La Vaca
البقرة Al-BaqarahVersículo (Español)
[2:7] Dios ha sellado sus corazones y sus oídos, sobre sus ojos hay un velo y recibirán un castigo terrible [en el Infierno].
Tafsir de At-Tabari
{خَتَمَ ٱللَّهُ عَلَىٰ قُلُوبِهِمۡ وَعَلَىٰ سَمۡعِهِمۡۖ وَعَلَىٰٓ أَبۡصَٰرِهِمۡ غِشَٰوَةٞۖ وَلَهُمۡ عَذَابٌ عَظِيمٞ} (7)
La disertación sobre la interpretación de la palabra del Altísimo:
(«Dios ha sellado sus corazones y su oído; y sobre sus miradas hay un velo; y para ellos hay un castigo inmenso»).
El origen de “sellar” (al-khatm) es “imprimir” (aṭ-ṭabʿ); y el “sello” (al-khātam) es el instrumento que imprime. Se dice: “sellé el escrito” cuando lo imprimí.
Y si alguien nos dijera: “¿Cómo se sella sobre los corazones, cuando el sellado no es sino una impronta sobre recipientes, envolturas y cubiertas?”, se le responderá: Los corazones de los siervos son recipientes de lo que se deposita en ellos de ciencias, y contenedores de lo que se pone en ellos de conocimientos de las cosas. Así, el sentido de sellarlos —y de sellar los oídos, por los cuales se perciben los sonidos y a través de los cuales se llega al conocimiento de las realidades de las noticias sobre lo oculto— es análogo al sentido de sellar los demás recipientes y contenedores.
Y si dijera: “¿Tiene eso alguna cualidad que nos la describas para que la comprendamos: es como el sello conocido que se ve a los ojos, o es distinto?”, se le responderá: Los exégetas discreparon acerca de la cualidad de ello, y daremos noticia de su cualidad después de mencionar sus dichos.
Me narró ʿĪsā b. ʿUṯmān b. ʿĪsā ar-Ramlī; dijo: nos narró Yaḥyā b. ʿĪsā, de al-Aʿmaš; dijo: Muǧāhid nos mostró con su mano y dijo: “Solían considerar que el corazón es como esto —es decir, la palma—. Cuando el siervo comete un pecado, se pliega de él (una parte)”, y dijo con su dedo meñique: “así”; “y cuando comete (otro), se pliega”, y (lo mostró) con otro dedo; “y cuando comete (otro), se pliega”, y (lo mostró) con otro dedo, “así, hasta que plegó todos sus dedos”. Dijo: “Luego se imprime sobre él con un sello”. Dijo Muǧāhid: “Y solían considerar que eso es el rān”.
Nos narró Abū Kurayb; dijo: nos narró Wakīʿ, de al-Aʿmaš, de Muǧāhid; dijo: “El corazón es como la palma; cuando comete un pecado, cierra un dedo, hasta que cierra todos sus dedos”. Y nuestros compañeros solían considerar que eso es el rān.
Nos narró al-Qāsim b. al-Ḥasan; dijo: nos narró al-Ḥusayn b. Dāwūd; dijo: me narró Ḥaǧǧāǧ; dijo: nos narró Ibn Ǧurayǧ; dijo: dijo Muǧāhid: “Se me informó que los pecados rodean al corazón por sus lados hasta que se juntan sobre él; y su juntarse sobre él es la impronta (aṭ-ṭabʿ), y la impronta es el sellado (al-khatm)”. Dijo Ibn Ǧurayǧ: “El sellado es un sellado sobre el corazón y el oído”.
Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; me narró Ḥaǧǧāǧ, de Ibn Ǧurayǧ; dijo: me narró ʿAbd Allāh b. Kaṯīr que oyó a Muǧāhid decir: “El rān es más leve que la impronta; y la impronta es más leve que los cerrojos; y los cerrojos son lo más severo de todo ello”. Y algunos dijeron: El sentido de Su palabra “Dios ha sellado sus corazones” no es sino una información de Dios —glorificado sea— acerca de su soberbia y su apartamiento de escuchar aquello a lo que fueron llamados de la verdad; como se dice: “Fulano es sordo a este discurso” cuando se abstiene de oírlo y se eleva por encima de comprenderlo por soberbia.
Y lo verdadero en ello, a mi juicio, es lo que se ha confirmado por un reporte análogo del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y es lo que.
Nos lo narró Muḥammad b. Yasār; dijo: nos narró Ṣafwān b. ʿĪsā; dijo: nos narró Ibn ʿAǧlān, de al-Qaʿqāʿ, de Abū Ṣāliḥ, de Abū Hurayra; dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: “En verdad, cuando el creyente comete un pecado, aparece una mancha negra en su corazón; si se arrepiente, desiste y pide perdón, su corazón se pule; y si aumenta, aumenta (la mancha) hasta que recubre su corazón. Ese es el rān del que Dios —glorificado sea— dijo: {كلا بل ران على قلوبهم ما كانوا يكسبون}”.
Así, él —la paz sea con él— informó que, cuando los pecados se suceden sobre los corazones, los recubren; y cuando los recubren, entonces les llega el sellado por parte de Dios —poderoso y majestuoso— y la impronta, de modo que no queda para la fe hacia ellos camino, ni para la incredulidad desde ellos salida. Ese es el imprimir y el sellar que Dios —bendito y exaltado sea— mencionó en Su palabra: “Dios ha sellado sus corazones y su oído”, análogo a la impronta y el sellado sobre aquello que perciben las miradas de recipientes y contenedores a los que no se llega a lo que hay dentro sino tras romper su cierre y luego desatarlos. Del mismo modo, la fe no llega a los corazones de aquellos de quienes Dios describió que selló sus corazones sino después de romper su sello y desatar su atadura.
Y se dirá a quienes sostienen el segundo dicho —los que pretenden que el sentido de Su palabra, glorificado sea, “Dios ha sellado sus corazones y su oído” es describirlos con soberbia y apartamiento de aquello a lo que fueron llamados, a saber, el reconocimiento de la verdad por arrogancia—: Informadnos: ¿la soberbia de aquellos a quienes Dios —glorificado sea— describió con esta cualidad, y su apartamiento de reconocer aquello a lo que fueron llamados de la fe y de los demás significados que la acompañan, es un acto suyo o un acto de Dios —exaltado sea— sobre ellos? Si alegan que es un acto suyo —y eso es lo que dicen—, se les dirá: Dios —bendito y exaltado sea— ha informado que Él es quien selló sus corazones y su oído. ¿Cómo es lícito que el apartamiento del incrédulo de la fe y su soberbia de reconocerla —siendo, según vosotros, su acto— sea un “sellado” de Dios sobre su corazón y su oído, cuando el sellado sobre su corazón y su oído es acto de Dios —poderoso y majestuoso— y no acto del incrédulo? Y si alegan que es lícito que sea así porque su soberbia y su apartamiento fueron a causa del sellado de Dios sobre su corazón y su oído, y como el sellado fue causa de ello, fue lícito denominar al causado con el nombre de su causa, entonces abandonan su dicho y hacen necesario que el sellado de Dios sobre los corazones y oídos de los incrédulos sea un significado distinto de la incredulidad del incrédulo y distinto de su soberbia y su apartamiento de aceptar la fe y reconocerla; y eso es entrar en aquello que negaban]
Y esta aleya es una de las pruebas más claras de la invalidez del dicho de quienes niegan la imposición de lo que no se puede soportar sino con la ayuda de Dios: pues Dios —glorificado sea— informó que selló los corazones y los oídos de una clase de Sus siervos incrédulos; luego no levantó de ellos la obligación, ni retiró de ninguno de ellos Sus prescripciones, ni lo excusó en nada de lo que cometió en oposición a Su obediencia por causa de lo que hizo con él de sellado e impronta sobre su corazón y su oído; antes bien, informó que para todos ellos hay, de Su parte, un castigo inmenso por abandonar Su obediencia en lo que les ordenó y les prohibió de Sus límites y prescripciones, junto con el decreto definitivo, además, de que no creerán.
La disertación sobre la interpretación de Su palabra —glorificado sea—:
{ وَعَلَىَ أَبْصَارِهِمْ غِشَاوَةٌ }
Y Su palabra: “y sobre sus miradas hay un velo” es un predicado de un sujeto elíptico, después de completarse el predicado acerca de aquello sobre lo que Dios —glorificado sea— selló de los miembros de los incrédulos cuyas historias han precedido.
Y ello porque “velo” (gišāwa) está en nominativo por la expresión: “y sobre sus miradas”; y eso indica que es predicado de un sujeto (mubtadaʾ). Y que la expresión: “Dios ha sellado sus corazones” se ha completado al llegar a: “y su oído”. Esa es, para nosotros, la lectura correcta por dos razones:
La primera: el acuerdo de la autoridad probatoria (al-ḥuǧǧa) de los recitadores y los sabios en atestiguar su corrección, y la singularidad del discrepante en ello y su rareza frente a aquello en lo que ellos coinciden en declarar errónea su lectura; y basta el consenso de la autoridad probatoria en declarar errónea su lectura como testimonio de su error.
La segunda: que el sellado no se atribuye a los ojos en nada del Libro de Dios, ni en un reporte del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, ni existe en la lengua de ninguno de los árabes.
Y el Altísimo dijo en otra sura: “y selló su oído y su corazón”, y luego dijo: “y puso sobre su vista un velo”; no incluyó la vista en el sentido del sellado. Eso es lo conocido en el habla de los árabes. Por ello, no nos fue lícito —ni a nadie— recitar con el “velo” en acusativo, por las dos causas que he mencionado, aunque para su acusativo haya una salida conocida en la gramática árabe. Y conforme a lo que hemos dicho en ello de dictamen e interpretación, se transmitió el reporte de Ibn ʿAbbās.
Me narró Muḥammad b. Saʿd; dijo: me narró mi padre; dijo: me narró mi tío al-Ḥusayn b. al-Ḥasan, de su padre, de su abuelo, de Ibn ʿAbbās: “Dios selló sus corazones y su oído, y el velo está sobre sus miradas”.
Y si alguien dijera: “¿Cuál es la vía del acusativo en ello?”, se le dirá: Su acusativo es por elipsis de “puso” (ǧaʿala), como si dijera: “y puso sobre sus miradas un velo”, y luego omitió “puso” porque al comienzo del discurso había lo que lo indicaba. Y también cabe su acusativo por seguir la posición (mawḍiʿ) de “oído”, puesto que su posición es acusativo, aunque no sea elegante reiterar el regente sobre “velo”, sino por hacer que el discurso siga a sí mismo, como dijo el Altísimo: “Rondan en torno a ellos muchachos eternizados con copas y jarras”, y luego dijo: “y fruta de la que eligen, y carne de ave de la que apetecen, y huríes de grandes ojos”; puso “carne” y “huríes” en genitivo por coordinarlos con “fruta”, por seguimiento de la parte final del discurso a su comienzo. Y es sabido que ni la carne ni las huríes son cosas con las que se “ronda”. Pero eso es como dijo el poeta describiendo su caballo:
عَلَفْتُها تِبْنا وَماءً بارِدا *** حَتّى شَتَتْ هَمّالَةً عَيْناها
Y es sabido que el agua se bebe y no se da como forraje; pero lo puso en acusativo conforme a lo que he descrito antes.
Y como dijo el otro:
وَرَأيْتُ زَوْجَكِ في الوَغَى *** مُتَقَلّدَا سَيْفا وَرُمْحَا
Ibn Ǧurayǧ solía decir que el reporte acerca del sellado concluye en: “y su oído”, y que el predicado comienza después de ello conforme a lo que hemos dicho; y lo interpreta a partir del Libro de Dios: “Si Dios quisiera, sellaría tu corazón”.
Nos narró al-Qāsim; dijo: nos narró al-Ḥusayn; dijo: me narró Ḥaǧǧāǧ; dijo: nos narró Ibn Ǧurayǧ; dijo: “El sellado es sobre el corazón y el oído, y el velo sobre la vista”. Dijo el Altísimo: “Si Dios quisiera, sellaría tu corazón”; y dijo: “y selló su oído y su corazón, y puso sobre su vista un velo”. Y “velo” en el habla de los árabes es “cobertura”; de ello es el dicho de al-Ḥāriṯ b. Ḫālid b. al-ʿĀṣ:
تَبِعْتُكَ إذْ عَيْنِي عَلَيْها غِشاوَةٌ *** فَلمّا انْجَلَتْ قَطّعْتُ نَفْسِي ألُومُها
Y de ello se dice: “la preocupación lo cubrió” (taġaššāhu al-hamm), cuando lo envolvió y se le montó encima.
Y de ello es el dicho de Nābiġa de Banū Ḏubyān:
هَلا سألْتِ بَنِي ذُبْيانَ ما حَسَبي *** إذَا الدّخانُ تَغَشّى الأشمَطَ البَرِمَا
Con ello quiere decir: cuando lo envolvió y se mezcló con él.
Dios —exaltado sea— no hizo sino informar a Su Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de quienes descreyeron en él de entre los rabinos de los judíos: que Él ha sellado sus corazones y ha impreso sobre ellos, de modo que no comprenden una exhortación de Dios —bendito y exaltado sea— con la que los amoneste, a partir del conocimiento que poseen de sus libros, ni a partir de lo que delimitó en Su Libro que reveló e hizo descender a Su Profeta Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—; y (ha sellado) su oído, de modo que no oyen de Muḥammad —el Profeta de Dios— advertencia, ni recordatorio, ni prueba que él haya establecido contra ellos por su profecía, para que recuerden y teman el castigo de Dios —poderoso y majestuoso— por desmentirlo, pese a su conocimiento de su veracidad y de la autenticidad de su asunto; y le informó, además, de que sobre sus miradas hay un velo que les impide ver el camino de la guía, de modo que conozcan la fealdad de aquello en lo que están de extravío y vileza.
Y en un sentido semejante a lo que hemos dicho se transmitió el reporte de un grupo de los exégetas.
Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama, de Muḥammad b. Isḥāq, de Muḥammad b. Abī Muḥammad, liberto de Zayd b. Ṯābit, de ʿIkrima, o de Saʿīd b. Ǧubayr, de Ibn ʿAbbās: “Dios selló sus corazones y su oído, y sobre sus miradas hay un velo”, es decir: respecto de la guía, que no la alcancen jamás por otra cosa que no sea aquello con lo que te desmintieron de la verdad que te llegó de tu Señor, hasta que crean en ella, aunque crean en todo lo que hubo antes de ti.
Me narró Mūsā b. Hārūn al-Hamdānī; dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād; dijo: nos narró Asbāṭ, de as-Suddī, en un reporte que mencionó de Abū Mālik, y de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās, y de Murra al-Hamdānī, de Ibn Masʿūd, y de gente de los compañeros del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—: “Dios selló sus corazones y su oído”, es decir: no comprenden ni oyen. Y dice: “y puso sobre sus miradas un velo”, es decir: sobre sus ojos, de modo que no ven.
En cambio, otros interpretaban que aquellos de los incrédulos acerca de quienes Dios informó que hizo eso con ellos son los jefes de las facciones que fueron muertos el día de Badr.
Me narró al-Muṯannā b. Ibrāhīm; dijo: nos narró Isḥāq b. al-Ḥaǧǧāǧ; dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Abī Ǧaʿfar, de su padre, de ar-Rabīʿ b. Anas; dijo: “Estas dos aleyas, para mí: ‘y para ellos hay un castigo inmenso’, son: {الّذِينَ بَدّلُوا نِعْمَةَ اللّهِ كُفْرا وأحَلّوا قَوْمَهُمْ دَارَ البَوَار}”; y ellos son los que fueron muertos el día de Badr. Y no entró en el islam ninguno de los jefes sino dos hombres: Abū Sufyān b. Ḥarb y al-Ḥakam b. Abī al-ʿĀṣ.
Y se me narró de ʿAmmār b. al-Ḥasan; dijo: nos narró Ibn Abī Ǧaʿfar, de su padre, de ar-Rabīʿ b. Anas, de al-Ḥasan; dijo: “En cuanto a los jefes, no hay entre ellos quien responda, ni quien se salve, ni quien sea guiado”. Y ya hemos mostrado anteriormente cuál de estas dos interpretaciones es la más correcta, y hemos detestado repetirlo.
La disertación sobre la interpretación de la palabra del Altísimo:
«Y para ellos hay un castigo inmenso».
Y su interpretación, a mi juicio, es como la dijo Ibn ʿAbbās y la interpretó.
Nos narró Ibn Ḥumayd; dijo: nos narró Salama, de Ibn Isḥāq, de Muḥammad b. Abī Muḥammad, liberto de Zayd b. Ṯābit, de ʿIkrima, o de Saʿīd b. Ǧubayr, de Ibn ʿAbbās: “Y para ellos, por lo que están en oposición a ti, hay un castigo inmenso”. Dijo: “Esto es acerca de los rabinos de los judíos, por aquello con lo que te desmintieron de la verdad que te llegó de tu Señor, después de haberla conocido”.
Notas y Referencias
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