Los Confederados
الأحزاب Al-AhzabVersículo (Español)
[33:10] [Recuerda] cuando los atacaron por la parte alta y por la parte baja [del valle], el terror desencajó sus miradas, se subieron sus corazones hasta la garganta, y tuvieron malos pensamientos sobre Dios [pensando que no socorrería a los creyentes].
Tafsir de At-Tabari
{إِذۡ جَآءُوكُم مِّن فَوۡقِكُمۡ وَمِنۡ أَسۡفَلَ مِنكُمۡ وَإِذۡ زَاغَتِ ٱلۡأَبۡصَٰرُ وَبَلَغَتِ ٱلۡقُلُوبُ ٱلۡحَنَاجِرَ وَتَظُنُّونَ بِٱللَّهِ ٱلظُّنُونَا۠} (10)
La disertación acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{ إِذْ جَآءُوكُمْ مّن فَوْقِكُمْ وَمِنْ أَسْفَلَ مِنكُمْ وَإِذْ زَاغَتِ الأبْصَارُ وَبَلَغَتِ الْقُلُوبُ الْحَنَاجِرَ وَتَظُنّونَ بِاللّهِ الظّنُونَاْ * هُنَالِكَ ابْتُلِيَ الْمُؤْمِنُونَ وَزُلْزِلُواْ زِلْزَالاً شَدِيداً * وَإِذْ يَقُولُ الْمُنَافِقُونَ وَالّذِينَ فِي قُلُوبِهِم مّرَضٌ مّا وَعَدَنَا اللّهُ وَرَسُولُهُ إِلاّ غُرُوراً }
Dice —Exaltado sea Su recuerdo—:
Y Dios es, respecto de lo que hacéis, Omnividente, cuando os llegaron los ejércitos de los Confederados desde encima de vosotros y desde debajo de vosotros.
Y se dijo:
Que quienes les llegaron desde debajo de ellos fueron Abū Sufyān, en Quraysh, y quienes estaban con él. Y en el sentido de lo que hemos dicho acerca de ello hablaron los exégetas.
Mención de quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad b. ʿAmr,
dijo:
nos narró Abū ʿĀṣim,
dijo:
nos narró ʿĪsā; y me narró al-Ḥārith,
dijo:
nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Warqāʾ, todos ellos, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: «{إذْ جاءُوكُمْ مِنْ فَوْقِكُمْ}» dijo: ʿUyayna b. Badr entre la gente de Najd; y «{ومن أسفل منكم}»
dijo:
Abū Sufyān.
Dijo:
Y Qurayẓa les hizo frente.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró ʿAbda, de Hishām b. ʿUrwa, de su padre,
de ʿĀʾisha:
Mencionó el día de la Trinchera y recitó: «{إذْ جاءُوكُمْ مِنْ فَوْقِكُمْ وَمِنْ أسْفَلَ مِنْكُمْ ، وَإذْ زَاغَتِ الأبْصَارُ ، وَبَلَغَتِ القُلُوبُ الحَناجِرَ}»; dijo:
«Es el día de la Trinchera».
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama,
dijo:
me narró Muḥammad b. Isḥāq, de Yazīd b. Rūmān, liberto de la familia de al-Zubayr, de ʿUrwa b. al-Zubayr, y de quienes no acuso, de ʿUbayd Allāh b. Kaʿb b. Mālik, y de al-Zuhrī, y de ʿĀṣim b. ʿUmar b. Qatāda, de ʿAbd Allāh b. Abī Bakr b. Muḥammad b. ʿAmr b. Ḥazm, y de Muḥammad b. Kaʿb al-Quraẓī,
y de otros de nuestros sabios:
Que, en el relato de la Trinchera, un grupo de judíos —entre ellos Salām b. Abī al-Ḥuqayq al-Naḍarī, Ḥuyayy b. Akhṭab al-Naḍarī, Kināna b. al-Rabīʿ b. Abī al-Ḥuqayq al-Naḍarī, Hawdha b. Qays al-Wāʾilī y Abū ʿAmmār al-Wāʾilī—, en un grupo de Banū al-Naḍīr y un grupo de Banū Wāʾil —ellos fueron quienes coaligaron a los Confederados contra el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz—, salieron hasta llegar a La Meca, ante Quraysh, y los llamaron a combatir al Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz.
Y dijeron:
«Ciertamente estaremos con vosotros contra él, hasta extirparlo».
Entonces Quraysh les dijo:
«¡Oh asamblea de judíos! Vosotros sois la gente del primer Libro y poseéis el conocimiento acerca de aquello en lo que discrepamos nosotros y Muḥammad: ¿es nuestra religión mejor o la suya?».
Dijeron:
«Más bien vuestra religión es mejor que la suya, y vosotros sois más dignos de la verdad que él».
Dijo:
Ellos son aquellos acerca de quienes Dios hizo descender: «{ألَمْ تَرَ إلى الّذِينَ أُوتُوا نَصِيبا مِنَ الكِتابِ يُؤْمِنُونَ بالجِبْتِ والطّاغُوتِ ، وَيَقُولُونَ لِلّذِينَ كَفَرُوا هَؤُلاءِ أهْدَى مِنَ الّذِينَ آمَنُوا سَبِيلاً . . . إلى قوله : وكَفَى بِجَهَنّمَ سَعِيرا}».
Cuando dijeron eso a Quraysh, les complació lo que dijeron y se animaron a lo que los llamaban: combatir al Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz. Así se reunieron para ello y se citaron para ello.
Luego salió aquel grupo de judíos hasta llegar a Ghaṭafān, de Qays ʿAylān, y los llamaron a combatir al Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, y les informaron que estarían con ellos contra él, y que Quraysh ya los había secundado en ello. Entonces se coaligaron en ello y les respondieron.
Así salió Quraysh, cuyo caudillo era Abū Sufyān b. Ḥarb; y salió Ghaṭafān, cuyo caudillo era ʿUyayna b. Ḥiṣn b. Ḥudhayfa b. Badr entre Banū Fazāra, y al-Ḥārith b. ʿAwf b. Abī Ḥāritha al-Murrī entre Banū Murra, y Misʿar b. Rakhīla b. Nuwayra b. Ṭarīf b. Saḥma b. ʿAbd Allāh b. Hilāl b. Khalāwa b. Ashjaʿ b. Rayth b. Ghaṭafān, con quienes lo siguieron de su gente de Ashjaʿ.
Cuando el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, oyó de ellos y de lo que se habían reunido para hacer, cavó la trinchera alrededor de Medina. Cuando el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, terminó la trinchera, avanzó Quraysh hasta acampar en el lugar de confluencia de los cauces de Rūma, entre al-Jurf y al-Ghāba, con diez mil de sus Aḥābīsh y de quienes los siguieron de Banū Kināna y de la gente de Tihāma.
Y avanzó Ghaṭafān y quienes los siguieron de la gente de Najd, hasta acampar en la cola de Naqmā, junto a Uḥud.
Y salió el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, y los musulmanes, hasta poner sus espaldas contra Salʿ, con tres mil musulmanes; y allí estableció su campamento, con la trinchera entre él y la gente. Y ordenó respecto de los niños y las mujeres, y fueron elevados a las fortalezas.
Y salió el enemigo de Dios, Ḥuyayy b. Akhṭab al-Naḍarī, hasta llegar a Kaʿb b. Asad al-Quraẓī, poseedor del pacto de Banū Qurayẓa y de su alianza. Él había pactado con el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, en nombre de su gente, y lo había convenido y contraído.
Cuando Kaʿb oyó de Ḥuyayy b. Akhṭab, cerró su fortaleza ante él. Este pidió permiso para entrar, pero él rehusó abrirle.
Entonces Ḥuyayy le gritó:
«¡Oh Kaʿb, ábreme!».
Dijo:
«¡Ay de ti, oh Ḥuyayy! Eres un hombre de mal agüero. Yo he pactado con Muḥammad, y no romperé lo que hay entre él y yo; y no he visto de él sino lealtad y veracidad».
Dijo:
«¡Ay de ti, ábreme para que te hable!».
Dijo:
«No lo haré».
Dijo:
«Por Dios, no has cerrado ante mí sino por temor de que yo codicie tu guisado y coma contigo de él».
Entonces el hombre se sintió avergonzado y le abrió.
Le dijo:
«¡Oh Kaʿb! He venido a ti con el poder del tiempo y con un mar desbordante. He venido a ti con Quraysh, con sus jefes y sus notables, y los he hecho acampar en el lugar de confluencia de los cauces de Rūma; y con Ghaṭafān, con sus jefes y sus notables, y los he hecho acampar en la cola de Naqmā, junto a Uḥud. Me han dado pacto y alianza de que no se retirarán hasta extirpar a Muḥammad y a quienes están con él».
Kaʿb b. Asad le dijo:
«Por Dios, me has traído la humillación del tiempo y una nube cargada que ya ha derramado su agua: truena y relampaguea, pero no hay en ella nada. Déjame con Muḥammad y con lo que yo estoy: no he visto de Muḥammad sino veracidad y lealtad».
Pero Ḥuyayy no cesó de insistir a Kaʿb, retorciéndole el brazo, hasta que este le concedió, con la condición de que le diera un compromiso de Dios y un pacto solemne: que si Quraysh y Ghaṭafān regresaban sin alcanzar a Muḥammad, él entraría contigo en tu fortaleza hasta que me alcanzara lo que te alcanzara.
Entonces Kaʿb b. Asad rompió su pacto y se desentendió de lo que tenía entre él y el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz.
Cuando la noticia llegó al Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, y a los musulmanes, el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, envió a Saʿd b. Muʿādh b. al-Nuʿmān b. Imriʾ al-Qays, de Banū al-Ashhal —que era entonces el señor de al-Aws—, y a Saʿd b. ʿUbāda b. Daylam, hermano de Banū Sāʿida b. Kaʿb b. al-Khazraj —que era entonces el señor de al-Khazraj—, y con ellos a ʿAbd Allāh b. Rawāḥa, hermano de Balḥārith b. al-Khazraj, y a Khawwāt b. Jubayr, hermano de Banū ʿAmr b. ʿAwf.
Dijo:
«Id hasta ver si es verdad lo que nos ha llegado acerca de esa gente o no. Si es verdad, insinuádmelo con una alusión que yo entienda, y no quebrantéis el ánimo de la gente; y si están cumpliendo lo que hay entre nosotros y ellos, proclamadlo abiertamente a la gente».
Salieron hasta llegar a ellos y los hallaron en lo más abyecto de cuanto les había llegado acerca de ellos.
Y se ensañaron con el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, y dijeron:
«No hay pacto entre nosotros y Muḥammad ni compromiso».
Entonces Saʿd b. ʿUbāda los injurió y ellos lo injuriaron; era un hombre de aspereza.
Saʿd b. Muʿādh le dijo:
«Deja de injuriarlos, pues lo que hay entre nosotros y ellos es más grave que el intercambio de injurias».
Luego Saʿd y Saʿd, y quienes estaban con ellos, volvieron al Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, y lo saludaron.
Después dijeron:
«ʿAḍal y al-Qāra»: es decir, como la traición de ʿAḍal y al-Qāra a los compañeros del Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, los del episodio de al-Rajīʿ: Khabīb b. ʿAdī y sus compañeros.
Entonces el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, dijo:
«Dios es el Más Grande; alegraos, oh asamblea de musulmanes».
Y entonces la tribulación se hizo enorme, el temor se intensificó, y su enemigo les llegó desde encima de ellos y desde debajo de ellos, hasta que los musulmanes concibieron toda clase de conjeturas; y la hipocresía afloró en algunos hipócritas.
Hasta que Muʿtab b. Qushayr, hermano de Banū ʿAmr b. ʿAwf, dijo:
«Muḥammad nos prometía que comeríamos los tesoros de Kisrā y de Qayṣar, y uno de nosotros no puede ni ir a hacer sus necesidades».
Y hasta que Aws b. Qayẓī, uno de Banū Ḥāritha b. al-Ḥārith, dijo:
«¡Oh Mensajero de Dios! Nuestras casas están expuestas al enemigo»; y eso ante un grupo de hombres de su gente. «Permítenos, pues, regresar a nuestra morada; está fuera de Medina».
Y el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, permaneció unas veintitantas noches, cerca de un mes; y no hubo entre la gente combate sino el tiro de flechas y el asedio».
Nos narró Ibn Ḥumayd,
dijo:
nos narró Salama, de Muḥammad b. Isḥāq,
dijo:
me narró Yazīd b. Rūmān:
Su dicho: «{إذْ جاءُوكُمْ مِنْ فَوْقِكُمْ وَمِنْ أسْفَلَ مِنْكُمْ}». Quienes les llegaron desde encima de ellos fueron:
Qurayẓa;
y quienes les llegaron desde debajo de ellos fueron:
Quraysh y Ghaṭafān.
Y Su dicho: «{وَإذْ زَاغَتِ الأبْصَارُ}» significa: y cuando las miradas se desviaron de su lugar y quedaron fijas, elevadas. Y en el sentido de lo que hemos dicho acerca de ello hablaron los exégetas.
Mención de quienes dijeron eso:
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd,
de Qatāda: «{وَإذْ زَاغَتِ الأبْصَارُ}»:
se quedaron fijas.
Y Su dicho: «{وَبَلَغَتِ القُلُوبُ الحَناجِرَ}» significa: los corazones saltaron de sus lugares por el pavor y el miedo, hasta llegar a las gargantas.
Como:
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Suwayd b. ʿAmr, de Ḥammād b. Zayd, de Ayyūb,
de ʿIkrima:
«{وَبَلَغَتِ القُلُوبُ الحَناجِرَ}» dijo: por el espanto.
Y Su dicho: «{وَتَظُنّونَ باللّهِ الظّنُونا}» significa: y conjeturáis acerca de Dios conjeturas falsas; esto es, como la conjetura de quien conjeturó entre ellos que el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, sería vencido, y que lo que Dios le había prometido de auxilio no habría de suceder, y otras conjeturas semejantes, falsas, que concibió quien las concibió de entre los que estaban con el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, en su campamento.
Nos narró Bishr,
dijo:
nos narró Hawdha b. Khalīfa,
dijo:
nos narró ʿAwf,
de al-Ḥasan: «{وَتَظُنّونَ بالله الظّنُونا}» dijo:
Conjeturas diversas: los hipócritas conjeturaron que Muḥammad y sus compañeros serían exterminados; y los creyentes tuvieron certeza de que lo que Dios les prometió es verdad: que lo haría prevalecer sobre toda religión, aunque lo detesten los asociadores.
Y los recitadores discreparon acerca de la lectura de Su dicho: «{وَتَظُنّونَ بالله الظّنُونا}». La mayoría de los recitadores de Medina, y algunos de los kufíes, lo leyeron: «الظّنَونا» afirmando la alif; y asimismo «وأطَعْنا الرّسُولا فأضَلّونا السّبِيلا» tanto en enlace como en pausa. Y la argumentación de quienes sostuvieron eso fue que, en todos los muṣḥaf de los musulmanes, la alif está afirmada en todas estas expresiones.
Y algunos recitadores de Kufa afirmaban la alif en ellas en la pausa y la omitían en el enlace, argumentando que los árabes hacen eso en las rimas de la poesía y en sus hemistiquios: añaden la alif en el lugar de la fatḥa para la pausa, y no lo hacen en el interior de los versos. Así, en estas expresiones era apropiado afirmar las alif, porque son finales de aleyas, asimilándolas a las rimas.
Y algunos recitadores de Basora y de Kufa lo leyeron omitiendo la alif en todo ello, tanto en pausa como en enlace, argumentando que eso no existe en el habla de los árabes sino en las rimas de la poesía, y no en el resto de su habla; y que solo lo hacen en las rimas buscando completar el metro poético, pues si no lo hicieran, la poesía no sería correcta; y no es así en el Corán, porque no hay nada que los obligue a ello en el Corán.
Y dijeron:
Que, además, en el muṣḥaf de ʿAbd Allāh está sin alif.
Y la lectura más correcta, a mi juicio, es la de quien lo leyó omitiendo la alif en enlace y en pausa, porque ese es el habla conocida del árabe, junto con la difusión de esa lectura entre los recitadores de las dos ciudades:
Kufa y Basora.
En cuanto a la lectura afirmando la alif en ellas en estado de pausa y de enlace, ello se debe a que la razón de quien la afirmó en la pausa es que así está en la escritura de los muṣḥaf de los musulmanes. Y si la razón para afirmar la alif en algunos estados es que está afirmada en los muṣḥaf de los musulmanes, entonces lo debido es que la lectura sea afirmativa en todos los estados, puesto que está afirmada en sus muṣḥaf.
Y no es admisible que la razón que obliga a leer eso de una manera en algunos estados esté presente en otro estado, y sin embargo la lectura sea diferente.
Y esto no es comparable a las rimas de la poesía, porque en las rimas de la poesía solo se añaden las alif en los lugares de fatḥa, la yāʾ en los lugares de kasra y la wāw en los lugares de ḍamma, buscando completar el metro; y si no se hiciera así, dejaría de ser poesía por apartarse de su metro. Y nada obliga al recitador del Corán a hacer eso en el Corán.
Notas y Referencias
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