17

El Viaje Nocturno

الإسراء Al-Isra
Aya 7

Versículo (Español)

[17:7] Si obran bien será en beneficio propio, pero si obran mal será en contra suya. Cuando corrompan por segunda vez, los vencerán [sus enemigos] e ingresarán al Templo como lo hicieron la primera vez y devastarán todo lo que encuentren.

Tafsir de Al-Qurtubi

{Si hacéis el bien, os lo hacéis a vosotros mismos; y si hacéis el mal, es contra ella. Y cuando llegue la promesa de la Última, para afear vuestros rostros, y para que entren en la Mezquita como entraron en ella la primera vez, y para arrasar por completo cuanto dominen, con total devastación} (7) Palabras del Altísimo: «Si hacéis el bien, os lo hacéis a vosotros mismos» esto es: el provecho de vuestro bien obrar revierte sobre vosotros. «Y si hacéis el mal, es contra ella» esto es: contra ella; como en la expresión: “paz para ti”, es decir, “paz sobre ti”. Se dijo:

y cayó abatido, sobre las manos y sobre la boca [10132]

esto es: sobre las manos y sobre la boca. Y dijo al-Ṭabarī: la lām con el sentido de “a”, es decir: «y si hacéis el mal, será hacia ella», o sea: hacia ella retorna el mal; por la palabra del Altísimo: «porque tu Señor le inspiró a ella [10133]» [al-Zalzala: 5] es decir: a ella. Y se dijo: para ella está la retribución y el castigo. Y dijo al-Ḥusayn b. al-Faḍl: para ella hay un Señor que perdona el mal. Luego cabe que esto sea un خطاب dirigido a los Hijos de Israel al comienzo: es decir, si hicisteis el mal, os sobrevinieron la muerte, el cautiverio y la devastación; luego hicisteis el bien y os retornaron el reino, la preeminencia y el restablecimiento del orden. Y cabe que con ello se haya interpelado a los Hijos de Israel en tiempos de Muḥammad —Dios lo bendiga y le dé paz—: es decir, conocisteis el merecimiento de vuestros antepasados del castigo por la desobediencia, así que aguardad otro semejante. O bien que sea خطاب a los idólatras de Qurayš en este mismo sentido. «Y cuando llegue la promesa de la Última» de vuestra corrupción; y ello porque en la segunda vez mataron a Yaḥyā b. Zakarīyā —la paz sea con ambos—: lo mató un rey de los Hijos de Israel llamado: Lāḫt; así lo dijo al-Qutbī. Y dijo al-Ṭabarī: su nombre era Hirdūs; lo mencionó en la Historia; lo incitó a matarlo una mujer llamada Azbīl. Y dijo al-Suddī: el rey de los Hijos de Israel honraba a Yaḥyā b. Zakarīyā y le pedía consejo en los asuntos. El rey le pidió consejo sobre casarse con la hija de una mujer suya, y él se lo prohibió y dijo: “No te es lícita”. La madre de ella guardó rencor contra Yaḥyā —la paz sea con él—; luego vistió a su hija con ropas rojas, finas y transparentes, la perfumó y la envió al rey mientras estaba bebiendo, ordenándole que se le insinuara y que, si él la pretendía, se negara hasta que le concediera lo que ella pidiese; y cuando accediera, que pidiera que se trajera la cabeza de Yaḥyā b. Zakarīyā en una fuente de oro. Así lo hizo, hasta que trajeron la cabeza de Yaḥyā b. Zakarīyā; y la cabeza hablaba hasta que fue puesta ante él, diciendo: “No te es lícita, no te es lícita”. Y cuando amaneció, su sangre hervía; le echaron tierra encima y hirvió por encima de ella; no cesaron de echarle tierra hasta que alcanzó la muralla de la ciudad, mientras seguía hirviendo. Lo mencionó al-Ṯaʿlabī y otros. Y mencionó Ibn ʿAsākir, el ḥāfiẓ, en su Historia, de al-Ḥusayn b. ʿAlī, que dijo: Un rey de estos reyes murió y dejó a su esposa y a su hija; su hermano heredó su reino y quiso casarse con la esposa de su hermano. Consultó a Yaḥyā b. Zakarīyā sobre ello; y los reyes en aquel tiempo actuaban conforme a la orden de los profetas. Él le dijo: “No te cases con ella, pues es una fornicaria”. La mujer supo que él la había mencionado y lo había apartado de ella. Dijo: “¿De dónde viene esto?”, hasta que le llegó que era por causa de Yaḥyā. Entonces dijo: “¡Que maten a Yaḥyā o que lo expulsen de su reino!”. Se dirigió a su hija y la arregló. Luego dijo: “Ve a tu tío ante la asamblea, pues cuando te vea te llamará y te sentará en su regazo, y dirá: ‘Pídeme lo que quieras’; y no me pedirás nada sin que te lo conceda. Y cuando te diga eso, di: ‘No pido sino la cabeza de Yaḥyā’”. Dijo: “Los reyes, si uno de ellos pronunciaba algo ante la asamblea y luego no lo cumplía, era despojado de su reino”. Así lo hizo. Dijo: “Le sobrevenía la muerte por haber matado a Yaḥyā, y le sobrevenía la muerte por salir de su reino; eligió su reino y lo mató”. Dijo: “Y la tierra se tragó a su madre”. Dijo Ibn Judʿān: Relaté este ḥadīṯ a Ibn al-Musayyib y él dijo: “¿Acaso no te informó cómo fue la muerte de Zakarīyā?”. Dije: “No”. Dijo: “Zakarīyā, cuando mataron a su hijo, huyó de ellos; lo siguieron hasta que llegó a un árbol de tronco; el árbol lo llamó hacia sí y se cerró sobre él, quedando de su ropa un fleco que los vientos agitaban. Fueron al árbol y no hallaron rastro suyo después; vieron aquel fleco, llamaron a una sierra y cortaron el árbol, y lo cortaron con él”.

Digo: en la Historia mayor de al-Ṭabarī [10134] se halla: me narró Abū al-Sāʾib, dijo: nos narró Abū Muʿāwiya, de al-Aʿmaš, de al-Minhāl, de Saʿīd b. Jubayr, de Ibn ʿAbbās, que dijo: (ʿĪsā b. Maryam envió a Yaḥyā b. Zakarīyā con doce de los discípulos para enseñar a la gente. Dijo: entre lo que les prohibieron estaba el matrimonio con la hija del hermano. Dijo: y el rey de ellos tenía una hija de hermano que le agradaba…) Y mencionó el relato con su sentido. Y de Ibn ʿAbbās, que dijo: (Yaḥyā b. Zakarīyā fue enviado con doce de los discípulos para enseñar a la gente; y entre lo que les enseñaban estaba prohibirles el matrimonio con la hija de la hermana. El rey de ellos tenía una hija de hermana que le agradaba y quería casarse con ella; y ella tenía cada día una necesidad que él le satisfacía. Cuando su madre supo que ellos habían prohibido el matrimonio con la hija de la hermana, le dijo: “Cuando entres ante el rey y él diga: ‘¿Tienes alguna necesidad?’, di: ‘Mi necesidad es que degüelles a Yaḥyā b. Zakarīyā’”. Él dijo: “¡Pídeme otra cosa que no sea esta!”. Ella dijo: “No te pido sino esto”. Cuando ella se negó, mandó traer una fuente y lo mandó traer, y lo degolló. Una gota de su sangre cayó sobre la faz de la tierra y no dejó de hervir hasta que Dios envió contra ellos a Buḫtnaṣṣar; Él puso en su corazón que matara, por causa de aquella sangre, a tantos de ellos hasta que esa sangre se aquietara. Mató por ella a setenta mil de ellos; en otra versión, setenta y cinco mil). Dijo Saʿīd b. al-Musayyib: es el precio de sangre de todo profeta. Y de Ibn ʿAbbās, que dijo: (Dios reveló a Muḥammad —Dios lo bendiga y le dé paz—: “Ciertamente, por Yaḥyā b. Zakarīyā maté a setenta mil; y ciertamente mataré por el hijo de la hija de tu hija a setenta mil y setenta mil”). Y de Sumayr b. ʿAṭiyya, que dijo: Sobre la roca que está en Bayt al-Maqdis fueron muertos setenta profetas, entre ellos Yaḥyā b. Zakarīyā. Y de Zayd b. Wāqid, que dijo: Vi la cabeza de Yaḥyā —la paz sea con él— cuando quisieron construir la mezquita de Damasco: fue sacada de debajo de una esquina de las esquinas de la cúpula contigua al miḥrāb, del lado oriental; y la piel y el cabello estaban como estaban, sin cambio. Y de Qurra b. Ḫālid, que dijo: El cielo no lloró por nadie sino por Yaḥyā b. Zakarīyā y por al-Ḥusayn b. ʿAlī; y su enrojecimiento fue su llanto. Y de Sufyān b. ʿUyayna, que dijo: Lo más desolado que está el hijo de Adán es en tres lugares: el día en que nace y sale a una morada de preocupación; la noche en que pasa con los muertos, como vecino de vecinos que jamás vio semejantes; y el día en que sea resucitado y presencie una escena como nunca vio. Dijo Dios Altísimo a Yaḥyā en estos tres lugares: «Y paz sea sobre él el día en que nació, y el día en que muera, y el día en que sea resucitado vivo [10135]» [Maryam: 15]. Todo ello procede de la Historia mencionada. Y se discrepó acerca de quién fue el enviado contra ellos en la última vez. Se dijo: Buḫtnaṣṣar. Así lo dijo al-Qušayrī Abū Naṣr; no mencionó a otro. Dijo al-Suhaylī: esto no es correcto, porque la muerte de Yaḥyā fue después de la elevación de ʿĪsā, y Buḫtnaṣṣar fue antes de ʿĪsā b. Maryam —la paz sea con ambos— por largo tiempo, y antes de Alejandro; y entre Alejandro y ʿĪsā hay unos trescientos años. Pero se quiso decir con “la otra vez” cuando mataron a Šaʿyā; pues Buḫtnaṣṣar estaba vivo entonces: él fue quien los mató, devastó Bayt al-Maqdis, los persiguió hasta Egipto y los sacó de allí. Y dijo al-Ṯaʿlabī: quien narra que Buḫtnaṣṣar fue quien atacó a los Hijos de Israel cuando mataron a Yaḥyā b. Zakarīyā, se equivoca según la gente de las biografías y las noticias; porque están unánimes en que Buḫtnaṣṣar no atacó a los Hijos de Israel sino cuando mataron a Šaʿyā, en tiempos de Irmiyāʾ. Dijeron: y desde el tiempo de Irmiyāʾ y la devastación de Buḫtnaṣṣar de Bayt al-Maqdis hasta el nacimiento de Yaḥyā b. Zakarīyā —la paz sea con ambos— hay cuatrocientos sesenta y un años; y ello porque cuentan desde la devastación de Bayt al-Maqdis hasta su reconstrucción en tiempos de Kوسك [10136] setenta años; luego desde su reconstrucción hasta la aparición de Alejandro sobre Bayt al-Maqdis, ochenta y ocho años; luego desde el reino de Alejandro hasta el nacimiento de Yaḥyā, trescientos sesenta y tres [10137] años. Digo: al-Ṭabarī lo mencionó todo en la Historia, Dios tenga misericordia de él. Dijo al-Ṯaʿlabī: lo correcto de ello es lo que mencionó Muḥammad b. Isḥāq: cuando Dios elevó a ʿĪsā de entre ellos y mataron a Yaḥyā — y algunos dicen: cuando mataron a Zakarīyā—, Dios envió contra ellos a un rey de los reyes de Babilonia llamado: Ḫardūs [10138]; marchó contra ellos con la gente de Babilonia y prevaleció sobre ellos en al-Šām. Luego dijo al jefe de sus tropas: “Yo juré por mi dios que, si Dios me daba dominio sobre Bayt al-Maqdis, los mataría hasta que su sangre corriera en medio de mi campamento”. Y ordenó que los mataran hasta alcanzar de ellos esa medida. El jefe entró en Bayt al-Maqdis y halló allí sangre hirviendo. Les preguntó y dijeron: “Es sangre de una ofrenda que ofrecimos y no nos fue aceptada desde hace ochenta [10139] años”. Dijo: “No me habéis dicho la verdad”. Degolló sobre aquella sangre a setecientos setenta hombres de sus notables y no se calmó. Trajo a setecientos muchachos de entre sus jóvenes y los degollaron sobre la sangre y no se calmó [10140] Ordenó que se trajeran siete mil de sus cautivos y sus esposas y los degolló sobre la sangre y no se enfrió. Dijo: “¡Oh Hijos de Israel! Decidme la verdad antes de que no deje de vosotros a quien sople fuego, ni hembra ni varón, sin matarlo”. Cuando vieron la dureza, dijeron: “Esta es la sangre de un profeta nuestro que nos prohibía muchas cosas por temor a la ira de Dios, y lo matamos; esta es su sangre. Se llamaba Yaḥyā b. Zakarīyā: jamás desobedeció a Dios ni un parpadeo, ni se propuso desobediencia”. Dijo: “Ahora me habéis dicho la verdad”. Cayó postrado y luego dijo: “Por algo como esto se toma venganza de vosotros”. Ordenó cerrar las puertas y dijo: “Sacad de aquí a quien esté aquí del ejército de Ḫardūs [10141]”. Se quedó a solas con los Hijos de Israel y dijo: “¡Oh profeta de Dios, oh Yaḥyā b. Zakarīyā! Mi Señor y tu Señor saben lo que ha alcanzado a tu pueblo por tu causa; así que aquieta, con permiso de Dios, antes de que no deje de ellos a ninguno”. Entonces la sangre de Yaḥyā b. Zakarīyā se aquietó, con permiso de Dios —Poderoso y Majestuoso—. Levantó de ellos la matanza y dijo: “Señor, creo en lo que creyeron los Hijos de Israel y lo doy por verdadero”. Entonces Dios Altísimo reveló a una de las cabezas de los profetas: “Ciertamente, este jefe es creyente, veraz”. Luego dijo: “El enemigo de Dios, Ḫardūs, me ha ordenado que mate de vosotros hasta que vuestra sangre corra en medio de su campamento; y yo no le desobedezco”. Ordenó que cavaran un foso y mandó traer sus bienes —camellos, caballos, mulas, asnos, vacas y ovejas— y los degolló hasta que la sangre corrió hacia el campamento. Ordenó que los muertos que habían sido muertos antes fueran arrojados sobre lo que se había degollado de su ganado. Luego se retiró de ellos hacia Babilonia, y estuvo a punto de exterminar a los Hijos de Israel. Digo: ha llegado en este asunto un ḥadīṯ elevado, largo, del ḥadīṯ de Ḥudhayfa; lo hemos consignado en el libro al-Taḏkira, fragmentado en capítulos sobre noticias del Mahdī. Mencionaremos aquí de él lo que esclarece el sentido de la aleya y la interpreta, de modo que no se necesite explicación adicional. Dijo Ḥudhayfa: Dije: “¡Oh Mensajero de Dios! Bayt al-Maqdis ha sido ante Dios grandioso, de enorme importancia y gran rango”. Dijo el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le dé paz—: (Es de las casas más nobles; Dios la edificó para Sulaymān b. Dāwūd —la paz sea con ambos— con oro, plata, perlas, rubí, jacinto y esmeralda). Y ello porque Sulaymān b. Dāwūd, cuando la edificó, Dios le sometió a los genios: le trajeron oro y plata de las minas, y le trajeron joyas, rubíes, jacintos y esmeraldas; y Dios Altísimo le sometió a los genios hasta que la construyeron con estas clases. Dijo Ḥudhayfa: Dije: “¡Oh Mensajero de Dios! ¿Y cómo fueron tomadas estas cosas de Bayt al-Maqdis?”. Dijo el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le dé paz—: Cuando los Hijos de Israel desobedecieron a Dios y mataron a los profetas, Dios les impuso a Buḫtnaṣṣar, que era de los magos, y su reinado duró setecientos años. Y ello es Su palabra: «Y cuando llegó la promesa de la primera de las dos, enviamos contra vosotros siervos Nuestros dotados de gran fuerza, que recorrieron las casas; y fue una promesa cumplida». Entraron en Bayt al-Maqdis, mataron a los hombres, cautivaron a las mujeres y a los niños, tomaron los bienes y todo lo que había en Bayt al-Maqdis de estas clases; lo cargaron sobre setenta mil y cien mil carretas hasta depositarlo en la tierra de Babilonia. Permanecieron haciendo servir a los Hijos de Israel y dominándolos con ignominia, castigo y escarmiento durante cien años. Luego Dios —Poderoso y Majestuoso— tuvo misericordia de ellos y reveló a un rey de los reyes de Persia que marchara contra los magos en la tierra de Babilonia y rescatara a quienes de los Hijos de Israel estaban en sus manos. Aquel rey marchó contra ellos hasta entrar en la tierra de Babilonia; rescató a los que quedaban de los Hijos de Israel de manos de los magos, rescató aquellas alhajas que estaban en Bayt al-Maqdis y Dios las devolvió a él como estaban la primera vez. Y les dijo: “¡Oh Hijos de Israel! Si volvéis a las desobediencias, volveremos contra vosotros con cautiverio y muerte”. Y ello es Su palabra: «Quizá vuestro Señor tenga misericordia de vosotros; pero si volvéis, volveremos» [al-Isrāʾ: 8]. Cuando los Hijos de Israel regresaron a Bayt al-Maqdis, volvieron a las desobediencias; entonces Dios les impuso al rey de los romanos, César. Y ello es Su palabra: «Y cuando llegue la promesa de la Última, para afear vuestros rostros, y para que entren en la Mezquita como entraron en ella la primera vez, y para arrasar por completo cuanto dominen, con total devastación». Los atacó por tierra y por mar, los cautivó, los mató, tomó sus bienes y sus mujeres; tomó las alhajas de todo Bayt al-Maqdis y las cargó sobre setenta mil y cien mil carretas hasta depositarlas en la Iglesia del Oro. Allí están ahora, hasta que las tome el Mahdī y las devuelva a Bayt al-Maqdis. Y son mil naves y setecientas naves que atracan en Yāfā [10142], hasta que sean trasladadas a Bayt al-Maqdis; y con ellas Dios reunirá a los primeros y a los últimos… Y mencionó el ḥadīṯ.

Palabras del Altísimo: «Y cuando llegue la promesa de la Última» es decir, de las dos veces; y la respuesta de «cuando» está elidida; su estimación es: “los enviamos”, y lo indica el primer «enviamos». «para afear vuestros rostros» es decir, con el cautiverio y la muerte, de modo que aparezca el efecto de la tristeza en vuestros rostros. Así, «para afear» está ligado a un elidido, esto es: “enviamos siervos para que os hicieran lo que afea vuestros rostros”. Se dijo: por “rostros” se entiende los señores, es decir, para humillarlos. Y leyó al-Kisāʾī: «para que afee» con nūn y apertura de la hamza, como verbo en primera persona plural de magnificencia, atendiendo a Su palabra: «Y decretamos —y enviamos— y os devolvimos…». Y se transmite algo semejante de ʿAlī. Y la confirma la lectura de Ubayy: (para que, ciertamente, afee) con nūn y partícula de énfasis. Y leyeron Abū Bakr, al-Aʿmaš, Ibn Waṯṯāb, Ḥamza e Ibn ʿĀmir: (para que afee) con yāʾ en singular y apertura de la hamza; y tiene dos posibilidades: una: que Dios afee vuestros rostros. La segunda: que la promesa afee vuestros rostros. Y los demás leyeron: «para que afeen» con yāʾ y ḍamma de la hamza en plural, es decir: para que los siervos —los dotados de gran fuerza— afeen vuestros rostros. «y para que entren en la Mezquita como entraron en ella la primera vez, y para que arrasen» es decir, para que destruyan y aniquilen. Y dijo Quṭrub: para que derriben. Dijo el poeta:

No son los hombres sino dos obradores: uno que arrasa lo que edifica, y otro que lo levanta

«cuanto dominen» es decir, aquello sobre lo que prevalezcan de vuestras tierras, «con total devastación».

Notas y Referencias

[10132] [10132] :Este es el hemistiquio final de un verso de Rabīʿa b. Mukaddam. Su primer hemistiquio es: «Y desgarré con la lanza larga, en afrenta» Y antes de este verso: «Así desvié la montura de la mujer en litera hacia él *** adrede, para que supiera algo de lo que no sabía» Y después de él: «Y concedí a otro, tras él, una valiente *** de ojos grandes, con la boca abierta, como la quijada del león» Estos versos fueron dichos el día de al-ẓaʿīna. Véase Amālī al-Qālī, t. 2, p. 270, edición Dār al-Kutub.

[10133] Véase t. 20, p. 149.

[10134] Véase t. 3, primera parte, p. 713, edición de Europa.

[10135] Véase t. 11, p. 88 y ss.

[10136] Lo que figura en la Historia de al-Ṭabarī es: «Kīrš», y no hemos logrado corregirlo.

[10137] En al-Ṭabarī: «trescientos tres años». Véase p. 718 de la primera parte.

[10138] En ǧ: «Jardūš». Quizá sea una alteración del copista.

[10139] En la Historia de al-Ṭabarī, p. 721: «desde hace ochocientos años».

[10140] Adición respecto de la Historia de al-Ṭabarī.

[10141] En ǧ: «Jardūš». Quizá sea una alteración del copista.

[10142] Así en al-Ṭabarī y al-Durr al-manṯūr. Y en a, ǧ, w, w y y: «Yāfā». Esto es un error de los copistas.