16

Las Abejas

النحل An-Nahl
Aya 8

Versículo (Español)

[16:8] [Dios creó] los caballos, las mulas y los asnos como montura y para que se luzcan con ellos. Y creó muchas otras cosas que no conocen.

Tafsir de Al-Qurtubi

{Y los caballos, y las mulas, y los asnos, para que los montéis y como adorno. Y crea lo que no sabéis} (8) En ella hay ocho cuestiones:

La primera: Su dicho —Exaltado sea—: «y los caballos». En acusativo, como coordinado; es decir: “y creó los caballos”. E Ibn Abī ʿAbla recitó: «y los caballos, y las mulas, y los asnos», en nominativo en todos ellos. Se llamó a los caballos (al-jayl) “jayl” por su altivez al andar. Y el singular de “jayl” es jāʾil, como ḍāʾin es el singular de ḍayn. Y se dijo: no tiene singular. Esto ya se adelantó en «Āl ʿImrān [9803]», y allí mencionamos los hadices. Y cuando —Glorificado sea— mencionó de manera específica a los caballos, las mulas y los asnos, ello indica que no entraron bajo el término “los rebaños” (al-anʿām). Y se dijo: sí entraron, pero los mencionó aparte por lo relativo a la monta, pues esta es frecuente en caballos, mulas y asnos.

La segunda: Dijeron los sabios: Dios —Altísimo sea— nos dio dominio sobre los rebaños y las bestias de carga, y los sometió para nosotros, y nos permitió utilizarlos y beneficiarnos de ellos como misericordia Suya —Altísimo sea— para con nosotros. Y aquello que el ser humano posee y le es lícito someter de los animales, es lícito alquilarlo por consenso de la gente del saber; no hay discrepancia entre ellos en ello. El dictamen del alquiler de monturas y bestias está mencionado en los libros de fiqh.

La tercera: No hay اختلاف entre los sabios respecto a alquilar bestias y monturas para ellas y viajar con ellas, por Su dicho —Altísimo sea—: «y llevan vuestras cargas» [al-Naḥl: 7], la aleya. Y permitieron que un hombre alquile una bestia o montura hasta una ciudad determinada aunque no especifique en qué lugar de ella se detendrá, ni cuántos abrevaderos [9804] se detendrá en ellos, ni cómo será el modo de su marcha, ni cuántas paradas hará en su camino; y se contentaron con lo que es conocido por el uso entre la gente en ello. Dijeron nuestros sabios: el alquiler sigue el curso de las compraventas en lo que de él es lícito y en lo que es ilícito. Dijo Ibn al-Qāsim acerca de quien alquiló una bestia hasta tal lugar por una prenda de paño marwī sin describir su remiendo ni su medida: no es válido; porque Mālik no permitió esto en la venta, y no permite en el precio del alquiler sino lo que es permitido en el precio de la venta.

Digo: no hay اختلاف en esto, si Dios quiere; porque ello es un arrendamiento. Dijo Ibn al-Mundhir: todos aquellos de la gente del saber de quienes se conserva transmisión han consensuado que quien alquila una bestia para cargar sobre ella diez qafīz de trigo y carga lo estipulado y la bestia perece, no tiene responsabilidad alguna. Y así también si carga sobre ella diez qafīz de cebada. Y discreparon sobre quien alquila una bestia para cargar sobre ella diez qafīz y carga sobre ella once qafīz. Al-Šāfiʿī y Abū Thawr decían: responde por el valor de la bestia y debe el alquiler. E Ibn Abī Laylā dijo: debe su valor y no hay alquiler sobre él. Y hay una tercera opinión: que debe el alquiler y debe una parte del alquiler y una parte del valor de la bestia en proporción a lo que excedió de la carga; y esta es la opinión de al-Nuʿmān, Yaʿqūb y Muḥammad. Y dijo Ibn al-Qāsim, compañero de Mālik: no hay ضمان sobre él según la opinión de Mālik si el qafīz adicional no agobia a la bestia, y se sabe que con algo semejante no se inutiliza la bestia; y al dueño de la bestia le corresponde el alquiler del qafīz adicional junto con el primer alquiler, porque su inutilización no fue a causa del aumento. Esto es distinto de exceder la distancia, pues exceder la distancia es una transgresión en su totalidad, y por ello responde si perece, sea por poco o por mucho. En el aumento sobre la carga estipulada se reúnen permiso y transgresión; así, si el aumento no inutiliza en casos semejantes, se sabe que su perecer proviene de aquello para lo cual se le dio permiso.

La cuarta: La gente del saber discrepó sobre el hombre que alquila una bestia por un salario معلوم hasta un lugar nombrado, y luego transgrede y sobrepasa ese lugar, y después regresa al lugar al que se le permitió dirigirse. Un grupo dijo: si sobrepasa ese lugar, responde, y no hay alquiler por la transgresión; así lo dijo al-Thawrī. Y Abū Ḥanīfa dijo: el salario le corresponde por lo que se nombró, y no hay salario por lo que no se nombró; porque مخالَفَ, por lo que responde. Y así lo dijo Yaʿqūb. Y al-Šāfiʿī dijo: debe el alquiler que se nombró y el alquiler equivalente por aquello que sobrepasó; y si la bestia se inutiliza, le incumbe su valor. Algo semejante dijeron los siete juristas, los shuyūj de la gente de Medina: dijeron que si alcanza la distancia y luego añade, entonces debe el alquiler del aumento si se salva; y si perece, responde. Y Aḥmad, Isḥāq y Abū Thawr dijeron: debe el alquiler y la responsabilidad. Dijo Ibn al-Mundhir: y con ello decimos. Y dijo Ibn al-Qāsim: si el arrendatario alcanza el límite hasta el que alquiló y luego añade una milla y algo semejante, o millas, o un aumento grande, y la bestia se inutiliza, entonces al dueño le corresponde su primer alquiler y tiene la opción de tomar el alquiler del aumento, por grande que sea, o el valor de la bestia el día de la transgresión. Ibn al-Mawwāz: y se transmitió que responde aunque añada un solo paso. Y dijo Ibn al-Qāsim de Mālik sobre el aumento de una milla y algo semejante: en cuanto a lo a lo que la gente suele desviarse en la etapa, no responde. Y dijo Ibn Ḥabīb de Ibn al-Māǧišūn y Aṣbaġ: si el aumento es pequeño, o si excede ligeramente el plazo por el que la alquilaron, y luego la devuelve سالمَة al lugar por el que la alquilaron y muere, o muere en el camino hacia el lugar por el que la alquilaron, entonces no le corresponde sino el alquiler del aumento, como su devolución respecto de lo tomado por adelantado de un depósito. Pero si aumenta mucho, de modo que implique la estancia de muchos días en los que, en casos semejantes, cambia su mercado, entonces responde, como si muriera al sobrepasar el plazo o la distancia; porque si el aumento es pequeño, de lo que se sabe que no contribuyó a matarla, entonces su perecer después de devolverla al lugar permitido es como el perecer de lo tomado por adelantado del depósito tras devolverlo, inevitablemente. Y si el aumento es grande, ese aumento sí contribuyó a matarla.

La quinta: Dijeron Ibn al-Qāsim e Ibn Wahb: Mālik dijo: Dios —Altísimo sea— dijo: «y los caballos, y las mulas, y los asnos, para que los montéis y como adorno»; así los destinó a la monta y al adorno, y no los destinó a la comida. Y algo semejante se transmitió de Ašhab. Por ello dijeron nuestros compañeros: no es lícito comer las carnes de caballos, mulas y asnos; porque Dios —Altísimo sea—, cuando نصّ sobre la monta y el adorno, indicó que lo demás es en sentido contrario. Y dijo en «al-Anʿām»: «y de ellos coméis», junto con aquello con lo que Dios nos favoreció de abrigo y beneficios; así nos permitió comerlos mediante el degüello legal en ellos. Con esta aleya argumentaron Ibn ʿAbbās y al-Ḥakam b. ʿUyayna. Dijo al-Ḥakam: la carne de caballo es ilícita en el Libro de Dios; y recitó esta aleya y la anterior y dijo: esta es para comer y aquella es para montar. Y se preguntó a Ibn ʿAbbās sobre la carne de caballo y la desaprobó, y recitó esta aleya y dijo: esta es para montar; y recitó la aleya anterior: «y los rebaños los creó para vosotros: en ellos hay abrigo y beneficios», y luego dijo: esta es para comer. Y así lo sostuvieron Mālik, Abū Ḥanīfa y sus compañeros, al-Awzāʿī, Muǧāhid, Abū ʿUbayd y otros. Y argumentaron con lo que transmitieron Abū Dāwūd, al-Nasāʾī, al-Dāraquṭnī y otros, de Ṣāliḥ b. Yaḥyā b. al-Miqdām b. Maʿdīkarib, de su padre, de su abuelo, de Jālid b. al-Walīd: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— prohibió el día de Jaybar comer las carnes de caballos, mulas y asnos, y todo fiero de colmillo de las bestias y toda ave de garra. Es la formulación de al-Dāraquṭnī. Y en al-Nasāʾī también, de Jālid b. al-Walīd, que oyó al Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— decir: «No es lícito comer las carnes de caballos, mulas y asnos». Y la mayoría de los juristas y muhaddizūn dijo: es permitido. Y se transmitió de Abū Ḥanīfa. Y un grupo se apartó y dijo la prohibición; entre ellos al-Ḥakam, como mencionamos; y se transmitió de Abū Ḥanīfa. Al-Rūyānī narró de él las tres versiones en Baḥr al-Maḏhab según la escuela de al-Šāfiʿī.

Digo: lo correcto, a lo que conduce la consideración y la transmisión, es la licitud de comer la carne de caballo, y que ni la aleya ni el hadiz constituyen una prueba obligatoria en ese sentido. En cuanto a la aleya, no hay en ella indicio de la prohibición del caballo; pues si indicara eso, indicaría la prohibición de la carne de los asnos. Y la sura es mequí; ¿qué necesidad habría de renovar la prohibición de la carne de los asnos el año de Jaybar, cuando en las transmisiones se ha establecido la licitud del caballo, como vendrá? Además, cuando —Altísimo sea— mencionó los rebaños, mencionó lo predominante de sus beneficios y lo más importante en ellos: llevar cargas y comer; y no mencionó explícitamente la monta ni el arado con ellos ni otra cosa, aunque se montan y se ara con ellos. Dijo Dios —Altísimo sea—: «Aquel que os hizo los rebaños: de ellos montáis y de ellos coméis [9805]» [Ġāfir: 79]. Y respecto de los caballos dijo: «para que los montéis y como adorno»; así mencionó también lo predominante de sus beneficios y su finalidad, y no mencionó llevar cargas sobre ellos, aunque las llevan, como se observa. Por eso no mencionó la comida. Y lo aclaró —la paz sea con él—, a quien se le encomendó explicar lo que se le hizo descender, como vendrá; y no se sigue de que fueran creados para la monta y el adorno que no se coman. Esta vaca, por ejemplo, su Creador —que hace hablar a toda cosa— la hizo hablar y dijo: “solo fui creada para el arado”. Así, según el razonamiento de quien alega que el caballo no se come porque fue creado para la monta, habría que concluir que la vaca no se come porque fue creada para el arado. Y los musulmanes han consensuado la licitud de comerla; así también el caballo, por la sunna firme al respecto. Muslim transmitió, por el hadiz de Ǧābir, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— prohibió el día de Jaybar la carne de los asnos domésticos y permitió la carne de caballo. Y al-Nasāʾī transmitió de Ǧābir: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— nos dio de comer el día de Jaybar carne de caballo y nos prohibió la carne de los asnos. Y en una versión de Ǧābir dijo: comíamos carne de caballo en tiempos del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—. Si se dijera: la transmisión de Ǧābir de que la comieron en Jaybar es relato de un estado y un caso particular; cabe que degollaran por necesidad, y no se argumenta con casos circunstanciales. Respondemos: la transmisión de Ǧābir y su información de que comían carne de caballo en tiempos del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— elimina esa posibilidad. Y aun si lo concediéramos, tenemos el hadiz de Asmāʾ, que dijo: degollamos un caballo en tiempos del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— estando nosotros en Medina, y lo comimos; lo transmitió Muslim. Y toda interpretación sin preferencia frente al texto no es sino una pretensión: no se le presta atención ni se recurre a ella. Y al-Dāraquṭnī transmitió un buen añadido que levanta toda interpretación en el hadiz de Asmāʾ: Asmāʾ dijo: teníamos un caballo en tiempos del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—; quiso morir, y lo degollamos y lo comimos. Así, su degüello fue por temor a su muerte, no por otra circunstancia. Y Dios es Quien concede el acierto. Si se dijera: es un animal de pezuña, por lo que no se come, como el asno. Respondemos: esto es un qiyās de semejanza; y los maestros de uṣūl discreparon sobre aceptarlo. Y aun si lo concediéramos, queda invalidado por el cerdo: pues tiene pezuña y, sin embargo, difiere de los ungulados. Además, si el qiyās se opone al texto, es un razonamiento فساد الوضع, al que no se atiende. Dijo al-Ṭabarī: en su consenso sobre la licitud de montar lo que se mencionó para comer hay prueba de la licitud de comer lo que se mencionó para montar.

La sexta: En cuanto a las mulas, se asimilan a los asnos: si decimos que el caballo no se come, entonces ellas son engendradas de dos especies que no se comen. Y si decimos que el caballo se come, entonces son una especie engendrada de una comestible y otra no comestible, y prevalece la prohibición según lo que se exige en los principios. Y así también el degüello del nacido entre dos incrédulos, uno de los cuales es de la gente del degüello y el otro no lo es: no es degüello válido y no hace lícita la res. Ya pasó en «al-Anʿām [9806]» la exposición sobre la prohibición de los asnos, así que no hay sentido en repetir. Y se ha justificado la prohibición de comer el asno en que manifestó su esencia vil cuando montó a un macho y practicó la sodomía, por lo que fue llamado “impureza”.

La séptima: En la aleya hay prueba de que no hay zakāt en los caballos; porque Dios —Glorificado sea— nos favoreció con lo que nos permitió de ellos y con lo que nos honró de sus beneficios, y no es lícito imponer en ellos carga alguna sino con prueba. Mālik transmitió de ʿAbd Allāh b. Dīnār, de Sulaymān b. Yasār, de ʿIrāk b. Mālik, de Abū Hurayra, que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— dijo: «No hay limosna obligatoria para el musulmán en su esclavo ni en su caballo». Y Abū Dāwūd transmitió de Abū Hurayra, del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—: «No hay zakāt en los caballos ni en los esclavos, salvo la zakāt del fiṭr respecto de los esclavos». Y así lo sostuvieron Mālik, al-Šāfiʿī, al-Awzāʿī, al-Layṯ, Abū Yūsuf y Muḥammad. Y Abū Ḥanīfa dijo: si son todas hembras, o machos y hembras, entonces en cada caballo hay un dinar si pastan libremente; y si quiere, los valora y saca por cada doscientos dírhams cinco dírhams. Y argumentó con un أثر del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—: «En los caballos que pastan libremente, por cada caballo un dinar», y con su dicho —Dios le bendiga y le dé paz—: «Los caballos son tres…», el hadiz; y en él: «y no olvidó el derecho de Dios en sus cuellos ni en sus lomos». La respuesta al primero es que es un hadiz que no transmitió sino Ġawrak [9807] al-Saʿdī, de Ǧaʿfar, de Muḥammad, de su padre, de Ǧābir. Dijo al-Dāraquṭnī: Ġawrak se singularizó en él de Ǧaʿfar, y es muy débil; y los que están por debajo de él son débiles. En cuanto al hadiz, el “derecho” mencionado en él es salir con ellos cuando se produce la movilización y se hace obligatorio con ellos combatir al enemigo si ello se hace obligatorio para él, y cargar sobre ellos a los que han quedado sin medios cuando lo necesiten; y esto es obligatorio para él si se determina, como se determina para él alimentarlos en caso de necesidad. Estos son los derechos de Dios en sus cuellos. Si se dijera: ese es el derecho en sus lomos, y queda el derecho en sus cuellos. Se dice: se ha transmitido: «no olvida el derecho de Dios en ellos», y no hay diferencia entre decir: «el derecho de Dios en ellos» o «en sus cuellos y sus lomos», pues el sentido vuelve a una sola cosa: el derecho se relaciona con su totalidad. Y un grupo de sabios dijo: el derecho aquí es la buena tenencia, velar por su saciedad, tratarlos con benevolencia y montarlos sin hacerles daño, como vino en el hadiz: «No toméis sus lomos como sillas». Solo se mencionaron sus cuellos porque “los cuellos” y “las nucas” se usan metafóricamente con frecuencia en los lugares de derechos obligatorios y deberes impuestos; de ello es Su dicho —Altísimo sea—: «la liberación de un cuello creyente [9808]» [al-Nisāʾ: 92]. Y se multiplicó entre ellos el uso de ello y su metáfora hasta aplicarlo a los bienes inmuebles y a las riquezas. ¿No ves el dicho de Kaṯīr:

“De manto abundante: cuando sonríe riendo, *** se cierran, por su risa, los cuellos de la riqueza” [9809]

Además, el animal en el que es obligatoria la zakāt tiene un niṣāb de su misma especie; y cuando los caballos quedaron fuera de ello, supimos la caída de la zakāt en ellos. Además, su imposición de la zakāt en sus hembras por separado, sin los machos, es una contradicción por su parte; y no hay en el hadiz separación entre ambos. Y hacemos analogía de las hembras con los machos en la negación de la limosna, por ser un animal poseído por su cría, no por su leche; y no es obligatoria la zakāt en sus machos, así que no lo es en sus hembras, como las mulas y los asnos. Y se transmitió de él que no hay zakāt en sus hembras aunque estén solas, como sus machos cuando están solos; y esto es lo que sostiene la mayoría. Dijo Ibn ʿAbd al-Barr: la noticia sobre la limosna de los caballos de ʿUmar es auténtica por el hadiz de al-Zuhrī y otros. Y se transmitió por el hadiz de Mālik; y lo transmitió de él Ǧuwayriya, de al-Zuhrī, que al-Sāʾib b. Yazīd dijo: ciertamente vi a mi padre valorar los caballos y luego entregar su limosna a ʿUmar. Esto es un argumento para Abū Ḥanīfa y su shayj Ḥammād b. Abī Sulaymān. No conozco a nadie de los juristas de las grandes ciudades que haya hecho obligatoria la zakāt en los caballos sino a ellos dos. Ǧuwayriya se singularizó en ello de Mālik, y es fiable.

Su dicho —Altísimo sea—: «y como adorno». En acusativo por la elipsis de un verbo; el sentido es: “y los hizo adorno”. Y se dijo: es complemento por causa. El adorno: aquello con lo que uno se adorna. Y esta belleza y ornamentación, aunque sea de los bienes de este mundo, Dios —Glorificado sea— lo ha permitido a Sus siervos. Dijo el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—: «Los camellos son honra para su gente, las ovejas son bendición, y en los copetes de los caballos está el bien». Lo transmitieron al-Barqānī e Ibn Māǧa en las Sunan. El Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— reunió la honra en los camellos porque en ellos hay vestido, comida, leche, carga y expedición, aunque les falte la carga y la retirada; y puso la bendición en las ovejas por lo que hay en ellas de vestido, alimento y bebida, y por la abundancia de crías —pues paren en el año tres veces—, además de la serenidad que las acompaña, y lo que hacen recaer sobre su dueño de humildad y suavidad de trato, a diferencia de los faddādūn [9810], la gente del pelo. Y el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— vinculó el bien a los copetes de los caballos hasta el fin de los tiempos por lo que hay en ellos de botín obtenido para el sustento y la vida, y por lo que conduce a someter a los enemigos, vencer a los incrédulos y elevar la palabra de Dios —Altísimo sea—.

La octava: Su dicho —Altísimo sea—: «Y crea lo que no sabéis». La mayoría dijo: de la creación. Y se dijo: de las clases de insectos y alimañas en las profundidades de la tierra, en la tierra firme y en el mar, de lo que los البشر no han visto ni han oído. Y se dijo: «Y crea lo que no sabéis»: de lo que Dios ha preparado en el Paraíso para su gente y en el Fuego para su gente, de lo que ningún ojo vio, ningún oído oyó y no pasó por el corazón de ningún ser humano. Y Qatāda y al-Suddī dijeron: es la creación de la polilla en las ropas y del gusano en las frutas. Ibn ʿAbbās: una fuente bajo el Trono; lo narró al-Māwardī. Al-Ṯaʿlabī: e Ibn ʿAbbās dijo: a la derecha del Trono hay un río de luz como los siete cielos, las siete tierras y los siete mares setenta veces; Gabriel entra en él cada madrugada y se baña, y aumenta luz sobre su luz, belleza sobre su belleza y grandeza sobre su grandeza; luego se sacude, y Dios hace salir de cada pluma setenta mil gotas, y de cada gota hace salir siete mil ángeles: de ellos entran cada día setenta mil ángeles en la Casa Frecuentada; y en la Kaʿba hay setenta mil que no vuelven a ella hasta el Día de la Resurrección. Y una quinta opinión [9811]: es lo que se transmitió del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—: que es una tierra blanca, a treinta días de marcha del sol, colmada de criaturas que no saben que Dios —Altísimo sea— es desobedecido en la tierra. Dijeron: ¡Mensajero de Dios!, ¿son de los hijos de Adán? Dijo: «No saben que Dios creó a Adán». Dijeron: ¡Mensajero de Dios!, ¿y dónde está Iblīs respecto de ellos? Dijo: «No saben que Dios creó a Iblīs». Luego recitó: «Y crea lo que no sabéis». Lo mencionó al-Māwardī.

Digo: de este sentido es lo que al-Bayhaqī mencionó de al-Šaʿbī, que dijo: ciertamente Dios tiene siervos más allá de al-Andalus, a una distancia como la que hay entre nosotros y al-Andalus; no ven que exista criatura que desobedezca a Dios. Y sus guijarros [9812] son perlas y rubíes, y sus montañas son oro y plata. No aran [9813] ni siembran ni realizan trabajo alguno. Tienen árboles a las puertas de sus casas con frutos que son su alimento, y árboles con hojas anchas que son su vestido. Lo mencionó en “El inicio de la creación” del «Kitāb al-Asmāʾ wa-l-Ṣifāt». Y se transmitió, por el hadiz de Mūsā b. ʿUqba, de Muḥammad b. al-Munkadir, de Ǧābir b. ʿAbd Allāh al-Anṣārī, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— dijo: «Se me permitió que hable acerca de un ángel de los ángeles de Dios, de los portadores del Trono: entre el lóbulo de su oreja y su hombro hay una marcha de setecientos años».

[9803] :véase t. 4, p. 32. [9804] :al-manhal: el abrevadero; luego se extendió el uso hasta que se llamaron “manāhil” las paradas de los viajeros en los puntos de agua. [9805] :véase t. 15, p. 334. [9806] :véase t. 7, p. 115 y ss. [9807] :es Ġawrak b. al-Ḥaḍramī, Abū ʿAbd Allāh. (según al-Dāraquṭnī). [9808] :véase t. 5, p. [9809] :al-ġamr: el agua abundante; y “un hombre ġamr al-ridāʾ”, y “ġamr al-juluq”, es decir: de carácter amplio, de mucho bien, generoso. [9810] :al-faddādūn: los dueños de muchos camellos, de los que uno posee de doscientos camellos hasta mil. En y: “la gente de los camellos”. [9811] :así en los ejemplares base. Lo que se entiende de inmediato es: “sexta”. [9812] :al-raḍrāḍ: los guijarros, o lo que se ha triturado de los guijarros. [9813] :en y: “yaḥtarithūn” (aran).

Notas y Referencias

[9803] Véase t. 4, p. 32.

[9804] al-manhal: el abrevadero; luego se extendió el uso hasta que se llamaron “manāhil” las paradas de los viajeros en los puntos de agua.

[9805] Véase t. 15, p. 334.

[9806] Véase t. 7, p. 115 y ss.

[9807] Es Ġawrak b. al-Ḥaḍramī, Abū ʿAbd Allāh. (según al-Dāraquṭnī).

[9808] Véase t. 5, p.

[9809] al-ġamr: el agua abundante; y “un hombre ġamr al-ridāʾ”, y “ġamr al-juluq”, es decir: de carácter amplio, de mucho bien, generoso.

[9810] al-faddādūn: los dueños de muchos camellos, de los que uno posee de doscientos camellos hasta mil. En y: “la gente de los camellos”.

[9811] Así en los ejemplares base. Lo que se entiende de inmediato es: “sexta”.

[9812] al-raḍrāḍ: los guijarros, o lo que se ha triturado de los guijarros.

[9813] En y: yaḥtarithūn.