2

La Vaca

البقرة Al-Baqarah
Aya 255

Versículo (Español)

[2:255] ¡Dios! No existe nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Él, el Viviente [Eterno], el Sustentador [y Gobernador de toda la creación]. No Lo afectan somnolencia ni sueño. Suyo es cuanto hay en los cielos y la Tierra. ¿Quién podrá interceder ante Él si no es con Su permiso? Conoce el pasado y el futuro [lo manifiesto y lo oculto] y nadie abarca de Su conocimiento salvo lo que Él quiere. El escabel de Su Trono abarca los cielos y la Tierra, y la custodia [y mantenimiento] de ambos no Lo agobia. Y Él es el Sublime, el Grandioso.

Tafsir de At-Tabari

{ٱللَّهُ لَآ إِلَٰهَ إِلَّا هُوَ ٱلۡحَيُّ ٱلۡقَيُّومُۚ لَا تَأۡخُذُهُۥ سِنَةٞ وَلَا نَوۡمٞۚ لَّهُۥ مَا فِي ٱلسَّمَٰوَٰتِ وَمَا فِي ٱلۡأَرۡضِۗ مَن ذَا ٱلَّذِي يَشۡفَعُ عِندَهُۥٓ إِلَّا بِإِذۡنِهِۦۚ يَعۡلَمُ مَا بَيۡنَ أَيۡدِيهِمۡ وَمَا خَلۡفَهُمۡۖ وَلَا يُحِيطُونَ بِشَيۡءٖ مِّنۡ عِلۡمِهِۦٓ إِلَّا بِمَا شَآءَۚ وَسِعَ كُرۡسِيُّهُ ٱلسَّمَٰوَٰتِ وَٱلۡأَرۡضَۖ وَلَا يَـُٔودُهُۥ حِفۡظُهُمَاۚ وَهُوَ ٱلۡعَلِيُّ ٱلۡعَظِيمُ} (255) القول في تأويل قوله تعالى :

{ اللّهُ لاَ إِلهَ إِلاّ هُوَ الْحَيّ الْقَيّومُ لاَ تَأْخُذُهُ سِنَةٌ وَلاَ نَوْمٌ لّهُ مَا فِي السّمَاوَاتِ وَمَا فِي الأرْضِ مَن ذَا الّذِي يَشْفَعُ عِنْدَهُ إِلاّ بِإِذْنِهِ يَعْلَمُ مَا بَيْنَ أَيْدِيهِمْ وَمَا خَلْفَهُمْ وَلاَ يُحِيطُونَ بِشَيْءٍ مّنْ عِلْمِهِ إِلاّ بِمَا شَآءَ وَسِعَ كُرْسِيّهُ السّمَاوَاتِ وَالأرْضَ وَلاَ يَؤُودُهُ حِفْظُهُمَا وَهُوَ الْعَلِيّ الْعَظِيمُ }

Ya hemos expuesto anteriormente la interpretación de Su dicho: «Allah».

En cuanto a la interpretación de Su dicho: { no hay divinidad sino Él }, su sentido es: la prohibición de que se adore algo distinto de Allah, el Viviente, el Subsistente, cuya cualidad es la que Él —exaltado sea Su recuerdo— se ha atribuido en esta aleya. Dice: «Allah», a quien corresponde la adoración de las criaturas, «el Viviente, el Subsistente»: no hay divinidad fuera de Él, no hay adorado fuera de Él; es decir: no adoréis nada aparte del Viviente, el Subsistente, a quien no le sobreviene somnolencia ni sueño, y cuya cualidad es la descrita en esta aleya. Esta aleya es una aclaración de Allah —exaltado sea Su recuerdo— a los creyentes en Él y en Su Enviado acerca de lo que trajeron las palabras de quienes discreparon sobre las pruebas claras después de los mensajeros, de los cuales Allah —exaltado sea Su recuerdo— nos informó que favoreció a unos sobre otros; y discreparon respecto a ello, y combatieron por ello: incredulidad por parte de unos, y fe por parte de otros. Alabado sea Allah, que nos guió a creer en ello y nos concedió el éxito para afirmarlo.

En cuanto a Su dicho: { el Viviente }, significa: Aquel a quien pertenece la vida permanente y la subsistencia que no tiene un comienzo delimitable ni un fin fijable; pues todo lo que no sea Él, aunque esté vivo, su vida tiene un inicio limitado y un término señalado: se corta al cortarse su plazo y se extingue al agotarse su término.

En el sentido que hemos dicho se expresó un grupo de los exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Se me transmitió de ‘Ammār b. al-Ḥasan, que dijo: nos narró Ibn Abī Ja‘far, de su padre, de al-Rabī‘, acerca de Su dicho: { el Viviente }: «Viviente que no muere».

Me narró al-Muthannā, que dijo: nos narró Isḥāq, que dijo: nos narró Ibn Abī Ja‘far, de su padre, de al-Rabī‘, lo mismo.

Los investigadores discreparon sobre la interpretación de ello. Unos dijeron: Allah se llamó a Sí mismo Viviente por disponer los asuntos según sus cauces y determinar las cosas según sus medidas; así, es viviente por el gobierno (tadbīr), no por una vida.

Otros dijeron: más bien es Viviente por una vida que es atributo suyo.

Otros dijeron: más bien es un nombre entre los nombres con los que se denomina; y lo decimos en sumisión a Su mandato.

En cuanto a Su dicho: { el Subsistente }, es el patrón «fay‘ūl» derivado de «qiyām» (estar en pie, sostener). Su forma originaria es «qayyūw»: la ‘ayn del verbo —que es wāw— fue precedida por una yā’ muda, y ambas se asimilaron, quedando una yā’ geminada; y así hacen los árabes con toda wāw que sea ‘ayn del verbo cuando la precede una yā’ muda. El sentido de Su dicho: { el Subsistente } es: el que se encarga de proveer sustento a lo que creó y de preservarlo, como dijo Umayya:

«No fueron creados el cielo y las estrellas *** y el sol, con él una luna que se alza,

sino que los determinó el Vigilante, el Subsistente *** y la Resurrección, el Paraíso y el Infierno,

*** sino por un asunto cuya condición es inmensa».

En un sentido semejante al que hemos dicho se expresaron los exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Muḥammad b. ‘Amr, que dijo: nos narró Abū ‘Āṣim, que dijo: nos narró ‘Īsā, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, sobre la palabra de Allah: { el Subsistente }, que dijo: «el que está a cargo de toda cosa».

Me narró al-Muthannā, que dijo: nos narró Isḥāq, de Ibn Abī Ja‘far, de su padre, de al-Rabī‘: { el Subsistente }: «el sustentador de toda cosa: la guarda, le da sustento y la preserva».

Me narró Mūsā, que dijo: nos narró ‘Amr, que dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { el Subsistente }: «y Él es el que está en pie (al-qā’im)».

Me narró al-Muthannā, que dijo: nos narró Isḥāq, que dijo: nos narró Abū Zuhayr, de Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk: { el Viviente, el Subsistente }: «el permanente, el duradero».

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { no le sobreviene somnolencia ni sueño }.

Con Su dicho —exaltado sea Su recuerdo—: { no le sobreviene somnolencia }, quiere decir: no le sobreviene modorra para adormecerse, ni sueño para caer en un sueño pesado. Al-wasan es la pesadez del sueño; de ello es el dicho de ‘Adī b. al-Riqā‘:

«Somnoliento: lo alcanzó la modorra y se enturbió *** en su ojo una somnolencia, sin estar dormido».

Y como prueba de lo que hemos dicho —que es la pesadez del sueño en el ojo del ser humano— está el dicho de al-A‘shā Maymūn b. Qays:

«Ofrece al yacente, cuando se acerca, *** después de la modorra y antes del wasan».

Y dijo otro:

«Madrugaron sobre ella los cuervos en la somnolencia del sueño, y ella corre entre las espinas del acacio».

Es decir: cuando se levanta del sueño y la pesadez del sueño está en su ojo. Se dice: «wasina fulān», y él «yawsanu» wasanan y sinatan, y es «wasnān», cuando está así.

En un sentido semejante al que hemos dicho se expresaron los exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró al-Muthannā, que dijo: nos narró ‘Abd Allāh b. Ṣāliḥ, que dijo: me narró Mu‘āwiya b. Ṣāliḥ, de ‘Alī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ‘Abbās, sobre Su palabra —exaltado sea—: { no le sobreviene somnolencia }, que dijo: «al-sina es la modorra; y al-nawm es el sueño».

Me narró Muḥammad b. Sa‘d, que dijo: me narró mi padre, que dijo: me narró mi tío, que dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās: { no le sobreviene somnolencia }: «al-sina es la modorra».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, que dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq, que dijo: nos informó Ma‘mar, de Qatāda y al-Ḥasan, sobre Su dicho: { no le sobreviene somnolencia }, que dijeron: «una cabezada».

Me narró al-Muthannā, que dijo: nos narró ‘Amr b. ‘Awn, que dijo: nos informó Hushaym, de Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk, sobre Su dicho: { no le sobreviene somnolencia ni sueño }, que dijo: «al-sina es la pesadez (al-wasna), y es menor que el sueño; y el sueño es el caer en pesadez».

Me narró al-Muthannā, que dijo: nos narró Isḥāq, que dijo: nos narró Abū Zuhayr, de Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk: { no le sobreviene somnolencia ni sueño }: «al-sina es la modorra; y el sueño es el caer en pesadez».

Me narró Yaḥyā b. Abī Ṭālib, que dijo: nos informó Yazīd, que dijo: nos informó Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk, lo mismo.

Me narró Mūsā, que dijo: nos narró ‘Amr, que dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { no le sobreviene somnolencia ni sueño }: «en cuanto a la somnolencia, es el soplo del sueño que toma el rostro y hace que el ser humano se adormezca».

Se me transmitió de ‘Ammār, que dijo: nos narró Ibn Abī Ja‘far, de su padre, de al-Rabī‘: { no le sobreviene somnolencia ni sueño }: «al-sina es el somnoliento entre el dormido y el despierto».

Me narró ‘Abbās b. Abī Ṭālib, que dijo: nos narró Minjāb b. al-Ḥārith, que dijo: nos narró ‘Alī b. Mushir, de Ismā‘īl, de Yaḥyā b. Rāfi‘: { no le sobreviene somnolencia }, que dijo: «la modorra».

Me narró Yūnus —dijo: nos informó Ibn Wahb—, que dijo: Ibn Zayd dijo sobre Su dicho: { no le sobreviene somnolencia ni sueño }: «el somnoliento es quien se levanta del sueño sin razonar, hasta el punto de que quizá tome la espada contra su propia familia».

Y lo que quiso decir —exaltado sea Su recuerdo— con Su dicho: { no le sobreviene somnolencia ni sueño } es: no le afectan calamidades ni le alcanzan dolencias. Ello se debe a que la somnolencia y el sueño son dos estados que cubren el entendimiento del que entiende y apartan a quien los padece del estado en que estaba antes de que le sobrevinieran.

Así, la interpretación del discurso —siendo el asunto como hemos descrito— es: Allah, no hay divinidad sino Él, el Viviente que no muere, el Subsistente sobre todo lo que está por debajo de Él mediante el sustento, la custodia, el gobierno y la conducción de un estado a otro; no le sobreviene somnolencia ni sueño: no lo altera lo que altera a otros, ni lo aparta de aquello en lo que siempre ha estado el cambio de los estados y la alternancia de noches y días; antes bien, Él permanece en un mismo estado, y es Subsistente sobre todas las criaturas. Si durmiera, sería vencido y subyugado, pues el sueño domina y somete al durmiente; y si se adormeciera, los cielos y la tierra y cuanto hay en ellos quedarían reducidos a polvo, porque la subsistencia de todo ello depende de Su gobierno y Su poder; y el sueño ocupa al gobernante de gobernar, y la modorra impide al determinador determinar por su somnolencia. Como (se transmitió):

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, que dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq, que dijo: nos informó Ma‘mar, que dijo: y me informó al-Ḥakam b. Abān, de ‘Ikrima, liberto de Ibn ‘Abbās, sobre Su dicho: { no le sobreviene somnolencia ni sueño }: que Mūsā preguntó a los ángeles: «¿Duerme Allah?». Entonces Allah reveló a los ángeles y les ordenó que lo mantuvieran despierto tres noches, sin dejarlo dormir. Lo hicieron; luego le dieron dos frascos para que los sostuviera, y después lo dejaron, advirtiéndole que no los rompiera. Dijo: empezó a adormecerse con ellos en sus manos, uno en cada mano. Dijo: se adormecía y despertaba, se adormecía y despertaba, hasta que se adormeció una vez, y golpeó uno contra el otro, rompiéndolos. Dijo Ma‘mar: no es sino un ejemplo que Allah puso, diciendo: «así están los cielos y la tierra en Sus manos».

Nos narró Isḥāq b. Abī Isrā’īl, que dijo: nos narró Hishām b. Yūsuf, de Umayya b. Shibl, de al-Ḥakam b. Abān, de ‘Ikrima, de Abū Hurayra, que dijo: oí al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— relatar desde el púlpito acerca de Mūsā —la paz sea con él—, diciendo: «Se le ocurrió a Mūsā: “¿Duerme Allah —exaltado sea Su recuerdo—?”. Entonces Allah le envió un ángel que lo mantuvo despierto tres noches; luego le dio dos frascos, en cada mano un frasco, y le ordenó que los guardara». Dijo: «Y empezó a dormirse, y sus manos casi se juntaban; luego despertaba y retenía una de ellas de la otra; después durmió un sueño, y sus manos se golpearon, y se rompieron los dos frascos». Dijo: Allah le puso un ejemplo: que si Allah durmiera, el cielo y la tierra no se sostendrían.

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { Suyo es lo que hay en los cielos y lo que hay en la tierra. ¿Quién es aquel que intercede ante Él sino con Su permiso? }.

Con Su dicho —exaltado sea Su recuerdo—: { Suyo es lo que hay en los cielos y lo que hay en la tierra }, quiere decir que Él es el dueño de todo ello sin copartícipe ni igual, y el creador de todo ello, por encima de toda divinidad y todo objeto de adoración. Con ello quiere decir que no es apropiado que la adoración se dirija a otro que no sea Él, porque lo poseído no es sino dócil en la mano de su dueño, y no le corresponde servir a otro sino por orden de su dueño. Dice: todo cuanto hay en los cielos y la tierra es Mi dominio y Mi creación; no es apropiado que se adore a nadie de Mi creación fuera de Mí, siendo Yo su dueño, pues no es apropiado que el siervo adore a otro que no sea su dueño, ni obedezca a otro que no sea su señor.

En cuanto a Su dicho: { ¿Quién es aquel que intercede ante Él sino con Su permiso? }, con ello quiere decir: ¿quién es aquel que intercede por Sus siervos poseídos si Él quiere castigarlos, salvo que Él le dé paso y le permita interceder por ellos? Y lo dijo —exaltado sea Su recuerdo— porque los asociadores dijeron: «No adoramos estos ídolos nuestros sino para que nos acerquen a Allah en proximidad». Entonces Allah —exaltado sea Su recuerdo— les dijo: «Mío es cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra, junto con los cielos y la tierra, en dominio; no es apropiado que la adoración sea para otro que no sea Yo. No adoréis, pues, los ídolos de los que pretendéis que os acercan a Mí en proximidad: no os benefician ante Mí ni os libran de nada; y nadie intercede ante Mí por nadie sino con que Yo le dé paso, y con la intercesión por aquel por quien intercede, de entre Mis mensajeros, Mis aliados y la gente de Mi obediencia».

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { Él sabe lo que hay ante ellos y lo que hay detrás de ellos; y no abarcan nada de Su conocimiento sino lo que Él quiere }.

Con ello —exaltado sea Su recuerdo— quiere decir que Él abarca con Su conocimiento todo lo que fue y todo lo que es: nada de ello se le oculta.

En un sentido semejante al que hemos dicho se expresaron los exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Ibn Ḥumayd, que dijo: nos narró Jarīr, de Manṣūr, de al-Ḥakam: { y sabe lo que hay ante ellos }: «la vida mundanal»; { y lo que hay detrás de ellos }: «la otra vida».

Me narró al-Muthannā, que dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa, que dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid: { sabe lo que hay ante ellos }: «lo pasado de la vida mundanal»; { y lo que hay detrás de ellos }: «de la otra vida».

Nos narró al-Qāsim, que dijo: nos narró al-Ḥusayn, que dijo: me narró Ḥajjāj, que dijo: Ibn Jurayj dijo sobre Su dicho: { sabe lo que hay ante ellos }: «lo que pasó ante ellos de la vida mundanal»; { y lo que hay detrás de ellos }: «lo que será después de ellos de la vida mundanal y de la otra vida».

Me narró Mūsā, que dijo: nos narró ‘Amr, que dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { sabe lo que hay ante ellos }: «lo que está ante ellos: la vida mundanal»; { y lo que hay detrás de ellos }: «la otra vida».

En cuanto a Su dicho: { y no abarcan nada de Su conocimiento sino lo que Él quiere }, quiere decir —exaltado sea Su recuerdo— que Él es el Conocedor a quien nada se le oculta, que abarca todo ello y lo cuenta, a diferencia de los demás que están por debajo de Él; y que nadie fuera de Él conoce nada sino aquello que Él quiere que conozca: lo quiso y se lo hizo conocer.

Con ello quiere decir que la adoración no es apropiada para quien es ignorante de las cosas; ¿cómo, entonces, se adorará a quien no comprende absolutamente nada, como un ídolo o una estatua? Dice: consagrad la adoración a Aquel que abarca todas las cosas con conocimiento: no se le oculta ni lo pequeño ni lo grande.

En un sentido semejante al que hemos dicho se expresaron los exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Mūsā b. Hārūn, que dijo: nos narró ‘Amr, que dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { y no abarcan nada de Su conocimiento }: «no conocen nada de Su conocimiento sino lo que Él quiere que les haga conocer».

El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { Su Kursī abarca los cielos y la tierra }.

Los exégetas discreparon sobre el significado del kursī del que Allah —exaltado sea Su recuerdo— informó en esta aleya que abarca los cielos y la tierra. Unos dijeron: es el conocimiento de Allah —exaltado sea Su recuerdo—. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narraron Abū Kurayb y Salm b. Junāda, que dijeron: nos narró Ibn Idrīs, de Muṭarrif, de Ja‘far b. Abī al-Mughīra, de Sa‘īd b. Jubayr, de Ibn ‘Abbās: { Su Kursī abarca }, que dijo: «Su kursī: Su conocimiento».

Me narró Ya‘qūb b. Ibrāhīm, que dijo: nos narró Hushaym, que dijo: nos informó Muṭarrif, de Ja‘far b. Abī al-Mughīra, de Sa‘īd b. Jubayr, de Ibn ‘Abbās, lo mismo; y añadió: «¿Acaso no ves Su dicho: { y no le pesa preservarlos }?»

Otros dijeron: el kursī es el lugar de los pies. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró ‘Alī b. Muslim al-Ṭūsī, que dijo: nos narró ‘Abd al-Ṣamad b. ‘Abd al-Wārith, que dijo: me narró mi padre, que dijo: me narró Muḥammad b. Juḥāda, de Salama b. Kuhayl, de ‘Umāra b. ‘Umayr, de Abū Mūsā, que dijo: «el kursī es el lugar de los pies, y tiene un crujido como el crujido de la albarda».

Me narró Mūsā b. Hārūn, que dijo: nos narró ‘Amr, que dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { Su Kursī abarca los cielos y la tierra }: «los cielos y la tierra están en el interior del kursī; el kursī está delante del Trono, y es el lugar de Sus pies».

Me narró al-Muthannā, que dijo: nos narró Isḥāq, que dijo: nos narró Abū Zuhayr, de Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk, sobre Su dicho: { Su Kursī abarca los cielos y la tierra }, que dijo: «Su kursī es el que se coloca bajo el Trono, sobre el cual los reyes ponen sus pies».

Nos narró Aḥmad b. Isḥāq, que dijo: nos narró Abū Aḥmad al-Zubayrī, de Sufyān, de ‘Ammār al-Duhnī, de Muslim al-Baṭīn, que dijo: «el kursī es el lugar de los pies».

Se me transmitió de ‘Ammār, que dijo: nos narró Ibn Abī Ja‘far, de su padre, de al-Rabī‘: { Su Kursī abarca los cielos y la tierra }: «cuando descendió: { Su Kursī abarca los cielos y la tierra }, los compañeros del Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijeron: “¡Oh Mensajero de Allah! Este kursī ha abarcado los cielos y la tierra; ¿cómo será el Trono?”. Entonces Allah —exaltado sea— hizo descender: { Y no han estimado a Allah con la estimación debida } hasta Su dicho: { Glorificado sea, y exaltado por encima de lo que asocian }».

Me narró Yūnus, que dijo: nos informó Ibn Wahb, que dijo: Ibn Zayd dijo sobre Su dicho: { Su Kursī abarca los cielos y la tierra }. Dijo Ibn Zayd: «mi padre me narró que el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Los siete cielos en el kursī no son sino como siete dírhams arrojados en un escudo”». Dijo: «Y Abū Dharr dijo: oí al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— decir: “El kursī respecto del Trono no es sino como un anillo de hierro arrojado entre las dos extensiones de una llanura de la tierra”».

Otros dijeron: el kursī es el Trono mismo. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró al-Muthannā, que dijo: nos narró Isḥāq, que dijo: nos narró Abū Zuhayr, de Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk, que dijo: al-Ḥasan solía decir: «el kursī es el Trono».

Dijo Abū Ja‘far: cada una de estas opiniones tiene un aspecto y una orientación; sin embargo, lo más digno para la interpretación de la aleya es lo que ha venido por transmisión del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, y es lo que:

Me narró ‘Abd Allāh b. Abī Ziyād al-Qaṭwānī, que dijo: nos narró ‘Ubayd Allāh b. Mūsā, que dijo: nos informó Isrā’īl, de Abū Isḥāq, de ‘Abd Allāh b. Khalīfa, que dijo: vino una mujer al Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— y dijo: «Ruega a Allah que me haga entrar en el Paraíso». Entonces él magnificó al Señor —exaltado sea Su recuerdo—, y luego dijo: «Ciertamente, Su Kursī abarca los cielos y la tierra, y ciertamente Él se sienta sobre él, y no sobra de él sino la medida de cuatro dedos»; luego juntó sus dedos y dijo: «y ciertamente tiene un crujido como el crujido de la albarda nueva cuando se monta, por su peso».

Me narró ‘Abd Allāh b. Abī Ziyād, que dijo: nos narró Yaḥyā b. Abī Bakr, de Isrā’īl, de Abū Isḥāq, de ‘Abd Allāh b. Khalīfa, de ‘Umar, del Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—, con un sentido semejante.

Nos narró Aḥmad b. Isḥāq, que dijo: nos narró Abū Aḥmad, que dijo: nos narró Isrā’īl, de Abū Isḥāq, de ‘Abd Allāh b. Khalīfa, que dijo: «vino una mujer», y mencionó algo semejante.

Y en cuanto a lo que indica su corrección por el sentido manifiesto del Corán, es la palabra de Ibn ‘Abbās transmitida por Ja‘far b. Abī al-Mughīra, de Sa‘īd b. Jubayr, de él, que dijo: «es Su conocimiento». Ello por la indicación de Su dicho —exaltado sea Su recuerdo—: { y no le pesa preservarlos }, de que así es; pues informó que no le pesa preservar lo que conoció y abarcó de cuanto hay en los cielos y la tierra. Y como informó acerca de Sus ángeles que dijeron en su súplica: { Señor nuestro, has abarcado toda cosa en misericordia y conocimiento }. Así, Allah —exaltado sea Su recuerdo— informó que Su conocimiento abarca toda cosa; del mismo modo, Su dicho: { Su Kursī abarca los cielos y la tierra }. El origen de «kursī» es: el conocimiento; de ahí que se llame «kurrāsa» al cuaderno en el que hay conocimiento escrito. Y de ello es el dicho del rajazista describiendo a un cazador:

«Hasta que, cuando la hubo alcanzado, se “takarrasa”»

es decir: supo. Y de ello se llama a los sabios: «los kursīs», porque se apoya en ellos, como se dice: «los postes de la tierra», queriendo decir con ello que son los sabios por los que la tierra se mantiene¹. Y de ello es el dicho del poeta:

«Los rodea gente de rostros blancos y una banda, *** “kārāsī”, en los acontecimientos cuando sobrevienen»

queriendo decir: sabios en los sucesos y las contingencias.

Y los árabes llaman al fundamento de toda cosa: «al-kirs». Se dice: «fulān karīm al-kirs», es decir, noble de raíz. Dijo al-‘Ajjāj:

«Ya sabe el Santísimo, Señor de la Santidad,

que Abū al-‘Abbās es el más digno de sí mismo

en la mina del reino, noble de noble kirs»

queriendo decir: noble de origen. Y se transmite:

«en la mina del poder, noble de noble kirs»

( El dicho sobre la interpretación de Su palabra —exaltado sea—: { y no le pesa preservarlos; y Él es el Altísimo, el Inmenso }.

Con Su dicho —exaltado sea Su recuerdo—: { y no le pesa preservarlos }, quiere decir: no le resulta difícil ni le agobia. Se dice: «qad ādani hādhā al-amr fa-huwa yu’ūdunī awdan wa-iyādan»; y se dice: «mā ādaka fa-huwa lī ā’id», queriendo decir: lo que te pesa, para mí es un peso.

En un sentido semejante al que hemos dicho se expresaron los exégetas. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró al-Muthannā b. Ibrāhīm, que dijo: nos narró ‘Abd Allāh b. Ṣāliḥ, que dijo: me narró Mu‘āwiya b. Ṣāliḥ, de ‘Alī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ‘Abbās: { y no le pesa preservarlos }: «no le resulta pesado».

Me narró Muḥammad b. Sa‘d, que dijo: me narró mi padre, que dijo: me narró mi tío, que dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ‘Abbās: { y no le pesa preservarlos }, que dijo: «no le resulta pesado preservarlos».

Nos narró Bishr b. Mu‘ādh, que dijo: nos narró Yazīd, que dijo: nos narró Sa‘īd, de Qatāda, sobre Su dicho: { y no le pesa preservarlos }: «no le resulta pesado; no le agota preservarlos».

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, que dijo: nos informó ‘Abd al-Razzāq, que dijo: nos informó Ma‘mar, de al-Ḥasan y Qatāda, sobre Su dicho: { y no le pesa preservarlos }, que dijo: «nada le resulta pesado».

Me narró Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. Buzay‘, que dijo: nos narró Yūsuf b. Khālid al-Samtī, que dijo: nos narró Nāfi‘ b. Mālik, de ‘Ikrima, de Ibn ‘Abbās, sobre Su dicho: { y no le pesa preservarlos }, que dijo: «no le resulta pesado preservarlos».

Nos narró Abū Kurayb, que dijo: nos narró Ibn Abī Zā’ida; y nos narró Yaḥyā b. Abī Ṭālib, que dijo: nos informó Yazīd; ambos dijeron: nos informó Juwaybir, de al-Ḍaḥḥāk: { y no le pesa preservarlos }, que dijo: «no le resulta pesado».

Nos narró Ibn Ḥumayd, que dijo: nos narró Yaḥyā b. Wāḍiḥ, de ‘Ubayd, de al-Ḍaḥḥāk, lo mismo.

Me narró Yūnus, que dijo: nos informó Ibn Wahb, que dijo: lo oí —es decir, a Khallād— decir: oí a Abū ‘Abd al-Raḥmān al-Madanī decir sobre esta aleya: { y no le pesa preservarlos }: «no le es mucho».

Nos narró Muḥammad b. ‘Amr, que dijo: nos narró Abū ‘Āṣim, de ‘Īsā b. Maymūn, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, sobre la palabra de Allah: { y no le pesa preservarlos }, que dijo: «no le aflige».

Me narró Mūsā, que dijo: nos narró ‘Amr, que dijo: nos narró Asbāṭ, de al-Suddī: { y no le pesa preservarlos }: «no le resulta pesado».

Se me transmitió de ‘Ammār, que dijo: nos narró Ibn Abī Ja‘far, de su padre, de al-Rabī‘, sobre Su dicho: { y no le pesa preservarlos }: «no le resulta pesado preservarlos».

Me narró Yūnus, que dijo: nos informó Ibn Wahb, que dijo: Ibn Zayd dijo sobre Su dicho: { y no le pesa preservarlos }: «no le es difícil preservarlos».

Dijo Abū Ja‘far: la hā’, la mīm y la alif en Su dicho: { preservarlos } remiten a la mención de los cielos y la tierra¹. Así, la interpretación del discurso es: Su Kursī abarca los cielos y la tierra, y no le resulta pesado preservar los cielos y la tierra.

En cuanto a la interpretación de Su dicho: { y Él es el Altísimo }, significa: y Allah es el Altísimo. «Al-‘Alī» es el patrón «fa‘īl» de tu dicho: «‘alā ya‘lū ‘uluwwan» (elevarse), cuando se alza; así, es «‘ālin» y «‘alī». Y «al-‘Alī» es el poseedor de elevación y altura sobre Su creación por Su poder. Y del mismo modo Su dicho: { el Inmenso }: el poseedor de grandeza, ante quien todo lo demás está por debajo; nada es más grande que Él. Como (se transmitió):

Me narró al-Muthannā, que dijo: nos narró ‘Abd Allāh b. Ṣāliḥ, que dijo: me narró Mu‘āwiya b. Ṣāliḥ, de ‘Alī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ‘Abbās: «el Inmenso es Aquel cuya inmensidad se ha completado».

Los investigadores discreparon sobre el sentido de Su dicho: { y Él es el Altísimo }. Unos dijeron: con ello quiere decir¹ que Él es Altísimo por encima de semejante y de pares. Y negaron que el sentido fuera: «Altísimo en lugar»; y dijeron: no es lícito que un lugar esté vacío de Él, y no tiene sentido describirlo con la altura del lugar¹, porque eso sería describirlo como estando en un lugar y no en otro.

Otros dijeron: su sentido es: Él es Altísimo sobre Su creación por la elevación de Su lugar por encima de los lugares de Su creación, porque Allah —exaltado sea Su recuerdo— está por encima de toda Su creación y Su creación está por debajo de Él, tal como se describió a Sí mismo estando sobre el Trono; así, es elevado sobre ellos por ello.

Del mismo modo discreparon sobre el sentido de Su dicho: { el Inmenso }. Unos dijeron: el sentido de «al-‘aẓīm» en este lugar es: «el engrandecido», trasladando «mufa‘‘al» a «fa‘īl», como se dijo del vino añejo: «vino ‘atīq», como dijo el poeta:

«Y como si el vino añejo de al-Isfant, mezclado con agua cristalina»

cuando en realidad es «mu‘attaq» (añejado). Dijeron: así, Su dicho «el Inmenso» significa: el engrandecido, a quien Su creación engrandece, teme y reverencia. Dijeron: y la expresión del que dice «es inmenso» admite dos sentidos: uno es el que hemos descrito, que es engrandecido¹; y el otro, que es inmenso en extensión y peso. Dijeron: y en alargar el discurso para que el sentido sea «inmenso en extensión y peso» hay corrección para lo que hemos dicho.

Otros dijeron: más bien la interpretación de Su dicho: { el Inmenso } es que Él posee una grandeza que es atributo suyo. Dijeron: no describimos Su grandeza con un “cómo”, pero la atribuimos a Él desde la afirmación, y negamos que sea en el sentido de semejanza con la grandeza conocida de los siervos, porque eso sería asimilarlo a Su creación, y no es así. Estos negaron lo que dijeron los partidarios de la doctrina que hemos mencionado antes. Dijeron: si el sentido fuera que Él es «engrandecido», habría sido necesario que no fuera inmenso antes de crear a la creación, y que el sentido se anulara al perecer la creación, pues no habría quien lo engrandeciera en esos estados.

Otros dijeron: más bien Su dicho «Él es el Inmenso» es una descripción con la que Él se describió a Sí mismo con la grandeza. Dijeron: todo lo que está por debajo de Él, de Su creación, es en el sentido de pequeñez, por su pequeñez frente a Su grandeza.

Notas y Referencias

[1]