2

La Vaca

البقرة Al-Baqarah
Aya 28

Versículo (Español)

[2:28] ¿Cómo osan no creer en Dios siendo que no existían y Él les dio la vida, luego los hará morir y finalmente los resucitará y a Él serán retornados [para que los juzgue el Día del Juicio Final]?

Tafsir de At-Tabari

{¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos y Él os dio vida? Luego os hará morir, luego os dará vida, y luego a Él seréis devueltos} (28) La exposición acerca de la interpretación de la palabra del Altísimo: «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos y Él os dio vida? Luego os hará morir, luego os dará vida, y luego a Él seréis devueltos».

Los exégetas discreparon acerca de la interpretación de ello:

Unos dijeron —según lo que me transmitió Mūsà b. Hārūn, quien dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād, quien dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī, en un relato que mencionó de Abū Mālik y de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās, y de Murra, de Ibn Masʿūd, y de gente de los compañeros del Profeta—: «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos y Él os dio vida? Luego os hará morir, luego os dará vida», es decir: no erais nada, y os creó; luego os hará morir; luego os dará vida el Día de la Resurrección.

Y nos narró Muḥammad b. Bashshār, quien dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān b. Mahdī, quien dijo: nos narró Sufyān, de Abū Isḥāq, de Abū al-Aḥwaṣ, de ʿAbd Allāh, acerca de Su palabra: «Nos hiciste morir dos veces y nos diste vida dos veces»: dijo: es como la que está en al-Baqara: «estabais muertos y Él os dio vida; luego os hará morir; luego os dará vida».

Y me narró Abū Ḥuṣayn ʿAbd Allāh b. Aḥmad b. ʿAbd Allāh b. Yūnus, quien dijo: nos narró ʿAbthar, quien dijo: nos narró Ḥuṣayn, de Abū Mālik, acerca de Su palabra: «Nos hiciste morir dos veces y nos diste vida dos veces»: dijo: nos creaste cuando no éramos nada; luego nos hiciste morir; luego nos diste vida.

Y me narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm, quien dijo: nos narró Hushaym, de Ḥuṣayn, de Abū Mālik, acerca de Su palabra: «Nos hiciste morir dos veces y nos diste vida dos veces»: dijo: estaban muertos y Dios les dio vida; luego los hizo morir; luego les dio vida.

Y nos narró al-Qāsim, quien dijo: nos narró al-Ḥusayn b. Dāwūd, quien dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, acerca de Su palabra: «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos y Él os dio vida? Luego os hará morir, luego os dará vida»: dijo: no erais nada cuando os creó; luego os hará morir, la muerte verdadera; luego os dará vida. Y Su palabra: «Nos hiciste morir dos veces y nos diste vida dos veces» es semejante a ella.

Y nos narró al-Qāsim, quien dijo: nos narró al-Ḥusayn, quien dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, quien dijo: me narró ʿAṭāʾ al-Khurāsānī, de Ibn ʿAbbās, que dijo: es Su palabra: «Nos hiciste morir dos veces y nos diste vida dos veces».

Y se me transmitió de ʿAmmār b. al-Ḥasan, quien dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Abī Jaʿfar, de su padre, de al-Rabīʿ, quien dijo: me narró Abū al-ʿĀliya acerca de la palabra de Dios: «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos?»: dijo: cuando no eran nada; luego les dio vida cuando los creó; luego los hizo morir; luego les dio vida el Día de la Resurrección; luego retornaron a Él después de la vida.

Y se me transmitió de al-Munjāb, quien dijo: nos narró Bishr b. ʿUmāra, de Abū Rawq, de al-Ḍaḥḥāk, de Ibn ʿAbbās, acerca de Su palabra: «Nos hiciste morir dos veces y nos diste vida dos veces»: dijo: erais polvo antes de que os crease: esa es una muerte; luego os dio vida y os creó: esa es una vivificación; luego os hará morir y volveréis a las tumbas: esa es otra muerte; luego os resucitará el Día de la Resurrección: esa es una vivificación. Son, pues, dos muertes y dos vidas. Y ello es Su palabra: «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos y Él os dio vida? Luego os hará morir, luego os dará vida, y luego a Él seréis devueltos».

Otros dijeron —según lo que nos narró Abū Kurayb, quien dijo: nos narró Wakīʿ, de Sufyān, de al-Suddī, de Abū Ṣāliḥ— acerca de «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos y Él os dio vida? Luego os hará morir, luego os dará vida, y luego a Él seréis devueltos»: dijo: os da vida en la tumba, luego os hace morir.

Y otros dijeron —según lo que nos narró Bishr b. Muʿādh, quien dijo: nos narró Yazīd b. Zurayʿ, de Saʿīd, de Qatāda— acerca de Su palabra: «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos…», la aleya.

Dijo: estaban muertos en los lomos de sus padres; Dios les dio vida y los creó; luego los hizo morir, la muerte inevitable; luego les dio vida para la resurrección el Día de la Resurrección. Son, pues, dos vidas y dos muertes.

Y algunos dijeron —según lo que me transmitió Yūnus, quien dijo: nos informó Ibn Wahb, quien dijo: dijo Ibn Zayd acerca de la palabra de Dios, Altísimo: «¡Señor nuestro! Nos hiciste morir dos veces y nos diste vida dos veces»: dijo: los creó a partir de la espalda de Adán cuando tomó de ellos el pacto; y recitó: «Y cuando tu Señor tomó de los hijos de Adán, de sus espaldas, su descendencia…» hasta Su palabra: «…o digáis: “Nuestros padres asociaron antes, y nosotros éramos descendencia después de ellos. ¿Vas a destruirnos por lo que hicieron los falsarios?”». Dijo: entonces les otorgó el entendimiento y tomó de ellos el pacto. Dijo: y arrancó una costilla de las costillas de Adán, la corta, y de ella creó a Ḥawwāʾ; lo mencionó del Profeta. Dijo: y eso es la palabra de Dios, Altísimo: «¡Oh gentes! Temed a vuestro Señor, que os creó de una sola alma y de ella creó a su pareja, y de ambos dispersó muchos hombres y mujeres». Dijo: y de ambos, después de eso, en los vientres, dispersó una creación numerosa. Y recitó: «Os crea en los vientres de vuestras madres, creación tras creación». Dijo: una creación después de eso. Dijo: cuando tomó de ellos el pacto, los hizo morir; luego los creó en los vientres; luego los hizo morir; luego les dio vida el Día de la Resurrección. Eso es la palabra de Dios: «¡Señor nuestro! Nos hiciste morir dos veces y nos diste vida dos veces; y confesamos nuestros pecados». Y recitó la palabra de Dios: «Y tomamos de ellos un pacto solemne»; dijo: aquel día. Dijo: y recitó la palabra de Dios: «Y recordad la gracia de Dios sobre vosotros y Su pacto con el que os comprometió, cuando dijisteis: “Oímos y obedecemos”».

Dijo Abū Jaʿfar: cada una de estas opiniones que hemos referido de quienes las transmitimos tiene un aspecto y una orientación interpretativa.

En cuanto al aspecto de la interpretación de quien interpretó Su palabra «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos y Él os dio vida?» con el sentido de «no erais nada», es que se apoyó en algo semejante a la expresión de los árabes cuando dicen de una cosa borrada y de un asunto apagado en el recuerdo: «esto es algo muerto» y «esto es un asunto muerto», queriendo con la descripción de muerte el apagamiento de su mención y el borrado de su huella entre la gente. Y del contrario y opuesto se dice: «esto es un asunto vivo» y «una mención viva», queriendo con ello que es notorio y conocido entre la gente, como dijo Abū Nukhayla al-Saʿdī:

«Y me diste vida a mi mención, cuando no era yo apagado; *** pero unas menciones son más notorias que otras».

Con su dicho «me diste vida a mi mención» quiere decir: la elevaste y la divulgaste entre la gente hasta que se hizo notoria, y pasó a ser una mención viva después de haber sido apagada, muerta. Así, la interpretación de quien dijo acerca de Su palabra «y estabais muertos» que «no erais nada» es: estabais apagados, sin mención; esa era vuestra muerte. Luego os dio vida, haciéndoos seres humanos vivos, mencionados y conocidos. Luego os hará morir, tomando vuestras almas y devolviéndoos a lo que erais antes de daros vida: al borrado de vuestra mención, a la desaparición de vuestras huellas y al apagamiento de vuestros asuntos. Luego os dará vida devolviendo vuestros cuerpos a sus formas, insuflando en ellos el espíritu y haciéndoos seres humanos como erais antes de la muerte, para que os reconozcáis en vuestra resurrección y en el momento de vuestra congregación.

En cuanto al aspecto de la interpretación de quien interpretó eso como la muerte que consiste en la salida del espíritu del cuerpo, habría de haber entendido por Su palabra «y estabais muertos» que se trata de un خطاب dirigido a los moradores de las tumbas después de haber sido vivificados en sus tumbas. Pero ese sentido es remoto, porque la reprensión allí no es sino por lo que precedió y se adelantó de sus crímenes, no una amonestación que busque su retorno. Y Su palabra —glorificado sea— «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos?» es una reprensión que amonesta a Sus siervos y una censura que busca hacer volver a Sus criaturas de la desobediencia a la obediencia y del extravío al arrepentimiento; y no hay retorno en las tumbas después de la muerte, ni arrepentimiento en ellas después del fallecimiento.

En cuanto al aspecto de la interpretación de Qatāda —que estaban muertos en los lomos de sus padres—, quiso decir con ello que eran gotas seminales sin espíritus, y por eso eran como las demás cosas muertas que no tienen espíritus. Su vivificación —glorificado sea— es insuflar los espíritus en ellas; su hacerlos morir después es tomar sus espíritus; y su vivificarlos después es insuflar los espíritus en sus cuerpos el día en que se sople en la Trompeta y las criaturas sean resucitadas para lo prometido.

En cuanto a Ibn Zayd, ya aclaró por sí mismo lo que pretendía con esa interpretación: que la primera muerte ocurre cuando Dios —glorificado sea— devuelve a Sus siervos a los lomos de sus padres después de haberlos tomado del lomo de Adán; que la otra vivificación es insuflar los espíritus en ellos en los vientres de sus madres; que la segunda muerte es tomar sus espíritus para volver al polvo y permanecer en el barzaj hasta el día de la resurrección; y que la tercera vivificación es insuflar los espíritus en ellos para la resurrección de la Hora y la difusión del Día de la Resurrección.

Esta interpretación, si el reflexivo la considera, la hallará contraria al sentido aparente de la palabra de Dios, de la que su intérprete pretendió que lo descrito era su explicación. Pues Dios —glorificado sea— informó en Su Libro acerca de aquellos de Sus criaturas de quienes informó que dijeron: «¡Señor nuestro! Nos hiciste morir dos veces y nos diste vida dos veces». E Ibn Zayd sostuvo en su explicación que Dios los vivificó con tres vivificaciones y los hizo morir con tres muertes. Y el asunto, para nosotros, aunque sea como describió respecto de la extracción por Dios —glorificado sea— de la descendencia de Adán de su lomo y la toma de Su pacto sobre ellos, no pertenece a la interpretación de estas dos aleyas —quiero decir, Su palabra: «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos…», la aleya, y Su palabra: «¡Señor nuestro! Nos hiciste morir dos veces y nos diste vida dos veces»— en nada. Porque nadie afirmó que Dios hiciera morir entonces a quienes creó sino la muerte por la que pasan al barzaj hasta el día de la resurrección; por tanto, no es admisible orientar la interpretación de la aleya hacia lo que Ibn Zayd la orientó.

Y algunos dijeron: la primera muerte es la separación de la gota seminal del varón de su cuerpo hacia el vientre de la mujer: es una muerte desde que se separa de su cuerpo hasta que se insufla en ella el espíritu. Luego Dios la vivifica insuflándole el espíritu, y la hace un ser humano proporcionado tras etapas que le sobrevienen. Luego lo hace morir con la segunda muerte, tomando de él el espíritu; permanece en el barzaj muerto hasta el día en que se sople en la Trompeta, y el espíritu sea devuelto a su cuerpo; entonces vuelve vivo y proporcionado para la resurrección del Día de la Resurrección. Eso son dos muertes y dos vidas.

A estos los llevó a tal dicho el hecho de que afirmaron que la muerte del ser dotado de espíritu es la separación del espíritu de él. Sostuvieron que todo lo perteneciente al hijo de Adán está vivo mientras no se separe de su cuerpo vivo dotado de espíritu; y que todo lo que se separa de su cuerpo vivo dotado de espíritu se separa de la vida y se vuelve muerto, como un miembro de sus miembros —por ejemplo, una mano o un pie— si se cortara y se separara: el cortado, aunque el del que se separó esté vivo, lo separado de su cuerpo sería muerto, sin espíritu, por haberse separado del resto de su cuerpo en el que está el espíritu. Dijeron: así también su gota seminal está viva por su vida mientras no se separe de su cuerpo dotado de espíritu; y cuando se separa de él, apartándose, se vuelve muerta, semejante a lo que hemos descrito del dictamen sobre la mano, el pie y el resto de sus miembros. Esta es una opinión y un aspecto interpretativo, si hubiera quien lo sostuviera entre la gente de autoridad cuyo تفسير del Corán se acepta.

La más digna, de entre las opiniones que hemos mencionado y explicado, para la interpretación de la palabra de Dios —glorificado sea— «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos y Él os dio vida…», la aleya, es la que hemos referido de Ibn Masʿūd y de Ibn ʿAbbās: que el sentido de Su palabra «y estabais muertos» es: muertos en la mención, apagados en los lomos de vuestros padres, como gotas seminales, sin ser conocidos ni mencionados. Luego os dio vida al formarlos como seres humanos proporcionados, hasta que fuisteis mencionados, conocidos y vivisteis. Luego os hará morir tomando vuestras almas y devolviéndoos a huesos desmenuzados, sin ser conocidos ni mencionados, en el barzaj hasta el día en que seáis resucitados. Luego os dará vida después insuflando en vosotros los espíritus para la resurrección de la Hora y el clamor del Día de la Resurrección. Luego a Dios retornaréis después de eso, como dijo: «luego a Él seréis devueltos», porque Dios —glorificado sea— los vivifica en sus tumbas antes de su congregación, y luego los congrega para la estación del ajuste de cuentas, como dijo —glorificado sea—: «El día en que salgan de las tumbas apresurados, como si corrieran hacia un estandarte», y dijo: «Y se soplará en la Trompeta, y he aquí que, desde las tumbas, se precipitarán hacia su Señor».

La razón por la que escogimos esta interpretación es lo que ya hemos mencionado respecto de quienes la sostienen, y la invalidez de lo que la contradice, por lo que hemos aclarado antes.

Esta aleya es una reprensión de Dios —glorificado sea— a quienes dicen: «Creemos en Dios y en el Último Día», de quienes Dios informó que, pese a decirlo con sus bocas, no creen en ello, y que solo lo dicen para engañar a Dios y a los creyentes. Dios los censuró con Su palabra: «¿Cómo podéis negar a Dios, cuando estabais muertos y Él os dio vida?», los reprendió y argumentó contra ellos por su negación de lo que negaron y su rechazo de lo que rechazaron con sus corazones enfermos. Dijo, pues: «¿Cómo podéis negar a Dios?», es decir, cómo podéis rechazar Su poder para daros vida después de haceros morir, devolvérosla después de aniquilaros, y congregaros ante Él para retribuiros por vuestras obras.

Luego nuestro Señor enumeró contra ellos y contra sus aliados —los doctores de los judíos, a quienes unió en muchos pasajes de las aleyas de esta sura, que comenzó informando acerca de ellos con Su palabra: «En verdad, quienes niegan, les es igual que los amonestes o no los amonestes: no creerán»— Sus mercedes que anteriormente les concedió a ellos y a sus padres, cuya incidencia fue grande sobre ellos; y luego privó a muchos de ellos de muchas de esas mercedes por los pecados que cometieron, los crímenes que perpetraron y el abandono de la obediencia hacia la desobediencia. Con ello los previene de que se les adelante el castigo, como se adelantó a los antepasados y predecesores antes que ellos; los atemoriza con que Su escarmiento caiga sobre su ámbito, como cayó sobre sus aliados; y les hace conocer que su salvación está en volver pronto a Él y apresurar el arrepentimiento, para librarse el Día de la Resurrección del castigo. Así, tras enumerarles Sus mercedes en las que permanecen, comenzó mencionando a nuestro padre y al suyo, Adán, padre de la humanidad —las bendiciones de Dios sobre él—, lo que anteriormente le concedió de honor y favores, y lo que hizo caer sobre él y sobre su enemigo Iblīs de castigo inmediato por la desobediencia de ambos y su contravención de Su orden; y lo que fue de Su envolvimiento de Adán con Su misericordia cuando se arrepintió y volvió a Él; y lo que fue de hacer caer sobre Iblīs Su maldición en lo inmediato y de prepararle lo que le preparó de castigo permanente en lo venidero, si se ensoberbecía y rehusaba arrepentirse y volver a Él.

Con ello les señala Su norma respecto de quienes vuelven a Él con arrepentimiento, y Su decreto respecto de quienes se ensoberbecen y rehúsan volver, como excusa de parte de Dios hacia ellos y como advertencia, para que mediten Sus aleyas y para que recuerden los dotados de entendimiento. Y particularizó a la Gente del Libro con lo que mencionó de los relatos de Adán y de los demás relatos que citó con ellos y después de ellos, de aquello que la Gente del Libro conocía y que la comunidad iletrada de los idólatras adoradores de ídolos ignoraba, como argumento contra ellos —y no contra otros— para Su profeta Muḥammad, a fin de que supieran, por informarlos de ello, que es un Mensajero de Dios enviado, y que lo que les trajo procede de Él.

Pues lo que les relató de estas historias pertenecía a lo oculto de sus ciencias y a lo preservado en sus libros, y a los asuntos secretos que no pretendía conocer sino ellos y quien tomara de ellos y leyera sus libros. Y era sabido de Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz— que jamás fue escriba, ni lector de sus volúmenes, ni compañero ni contertulio de ninguno de ellos; de modo que no podían alegar que lo hubiera tomado de sus libros o de alguno de ellos. Por eso —glorificado sea— dijo, al enumerarles las mercedes en las que permanecen, pese a su negación de Él y a su abandono de agradecerlas, lo que le es debido sobre ellos de obediencia.

Notas y Referencias

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