El Viaje Nocturno
الإسراء Al-IsraVersículo (Español)
[17:91] o poseas un huerto con palmeras y vides, y hagas brotar en él ríos,
Tafsir de Al-Qurtubi
{أَوۡ تَكُونَ لَكَ جَنَّةٞ مِّن نَّخِيلٖ وَعِنَبٖ فَتُفَجِّرَ ٱلۡأَنۡهَٰرَ خِلَٰلَهَا تَفۡجِيرًا} (91)
Palabras del Altísimo:
"Y dijeron: No creeremos en ti hasta que hagas brotar para nosotros, de la tierra, una fuente"
La aleya descendió acerca de los jefes de Quraysh, como ʿUtba y Shayba, los dos hijos de Rabīʿa, Abū Sufyān, al-Naḍr b. al-Ḥārith, Abū Ŷahl, ʿAbd Allāh b. Abī Umayya, Umayya b. Ḫalaf, Abū al-Buḫtarī, al-Walīd b. al-Muġīra y otros. Y ello porque, cuando se vieron incapaces de oponerse al Corán y no se dieron por satisfechos con él como milagro, se reunieron —según mencionan Ibn Isḥāq y otros— tras la puesta del sol, junto a la parte posterior de la Kaʿba.
Luego se dijeron unos a otros: «Enviad a por Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz—, hablad con él y disputadle, para que tengáis excusa respecto de él». Así, le enviaron a decir: «Los notables de tu gente se han reunido contigo para hablarte; ven a ellos». Y acudió a ellos el Enviado de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, pensando que se les había manifestado algún cambio respecto de lo que les había dicho; y el Enviado de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— era solícito, amaba su rectitud y le apenaba su obstinación.
Cuando se sentó con ellos, le dijeron: «¡Muḥammad! En verdad te hemos mandado llamar para hablar contigo; y, por Dios, no conocemos a ningún hombre entre los árabes que haya hecho entrar sobre su gente lo que tú has hecho entrar sobre la tuya: has injuriado a los padres, has denigrado la religión, has insultado a las divinidades, has tildado de necias las mentes, y has dividido a la comunidad; no ha quedado asunto feo alguno sino que lo has cometido entre nosotros y tú», o como le dijeron. «Si con este discurso solo pretendes riqueza, reuniremos para ti de nuestros bienes hasta que seas el más rico de nosotros; y si con ello pretendes honor entre nosotros, te haremos nuestro señor; y si con ello quieres realeza, te haremos rey sobre nosotros. Y si esto que te viene es una visión que ves y que se ha apoderado de ti —y ellos llamaban “visión” al acompañante de los genios—, quizá sea eso: entonces emplearemos nuestros bienes en buscarte medicina hasta curarte de ello o hasta tener excusa respecto de ti».
El Enviado de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— les dijo: «No me ocurre lo que decís. No he venido con lo que os he traído buscando vuestros bienes, ni el honor entre vosotros, ni el poder sobre vosotros; sino que Dios me ha enviado a vosotros como Mensajero, y ha hecho descender sobre mí un Libro, y me ha ordenado que sea para vosotros portador de buenas nuevas y amonestador. Os he transmitido los mensajes de mi Señor y os he aconsejado. Si aceptáis de mí lo que os he traído, será vuestra porción en esta vida y en la Otra; y si lo rechazáis, seré paciente ante el decreto de Dios hasta que Dios juzgue entre vosotros y yo», o como dijo —Dios lo bendiga y le conceda paz—.
Dijeron: «¡Muḥammad! Si no aceptas de nosotros nada de lo que te hemos ofrecido, sabes bien que no hay entre la gente nadie con territorio más estrecho, ni con menos agua, ni con vida más dura que nosotros. Pide, pues, para nosotros a tu Señor, que te ha enviado con lo que te ha enviado: que aparte de nosotros estas montañas que nos han oprimido; que ensanche para nosotros nuestra tierra; que abra en ella ríos como los ríos de Siria; que resucite para nosotros a quienes pasaron de nuestros padres; y que, entre quienes resucite para nosotros, esté Quṣayy b. Kilāb, pues era un anciano veraz: les preguntaremos acerca de lo que dices, si es verdad o falsedad. Si te confirman y haces lo que te pedimos, te creeremos y conoceremos, por ello, tu rango ante Dios —Exaltado sea—, y que Él te ha enviado como Mensajero, como afirmas».
Él —sobre él las oraciones y la paz de Dios— les dijo: «No he sido enviado a vosotros con esto. Solo he venido a vosotros de parte de Dios —Exaltado sea— con aquello con lo que me ha enviado; y os he transmitido lo con lo que fui enviado a vosotros. Si lo aceptáis, será vuestra porción en esta vida y en la Otra; y si lo rechazáis, seré paciente ante el decreto de Dios hasta que Dios juzgue entre vosotros y yo».
Dijeron: «Si no haces esto por nosotros, entonces hazlo por ti mismo: pide a tu Señor que envíe contigo un ángel que te confirme en lo que dices y nos replique en tu favor; y pídele que te conceda jardines, palacios y tesoros de oro y plata, con los que te baste frente a lo que te vemos buscar, pues tú frecuentas los mercados y procuras el sustento como nosotros lo procuramos; así conoceremos tu mérito y tu rango ante tu Señor, si eres Mensajero como pretendes».
El Enviado de Dios les dijo: «No lo haré; no soy quien pide a su Señor esto; y no he sido enviado con esto a vosotros. Pero Dios me ha enviado como portador de buenas nuevas y amonestador —o como dijo—. Si aceptáis de mí lo que os he traído, será vuestra porción en esta vida y en la Otra; y si lo rechazáis, seré paciente ante el decreto de Dios hasta que Dios juzgue entre vosotros y yo».
Dijeron: «Entonces haz caer sobre nosotros el cielo en pedazos, como has pretendido que tu Señor, si quiere, lo hará; pues no creeremos en ti sino si lo haces».
Dijo entonces el Enviado de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—: «Eso corresponde a Dios —Poderoso y Majestuoso—: si quiere hacerlo con vosotros, lo hará».
Dijeron: «¡Muḥammad! ¿Acaso no sabía tu Señor que nos sentaríamos contigo, te preguntaríamos lo que te hemos preguntado y te pediríamos lo que te pedimos, y entonces se adelantaría a ti para instruirte sobre con qué nos responderías, y para informarte de lo que Él
[10386] va a hacer con nosotros en esto, si no aceptamos lo que nos has traído? Nos ha llegado que quien te enseña esto es un hombre de al-Yamāma al que llaman al-Raḥmān; y, por Dios, no creeremos jamás en al-Raḥmān. Ya hemos cumplido contigo, Muḥammad; y, por Dios, no te dejaremos, ni lo que has provocado en nosotros, hasta que te destruyamos o nos destruyas».
Y dijo uno de ellos: «Nosotros adoramos a los ángeles, y ellos son las hijas de Dios».
Y dijo otro de ellos: «No creeremos en ti hasta que traigas a Dios y a los ángeles frente a frente».
Cuando dijeron eso al Enviado de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, se levantó de entre ellos; y se levantó con él ʿAbd Allāh b. Abī Umayya b. al-Muġīra b. ʿAbd Allāh b. ʿUmar b. Maḫzūm, que era hijo de su tía materna —de ʿĀtika, hija de ʿAbd al-Muṭṭalib—, y le dijo: «¡Muḥammad! Tu gente te ha ofrecido lo que te ha ofrecido y no lo aceptaste de ellos. Luego te pidieron, para sí mismos, cosas con las que conocer tu rango ante Dios, como dices, y creerte y seguirte, y no lo hiciste. Luego te pidieron que tomaras para ti mismo aquello con lo que conocer tu mérito sobre ellos y tu rango ante Dios, y no lo hiciste. Luego te pidieron que les apresuraras parte de aquello con lo que los amenazas de castigo, y no lo hiciste —o como le dijo—. Por Dios, no creeré en ti jamás hasta que te hagas una escala hacia el cielo, y luego asciendas por ella mientras yo miro, hasta que llegues a él; y luego vengas con un documento, con cuatro ángeles, que atestigüen para ti que eres como dices. Y, por Dios, si hicieras eso, no creo que yo te creyera». Luego se apartó del Enviado de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—; y el Enviado de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— se volvió a su familia, triste y apesadumbrado por lo que se le había escapado de aquello que esperaba de su gente cuando lo llamaron, y por lo que vio de su alejamiento de él. Todo ello es expresión de Ibn Isḥāq.
Al-Wāḥidī mencionó, de ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās: entonces Dios —Exaltado sea— hizo descender: «Y dijeron: No creeremos en ti hasta que hagas brotar para nosotros, de la tierra, una fuente».
«Una fuente»: es decir, manantiales, según Muǧāhid. Es el patrón yafʿūl, de nabaʿa yanbaʿu. ʿĀṣim, Ḥamza y al-Kisāʾī leyeron «tafǧur lanā» con forma ligera (sin geminación), y Abū Ḥātim lo prefirió porque «la fuente» es una. Y no discreparon en que «tafǧur al-anhār» (hacer brotar los ríos) va con geminación.
Abū ʿUbayd dijo: «La primera es como la segunda». Abū Ḥātim dijo: «No es como ella; porque tras la primera viene “una fuente”, que es singular, y tras la segunda viene “los ríos”, que es plural; y la geminación indica multiplicidad». Se respondió que «una fuente», aunque sea singular, se pretende con ella el plural, como dijo Muǧāhid. La fuente es el ojo de agua; su plural es yanābīʿ. Qatāda leyó: «aw yakūna laka ǧanna».
«En medio de ella»: es decir, en su interior.
«O hagas caer el cielo»: lectura de la generalidad. Muǧāhid leyó: «aw yasquṭ al-samāʾ» atribuyendo el verbo al cielo.
«Kisafan»: pedazos, según Ibn ʿAbbās y otros. Y kisaf (con fatḥa en la sīn) es plural de kisfa; es la lectura de Nāfiʿ, Ibn ʿĀmir y ʿĀṣim. Los demás: «kisfan» con sukūn en la sīn.
Al-Aḫfaš dijo: quien lee kisْfan “del cielo” lo hace singular; y quien lee kisَfan lo hace plural.
Al-Mahdawī dijo: quien inmoviliza la sīn puede hacer que sea plural de kisfa, y puede hacer que sea un maṣdar, de kasaftu al-šayʾa cuando lo cubres.
Como si dijeran: «Hazla caer sobre nosotros en capas». Al-Ŷawharī dijo: la kisfa es el trozo de una cosa; se dice: «Dame una kisfa de tu tela», y su plural es kisaf y kusuf. Y se dice: kisfa es singular.
Palabras del Altísimo:
«O traigas a Dios y a los ángeles frente a frente»: es decir, a la vista, según Qatāda e Ibn Ŷurayǧ.
Al-Ḍaḥḥāk e Ibn ʿAbbās dijeron: «como garante».
Muqātil dijo: «como testigo».
Muǧāhid: es plural de qabīla; es decir, con clases de ángeles, tribu por tribu.
Y se dijo: garantes que nos garanticen que lo traerás.
«O tengas una casa de adorno»: es decir, de oro, según Ibn ʿAbbās y otros. Su origen es “ornato”. Y muzajraf es “adornado”. Y los zaḫārif del agua son sus vetas.
Muǧāhid dijo: no sabía qué era al-zaḫruf hasta que lo vi en la lectura de Ibn Masʿūd: «una casa de oro»; es decir, no nos sometemos a ti con esta pobreza que vemos.
«O asciendas al cielo»: es decir, subas. Se dice: raqītu fī al-sullam arqā raqyan wa ruqyan cuando se sube; y irtaqaytu es semejante.
«Y no creeremos en tu ascenso»: es decir, a causa de tu ascenso; y es un maṣdar, como maḍā yamḍī maḍyan, y hawā yahwī hawiyyan; así también raqiya yarqā raqyan.
«Hasta que hagas descender sobre nosotros un escrito que leamos»: es decir, un escrito de Dios —Exaltado sea— para cada hombre de entre nosotros, como dijo —Exaltado sea—: «Más bien, cada uno de ellos quiere que se le entreguen hojas desplegadas [10387]» [al-Muddaṯṯir: 52].
«Di: Gloria a mi Señor». Los de La Meca y al-Šām leyeron: «Qāla: Gloria a mi Señor», refiriéndose al Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—; es decir, dijo eso para declarar la trascendencia de Dios —Poderoso y Majestuoso— respecto de que algo Le incapacite y respecto de que se Le objete en Su obrar.
Y se dijo: todo ello es asombro ante el extremo de su incredulidad y sus exigencias. Los demás leyeron: «Di», como orden; es decir: diles, Muḥammad: «¿Acaso fui…?», es decir: no soy «sino un ser humano, un Mensajero»: sigo lo que se me revela de mi Señor, y Dios hace lo que quiere de estas cosas que no están en la capacidad de los seres humanos. ¿Habéis oído que alguno de los seres humanos haya traído estos signos?
Y dijeron algunos de los herejes: «Esto no es una respuesta convincente», y erraron; porque les respondió diciendo: «No soy sino un ser humano; no puedo nada de lo que me habéis pedido, y no me corresponde escoger frente a mi Señor. Y los Mensajeros antes de mí no traían a sus comunidades todo lo que querían y deseaban; mi camino es su camino. Se limitaban a lo que Dios les concedía de Sus signos, indicativos de la veracidad de su profecía. Cuando les establecían la prueba, no era debido que su gente propusiera otros distintos. Y si fuera obligatorio para Dios traerles todo lo que propusieran de signos, sería obligatorio para Él traerles a quien ellos eligieran de entre los Mensajeros; y sería obligatorio para cada persona decir: “No creeré hasta que se me dé un signo distinto de lo que pidió otro”. Esto conduce a que la disposición quede en manos de la gente; pero la disposición pertenece a Dios —Exaltado sea—».
[10386]
:en ŷ: “bimā”.
[10387]
:véase ŷ 19, p. 88.