el mejor de la gente —o— de los mejores de la gente…», el hadiz. Y al final de él dijo Abū Isḥāq: es decir[10710] que ese hombre es al-Jaḍir. Ibn Abī al-Dunyā mencionó en el libro al-Hawātif, con una cadena que lo detiene en ʿAlī ibn Abī Ṭālib —Dios, Altísimo, esté complacido con él—: «que se encontró con al-Jaḍir, y este le enseñó esta súplica; y mencionó que en ella hay una recompensa inmensa, perdón y misericordia para quien la diga tras cada oración; y es: “¡Oh Tú a quien una audición no distrae de otra audición! ¡Oh Tú a quien las cuestiones no confunden! ¡Oh Tú que no te hastías de la insistencia de los insistentes! Hazme gustar la frescura de Tu perdón y la dulzura de Tu absolución”». Y también mencionó de ʿUmar ibn al-Ḫaṭṭāb —Dios esté complacido con él—, sobre esta misma súplica, algo semejante a lo que mencionó de ʿAlī ibn Abī Ṭālib —Dios, Altísimo, esté complacido con él—, acerca de haberla oído de al-Jaḍir. Y también mencionó el encuentro de Ilyās con el Profeta —sobre él la plegaria y la paz—. Y si es posible la permanencia de Ilyās hasta la época del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, es posible la permanencia de al-Jaḍir. Y se ha mencionado que ambos se encuentran junto a la Casa cada año, y que dicen al separarse: «Lo que Dios quiera, lo que Dios quiera; no aparta el mal sino Dios. Lo que Dios quiera, lo que Dios quiera; lo que haya de gracia, es de Dios. Lo que Dios quiera, lo que Dios quiera; me encomiendo a Dios; Dios nos basta, y qué excelente Protector». En cuanto a la noticia de Ilyās, vendrá en «al-Ṣāffāt»[10711], si Dios —Altísimo— quiere.

Y Abū ʿUmar ibn ʿAbd al-Barr mencionó en el libro al-Tamhīd, de ʿAlī —Dios, Altísimo, esté complacido con él—, que dijo: «Cuando falleció el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— y fue cubierto con un paño, una voz clamó desde el lado de la Casa; oían su voz pero no veían su figura: “La paz sea con vosotros, y la misericordia de Dios, y Sus bendiciones. La paz sea con vosotros, gente de la Casa: ‘Toda alma gustará la muerte…’[10712][Āl ʿImrān: 185] —la aleya—. En Dios hay sustitución por todo perecido, compensación por todo perdido, y consuelo por toda calamidad. En Dios, pues, confiad; y a Él, pues, esperad. Porque el afligido es quien se ve privado de la recompensa”». Y consideraban que era al-Jaḍir —sobre él la plegaria y la paz—; es decir, los Compañeros del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—. Y el artículo en su dicho: «sobre la tierra» es para lo conocido, no para el género: es la tierra de los árabes, como lo prueba que su tránsito se da en ella y hacia ella mayormente, no hacia la tierra de Yaʾǧūǧ y Maʾǧūǧ ni hacia los confines de las islas de la India y el Sind, de lo cual no golpea el oído su nombre ni se conoce su realidad. Y no hay respuesta respecto al Daǧǧāl.

Dijo al-Suhaylī: se discrepó sobre el nombre de al-Jaḍir con divergencia notable. De Ibn Munabbih se transmitió que dijo: Abliyā ibn Malkān ibn Fāliġ ibn Šāliḫ ibn Arfaḫšad ibn Sām ibn Nūḥ. Y se dijo: es hijo de ʿĀmīl ibn Samāqḥīn ibn Aryā ibn ʿAlqamā ibn ʿĪṣū ibn Isḥāq; y que su padre era rey; y que su madre era hija de Fāris y se llamaba Almā; y que lo dio a luz en una gruta; y que fue hallado allí, y una oveja lo amamantaba cada día de entre el rebaño de un hombre de la aldea; el hombre lo tomó y lo crió. Cuando creció y el rey —su padre— buscó un escriba y reunió a la gente de conocimiento y nobleza para escribir las hojas que fueron reveladas a Abraham y a Šīṯ, entre los primeros a quienes hizo venir para escribir estaba su hijo al-Jaḍir, sin que él lo reconociera. Y cuando le agradó su caligrafía y su conocimiento, e investigó con claridad su asunto, supo que era su hijo[10713]; lo incorporó a sí[10714] y le confió el gobierno de la gente. Luego al-Jaḍir huyó del rey por causas cuya mención se alargaría, hasta que encontró la Fuente de la Vida y bebió de ella; y está vivo hasta que salga el Daǧǧāl; y que es el hombre a quien el Daǧǧāl mata y corta, y luego Dios —Altísimo— lo devuelve a la vida. Y se dijo: no alcanzó la época del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—; y esto no es correcto. Y al-Buḫārī y un grupo de la gente del hadiz —entre ellos nuestro shayj Abū Bakr ibn al-ʿArabī, Dios —Altísimo— tenga misericordia de él— dijeron: murió antes de que se completaran los cien años, por su dicho —sobre él la plegaria y la paz—: «Al cabo de cien años no quedará sobre esta tierra, de quienes están sobre ella, ninguno», es decir, de quienes estaban vivos cuando pronunció estas palabras.

Digo: ya hemos mencionado este hadiz y el discurso sobre él, y hemos aclarado la vida de al-Jaḍir hasta ahora. Y Dios sabe más.

La quinta: Se dijo que, cuando al-Jaḍir se dispuso a separarse de Moisés, Moisés le dijo: “Aconséjame”. Dijo: “Sé sonriente y no seas risueño; deja la porfía; no camines sin necesidad; no reproches a los que yerran sus faltas; y llora por tu falta, ¡oh hijo de ʿImrān!”

Notas y Referencias

[10682] En جـ, ك y ي: Aṣīram.

[10683] Véase t. 2, p. 14.

[10684] La aldea es la Ciudad del Mensajero —sobre él la plegaria y la paz—; y el sentido de “devorar a las aldeas” es lo que se conquista, por manos de su gente, de las ciudades, y lo que obtienen de sus botines.

[10685] Véase t. 8, p. 123.

[10686] Dinya: “de modo inmediato”, es decir, el padre más cercano.

[10687] En Rūḥ al-Maʿānī: Dahnā.

[10688] En ي: al-Naḥḥās.

[10689] En el margen de جـ: descendencia.

[10690] Véase t. 7, p. 342.

[10691] En جـ y ك: su nave.

[10692] Véase t. 13, p. 110.

[10693] En جـ, ك y ي: “lo dijo”.

[10694] Véase t. 4, p. 55.

[10695] Véase t. 7, p. 134 y ss.

[10696] Así en los testimonios, y es claro.

[10697] En جـ, ك y ي: Sus mensajes.

[10698] Véase t. 12, p. 98.

[10699] Esta es la lectura de Nāfiʿ con la que recitaba el exegeta. Véase t. 7, p. 79.

[10700] Véase t. 3, p. 30.

[10701] De جـ, ك y ي.

[10702] El hadiz, tal como está en los testimonios, su corrección es la que viene a continuación.

[10703] «Wahal» respecto a algo es como ḍaraba; es decir: erró y su conjetura se desvió de lo correcto. El sentido es que los Compañeros —Dios esté complacido con ellos— erraron y su conjetura se desvió de lo correcto al interpretar las palabras del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—; de modo que algunos decían: la Hora tendrá lugar al cumplirse cien años. Entonces Ibn ʿUmar aclaró lo que pretendía el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— con su dicho: “quería decir con ello que esa generación se extinguiría”. Y también es posible «wahal» como taʿiba.

[10704] De جـ y ي.

[10705] «Manfūsa»: nacida.

[10706] En جـ y ي: parte de la vida.

[10707] Al-Ǧassāsa: bestia de la tierra que sale al final de los tiempos; se la llamó Ǧassāsa por su labor de espiar las noticias para el Daǧǧāl.

[10708] En جـ y ك: “y al-Jaḍir, según todas las opiniones”.

[10709] El añadido y la corrección proceden de «ʿAqd al-Ǧumān» de al-Ġaynī, citando a al-Ṯaʿlabī. Y en جـ, ك y ي: «narró Muḥammad ibn al-Mutawakkil de Ḍamra, de ʿAbd Allāh ibn Sawār».

[10710] En جـ y ك: “y al-Jaḍir, según todas las opiniones”.

[10711] Véase t. 15, p. 115.

[10712] Véase t. 4, p. 297.

[10713] En جـ: conoció su nombre.

[10714] En ك: a sí mismo.