33

Los Confederados

الأحزاب Al-Ahzab
Aya 4

Versículo (Español)

[33:4] Dios no puso dos corazones en el interior del hombre. Dios no ha hecho que aquellas esposas que hayan repudiado diciendo "eres tan ilícita para mí como el cuerpo de mi madre" sean [realmente] sus madres, como tampoco ha hecho que sus hijos adoptivos sean [realmente] hijos suyos: estas son solo expresiones [equivocadas] de sus bocas, Dios es quien expresa la verdad [absoluta] y guía al sendero [recto].

Tafsir de At-Tabari

{مَّا جَعَلَ ٱللَّهُ لِرَجُلٖ مِّن قَلۡبَيۡنِ فِي جَوۡفِهِۦۚ وَمَا جَعَلَ أَزۡوَٰجَكُمُ ٱلَّـٰٓـِٔي تُظَٰهِرُونَ مِنۡهُنَّ أُمَّهَٰتِكُمۡۚ وَمَا جَعَلَ أَدۡعِيَآءَكُمۡ أَبۡنَآءَكُمۡۚ ذَٰلِكُمۡ قَوۡلُكُم بِأَفۡوَٰهِكُمۡۖ وَٱللَّهُ يَقُولُ ٱلۡحَقَّ وَهُوَ يَهۡدِي ٱلسَّبِيلَ} (4) La exposición sobre la interpretación de la palabra del Altísimo: { مّا جَعَلَ اللّهُ لِرَجُلٍ مّن قَلْبَيْنِ فِي جَوْفِهِ وَمَا جَعَلَ أَزْوَاجَكُمُ اللاّئِي تُظَاهِرُونَ مِنْهُنّ أُمّهَاتِكُمْ وَمَا جَعَلَ أَدْعِيَآءَكُمْ أَبْنَآءَكُمْ ذَلِكُمْ قَوْلُكُم بِأَفْوَاهِكُمْ وَاللّهُ يَقُولُ الْحَقّ وَهُوَ يَهْدِي السّبِيلَ }

Los exégetas discreparon acerca de lo que se pretende con la palabra de Dios: «No ha puesto Dios a ningún hombre dos corazones en su interior». Unos dijeron: Con ello quiso decir la desmentida de un grupo de los hipócritas, que describieron al Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— como poseedor de dos corazones; y Dios negó eso respecto de Su Profeta y los desmintió. Mención de quienes dijeron esto:

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Ḥafṣ b. Nufayl, dijo: nos narró Zuhayr b. Muʿāwiya, de Qābūs b. Abī Ẓubyān, que su padre le contó, dijo: Dijimos a Ibn ʿAbbās: «¿Qué te parece la palabra de Dios: “No ha puesto Dios a ningún hombre dos corazones en su interior”? ¿Qué quiso decir con ello?». Dijo: El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se levantó un día y oró; y le sobrevino una distracción. Entonces los hipócritas que oraban con él dijeron: «En verdad, él tiene dos corazones: un corazón con vosotros y un corazón con ellos». Y Dios hizo descender: «No ha puesto Dios a ningún hombre dos corazones en su interior».

Otros dijeron: Más bien quiso decir con ello: un hombre de Qurayš al que se llamaba “el de los dos corazones”, de Dihya. Mención de quienes dijeron esto:

Me narró Muḥammad b. Saʿd, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās: «No ha puesto Dios a ningún hombre dos corazones en su interior», dijo: Había un hombre de Qurayš llamado —de Dihya— “el de los dos corazones”, y Dios hizo descender esto acerca de su asunto.

Me narró Muḥammad b. ʿAmr, dijo: nos narró Abū ʿĀṣim, dijo: nos narró ʿĪsā; y me narró al-Ḥārith, dijo: nos narró al-Ḥasan, dijo: nos narró Warqāʾ, todos ellos, de Ibn Abī Najīḥ, de Muǧāhid: «No ha puesto Dios a ningún hombre dos corazones en su interior», dijo: Un hombre de Banū Fihr dijo: «En mi interior hay dos corazones; con cada uno de ellos razono mejor que el razonamiento de Muḥammad». «Y mintió».

Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, sobre Su palabra: «No ha puesto Dios a ningún hombre dos corazones en su interior». Qatāda dijo: Había un hombre en tiempos del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— al que se llamaba “el de los dos corazones”, y Dios hizo descender acerca de él lo que oís.

Qatāda dijo: Y al-Ḥasan solía decir: Había un hombre que me decía: «Un alma me ordena y un alma me prohíbe», y Dios hizo descender acerca de él lo que oís.

Nos narró Ibn Wakīʿ, dijo: nos narró mi padre, de Sufyān, de Juṣayf, de ʿIkrima, dijo: Había un hombre al que se llamaba “el de los dos corazones”, y descendió: «No ha puesto Dios a ningún hombre dos corazones en su interior».

Otros dijeron: Más bien quiso decir con ello a Zayd b. Ḥāriṯa, debido a que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— lo había adoptado; y Dios puso con ello un ejemplo. Mención de quienes dijeron esto:

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, dijo: nos informó Maʿmar, de al-Zuhrī, sobre Su palabra: «No ha puesto Dios a ningún hombre dos corazones en su interior», dijo: Nos ha llegado que eso fue acerca de Zayd b. Ḥāriṯa; se le puso un ejemplo, diciendo: «El hijo de otro hombre no es tu hijo».

Y la opinión más acertada en esto es la de quienes dijeron: Que se trata de una desmentida, por parte de Dios —exaltado sea—, de la afirmación de quien dijo que un hombre tiene en su interior dos corazones con los que razona, conforme a lo transmitido de Ibn ʿAbbās. Y es posible que sea una desmentida de Dios a quien describió así al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y que sea una desmentida a quien llamó así al qurayší del que se mencionó que fue llamado “el de los dos corazones”, de Dihya. Sea cual fuere una u otra cosa, ello es una negación, por parte de Dios, respecto de Sus criaturas varones, de que puedan tener tal atributo.

Y Su palabra: «Y no ha hecho a vuestras esposas —aquellas de quienes practicáis el ẓihār— vuestras madres», dice —glorificado sea Su recuerdo—: Y Dios no ha hecho, ¡oh varones!, que vuestras mujeres, a quienes decís: «Sois para nosotros como las espaldas de nuestras madres», sean vuestras madres; antes bien, hizo que eso fuera, de vuestra propia expresión, una mentira, y os impuso —como castigo— una expiación. En el mismo sentido que hemos dicho hablaron los exégetas. Mención de quienes dijeron esto:

Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, sobre Su palabra: «Y no ha hecho a vuestras esposas —aquellas de quienes practicáis el ẓihār— vuestras madres»: Es decir: no las ha hecho tu madre. Así, cuando un hombre practica el ẓihār respecto de su mujer, Dios no la ha hecho su madre, sino que estableció en ello la expiación.

Y Su palabra: «Y no ha hecho a vuestros hijos adoptivos vuestros hijos», dice: Y Dios no ha hecho que aquel de quien afirmas que es tu hijo —siendo hijo de otro— sea tu hijo por tu mera pretensión. Y se mencionó que esto descendió sobre el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— a causa de su adopción de Zayd b. Ḥāriṯa. Mención de la transmisión sobre ello:

Me narró Muḥammad b. ʿAmr, dijo: nos narró Abū ʿĀṣim, dijo: nos narró ʿĪsā; y me narró al-Ḥārith, dijo: nos narró al-Ḥasan, dijo: nos narró Warqāʾ, todos ellos, de Ibn Abī Najīḥ, de Muǧāhid, sobre Su palabra: «vuestros hijos adoptivos, vuestros hijos», dijo: Esta aleya descendió acerca de Zayd b. Ḥāriṯa.

Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: Ibn Zayd dijo, sobre Su palabra: «Y no ha hecho a vuestros hijos adoptivos vuestros hijos», dijo: Zayd b. Ḥāriṯa, cuando Dios y Su Mensajero le agraciaron, era llamado: «Zayd b. Muḥammad»; el Profeta lo había adoptado. Entonces Dios dijo: «Muḥammad no es padre de ninguno de vuestros hombres», dijo: y él menciona a las esposas y a la hermana; y le informó de que las esposas no eran, por el ẓihār, vuestras madres, ni vuestros hijos adoptivos vuestros hijos.

Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda: «Y no ha hecho a vuestros hijos adoptivos vuestros hijos». Y no ha hecho que tu adoptado sea tu hijo. Dice: Si un hombre atribuye a sí a otro hombre, no siendo su hijo: «Eso es lo que decís con vuestras bocas…» la aleya. Y se nos mencionó que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— solía decir: «Quien se atribuya a otro que no sea su padre deliberadamente, Dios le ha vedado el Paraíso».

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Ibn Abī Zāʾida, de Ašʿaṯ, de ʿĀmir, dijo: Entre los hijos adoptivos no está Zayd.

Y Su palabra: «Eso es lo que decís con vuestras bocas», dice —glorificado sea Su recuerdo—: Este dicho —que es el dicho del hombre a su mujer: «Eres para mí como la espalda de mi madre», y su atribución como hijo de quien no es su hijo— no es sino una expresión de vuestras bocas, sin realidad alguna. Con tal pretensión no se establece la filiación de aquel cuya filiación afirmaste, ni la esposa se convierte en madre por el dicho del hombre a ella: «Eres para mí como la espalda de mi madre». «Y Dios dice la verdad», es decir: Dios es el veraz que dice la verdad; y por Su palabra se establece la filiación de quien Él establece su filiación, y por ella la mujer llega a ser, para el nacido, madre cuando así se juzga. «Y Él guía el camino», dice —glorificado sea Su recuerdo—: Dios esclarece a Sus siervos el camino de la verdad y los orienta hacia la senda de la rectitud.

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Notas y Referencias

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