El Arrepentimiento
التوبة At-TawbahVersículo (Español)
[9:34] ¡Oh, creyentes! Muchos de los rabinos y monjes se apropian del dinero ajeno sin derecho, y desvían [a la gente] del sendero de Dios. A aquellos que atesoren el oro y la plata y no contribuyan por la causa de Dios, anúnciales un castigo doloroso.
Tafsir de Al-Qurtubi
{۞يَـٰٓأَيُّهَا ٱلَّذِينَ ءَامَنُوٓاْ إِنَّ كَثِيرٗا مِّنَ ٱلۡأَحۡبَارِ وَٱلرُّهۡبَانِ لَيَأۡكُلُونَ أَمۡوَٰلَ ٱلنَّاسِ بِٱلۡبَٰطِلِ وَيَصُدُّونَ عَن سَبِيلِ ٱللَّهِۗ وَٱلَّذِينَ يَكۡنِزُونَ ٱلذَّهَبَ وَٱلۡفِضَّةَ وَلَا يُنفِقُونَهَا فِي سَبِيلِ ٱللَّهِ فَبَشِّرۡهُم بِعَذَابٍ أَلِيمٖ} (34)
En ella hay once cuestiones:
La primera—
Su dicho, Altísimo:
«Ciertamente comen los bienes de la gente injustamente».
La lām ha entrado sobre *yaf‘al*; y no entra sobre un verbo, por la semejanza de *yaf‘al* con los nombres. Los *aḥbār* son los sabios de los judíos. Y los *ruhbān* son los esforzados de los cristianos en la adoración.
«Injustamente».
Se ha dicho: que tomaban de los bienes de sus seguidores tributos y cargas, en nombre de las iglesias, los monasterios y otras cosas, con lo cual les hacían creer que el gasto en ello era parte de la Ley y un medio de acercamiento a Dios, Altísimo; y, entretanto, acaparaban esos bienes, como lo que mencionó Salmán el Persa acerca del monje que sacó su tesoro; lo mencionó Ibn Isḥāq en las biografías.
Y se ha dicho: tomaban de sus cosechas y bienes tributos en nombre de la protección de la religión y del mantenimiento de la Ley.
Y se ha dicho: aceptaban sobornos en los juicios, como hacen hoy muchos gobernadores y jueces.
Y su dicho: «injustamente» abarca todo eso.
«Y apartan del camino de Dios»: es decir, impiden a la gente de su religión entrar en la religión del Islam y seguir a Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz—.
La segunda—
Su dicho, Altísimo:
«Y quienes atesoran el oro y la plata».
El *kanz* (tesoro) en su origen lingüístico es juntar y reunir, y no se restringe a oro y plata. ¿Acaso no ves su dicho —la paz sea con él—:
«¿No he de informaros de lo mejor que atesora el hombre? La mujer virtuosa».
Es decir, la incorpora a sí y la reúne.
Dijo:
Y no te aprovisionaste de todo el tesoro*** sino de hilos y de un gastado
[7948] vestido.
Y dijo otro:
No haya leche para mi ubre si doy de comer a su hambriento*** salvado de *ḥatī* mientras tengo el trigo atesorado.
El *qirf al-ḥatī* es el *sawīq* de *muql*[7949]
Dice: que descendió entre una gente y su agasajo fue para ellos *sawīq* de *muql*, que es el *ḥatī*; y cuando descendieron en su casa, dijo él: «No haya leche para mi ubre…» el verso.
Y se mencionaron específicamente el oro y la plata porque son de aquello a lo que no se tiene acceso (no se advierte), a diferencia del resto de los bienes.
Dijo al-Ṭabarī: el tesoro es toda cosa reunida, una parte junto a otra, esté en el vientre de la tierra o sobre su superficie. Y se llamó al oro *dhahab* porque «se va» (*yadhhab*), y a la plata porque «se sacude» (*tunfaḍḍ*) y se dispersa; y de ello es Su dicho, Altísimo: «se dispersaron hacia ella»[7950][al-Ŷumu‘a: 11]— y «se habrían dispersado de tu alrededor»[7951][Āl ‘Imrān: 159]. Este sentido ya pasó en «Āl ‘Imrān».
La tercera— Los Compañeros discreparon acerca de lo que se pretende con esta aleya[7952]
Mu‘āwiya sostuvo que lo pretendido por ella es la Gente del Libro; y a ello fue al-Aṣamm, porque Su dicho: «Y quienes atesoran» viene mencionado después de Su dicho: «Ciertamente muchos de los doctores y monjes comen los bienes de la gente injustamente».
Y Abū Ḏarr y otros dijeron: lo pretendido por ella es la Gente del Libro y otros, de entre los musulmanes. Y esto es lo correcto, porque si hubiera querido a la Gente del Libro en particular habría dicho: «y atesoran», sin «y quienes». Pero cuando dijo: «Y quienes», ha iniciado un sentido distinto, mostrando que ha coordinado una oración con otra. Así, «y quienes atesoran» es un discurso independiente, y está en nominativo por ser un inicio.
Dijo al-Suddī: se refiere a la gente de la qibla. Estas son tres opiniones. Y, según la opinión de los Compañeros, en ello hay prueba de que, para ellos, los incrédulos están interpelados por las ramas de la Ley.
Al-Buḫārī transmitió de Zayd b. Wahb, que dijo: pasé por al-Rabaḏa[7953] y he aquí que estaba Abū Ḏarr. Le dije: «¿Qué te ha hecho descender a tu morada esta?». Dijo: «Estaba en al-Šām y discrepamos, yo y Mu‘āwiya, acerca de: “quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios”». Mu‘āwiya dijo: «Fue revelada acerca de la Gente del Libro». Y yo dije: «Fue revelada acerca de nosotros y de ellos». Y hubo entre él y yo, por ello, [disputa]. Entonces escribió a ‘Uṯmān quejándose de mí, y ‘Uṯmān me escribió que fuese a Medina. Fui, y la gente se agolpó en torno a mí, como si no me hubieran visto antes. Mencioné eso a ‘Uṯmān y dijo: «Si quieres, te apartas y estarás cerca». Y eso fue lo que me hizo descender a esta morada. Y si hubieran puesto sobre mí a un abisinio, habría escuchado y obedecido.
La cuarta— Dijo Ibn Ḫuwayz Mandād: esta aleya incluye el zakāt del numerario, y es obligatorio con cuatro condiciones: libertad, Islam, transcurso de un año, y un nisāb íntegro de deuda. El nisāb es doscientos dírhams o veinte dinares; o se completa el nisāb de uno con el otro, y se saca el cuarto del diezmo de este y el cuarto del diezmo de aquel. Y dijimos que la libertad es condición porque el esclavo tiene propiedad imperfecta. Y dijimos que el Islam es condición porque el zakāt es purificación, y al incrédulo no le alcanza purificación; y porque Dios, Altísimo, dijo: «Estableced la oración y dad el zakāt»[7954][al-Baqara: 43]; así, fue interpelado por el zakāt quien fue interpelado por la oración. Y dijimos que el año es condición porque el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «No hay zakāt en un bien hasta que transcurra sobre él un año». Y dijimos que el nisāb es condición porque el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «No hay zakāt en menos de doscientos dírhams, ni hay zakāt en menos de veinte dinares». Y no se considera la completitud del nisāb al inicio del año, sino que se considera al final del año, por su acuerdo en que la ganancia tiene el mismo estatuto que el capital. Indica esto que quien tiene doscientos dírhams y comercia con ellos, y al final del año se vuelven mil, paga el zakāt de los mil y no inicia para la ganancia un nuevo año. Siendo así, no difiere el estatuto de la ganancia, provenga de un nisāb o de menos. Asimismo, acordaron que si alguien tiene cuarenta ovejas y le paren al inicio del año, y luego mueren las madres salvo una, y los corderos completan el nisāb, se extrae el zakāt por ellas.
La quinta— Los sabios discreparon acerca de si el bien del que se pagó su zakāt se llama tesoro o no.
Unos dijeron: sí. Y lo transmitió Abū l-Ḍaḥḥāk de Ŷa‘da b. Hubayra, de ‘Alī —Dios esté complacido con él—. Dijo ‘Alī: cuatro mil o menos es gasto; y lo que excede es tesoro, aunque se pague su zakāt. Y no es válido.
Y otros dijeron: aquello de lo que se pagó su zakāt, de él mismo o de otro por él, no es tesoro.
Dijo Ibn ‘Umar: lo que pagó su zakāt no es tesoro, aunque esté bajo siete tierras; y todo lo que no pagó su zakāt es tesoro, aunque esté sobre la tierra. Y de Ŷābir se transmite algo semejante; y esto es lo correcto.
Al-Buḫārī transmitió de Abū Hurayra que dijo: el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «A quien Dios le dé bienes y no pague su zakāt, se le representará el Día de la Resurrección como una serpiente calva con dos manchas negras; se le pondrá como collar el Día de la Resurrección; luego lo tomará por sus dos quijadas —es decir, por sus carrillos— y dirá: “Yo soy tu bien, yo soy tu tesoro”». Luego recitó: «Y no piensen quienes son avaros…»[7955][Āl ‘Imrān: 180], la aleya.
Y en él también, de Abū Ḏarr, que dijo: llegué a él —es decir, al Profeta— y dijo: «Por Aquel en cuya mano está mi alma —o: por Aquel fuera del cual no hay divinidad, o como juró—: no hay hombre que tenga camellos, vacas u ovejas y no cumpla su derecho, sino que se le traerán el Día de la Resurrección en su mayor tamaño y más gordos: lo pisotearán con sus pezuñas y lo cornearán con sus cuernos; cada vez que pase el último, se le devolverá el primero, hasta que se juzgue entre la gente».
Así, la indicación implícita de estos dos hadices prueba la corrección de lo que hemos mencionado. E Ibn ‘Umar aclaró este sentido en el Ṣaḥīḥ de al-Buḫārī: un beduino le dijo: «Infórmame acerca de la palabra de Dios, Altísimo: “Y quienes atesoran el oro y la plata”». Dijo Ibn ‘Umar: «Quien los atesore y no pague su zakāt, ¡ay de él! Esto fue antes de que descendiera el zakāt; y cuando descendió, Dios lo hizo purificación para los bienes».
Y se dijo: el tesoro es lo que excede la necesidad. Se transmitió de Abū Ḏarr, y es de lo que se ha نقلado de su doctrina; y es de sus severidades y de aquello en lo que se singularizó —Dios esté complacido con él—.
Digo: y cabe que el resumen de lo transmitido de Abū Ḏarr en esto sea lo que se transmitió: que la aleya descendió en un tiempo de extrema necesidad, de debilidad de los emigrados y de insuficiencia de la mano del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— para bastarles; y no había en la Casa del Tesoro lo que los cubriera; y los años de calamidades se abatían sobre ellos. Entonces se les prohibió retener algo de bienes salvo en la medida de la necesidad, y no era lícito atesorar oro y plata en un tiempo así. Luego, cuando Dios abrió a los musulmanes y les dio amplitud, él —la paz sea con él— hizo obligatorio, en doscientos dírhams, cinco dírhams, y en veinte dinares, medio dinar; y no hizo obligatorio el total, y consideró el plazo de crecimiento. Así, eso fue de su parte —Dios lo bendiga y le conceda paz— una aclaración.
Y se dijo: el tesoro es aquello de lo que no se han pagado los derechos sobrevenidos, como liberar al cautivo, alimentar al hambriento y otras cosas.
Y se dijo: el tesoro, en lengua, es lo reunido de los dos numerarios; y lo demás de los bienes se remite a ellos por analogía.
Y se dijo: lo reunido de ambos cuando no es joya, porque la joya está permitida su fabricación y no hay derecho en ella. Y lo correcto es lo que comenzamos mencionando: que todo eso se llama tesoro, lingüística y legalmente. Y Dios sabe más.
La sexta— Los sabios discreparon acerca del zakāt de las joyas. Mālik y sus compañeros, Isḥāq, Abū Ṯawr y Abū ‘Ubayd sostuvieron que no hay zakāt en ellas. Y es la opinión de al-Šāfi‘ī en Irak; luego se detuvo en ello en Egipto y dijo: «Pido a Dios guía en ello».
Y al-Ṯawrī, Abū Ḥanīfa y sus compañeros, y al-Awzā‘ī dijeron: en todo ello hay zakāt.
Los primeros argumentaron diciendo: la intención de crecimiento hace obligatorio el zakāt en las mercancías, y estas (las joyas) no son lugar para imponer el zakāt; así también, cortar el crecimiento en el oro y la plata al convertirlos en joyas para posesión[7956] hace caer el zakāt.
Abū Ḥanīfa argumentó con la generalidad de las expresiones en la obligatoriedad del zakāt en los dos numerarios, sin distinguir entre joya y otra cosa.
Y al-Layṯ b. Sa‘d distinguió: hizo obligatorio el zakāt en lo que se fabricó como joya para huir del zakāt, y lo eximió en lo que se usa y se presta. Y en la escuela, sobre las joyas, hay un detalle cuya exposición está en los libros de las ramas.
La séptima— Abū Dāwūd transmitió de Ibn ‘Abbās, que dijo: cuando descendió esta aleya: «Y quienes atesoran el oro y la plata», eso pesó mucho a los musulmanes. Entonces ‘Umar dijo: «Yo os aliviaré». Fue y dijo: «¡Oh Profeta de Dios! Ha pesado a tus compañeros esta aleya». Dijo: «Dios no impuso el zakāt sino para purificar lo que queda de vuestros bienes; y sólo impuso las herencias —y mencionó[7957] una palabra— para que sean para quienes vengan después de vosotros». Dijo: entonces ‘Umar proclamó el takbīr.
Luego el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— le dijo: «¿No he de informarte de lo mejor que atesora el hombre? La mujer virtuosa: cuando la mira le alegra; cuando le ordena, le obedece; y cuando él está ausente, ella lo guarda».
Y al-Tirmiḏī y otros transmitieron de Ṯawbān que los Compañeros del Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijeron: «Dios —Glorificado sea— ha censurado el oro y la plata; si supiéramos cuál bien es mejor para adquirirlo…». Entonces ‘Umar dijo: «Yo preguntaré por vosotros al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—». Le preguntó y dijo: «Una lengua que recuerda, un corazón agradecido y una esposa que ayude al hombre en su religión». Dijo: hadiz حسن.
La octava— Su dicho, Altísimo: «y no los gastan en el camino de Dios». Y no dijo: «y no los gastan (a ambos)». En ello hay seis respuestas:
La primera: dijo Ibn al-Anbārī: se atendió a lo predominante y más general, que es la plata. Y semejante es Su dicho: «Y buscad ayuda en la paciencia y la oración; y ciertamente ella es difícil»[7958][al-Baqara: 45]; devolvió el pronombre a la oración por ser más general. Y semejante: «Y cuando ven un comercio o una diversión, se precipitan hacia ella»[7959][al-Ŷumu‘a: 11]; devolvió la hā’ al comercio por ser lo más importante, y dejó la diversión. Esto lo dijo muchos exégetas.
Y algunos lo rechazaron diciendo: no se le asemeja, porque «o» separó el comercio de la diversión, y por eso fue adecuado que el pronombre volviera a uno de los dos.
La segunda: lo contrario: que «los gastan» sea para el oro, y el segundo esté coordinado a él. Y el oro lo feminizan los árabes; dicen: «ella, el oro rojo». Y también lo masculinizan, pero el femenino es más conocido.
La tercera: que el pronombre sea para los tesoros.
La cuarta: para los bienes atesorados.
La quinta: para el zakāt; la elipsis sería: «y no gastan el zakāt de los bienes atesorados».
La sexta: bastarse con el pronombre de uno en lugar del pronombre del otro cuando se entiende el sentido; y esto es frecuente en el habla de los árabes.
Sībawayh recitó:
Nosotros, con lo que tenemos, y tú, con lo que*** tienes, satisfecho; y la opinión es distinta
[7960]
Y no dijo: «satisfechos». Y dijo otro[7961]:
Me arrojó una acusación de la que yo y mi padre*** éramos inocentes; y por causa del pozo me arrojó
Y no dijo: «inocentes (ambos)». Y semejante es el dicho de Ḥassān b. Ṯābit —Dios esté complacido con él—:
En verdad, el brote de la juventud y el cabello ne***gro, si no se contiene, es locura
Y no dijo: «si no se contienen».
La novena— Si se dice: quien no atesora y no gasta en el camino de Dios, sino que gasta en desobediencias, ¿tendrá en la amenaza el mismo estatuto que quien atesora y no gasta en el camino de Dios?
Se le responde: eso es más grave, pues quien derrocha su bien en desobediencias desobedece por dos aspectos: por el gasto y por el consumo, como comprar vino y beberlo. Más aún, por varios aspectos si la desobediencia es de las que trascienden, como quien ayuda a oprimir a un musulmán, matándolo o tomando su bien, y otras cosas. Y el atesorador desobedece por dos aspectos: impedir el zakāt y retener el bien, nada más. Y puede que no se considere la mera retención del bien. Y Dios sabe más.
La décima— Su dicho, Altísimo: «Así pues, anúnciales un castigo doloroso». Ya ha precedido su sentido.
Y el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— explicó este castigo con su dicho: «Anuncia a los atesoradores el cauterio en sus espaldas, que saldrá por sus costados; y el cauterio por la parte de sus nucas, que saldrá por sus frentes». El hadiz. Lo sacó مسلم.
Abū Ḏarr lo narró en una versión: «Anuncia a los atesoradores piedras al rojo[7962] que se calientan en el fuego del Infierno y se ponen sobre el pezón del pecho de uno de ellos hasta que salen por el *naġḍ*[7963] de sus hombros; y se ponen sobre el *naġḍ* de sus hombros hasta que salen por los pezones de sus pechos, y se estremecen». El hadiz.
Dijeron nuestros sabios: que la salida de la piedra al rojo desde el pezón de su pecho hasta el *naġḍ* de su hombro es para castigar su corazón y su interior, cuando se llenó de alegría por la abundancia de bienes y el gozo en la vida mundanal; así fue castigado en la Otra Vida con la preocupación y el tormento.
La undécima— Dijeron nuestros sabios: el ظاهر de la aleya vincula la amenaza a quien atesora y no gasta en el camino de Dios, abarcando lo obligatorio y lo demás; sin embargo, la cualidad de atesorar no debería ser considerada, pues quien no atesora y niega el gasto en el camino de Dios necesariamente es así; salvo que lo que se oculta bajo tierra es lo que, por costumbre, impide gastarlo en las obligaciones; por eso se particularizó la amenaza con ello. Y Dios sabe más.
Notas y Referencias
[7948] الرثيث: lo gastado, un tipo de vestidura.
[7949] المقل: fruto del árbol; madura y se come.
[7950] Véase t. 18, p. 109.
[7951] Véase t. 4, p. 249.
[7952] En ŷ y z: «¿quién?».
[7953] Al-Rabaḏa: lugar cercano a Medina.
[7954] Véase t. 1, p. 342 y ss.
[7955] Véase t. 4, p. 29.
[7956] القنية: lo que el hombre adquiere para sí, no para el comercio.
[7957] Lo que está entre las dos líneas figura en copias del original, pero no figura en las Sunan de Abū Dāwūd. Y lo que hay en el libro al-Durr al-manṯūr de al-Suyūṭī es: «…y sólo impuso las herencias de bienes que permanezcan después de vosotros».
[7958] Véase t. 1, p. 371.
[7959] Véase t. 18, p. 109.
[7960] El verso es de Qays b. al-Ḫaṭīm.
[7961] Es Ibn Aḥmar, y su nombre es ‘Amr. En el verso describe a un hombre con el que tuvo una disputa en un pozo —que es el *ṭawī*—; y menciona que lo acusó de algo que detestaba y acusó a su padre de lo mismo, pese a que ambos eran inocentes de ello, a causa de la disputa que hubo entre ellos. (Según Šarḥ al-Šawāhid).
[7962] الرضف: piedras al rojo (calentadas).
[7963] النغض (con ḍamma y con fatḥa): la parte alta del hombro; y se dijo: es el hueso fino que está en su extremo.