2

La Vaca

البقرة Al-Baqarah
Aya 1

Versículo (Español)

[2:1] Álif. Lam. Mim.

Tafsir de At-Tabari

{الٓمٓ} (1) Introducción de la sura: La exposición acerca de la interpretación de la sura en la que se menciona la Vaca

La exposición acerca de la interpretación de la palabra del Altísimo:

{ الَمَ }

Dijo Abū Jaʿfar: Los intérpretes del Corán discreparon respecto de la interpretación de la palabra de Dios —exaltada sea Su mención—: ( الم ) Unos dijeron: es un nombre entre los nombres del Corán. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyà, dijo: nos informó ʿAbd al-Razzāq, dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda, acerca de Su palabra: الم, dijo: es un nombre entre los nombres del Corán.

Me narró al-Muthannà b. Ibrāhīm al-Amalī, dijo: nos narró Abū Ḥudhayfa Mūsà b. Masʿūd, dijo: nos narró Shibl, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, quien dijo: الم es un nombre entre los nombres del Corán.

Nos narró al-Qāsim b. al-Ḥasan, dijo: nos narró al-Ḥusayn b. Dāwūd, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, quien dijo: الم es un nombre entre los nombres del Corán.

Y otros dijeron: son aperturas con las que Dios abre el Corán. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Hārūn b. Idrīs al-Aṣamm al-Kūfī, dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān b. Muḥammad al-Muḥāribī, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, dijo: الم son aperturas con las que Dios abre el Corán.

Nos narró Aḥmad b. Ḥāzim al-Ghifārī, dijo: nos narró Abū Nuʿaym, dijo: nos narró Sufyān, de Mujāhid, quien dijo: الم son aperturas.

Me narró al-Muthannà b. Ibrāhīm, dijo: nos narró Isḥāq b. al-Ḥajjāj, de Yaḥyà b. Ādam, de Sufyān, de Ibn Abī Najīḥ, de Mujāhid, dijo: الم y حم y المص y ص son aperturas con las que Dios dio comienzo.

Nos narró al-Qāsim b. al-Ḥasan, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥajjāj, de Ibn Jurayj, de Mujāhid, como el ḥadiz de Hārūn b. Idrīs.

Y otros dijeron: es un nombre de la sura. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Yūnus b. ʿAbd al-Aʿlā, dijo: nos informó ʿAbd Allāh b. Wahb, dijo: pregunté a ʿAbd al-Raḥmān b. Zayd b. Aslam acerca de la palabra de Dios: الم ذلك الكتابُ y الم تَنْزِيلُ y المر تِلْك; y dijo: mi padre dijo: no son sino nombres de las suras.

Y otros dijeron: es el Nombre Supremo de Dios. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Muḥammad b. al-Muthannà, dijo: nos narró ʿAbd al-Raḥmān b. Mahdī, dijo: nos narró Shuʿba, dijo: pregunté a al-Suddī acerca de ( حم ) y ( طسم ) y ( الم ) y dijo: Ibn ʿAbbās dijo: es el Nombre Supremo de Dios.

Nos narró Muḥammad b. al-Muthannà, dijo: me narró Abū al-Nuʿmān, dijo: nos narró Shuʿba, de Ismāʿīl al-Suddī, de Murra al-Hamdānī, dijo: ʿAbd Allāh dijo, y mencionó algo semejante.

Me narró al-Muthannà, dijo: nos narró Isḥāq b. al-Ḥajjāj, de ʿUbayd Allāh b. Mūsà, de Ismāʿīl, de al-Shaʿbī, quien dijo: las aperturas de las suras son de los nombres de Dios.

Y otros dijeron: es un juramento con el que Dios juró, y es de Sus nombres. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró Yaḥyà b. ʿUthmān b. Ṣāliḥ al-Sahmī, dijo: nos narró ʿAbd Allāh b. Ṣāliḥ, dijo: me narró Muʿāwiya b. Ṣāliḥ, de ʿAlī b. Abī Ṭalḥa, de Ibn ʿAbbās, quien dijo: es un juramento con el que Dios juró, y es de los nombres de Dios.

Nos narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm, dijo: nos narró Ibn ʿUlayya, dijo: nos narró Khālid al-Ḥadhdhāʾ, de ʿIkrima, quien dijo: الم es un juramento.

Y otros dijeron: son letras aisladas de nombres y actos; cada letra de ello corresponde a un significado distinto del de la otra. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Abū Kurayb, dijo: nos narró Wakīʿ; y nos narró Sufyān b. Wakīʿ, dijo: nos narró Ibn Abī Sharīk, de ʿAṭāʾ b. al-Sāʾib, de Abū al-Ḍuḥà, de Ibn ʿAbbās: acerca de الم, dijo: «Yo soy Dios, el Más Sabio».

Y se me transmitió de Abū ʿUbayd, quien dijo: nos narró Abū al-Yaqẓān, de ʿAṭāʾ b. al-Sāʾib, de Saʿīd b. Jubayr, quien dijo acerca de Su palabra: الم: «Yo soy Dios, el Más Sabio».

Me narró Mūsà b. Hārūn al-Hamdānī, dijo: nos narró ʿAmr b. Ḥammād al-Qannād, dijo: nos narró Asbāṭ b. Naṣr, de Ismāʿīl al-Suddī, en un relato que mencionó de Abū Mālik, y de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās, y de Murra al-Hamdānī, de Ibn Masʿūd, y de gente entre los compañeros del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—: ( الم ) dijo: en cuanto a «الم», es una letra derivada de las letras del deletreo de los nombres de Dios —glorificado sea Su elogio—.

Nos narró Muḥammad b. Maʿmar, dijo: nos narró ʿAbbās b. Ziyād al-Bāhilī, dijo: nos narró Shuʿba, de Abū Bishr, de Saʿīd b. Jubayr, de Ibn ʿAbbās acerca de Su palabra: ( الم ) y ( حم ) y ( ن ) dijo: es un nombre segmentado.

Y otros dijeron: son letras de deletreo establecidas. Mención de quienes dijeron eso:

Se me transmitió de Manṣūr b. Abī Nuwayra, dijo: nos narró Abū Saʿīd al-Muʾaddib, de Khuṣayf, de Mujāhid, quien dijo: todas las aperturas de las suras: ( ق ) y ( ص ) y ( حم ) y ( طسم ) y ( الر ) y otras, son deletreo establecido.

Y otros dijeron: son letras, cada una de las cuales abarca significados diversos y diferentes. Mención de quienes dijeron eso:

Me narró al-Muthannà b. Ibrāhīm al-Ṭabarī, dijo: nos narró Isḥāq b. al-Ḥajjāj, de ʿAbd Allāh b. Abī Jaʿfar al-Rāzī, quien dijo: me narró mi padre, de al-Rabīʿ b. Anas, acerca de la palabra de Dios —exaltada sea Su mención—: ( الم ) dijo: estas letras son de las veintinueve letras sobre las que giran todas las lenguas; no hay letra entre ellas que no sea llave de uno de Sus nombres; no hay letra entre ellas que no esté en Sus favores y Sus pruebas; y no hay letra entre ellas que no sea la duración de un pueblo y sus plazos. Y dijo ʿĪsà b. Maryam: «Y es asombroso: pronuncian Sus nombres y viven de Su sustento; ¿cómo, pues, descreer?» Dijo: la alif: es llave de Su nombre «Allāh»; y la lām: llave de Su nombre «Laṭīf»; y la mīm: llave de Su nombre «Majīd». Y la alif: los favores de Dios; y la lām: Su gentileza; y la mīm: Su gloria. La alif: un año; la lām: treinta años; y la mīm: cuarenta años.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Ḥakkām, de Abū Jaʿfar, de al-Rabīʿ, con algo semejante.

Y otros dijeron: son letras del cómputo del ǧummal; rehusamos mencionar a aquel de quien se transmitió eso, pues quien lo relató es de aquellos en cuya transmisión y reporte no se confía; y ya ha pasado la transmisión de algo semejante a esta opinión de al-Rabīʿ b. Anas.

Y otros dijeron: para cada Libro hay un secreto, y el secreto del Corán son sus aperturas.

En cuanto a los arabistas, discreparon sobre el sentido de ello. Unos dijeron: son letras de las letras del alfabeto; bastó mencionar algunas de ellas al comienzo de las suras sin mencionar las restantes, que completan las veintiocho letras, del mismo modo que el informante se basta, al informar de que alguien está en las veintiocho letras del alfabeto, con mencionar «أ ب ت ث» sin mencionar el resto de sus letras que completan las veintiocho. Dijo: por eso se elevó «ese Libro», porque el sentido del discurso es: la alif, la lām y la mīm, de las letras aisladas, es ese Libro que te he revelado, reunido, sin duda en él...

Si alguien dijera: pero «أ ب ت ث» ha llegado a ser como un nombre en las letras del deletreo, como «al-ḥamdu» llegó a ser un nombre de la Apertura del Libro. Se le dirá: como era lícito que alguien dijera: «mi hijo está en “ط ظ”», y era sabido por su dicho —si lo dijera— que pretende informar de que su hijo está en las letras aisladas, se supo por ello que «أ ب ت ث» no tiene carácter de nombre, aunque sea más frecuente en el recuerdo que las demás. Dijo: solo se varió la mención de las letras del alfabeto en las aperturas de las suras, y se las mencionó al comienzo de ellas de manera diversa; mientras que su mención, cuando se las menciona por sus comienzos —que son «أ ب ت ث»—, es concordante, para separar entre informar de ellas: cuando se pretende, al mencionar algunas de ellas de modo diverso, indicar el discurso continuo; y cuando se pretende, al mencionarlas de modo concordante, indicar las letras aisladas en sí mismas. Y adujeron como prueba de la licitud de que alguien diga: «mi hijo está en “ط ظ”», y cosas semejantes, informando de que está en las letras del alfabeto, y de que ello, en su expresión explicativa, hace las veces de decir: «mi hijo está en أ ب ت ث», un raǧaz de uno de los raǧǧāz de Banū Asad:

لَمّا رأيْتُ أمْرَها في حُطّي *** وفَنَكَتْ في كَذِبٍ ولَطّ

أخَذْتُ منْها بِقُرُونٍ شُمْطِ *** فَلَمْ يَزَلْ ضَرْبي بها ومَعْطِي

*** حتى عَلا الرأسَ دَمٌ يُغَطّي***

Afirmó que con ello pretendía informar de que la mujer estaba en «أبي جاد»; y puso su dicho «cuando vi su asunto en ḥuṭṭī» en lugar de informar de que estaba en «أبي جاد», pues ese dicho indica a quien lo oye lo mismo que le indicaría su dicho: «cuando vi su asunto en أبي جاد».

Y otros dijeron: antes bien, se comenzó con ello al inicio de las suras para abrir, a su escucha, los oídos de los idólatras, pues se habían recomendado mutuamente apartarse del Corán; de modo que, cuando lo escucharan, se les recitara lo que está compuesto de él.

Y algunos dijeron: las letras que son aperturas de las suras son letras con las que Dios inicia Su palabra.

Si se dijera: ¿acaso hay en el Corán algo que no tenga significado? Pues el sentido de esto es que se abrió con ellas para que se sepa que la sura anterior ha concluido y que se ha comenzado otra; y se hizo esto como señal de la interrupción entre ambas. Y eso, en el habla de los árabes: uno de ellos recita poesía y dice:

بل . . . . وَبَلْدَةٍ ما الإنْسُ مِنْ آهالهَا

y dice: لا بل . . .

ما هاجَ أحْزَانا وشَجَوْا قَدْ شَجا

y «بل» no es del verso ni se cuenta en su metro; pero con ella corta un discurso y reanuda otro.

Dijo Abū Jaʿfar: para cada una de las opiniones que sostuvieron quienes hemos descrito, hay un aspecto conocido. En cuanto a quienes dijeron: ( الم ) es un nombre entre los nombres del Corán, su dicho admite dos aspectos: uno: que pretendieran que ( الم ) es un nombre del Corán, como «al-Furqān» es un nombre suyo. Si ese fuera el sentido del que lo dijo, entonces la interpretación de Su palabra: ( الم ): «ese Libro», sería en el sentido del juramento, como si dijera: por el Corán, este Libro no tiene duda. Y el otro: que pretendieran que es un nombre entre los nombres de la sura por el que se la conoce, como se conocen las demás cosas por sus nombres, que son señales por las que se las reconoce; de modo que el oyente entiende, cuando alguien dice: hoy he leído ( المص ) y ( ن ), es decir: la sura que leyó de entre las suras del Corán; como entiende de él si dice: hoy me encontré con ʿAmr y Zayd, siendo ambos Zayd y ʿAmr, y sabiendo quién fue el que encontró entre la gente. Y si a alguien le resultara problemático el sentido de esto y dijera: ¿cómo es lícito que sea así, cuando hay en el Corán varias suras semejantes a الم y المر? Los nombres solo son señales cuando distinguen entre individuos; pero si no distinguen, no son señales. Se le dirá: los nombres, aunque por la participación de muchos en uno solo de ellos hayan dejado de distinguir salvo con otros significados añadidos —como anexar la filiación del nombrado a ella, o su epíteto o su cualidad, que lo diferencie de otros semejantes—, fueron puestos al inicio para distinguir, sin duda; y luego, al producirse la homonimia, se necesitó de significados que diferencien entre los nombrados. Así también aquí, en los nombres de las suras: cada nombre, según quien sostiene esta opinión, fue hecho señal de la sura nombrada por él. Y cuando otra sura del Corán participó con ella en ese nombre, el informante sobre una de ellas necesitó añadir al nombre aquello que diferencie para el oyente entre informar de ella e informar de otra: un epíteto, una cualidad u otra cosa. Así, quien informa de sí mismo que recitó la sura de la Vaca, si la nombra por su nombre que es الم, dice: «leí الم al-Baqara»; y en Āl ʿImrān: «leí الم Āl ʿImrān», y «الم ذَلِكَ الكِتابُ» y «الم اللّهُ لا إِلَهَ إِلاّ هُوَ الحَيّ القَيّومُ». Del mismo modo que, si quisiera informar de dos hombres cuyo nombre de cada uno fuera ʿAmr, pero uno fuera tamīmí y el otro azdí, le sería necesario decir a quien quisiera informar de ambos: «me encontré con ʿAmr el tamīmí y con ʿAmr el azdí», pues no hay diferencia entre ellos y otros que comparten sus nombres sino por esa adscripción. Así también, según quien interpreta las letras aisladas como nombres de las suras.

En cuanto a quienes dijeron: eso son aperturas con las que Dios —poderoso y majestuoso— inicia Su palabra, lo orientaron hacia un sentido semejante al que transmitimos de quien, entre los arabistas, dijo: eso son indicios de la conclusión de una sura y el comienzo de otra, y señal de la interrupción entre ambas; como se hizo «بل» al inicio de una qaṣīda como indicio de que se inicia en ella y de que otra anterior ha concluido, como mencionamos de los árabes cuando quieren comenzar a recitar una qaṣīda, y dicen: بل . . .

***ما هاجَ أحْزَانا وشَجْوا قَدْ شَجا***

y «بل» no es del verso ni entra en su metro, sino para indicar el corte de un discurso y el comienzo de otro.

En cuanto a quienes dijeron: son letras aisladas: algunas de los nombres de Dios —poderoso y majestuoso— y otras de Sus atributos; y cada letra de ello tiene un significado distinto del de la otra, orientaron su interpretación hacia algo como el dicho del poeta:

قُلْنا لَهَا قِفِي لنا قالَتْ قافْ *** لا تَحْسبِي أنّا نَسِينا الإيجَافْ

es decir, con su dicho «dijo qāf»: dijo «qad waqaftu» (ya me he detenido). Indicó, al mostrar la qāf de «waqaftu», lo que pretendía del resto de la palabra completa, que es «waqaftu». Así llevaron Su palabra «الم» y lo semejante a ello hacia este sentido. Y algunos dijeron: la alif es la alif de «أنا»; la lām es la lām de «الله»; y la mīm es la mīm de «أعلم»; y cada letra de ellas indica una palabra completa. Dijeron: la suma de estas letras aisladas, cuando se manifiesta con cada letra el resto de las letras de la palabra, es: «أنا الله أعلم». Dijeron: y así también todo lo que hay al inicio de las suras del Corán de ello: según este sentido y con esta interpretación. Dijeron: es algo difundido y manifiesto en el habla de los árabes que el hablante omita letras de la palabra cuando lo que queda indica lo omitido; y que añada en ella lo que no es de ella cuando la adición no confunde su sentido al oyente; como su omisión, en el apócope afectivo (tarjīm), de la «ث» de «حارث», diciendo: «يا حار»; y de la «ك» de «مالك», diciendo: «يا مال»; y cosas semejantes. Y como el dicho de uno de sus raǧǧāz:

ما للظّلِيمِ عَالَ كَيْفَ لاَ يا*** يَنْقَدّ عَنْهُ جِلْدُهُ إذَا يا

como si quisiera decir: «إذا يفعل كذا وكذا»; y se contentó con la yāʾ de «يفعل». Y como dijo otro de ellos:

*** بالخَيْرِ خَيْرَاتٌ وَإِنْ شَرّا فَا***

quiere decir: «فشرّا».

***ولا أُرِيدُ الشّرّ إِلاّ أنْ تَا***

quiere decir: «إلا أن تشاء»; y se contentó con la tāʾ y la fāʾ en ambas palabras, prescindiendo del resto de sus letras; y otros testimonios semejantes cuya recopilación exhaustiva alargaría el libro. Y como lo que:

me narró Yaʿqūb b. Ibrāhīm, dijo: nos narró Ibn ʿUlayya, de Ayyūb e Ibn ʿAwn, de Muḥammad, quien dijo: cuando murió Yazīd b. Muʿāwiya, ʿAbda me dijo: no la veo sino como una fitna que va a ocurrir; así que refúgiate en tu aldea y alcanza a tu familia. Dije: ¿qué me ordenas? Dijo: me es más querido para ti que «ta-» —dijo Ayyūb e Ibn ʿAwn, poniendo su mano bajo su mejilla derecha, describiendo el recostarse— hasta que veas un asunto que reconozcas.

Dijo Abū Jaʿfar: con «ta-» quiere decir: «تضطجع» (te recuestes); y se contentó con la tāʾ de «تضطجع». Y como dijo otro, en la adición en el habla según lo que describí:

أقولُ إذْ خَرّتْ على الكَلْكالِ *** يا ناقَتِي ما جُلْتِ مِن مَجَالِ

quiere decir: «الكلكل». Y como dijo otro:

إِنّ شَكْلِي وإِنّ شَكْلَكِ شَتّى *** فالزَمِي الخُصّ واخْفِضي تَبْيَضِضّي

añadió una ḍād que no está en la palabra. Dijeron: así también, lo que se omitió del total de las letras de cada palabra de estas palabras que mencionamos como completamiento de las letras de «الم» y sus semejantes, es análogo a lo que se omitió del habla que transmitimos de los árabes en su poesía y su prosa.

En cuanto a quienes dijeron: cada letra de «الم» y sus semejantes indica múltiples significados, como lo que mencionamos de al-Rabīʿ b. Anas, lo orientaron hacia algo semejante a lo que orientó quien dijo que su interpretación es «أنا الله أعلم»: que cada letra es parte de las letras de una palabra completa, y que bastó, por su indicación del total, prescindir de mencionar el total; aunque discrepen con él en cada letra: si pertenece a la palabra que los del primer dicho afirmaron o a otra. Dijeron: antes bien, la alif de «الم» procede de palabras diversas, y es indicativa de los significados de todo ello y de su completamiento. Dijeron: solo se aisló cada letra y se la acortó respecto del total de las letras de la palabra porque, si se manifestaran todas las letras de la palabra, la palabra que apareciera no indicaría —por el hecho de que algunas de estas letras aisladas sean parte de ella— sino un solo significado, no dos ni más. Dijeron: y cuando, si se manifestaran todas, no habría indicación sino de su único significado, y Dios —glorificado sea Su elogio— quiso que cada letra indicara muchos significados de una sola cosa, no fue posible sino aislar la letra indicativa de esos significados, para que los destinatarios supieran que Dios —poderoso y majestuoso— no pretendió un solo significado ni una sola indicación con lo que les dirigió, sino que pretendió indicar muchas cosas. Dijeron: la alif de «الم» exige muchos significados, entre ellos: completar el Nombre del Señor, que es Allāh; completar el nombre de la gracia de Dios, que es los favores (ālَāʾ) de Dios; e indicar el plazo de un pueblo, que es un año, puesto que la alif en el cómputo del ǧummal vale uno. Y la lām exige completar el nombre de Dios, que es Laṭīf; completar el nombre de Su favor, que es luṭf; e indicar el plazo de un pueblo, que es treinta años. Y la mīm exige completar el nombre de Dios, que es Majīd; completar el nombre de Su grandeza, que es majd; e indicar el plazo de un pueblo, que es cuarenta años. Así, el sentido del discurso, según la interpretación del que sostiene el primer dicho, es: que Dios —glorificado sea Su elogio— abrió Su palabra describiéndose como el Sabiente a quien nada se oculta, e hizo de ello para Sus siervos un método que sigan en el inicio de sus sermones, cartas y asuntos importantes; y una prueba para ellos, para que merezcan con ello una inmensa recompensa en la Morada de la retribución; como abrió con ( بالحمد لله رب العالمين ) y ( الحَمْدُ لِلّهِ الّذِي خَلَقَ السموَاتِ وَالأرْضَ ) y lo semejante de las suras cuyas aperturas hizo alabanza para Sí mismo. Y como hizo las aperturas de algunas de ellas la exaltación y glorificación de Sí mismo mediante el tasbīḥ, como dijo —glorificado sea Su elogio—: ( سُبْحانَ الّذِي أسْرَى بعَبْدِهِ لَيْلاً ) y lo semejante de las demás suras del Corán, cuyas aperturas hizo: en unas, la alabanza de Sí mismo; en otras, Su magnificación; y en otras, Su exaltación y declaración de trascendencia. Así también hizo las aperturas de otras suras, cuyos comienzos son algunas letras del alfabeto, elogios de Sí mismo: a veces por el conocimiento, a veces por la justicia y la equidad, y a veces por el favor y la beneficencia, con concisión y abreviación; y luego, el relato de los asuntos después de ello. Y según esta interpretación, la alif, la lām y la mīm deben estar en posición de nominativo, elevándose unas por otras, sin relación con Su palabra: ( ذلكَ الكِتابُ ); y «ese Libro» sería el predicado de un sujeto inicial, desligado del sentido de «الم». Y así también «ذلك», según la interpretación del que sostiene este segundo dicho, está en nominativo, elevándose unas partes por otras, aunque su sentido difiera del sentido del que sostiene el primer dicho.

En cuanto a quienes dijeron: son letras del cómputo del ǧummal, sin los demás significados que se le oponen, dijeron: no conocemos para las letras aisladas un sentido comprensible sino el cómputo del ǧummal y el mero deletreo del que dice: «الم». Y dijeron: no es lícito que Dios —glorificado sea Su elogio— se dirija a Sus siervos sino con aquello que entienden y comprenden de Él. Así, cuando fue así, y Su palabra: ( الم ) no admite un sentido al que se la pueda orientar sino uno de los dos aspectos que mencionamos, y quedó invalidado uno de ellos —que se pretendiera con ello el mero deletreo de «الم»—, resultó correcto y firme que se pretendía el segundo aspecto, que es el cómputo del ǧummal. Porque el dicho del que dice: ( الم ) no puede ser seguido por «ese Libro», por la imposibilidad del sentido del discurso y su salida de lo inteligible si se sigue: ( الم ذلك الكتاب ). Y adujeron como prueba de su dicho también lo que:

nos narró Muḥammad b. Ḥumayd al-Rāzī, dijo: nos narró Salama b. al-Faḍl, dijo: me narró Muḥammad b. Isḥāq, dijo: me narró al-Kalbī, de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās, de Jābir b. ʿAbd Allāh b. Rabāb, quien dijo: Abū Yāsir b. Akhṭab pasó junto al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— mientras recitaba la apertura de la sura de la Vaca: ( الم ذَلِكَ الكِتابُ لاَ رَيْبَ فِيهِ ) Entonces fue a su hermano Ḥuyayy b. Akhṭab, con unos hombres de los judíos, y dijo: sabed, por Dios, que he oído a Muḥammad recitar, de lo que Dios —poderoso y majestuoso— le ha revelado: ( الم ذَلِكَ الكِتابُ ). Dijeron: ¿tú lo oíste? Dijo: sí. Entonces Ḥuyayy b. Akhṭab caminó con aquel grupo de judíos hacia el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, y dijeron: ¡Oh Muḥammad! ¿No se nos ha mencionado que recitas, de lo que se te ha revelado: ( الم ذَلِكَ الكِتابُ )? El Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «Sí». Dijeron: ¿te lo trajo Gabriel de parte de Dios? Dijo: «Sí». Dijeron: Dios —glorificado sea Su elogio— envió antes de ti profetas; no conocemos, entre profeta alguno, a quien se le haya dado la duración de su reino y el plazo de su comunidad sino a ti. Entonces Ḥuyayy b. Akhṭab dijo —y se volvió hacia quienes estaban con él—: la alif es uno, la lām es treinta y la mīm es cuarenta: eso suma setenta y un años. Dijo: les dijo: ¿entraréis en la religión de un profeta cuya duración de su reino y el plazo de su comunidad es solo setenta y un años? Dijo: luego se volvió hacia el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— y dijo: ¡Oh Muḥammad! ¿hay junto con esta otra? Dijo: «Sí». Dijo: ¿cuál? Dijo: «المص». Dijo: esta es más pesada y más larga: la alif es uno, la lām es treinta, la mīm es cuarenta y la ṣād es noventa: eso suma ciento sesenta y un años. ¿Hay junto con esta, oh Muḥammad, otra? Dijo: «Sí». Dijo: ¿cuál? Dijo: «الر». Dijo: esta es más pesada y más larga: la alif es uno, la lām es treinta y la rāʾ es doscientos: eso suma doscientos treinta y un años. Dijo: ¿hay junto con esta otra, oh Muḥammad? Dijo: «Sí: المر». Dijo: esta es más pesada y más larga: la alif es uno, la lām es treinta, la mīm es cuarenta y la rāʾ es doscientos: eso suma doscientos setenta y un años. Luego dijo: se nos ha confundido tu asunto, oh Muḥammad, hasta que no sabemos si se te ha dado poco o mucho. Luego se levantaron y se apartaron de él. Entonces Abū Yāsir dijo a su hermano Ḥuyayy b. Akhṭab y a los rabinos que estaban con él: ¿qué os hace saber? Quizá todo esto se le ha reunido a Muḥammad: setenta y un, ciento sesenta y uno, doscientos treinta y uno y doscientos setenta y uno; eso suma setecientos treinta y cuatro años. Dijeron: se nos ha hecho semejante (confuso) su asunto. Y afirman que estas aleyas descendieron acerca de ellos: ( هُوَ الذِي أنْزَلَ عَلَيْكَ الكِتابَ مِنْهُ آياتٍ مُحْكماتٌ هُنّ أُمّ الكِتابِ وأُخَرُ مُتَشَابِهَاتٌ ).

Dijeron: este relato ha explicitado la corrección de lo que dijimos en ello respecto de la interpretación, y la corrupción de lo que dijeron nuestros oponentes.

Y lo correcto, según mi parecer, respecto de la interpretación de las aperturas de las suras que son letras del alfabeto, es: que Dios —glorificado sea Su elogio— las hizo letras aisladas y no unió unas con otras para hacerlas como el resto del discurso cuyas letras están conectadas, porque —poderoso es Su recuerdo— quiso, con su enunciación, indicar con cada letra de ellas muchos significados, no un solo significado, como dijo al-Rabīʿ b. Anas, aunque al-Rabīʿ se limitó a tres significados, sin lo que se añade a ellos. Y lo correcto, según mi parecer, en la interpretación de ello es que cada letra de ellas contiene lo que dijo al-Rabīʿ y lo que dijeron los demás exegetas, aparte de él, acerca de ello; excepto lo que mencioné de la opinión transmitida de quien mencioné entre los arabistas, que orientaba su interpretación a que son letras de deletreo, y que bastó mencionar algunas de ellas en las aperturas de las suras sin mencionar el complemento de las veintiocho letras del alfabeto, con la interpretación de: «estas letras: ese Libro, reunidas, sin duda en él». Pues es una opinión errónea y corrupta por apartarse de los dichos de todos los compañeros, los seguidores y quienes vinieron después de ellos entre los sucesores, de la gente del tafsīr y la interpretación. Basta como indicio de su error el testimonio de la prueba contra él, junto con la invalidación por parte de quien lo dijo de su propia afirmación que transmitimos de él: pues pasó a explicar la elevación de «ese Libro» diciendo una vez que está en nominativo porque cada uno se eleva por su compañero; y otra vez, que está en nominativo por el retorno de su mención en Su palabra: لاَ ( رَيْبَ فِيهِ ); y otra vez, por Su palabra: ( هُدًى لِلْمُتّقِينَ ). Y eso es, por su parte, abandono de su dicho de que ( الم ) eleva ( ذَلِكَ الكِتَابُ ), y salida de la opinión que pretendió en la interpretación de ( الم ذَلِكَ الكِتَابُ ), y de que su interpretación es: «estas letras, ese Libro».

Si alguien nos dijera: ¿cómo es lícito que una sola letra abarque la indicación de muchos significados diferentes? Se le dirá: como fue lícito que una sola palabra abarque muchos significados diferentes, como su dicho para un grupo de gente: «umma»; y para un lapso de tiempo: «umma»; y para el hombre devoto y obediente a Dios: «umma»; y para la religión y la confesión: «umma». Y como su dicho para la retribución y el talión: «dīn»; y para la autoridad y la obediencia: «dīn»; y para el sometimiento: «dīn»; y para el cómputo: «dīn». Y hay muchos ejemplos semejantes cuya enumeración alargaría el libro: discurso de un solo enunciado que abarca muchos significados. Así también la palabra de Dios —glorificado sea Su elogio—: «الم» y «المر», y «المص» y lo semejante de las letras del alfabeto que son aperturas de los comienzos de las suras: cada letra de ellas indica múltiples significados, abarcando todos ellos: de los nombres de Dios —poderoso y majestuoso— y Sus atributos, lo que dijeron los exegetas de las opiniones que mencionamos de ellos; y, con todo, son aperturas de las suras, como dijo quien lo dijo. Y el hecho de que sean de las letras de los nombres de Dios —glorificado sea Su elogio— y Sus atributos no impide que sean aperturas de las suras, pues Dios —glorificado sea Su elogio— ha abierto muchas suras del Corán con la alabanza de Sí mismo y la loa de Sí mismo, y muchas con Su magnificación y exaltación; así, no es imposible que comience algunas de ellas con el juramento por ellas. De modo que, de las suras cuyos comienzos se iniciaron con letras del alfabeto, uno de los significados de sus comienzos es que son aperturas de las suras del Corán que se abrieron con ellas; y son de aquello por lo que se juró, porque uno de sus significados es que son de las letras de los nombres de Dios —exaltada sea Su mención— y Sus atributos, según lo que ya expusimos; y no hay duda de la corrección del sentido del juramento por Dios, Sus nombres y Sus atributos. Y son de las letras del cómputo del ǧummal; y son, para las suras que se abrieron con ellas, emblema y nombres. Así, ello abarca los significados de todo lo que describimos, de lo que expusimos de sus aspectos. Porque si Dios —glorificado sea Su elogio— hubiera querido con ello, o con parte de ello, indicar un solo significado de entre los que ello admite, excluyendo los demás, el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— se lo habría aclarado con una aclaración no problemática, pues —glorificado sea Su elogio— solo reveló Su Libro a Su Mensajero —Dios lo bendiga y le conceda paz— para que les aclarara aquello en lo que discreparon. Y en el hecho de que él —Dios lo bendiga y le conceda paz— dejara de aclarar si se pretendía con ello, de entre sus aspectos interpretativos, unos y no otros, hay la prueba más clara de que se pretende con ello todos sus aspectos que admite, pues no era imposible, para la razón, que ninguno de ellos fuera de su interpretación y sentido; como no era imposible la reunión de muchos significados en una sola palabra de un solo enunciado en un solo discurso.

Y a quien rechace lo que dijimos se le preguntará la diferencia entre ello y el resto de las palabras que vienen con un solo enunciado, pese a abarcar muchos significados diferentes, como «umma» y «dīn» y lo semejante de nombres y verbos. No dirá sobre uno de ellos una afirmación sin que se le obligue a lo mismo en el otro. Y así se preguntará a todo el que interprete algo de ello según un aspecto, excluyendo los otros aspectos que describimos, por la prueba de su pretensión: cuál es el aspecto al que debe rendirse asentimiento; luego se le opondrá un dicho que lo contradiga, y se le preguntará la diferencia entre ambos: por un fundamento, o por lo que indique un fundamento. No dirá sobre uno de ellos una afirmación sin que se le obligue a lo mismo en el otro. En cuanto a quien, entre los gramáticos, afirmó que ello es análogo a «بل» en el dicho del que recita poesía:

*** بل . . . ما هاجَ أحْزَانا وَشَجْوا قَدْ شَجا ***

y que no tiene significado, sino que es un añadido en el discurso cuyo sentido es el descarte, erró por múltiples aspectos:

El primero: que describió a Dios —exaltada sea Su mención— como si hubiera hablado a los árabes con algo que no es de su lengua ni de la lengua de ningún humano. Pues los árabes, aunque comenzaran el inicio de su recitación de poesía con «بل», es sabido de ellos que no comenzaban nada del discurso con «الم» y «الر» y «المص» con el sentido con que comenzaban con «بل». Y puesto que eso no es de su modo de comenzar, y Dios —glorificado sea Su elogio— solo les habló en el Corán con lo que conocen de sus lenguas y usan entre ellos en su habla en todas sus aleyas, no hay duda de que el camino de las letras del alfabeto con las que se abrieron los comienzos de las suras —de las que son aperturas— es el camino del resto del Corán: que no se apartó con ellas de sus lenguas, que conocían, y que usaban en su habla. Porque si se hubiera apartado con ello del camino de sus lenguas y su habla, habría salido del sentido de la clarificación con la que Dios —poderoso y majestuoso— describió el Corán, cuando dijo —exaltada sea Su mención—: ( نَزَلَ بِهِ الرّوحُ الأمِينُ على قَلْبِكَ لِتَكَونَ مِنَ المُنْذِرِينِ بِلسانٍ عَرَبيّ مُبِينٍ ). ¿Y cómo sería «claro» aquello que nadie de los mundos entiende ni comprende, según quien sostiene esta opinión, ni se conoce en el habla de ninguna criatura? En el anuncio de Dios —glorificado sea Su elogio— de que es «árabe claro» hay lo que desmiente esta opinión e informa de que los árabes lo conocían y les era evidente. Ese es uno de los aspectos de su error.

El segundo aspecto de su error: atribuir a Dios —glorificado sea Su elogio— que habló a Sus siervos con algo que no les aporta beneficio ni tiene sentido, de un discurso en el que es igual hablar con él o dejar de hablar con él. Y eso es atribuir a Dios —exaltada sea Su mención— el absurdo, que todos los monoteístas niegan de Dios.

El tercer aspecto de su error: que «بل» en el habla de los árabes tiene una interpretación y un sentido comprendidos; y que la introducen en su habla como retractación de un discurso ya concluido, como su dicho: «no vino tu hermano, sino tu padre», y «no vi a ʿAmr, sino a ʿAbd Allāh», y lo semejante. Como dijo al-Aʿshà de Banū Thaʿlaba:

وَلأشْرَبَنّ ثَمَانِيا وثَمَانِيا *** وَثَلاثَ عَشْرَةَ وَاثْنَتَيْنَ وَأرْبَعا

y prosiguió en su discurso hasta llegar a su dicho:

بالجُلّسانِ وَطَيّبٌ أرْدَانُهُ *** بالوَنّ يَضْرِبُ لي يَكُرّ الأصْبُعا

luego dijo:

بَلْ عُدّ هَذَا في قَرِيضِ غَيْرِهِ *** وَاذْكُرْ فَتًى سَمْحَ الخَلِيقَةِ أرْوَعا

como si dijera: deja esto y entra en la poesía de otro. Así, «بل» solo viene en el habla de los árabes según este modo. En cuanto a que sea apertura de un discurso iniciado con el sentido de alargar y suprimir sin indicar un significado, eso es algo que no sabemos que nadie lo haya pretendido entre los conocedores de la lengua de los árabes y su habla, salvo aquel cuyo dicho mencioné; de modo que eso sea un fundamento con el que se asemejen las letras del alfabeto que son aperturas de las suras del Corán con las que se abrieron, si es que tuviera algo semejante. ¿Y cómo, si están lejos de asemejársele?

Notas y Referencias

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