Ta-Ha
طه Ta-HaVersículo (Español)
[20:40] Cuando tu hermana, que seguía tus rastros, le dijo [al Faraón]: ‘¿Acaso quieres que te indique a alguien que puede encargarse de cuidarlo?’ Y así te devolví a tu madre para que se tranquilizara y no estuviera triste. [También te concedí una gracia] cuando [involuntariamente] mataste a un hombre [del pueblo del Faraón] y te salvé de que tomaran represalias contra ti. Te he probado con pruebas difíciles. Luego permaneciste unos años en Madián y ahora has regresado aquí, tal como estaba decretado, ¡oh, Moisés!
Tafsir de At-Tabari
{Cuando tu hermana caminaba y decía: «¿Queréis que os indique a quien se haga cargo de él?»; y te devolvimos a tu madre para que se alegrara su ojo y no se entristeciera. Y mataste a un alma, y te salvamos de la congoja, y te probamos con pruebas. Y permaneciste años entre la gente de Madián; luego viniste conforme a un decreto, ¡oh Moisés!} (40)
La exposición acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{Cuando tu hermana caminaba y decía: «¿Queréis que os indique a quien se haga cargo de él?»; y te devolvimos a tu madre para que se alegrara su ojo y no se entristeciera. Y mataste a un alma, y te salvamos de la congoja, y te probamos con pruebas. Y permaneciste años entre la gente de Madián; luego viniste conforme a un decreto, ¡oh Moisés!}.
Los intérpretes discreparon respecto a la interpretación de Su dicho: «y para que seas formado bajo Mi mirada». Unos dijeron: su sentido es: para que seas alimentado y criado conforme a Mi amor y Mi voluntad.
Se menciona a quienes dijeron eso:
Nos narró al-Ḥasan ibn Yaḥyà, dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda, acerca de Su dicho: «y para que seas formado bajo Mi mirada», dijo: es su alimentación; es decir, para que seas alimentado bajo Mi mirada.
Me narró Yūnus, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: Ibn Zayd dijo, acerca de Su dicho: «y para que seas formado bajo Mi mirada», dijo: lo puso en la casa del rey, viviendo en delicia y lujo; su alimento entre ellos era el alimento del rey: esa es la “formación”.
Otros dijeron: más bien el sentido de ello es: y tú estás ante Mi mirada en todos tus estados.
Se menciona a quienes dijeron eso:
Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj: «y para que seas formado bajo Mi mirada», dijo: tú estás ante Mi mirada cuando tu madre te puso en el arca, luego en el mar, y cuando tu hermana caminaba.
Ibn Nahīk recitó: «وَلِتَصْنَعَ» con apertura de la tāʾ, y lo interpretó como:
Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Yaḥyà ibn Wāḍiḥ, dijo: nos narró ʿAbd al-Muʾmin, dijo: oí a Abū Nahīk recitar: «وَلِتَصْنَعَ عَلى عَيْنِي», y le pregunté por ello; dijo: “y para que obres bajo Mi mirada”.
Dijo Abū Jaʿfar: la recitación que no considero lícito recitar de otro modo es «وَلِتُصْنَعَ» con ḍamma en la tāʾ, por el consenso de la autoridad de los recitadores sobre ella. Siendo así, la interpretación más adecuada es la que interpretó Qatāda, a saber: «Y arrojé sobre ti un amor de Mí, y para que seas alimentado bajo Mi mirada»: arrojé sobre ti el amor de Mí. Y con Su dicho «bajo Mi mirada» quiso decir: a Mi vista, con amor y voluntad.
Y Su dicho: «cuando tu hermana caminaba y decía: “¿queréis que os indique a quien se haga cargo de él?”», dice —Exaltado sea Su recuerdo—: cuando tu hermana caminaba siguiéndote hasta que te encontró; luego se presenta ante quienes buscaban nodrizas para ti y dice: “¿Queréis que os indique a quien se haga cargo de él?”. Y se ha omitido del discurso lo que he mencionado tras Su dicho «cuando tu hermana caminaba», por bastar la indicación del propio discurso.
Y la hermana de Moisés no les dijo eso sino por lo que:
Nos narró Mūsà ibn Hārūn, dijo: nos narró ʿAmr, dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, dijo: cuando su madre lo arrojó al río, dijo a su hermana: “síguele el rastro”. Cuando lo recogió la familia de Faraón y quisieron para él nodrizas, no aceptó a ninguna de las mujeres. Las mujeres se afanaban por ello para obtener estancia junto a Faraón mediante la lactancia, pero él rehusaba aceptar. Entonces dijo su hermana: «¿Queréis que os indique a una gente de una casa que se hará cargo de él para vosotros y que será para él consejera fiel?». La tomaron y dijeron: “Más bien has reconocido a este muchacho; indícanos a su familia”. Ella dijo: “No lo conozco; solo dije que son para el rey consejeros fieles”.
Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, dijo: ella —es decir, la madre de Moisés— dijo a su hermana: “síguele el rastro y mira qué hacen con él”. Salió para ello y lo vio de soslayo, mientras ellos no se daban cuenta. Él necesitaba lactancia y buscaba el pecho; reunieron para él nodrizas, después de que Dios arrojara su amor sobre ellos, pero no se traía a ninguna mujer sin que él rechazara su pecho. Eso los irritaba; se traía nodriza tras nodriza y no aceptaba nada de ellas. Entonces su hermana les dijo, cuando vio su preocupación por él y su empeño en él: «¿Queréis que os indique a una gente de una casa que se hará cargo de él para vosotros y que será para él consejera fiel?», es decir, por su posición ante vosotros y vuestro afán por complacer al rey.
Y con Su dicho: «¿queréis que os indique a quien se haga cargo de él?» quiso decir: ¿queréis que os indique a quien lo acoja consigo, lo guarde, lo amamante y lo críe? Y se dijo: el sentido de «y Zacarías se hizo cargo de ella» es: la acogió.
Y Su dicho: «y te devolvimos a tu madre para que se alegrara su ojo y no se entristeciera», dice —Exaltado sea Su recuerdo—: te devolvimos a tu madre después de que pasaste a manos de la familia de Faraón, para que se alegrara su ojo por tu seguridad y tu salvación de la muerte y del ahogamiento en el río, y para que no se entristeciera por ti a causa del temor de que Faraón te matara, como:
Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, dijo: cuando la hermana de Moisés les dijo lo que les dijo, dijeron: “tráela”. Ella fue a su madre y se lo contó; salió con ella hasta que llegaron a ellos. Se lo entregaron; cuando lo puso en su regazo, tomó su pecho. Se alegraron por ello, y Dios lo devolvió a su madre para que se alegrara su ojo y no se entristeciera. Y alcanzó la delicadeza de Dios para ella y para él que le devolvió a su hijo y le hizo inclinarse a su favor el beneficio de Faraón y de su casa, con seguridad frente a la muerte que se teme para otros; como si fueran de la casa de Faraón en seguridad y holgura, estando sobre los lechos y divanes de Faraón.
Y Su dicho: «y mataste a un alma», con ello —Glorificado sea— se refiere a la muerte del copto al que mató cuando el israelita le pidió auxilio contra él, y Moisés lo golpeó.
Y Su dicho: «y te salvamos de la congoja», dice —Exaltado sea Su recuerdo—: te salvamos de tu congoja por haber matado al alma que mataste, cuando quisieron matarte por ello; te libramos de ellos hasta que huiste hacia la gente de Madián, y no alcanzaron a matarte ni a ejecutarte. Y su muerte —según se mencionó— fue por error, como:
Me narró Wāṣil ibn ʿAbd al-Aʿlā, dijo: nos narró Muḥammad ibn Fuḍayl, de su padre, de Sālim, de ʿAbd Allāh ibn ʿUmar, dijo: oí al Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— decir: «Ciertamente Moisés mató por error a quien mató de la familia de Faraón; y Dios le dijo: “y mataste a un alma, y te salvamos de la congoja, y te probamos con pruebas”».
Me narró Zakariyyā ibn Yaḥyà ibn Abī Zāʾida y Muḥammad ibn ʿAmr; ambos dijeron: nos narró Abū ʿĀṣim, dijo: nos narró ʿĪsà. Y me narró al-Ḥārith, dijo: nos narró al-Ḥasan, dijo: nos narró Warqāʾ; todos, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: «y te salvamos de la congoja», dijo: de matar al alma.
Nos narró Bishr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda: «y te salvamos de la congoja»: el alma que mató.
Los intérpretes discreparon respecto a la interpretación de Su dicho: «y te probamos con pruebas». Unos dijeron: te sometimos a prueba y te examinamos.
Se menciona a quienes dijeron eso:
Me narró ʿAlī, dijo: nos narró ʿAbd Allāh, dijo: me narró Muʿāwiya, de ʿAlī, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: «y te probamos con pruebas», dice: te examinamos con un examen.
Me narró Muḥammad ibn Saʿd, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās: «y te probamos con pruebas», dijo: fuiste probado con una prueba.
Me narró al-ʿAbbās ibn al-Walīd al-Āmilī, dijo: nos narró Yazīd ibn Hārūn, dijo: nos informó Aṣbagh ibn Zayd al-Juhanī, dijo: nos informó al-Qāsim ibn Ayyūb, dijo: me narró Saʿīd ibn Jubayr, dijo: pregunté a ʿAbd Allāh ibn ʿAbbās acerca de la palabra de Dios a Moisés: «y te probamos con pruebas». Le pregunté: ¿qué son las “pruebas”? Me dijo: “reanuda el día, oh Ibn Jubayr, pues tiene un relato largo”. Dijo: cuando amanecí, fui temprano a Ibn ʿAbbās para obtener de él lo que me había prometido. Dijo: Ibn ʿAbbās dijo: Faraón y sus cortesanos recordaron lo que Dios prometió a Abraham: que haría en su descendencia profetas y reyes. Algunos dijeron: “Los Hijos de Israel esperan eso sin duda; y habían pensado que era José hijo de Jacob; cuando murió, dijeron: ‘No era así como Dios prometió a Abraham’”. Faraón dijo: “¿Qué os parece?”. Dijo: deliberaron entre sí y acordaron enviar hombres con cuchillos que recorrieran a los Hijos de Israel, y no hallaran recién nacido varón sin degollarlo. Cuando vieron que los mayores de los Hijos de Israel morían por sus plazos, y que los pequeños eran degollados, dijeron: “Está a punto de que exterminéis a los Hijos de Israel, y acabaréis realizando vosotros mismos los trabajos y servicios de los que ellos os bastaban. Matad un año a todo recién nacido varón, para que disminuyan sus hijos; y dejad un año sin matar a ninguno, para que los pequeños crezcan en lugar de los mayores que mueren. Así no aumentarán por los que dejáis con vida hasta temer que os superen en número, ni disminuirán por los que matáis”. Y acordaron eso.
La madre de Moisés concibió a Aarón en el año siguiente, en el que no se degollaba a los niños, y lo dio a luz abiertamente, segura. Cuando llegó el año siguiente, concibió a Moisés, y cayó en su corazón la preocupación y la tristeza; eso forma parte de las pruebas, oh Ibn Jubayr: lo que le sobrevino en el vientre de su madre por lo que se pretendía con él. Entonces Dios le reveló: “No temas ni te entristezcas; ciertamente te lo devolveremos y haremos de él uno de los enviados”. Y le ordenó que, cuando lo diera a luz, lo pusiera en un arca y luego lo arrojara al río. Cuando lo dio a luz, hizo lo que se le ordenó, hasta que su hijo quedó oculto de ella. Entonces se le acercó Iblīs y ella dijo para sí: “¿Qué he hecho con mi hijo? Si hubiera sido degollado junto a mí, lo habría ocultado y amortajado; eso me habría sido más querido que arrojarlo con mi mano a los peces del mar y a sus bestias”. El agua se lo llevó hasta depositarlo en un embarcadero de donde las esclavas de la familia de Faraón sacaban agua. Lo vieron y lo tomaron; se dispusieron a abrir el arca, pero algunas dijeron a otras: “En esto hay riqueza; si lo abrimos, la esposa de Faraón no nos creerá acerca de lo que hallamos”. Lo llevaron tal como estaba, sin mover nada de él, hasta entregárselo. Cuando ella lo abrió, vio al niño, y se arrojó sobre él de su parte un amor como no se arrojó sobre nadie de la gente; y el corazón de la madre de Moisés quedó vacío de toda cosa salvo del recuerdo de Moisés.
Cuando los degolladores oyeron de su asunto, acudieron a la esposa de Faraón con sus cuchillos queriendo degollarlo; eso forma parte de las pruebas, oh Ibn Jubayr. Ella dijo a los degolladores: “Apartaos de mí: este único no aumenta a los Hijos de Israel. Iré a Faraón para pedírselo como don; si me lo concede, habréis obrado bien y con nobleza; y si ordena degollarlo, no os culparé”. Cuando se lo llevó a Faraón, dijo: “Frescura de ojo para mí y para ti”. Faraón dijo: “Sea para ti; en cuanto a mí, no lo necesito”. Dijo: por Aquel por quien se jura: si Faraón hubiera admitido que fuera frescura de ojo para él como ella lo admitió, Dios lo habría guiado por medio de él como guio a su esposa; pero Dios se lo vedó. Ella envió a buscar, de entre quienes la rodeaban, a toda hembra que tuviera leche para escogerle una nodriza; pero cada vez que una de ellas lo tomaba para amamantarlo, él no aceptaba su pecho, hasta que la esposa de Faraón temió que rehusara la leche y muriera. Eso la entristeció, y ordenó sacarlo al mercado, al lugar de reunión de la gente, con la esperanza de encontrarle una nodriza de la que aceptara; pero no aceptó de nadie.
La madre de Moisés amaneció y dijo a su hija: “síguele el rastro y búscalo; ¿oyes alguna mención de él? ¿Está vivo mi hijo, o lo han devorado las bestias del mar y sus peces?”. Y olvidó lo que Dios le había prometido. Su hermana lo vio de soslayo mientras ellos no se daban cuenta. Entonces dijo, por la alegría cuando las nodrizas los habían agotado: “Yo os indicaré a una gente de una casa que se hará cargo de él para vosotros y que será para él consejera fiel”. La tomaron y dijeron: “¿Y cómo sabes tú que serán fieles con él? ¿Acaso lo conocen?”. Hasta que sospecharon de ello; eso forma parte de las pruebas, oh Ibn Jubayr. Ella dijo: “Su consejo fiel y su compasión por él: su deseo de ser nodriza del rey y la esperanza de su beneficio”. La dejaron; fue a su madre y le informó. Ella vino; cuando lo puso en su regazo, él se lanzó a su pecho hasta que se llenaron sus costados. Los portadores de buenas nuevas fueron a la esposa de Faraón para anunciarle: “Hemos hallado una nodriza para tu hijo”. Ella mandó llamarla; ella acudió con él. Cuando vio lo que él hacía con ella, dijo: “Quédate conmigo para amamantar a este hijo mío, pues no he amado nada como lo he amado”. Dijo: ella respondió: “No puedo abandonar mi casa y a mi hijo, y que se pierdan. Si te place entregármelo, me lo llevaré a mi casa para que esté conmigo y no escatimaré en hacerle bien; si no, no abandonaré mi casa y a mi hijo”. Y la madre de Moisés recordó lo que Dios le había prometido; se mostró difícil con la esposa de Faraón y tuvo certeza de que Dios —Bendito y Exaltado— cumpliría Su promesa. Regresó con su hijo a su casa ese mismo día. Dios lo hizo crecer con buena crianza y lo preservó para lo que había decretado respecto de él. Los Hijos de Israel, reunidos en un lado de la ciudad, no dejaban de ampararse en él contra la injusticia y la servidumbre forzada que padecían.
Cuando creció, la esposa de Faraón dijo a la madre de Moisés: “hazme visitar a mi hijo”. Le fijó un día para llevárselo. Dijo a sus allegados, a sus nodrizas y a sus administradoras: “Que no quede ninguno de vosotros sin salir al encuentro de mi hijo con un regalo y un honor, para que él lo vea; y enviaré a una persona de confianza que registre lo que hace cada uno”. No cesaron los regalos, los honores y las alhajas de salir a su encuentro desde que salió de la casa de su madre hasta que entró ante la esposa de Faraón. Cuando entró, ella le otorgó dones, lo honró, se alegró por él, y le agradó lo que vio del buen efecto que ella había tenido sobre él. Dijo: “Llevadlo a Faraón para que le otorgue dones y lo honre”. Cuando entraron con él ante Faraón, ella lo puso en su regazo. Moisés tomó la barba de Faraón y la estiró. Entonces un enemigo de entre los enemigos de Dios dijo: “¿No ves lo que Dios prometió a Abraham: que él te derribaría y se alzaría sobre ti? Envía a los degolladores para que lo degüellen”. Eso forma parte de las pruebas, oh Ibn Jubayr, tras toda aflicción con la que fue probado y por la que se pretendió con él. La esposa de Faraón acudió corriendo a Faraón y dijo: “¿Qué te ha sobrevenido respecto a este niño que me has concedido?”. Dijo: “¿No ves que se afirma que me derribará y se alzará sobre mí?”. Ella dijo: “Pongamos entre tú y yo un asunto por el que conozcas la verdad: trae dos brasas y dos perlas, y acércaselas. Si toma las dos perlas y evita las dos brasas, sabrás que razona; y si toma las dos brasas y no quiere las dos perlas, sabe que nadie prefiere las brasas a las perlas estando en su razón”. Se lo acercaron; tomó las dos brasas. Se las arrancaron de la mano por temor a que le quemaran. Ella dijo: “¿No ves?”. Dios lo apartó de él después de que ya se había propuesto hacerlo; y Dios llevaba a término Su designio respecto de él.
Cuando alcanzó su plenitud y fue de los hombres, nadie de la familia de Faraón podía imponerse a ninguno de los Hijos de Israel con injusticia ni servidumbre forzada en su presencia, hasta que se protegieron por completo. Mientras caminaba un día por un lado de la ciudad, vio a dos hombres peleando: uno de los Hijos de Israel y el otro de la familia de Faraón. El israelita le pidió auxilio contra el faraónico. Moisés se enojó y su enojo se intensificó, porque aquel lo había agredido sabiendo la posición de Moisés entre los Hijos de Israel y su protección para ellos; y la gente no sabía sino que eso provenía de la lactancia, no siendo la madre de Moisés, salvo que Dios hubiera hecho saber a Moisés de ello lo que no hizo saber a otro. Moisés golpeó al faraónico y lo mató; no los veía nadie sino Dios y el israelita. Moisés dijo cuando mató al hombre: «Esto es obra de Satanás; ciertamente es un enemigo extraviador manifiesto». Luego dijo: «Señor mío, me he oprimido a mí mismo; perdóname». Y Él lo perdonó: «ciertamente Él es el Perdonador, el Misericordioso». «Y amaneció en la ciudad temeroso, a la expectativa» de las noticias. Faraón fue informado y se le dijo: “Los Hijos de Israel han matado a un hombre de la familia de Faraón; toma para nosotros nuestro derecho y no les seas indulgente en ello”. Dijo: “Buscadme a su asesino y a quien testifique contra él, pues no es correcto juzgar sin prueba ni confirmación”. Lo buscaron, y mientras recorrían sin hallar confirmación, Moisés pasó al día siguiente y vio a aquel israelita peleando con un faraónico. El israelita le pidió auxilio contra el faraónico. Moisés se encontró habiendo lamentado lo de la víspera y detestando lo que veía; se enojó y extendió su mano queriendo abalanzarse sobre el faraónico. Dijo al israelita por lo de ayer y lo de hoy: «Ciertamente tú eres un descarriado manifiesto». El israelita miró a Moisés tras lo que dijo y lo vio airado como su ira de la víspera, en la que mató al faraónico. Temió que, después de decirle «ciertamente tú eres un descarriado manifiesto», lo hubiera querido a él —aunque no lo quería, sino que quería al faraónico—. El israelita temió y se interpuso ante el faraónico, y dijo: “¡Oh Moisés! ¿Quieres matarme como mataste a un alma ayer?”. Solo dijo eso por temor a que Moisés lo quisiera a él para matarlo. Se separaron; el faraónico fue a su gente y les informó de lo que oyó del israelita cuando decía: “¿Quieres matarme como mataste a un alma ayer?”. Faraón envió a los degolladores. Moisés tomó el camino principal; lo buscaron sin temer que se les escapara. Un hombre de los partidarios de Moisés vino desde el extremo de la ciudad; tomó un atajo cercano y se les adelantó hasta Moisés, y le informó de la noticia. Eso forma parte de las pruebas, oh Ibn Jubayr.
Me narró Muḥammad ibn ʿAmr, dijo: nos narró Abū ʿĀṣim, dijo: nos narró ʿĪsà. Y me narró al-Ḥārith, dijo: nos narró al-Ḥasan, dijo: nos narró Warqāʾ; todos, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, acerca de Su dicho: «pruebas», dijo: aflicción: su colocación en el arca, luego en el mar, luego la recogida de la familia de Faraón, luego su salida temeroso.
Dijo Muḥammad ibn ʿAmr, y dijo Abū ʿĀṣim: “temeroso, o hambriento” —Abū ʿĀṣim dudó—; y dijo al-Ḥārith: “temeroso, a la expectativa”, y no dudó.
Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, algo semejante; y dijo: «temeroso, a la expectativa», y no dudó.
Nos narró Bishr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, acerca de Su dicho: «y te probamos con pruebas», dice: te probamos con una aflicción.
Se me narró de al-Ḥusayn, dijo: oí a Abū Muʿādh decir: nos informó ʿUbayd, dijo: oí a al-Ḍaḥḥāk decir acerca de Su dicho: «y te probamos con pruebas»: es la aflicción tras la aflicción.
Otros dijeron: su sentido es: te purificamos.
Se menciona a quienes dijeron eso:
Me narró al-Ḥārith, dijo: nos narró al-Ḥasan, dijo: nos narró Warqāʾ, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: «y te probamos con pruebas»: te purificamos con una purificación.
Nos narró Ibn al-Muthannà, dijo: nos narró Muḥammad ibn Jaʿfar, dijo: nos narró Shuʿba, de Yaʿlā ibn Muslim, dijo: oí a Saʿīd ibn Jubayr interpretar esta expresión: «y te probamos con pruebas», dijo: te purificamos con una purificación.
Dijo Abū Jaʿfar: ya hemos aclarado anteriormente en este libro el sentido de la “fitna”, y que es la prueba y el examen, con evidencias que hacen innecesario repetirlo en este lugar.
Y Su dicho: «y permaneciste años entre la gente de Madián». En este discurso se ha omitido parte de lo que completa su sentido, por bastar lo mencionado para indicar lo omitido. El sentido del discurso es: “y te probamos con pruebas; saliste temeroso hacia la gente de Madián, y permaneciste años entre ellos”.
Y Su dicho: «luego viniste conforme a un decreto, ¡oh Moisés!», dice —Glorificado sea—: luego viniste en el tiempo en que quisimos enviarte a Faraón como mensajero, y conforme a su medida. En el mismo sentido que hemos dicho hablaron los intérpretes.
Se menciona a quienes dijeron eso:
Me narró Muḥammad ibn Saʿd, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su dicho: «luego viniste conforme a un decreto, ¡oh Moisés!», dice: ciertamente has venido a un plazo fijado, oh Moisés.
Me narró Muḥammad ibn ʿAmr, dijo: nos narró Abū ʿĀṣim, dijo: nos narró ʿĪsà. Y me narró al-Ḥārith, dijo: nos narró al-Ḥasan, dijo: nos narró Warqāʾ; todos, de Mujāhid, dijo: «conforme a un decreto, ¡oh Moisés!», dijo: una cita.
Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, dijo: conforme a una cita.
Nos narró al-Ḥasan ibn Yaḥyà, dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda, acerca de Su dicho: «conforme a un decreto, ¡oh Moisés!», dijo: el decreto de la misión y la profecía.
Y los árabes dicen: “fulano vino conforme a un qadar”, cuando viene en el momento en que se le necesita; y de ello es el dicho del poeta:
«Alcanzó el califato, o era para él un decreto, *** como vino Moisés a su Señor conforme a un decreto»
Notas y Referencias
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