José
يوسف YusufVersículo (Español)
[12:56] Así fue como hice a José gobernar la tierra [de Egipto], donde pudo establecerse a su gusto. Concedo Mi misericordia a quien quiero, y no dejo que se pierda la recompensa de los que hacen el bien [en este mundo].
Tafsir de Al-Qurtubi
{Y así establecimos a José en la tierra: se instala en ella donde quiere. Alcanzamos con Nuestra misericordia a quien queremos, y no dejamos perder la recompensa de los bienhechores} (56)
Palabras del Altísimo:
{Y así establecimos a José en la tierra: se instala en ella donde quiere}
Es decir: y de modo semejante a este favor con que le agraciamos —acercándolo al corazón del rey y librándolo de la prisión— le dimos firme establecimiento en la tierra; esto es, le dimos poder sobre lo que quisiera.
Al-Kiyā al-Ṭabarī dijo, a propósito de las palabras del Altísimo:
{Y así establecimos a José en la tierra}
que ello es prueba de la licitud de la estratagema (ḥīla) para alcanzar lo permitido, aquello en lo que hay dicha y rectitud, y para extraer los derechos; y algo semejante es la palabra del Altísimo:
{Y toma en tu mano un manojo y golpea con él, y no perjures[9183]} [ p. : 44 ] y el ḥadiz de Abū Saʿīd al-Judrī acerca del encargado de Jaybar, lo que éste entregó de dátiles al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y lo que él dijo
[9184]
Digo:
y esto queda refutado por lo que vendrá.
Se dice: “lo establecimos” (makkannāhu) y “le dimos establecimiento” (makkannā lahu).
Dijo Dios, Altísimo:
{Les dimos firme establecimiento en la tierra como no os lo dimos a vosotros[9185]}
[Al-Anʿām: 6].
Al-Ṭabarī dijo: el gran rey al-Walīd ibn al-Rayyān nombró a José sucesor (jalīfa) en el cargo de Iṭfīr y lo destituyó.
Mujāhid dijo: y se islamizó por su mano.
Ibn ʿAbbās dijo: le otorgó el reino al cabo de un año y medio.
Y Muqātil narró que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Si José hubiera dicho: “En verdad, soy custodio, conocedor, si Dios quiere”, habría reinado en su mismo tiempo».
Luego murió Iṭfīr, y al-Walīd lo casó con la esposa de Iṭfīr, Rāʿīl. José consumó el matrimonio con ella y la halló virgen; y ella le dio dos hijos: Ifrāthīm y Munšā, los dos hijos de José.
Y quien sostuvo que ella era Zulaijá dijo: José no se casó con ella; y que, cuando ella lo vio en su comitiva, lloró; luego dijo: “Alabado sea Dios, que por la desobediencia hace de los reyes siervos, y alabado sea Dios, que por la obediencia hace de los siervos reyes”. Entonces él la acogió consigo, y fue de su casa hasta que murió junto a él; y no se casó con ella. Lo mencionó al-Māwardī. Esto contradice lo anteriormente transmitido de Wahb; y lo mencionó al-Thaʿlabī. Y Dios sabe más.
Cuando el rey confió a José el asunto de Egipto, éste trató a la gente con delicadeza y se puso a llamarlos al islam hasta que creyeron en él; estableció entre ellos la justicia, y lo amaron hombres y mujeres.
Wahb, al-Suddī, Ibn ʿAbbās y otros dijeron: luego llegaron los años de abundancia; José ordenó reparar los campos de cultivo y les mandó ensanchar la siembra. Cuando maduró la cosecha, ordenó que se reuniera; después construyó para ella las pirámides, y se almacenó en ellas, aquel año, una cosecha tan abundante que los depósitos resultaron estrechos por su cantidad. Luego reunió para sí la cosecha de cada año de igual modo, hasta que, cuando concluyeron los siete años de abundancia y llegaron los años de carestía, descendió Gabriel y dijo: “¡Oh gente de Egipto! Pasad hambre, pues Dios ha desatado sobre vosotros el hambre durante siete años”.
Y algunos sabios dijeron:
Para el hambre y la sequía hay dos señales: una de ellas es que el alma ama la comida más de lo habitual, y el hambre le sobreviene con rapidez, a diferencia de como estaba antes; y toma de la comida por encima de lo suficiente.
La segunda: que falte el alimento, de modo que no se encuentre en absoluto y se vuelva extremadamente escaso.
Estas dos señales se reunieron en la época de José: se despertaron hombres, mujeres y niños clamando: “¡hambre, hambre!”, y comían sin saciarse. Y se despertó el rey clamando: “¡hambre, hambre!”. Dijo: entonces José suplicó por él y Dios lo curó de ello.
Luego, al amanecer, José proclamó en toda la tierra de Egipto:
“¡Gente! Que nadie siembre cultivo alguno, pues se perderá la semilla y no brotará nada”.
Y llegaron aquellos años con un horror inmenso, indescriptible.
Ibn ʿAbbās dijo: cuando comenzó la carestía, mientras el rey estaba en el interior de la noche, le sobrevino el hambre a medianoche; y el rey gritó: “¡José! ¡hambre, hambre!”. José dijo: “Éste es el tiempo de la carestía”.
Cuando entró el primer año de los años de carestía, pereció en él todo lo que habían preparado en los años de abundancia. Entonces la gente de Egipto empezó a comprar el alimento a José. Él se lo vendió el primer año por dinero, hasta que no quedó en Egipto dinar ni dírham que no hubiera recogido. Se lo vendió el segundo año por alhajas y joyas, hasta que no quedó nada de ello en manos de la gente. Se lo vendió el tercer año por ganados y monturas, hasta que los acaparó todos. Se lo vendió el cuarto año por esclavos y esclavas, hasta que los acaparó a todos. Se lo vendió el quinto año por bienes inmuebles y fincas, hasta que las poseyó todas. Se lo vendió el sexto año por sus hijos y sus mujeres, y los redujo a esclavitud a todos. Y se lo vendió el séptimo año por sus propias personas, hasta que no quedó en el séptimo año
[9186] en Egipto libre ni esclavo que no se hubiera convertido en esclavo suyo.
Entonces la gente dijo: “¡Por Dios! No hemos visto rey más noble ni más grandioso que éste”.
José dijo al rey de Egipto: “¿Cómo has visto la obra de mi Señor en lo que me ha concedido? Y ahora, todo esto es para ti: ¿qué opinas al respecto?”.
Él dijo: “Te he confiado el asunto: haz lo que quieras. No somos sino seguidores tuyos. No soy de los que se desdeñan de adorarte y obedecerte; no soy sino uno de tus siervos, y de aquellos a quienes se ha concedido lo que a ti se te ha concedido”.
José —la paz sea con él— dijo: “No los libré del hambre para esclavizarlos, ni los salvé de la calamidad para ser yo una calamidad para ellos. Doy testimonio ante Dios y ante ti de que he manumitido a la gente de Egipto, a todos sin excepción; les he restituido sus bienes y sus propiedades; y te he devuelto tu reino con la condición de que sigas mi norma (sunnatī)”.
Y se transmite que José —la paz sea con él— no se saciaba de comida en aquellos años. Se le dijo: “¿Pasas hambre teniendo en tu mano los tesoros de la tierra?”. Respondió: “Temo que, si me sacio, olvide al hambriento”.
Y José ordenó al cocinero del rey que su alimento fuese a mediodía, para que el rey probase el sabor del hambre y no olvidase a los hambrientos; por ello los reyes hicieron su comida a mediodía.
Palabras del Altísimo:
{Alcanzamos con Nuestra misericordia a quien queremos}
Es decir, con Nuestro favor; y la misericordia es la gracia y el bien obrar.
Palabras del Altísimo:
{y no dejamos perder la recompensa de los bienhechores}
Es decir, su retribución.
Ibn ʿAbbās y Wahb dijeron: se refiere a los pacientes; por su paciencia en el aljibe, en la esclavitud y en la prisión, y por su paciencia ante las cosas vedadas por Dios, frente a aquello a lo que la mujer lo invitaba.
Al-Māwardī dijo: se discrepó acerca de lo que se le concedió a José en esta situación, según dos opiniones: una, que es recompensa de Dios —Altísimo— por aquello con lo que lo probó.
La segunda: que Dios le otorgó eso por pura gracia hacia él, y que su recompensa permanece tal cual para él en la Otra Vida.
[9183]
:Véase t. 15, p. 212.
[9184]
:El ḥadiz: es que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— puso a un hombre al frente de Jaybar; éste le trajo dátiles janīb, que es una clase excelente de dátiles. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— le dijo: «¿Todos los dátiles de Jaybar son así?». Él respondió: «No, por Dios, ¡oh Mensajero de Dios! Tomamos un ṣāʿ de éstos por dos ṣāʿ, por tres». Dijo: «No lo hagas: vende el dátil común por dírhams y luego compra con los dírhams janīb». (Al-Bujārī).
[9185]
:Véase t. 6, p. 391.
[9186]
:De ʿ.
Notas y Referencias
[9183] Véase t. 15, p. 212.
[9184] El ḥadiz: es que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— puso a un hombre al frente de Jaybar; éste le trajo dátiles janīb, que es una clase excelente de dátiles. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— le dijo: «¿Todos los dátiles de Jaybar son así?». Él respondió: «No, por Dios, ¡oh Mensajero de Dios! Tomamos un ṣāʿ de éstos por dos ṣāʿ, por tres». Dijo: «No lo hagas: vende el dátil común por dírhams y luego compra con los dírhams janīb». (Al-Bujārī).
[9185] Véase t. 6, p. 391.
[9186] De ʿ.