12

José

يوسف Yusuf
Aya 24

Versículo (Español)

[12:24] Ella lo deseó, y él la hubiera deseado de no ser porque vio una señal de su Señor. Así lo preservé del pecado y la obscenidad, porque era uno de Mis siervos elegidos.

Tafsir de Al-Qurtubi

{وَلَقَدۡ هَمَّتۡ بِهِۦۖ وَهَمَّ بِهَا لَوۡلَآ أَن رَّءَا بُرۡهَٰنَ رَبِّهِۦۚ كَذَٰلِكَ لِنَصۡرِفَ عَنۡهُ ٱلسُّوٓءَ وَٱلۡفَحۡشَآءَۚ إِنَّهُۥ مِنۡ عِبَادِنَا ٱلۡمُخۡلَصِينَ} (24) Palabras del Altísimo: «Y ella lo solicitó —la que estaba en cuya casa él se hallaba— para sí mismo». Y es la mujer del ‘Azīz: le pidió que tuviera trato carnal con ella. El origen de la murāwada es la voluntad y la petición con suavidad y blandura. Y al-rūd y al-riyād es la búsqueda de pasto. Y se dijo: procede de ruwayd; se dice: “Fulano camina ruwaydan”, esto es, con suavidad; así, la murāwada es la suavidad en la petición. Se dice del hombre: “la solicitó para sí misma”, y de la mujer: “lo solicitó para sí mismo”. Y al-rūd es la pausa y la deliberación; se dice: “arwidnī”, “concédeme un plazo”. «Y cerró las puertas». Gallaqa se usa para lo numeroso; no se dice: “galaqa la puerta”. Y أغلق (aglaqa) se emplea tanto para lo numeroso como para lo poco, como dijo al-Farazdaq acerca de Abū ‘Amr b. al-‘Alā’:

“No dejé de cerrar puertas y abrirlas *** hasta que llegué a Abū ‘Amr b. ‘Ammār”.

Se dice: eran siete puertas; las cerró y luego lo llamó hacia sí. «Y dijo: هيت لك (hayta laka)». Es decir: “ven”, “acércate”, “adelante”, “ven aquí”; no tiene masdar ni flexión. Dijo al-Naḥḥās: en ella hay siete lecturas. Por lo que contiene, y la más correcta en isnād, es lo que transmitió al-A‘mash de Abū Wā’il, quien dijo: oí a ‘Abd Allāh b. Mas‘ūd recitar: «هَيتَ لك (hayta laka)». Dije: “Hay gente que la recita: «هِيتَ لك (hīta laka)»”. Respondió: “Yo no recito sino como se me enseñó”. Dijo Abū Ja‘far: algunos lo transmiten de ‘Abd Allāh b. Mas‘ūd, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—; y no es improbable, porque su dicho “yo no recito sino como se me enseñó” indica que es marfū‘. Esta lectura, con fatḥa en la tā’ y en la hā’, es la correcta: es la lectura de Ibn ‘Abbās, Sa‘īd b. Jubayr, al-Ḥasan, Mujāhid y ‘Ikrima; y con ella recitaron Abū ‘Amr b. al-‘Alā’, ‘Āṣim, al-A‘mash, Ḥamza y al-Kisā’ī. Dijo ‘Abd Allāh b. Mas‘ūd: “No cortéis (no fragmentéis) en el Corán; no es sino como el dicho de uno de vosotros: ‘ven, acércate’”. E Ibn Abī Isḥāq, el gramático, recitó: «قالت هَيتِ لك (qālat hayti laka)», con fatḥa en la hā’ y kasra en la tā’. Y Abū ‘Abd al-Raḥmān al-Sulamī e Ibn Kaṯīr recitaron: «هَيتُ لك (haytu laka)», con fatḥa en la hā’ y ḍamma en la tā’; dijo Ṭarafa:

“No está mi gente entre los más lejanos cuando *** un pregonero del clan dice: هَيْتُ (haytu)”.

Estas son tres lecturas en las que la hā’ va con fatḥa. Y Abū Ja‘far, Shayba y Nāfi‘ recitaron: «وَقَالَتْ هِيتَ لَكَ (wa-qālat hīta laka)», con kasra en la hā’ y fatḥa en la tā’. Y Yaḥyā b. Waṯṯāb recitó: «وَقَالَتْ هِيْتُ لَكَ (wa-qālat hītu laka)», con kasra en la hā’, seguida de yā’ sākin, y la tā’ con ḍamma. Y se transmitió de ‘Alī b. Abī Ṭālib —Dios esté complacido con él—, de Ibn ‘Abbās, Mujāhid y ‘Ikrima: «وَقَالَتْ هَئْتُ لَكَ (wa-qālat ha’tu laka)», con kasra en la hā’, seguida de hamza sākin, y la tā’ con ḍamma. Y de Ibn ‘Āmir y la gente de al-Shām: «وَقَالَتْ هِئْتَ (wa-qālat hi’ta)», con kasra en la hā’, con hamza y con fatḥa en la tā’. Dijo Abū Ja‘far: «هِئْتَ لَكَ (hi’ta laka)» con fatḥa en la tā’ por el encuentro de dos consonantes en reposo, pues es un sonido como: مه (mah) y صه (ṣah), que no debe declinarse; y la fatḥa es ligera, porque antes de la tā’ hay una yā’, como en: “dónde” y “cómo”. Quien hace kasra en la tā’ es porque el origen es la kasra: cuando una consonante en reposo se vocaliza, se vocaliza hacia la kasra. Y quien hace ḍamma es porque contiene el sentido de “límite/fin”, como si dijera: “mi llamada es para ti”; y cuando se suprime la iḍāfa, se construye sobre ḍamma, como: حيث (ḥayṯu) y بعد (ba‘du). Y en la lectura de la gente de Medina hay dos opiniones: una, que la fatḥa sea por el encuentro de dos consonantes en reposo, como se mencionó. La otra: que sea un verbo de هاء يهيئ (hā’a yuhayyi’u), como جاء يجيء (jā’a yajī’u), y entonces el sentido en «هئت (hi’tu)» sería: “tu porte/tu aspecto se ha embellecido”; y «لك (laka)» sería de otra frase, como cuando dices: “a ti me refiero”. Y quien hace hamza y ḍamma en la tā’ lo toma como verbo con el sentido de: “me he dispuesto para ti”; y así también quien recita «هيت لك (hayta laka)». Abū ‘Amr reprobó esta lectura. Dijo Abū ‘Ubayda —Ma‘mar b. al-Muṯannā—: se preguntó a Abū ‘Amr sobre la lectura de quien recita con kasra en la hā’ y ḍamma en la tā’, con hamza; y Abū ‘Amr dijo: “¡Falso! La ha hecho venir de ‘me he dispuesto’ (تهيأت). ¡Vete y recorre a los árabes hasta llegar al Yemen: ¿conoces a alguien que diga esto?”. Y al-Kisā’ī también dijo: no se ha transmitido «هئت (hi’tu)» de los árabes. Dijo ‘Ikrima: «هئت لك (hi’tu laka)» significa: “me he dispuesto para ti, me he adornado y me he embellecido”; y es una lectura no satisfactoria, porque no se ha oído en árabe. Dijo al-Naḥḥās: es buena según los basríes, porque se dice: هاء الرجل يهاء ويهيئ هيأة (hā’a al-rajul yahā’u wa-yuhayyi’u hay’atan); así, هاء يهيئ (hā’a yuhayyi’u) es como جاء يجيء (jā’a yajī’u), y هئت (hi’tu) es como جئت (ji’tu). Y la kasra de la hā’ en «هيت (hīt)» es lengua de un pueblo que prefiere la kasra de la hā’ a su fatḥa. Dijo al-Zajjāj: la mejor de las lecturas es «هيت (hayta)» con fatḥa en la hā’ y en la tā’; dijo Ṭarafa:

“No está mi gente entre los más lejanos cuando*** un pregonero del clan dice: هَيْتَ (hayta)”.

con fatḥa en la hā’ y en la tā’. Y dijo el poeta acerca de ‘Alī b. Abī Ṭālib —Dios esté complacido con él—:

“Haz llegar al Príncipe de los Creyentes *** —hermano de Iraq— cuando lleguéis;

que Iraq y su gente *** están en paz contigo: así que هَيْتَ هَيْتَا (hayta haytā)”.

Dijeron Ibn ‘Abbās y al-Ḥasan: «هيت (hayt)» es una palabra en siriaco con la que lo llama hacia sí. Y dijo al-Suddī: su significado en copto es [9033]“ven para ti”. Dijo Abū ‘Ubayd: al-Kisā’ī solía decir: es lengua de la gente de Ḥawrān que llegó a la gente del Ḥijāz; su significado es “ven”. Dijo Abū ‘Ubayd: pregunté a un anciano sabio de Ḥawrān y mencionó que era su lengua; y así lo dijo ‘Ikrima. Y dijo Mujāhid y otros: es lengua árabe con la que lo llama hacia sí; es una palabra de incitación y de impulso hacia las cosas. Dijo al-Jawharī: se dice هَوَّتَ به (hawwata bihi) y هَيَّتَ به (hayyata bihi) cuando se le grita y se le llama. Dijo:

“Me inquietó que el camellero callara; *** si estuviera concernido por ella, habría gritado (لهَيَّتَا)”.

es decir, gritó. Y dijo otro:

“Con ella canta a los camellos todo joven: هَيَّاتِ (hayyāt)”.

Palabras del Altísimo: «Dijo: ¡Me refugio en Dios!». Es decir: me refugio en Dios y busco Su amparo contra aquello a lo que me llamas. Es un maṣdar; esto es: “me refugio en Dios, como refugio (معاذا)”. Se omite el maf‘ūl y se pone en acusativo el maṣdar por el verbo elidido; y se anexa el maṣdar al Nombre de Dios como se anexa el maṣdar al objeto, como cuando dices: “pasé por Zayd un pasar de ‘Amr”, es decir, como mi pasar por ‘Amr. «En verdad, él es mi señor». Esto es: su marido; es decir: él es mi amo, me ha honrado, así que no lo traicionaré. Así lo dijeron Mujāhid, Ibn Isḥāq y al-Suddī. Y dijo al-Zajjāj: es decir, Dios es mi Señor, me ha cuidado con Su gentileza; no cometeré, pues, lo que Él ha prohibido. Y en el relato: ella le dijo: “¡Yūsuf! ¡Qué hermoso es el aspecto de tu rostro!”. Dijo: “En el vientre me formó mi Señor”. Dijo: “¡Yūsuf! ¡Qué hermoso es tu cabello!”. Dijo: “Es lo primero que se corromperá de mí en mi tumba”. Dijo: “¡Yūsuf! ¡Qué hermosos son tus ojos!”. Dijo: “Con ellos miro a mi Señor”. Dijo: “¡Yūsuf! Alza tu mirada y mira mi rostro”. Dijo: “Temo la ceguera en mi Otra Vida”. Dijo: “¡Yūsuf! ¿Me acerco a ti y tú te alejas de mí?”. Dijo: “Con ello busco la cercanía a mi Señor”. Dijo: “¡Yūsuf! El qīṭūn [9034] lo he extendido para ti [9035]; entra conmigo”. Dijo: “El qīṭūn no me oculta de mi Señor”. Dijo: “¡Yūsuf! He extendido para ti el lecho de seda; levántate y satisface mi necesidad”. Dijo: “Entonces se irá mi parte del Paraíso”; y otras palabras de ella mientras él le replicaba, hasta que él se inclinó hacia ella. Y algunos mencionaron: las mujeres no dejaban de inclinarse hacia Yūsuf con inclinación de deseo hasta que Dios le dio noticia; entonces arrojó sobre él la majestad de la profecía, y su majestad ocupó a quien lo veía, apartándolo de su belleza. Los sabios discreparon acerca de su “inclinación” (hamm). No hay discrepancia en que la inclinación de ella fue hacia el pecado. En cuanto a Yūsuf, su inclinación hacia ella fue: «si no fuera porque vio la prueba de su Señor». Pero cuando vio la prueba, no se inclinó; y esto, por la obligatoriedad de la ‘iṣma para los profetas. Dijo Dios —Altísimo—: «Así, para apartar de él el mal y la indecencia; ciertamente, él es de Nuestros siervos escogidos». Así, en el discurso hay anteposición y posposición: es decir, “si no fuera porque vio la prueba de su Señor, se habría inclinado hacia ella”. Dijo Abū Ḥātim: yo leía las rarezas del Corán a Abū ‘Ubayda; cuando llegué a Su dicho: «Y ciertamente ella se inclinó hacia él, y él se inclinó hacia ella», la aleya, Abū ‘Ubayda dijo: esto es por anteposición y posposición; como si hubiera querido decir: “Y ciertamente ella se inclinó hacia él; y si no fuera porque vio la prueba de su Señor, se habría inclinado hacia ella”. Y dijo Aḥmad b. Yaḥyā: es decir, Zulaijá se inclinó hacia el pecado y estaba resuelta; y Yūsuf se inclinó, pero no consumó aquello hacia lo que se inclinó. Entre ambas inclinaciones hay diferencia. Al-Harawī mencionó estas dos opiniones en su libro. Dijo Jamīl:

“Me incliné con una inclinación por Buṯayna: si se manifestara, *** curaría los ardores del amor de mi corazón”.

Y otro:

“Me incliné y no hice; estuve a punto, y ojalá *** hubiera dejado a ‘Uṯmān mientras lloraban sus esposas”.

Todo esto es conversación del alma sin determinación. Y se dijo: se inclinó hacia ella, deseando su matrimonio. Y se dijo: se inclinó hacia ella, es decir, a golpearla [9037] y apartarla de sí; y la prueba lo contuvo de golpearla, pues si la golpeaba se habría imaginado que él la pretendía con lo ilícito y, al resistirse ella, él la golpeó. Y se dijo: la inclinación de Yūsuf fue pecado, y que se sentó de ella como se sienta el hombre de su mujer. A esta opinión fue la mayoría de los exegetas y el común de ellos, según mencionó al-Qushayrī Abū Naṣr, e Ibn al-Anbārī, al-Naḥḥās, al-Māwardī y otros. Dijo Ibn ‘Abbās: desató el cinturón de la cintura [9038] y se sentó de ella como se sienta el yerno. Y de él: ella se recostó boca arriba y él se sentó entre sus piernas, quitándose la ropa. Dijo Sa‘īd b. Jubayr: soltó el cordón de sus calzones. Dijo Mujāhid: desató los calzones hasta llegar a las nalgas, y se sentó de ella como se sienta el hombre de su mujer. Dijo Ibn ‘Abbās: y cuando dijo: «Eso, para que se sepa que no lo traicioné en lo oculto» [Yūsuf: 52], Gabriel le dijo: “¿Y tampoco cuando te inclinaste hacia ella, Yūsuf?”. Entonces dijo: «Y no absuelvo mi alma» [Yūsuf: 53]. Dijeron: el retraerse en una situación como esta es indicio de sinceridad, y mayor en recompensa.

Digo: y esto fue causa del elogio de Dios —Altísimo— a Dhū l-Kifl, según lo que vendrá explicado en “Ṣād” [9039], si Dios —Altísimo— quiere. Y la respuesta de «لولا (lawlā)» según esto está elidida: es decir, “si no fuera porque vio la prueba de su Señor, habría llevado a término aquello hacia lo que se inclinó”. Y su semejante es: «No; si supierais con ciencia de certeza [9040]» [al-Takāṯur: 5], cuya respuesta es: “no competiríais”. Dijo Ibn ‘Aṭiyya: se transmitió esta opinión de Ibn ‘Abbās y de un grupo de los salaf; y dijeron: la sabiduría en ello es que sea ejemplo para los pecadores, para que vean que su arrepentimiento retorna al perdón de Dios —Altísimo— como retornó en quien es mejor que ellos, y que la cercanía al pecado no lo destruyó. Todo esto, sobre la base de que la inclinación de Yūsuf llegó —según lo que narró este grupo— hasta sentarse entre las piernas de Zulaijá y comenzar a desatar su ropa y su cordón y cosas semejantes, mientras ella se había recostado para él. Lo transmitió al-Ṭabarī. Dijo Abū ‘Ubayd al-Qāsim b. Salām: Ibn ‘Abbās y quienes están por debajo de él no discrepan en que él se inclinó hacia ella; y ellos son los más conocedores de Dios y de la interpretación de Su Libro, y los que más veneran a los profetas como para hablar de ellos sin conocimiento. Dijo al-Ḥasan: Dios —Poderoso y Majestuoso— no mencionó los pecados de los profetas para avergonzarlos con ellos, sino que los mencionó para que no desesperéis del arrepentimiento. Dijo al-Ghaznawī: además, en el desliz de los profetas hay sabidurías: aumento del temor reverente, intensidad del pudor por la vergüenza, despojo del engreimiento por la obra, deleite en la gracia del perdón tras la esperanza, y que sean imames de la esperanza para la gente del desliz. Dijo al-Qushayrī Abū Naṣr: y dijo un grupo: en Yūsuf ocurrió una inclinación, y esa inclinación fue un movimiento natural sin resolución firme de atar el acto; y lo que es de este tipo no se toma en cuenta contra el siervo. Puede cruzar por el corazón de una persona, estando en ayuno, beber agua fría y tomar comida deliciosa; si no come ni bebe, y no determina su voluntad a comer y beber, no se le reprocha lo que se le insinuó en el alma. Y la prueba lo apartó de esa inclinación hasta que no se convirtió en determinación firme.

Digo: esta es una buena opinión, y entre quienes la sostuvieron está al-Ḥasan. Dijo Ibn ‘Aṭiyya: lo que yo sostengo en esta aleya es que no se ha confirmado que Yūsuf fuera profeta en el momento de este suceso, ni se ha reforzado por una transmisión convergente; y si es así, entonces es un creyente a quien se le dio juicio y conocimiento. Le es posible la inclinación que es querer algo sin consumarlo, y que acompañe el pensamiento vil, con lo que hay en ello de falta. Y si lo suponemos profeta en ese momento, no le es posible, a mi juicio, sino la inclinación que es un pensamiento fugaz; y no es válido respecto de él nada de lo que se mencionó sobre desatar su cordón y cosas semejantes, porque la ‘iṣma acompaña a la profecía. Y lo que se transmitió de que se le dijo: “¿Vas a estar en el registro de los profetas y haces el acto de los necios?”. Su sentido es la promesa de la profecía en lo sucesivo.

Digo: lo que mencionó en este detalle es correcto; pero Su dicho —Altísimo—: «Y le revelamos» [Yūsuf: 15] indica que era profeta, según lo que hemos mencionado; y es la opinión de un grupo de sabios. Y si era profeta, no queda sino que la inclinación hacia la que se inclinó sea lo que cruza por el alma y no se asienta en el pecho; y es aquello respecto de lo cual Dios levantó la imputación a las criaturas, pues el responsable no tiene capacidad de rechazarlo. Y su dicho: «Y no absuelvo mi alma» [Yūsuf: 53] —si es de las palabras de Yūsuf— sería por esa inclinación; o bien sería de su parte a modo de humildad y reconocimiento, por la oposición del alma a aquello con lo que antes fue declarado puro y exonerado. Dios —Altísimo— informó del estado de Yūsuf desde que alcanzó la madurez: «Y cuando alcanzó su plenitud, le dimos juicio y conocimiento» [Yūsuf: 22], según lo ya explicado. La noticia de Dios —Altísimo— es veraz, Su descripción es correcta y Su palabra es verdad. Así, Yūsuf actuó conforme a lo que Dios le enseñó acerca de la prohibición del adulterio y de sus preliminares, y de la traición al amo, al vecino y al extraño respecto de su familia. No se expuso a la mujer del ‘Azīz ni respondió a la solicitación; antes bien, se apartó de ella y huyó de ella: por una sabiduría que le fue concedida y por obrar según lo que Dios le enseñó. En el Ṣaḥīḥ de Muslim, de Abū Hurayra —Dios esté complacido con él—, dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: “Los ángeles dijeron: ‘Señor, ese es Tu siervo: quiere hacer una mala acción’, y Él es más consciente de él. Dijo: ‘Vigiladlo: si la hace, escribídsela como una igual; y si la deja, escribidle una buena acción: no la dejó sino por Mi causa’” [9043] Y dijo —la paz sea con él— informando de su Señor: “Si Mi siervo se inclina a una mala acción y no la hace, le escribo una buena acción”. Si lo que el siervo se propone de mal se le escribe, por dejarlo, como buena acción, entonces no hay pecado. Y en el Ṣaḥīḥ: “Dios ha pasado por alto a mi comunidad lo que sus almas se dicen a sí mismas, mientras no lo hagan ni lo pronuncien”. Ya se ha mencionado. Dijo Ibn al-‘Arabī: en Madīnat al-Salām había un imām de los imames de los sufíes —¡y qué imām!— conocido como Ibn ‘Aṭā’. Un día habló sobre Yūsuf y sus noticias, hasta mencionar su exoneración de lo que se le atribuyó de reprobable. Entonces se levantó un hombre desde el final de su asamblea —y estaba la asamblea llena de gente de toda clase— y dijo: “¡Shayj! ¡Señor nuestro! Entonces, ¿Yūsuf se inclinó y no consumó?”. Dijo: “Sí; porque el cuidado (la providencia) vino después. Mira la dulzura del sabio y del aprendiz; y mira la perspicacia del común en su pregunta, y la respuesta del sabio en su concisión y su exhaustividad”. Por eso dijeron los sabios sufíes: el beneficio de Su dicho: «Y cuando alcanzó su plenitud, le dimos juicio y conocimiento» [Yūsuf: 22] es que se le dio eso en el momento de predominio del deseo, para que fuera para él causa de ‘iṣma.

Digo: y cuando se establece su ‘iṣma y su inocencia por el elogio de Dios —Altísimo— hacia él, no es válido lo que dijo Muṣ‘ab b. ‘Uṯmān: que Sulaymān b. Yasār era de los más hermosos de rostro; una mujer lo deseó y le propuso entregarse; él se negó y la amonestó. Ella dijo: “Si no lo haces, te difamaré”. Él salió y la dejó. Vio en sueños a Yūsuf el veraz —sobre él la paz— sentado, y dijo: “¿Eres tú Yūsuf?”. Dijo: “Yo soy Yūsuf, el que se inclinó; y tú eres Sulaymān, el que no se inclinó”. Pues esto implicaría que el grado de la walāya es más alto que el grado de la profecía, lo cual es imposible. Y aun si supusiéramos que Yūsuf no era profeta, su grado sería el de la walāya, y estaría preservado como él. Y si se hubieran cerrado las puertas sobre Sulaymān, y se le hubiera insistido con palabras y discursos, con conversación y respuesta, junto con la larga convivencia, se habría temido para él la tentación y la gran prueba. Y Dios sabe más.

Palabras del Altísimo: «Si no fuera porque vio la prueba de su Señor». «أن (an)» está en posición de raf‘: es decir, “si no fuera por la visión de la prueba de su Señor” [9044]; y la respuesta está elidida, por ser conocida para el oyente: es decir, “habría ocurrido lo que habría ocurrido”. Esta prueba no se menciona en el Corán. Se transmitió de ‘Alī b. Abī Ṭālib —Dios esté complacido con él— que Zulaijá se levantó hacia un ídolo coronado de perlas y rubíes en un rincón de la casa y lo cubrió con un paño. Él dijo: “¿Qué haces?”. Ella dijo: “Me avergüenzo de este mi dios, de que me vea en esta situación” [9045] Entonces Yūsuf dijo: “Yo tengo más derecho a avergonzarme de Dios”. Y esto es lo mejor que se ha dicho al respecto, porque en ello hay establecimiento de la prueba. Y se dijo: vio escrito en el techo de la casa: «Y no os acerquéis al adulterio: ciertamente es una indecencia y un mal camino» [9046][al-Isrā’: 32]. Y dijo [9047] Ibn ‘Abbās: apareció una mano en la que estaba escrito: «Y ciertamente sobre vosotros hay guardianes» [9048][al-Infiṭār: 10]. Y dijo un grupo: recordó el pacto de Dios y Su alianza. Y se dijo: se le llamó: “¡Yūsuf! ¿Estás inscrito en el registro [9049] de los profetas y haces el acto de los necios?”. Y se dijo: vio la imagen de Ya‘qūb en las paredes, mordiéndose la yema de su dedo, amenazándolo; entonces se serenó y su deseo salió por las yemas de sus dedos. Así lo dijeron Qatāda, Mujāhid, al-Ḥasan y al-Ḍaḥḥāk; y Abū Ṣāliḥ y Sa‘īd b. Jubayr. Y al-A‘mash transmitió de Mujāhid, quien dijo: desató sus calzones y se le representó Ya‘qūb, y le dijo: “¡Yūsuf!”, y él se volvió huyendo. Y Sufyān transmitió de Abū Ḥuṣayn, de Sa‘īd b. Jubayr, quien dijo: se le representó Ya‘qūb y le golpeó el pecho, y su deseo salió por las yemas de sus dedos. Dijo Mujāhid: a cada uno de los hijos de Ya‘qūb le nacieron doce varones, excepto a Yūsuf: no le nacieron sino dos muchachos; y se le disminuyó su descendencia por aquel deseo. Y se dijo otra cosa. En suma: esa prueba fue un signo de los signos de Dios que Dios mostró a Yūsuf, hasta que se fortaleció su fe y se abstuvo del pecado.

Palabras del Altísimo: «Así, para apartar de él el mal y la indecencia». La kāf de «كذلك (ka-dhālika)» puede estar en raf‘, siendo khabar de un mubtada’ elidido; la estimación es: “las pruebas son así”. Y puede ser adjetivo de un maṣdar elidido: es decir, “le mostramos las pruebas con una visión así”. El mal (al-sū’) es el deseo, y la indecencia (al-faḥshā’) es el contacto carnal. Y se dijo: el mal es la mala fama, y la indecencia es el adulterio. Y se dijo: el mal es la traición a su dueño, y la indecencia es cometer la abominación. Y se dijo: el mal es el castigo del rey, el ‘Azīz. E Ibn Kaṯīr, Abū ‘Amr e Ibn ‘Āmir recitaron «المخلصين (al-mukhliṣīn)» con kasra en la lām; su interpretación es: los que sinceraron la obediencia a Dios. Y los demás recitaron con fatḥa en la lām; su interpretación es: aquellos a quienes Dios escogió y purificó para Su mensaje. Y Yūsuf —la paz sea con él— poseía ambas cualidades: pues era mukhliṣ en la obediencia a Dios —Altísimo— y mukhlaṣ para el mensaje de Dios —Altísimo—.

Notas y Referencias

[9033] En ‘A’: “la nabatea”.

[9034] Al-qīṭūn: el aposento interior (alcoba); extranjerismo. Y se dijo: en la lengua de la gente de Egipto y de los bereberes.

[9035] De y.

[9036] En ‘A’: “vio la prueba, prueba”.

[9037] Esto es lo que conviene al infalible, a diferencia de los demás sentidos.

[9038] Al-himyān: el ceñidor de los calzones.

[9039] Véase t. 15, p. 218 y t. 11, p. 327.

[9040] Véase t. 20, p. 173.

[9041] De ‘A, K, W y W.

[9042] De ‘A.

[9043] “Min jarāy”: es decir, “por Mi causa”; y en una copia del Ṣaḥīḥ de Muslim: “min jarā’ī”.

[9044] De ‘A, K.

[9045] En ‘A y K: “sobre”.

[9046] Véase t. 10, p. 253.

[9047] En ‘A: “y de”.

[9048] Véase t. 19, p. 245.

[9049] De ‘A.