18

La Caverna

الكهف Al-Kahf
Aya 94

Versículo (Español)

[18:94] Dijeron: "¡Oh, Dhul Qarnain! Gog y Magog siembran la corrupción en la Tierra. ¿Podríamos pedirte que, a cambio de una retribución, levantes una muralla entre ellos y nosotros?"

Tafsir de At-Tabari

{Dijeron: «¡Oh, Dhū l-Qarnayn! En verdad, Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ son corruptores en la tierra. ¿Hemos de asignarte un tributo a condición de que pongas entre nosotros y entre ellos una barrera?»} (94) La exposición sobre la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—: {Luego siguió un camino * hasta que, cuando llegó entre las dos barreras, encontró, más acá de ellas, a un pueblo que apenas comprendía palabra * Dijeron: «¡Oh, Dhū l-Qarnayn! En verdad, Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ son corruptores en la tierra. ¿Hemos de asignarte un tributo a condición de que pongas entre nosotros y entre ellos una barrera?»}.

Dice —Exaltado sea Su recuerdo—: Luego marchó por caminos y etapas, y siguió sendas, hasta que llegó entre las dos barreras.

Los recitadores discreparon respecto de la lectura de ello. La mayoría de los recitadores de Medina y algunos de los kufíes lo leyeron: «ḥattā iḏā balaġa bayna s-suddayn» con ḍamma en la sīn; y asimismo todo lo que en el Corán aparece de ello, con ḍamma en la sīn. Algunos de los recitadores de La Meca lo leían todo con fatḥa. Abū ʿAmr b. al-ʿAlāʾ abría la sīn en esta sura y la cerraba en Yā-Sīn, y decía: as-sadd (con fatḥa): es el obstáculo entre tú y la cosa; y as-sudd (con ḍamma): lo que es de veladura en el ojo. En cuanto a los kufíes, la lectura de la mayoría de ellos en todo el Corán es con fatḥa en la sīn, salvo Su dicho: «ḥattā iḏā balaġa bayna s-suddayn», pues en este lugar, en particular, cerraron la sīn. Y se transmitió de ʿIkrima acerca de ello lo siguiente:

Nos lo narró Aḥmad b. Yūsuf, dijo: nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró Ḥaŷŷāŷ, de Hārūn, de Ayyūb, de ʿIkrima, que dijo: Lo que sea obra de los hijos de Adán es as-sadd —es decir, con fatḥa—; y lo que sea obra de Dios es as-sudd. Al-Kisāʾī decía: son dos variantes lingüísticas con un mismo significado.

Lo correcto, a mi juicio, es decir: que son dos lecturas difundidas en la recitación de las ciudades, y dos variantes lingüísticas concordes en el significado, no divergentes; de modo que, con cualquiera de las dos que recite el recitador, acierta. Y no hay sentido en la distinción que se ha mencionado de Abū ʿAmr b. al-ʿAlāʾ y de ʿIkrima entre as-sadd y as-sudd, pues no hemos hallado para ello testimonio que aclare una diferencia entre ambos, tal como se les atribuyó. Y lo que lo evidencia es que el conjunto de la gente de la interpretación, de quienes se nos transmitió una opinión al respecto, no nos refirió de ninguno de ellos una diferenciación entre abrirlo o cerrarlo; y si el significado fuese distinto, se habría transmitido la separación junto con la interpretación, si Dios quiere. Pero el sentido, para ellos, no era divergente, y explican el término sin distinguir entre ambas lecturas. En cuanto a lo que se mencionó de ʿIkrima sobre ello, quien lo transmitió de Ayyūb y Hārūn —y en su transmisión hay reparo—; y no conocemos eso de Ayyūb por la vía de los fiables entre sus compañeros. Y as-sadd y as-sudd, ambos: son el obstáculo entre dos cosas; y aquí, según se ha mencionado, son dos montañas que cierran lo que hay entre ellas. Dhū l-Qarnayn colmató un obstáculo entre Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ y quienes están detrás de ellos, para cortar el alcance de sus maldades y su devastación respecto de aquellos. En el mismo sentido que hemos dicho hablaron los intérpretes. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaŷŷāŷ, de Ibn Ŷurayŷ, de ʿAṭāʾ al-Ḫurāsānī, de Ibn ʿAbbās: «ḥattā iḏā balaġa bayna s-suddayn» dijo: las dos montañas; el dique que hay entre Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ, dos comunidades detrás del dique de Dhū l-Qarnayn. Dijo: las dos montañas son Armenia y Azerbaiyán.

Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda: «ḥattā iḏā balaġa bayna s-suddayn» y son dos montañas.

Se me narró de al-Ḥusayn, dijo: escuché a Abū Muʿāḏ decir: nos narró ʿUbayd, dijo: escuché a aḍ-Ḍaḥḥāk decir acerca de Su dicho: «bayna s-suddayn» esto es: entre dos montañas.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó ʿAbd ar-Razzāq, dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda, acerca de Su dicho: «bayna s-suddayn» dijo: son dos montañas.

Y Su dicho: وَجَدَ مِنْ دُونِهِمَا قَوْماً لا يَكَادُونَ يَفْقَهُونَ قَوْلاً, dice —poderoso es Su recuerdo—: Encontró, más acá de las dos barreras, a un pueblo que apenas comprendía la palabra del hablante, salvo su propia habla.

Los recitadores discreparon respecto de la lectura de Su dicho يَفْقَهُونَ. La mayoría de los recitadores de Medina y de Basora, y algunos de los de Kufa, lo leyeron: يَفْقَهُونَ قَوْلاً, abriendo la qāf y la yāʾ, de faqiha ar-raŷul yafqahu fiqhan. Y la mayoría de los recitadores de Kufa lo leyeron: «yufqihūna qawlan», con ḍamma en la yāʾ y kasra en la qāf: de afqahtu fulānan kaḏā afqihuhu ifqāhan, cuando se lo haces comprender.

Lo correcto, a mi juicio, es que son dos lecturas difundidas en la recitación de las ciudades, sin que una invalide a la otra. Pues es posible que el pueblo del que Dios informó en esta noticia apenas comprendiera palabra de otros distinta de la suya, y entonces es correcta esa lectura. Y es posible que, siendo así, apenas pudieran hacer comprender a otros, por causas: o bien por sus lenguas, o bien por su modo de hablar; y entonces también es correcta esa lectura.

Y Su dicho: إِنَّ يَأْجُوجَ وَمَأْجُوجَ مُفْسِدُونَ فِي الأرْضِ. Los recitadores discreparon respecto de la lectura de Su dicho إِنَّ يَأْجُوجَ وَمَأْجُوجَ. Los recitadores del Ḥiŷāz, de Iraq y otros lo leyeron: «inna Yaʾŷūŷa wa-Maʾŷūŷa», sin hamza, sobre el patrón fāʿūl, de yaŷaŷtu y maŷaŷtu, considerando que las dos alif en ambos son añadidas; salvo ʿĀṣim b. Abī n-Nuŷūd y al-Aʿraŷ, pues se mencionó que ambos lo leyeron con hamza en los dos, y consideraron que la hamza en ambos pertenece al أصل del habla; como si hubieran considerado Yaʾŷūŷ: yafʿūl de aŷaŷtu, y Maʾŷūŷ: mafʿūl.

La lectura que, para nosotros, es la correcta es: Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ con alif sin hamza, por el consenso de la prueba entre los recitadores sobre ello, y porque es la expresión conocida en las lenguas de los árabes; y de ello es el dicho de Ruʾba b. al-ʿAŷŷāŷ:

«Si Yaŷūŷ y Maŷūŷ estuvieran juntos *** y ʿĀd volviera, y excitaran a Tubbaʿ»

Y son dos comunidades detrás de la barrera.

Y Su dicho: مُفْسِدُونَ فِي الأرْضِ. Los intérpretes discreparon acerca del sentido de la corrupción con la que Dios describió a estas dos comunidades. Algunos dijeron: que comían a la gente. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró Aḥmad b. al-Walīd ar-Ramlī, dijo: nos narró Ibrāhīm b. Ayyūb al-Ḫūzānī, dijo: nos narró al-Walīd b. Muslim, dijo: escuché a Saʿīd b. ʿAbd al-ʿAzīz decir acerca de Su dicho: إِنَّ يَأْجُوجَ وَمَأْجُوجَ مُفْسِدُونَ فِي الأرْضِ: dijo: comían a la gente.

Otros dijeron: antes bien, el sentido es: que Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ corromperán en la tierra, no que en aquel momento estuvieran corrompiendo. Mención de quienes dijeron eso, y mención de la descripción del seguimiento de Dhū l-Qarnayn de las causas que Dios mencionó en esta aleya, y mención del motivo de su construcción del dique:

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, dijo: nos narró Muḥammad b. Isḥāq, dijo: me narró alguno de quienes transmiten relatos de los no árabes, de la gente del Libro, de quienes habían abrazado el Islam, de lo que heredaron del conocimiento de Dhū l-Qarnayn: que Dhū l-Qarnayn era un hombre de la gente de Egipto, llamado Marzibā b. Mardaba al-Yūnānī, de la descendencia de Yūnan b. Yāfiṯ b. Nūḥ.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, dijo: me narró Muḥammad b. Isḥāq, de Ṯawr b. Yazīd, de Ḫālid b. Maʿdān al-Kalāʿī. Y Ḫālid era un hombre que alcanzó a la gente [que transmitía] que el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— fue preguntado por Dhū l-Qarnayn, y dijo: «Un rey que recorrió la tierra por debajo de ella mediante las causas». Dijo Ḫālid: y ʿUmar b. al-Ḫaṭṭāb oyó a un hombre decir: “¡Oh, Dhū l-Qarnayn!”, y dijo: “¡Oh Dios, perdón! ¿No os basta con llamaros con los nombres de los profetas, hasta que os llamáis con los nombres de los ángeles? Si el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo eso, entonces la verdad es lo que dijo, y lo falso es lo que lo contradice”.

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, dijo: me narró Muḥammad b. Isḥāq, dijo: me narró quien no sospecho de Wahb b. Munabbih al-Yamanī —y tenía conocimiento de los relatos antiguos— que solía decir: Dhū l-Qarnayn es un hombre de los romanos, hijo de una anciana de entre sus ancianas, que no tenía otro hijo que él; y su nombre era al-Iskandar. Y sólo fue llamado Dhū l-Qarnayn porque las dos sienes de su cabeza eran de cobre. Cuando alcanzó la madurez —y era un siervo piadoso—, Dios —poderoso y majestuoso— le dijo: «¡Oh, Dhū l-Qarnayn! En verdad, te envío a las naciones de la tierra: naciones de lenguas diversas; y son todos los habitantes de la tierra. Entre ellas hay dos naciones cuya distancia entre ambas es toda la longitud de la tierra; y entre ellas hay dos naciones cuya distancia entre ambas es toda la anchura de la tierra; y naciones en el centro de la tierra, entre ellas los genios y los humanos, y Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ. En cuanto a las dos naciones cuya distancia entre ambas es la longitud de la tierra: una está junto a la puesta del sol, y se la llama Nāsik; y la otra está junto a su salida, y se la llama Mansik. Y en cuanto a las dos cuya distancia entre ambas es la anchura de la tierra: una nación está en el extremo derecho de la tierra, y se la llama Hāwīl; y la otra, en el extremo izquierdo de la tierra, una nación llamada Taʾwīl». Cuando Dios le dijo eso, Dhū l-Qarnayn dijo: «Dios mío: me has convocado para un asunto inmenso, cuyo alcance nadie puede medir sino Tú. Infórmame acerca de estas naciones a las que me envías: ¿con qué fuerza las enfrentaré?, ¿con qué multitud competiré con ellas?, ¿con qué ardid las hostigaré?, ¿con qué paciencia las soportaré?, ¿con qué lengua les hablaré?, ¿y cómo podré comprender sus lenguas?, ¿con qué oído captar su palabra?, ¿con qué vista penetrarlas?, ¿con qué prueba disputar con ellas?, ¿con qué corazón razonar sobre ellas?, ¿con qué sabiduría administrar su asunto?, ¿con qué equidad ser justo entre ellas?, ¿con qué clemencia ser paciente con ellas?, ¿con qué conocimiento discernir entre ellas?, ¿con qué ciencia perfeccionar sus asuntos?, ¿con qué mano abatirme sobre ellas?, ¿con qué pie pisarlas?, ¿con qué energía vencerlas?, ¿con qué ejército combatirlas?, ¿con qué suavidad ganarlas? Pues no tengo, Dios mío, nada de lo que he mencionado que les diga, ni fuerza contra ellas, ni capacidad para soportarlas. Y Tú eres el Señor misericordioso, que no impone a un alma sino lo que puede, ni la carga sino con su capacidad, ni la agobia ni la abruma; antes bien, Tú te compadeces de ella y la misericordias». Dios —poderoso y majestuoso— dijo: «Yo te ceñiré aquello con lo que te he cargado: ensancharé tu pecho para que abarque toda cosa; ensancharé tu entendimiento para que comprendas toda cosa; extenderé tu lengua para que hables toda cosa; abriré tu oído para que retengas toda cosa; prolongaré tu vista para que penetres toda cosa; dispondré tu asunto para que perfecciones toda cosa; te lo enumeraré para que nada se te escape; te guardaré para que nada se te ausente; fortaleceré tu espalda para que nada te derribe; fortaleceré tu apoyo para que nada te venza; fortaleceré tu corazón para que nada te espante; y someteré para ti la luz y la oscuridad, y las haré dos ejércitos de tus ejércitos: la luz te guiará delante de ti, y la oscuridad te cercará por detrás; fortaleceré tu razón para que nada te aterre; extenderé para ti lo que está ante tus manos para que te abatas sobre toda cosa; fortaleceré tu pisada para que aplastes toda cosa; y te vestiré de majestad para que nada se atreva contra ti».

Cuando se le dijo eso, partió hacia la nación que está junto a la puesta del sol. Cuando llegó a ellos, halló una multitud y un número que nadie cuenta sino Dios, y una fuerza y un poder que nadie soporta sino Dios; lenguas diversas, pasiones dispersas y corazones divididos. Cuando vio eso, los enfrentó con la oscuridad: levantó alrededor de ellos tres ejércitos de ella, y los cercaron por todas partes, y los empujaron hasta reunirlos en un solo lugar. Luego los acometió con la luz, y los llamó a Dios y a Su adoración: algunos creyeron en él y otros se apartaron. Entonces se dirigió a quienes se volvieron contra él e hizo entrar sobre ellos la oscuridad: entró en sus bocas, narices, oídos y entrañas; entró en sus casas y moradas; los cubrió por encima, por debajo y por todos sus lados. Se agitaron en ella y quedaron perplejos; cuando temieron perecer en ella, clamaron a él con una sola voz. Él la apartó de ellos y los tomó por la fuerza, y entraron en su llamada. Reclutó de la gente del occidente grandes naciones y las hizo un solo ejército. Luego partió con ellos conduciéndolos: la oscuridad los empujaba por detrás y los guardaba alrededor, y la luz iba delante guiándolos y señalándoles el camino. Marchaba por el lado derecho de la tierra, queriendo la nación del extremo derecho, llamada Hāwīl. Dios le sometió su mano, su corazón, su juicio, su razón, su mirada y su determinación: no erraba cuando determinaba, y cuando realizaba una obra la perfeccionaba. Siguió conduciendo a esas naciones, y ellas lo seguían. Cuando llegaba a un mar o a un vado, construía naves con tablillas pequeñas como sandalias; las ensamblaba en una hora; luego hacía subir en ellas a todos los que estaban con él de esas naciones y esos ejércitos. Cuando cruzaba ríos y mares, las desataba y entregaba a cada persona una tablilla que no le pesaba llevar. No cesó así, con constancia, hasta llegar a Hāwīl; obró en ella como había obrado en Nāsik. Cuando terminó con ella, siguió su camino por el lado derecho de la tierra hasta llegar a Mansik, junto a la salida del sol; obró en ella y reclutó de ella ejércitos como había hecho con las dos naciones anteriores. Luego regresó volviendo hacia el lado izquierdo de la tierra, queriendo Taʾwīl, la nación que está frente a Hāwīl; ambas se enfrentan y entre ellas está toda la anchura de la tierra. Cuando llegó a ella, obró en ella y reclutó de ella como había hecho antes. Cuando terminó con ella, se desvió hacia las naciones del centro de la tierra: de los genios, del resto de la gente, y de Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ. Cuando estaba en parte del camino, hacia el confín de los turcos, hacia el oriente, una nación piadosa de los humanos le dijo: «¡Oh, Dhū l-Qarnayn! Entre estas dos montañas hay criaturas de las criaturas de Dios; muchos de ellos se asemejan a los humanos, pero son semejantes a las bestias: comen hierba, depredan sobre las bestias de carga y las fieras como depredan las alimañas; comen toda la alimaña de la tierra: serpientes y escorpiones, y todo ser dotado de espíritu de lo que Dios creó en la tierra. No hay criatura de Dios que crezca como crecen ellos en un solo año, ni que aumente como aumentan ellos, ni que se multiplique como se multiplican ellos. Si se les concede un plazo conforme a lo que vemos de su crecimiento y aumento, no hay duda de que llenarán la tierra, expulsarán de ella a sus habitantes y prevalecerán sobre ella, corrompiéndola. No pasa un año desde que somos sus vecinos sin que los temamos y aguardemos que aparezcan sobre nosotros sus primeros desde entre estas dos montañas. ¿Hemos de asignarte un tributo a condición de que pongas entre nosotros y entre ellos una barrera?». Él dijo: «Lo que mi Señor me ha dado es mejor. Ayudadme, pues, con fuerza: pondré entre vosotros y ellos un dique. Preparadme rocas, hierro y cobre, hasta que explore sus tierras, conozca su condición y mida lo que hay entre sus dos montañas».

Luego partió hacia ellos hasta llegarles y adentrarse en sus tierras. Los halló de una misma talla: varón y hembra; la estatura de cada uno de ellos era como la mitad de un hombre de los nuestros, de talla mediana. Tenían garras en lugar de las uñas de nuestras manos; muelas y colmillos como las muelas y colmillos de las fieras; mandíbulas como las mandíbulas de los camellos, con una fuerza cuya masticación se oía cuando comían como el movimiento del rumiar de los camellos, o como el roer del semental viejo, o del caballo fuerte. Eran hirsutos: sobre sus cuerpos tenían pelo que los cubría, y con el que se protegían del calor y del frío cuando les alcanzaba. Cada uno de ellos tenía dos orejas enormes: una, lanosa por su dorso y su vientre; la otra, vellosa por su dorso y su vientre. Les bastaban: cuando se las ponía, se cubría con una y se tendía sobre la otra; pasaba el verano en una y el invierno en la otra. No hay entre ellos varón ni hembra sino que conoce su término en que morirá y el fin de su vida: pues no muere ninguno de sus varones hasta que de sus lomos han salido mil hijos; y no muere la hembra hasta que de su vientre han salido mil hijos. Cuando eso ocurre, tiene certeza de la muerte. Se les provee del dragón Yam en primavera; lo hacen llover cuando lo esperan, como nosotros pedimos la lluvia en su tiempo. Cada año se les arroja uno, y lo comen durante todo su año hasta el mismo tiempo del año siguiente; les basta, pese a su multitud y crecimiento. Si llueve para ellos, hay abundancia, viven y engordan, y se ve su efecto en ellos: las hembras les dan leche en abundancia y los machos se excitan. Si les falla, enflaquecen y padecen sequía; los machos se vuelven estériles y las hembras dejan de concebir, y se ve el efecto de ello en ellos. Se llaman unos a otros como se llaman las palomas; aúllan como aúllan los perros; copulan donde se encuentran como copulan las bestias.

Cuando Dhū l-Qarnayn vio eso de ellos, regresó a lo que hay entre las dos laderas. Midió lo que había entre ambas —en el confín de la tierra de los turcos, hacia el oriente, hacia la salida del sol— y halló que la distancia entre ellas era de cien farsajs. Cuando comenzó su obra, excavó un cimiento hasta llegar al agua; luego hizo su anchura de cincuenta farsajs; puso como relleno rocas, y como argamasa cobre: se fundía y se vertía sobre ello, y quedó como si fuese una vena de montaña bajo la tierra. Luego lo elevó y lo coronó con bloques de hierro y cobre fundido, y puso entre ello una vena de cobre amarillo; quedó como si fuese un manto listado por el amarillo del cobre, su rojo y el negro del hierro. Cuando terminó y lo consolidó, partió dirigiéndose hacia la congregación de humanos y genios. Mientras caminaba, llegó a una nación piadosa que guía por la verdad y con ella es justa. Halló una nación equitativa y moderada: reparten por igual, juzgan con justicia, se socorren y se compadecen; su estado es uno, su palabra es una, sus caracteres se asemejan, su camino es recto, sus corazones están unidos y su conducta es buena. Sus tumbas están a las puertas de sus casas; sus casas no tienen puertas; no tienen emires; no hay entre ellos jueces; no hay ricos, ni reyes, ni nobles; no se diferencian ni se prefieren; no discrepan ni se disputan; no se insultan ni se combaten; no padecen sequía, ni se enfurecen, ni les alcanzan las calamidades que alcanzan a la gente. Son los de vida más larga; no hay entre ellos indigente ni pobre, ni áspero ni rudo. Cuando Dhū l-Qarnayn vio eso de su condición, se maravilló y dijo: «Informadme, oh gente, de vuestra situación: he abarcado toda la tierra, su tierra firme y su mar, su oriente y su occidente, su luz y su oscuridad, y no he hallado a nadie como vosotros. Informadme de vuestra situación». Dijeron: «Sí; pregúntanos lo que quieras». Dijo: «Informadme: ¿por qué las tumbas de vuestros muertos están a las puertas de vuestras casas?». Dijeron: «Lo hicimos deliberadamente para no olvidar la muerte y para que su recuerdo no salga de nuestros corazones». Dijo: «¿Y por qué vuestras casas no tienen puertas?». Dijeron: «No hay entre nosotros sospechoso; y no hay de los nuestros sino fiel y digno de confianza». Dijo: «¿Y por qué no tenéis emires?». Dijeron: «No nos oprimimos». Dijo: «¿Y por qué no hay entre vosotros jueces?». Dijeron: «No litigamos». Dijo: «¿Y por qué no hay entre vosotros ricos?». Dijeron: «No competimos en acumular». Dijo: «¿Y por qué no hay entre vosotros reyes?». Dijeron: «No nos ensoberbecemos». Dijo: «¿Y por qué no disputáis ni discrepáis?». Dijeron: «Por la concordia de nuestros corazones y la rectitud de lo que hay entre nosotros». Dijo: «¿Y por qué no os insultáis ni os combatís?». Dijeron: «Porque hemos dominado nuestras naturalezas con determinación y hemos gobernado nuestras almas con paciencia». Dijo: «¿Y por qué vuestra palabra es una y vuestro camino es recto, uniforme?». Dijeron: «Porque no nos mentimos, ni nos engañamos, ni unos hablan mal de otros a sus espaldas». Dijo: «Informadme: ¿de dónde proviene la semejanza de vuestros corazones y la rectitud de vuestra conducta?». Dijeron: «Se sanaron nuestros pechos, y con ello fue arrancado el rencor y la envidia de nuestros corazones». Dijo: «¿Y por qué no hay entre vosotros indigente ni pobre?». Dijeron: «Porque repartimos por igual». Dijo: «¿Y por qué no hay entre vosotros áspero ni rudo?». Dijeron: «Por la humildad y la modestia». Dijo: «¿Y qué os ha hecho los de vida más larga?». Dijeron: «Porque practicamos la verdad y juzgamos con justicia». Dijo: «¿Y por qué no padecéis sequía?». Dijeron: «Porque no descuidamos el pedir perdón». Dijo: «¿Y por qué no os enfurecéis?». Dijeron: «Porque hemos habituado nuestras almas a la desgracia desde que existimos, la hemos amado y la hemos buscado, y así quedamos libres de ella». Dijo: «¿Y por qué no os alcanzan las calamidades como alcanzan a la gente?». Dijeron: «Porque no confiamos en otro que no sea Dios, ni obramos según los anwaʾ y las estrellas». Dijo: «Decidme: ¿así hallasteis que hacían vuestros padres?». Dijeron: «Sí: hallamos que nuestros padres se compadecían de sus indigentes, socorrían a sus pobres, perdonaban a quien los oprimía, hacían el bien a quien les hacía el mal, eran pacientes con quien era ignorante con ellos, pedían perdón por quien los injuriaba, mantenían los lazos de parentesco, cumplían sus depósitos, guardaban su tiempo para sus oraciones, cumplían sus pactos, eran veraces en sus promesas, no desdeñaban a sus iguales ni se avergonzaban de sus parientes. Dios les rectificó con ello su asunto y los preservó mientras vivieron; y era un deber para Dios preservarlos en su descendencia».

Nos narró Bišr, dijo: nos narró Yazīd, dijo: nos narró Saʿīd, de Qatāda, de Abū Rāfiʿ, de Abū Hurayra, del Profeta de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—: «En verdad, Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ excavan la barrera cada día, hasta que, cuando casi ven el rayo del sol, dice el que está sobre ellos: “Regresad; la excavaréis mañana”, y Dios la devuelve estando como estaba el día que la dejaron. Hasta que, cuando llega el tiempo, dice: “Si Dios quiere”, y la excavan y salen sobre la gente; secan las aguas, y la gente se fortifica en sus fortalezas; disparan sus flechas al cielo, y regresan con apariencia de sangre; y dicen: “Hemos vencido a los habitantes de la tierra y hemos dominado a los habitantes del cielo”. Entonces Dios envía contra ellos un gusano en sus nucas, y los mata». Y dijo el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—: «Por Aquel en cuya mano está el alma de Muḥammad: ciertamente las bestias de la tierra engordarán y prosperarán con sus carnes».

Nos narró Ibn Ḥumayd, dijo: nos narró Salama, de Muḥammad b. Isḥāq, de ʿĀṣim b. ʿUmar b. Qatāda al-Anṣārī, luego aẓ-Ẓafarī, de Maḥmūd b. Labīd, hermano de Banū ʿAbd al-Ašhal, de Abū Saʿīd al-Ḫudrī, dijo: escuché al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— decir: «Se abrirá [el paso a] Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ y saldrán sobre la gente, como dijo Dios —poderoso y majestuoso—: “y ellos, desde toda elevación, se precipitan”; cubrirán la tierra, y los musulmanes se apartarán de ellos hacia sus ciudades y sus fortalezas, y reunirán junto a sí sus ganados. Beberán las aguas de la tierra, hasta que alguno de ellos pasará por el río y beberán lo que hay en él, hasta dejarlo seco; hasta que los que vengan después pasarán por ese río y dirán: “Aquí hubo agua una vez”. Hasta que no quedará de la gente nadie sino que se habrá refugiado en una fortaleza o en una ciudad. Dirá uno de ellos: “Estos son los habitantes de la tierra: ya hemos acabado con ellos; quedan los habitantes del cielo”. Luego uno de ellos sacudirá su lanza y la arrojará al cielo, y le regresará teñida de sangre, como prueba y tentación. Mientras están en eso, Dios enviará contra ellos gusanos en sus cuellos como el nġaf; saldrán en sus cuellos y amanecerán muertos, sin que se oiga de ellos sonido. Entonces dirán los musulmanes: “¿No hay un hombre que venda por nosotros su vida y mire qué ha hecho el enemigo?”. Entonces un hombre de ellos se despojará [para ello], haciéndolo por su cuenta buscando la recompensa, habiendo dispuesto su alma a que será muerto; bajará y los hallará muertos, unos sobre otros. Y gritará: “¡Oh asamblea de musulmanes! Alegraos: Dios os ha bastado contra vuestro enemigo”. Entonces saldrán de sus ciudades y fortalezas y soltarán sus ganados; no tendrán pasto sino sus carnes, y prosperarán con ellas del mejor modo que jamás prosperaron con cosa alguna de la vegetación que hubieran alcanzado».

Me narró Baḥr b. Naṣr, dijo: nos informó Ibn Wahb, dijo: me narró Muʿāwiya, de Abū z-Zāhiriyya y Šurayḥ b. ʿUbayd: que Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ son de tres clases: una clase cuya altura es como la altura de los cedros; una clase cuya altura y anchura son iguales; y una clase en la que uno de ellos se tiende sobre una oreja y se cubre con la otra, y así queda cubierto el resto de su cuerpo.

Me narró Muḥammad b. Saʿd, dijo: me narró mi padre, dijo: me narró mi tío, dijo: me narró mi padre, de su padre, de Ibn ʿAbbās: «Dijeron: “¡Oh, Dhū l-Qarnayn! En verdad, Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ son corruptores en la tierra”». Dijo: Abū Saʿīd al-Ḫudrī solía decir: en verdad el Profeta de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «No muere un hombre de ellos hasta que nacen de sus lomos mil hombres». Dijo: y ʿAbd Allāh b. Masʿūd se maravillaba de su multitud y decía: no muere ninguno de Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ sin que le nazcan mil hombres de sus lomos.

La noticia que hemos mencionado de Wahb b. Munabbih en la historia de Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ indica que quienes dijeron a Dhū l-Qarnayn: «En verdad, Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ son corruptores en la tierra», sólo le informaron por temor a lo que ellos provocarían de corrupción en la tierra, no porque se quejaran de una corrupción que ya hubieran cometido contra ellos o contra otros. Y las noticias del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— indican que habrá de ellos corrupción en la tierra, y no hay en ellas indicio de que ya hubiera habido de ellos, antes de que Dhū l-Qarnayn levantara la barrera que levantó entre ellos y quienes, más acá de ellos, están de la gente, corrupción contra la gente.

Siendo ello así, conforme a lo que hemos aclarado, lo correcto en la interpretación de Su dicho: «En verdad, Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ son corruptores en la tierra» es: que Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ corromperán en la tierra.

Y Su dicho: فَهَلْ نَجْعَلُ لَكَ خَرْجًا. Los recitadores discreparon respecto de la lectura de ello. La mayoría de los recitadores de Medina y de Basora, y algunos de los de Kufa, lo leyeron: «fa-hal naŷʿalu laka ḫarjan», como si lo orientaran hacia el sentido de un maṣdar, de ḫarŷ ar-raʾs, es decir, su imposición. Y la mayoría de los recitadores de Kufa lo leyeron: «fa-hal naŷʿalu laka ḫarāŷan», con alif, como si lo orientaran hacia el sentido de un nombre, y con ello quisieran decir una remuneración por que construyas para nosotros una barrera entre nosotros y ese pueblo.

La más digna de las dos lecturas, para nosotros, de ser tenida por correcta es la lectura de quien lo leyó: «fa-hal naŷʿalu laka ḫarāŷan», con alif, porque la gente —según se ha mencionado de ellos— sólo ofreció a Dhū l-Qarnayn darle de sus bienes aquello con lo que se ayudara a construir la barrera. Y eso lo aclaró con Su dicho: «Ayudadme, pues, con fuerza: pondré entre vosotros y ellos un dique». Y no le ofrecieron el tributo de sus cabezas. Y al-ḫarāŷ, entre los árabes, es la renta. En el mismo sentido que hemos dicho hablaron los intérpretes. Mención de quienes dijeron eso:

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: me narró Ḥaŷŷāŷ, de Ibn Ŷurayŷ, de ʿAṭāʾ al-Ḫurāsānī, de Ibn ʿAbbās: «fa-hal naŷʿalu laka ḫarāŷan» dijo: una remuneración, a condición de que pongas entre nosotros y entre ellos una barrera.

Nos narró al-Ḥasan b. Yaḥyā, dijo: nos informó ʿAbd ar-Razzāq, dijo: nos informó Maʿmar, de Qatāda, acerca de Su dicho: «fa-hal naŷʿalu laka ḫarāŷan» dijo: una remuneración.

Nos narró al-Qāsim, dijo: nos narró al-Ḥusayn, dijo: nos narró Abū Sufyān, de Maʿmar, de Qatāda, acerca de Su dicho: «fa-hal naŷʿalu laka ḫarāŷan» dijo: una remuneración.

Y Su dicho: عَلَىٰ أَنْ تَجْعَلَ بَيْنَنَا وَبَيْنَهُمْ سَدًّا, dice: Le dijeron: “¿Hemos de asignarte un tributo para que pongas entre nosotros y Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ un obstáculo que haga de barrera entre nosotros y ellos y les impida salir hacia nosotros?”, y ese es el سدّ.

Notas y Referencias

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