Al-Hijr
الحجر Al-HijrVersículo (Español)
[15:47] Purificaremos sus corazones de todo rencor. Serán todos como hermanos y se sentarán unos enfrente de otros.
Tafsir de At-Tabari
{Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados} (47)
La exposición acerca de la interpretación de Su dicho —Exaltado sea—:
{Ciertamente, los temerosos de Dios estarán en jardines y manantiales * Entrad en ellos con paz, seguros * Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.
Dice —Exaltado sea Su recuerdo—:
En verdad, quienes temieron a Dios obedeciéndole y Le temieron,
evitaron, por ello, Sus desobediencias, y estarán en jardines y manantiales. Se les dirá:
{Entrad en ellos con paz, seguros} del castigo de Dios, o de que se os arrebate el favor de Dios sobre vosotros y la dignidad con la que os honró.
Su dicho:
{Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor}: esto es, sacamos de los pechos de esos temerosos de Dios —cuya cualidad ha descrito— el odio y la inquina que unos pudieran albergar contra otros.
Los exégetas discreparon acerca del estado en que Dios arranca eso de sus pechos.
Unos dijeron:
Eso acontece después de su entrada en el Paraíso.
Mención de quienes dijeron esto:
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró Abū Ġassān,
dijo:
nos narró Isrā’īl, de Bišr al-Baṣrī, de al-Qāsim b. ʿAbd al-Raḥmān, de Abū Umāma,
dijo:
La gente del Paraíso entra en el Paraíso conservando en sus pechos lo que en el mundo había de animadversión e inquinas, hasta que, cuando se reúnen y se ponen frente a frente, Dios les arranca lo que en sus pechos había en el mundo de rencor.
Luego recitó:
{Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor}.
Nos narró al-Qāsim,
dijo:
nos narró al-Ḥusayn,
dijo:
nos narró Abū Faḍāla, de Luqmān, de Abū Umāma,
dijo:
Ningún creyente entra en el Paraíso hasta que Dios arranca lo que en sus pechos hay de rencor; luego le arranca de él la fiera depredadora.
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró al-Ḥaǧǧāǧ b. al-Minhāl,
dijo:
nos narró Sufyān b. ʿUyayna, de Isrā’īl,
de Abū Mūsà: oí a al-Ḥasan al-Baṣrī decir:
Dijo ʿAlī: Por Dios, acerca de nosotros —la gente de Badr— descendió la aleya: {Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.
Me narró al-Muthannà,
dijo:
nos narró Isḥāq,
dijo:
ʿAbd Allāh b. al-Zubayr,
de Ibn ʿUyayna:
{Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor}, dijo: de enemistad.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Muḥammad b. Yazīd al-Wāsiṭī, de Ǧuwaybir,
de al-Ḍaḥḥāk:
{Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor}, dijo: la enemistad.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró Ibn Fuḍayl, de ʿAṭā’ b. al-Sā’ib, de un hombre,
de ʿAlī:
{Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor}, dijo: la enemistad.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de Manṣūr, de Ibrāhīm,
dijo:
Vino Ibn Ǧarmūz, el matador de al-Zubayr, a pedir permiso para entrar ante ʿAlī; lo mantuvo apartado largo rato,
luego le dio permiso y le dijo:
¿Acaso a la gente de la prueba la tratas con aspereza?
Dijo ʿAlī: ¡Tierra en tu boca! Yo espero, ciertamente, ser yo, Ṭalḥa y al-Zubayr de aquellos de quienes Dios dijo: {Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Sufyān, de Ǧaʿfar, de ʿAlī, algo semejante.
Nos narró Ibn Wakīʿ,
dijo:
nos narró mi padre, de Abān b. ʿAbd Allāh al-Baǧalī, de Nuʿaym b. Abī Hind, de Rabʿī b. Ḥirāš, en términos semejantes,
y añadió en ello:
Dijo: Entonces se levantó hacia ʿAlī un hombre de Hamdān,
y dijo:
Dios es más justo que eso, ¡oh Príncipe de los Creyentes!
Dijo: ʿAlī lanzó un grito tal que pensé que el palacio se derrumbaría por él,
luego dijo:
Si no somos nosotros, ¿quiénes son?
Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad,
dijo:
nos narró Abū Muʿāwiya al-Ḍarīr,
dijo:
nos narró Abū Mālik al-Ašǧaʿī, de Abū Ḥabība, liberto de Ṭalḥa,
dijo:
Entró ʿImrān b. Ṭalḥa ante ʿAlī después de que éste hubo terminado con los compañeros del Camello.
Le dio la bienvenida y dijo: Espero que Dios me haga a mí y a tu padre de aquellos de quienes Dios dijo:
{Como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.
Y había dos hombres sentados en un extremo de la alfombra,
y dijeron:
Dios es más justo que eso: ¿los matas ayer y vais a ser hermanos?
Dijo ʿAlī:
¡Levantaos, hacia la tierra más lejana y más baja! ¿Quiénes son entonces, si no soy yo y Ṭalḥa?
Y Abū Muʿāwiya nos refirió el ḥadiz en su extensión.
Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad,
dijo:
nos narró ʿAffān,
dijo:
nos narró ʿAbd al-Wāḥid,
dijo:
nos narró Abū Mālik,
dijo:
nos narró Abū Ḥabība,
dijo:
Dijo ʿAlī al hijo de Ṭalḥa: Espero que Dios me haga a mí y a tu padre de aquellos a quienes Dios arrancó lo que en sus pechos había de rencor, y que nos haga hermanos sobre lechos, enfrentados.
Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad,
dijo:
nos narró Ḥammād b. Ḫālid al-Ḫayyāṭ, de Abū al-Ǧuwayriya,
dijo:
nos narró Muʿāwiya b. Isḥāq, de ʿImrān b. Ṭalḥa,
dijo:
Cuando ʿAlī me vio, dijo: Bienvenido, hijo de mi hermano; y mencionó algo semejante.
Nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Yazīd b. Hārūn,
dijo:
nos informó Hišām, de Muḥammad,
dijo:
Al-Aštar pidió permiso para entrar ante ʿAlī, y junto a él había un hijo de Ṭalḥa; lo retuvo, luego le dio permiso.
Cuando entró, dijo:
Veo que sólo me has retenido por esto.
Dijo: Sí.
Dijo:
Veo que si tuvieras junto a ti un hijo de ʿUṯmān, me habrías retenido.
Dijo: Sí.
Espero que yo y ʿUṯmān seamos de aquellos de quienes Dios dijo:
{Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.
Nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Isḥāq al-Azraq,
dijo:
nos informó ʿAwf, de Sīrīn, en términos semejantes.
Nos narró al-Ḥasan,
dijo:
nos narró Yaʿqūb b. Isḥāq al-Ḥaḍramī,
dijo:
nos narró al-Sakan b. al-Muġīra,
dijo:
nos narró Muʿāwiya b. Rāšid,
dijo:
Dijo ʿAlī: Espero que yo y ʿUṯmān seamos de aquellos de quienes Dios dijo: {Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.
Nos narró Bišr,
dijo:
nos narró Yazīd,
dijo:
nos narró Saʿīd, de Qatāda,
dijo:
nos narró Ibn al-Mutawakkil al-Nāǧī,
que Abū Saʿīd al-Ḫudrī les narró que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«Los creyentes se librarán del Fuego y serán retenidos en un puente entre el Paraíso y el Fuego; entonces se hará justicia de unos respecto de otros por las injusticias que hubo entre ellos en el mundo, hasta que, cuando hayan sido depurados y purificados, se les dará permiso para entrar en el Paraíso».
Dijo:
«Por Aquel en cuya mano está el alma de Muḥammad: ciertamente, uno de ellos estará mejor guiado hacia su morada en el Paraíso que hacia su morada que tenía en el mundo».
Y algunos dijeron: No se les asemeja sino la gente de un viernes cuando se retira de su oración del viernes.
Nos narró al-Ḥasan b. Muḥammad,
dijo:
nos narró ʿAffān b. Muslim,
dijo:
nos narró Yazīd b. Zurayʿ,
dijo:
nos narró Saʿīd b. Abī ʿArūba acerca de esta aleya: {Y arrancamos lo que hubiera en sus pechos de rencor: como hermanos, sobre lechos, enfrentados}.
Dijo: nos narró Qatāda que Abū al-Mutawakkil al-Nāǧī les narró que Abū Saʿīd al-Ḫudrī les narró,
dijo:
Dijo el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—, y lo mencionó en términos semejantes, hasta sus palabras:
«y se les dio permiso para entrar en el Paraíso».
Luego hizo que el resto de las palabras fueran de Qatāda.
Dijo:
Y dijo Qatāda: Por Aquel en cuya mano está mi alma, ciertamente uno de ellos estará mejor guiado hacia su morada.
Luego mencionó el resto del ḥadiz de modo semejante al ḥadiz de Bišr, salvo que las palabras hasta el final son de Qatāda,
excepto que dijo en su ḥadiz:
Dijo Qatāda: Y algunos dijeron: No se les asemeja sino la gente del viernes cuando se retira del viernes.
Me narró Naṣr b. ʿAbd al-Raḥmān al-Awdī,
dijo:
nos narró ʿUmar b. Zurʿa, de Muḥammad b. Ismāʿīl al-Zubaydī, de Kaṯīr al-Nawwā’,
dijo: le oí decir:
Entré donde Abū Ǧaʿfar Muḥammad b. ʿAlī,
y dije:
Mi aliado es vuestro aliado, mi paz es vuestra paz, mi enemigo es vuestro enemigo, y mi guerra es vuestra guerra. Te pregunto por Dios: ¿me desentiendo de Abū Bakr y ʿUmar?
Dijo:
Entonces habría errado, y no sería de los bien guiados. Tómalos por amigos, ¡oh Kaṯīr!
Y lo que te alcance, está sobre mi cuello.
Luego recitó esta aleya:
{Como hermanos, sobre lechos, enfrentados}, es decir: hermanos, de modo que el rostro de unos se enfrenta al rostro de otros; ninguno da la espalda al otro para mirar su nuca.
Y así lo interpretaron los exégetas.
Mención de quienes dijeron esto:
Nos narró Muḥammad b. Baššār,
dijo:
nos narró Mu’ammal,
dijo:
nos narró Sufyān,
dijo:
nos narró Ḥuṣayn, de Muǧāhid,
acerca de Su dicho:
{sobre lechos, enfrentados}, dijo: ninguno de ellos mira la nuca de su compañero.
Nos narró Ibn Baššār,
dijo:
nos narraron Yaḥyà, ʿAbd al-Raḥmān y Mu’ammal,
dijeron:
nos narró Sufyān, de Ibn Abī Naǧīḥ, de Muǧāhid, lo mismo.
Y «surur» (lechos) es el plural de «sarīr» (lecho), como «ǧudad» es plural de «ǧadīd». Y se dice también «sururran», manifestando la geminación en ello, mientras que las dos erres están vocalizadas, por la ligereza de los nombres. No se hace eso en los verbos, por el peso de los verbos; más bien, asimilan (idġām) en el verbo para que una de las dos letras quede en reposo y se aligere; pero cuando entra en el verbo algo que pone en reposo la segunda, entonces manifiestan la geminación.
Notas y Referencias
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