El Viaje Nocturno
الإسراء Al-IsraVersículo (Español)
[17:90] Dicen [los que se niegan a creer]: "No creeremos en ti hasta que no hagas fluir para nosotros vertientes de la tierra
Tafsir de Al-Qurtubi
{وَقَالُواْ لَن نُّؤۡمِنَ لَكَ حَتَّىٰ تَفۡجُرَ لَنَا مِنَ ٱلۡأَرۡضِ يَنۢبُوعًا} (90)
Palabras del Altísimo:
«Y dijeron: No creeremos en ti hasta que hagas brotar para nosotros, de la tierra, una fuente».
La aleya descendió acerca de los jefes de Quraysh, como ʿUtba y Shayba, los dos hijos de Rabīʿa, Abū Sufyān, al-Naḍr b. al-Ḥārith, Abū Ŷahl, ʿAbd Allāh b. Abī Umayya, Umayya b. Ḫalaf, Abū al-Buḫtarī, al-Walīd b. al-Muġīra y otros. Ello fue porque, cuando se vieron incapaces de oponerse al Corán y no se dieron por satisfechos con él como milagro, se reunieron —según mencionan Ibn Isḥāq y otros— tras la puesta del sol, junto a la espalda de la Kaʿba.
Luego algunos de ellos dijeron a otros: «Enviad a por Muḥammad —Dios le bendiga y le dé paz—, habladle y disputad con él, para que tengáis excusa respecto de él». Así, le enviaron a decir: «Los notables de tu gente se han reunido contigo para hablarte; ven a ellos». Y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— acudió, pensando que quizá se les había manifestado algún cambio respecto de lo que les había hablado; y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— era solícito, amaba su rectitud y le pesaba su obstinación.
Cuando se sentó con ellos, le dijeron: «¡Muḥammad! Te hemos mandado llamar para hablar contigo. Y, por Dios, no conocemos a nadie entre los árabes que haya hecho entrar sobre su gente lo que tú has hecho entrar sobre la tuya: has injuriado a los padres, has denigrado la religión, has insultado a los dioses, has tildado de necias las mentes y has dividido a la comunidad; no ha quedado asunto feo alguno sin que lo hayas cometido entre nosotros y tú», o como le dijeron. «Si has venido con este discurso buscando riqueza, reuniremos para ti de nuestros bienes hasta que seas el más rico de nosotros; y si buscas con ello honor entre nosotros, te haremos nuestro señor; y si quieres con ello realeza, te haremos rey sobre nosotros. Y si esto que te viene es un “raʾy” que ves y que te ha dominado —y ellos llamaban “raʾy” al acompañante de los genios—, quizá sea eso: entonces pondremos nuestros bienes en buscarte medicina hasta curarte de ello o hasta tener excusa respecto de ti».
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— les dijo: «No me ocurre lo que decís. No he venido con lo que os he traído buscando vuestros bienes, ni el honor entre vosotros, ni el dominio sobre vosotros; sino que Dios me ha enviado a vosotros como Mensajero, ha hecho descender sobre mí un Libro y me ha ordenado ser para vosotros portador de buenas nuevas y amonestador. Os he transmitido los mensajes de mi Señor y os he aconsejado. Si aceptáis de mí lo que os he traído, será vuestra porción en esta vida y en la Otra; y si lo rechazáis, seré paciente ante el mandato de Dios hasta que Dios juzgue entre vosotros y yo», o como dijo —Dios le bendiga y le dé paz—.
Dijeron: «¡Muḥammad! Si no aceptas de nosotros nada de lo que te hemos ofrecido, sabes que no hay entre la gente nadie con territorio más estrecho, ni con menos agua, ni con vida más dura que nosotros. Pide, pues, para nosotros a tu Señor, que te ha enviado con lo que te ha enviado, que aparte de nosotros estas montañas que nos han estrechado, que ensanche para nosotros nuestra tierra y que abra en ella ríos como los ríos de al-Šām; y que resucite para nosotros a quienes pasaron de nuestros padres; y que, entre quienes resucite para nosotros, esté Quṣayy b. Kilāb, pues era un anciano veraz: les preguntaremos acerca de lo que dices, si es verdad o falsedad. Si te confirman y haces lo que te pedimos, creeremos en ti y conoceremos, por ello, tu rango ante Dios —Exaltado sea— y que Él te ha enviado como Mensajero, como afirmas».
Él —sobre él las bendiciones y la paz de Dios— les dijo: «No he sido enviado a vosotros con esto. Solo he venido a vosotros de parte de Dios —Exaltado sea— con aquello con lo que me ha enviado. Ya os he transmitido lo con que fui enviado a vosotros: si lo aceptáis, será vuestra porción en esta vida y en la Otra; y si lo rechazáis, seré paciente ante el mandato de Dios hasta que Dios juzgue entre vosotros y yo».
Dijeron: «Si no haces esto por nosotros, entonces haz por ti mismo: pide a tu Señor que envíe contigo un ángel que te confirme en lo que dices y nos replique por ti; y pídele que te conceda jardines, palacios y tesoros de oro y plata, con los que te baste frente a lo que te vemos buscar, pues tú frecuentas los mercados y procuras el sustento como nosotros lo procuramos, para que conozcamos tu mérito y tu rango ante tu Señor, si eres Mensajero como pretendes».
El Mensajero de Dios les dijo: «No lo haré; no soy quien pide a su Señor esto; no he sido enviado con ello a vosotros. Pero Dios me ha enviado como portador de buenas nuevas y amonestador —o como dijo—: si aceptáis de mí lo que os he traído, será vuestra porción en esta vida y en la Otra; y si lo rechazáis, seré paciente ante el mandato de Dios hasta que Dios juzgue entre vosotros y yo».
Dijeron: «Entonces haz caer sobre nosotros el cielo en pedazos, como has pretendido que tu Señor, si quiere, lo hará; pues no creeremos en ti sino si lo haces».
Dijo entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—: «Eso corresponde a Dios —Poderoso y Majestuoso—: si quiere hacerlo con vosotros, lo hará».
Dijeron: «¡Muḥammad! ¿Acaso tu Señor no sabía que nos sentaríamos contigo, te preguntaríamos por lo que te hemos preguntado y te pediríamos lo que te pedimos, y entonces se adelantaría a ti para instruirte sobre con qué replicarnos, y para informarte de lo que Él va a hacer con nosotros si no aceptamos lo que nos has traído?» Se nos ha comunicado que quien te enseña esto es un hombre de al-Yamāma al que llaman al-Raḥmān; y, por Dios, jamás creeremos en al-Raḥmān. Ya hemos cumplido contigo, ¡Muḥammad! Y, por Dios, no te dejaremos ni lo que has alcanzado de nosotros hasta que te destruyamos o nos destruyas.
Y uno de ellos dijo: «Nosotros adoramos a los ángeles, y ellos son las hijas de Dios».
Y otro de ellos dijo: «No creeremos en ti hasta que traigas a Dios y a los ángeles, frente a frente».
Cuando dijeron eso al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—, se levantó de entre ellos; y se levantó con él ʿAbd Allāh b. Abī Umayya b. al-Muġīra b. ʿAbd Allāh b. ʿUmar b. Maḫzūm, que era hijo de su tía materna —era de ʿĀtika, hija de ʿAbd al-Muṭṭalib—, y le dijo: «¡Muḥammad! Tu gente te ofreció lo que te ofreció y no lo aceptaste de ellos. Luego te pidieron para sí cosas con las que conocer tu rango ante Dios, como dices, y confirmarte y seguirte, y no lo hiciste. Luego te pidieron que tomaras para ti mismo aquello con lo que conocerían tu mérito sobre ellos y tu rango ante Dios, y no lo hiciste. Luego te pidieron que apresuraras para ellos parte de aquello con lo que los amedrentas del castigo, y no lo hiciste —o como le dijo—. Por Dios, jamás creeré en ti hasta que te hagas hacia el cielo una escala, y luego asciendas por ella mientras yo miro, hasta que llegues a él; y luego vengas con un documento, con cuatro ángeles que den testimonio para ti de que eres como dices. Y, por Dios, si hicieras eso, no creo que yo te creyera». Luego se apartó del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—; y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— se volvió a su familia, triste y apesadumbrado por lo que se le escapó de aquello que esperaba de su gente cuando lo llamaron, y por lo que vio de su alejamiento de él. Todo ello es la formulación de Ibn Isḥāq.
Al-Wāḥidī mencionó, de ʿIkrima, de Ibn ʿAbbās: entonces Dios —Exaltado sea— hizo descender: «Y dijeron: No creeremos en ti hasta que hagas brotar para nosotros, de la tierra, una fuente».
«Una fuente»: es decir, manantiales, según Muǧāhid. Es el patrón yafʿūl, de nabaʿa yanbaʿu. ʿĀṣim, Ḥamza y al-Kisāʾī leyeron «tufǧir lanā» con forma ligera (sin geminación), y Abū Ḥātim lo prefirió porque «la fuente» es una. No discreparon en que «tufǧira al-anhār» (hacer brotar los ríos) va con geminación.
Abū ʿUbayd dijo: «La primera es como la segunda». Abū Ḥātim dijo: «No es como ella, porque tras la primera viene “una fuente”, que es singular, y tras la segunda vienen “los ríos”, que es plural; y la geminación indica abundancia». Se respondió que «una fuente», aunque sea singular, pretende el plural, como dijo Muǧāhid. El yanbūʿ es el ojo de agua; su plural es yanābīʿ.
Qatāda leyó: «o que tengas un jardín».
«En medio de él»: es decir, en su centro.
«O que hagas caer el cielo»: lectura de la generalidad. Muǧāhid leyó: «o que caiga el cielo», atribuyendo el verbo al cielo.
«En pedazos»: es decir, fragmentos, según Ibn ʿAbbās y otros. Y «kisafan» (con apertura de la sīn) es plural de kisfa; es la lectura de Nāfiʿ, Ibn ʿĀmir y ʿĀṣim. Los demás: «kisfan» con la sīn en reposo.
Al-Aḫfaš dijo: quien lee «kisfan» del cielo lo hace singular; y quien lee «kisafan» lo hace plural.
Al-Mahdawī dijo: quien pone la sīn en reposo puede hacerlo plural de kisfa, y puede hacerlo nombre de acción, de kasaftu al-šayʾa, cuando lo cubrí.
Como si dijeran: «Hazlo caer sobre nosotros en capas». Al-Ŷawharī dijo: la kisfa es el trozo de una cosa; se dice: «Dame una kisfa de tu vestido», y su plural es kisaf y kusūf. Y se dice: kisfa es singular.
Palabras del Altísimo:
«O que traigas a Dios y a los ángeles, frente a frente»: es decir, a la vista, según Qatāda e Ibn Ŷurayǧ.
Al-Ḍaḥḥāk e Ibn ʿAbbās dijeron: «como garante».
Muqātil dijo: «como testigo».
Muǧāhid: es plural de qabīla; es decir, con clases de ángeles, tribu tras tribu.
Y se dijo: «garantes», que nos garanticen que tú lo traerás.
«O que tengas una casa de zuḫruf»: es decir, de oro, según Ibn ʿAbbās y otros. Su origen es el adorno; y muzḫraf es “adornado”. Y los zuḫārif del agua son sus vetas.
Muǧāhid dijo: no sabía qué era el zuḫruf hasta que lo vi en la lectura de Ibn Masʿūd: «una casa de oro»; es decir, no nos sometemos a ti con esta pobreza que vemos.
«O que asciendas al cielo»: es decir, que subas. Se dice: raqītu fī al-sullam arqā raqyan wa ruqyan, cuando sube; y irtaqaytu es lo mismo.
«Y no creeremos en tu ascenso»: es decir, a causa de tu ascenso; y es un nombre de acción, como maḍā yamḍī maḍiyyan, y hawā yahwī hawiyyan; así también raqā yarqī raqyan.
«Hasta que hagas descender sobre nosotros un escrito que leamos»: es decir, un escrito de Dios —Exaltado sea— para cada hombre de entre nosotros, como dijo —Exaltado sea—: «Más bien, cada uno de ellos quiere que se le den hojas desplegadas [10387]» [al-Muddaṯṯir: 52].
«Di: Gloria a mi Señor». Los de La Meca y al-Šām leyeron: «Dijo: Gloria a mi Señor», refiriéndose al Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—; es decir, dijo eso para declarar la trascendencia de Dios —Poderoso y Majestuoso—, por encima de que algo Le incapacite o de que se Le objete en Su obrar.
Y se dijo: todo ello es asombro ante el extremo de su incredulidad y sus exigencias. Los demás leyeron «Di» como imperativo; es decir: diles, ¡Muḥammad!: «¿Acaso fui yo…?», es decir: «no soy…», «sino un ser humano, un mensajero»: sigo lo que se me revela de mi Señor, y Dios hace lo que quiere de estas cosas que no están en la capacidad de los seres humanos. ¿Habéis oído que alguno de los humanos haya traído estas señales?
Y algunos de los herejes dijeron: «Esto no es una respuesta convincente», y se equivocaron; porque les respondió diciendo: «No soy sino un ser humano; no puedo nada de lo que me habéis pedido, y no me corresponde escoger frente a mi Señor. Los mensajeros antes de mí no traían a sus comunidades todo lo que querían y deseaban; mi camino es su camino. Se limitaban a lo que Dios les concedía de Sus signos, indicativos de la veracidad de su profecía. Cuando establecían contra ellos la prueba, no correspondía a su gente exigir otros distintos. Y si fuera obligatorio para Dios traerles todo lo que propusieran de signos, sería obligatorio que les trajera a quien ellos eligieran de entre los mensajeros; y sería obligatorio para cada persona decir: “No creeré hasta que se me dé un signo distinto de lo que pidió otro”. Esto conduce a que la disposición quede en manos de la gente; pero la disposición pertenece solo a Dios —Exaltado sea—».
[10386]
:en ŷ: «bimā».
[10387]
:véase t. 19, p. 88.