Nos narró ‘Abd Allah ibn Muhammad: nos transmitió ‘Abd al-Razzaq; nos informó Ma‘mar, de Ayyub al-Sajtayani y de Katir ibn Katir ibn al-Muttalib ibn Abi Wada‘a —uno de los dos añade sobre el otro—, de Sa‘id ibn Yubayr:
“Ibn ‘Abbas dijo: «La primera vez que las mujeres se ciñeron el cinturón fue por causa de la madre de Isma‘il: se ciñó un cinturón para borrar su rastro ante Sara. Luego Ibrahim la trajo, junto con su hijo Isma‘il, mientras ella lo amamantaba, hasta que los dejó junto a la Casa, junto a un árbol frondoso, por encima de Zamzam, en la parte más alta de la mezquita. No había entonces en La Meca nadie, ni había allí agua. Los dejó allí, y dejó junto a ellos un zurrón con dátiles y un odre con agua. Luego Ibrahim se dio la vuelta para marcharse, y la madre de Isma‘il lo siguió y dijo: “¡Oh Ibrahim! ¿Adónde vas y nos dejas en este valle en el que no hay gente ni hay nada?”
Se lo dijo repetidas veces, y él no se volvía hacia ella. Entonces ella le dijo: “¿Es Allah quien te ha ordenado esto?”
Dijo: “Sí”.
Ella dijo: “Entonces no nos abandonará”.
Luego regresó. Ibrahim siguió su camino hasta que, cuando estuvo en el paso de la montaña, donde ya no podían verlo, se volvió de frente hacia la Casa; luego invocó con estas palabras y alzó sus manos, y dijo: «Señor nuestro: ciertamente he establecido a parte de mi descendencia en un valle sin cultivo», hasta llegar a: «para que agradezcan».
La madre de Isma‘il se puso a amamantar a Isma‘il y a beber de aquella agua, hasta que, cuando se agotó lo que había en el odre, tuvo sed y tuvo sed su hijo. Se puso a mirarlo mientras se retorcía —o dijo: mientras se revolcaba—, y se fue, por no querer mirarlo. Encontró que al-Safa era la montaña más cercana en la tierra contigua a ella; se puso en pie sobre ella, luego se volvió hacia el valle, mirando si veía a alguien, pero no vio a nadie. Bajó de al-Safa hasta que, cuando llegó al valle, se levantó el borde de su túnica; luego corrió con la carrera de una persona exhausta, hasta que atravesó el valle; luego llegó a al-Marwa, se puso en pie sobre ella y miró si veía a alguien, pero no vio a nadie. Hizo eso siete veces.
Ibn ‘Abbas dijo: el Profeta ﷺ dijo: “Y ese es el sa‘y de la gente entre ambos”.
Cuando se asomó a al-Marwa oyó una voz, y dijo: “¡Chist!”
queriendo decirse a sí misma. Luego aguzó el oído y oyó de nuevo, y dijo: “Ya te has dejado oír; si tienes socorro, aquí está”.
Y he aquí que era el ángel, en el lugar de Zamzam. Escarbó con su talón —o dijo: con su ala— hasta que apareció el agua. Ella se puso a contenerla formando una poza y decía con su mano así, y se puso a sacar agua en su odre, mientras el agua manaba después de lo que ella sacaba.
Ibn ‘Abbas dijo: el Profeta ﷺ dijo: “Que Allah tenga misericordia de la madre de Isma‘il: si hubiera dejado Zamzam —o dijo: si no hubiera sacado agua—, Zamzam habría sido una fuente que corre”.
Dijo: bebió y amamantó a su hijo. Entonces el ángel le dijo: “No temáis la pérdida, pues aquí está la Casa de Allah: este muchacho y su padre la construirán, y ciertamente Allah no abandona a los suyos”.
La Casa estaba elevada sobre la tierra como una colina; le llegaban las avenidas y se llevaban el agua por su derecha y por su izquierda. Permanecieron así hasta que pasó junto a ellos una caravana de Yurhum —o una familia de Yurhum— que venía por el camino de Kada’; descendieron en la parte baja de La Meca y vieron un ave que daba vueltas. Dijeron: “Esta ave da vueltas sobre agua; bien sabemos de este valle, y no hay en él agua”. Enviaron a un explorador, o a dos exploradores, y he aquí que encontraron agua. Regresaron e informaron a los suyos del agua, y acudieron.
Dijo: la madre de Isma‘il estaba junto al agua, y dijeron: “¿Nos permites que descendamos junto a ti?”
Ella dijo: “Sí, pero no tenéis derecho sobre el agua”.
Dijeron: “Sí”.
Ibn ‘Abbas dijo: el Profeta ﷺ dijo: “Y eso le resultó grato a la madre de Isma‘il, pues ella amaba la compañía humana”.
Descendieron y enviaron a buscar a sus familias, y estas descendieron con ellos, hasta que hubo allí familias de sus casas. El muchacho creció y aprendió de ellos la lengua árabe, y llegó a ser el más valioso de ellos y el que más les admiraba cuando creció. Cuando alcanzó la madurez, lo casaron con una mujer de entre ellos. Murió la madre de Isma‘il.
Ibrahim vino, después de que Isma‘il se hubiera casado, para ver a los que había dejado; no encontró a Isma‘il, y preguntó a su mujer por él. Ella dijo: “Ha salido a buscarnos sustento”.
Luego le preguntó por su modo de vida y su situación, y ella dijo: “Estamos mal; estamos en estrechez y dureza”.
Y se quejó ante él. Dijo: “Cuando venga tu marido, transmítele el saludo y dile que cambie el umbral de su puerta”.
Cuando llegó Isma‘il, como si hubiera percibido algo, dijo: “¿Ha venido alguien a vosotros?”
Ella dijo: “Sí. Vino a nosotros un anciano así y así; preguntó por ti y se lo informé. Me preguntó cómo era nuestra vida y le informé de que estamos en fatiga y dureza”.
Dijo: “¿Te encargó algo?”
Ella dijo: “Sí. Me ordenó que te transmitiera el saludo, y dice: cambia el umbral de tu puerta”.
Dijo: “Ese es mi padre, y me ha ordenado que me separe de ti. Vuelve con tu familia”.
Y la repudió, y se casó con otra de entre ellos.
Ibrahim permaneció alejado de ellos el tiempo que Allah quiso; luego vino a ellos después, y no lo encontró. Entró donde estaba su mujer y le preguntó por él. Ella dijo: “Ha salido a buscarnos sustento”.
Dijo: “¿Cómo estáis?”
y le preguntó por su modo de vida y su situación. Ella dijo: “Estamos bien y en holgura”.
Y alabó a Allah. Dijo: “¿Cuál es vuestro alimento?”
Ella dijo: “La carne”.
Dijo: “¿Y cuál es vuestra bebida?”
Ella dijo: “El agua”.
Entonces dijo: “¡Oh Allah! Bendíceles en la carne y en el agua”.
El Profeta ﷺ dijo: “No tenían entonces grano, y si lo hubieran tenido, habría suplicado por ellos en ello”.
Dijo: y no hay nadie fuera de La Meca a quien estos dos —la carne y el agua— le basten sin que le perjudiquen.
Dijo: “Cuando venga tu marido, transmítele el saludo y ordénale que mantenga firme el umbral de su puerta”.
Cuando llegó Isma‘il, dijo: “¿Ha venido alguien a vosotros?”
Ella dijo: “Sí, vino a nosotros un anciano de buena apariencia”,
y lo elogió. “Me preguntó por ti y se lo informé; me preguntó cómo era nuestra vida y le informé de que estamos bien”. Dijo: “¿Te encargó algo?”
Ella dijo: “Sí. Te transmite el saludo y te ordena que mantengas firme el umbral de tu puerta”.
Dijo: “Ese es mi padre, y tú eres el umbral; me ha ordenado que te conserve”.
Luego permaneció alejado de ellos el tiempo que Allah quiso; después vino tras eso, e Isma‘il estaba enderezando flechas suyas bajo un árbol frondoso, cerca de Zamzam. Cuando lo vio, se levantó hacia él, e hicieron como hace el padre con el hijo y el hijo con el padre. Luego dijo: “¡Oh Isma‘il! Ciertamente Allah me ha ordenado un asunto”.
Dijo: “Haz lo que tu Señor te ha ordenado”.
Dijo: “¿Y me ayudarás?”
Dijo: “Te ayudaré”.
Dijo: “Ciertamente Allah me ha ordenado que construya aquí una Casa”,
y señaló una elevación que sobresalía sobre lo que la rodeaba. Dijo: entonces levantaron los cimientos de la Casa. Isma‘il se puso a traer las piedras, e Ibrahim a construir, hasta que, cuando la construcción se elevó, trajo esta piedra y la colocó para él; se puso en pie sobre ella mientras construía, e Isma‘il le iba pasando las piedras, y ambos decían: «Señor nuestro, acepta de nosotros; ciertamente Tú eres el Oyente, el Omnisciente».
Dijo: y siguieron construyendo hasta dar la vuelta alrededor de la Casa, y ambos decían: «Señor nuestro, acepta de nosotros; ciertamente Tú eres el Oyente, el Omnisciente»”.”