27

Las Hormigas

النمل An-Naml
Aya 81

Versículo (Español)

[27:81] Ni puedes guiar a los ciegos [que no quieren ver] y sacarlos de su extravío. Tú solo puedes hacer que escuchen quienes creen en Mis signos y se someten a Dios [siendo musulmanes].

Tafsir de At-Tabari

{Y no eres tú quien guía a los ciegos fuera de su extravío. No haces oír sino a quien cree en Nuestras aleyas; ésos, pues, son musulmanes} (81) القول في تأويل قوله تعالى : { Y no eres tú quien guía a los ciegos fuera de su extravío. No haces oír sino a quien cree en Nuestras aleyas; ésos, pues, son musulmanes * Y cuando la Palabra recaiga sobre ellos, haremos salir para ellos una bestia de la tierra que les hablará: que la gente no estaba convencida de Nuestras aleyas }

Los lectores discreparon respecto de la lectura de esto. Así, la mayoría de los lectores de Medina y de Basora, y algunos de los kufíes, lo leyeron: «وما أنْتَ بِهادِي» con yā’ y alif, y con su anexión a «los ciegos», con el sentido de: no eres, ¡oh Muhammad!, quien guía a quien ha quedado ciego respecto de la verdad, apartándolo de su extravío. Y la lectura de la mayoría de los lectores de Kufa es: «وَما أنْتَ تَهْدِي العُمْىَ» con tā’ y en acusativo «al-ʿumy», con el sentido de: y no eres tú quien los guía fuera de su extravío; sino que Dios los guía, si Él quiere.

Y mi parecer al respecto es que ambas son dos lecturas de significado cercano, conocidas entre los lectores de las ciudades; así pues, cualquiera de las dos que lea el lector, acierta. La interpretación del discurso es como he descrito: y no eres tú, ¡oh Muhammad!, quien guía a aquel a quien Dios ha cegado respecto de la guía y la rectitud, poniendo sobre su vista un velo, para que distinga el camino de la rectitud, sacándolo del extravío en el que se halla, hacia la senda de la rectitud y el camino de la rectitud. Y Su dicho: «No haces oír sino a quien cree en Nuestras aleyas», dice: no puedes hacer comprender la verdad y hacer que nadie la asimile, sino que escucha quien confirma la veracidad de Nuestras aleyas —es decir, de Sus pruebas, Sus argumentos y las aleyas de Su revelación—; «ésos, pues, son musulmanes»: pues ésos escuchan de ti lo que dices, lo meditan, reflexionan sobre ello y obran conforme a ello; ésos son quienes escuchan.

Mención de quienes dijeron algo semejante a lo que dijimos acerca de Su dicho —Exaltado sea—: «وَقَع»:

Me contó Muhammad ibn ʿAmr, dijo: nos contó Abū ʿĀṣim, dijo: nos contó ʿĪsā; y me contó al-Ḥārith, dijo: nos contó al-Ḥasan, dijo: nos contó Warqā’, todos ellos, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, acerca de Su dicho: «Y cuando la Palabra recaiga sobre ellos», dijo: se hizo obligatoria sobre ellos.

Nos contó Bishr, dijo: nos contó Yazīd, dijo: nos contó Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: «Y cuando la Palabra recaiga sobre ellos», dice: cuando la Palabra se haga obligatoria sobre ellos.

Nos contó al-Qāsim, dijo: nos contó al-Ḥusayn, dijo: me transmitió Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid: «La Palabra recayó sobre ellos», dijo: se hizo verdadera la pena. Dijo Ibn Jurayj: la Palabra: la pena. Mención de quienes dijeron lo que dijimos acerca del sentido de «la Palabra»:

Nos contó Bishr, dijo: nos contó Yazīd, dijo: nos contó Saʿīd, de Qatāda: «Y cuando la Palabra recaiga sobre ellos», y la Palabra: la ira.

Me contó Yaʿqūb ibn Ibrāhīm, dijo: nos contó Ibn ʿUlayya, de Hishām, de Ḥafṣa, dijo: ella dijo: pregunté a Abū al-ʿĀliya acerca de Su dicho: «Y cuando la Palabra recaiga sobre ellos», y dijo: Dios reveló a Noé: «No creerá de tu pueblo sino quien ya ha creído». Ella dijo: fue como si hubiera sobre mi rostro una cubierta, y se retiró.

Y un grupo de la gente del saber dijo: la salida de esta bestia mencionada ocurre cuando la gente ya no ordena lo reconocido como bueno ni prohíbe lo reprobable. Mención de quienes dijeron eso:

Nos contó Abū Kurayb, dijo: nos contó al-Ashjaʿī, de Sufyān, de ʿAmr ibn Qays, de ʿAṭiyya al-ʿAwfī, de Ibn ʿUmar, acerca de Su dicho: «Y cuando la Palabra recaiga sobre ellos, haremos salir para ellos una bestia de la tierra», dijo: es cuando ya no ordenan lo reconocido como bueno ni prohíben lo reprobable.

Me contó Yaʿqūb ibn Ibrāhīm, dijo: nos contó Muḥammad ibn al-Ḥasan Abū al-Ḥasan, dijo: nos contó ʿAmr ibn Qays al-Malā’ī, de ʿAṭiyya, de Ibn ʿUmar, acerca de Su dicho: «Y cuando la Palabra recaiga sobre ellos, haremos salir para ellos una bestia de la tierra», dijo: eso es cuando se abandona ordenar lo reconocido como bueno y prohibir lo reprobable.

Nos contó Ibn Bashshār, dijo: nos contó Abū Aḥmad, dijo: nos contó Sufyān, de ʿAmr ibn Qays, de ʿAṭiyya, de Ibn ʿUmar, acerca de Su dicho: «Haremos salir para ellos una bestia de la tierra que les hablará», dijo: cuando ya no ordenan lo reconocido como bueno ni prohíben lo reprobable.

Me contó Muḥammad ibn ʿAmr al-Maqdisī, dijo: nos contó Ashʿath ibn ʿAbd Allāh al-Sijistānī, dijo: nos contó Shuʿba, de ʿAṭiyya, acerca de Su dicho: «Y cuando la Palabra recaiga sobre ellos, haremos salir para ellos una bestia de la tierra que les hablará», dijo: cuando no reconozcan un bien, ni reprueben un mal.

Y se mencionó que la tierra de la que sale la bestia es La Meca. Mención de quienes dijeron eso:

Nos contó Abū Kurayb, dijo: me transmitió al-Ashjaʿī, de Fuḍayl ibn Marzūq, de ʿAṭiyya, de Ibn ʿUmar, dijo: la bestia saldrá de una hendidura en al-Ṣafā, como el galope de un caballo durante tres días, y no habrá salido ni un tercio de ella.

Nos contó Ibn Ḥumayd, dijo: nos contó al-Ḥakam ibn Bashīr, dijo: nos contó ʿAmr ibn Qays, de al-Furāt al-Qazzāz, de ʿĀmir ibn Wāthila Abī al-Ṭufayl, de Ḥudhayfa ibn Usayd al-Ghifārī, dijo: cuando la bestia salga, algunos de la gente la verán y dirán: por Dios, hemos visto la bestia, hasta que eso llegue al imām; entonces la buscará, pero no podrá hallar nada. Dijo: luego saldrá y la gente la verá, y dirán: por Dios, la hemos visto; eso llegará al imām, y la buscará, pero no verá nada, y dirá: ciertamente, si sucede lo que menciona quien la recuerda —dijo—, hasta que se cuente entre ello la matanza. Dijo: entonces saldrá; y cuando la gente la vea, entrarán en la mezquita a orar. Ella vendrá a ellos y dirá: ¿ahora oráis? Entonces marcará al incrédulo en el hocico, y pasará su mano por la frente del musulmán, dejándole una señal blanca. Dijo: y la gente vivirá un tiempo en que éste dirá: «¡oh creyente!», y aquél: «¡oh incrédulo!».

Nos contó al-Qāsim, dijo: nos contó al-Ḥusayn, dijo: nos contó ʿUthmān ibn Maṭar, de Wāṣil, liberto de Abī ʿUyayna, de Abī al-Ṭufayl, de Ḥudhayfa; y Abū Sufyān nos contó, de Maʿmar, de Qays ibn Saʿd, de Abī al-Ṭufayl, de Ḥudhayfa ibn Usayd, acerca de Su dicho: «Haremos salir para ellos una bestia de la tierra que les hablará», dijo: la bestia tiene tres salidas: una salida en alguna de las estepas, luego se oculta; y una salida en alguna de las aldeas cuando los gobernantes derraman sangre en ella, luego se oculta; y mientras la gente está en la más noble de las mezquitas, la más grandiosa y la más excelente, he aquí que la tierra se eleva con ellos; la gente huye despavorida, y queda un grupo de creyentes, y dicen: nada nos salvará de Dios. Entonces la bestia sale contra ellos, y deja sus rostros relucientes como un astro resplandeciente; luego se marcha: no la alcanza quien la persigue, ni se le escapa quien huye; y se acerca a un hombre que está orando, y dice: por Dios, no eras de la gente de la oración. Él se vuelve hacia ella, y ella lo marca en el hocico. Dijo: deja reluciente el rostro del creyente y marca al incrédulo. Dijimos: ¿y cómo está la gente ese día? Dijo: vecinos en las moradas, socios en los bienes y compañeros en los viajes.

Me contó Abū al-Sā’ib, dijo: nos contó Ibn Fuḍayl, de al-Walīd ibn Jamīʿ, de ʿAbd al-Malik ibn al-Mughīra, de ʿAbd al-Raḥmān ibn al-Baylamānī, de Ibn ʿUmar: la gente pasará la noche caminando hacia Jamʿ, y la bestia de la tierra pasará la noche acompañándolos; y amanecerán habiéndolos marcado desde su cabeza hasta su cola: no hay creyente al que no haya pasado su mano, ni incrédulo ni hipócrita al que no haya golpeado.

Nos contó Mujāhid ibn Mūsā, dijo: nos contó Yazīd, dijo: nos contó al-Khaybarī, de Ḥayyān ibn ʿUmayr, de Ḥassān ibn Ḥamṣa, dijo: oí a ʿAbd Allāh ibn ʿAmr decir: si quisiera, me calzaría estas dos sandalias mías y no tocaría la tierra sentado hasta ponerme en pie sobre las piedras de entre las cuales sale la bestia; y es como si la viera ya salida tras una caravana de peregrinos. Dijo: y nunca he peregrinado sin temer que saliera tras nosotros.

Nos contó ʿAmr ibn ʿAbd al-Ḥamīd al-Āmilī, dijo: nos contó Abū Usāma, de Hishām, de Qays ibn Saʿd, de ʿAṭā’, dijo: vi a ʿAbd Allāh ibn ʿAmr —y su casa estaba cerca de al-Ṣafā— levantar su pie estando de pie, y dijo: si quisiera, no lo pondría en el suelo hasta ponerlo en el lugar del que sale la bestia.

Nos contó ʿIṣām ibn Rawwād ibn al-Jarrāḥ, dijo: nos contó mi padre, dijo: nos contó Sufyān ibn Saʿīd al-Thawrī, dijo: nos contó Manṣūr ibn al-Muʿtamir, de Rubʿī ibn Ḥirāsh, dijo: oí a Ḥudhayfa ibn al-Yamān decir: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo —y mencionó a la bestia—. Entonces Ḥudhayfa dijo: dije: ¡oh Mensajero de Dios!, ¿de dónde sale? Dijo: «De la mezquita de mayor sacralidad ante Dios. Mientras ʿĪsā circunvala la Casa y con él están los musulmanes, la tierra se agita bajo ellos como se agita una lámpara; y se abre al-Ṣafā por el lado del masʿā, y la bestia sale de al-Ṣafā: lo primero que aparece es su cabeza, brillante, provista de pelo y plumas. No la alcanza quien la persigue, ni se le escapa quien huye. Marca a la gente: creyente e incrédulo. En cuanto al creyente, deja su rostro como si fuera un astro resplandeciente y escribe entre sus ojos: “creyente”. Y en cuanto al incrédulo, le punza entre los ojos con una punción negra: “incrédulo”».

Nos contó al-Qāsim, dijo: nos contó al-Ḥusayn, dijo: nos contó Abū al-Ḥusayn, de Ḥammād ibn Salama, de ʿAlī ibn Zayd ibn Judʿān, de Aws ibn Khālid, de Abī Hurayra, dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «La bestia saldrá llevando consigo el sello de Salomón y el bastón de Moisés: con el bastón dejará reluciente el rostro del creyente, y con el sello sellará la nariz del incrédulo; hasta el punto de que la gente de una misma casa se reunirá y éste dirá: “¡oh creyente!”, y aquél dirá: “¡oh incrédulo!”».

Dijo: nos transmitió al-Ḥusayn, dijo: nos contó Abū Sufyān, de Maʿmar, de Qatāda, dijo: es una bestia con pelusa y plumas, y tiene cuatro patas; sale de alguno de los valles de Tihāma. Dijo: ʿAbd Allāh ibn ʿUmar dijo: punza en el rostro del incrédulo una punción negra, que se extiende por su rostro y su rostro se ennegrece; y punza en el rostro del creyente una punción blanca, que se extiende por su rostro hasta que su rostro se blanquea. Entonces la gente de una casa se sienta a la mesa y reconocen al creyente del incrédulo; y comercian en los mercados y reconocen al creyente del incrédulo.

Me contó Ibn ʿAbd al-Raḥīm al-Barqī, dijo: nos contó Ibn Abī Maryam, dijo: nos contaron Ibn Lahīʿa y Yaḥyā ibn Ayyūb, dijeron: nos contó Ibn al-Hād, de ʿUmar ibn al-Ḥakam, que oyó a ʿAbd Allāh ibn ʿAmr decir: la bestia saldrá de un desfiladero; las nubes rozarán su cabeza, y sus patas estarán en la tierra sin haber salido; pasará junto a una persona que está orando, y dirá: ¿qué necesidad tienes de la oración? Y lo marcará en el hocico.

Nos contó Ṣāliḥ ibn Mismār, dijo: nos contó Ibn Abī Fudayk, dijo: nos contó Yazīd ibn ʿIyāḍ, de Muḥammad ibn Isḥāq, a quien le llegó de ʿAbd Allāh ibn ʿAmr, dijo: la bestia de la tierra saldrá llevando consigo el sello de Salomón y el bastón de Moisés: en cuanto al incrédulo, le sellará entre los ojos con el sello de Salomón; y en cuanto al creyente, le pasará el bastón de Moisés por el rostro y se blanqueará.

Y los lectores discreparon respecto de la lectura de Su dicho: «تُكَلّمُهُمْ». La mayoría de los lectores de las ciudades lo leyeron: «تُكَلّمُهُمْ», con ḍamma en la tā’ y con geminación de la lām, con el sentido de: les informa y les habla. Y Abū Zurʿa ibn ʿAmr lo leyó: «تَكْلِمُهُمْ» con fatḥa en la tā’ y sin geminación de la lām, con el sentido de: los marca.

Y la lectura que no considero lícito abandonar en esto es la que siguen los lectores de las ciudades. Y conforme a lo que dijimos, dijeron los especialistas en interpretación. Mención de quienes dijeron eso:

Nos contó ʿAlī, dijo: nos contó Abū Ṣāliḥ, dijo: me transmitió Muʿāwiya, de ʿAlī, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: «Haremos salir para ellos una bestia de la tierra que les hablará», dijo: les hablará.

Nos contó Bishr, dijo: nos contó Yazīd, dijo: nos contó Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: «Haremos salir para ellos una bestia de la tierra que les hablará», y en alguna lectura es: «les hablará», diciéndoles: «que la gente no estaba convencida de Nuestras aleyas».

Nos contó al-Qāsim, dijo: nos contó al-Ḥusayn, dijo: me transmitió Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de ʿAṭā’ al-Khurāsānī, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: «que les hablará», dijo: su habla consiste en informarles de que la gente no estaba convencida de Nuestras aleyas.

Y Su dicho: «que la gente no estaba convencida de Nuestras aleyas»; los lectores discreparon respecto de la lectura de esto. La mayoría de los lectores del Ḥijāz, Basora y al-Shām lo leyeron: «إنّ النّاسَ» con kasra en el alif de «إنّ», a modo de inicio, informando acerca de la gente que no estaba convencida de las aleyas de Dios; y aunque en la lectura de éstos se pronuncie con kasra, el discurso sigue siendo aplicable a ella. Y la mayoría de los lectores de Kufa y algunos de Basora lo leyeron: «أنّ النّاسَ» con fatḥa en «أنّ», con el sentido de: les hablará de que la gente..., quedando entonces en acusativo por recaer sobre ello el habla.

Y lo correcto en esto es que ambas son dos lecturas de significado cercano, ampliamente transmitidas en la lectura de las ciudades; así pues, cualquiera de las dos que lea el lector, acierta.

Notas y Referencias

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