El Botín
الأنفال Al-AnfalVersículo (Español)
[8:41] Sepan que un quinto del botín Le corresponde a Dios, al Mensajero, a sus familiares, a los huérfanos, a los pobres y a los viajeros insolventes [y el resto a los soldados], si es que creen en Dios y en lo que le he revelado a Mi siervo el día que se evidenció la verdad de la falsedad: el día que se enfrentaron los dos ejércitos. Dios tiene poder sobre todas las cosas.
Tafsir de Al-Qurtubi
{۞وَٱعۡلَمُوٓاْ أَنَّمَا غَنِمۡتُم مِّن شَيۡءٖ فَأَنَّ لِلَّهِ خُمُسَهُۥ وَلِلرَّسُولِ وَلِذِي ٱلۡقُرۡبَىٰ وَٱلۡيَتَٰمَىٰ وَٱلۡمَسَٰكِينِ وَٱبۡنِ ٱلسَّبِيلِ إِن كُنتُمۡ ءَامَنتُم بِٱللَّهِ وَمَآ أَنزَلۡنَا عَلَىٰ عَبۡدِنَا يَوۡمَ ٱلۡفُرۡقَانِ يَوۡمَ ٱلۡتَقَى ٱلۡجَمۡعَانِۗ وَٱللَّهُ عَلَىٰ كُلِّ شَيۡءٖ قَدِيرٌ} (41)
En ella hay veintiséis cuestiones:
La primera.— Su dicho —Exaltado sea—:
«Y sabed que cuanto botín hayáis obtenido de cualquier cosa».
El botín (ganīma) en la lengua es aquello que el hombre o el grupo alcanza mediante esfuerzo; y de ello es el dicho del poeta:
«He recorrido los confines hasta que *** me he contentado, del botín, con el regreso».
Y dijo otro:
«Y el que alimenta al botín el día del botín, su alimento *** adondequiera que se dirija; y el privado, privado queda».
Al-magnam y al-ganīma son sinónimos; se dice: «el pueblo obtuvo botín (ganima)».
Y sabe que hay acuerdo en que lo pretendido por Su dicho —Exaltado sea—: «cuanto botín hayáis obtenido de cualquier cosa» es el dinero de los incrédulos cuando los musulmanes se apoderan de él por vía de predominio y coerción. La lengua no exige esta especificación, según lo que ya hemos expuesto [7680]; pero el uso legal (šarʿ) restringió el término a este tipo.
La Ley denominó con dos nombres lo que nos llega de los incrédulos en bienes: botín (ganīma) y fayʾ. Aquello que los musulmanes obtienen de su enemigo mediante esfuerzo y haciendo correr [7681] caballos y monturas se llama botín; y este nombre quedó adherido a este significado hasta convertirse en uso consuetudinario. El fayʾ se toma de «fāʾa yafīʾu» (volver), y es todo bien que entra a los musulmanes sin guerra ni movilización: como el tributo territorial, la capitación, el quinto de los botines, y semejantes. Esto mismo dijeron Sufyān al-Ṯawrī y ʿAṭāʾ b. al-Sāʾib.
Y se dijo: ambos son uno, y en ambos hay quinto; lo dijo Qatāda.
Y se dijo: el fayʾ es expresión de todo lo que pasa a los musulmanes de bienes sin coerción. El sentido es cercano.
La segunda.— Esta aleya abroga el comienzo de la sura, según la mayoría.
Ibn ʿAbd al-Barr pretendió el consenso en que esta aleya descendió después de Su dicho: «Te preguntan por los anfal» [Los Botines: 1], y que los cuatro quintos del botín se reparten entre los que obtuvieron el botín, según vendrá su explicación; y que Su dicho: «Te preguntan por los anfal» descendió cuando la gente de Badr disputó por los botines de Badr, como ya se adelantó al inicio de la sura.
Digo: de lo que indica la corrección de esto está lo que mencionó Ismāʿīl b. Isḥāq: dijo: nos narró Muḥammad b. Kaṯīr; dijo: nos narró Sufyān; dijo: me narró Muḥammad b. al-Sāʾib, de Abū Ṣāliḥ, de Ibn ʿAbbās, que dijo:
«(Cuando fue el día de Badr, el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— dijo: “Quien mate a un muerto tendrá tal, y quien capture a un cautivo tendrá tal”.) Y habían matado a setenta y capturado a setenta. Entonces vino Abū al-Yusr b. ʿAmr con dos cautivos y dijo: “¡Mensajero de Dios! Nos prometiste que quien matase a un muerto tendría tal, y yo he venido con dos cautivos”. Se levantó Saʿd y dijo: “¡Mensajero de Dios! No nos impide un aumento en la recompensa ni cobardía ante el enemigo; pero ocupamos esta posición por temor a que los asociadores se vuelvan; pues si das a estos, no quedará nada para tus compañeros”. Dijo: y estos decían y aquellos decían, y descendió: “Te preguntan por los anfal. Di: los anfal pertenecen a Dios y al Mensajero; temed, pues, a Dios y reconciliad lo que hay entre vosotros” [Los Botines: 1]. Entonces entregaron el botín al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—)». Luego descendió: «Y sabed que cuanto botín hayáis obtenido de cualquier cosa, entonces a Dios le pertenece su quinto», la aleya.
Y se ha dicho: es determinante (muḥkama), no abrogada; y que el botín pertenece al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— y no se reparte entre los que obtuvieron el botín; y así para quienes vengan después de él de entre los imames. Así lo transmitió al-Māzarī de muchos de nuestros compañeros —Dios esté complacido con ellos—, y que al imām le es lícito apartarlo de ellos. Y argumentaron con la conquista de La Meca y el relato de Ḥunayn.
Abū ʿUbayd decía: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— abrió La Meca por la fuerza, y pese a ello la devolvió a sus gentes; no la repartió ni la convirtió para ellos en fayʾ. Y algunos vieron que esto es lícito para los imames después de él.
Digo: según esto, el sentido de Su dicho —Exaltado sea—: «Y sabed que cuanto botín hayáis obtenido de cualquier cosa, entonces a Dios le pertenece su quinto» sería que los cuatro quintos son para el imām: si quiere los retiene y si quiere los reparte entre los que obtuvieron el botín. Esto no es nada, por lo que hemos mencionado; y porque Dios —Glorificado sea— atribuyó el botín a los que lo obtuvieron, diciendo: «Y sabed que cuanto botín hayáis obtenido de cualquier cosa», luego determinó el quinto para quienes nombró en Su Libro, y guardó silencio sobre los cuatro quintos, como guardó silencio sobre los dos tercios en Su dicho: «y si le heredan sus padres, a su madre le corresponde el tercio [7682]» [Las Mujeres: 11]; y así, para el padre quedaron los dos tercios por acuerdo. Del mismo modo, los cuatro quintos son para los que obtuvieron el botín por consenso, según lo mencionaron Ibn al-Munḏir, Ibn ʿAbd al-Barr, al-Dāwūdī, al-Māzarī también, el cadí ʿIyāḍ e Ibn al-ʿArabī. Las noticias en este sentido son abundantes, y vendrán algunas.
Y el sentido de Su dicho: «Te preguntan por los anfal», la aleya, es aquello que el imām concede como nafl a quien quiere, según vea de interés, antes del reparto.
Y ʿAṭāʾ y al-Ḥasan dijeron: está restringida a lo que se desvía de entre los asociadores hacia los musulmanes —sea siervo, sierva o bestia—; el imām decide en ello lo que quiera.
Y se dijo: lo pretendido son los anfal de las expediciones (sarāyā), es decir, botines: si el imām quiere, toma su quinto; y si quiere, lo concede todo como nafl.
Ibrāhīm al-Najaʿī dijo sobre el imām que envía una expedición y esta obtiene botín: si quiere, se lo concede todo como nafl; y si quiere, su quinto. Abū ʿUmar lo transmitió de Makḥūl y ʿAṭāʾ.
ʿAlī b. Ṯābit dijo: pregunté a Makḥūl y a ʿAṭāʾ sobre el imām que concede como nafl a la gente lo que han obtenido; dijeron: «Eso es para ellos».
Abū ʿUmar dijo: quien fue a esto interpretó el dicho de Dios —Poderoso y Majestuoso—: «Te preguntan por los anfal. Di: los anfal pertenecen a Dios y al Mensajero» [Los Botines: 1] como que ello pertenecía al Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, que las colocaba donde quería. Y no vio que esta aleya estuviera abrogada por Su dicho —Exaltado sea—: «Y sabed que cuanto botín hayáis obtenido de cualquier cosa, entonces a Dios le pertenece su quinto».
Y se dijo: otras cosas distintas, que ya hemos tratado en el libro (Al-Qabas fī šarḥ Muwaṭṭaʾ Mālik b. Anas). Y, que yo sepa, ningún sabio dijo que Su dicho —Exaltado sea—: «Te preguntan por los anfal», la aleya, abrogue el dicho: «Y sabed que cuanto botín hayáis obtenido de cualquier cosa, entonces a Dios le pertenece su quinto»; antes bien, la mayoría dijo —como hemos mencionado— que Su dicho: «cuanto botín hayáis obtenido» es el abrogante; y ellos son quienes no cabe que alteren ni sustituyan el Libro de Dios —Exaltado sea—.
En cuanto al relato de la conquista de La Meca, no hay prueba en él por la discrepancia de los sabios sobre su modo de apertura.
Abū ʿUbayd dijo: no sabemos que La Meca se parezca a ninguna ciudad por dos aspectos: uno, que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— fue distinguido por Dios con parte de los anfal y los botines que no concedió a otro, por Su dicho: «Te preguntan por los anfal» [Los Botines: 1], la aleya; así, vemos que esto fue exclusivo de él. El otro, que estableció para La Meca normas que no son para ninguna otra ciudad.
En cuanto al relato de Ḥunayn, compensó a los Anṣār cuando dijeron: «¡Da los botines a Qurayš y nos deja a nosotros, y nuestras espadas aún gotean de su sangre!». Entonces les dijo: «¿Acaso no os complace que la gente regrese con lo mundano y vosotros regreséis con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— a vuestras casas?». Lo transmitió Muslim y otros. Y no es para otro decir tal dicho; además, eso fue exclusivo de él, según dijeron algunos de nuestros sabios. Y Dios sabe más.
La tercera.— Los sabios no discreparon en que Su dicho: «Y sabed que cuanto botín hayáis obtenido de cualquier cosa» no está en su generalidad, y que admite especificación.
De lo que especificaron por consenso está el despojo (salab) del muerto para su matador, si el imām lo proclama. Asimismo, las «cervices», es decir, los cautivos: la elección en ellos corresponde al imām sin discrepancia, como vendrá su explicación. Y de lo que también se especificó está la tierra.
El sentido es: lo que obtengáis de oro, plata, y el resto de enseres y cautivos. En cuanto a la tierra, no entra en la generalidad de esta aleya, por lo que Abū Dāwūd narró de ʿUmar b. al-Jaṭṭāb que dijo: «Si no fuera por los últimos de la gente, no abriría aldea alguna sin repartirla como repartió el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— Jaybar».
Y de lo que refuerza esta doctrina está lo que el Ṣaḥīḥ narró de Abū Hurayra, del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, que dijo: «Iraq retendrá su qafīz y su dirham, y el Šām retendrá su mudd y su dinar», el hadiz.
Al-Ṭaḥāwī dijo: «retendrá» significa «retendrá en el futuro»; y ello indica que no será para los que obtuvieron el botín, porque aquello que los que obtuvieron el botín poseen no contiene qafīz ni dirham; y si la tierra se repartiera, no quedaría nada para quienes vinieran después de los que obtuvieron el botín.
Y Dios —Exaltado sea— dice: «y quienes vinieron después de ellos [7683]» [La Concentración: 10], coordinándolo con Su dicho: «para los pobres emigrados» [La Concentración: 8].
Dijo: solo se reparte lo que se traslada de un lugar a otro.
Al-Šāfiʿī dijo: todo lo que se obtenga como botín de la gente de la Morada de la Guerra, sea poco o mucho, de casa o tierra o enseres u otra cosa, se reparte; excepto los varones adultos, pues el imām respecto de ellos tiene elección: liberar, matar o esclavizar. Y el camino de lo tomado de ellos y de su cautiverio es el camino del botín. Y argumentó con la generalidad de la aleya.
Dijo: la tierra es botín sin duda; por tanto, debe repartirse como el resto de los botines. Y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— repartió lo que abrió por la fuerza de Jaybar.
Dijeron: si fuera lícito alegar especificación en la tierra, sería lícito alegarla en otra cosa distinta de la tierra, y se invalidaría el حكم de la aleya. En cuanto a la aleya de «La Concentración», no hay prueba en ella, porque eso es solo en el fayʾ, no en el botín.
Y Su dicho: «y quienes vinieron después de ellos» [La Concentración: 10] es un inicio de discurso en forma de súplica por quienes les precedieron en la fe, no por otra cosa.
Dijeron: el acto de ʿUmar al detener la tierra no puede sino ser de dos maneras: o bien fue botín y él buscó el consentimiento de sus gentes, y consintieron, y por ello la dejó como waqf. Así narró también Jarīr que ʿUmar buscó el consentimiento de sus gentes. Y así hizo el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— con los cautivos de Hawāzin cuando vinieron: buscó el consentimiento de sus compañeros respecto de lo que tenían en sus manos. O bien lo que ʿUmar dejó como waqf era fayʾ, y no necesitó complacer a nadie.
Los kufíes fueron a que el imām tiene elección respecto de ella: repartirla o dejarla y fijar sobre ella el tributo territorial; y pasa a ser propiedad de ellos como la tierra de pacto.
Dijo nuestro shayj Abū al-ʿAbbās —Dios esté complacido con él—: como si esto reuniera ambas pruebas y mediara entre ambas doctrinas; y es lo que ʿUmar —Dios esté complacido con él— entendió con certeza. Por eso dijo: «si no fuera por los últimos de la gente»; no informó de abrogación del acto del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— ni de su especificación para ellos. Sin embargo, los kufíes añadieron a lo que hizo ʿUmar: pues ʿUmar solo la dejó como waqf para los intereses de los musulmanes y no la hizo propiedad de la gente del pacto; y ellos son quienes dijeron que el imām puede hacerla propiedad de la gente del pacto.
La cuarta.— Mālik, Abū Ḥanīfa y al-Ṯawrī fueron a que el despojo no es para el matador, y que su حكم es el del botín; salvo que el comandante diga: «quien mate a un muerto, su despojo es para él», y entonces es para él.
Al-Layṯ, al-Awzāʿī, al-Šāfiʿī, Isḥāq, Abū Ṯawr, Abū ʿUbayd, al-Ṭabarī e Ibn al-Munḏir dijeron: el despojo es para el matador en todo caso, lo diga el imām o no lo diga.
Salvo que al-Šāfiʿī —Dios esté complacido con él— dijo: el despojo solo es para el matador si mata a un muerto que viene hacia él; en cambio, si lo mata dándole la espalda, no.
Abū al-ʿAbbās b. Surayj, de los compañeros de al-Šāfiʿī, dijo: el hadiz «quien mate a un muerto, su despojo es para él» no está en su generalidad, por el consenso de los sabios en que quien mata a un cautivo, o a una mujer, o a un anciano, no tiene el despojo de ninguno de ellos. Asimismo, quien remata [7684] a un herido; y quien mata a aquel a quien se le han cortado manos y pies.
Dijo: asimismo, el que huye derrotado no se defiende en su huida, y es como el atado [7685]
Dijo: se supo por ello que el hadiz solo hizo el despojo para quien en su muerte hay un significado añadido, o para quien en su muerte hay mérito: y es el matador en el avance frontal, por la carga que ello implica. En cuanto al que ya ha dejado gravemente herido, no [7686]
Al-Ṭabarī dijo: el despojo es para el matador, lo mate de frente o de espaldas, huyendo o en duelo, si está en el campo de batalla.
Esto lo refuta lo que mencionaron ʿAbd al-Razzāq y Muḥammad b. Bakr, de Ibn Jurayj, que dijo: oí a Nāfiʿ, liberto de Ibn ʿUmar, decir: no hemos dejado de oír que cuando se encuentran musulmanes e incrédulos y un hombre de los musulmanes mata a un hombre de los incrédulos, su despojo es para él, salvo que sea en el fragor de la batalla, pues entonces no se sabe quién mató a quién. Lo aparente de esto refuta la palabra de al-Ṭabarī por su condición de que el despojo sea solo por matar en el campo de batalla.
Abū Ṯawr e Ibn al-Munḏir dijeron: el despojo es para el matador, sea en batalla o fuera de batalla, en avance y retirada, huida y persecución, en todas las formas, por la generalidad de Su dicho —Dios le bendiga y le dé paz—: «quien mate a un muerto, su despojo es para él».
Digo: Muslim narró de Salama b. al-Akwaʿ que dijo:
«(Salimos de expedición con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— contra Hawāzin. Mientras estábamos tomando el almuerzo [7687] con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—, vino un hombre sobre un camello rojo; lo hizo arrodillar, luego sacó una cuerda de su cincha [7688] y con ella ató el camello; después avanzó y comió con la gente, y se puso a mirar. Entre nosotros había débiles y poca gente en la retaguardia [7689], y algunos éramos de a pie. Entonces salió corriendo con fuerza [7690], fue hacia su camello, soltó su atadura, lo hizo arrodillar, se sentó sobre él, lo espoleó y el camello se lanzó. Lo siguió un hombre sobre una camella grisácea [7691]»
Dijo Salama: «Salí corriendo con fuerza; estaba junto a la cadera de la camella; luego avancé hasta estar junto a la cadera del camello; luego avancé hasta tomar el ronzal del camello y lo hice arrodillar. Cuando puso la rodilla en tierra, desenvainé mi espada y golpeé la cabeza del hombre, y cayó separada [7692] Luego vine con el camello conduciéndolo: sobre él estaban su silla y sus armas. Me salió al encuentro el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— y la gente con él, y dijo: “¿Quién mató al hombre?”. Dijeron: “Ibn al-Akwaʿ”. Dijo: “Para él es todo su despojo”».
Este Salama lo mató huyendo, no viniendo de frente, y le dio su despojo. En ello hay prueba para Mālik de que el despojo no lo merece el matador sino con permiso del imām; pues si fuera obligatorio por el mero hecho de matar, no habría necesitado repetir esta frase.
Y de sus pruebas también está lo que mencionó Abū Bakr b. Abī Šayba: dijo: nos narró Abū al-Aḥwaṣ, de al-Aswad b. Qays, de Bišr b. ʿAlqama, que dijo: «Me batí en duelo con un hombre el día de al-Qādisiyya; lo maté y tomé su despojo. Fui a Saʿd; Saʿd pronunció un sermón a sus compañeros y luego dijo: “Este es el despojo de Bišr b. ʿAlqama: vale más de doce mil dirhams, y se lo hemos concedido como nafl”». Si el despojo fuera para el matador por decisión del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, no habría sido necesario que atribuyeran eso a sí mismos por su iŷtihād; y el matador lo habría tomado sin su orden. Y Dios sabe más.
Y en el Ṣaḥīḥ consta que Muʿāḏ b. ʿAmr b. al-Ŷamūḥ y Muʿāḏ b. ʿAfrāʾ golpearon a Abū Ŷahl con sus espadas hasta matarlo; fueron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— y dijo: «¿Cuál de vosotros lo mató?». Cada uno dijo: «Yo lo maté». Miró las dos espadas y dijo: «Ambos lo matasteis», y adjudicó su despojo a Muʿāḏ b. ʿAmr b. al-Ŷamūḥ. Esto es un texto explícito en que el despojo no es para el matador; pues si lo fuera, el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— lo habría repartido entre ambos.
Y en el Ṣaḥīḥ también, de ʿAwf b. Mālik, que dijo: «Salí con quienes salieron con Zayd b. Ḥāriṯa en la expedición de Muʾta, y me acompañó un refuerzo [7693] del Yemen». Y mencionó el hadiz; y en él:
Dijo ʿAwf: «¡Jālid! ¿Acaso no sabes que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— juzgó el despojo para el matador?». Dijo: «Sí, pero lo consideré demasiado». Abū Bakr al-Barqānī lo transmitió con su isnād, el mismo con el que Muslim lo transmitió, y añadió una aclaración: que ʿAwf b. Mālik dijo: «El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— no quintaba el despojo; y mi compañero yemení era compañero suyo en la expedición de Muʾta, en un extremo del Šām». Dijo: «Un romano de ellos se lanzó con fuerza contra los musulmanes, montado en un caballo alazán, con silla dorada, cinturón manchado y espada adornada con oro». Dijo: «Los incitaba contra ellos». Dijo: «Mi compañero yemení se las ingenió hasta que pasó junto a él; golpeó el tendón de su caballo y cayó; lo remató con la espada, lo mató y tomó sus armas». Dijo: «Jālid b. al-Walīd se las dio, pero retuvo parte». Dijo ʿAwf: «Le dije: dáselo todo; ¿acaso no has oído al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— decir: “el despojo es para el matador”?». Dijo: «Sí, pero lo consideré demasiado». Dijo ʿAwf: «Hubo palabras entre él y yo, y le dije: se lo diré al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—». Dijo ʿAwf: «Cuando nos reunimos ante el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—, ʿAwf mencionó eso al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—. Entonces dijo a Jālid: “¿Por qué no se lo diste?”. Dijo: “Lo consideré demasiado”. Dijo: “Entrégaselo”». Dije entonces: «¿No he cumplido contigo lo que te prometí?». El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— se enojó y dijo: «¡Jālid! No se lo entregues. ¿Vais a dejarme a mis comandantes [7694]?». Esto indica con claridad que el despojo no lo merece el matador por el mero hecho de matar, sino por la opinión y consideración del imām.
Aḥmad b. Ḥanbal dijo: el despojo no es para el matador sino en el duelo singular (mubārāza) en particular.
La quinta.— Los sabios discreparon sobre quintar el despojo.
Al-Šāfiʿī dijo: no se quinta.
Isḥāq dijo: si el despojo es pequeño, es para el matador; y si es grande, se quinta. Y lo hizo ʿUmar b. al-Jaṭṭāb con al-Barāʾ b. Mālik cuando se batió con el marzbān y lo mató: el valor de su cinturón y sus brazaletes era de treinta mil, y quintó eso. Anas, de al-Barāʾ b. Mālik: que mató de los asociadores a cien hombres menos uno en duelo singular; y que cuando atacaron al-Zāra [7695], salió el dehqān de al-Zāra y dijo: «hombre contra hombre». Salió al-Barāʾ; cruzaron espadas, luego se abrazaron; al-Barāʾ lo derribó y se sentó sobre su hígado; luego tomó la espada y lo degolló; tomó sus armas y su cinturón y lo llevó a ʿUmar. Le concedió como nafl las armas, y tasó el cinturón en treinta mil y lo quintó, y dijo: «es riqueza».
Al-Awzāʿī y Makḥūl dijeron: el despojo es botín y en él hay quinto. Se narró algo semejante de ʿUmar b. al-Jaṭṭāb. La prueba para al-Šāfiʿī es lo que Abū Dāwūd narró de ʿAwf b. Mālik al-Ašjaʿī y Jālid b. al-Walīd: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— juzgó el despojo para el matador y no quintó el despojo.
La sexta.— La mayoría de los sabios fue a que el despojo no se da al matador sino si aporta prueba de su muerte.
La mayoría dijo: basta un solo testigo, por el hadiz de Abū Qatāda.
Y se dijo: dos testigos, o un testigo y juramento.
Al-Awzāʿī dijo: se le da por su mera pretensión; y la prueba no es condición del merecimiento, sino que, si se da, es lo preferible para evitar la disputa. ¿No ves que el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— dio a Abū Qatāda el despojo de su muerto sin testimonio ni juramento? Y no basta el testimonio de uno, ni se vincula a él un حكم por sí solo. Y así lo dijo al-Layṯ b. Saʿd.
Digo: oí a nuestro shayj, el ḥāfiẓ al-Munḏirī al-Šāfiʿī, Abū Muḥammad ʿAbd al-ʿAẓīm, decir: el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— solo le dio el despojo por el testimonio de al-Aswad b. Ḫuzāʿī y ʿAbd Allāh b. Unays. Con ello se rechaza la disputa, se elimina la dificultad y la norma se hace coherente. En cuanto a los mālikíes, se deriva de su doctrina que el imām no necesita prueba en ello, porque es del imām, desde el inicio, una dádiva: si condiciona el testimonio, le es lícito; y si no lo condiciona, es lícito que lo dé sin testimonio.
La séptima.— Discreparon sobre qué es el despojo. En cuanto a las armas y todo lo que se necesita para el combate, no hay discrepancia en que es del despojo; y su caballo, si combatía sobre él y fue derribado de él.
Aḥmad dijo sobre el caballo: no es del despojo. Asimismo, si en su bolsa de cintura [7696] o en su cinturón hay dinares o joyas o algo semejante, no hay discrepancia en que no es del despojo. Discreparon sobre lo con que se adorna para la guerra.
Al-Awzāʿī dijo: todo eso es del despojo.
Y un grupo dijo: no es del despojo. Esto se narra de Saḥnūn —Dios tenga misericordia de él—, salvo el cinturón, pues para él sí es del despojo.
Ibn Ḥabīb dijo en al-Wāḍiḥa: y los dos brazaletes son del despojo.
La octava.— Su dicho —Exaltado sea—: «entonces a Dios le pertenece su quinto».
Abū ʿUbayd dijo: esto abroga Su dicho —Poderoso y Majestuoso— al inicio de la sura: «Di: los anfal pertenecen a Dios y al Mensajero» [Los Botines: 1]. Y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— no quintó los botines de Badr; así, su حكم de dejar el quintado fue abrogado por esto. Sin embargo, lo que aparece del dicho de ʿAlī —Dios esté complacido con él— en el Ṣaḥīḥ de Muslim: «yo tenía una camella joven [7697] de mi parte del botín el día de Badr, y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— me dio una camella joven del quinto aquel día», el hadiz, indica que sí quintó; por tanto, la palabra de Abū ʿUbayd queda rechazada.
Ibn ʿAṭiyya dijo: cabe que el quinto que mencionó ʿAlī sea de una de las expediciones que hubo entre Badr y Uḥud: pues hubo la expedición de Banū Sulaym [7698], la de Banū al-Muṣṭaliq, la de Ḏī Amr y la de Baḥrān; no se conservó en ellas combate, pero es posible que se obtuvieran botines. Y Dios sabe más.
Digo: esta interpretación la refuta la expresión «aquel día», pues es una indicación al día en que se repartieron los botines de Badr. Sin embargo, cabe que fuera del quinto —si no hubo quintado en Badr— del quinto de la expedición de ʿAbd Allāh b. Ŷaḥš, pues fue el primer botín obtenido en el Islam y el primer quinto en el Islam; luego descendió el Corán: «Y sabed que cuanto botín hayáis obtenido de cualquier cosa, entonces a Dios le pertenece su quinto». Esto es más adecuado que la primera interpretación. Y Dios sabe más.
La novena.— «mā» en Su dicho: «mā ganimtum» es con el sentido de «el que», y la hāʾ está elidida: es decir, «lo que habéis obtenido». Entró la fāʾ porque en el discurso hay sentido de retribución. Y la segunda «anna» es refuerzo de la primera; y es lícito leerla con kasra, y se narró de Abū ʿAmr. Al-Ḥasan [7699] dijo: esto es la llave [7700] de un discurso: lo mundano y lo de la otra vida pertenecen a Dios; lo mencionó al-Nasāʾī. Y —Exaltado sea— abrió el discurso sobre el fayʾ y el quinto mencionándose a Sí mismo, porque ambos son la ganancia más noble; y no atribuyó a Sí mismo la limosna, porque es la suciedad de la gente.
La décima.— Los sabios discreparon sobre el modo de repartir el quinto en seis opiniones:
La primera: un grupo dijo: el quinto se reparte en seis; se hace un sexto para la Kaʿba, y ese es el que es «para Dios»; el segundo para el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz—; el tercero para los parientes cercanos; el cuarto para los huérfanos; el quinto para los pobres; y el sexto para el viajero.
Algunos de los que sostienen esta opinión dijeron: la parte que es «para Dios» se devuelve a los necesitados.
La segunda: Abū al-ʿĀliya y al-Rabīʿ dijeron: el botín se reparte en cinco; se separa de él una parte, y los cuatro se reparten entre la gente. Luego pone su mano sobre la parte separada: lo que agarre de algo lo hace para la Kaʿba; después reparte el resto de la parte separada en cinco: una parte para el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, una para los parientes cercanos, una para los huérfanos, una para los pobres y una para el viajero.
La tercera: al-Minhāl b. ʿAmr dijo: pregunté a ʿAbd Allāh b. Muḥammad b. ʿAlī y a ʿAlī b. al-Ḥusayn sobre el quinto, y dijo: «es para nosotros». Dije a ʿAlī: «Dios —Exaltado sea— dice: “y los huérfanos, los pobres y el viajero”». Dijo: «nuestros huérfanos y nuestros pobres».
La cuarta: al-Šāfiʿī dijo: se reparte en cinco. Y vio que la parte de Dios y la de Su Mensajero es una sola, y que se destina a los intereses de los creyentes; y los cuatro quintos se reparten entre las cuatro categorías mencionadas en la aleya.
La quinta: Abū Ḥanīfa dijo: se reparte en tres: huérfanos, pobres y viajero. Para él, el حكم de la parentela del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— se elevó con su muerte, como se elevó el حكم de su parte.
Dijeron: y se comienza del quinto con la reparación de puentes, la construcción de mezquitas y los estipendios de jueces y soldados. Se narró algo semejante también de al-Šāfiʿī.
La sexta: Mālik dijo: queda remitido a la consideración del imām y su iŷtihād: toma de él sin cuantificación, da de él a la parentela según iŷtihād, y destina el resto a los intereses de los musulmanes. Así lo dijeron los cuatro califas, y así actuaron.
Y a ello apunta Su dicho —Dios le bendiga y le dé paz—: «No me corresponde de lo que Dios os ha hecho retornar sino el quinto; y el quinto os es devuelto». Pues no lo repartió en quintos ni en tercios; antes bien, mencionó en la aleya a quienes mencionó a modo de señalamiento, porque son de los más importantes a quienes se entrega.
Al-Zajjāj, argumentando para Mālik, dijo: Dios —Poderoso y Majestuoso— dijo: «Te preguntan qué han de gastar. Di: lo que gastéis de bien, sea para los padres, los parientes, los huérfanos, los pobres y el viajero [7701]» [La Vaca: 215]. Y es lícito para el hombre, por consenso, gastar en otros distintos de estas categorías si lo ve conveniente.
Al-Nasāʾī mencionó de ʿAṭāʾ que dijo: el quinto de Dios y el quinto de Su Mensajero es uno; el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— cargaba de él y lo ponía donde quería, y hacía con él lo que quería.
La undécima.— Su dicho —Exaltado sea—: «y para el pariente cercano».
La lām no es para indicar merecimiento y propiedad, sino para indicar el destino y el lugar de gasto. La prueba de ello es lo que Muslim narró: que al-Faḍl b. ʿAbbās y Rabīʿa b. ʿAbd al-Muṭṭalib vinieron al Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—; habló uno de ellos y dijo: «¡Mensajero de Dios! Tú eres el más piadoso de la gente y el que más mantiene los lazos; nos ha alcanzado la edad del matrimonio y hemos venido para que nos pongas al frente de alguna de estas limosnas, de modo que te las entreguemos como la gente entrega, y obtengamos como ellos obtienen». Guardó silencio largo rato, hasta que quisimos hablarle. Dijo: y Zaynab nos hacía señas [7702] desde detrás del velo: «no le habléis». Luego dijo: «La limosna no es lícita para la familia de Muḥammad; no es sino la suciedad de la gente. Llamadme a Maḥmiyya [7703]—y estaba a cargo del quinto— y a Nawfal b. al-Ḥāriṯ b. ʿAbd al-Muṭṭalib». Dijo: vinieron ambos. Dijo a Maḥmiyya: «Casa a este joven con tu hija» —para al-Faḍl b. ʿAbbās—, y lo casó. Y dijo a Nawfal b. al-Ḥāriṯ: «Casa a este joven con tu hija», refiriéndose a Rabīʿa b. ʿAbd al-Muṭṭalib. Y dijo a Maḥmiyya: «Dales como dote, por ambos, del quinto, tal y tal».
Y dijo —Dios le bendiga y le dé paz—: «No me corresponde de lo que Dios os ha hecho retornar sino el quinto; y el quinto os es devuelto». Y dio todo y dio parte; y dio de él a los de corazones reconciliados, y no son de quienes Dios mencionó en el reparto; ello indica lo que hemos mencionado. Y el éxito es de Dios.
La duodécima.— Los sabios discreparon sobre «los parientes cercanos» en tres opiniones:
Que es Qurayš en su totalidad: lo dijo parte de los antiguos, porque el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— cuando subió a al-Ṣafā se puso a llamar: «¡Oh Banū Fulān! ¡Oh Banū ʿAbd Manāf! ¡Oh Banū ʿAbd al-Muṭṭalib! ¡Oh Banū Kaʿb! ¡Oh Banū Murra! ¡Oh Banū ʿAbd Šams! Salvaos del Fuego», el hadiz. Vendrá en «Los Poetas» [7704]
Al-Šāfiʿī, Aḥmad, Abū Ṯawr, Muŷāhid, Qatāda, Ibn Jurayj y Muslim b. Ḫālid dijeron: Banū Hāšim y Banū ʿAbd al-Muṭṭalib, porque el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— cuando repartió la parte de los parientes cercanos entre Banū Hāšim y Banū al-Muṭṭalib dijo: «No se separaron de mí ni en la ignorancia ni en el Islam; Banū Hāšim y Banū al-Muṭṭalib son una sola cosa», y entrelazó sus dedos. Lo transmitieron al-Nasāʾī y al-Buḫārī.
Al-Buḫārī dijo: al-Layṯ dijo: me narró Yūnus; y añadió: y el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— no repartió nada a Banū ʿAbd Šams ni a Banū Nawfal.
Ibn Isḥāq dijo: ʿAbd Šams, Hāšim y al-Muṭṭalib eran hermanos de madre; su madre era ʿĀtika bt. Murra. Y Nawfal era su hermano por parte de padre.
Al-Nasāʾī dijo: el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— asignó parte a los parientes cercanos —y ellos son Banū Hāšim y Banū al-Muṭṭalib—, entre ellos el rico y el pobre.
Y se ha dicho: es para el pobre de entre ellos, no para el rico, como los huérfanos y el viajero —y es la más cercana de las dos opiniones a lo correcto, a mi juicio. Y Dios sabe más—. El pequeño y el grande, el varón y la mujer, son iguales, porque Dios —Exaltado sea— lo hizo para ellos, y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— lo repartió entre ellos. No hay en el hadiz que prefiriera a unos sobre otros.
La tercera: Banū Hāšim exclusivamente. Lo dijo Muŷāhid y ʿAlī b. al-Ḥusayn. Es la opinión de Mālik, al-Ṯawrī, al-Awzāʿī y otros.
La decimotercera.— Cuando Dios —Exaltado sea— aclaró el حكم del quinto y guardó silencio sobre los cuatro quintos, ello indicó que son propiedad de los que obtuvieron el botín.
El Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— lo aclaró con su dicho: «Y cualquier aldea que desobedezca a Dios y a Su Mensajero, su quinto es para Dios y el Mensajero; luego es para vosotros».
Esto es algo en lo que no hay discrepancia en la comunidad ni entre los imames, según lo transmitió Ibn al-ʿArabī en (sus Aḥkām) y otros.
Con todo, si el imām ve conveniente conceder gracia a los cautivos liberándolos, lo hace, y se anulan los derechos de los que obtuvieron el botín sobre ellos, como hizo el Profeta con Ṯumāma b. Uṯāl y otros. Y dijo: «Si al-Muṭʿim b. ʿAdī estuviera vivo y me hablara por estos malolientes [7705]—es decir, los cautivos de Badr—, se los dejaría». Lo transmitió al-Buḫārī, como recompensa por su actuación en el asunto de anular el documento [7706]
Y le es lícito matarlos a todos; el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— mató a ʿUqba b. Abī Muʿayṭ de entre los cautivos, ejecutándolo [7707]; y asimismo al-Naḍr b. al-Ḥāriṯ lo mató en al-Ṣafrāʾ [7708], ejecutándolo. Esto no tiene discrepancia.
El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— tenía una parte como la parte de los que obtuvieron el botín, estuviera presente o ausente; y la parte del ṣafī: escogía una espada, o una flecha, o un siervo, o una montura. Ṣafiyya bt. Ḥuyayy fue del ṣafī de los botines de Jaybar. Asimismo, Ḏū al-Faqār [7709] fue del ṣafī. Esto se interrumpió con su muerte, salvo para Abū Ṯawr, que lo consideró subsistente para el imām, colocándolo en el lugar de la parte del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—.
La sabiduría en ello es que la gente de la ignorancia veía para el jefe el cuarto del botín. Dijo su poeta:
«Para ti está el mirbāʿ de ello y las ṣafāyā *** y tu حكم, y lo obtenido sin esfuerzo, y los excedentes» [7710]
Y dijo otro:
«De nosotros es quien tomó el cuarto de los ejércitos, por su linaje *** veinte, y es contado entre los vivos».
Se dice: «tomó el cuarto del ejército», cuando toma el cuarto del botín.
Al-Aṣmaʿī dijo: en la ignorancia era el cuarto, y en el Islam el quinto. Tomaba, sin ley ni religión, el cuarto del botín, y escogía de él; luego, tras el ṣafī, se arrogaba decisión sobre cualquier cosa que quisiera. Y lo que se desviaba de ello y lo que sobraba de baratijas [7711] y enseres era para él.
Dios —Glorificado sea— perfeccionó la religión con Su dicho: «Y sabed que cuanto botín hayáis obtenido de cualquier cosa, entonces a Dios le pertenece su quinto». Y mantuvo la parte del ṣafī para Su Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— y anuló el حكم de la ignorancia.
ʿĀmir al-Šaʿbī dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— tenía una parte llamada al-ṣafī: si quería, un siervo, o una sierva, o un caballo, lo escogía antes del quinto. Lo transmitió Abū Dāwūd.
Y en el hadiz de Abū Hurayra dijo: «Entonces se encuentra con el siervo y le dice: “¡Oh Ful [7712]! ¿Acaso no te honré, te hice señor, te casé, te sometí caballos y camellos, y te dejé presidir y tomar el cuarto?”», el hadiz. Lo transmitió Muslim.
«Tomar el cuarto» (tarbaʿ) con bāʾ: tomar el mirbāʿ, es decir, el cuarto de lo que obtiene tu gente de botines y ganancias.
Algunos compañeros de al-Šāfiʿī —Dios esté complacido con él— fueron a que el quinto del quinto el Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— lo destinaba a la suficiencia de sus hijos y sus esposas, y guardaba de ello el sustento de su año, y destinaba el resto a las caballerías [7713] y las armas.
Esto lo refuta lo que narró ʿUmar: que los bienes de Banū al-Naḍīr eran de lo que Dios hizo retornar a Su Mensajero, de lo que los musulmanes no hicieron correr caballos ni monturas; eran, pues, exclusivos del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—. De ellos gastaba para sí [7714] el sustento de un año, y lo que quedaba lo ponía en caballerías y armas como preparación en el camino de Dios. Lo transmitió Muslim.
Y dijo: «y el quinto os es devuelto».
La decimocuarta.— En el Libro de Dios [7715]—Exaltado sea— no hay indicación [7716] de preferir al jinete sobre el infante; antes bien, en él se indica que son iguales, porque Dios —Exaltado sea— hizo los cuatro quintos para ellos y no distinguió al infante del jinete. Si no fuera por las noticias transmitidas del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—, el jinete sería como el infante, el esclavo como el libre, y el niño como el adulto.
Los sabios discreparon sobre el reparto de los cuatro quintos. Lo que sostiene la generalidad de la gente de conocimiento —según lo que mencionó Ibn al-Munḏir— es que al jinete se le asignan dos partes y al infante una parte. Entre quienes lo dijeron está Mālik b. Anas y quienes le siguieron de la gente de Medina; al-Awzāʿī y quienes le siguieron de la gente del Šām; al-Ṯawrī y quienes le siguieron de la gente de Iraq; al-Layṯ b. Saʿd y quienes le siguieron de la gente de Egipto; al-Šāfiʿī —Dios esté complacido con él— y sus compañeros; y así lo dijeron Aḥmad b. Ḥanbal, Isḥāq, Abū Ṯawr, Yaʿqūb y Muḥammad.
Ibn al-Munḏir dijo: no sabemos que nadie discrepara en ello salvo al-Nuʿmān, pues contradijo en ello las sunan y lo que sostiene la mayoría de la gente de conocimiento, antigua y reciente.
Dijo: no se asigna al jinete sino una sola parte.
Digo: quizá se le confundió con el hadiz de Ibn ʿUmar: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— hizo para el jinete dos partes y para el infante una.
Lo transmitió al-Dāraquṭnī y dijo: al-Ramādī dice así; Ibn Numayr nos dijo. Dijo el naysābūrī: esto, a mi juicio, es un error de Ibn Abī Šayba o de al-Ramādī, porque Aḥmad b. Ḥanbal, ʿAbd al-Raḥmān b. Bišr y otros lo narraron de Ibn ʿUmar [7717]—Dios esté complacido con ambos— de modo distinto: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— asignó al hombre y a su caballo tres partes: una para él y dos para su caballo. Así lo narró ʿAbd al-Raḥmān b. Bišr, de ʿAbd Allāh b. Numayr, de ʿUbayd Allāh b. ʿUmar, de Nāfiʿ, de Ibn ʿUmar, y mencionó el hadiz.
Y en el Ṣaḥīḥ de al-Buḫārī, de Ibn ʿUmar: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— hizo para el caballo dos partes y para su dueño una. Esto es un texto explícito.
Al-Dāraquṭnī narró de al-Zubayr que dijo: «El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— me dio cuatro partes el día de Badr: dos para mi caballo, una para mí y una para mi madre por ser de los parientes cercanos».
Y en una versión: «y una para su madre: la parte de los parientes cercanos».
Y transmitió de Bušayr b. ʿAmr b. Muḥṣin que dijo: «El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— asignó a mi caballo cuatro partes y a mí una; tomé cinco partes».
Y se dijo: esto vuelve al iŷtihād del imām, y se ejecuta lo que vea. Y Dios sabe más.
La decimoquinta.— No se prefiere al jinete sobre el infante por más de un solo caballo; así lo dijo al-Šāfiʿī.
Abū Ḥanīfa dijo: se asigna por más de un caballo, porque es más útil para nosotros y de mayor beneficio. Así lo dijo Ibn al-Ŷahm, de nuestros compañeros, y lo narró Saḥnūn de Ibn Wahb.
Nuestra prueba es que no se transmitió narración del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz— de que se asignara por más de un caballo; y así también los imames después de él. Y porque el enemigo no puede combatirse sino sobre un solo caballo; lo que excede de ello es comodidad y aumento de equipo, y eso no influye en aumentar las dos partes, como quien tiene espadas o lanzas de más. Y por analogía con el tercero y el cuarto.
Se narró de Sulaymān b. Mūsā que se asigna a quien tiene caballos: por cada caballo, una parte.
La decimosexta.— Solo se asigna a los caballos de pura raza, por lo que hay en ellos de carga y retirada; y los caballos de tiro y los mestizos no están a su nivel en ello. Lo que no sea así no se le asigna.
Y se dijo: si el imām los autoriza, se les asigna, porque el aprovechamiento de ellos varía según el lugar: los mestizos y los de tiro sirven para lugares escabrosos como desfiladeros y montañas, y los de pura raza sirven para lugares donde es posible la carga y la retirada. Así, ello queda ligado a la opinión del imām.
Los de pura raza: los caballos de los árabes.
Los mestizos y los de tiro: los caballos de los romanos.
La decimoséptima.— Nuestros sabios discreparon sobre el caballo débil.
Ašhab e Ibn Nāfiʿ dijeron: no se le asigna, porque no es posible combatir sobre él; se asemeja al quebrado.
Y se dijo: se le asigna, porque se espera su curación.
No se asigna al flaco si está en un estado en que no se aprovecha de él, como no se asigna al quebrado. En cuanto al enfermo con enfermedad leve, como el rahīṣ [7718] y lo semejante, de lo que no le impide obtener el beneficio pretendido, se le asigna.
Se da parte al caballo prestado y al alquilado, y asimismo al usurpado; y su parte es para su dueño.
Se merece la parte para los caballos aunque estén en barcos y el botín se obtenga en el mar, porque están preparados para desembarcar a tierra.
La decimoctava.— No hay derecho en los botines para la «ḥašwa» [7719], como los jornaleros y artesanos que acompañan al ejército por sustento, porque no pretendieron combate ni salieron como combatientes en yihād.
Y se dijo: se les asigna, por Su dicho —Dios le bendiga y le dé paz—: «El botín es para quien presenció el combate». Lo transmitió al-Buḫārī. Esto no es prueba, porque vino como aclaración de quien se implicó en la guerra y salió a ella. Y basta la aclaración de Dios —Exaltado sea— sobre los combatientes y la gente de sustento de entre los musulmanes, cuando los hizo dos grupos distintos, cada uno con su estado en su حكم. Dijo: «Supo que habrá entre vosotros enfermos, y otros que recorren la tierra buscando el favor de Dios, y otros que combaten en el camino de Dios [7720]» [El Arropado: 20].
Salvo que estos, si combaten, no les perjudica que estén por su sustento, porque la causa del merecimiento se ha dado en ellos.
Ašhab dijo: ninguno de ellos merece nada aunque combata.
Y así lo dijo Ibn al-Qaṣṣār sobre el jornalero: no se le asigna aunque combata.
Esto lo refuta el hadiz de Salama b. al-Akwaʿ, que dijo: «Yo era asalariado de Ṭalḥa b. ʿUbayd Allāh: daba de beber a su caballo, lo cepillaba [7721], le servía y comía de su comida», el hadiz.
Y en él: «Luego el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— me dio dos partes: la parte del jinete y la parte del infante, y las reunió para mí». Lo transmitió Muslim.
Ibn al-Qaṣṣār y quienes dijeron su opinión argumentaron con el hadiz de ʿAbd al-Raḥmān b. ʿAwf, que mencionó ʿAbd al-Razzāq; y en él: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— dijo a ʿAbd al-Raḥmān: «Estos tres dinares son su porción [7722] y su parte de su expedición en el asunto de su mundo y su otra vida».
La decimonovena.— En cuanto a los esclavos y las mujeres, la doctrina del Libro es que no se les asigna parte ni se les da radhḫ [7723]
Y se dijo: se les da radhḫ; y así lo dijo la mayoría de los sabios.
Al-Awzāʿī dijo: si la mujer combate, se le asigna parte. Pretendió que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— asignó parte a las mujeres el día de Jaybar.
Dijo: y los musulmanes han actuado con ello entre nosotros.
A esta opinión se inclinó Ibn Ḥabīb, de nuestros compañeros.
Muslim transmitió de Ibn ʿAbbās que en su carta a Naŷda [7724] decía: «Me preguntas si el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— salía a campaña con mujeres. Sí salía con ellas: curaban a los heridos y se les daba algo [7725] del botín; pero no se les asignaba parte».
En cuanto a los niños, si son capaces de combatir, hay entre nosotros tres opiniones: asignarles parte; o negársela hasta que alcancen la pubertad, por el hadiz de Ibn ʿUmar, y así lo dijeron Abū Ḥanīfa y al-Šāfiʿī; y, en la tercera, distinguir entre que combata y se le asigne, o combata y no se le asigne.
Lo correcto es la primera, por la orden del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— respecto de Banū Qurayẓa: que se matara a quien hubiese hecho brotar vello y se dejara a quien no lo hubiese hecho brotar. Esto es consideración de la capacidad de combatir, no de la pubertad.
Abū ʿUmar narró en al-Istīʿāb, de Samura b. Ŷundub, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le dé paz— presentaba ante sí a los muchachos de los Anṣār y alistaba a quien de ellos alcanzaba. Me presenté ante él un año: alistó a un muchacho y me rechazó. Dije: «¡Mensajero de Dios! A él lo alistaste y a mí me rechazaste; si luchara con él, lo derribaría». Dijo: «Entonces luchó conmigo y lo derribé, y me alistó».
En cuanto a los esclavos, tampoco se les asigna parte, pero se les da radhḫ.
La vigésima completa.— El incrédulo, si asiste con permiso del imām y combate, respecto de asignarle parte hay entre nosotros tres opiniones: asignársela o negársela; y así lo dijeron Mālik e Ibn al-Qāsim.
Ibn Ḥabīb añadió: y no tienen porción.
Y en la tercera —que es de Saḥnūn— se distingue entre que los musulmanes se basten por sí mismos: entonces no se le asigna; o que no se basten y necesiten su ayuda: entonces se le asigna.
Si no combate, no merece nada. Y así también los esclavos junto a los libres.
Al-Ṯawrī y al-Awzāʿī dijeron: si se pide ayuda a la gente de la ḏimma, se les asigna.
Abū Ḥanīfa y sus compañeros dijeron: no se les asigna, pero se les da radhḫ.
Al-Šāfiʿī —Dios esté complacido con él— dijo: el imām los contrata con un dinero que no tiene dueño determinado. Si no lo hace, les da de la parte del Profeta —Dios le bendiga y le dé paz—.
Y dijo en otro lugar: se da radhḫ a los asociadores si combaten con los musulmanes.
Abū ʿUmar dijo: todos acordaron que el esclavo, y él es de quienes [7726] Se admite su salvoconducto; si combate, no se le asigna parte, sino que se le da una gratificación (raḍj)[7723]; y con mayor razón el incrédulo merece que no se le asigne parte.
Vigésima primera.— Si el esclavo y la gente de la dhimma salieran como salteadores y tomaran bienes de la gente de la guerra, ello es para ellos y no se le extrae el quinto, porque no entra ninguno de ellos —ni tampoco las mujeres— en la generalidad de Su dicho, Exaltado sea: «Y sabed que, de cualquier cosa que obtengáis como botín, a Allah le corresponde su quinto». En cuanto a los incrédulos, no tienen cabida en ello, sin discrepancia. Sahnūn dijo: no se extrae el quinto de lo que le corresponda al esclavo. Ibn al-Qāsim dijo: sí se extrae el quinto, porque es posible que su amo le autorice a combatir y combata por la religión, a diferencia del incrédulo. Y Ašhab dijo en el Kitāb de Muḥammad: si el esclavo y el dhimmí salen del ejército y obtienen botín, el botín es para el ejército, no para ellos.
Vigésima segunda.— La causa de merecer la parte es presenciar el combate para auxiliar a los musulmanes, como ya se expuso. Si alguien presencia el final del combate, la merece; pero si llega después de concluida la lucha, no. Y si se ausenta por huida, igualmente. Si, en cambio, pretendía replegarse hacia una tropa, no se anula su derecho. Al-Buḫārī y Abū Dāwūd transmitieron que el Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le dé paz— envió a Abān b. Saʿīd al mando de una expedición desde Medina hacia Najd; y Abān b. Saʿīd y sus compañeros llegaron ante el Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le dé paz— en Ḫaybar, después de que esta hubiera sido conquistada, y las cinchas de sus caballos eran de fibra. Abān dijo: «Reparte para nosotros, ¡oh Mensajero de Allah!». Abū Hurayra dijo: «Entonces dije [7727]: “No repartas para ellos, ¡oh Mensajero de Allah!”». Abān dijo: «Tú, por ella, ¡oh wabrā! [7728] desciendes sobre nosotros desde la cima de un ḍāl [7729]». Entonces el Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le dé paz— dijo: «(Siéntate, Abān)», y el Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le dé paz— no repartió para ellos.
Vigésima tercera.— Los sabios discreparon acerca de quien salió para presenciar el combate y se lo impidió una excusa, como una enfermedad. Sobre la confirmación de su participación y su negación hay tres opiniones: en la tercera se distingue —y es la conocida—: se le confirma si el extravío ocurrió antes del combate y después de entrar en territorio enemigo [7730], y esto es lo más correcto; así lo dijo Ibn al-ʿArabī. Y se le niega si fue antes de ello. Asimismo, quien el emir envía desde el ejército en un asunto de interés del ejército y eso le ocupa de presenciar el combate: se le asigna parte; lo dijo Ibn al-Mawwāz, y lo narraron Ibn Wahb e Ibn Nāfiʿ de Mālik. También se transmitió que no se le asigna parte, sino que se le da una gratificación, por faltar la causa por la que se merece la parte. Y Allah sabe más. Ašhab dijo: se asigna parte al cautivo, aunque esté encadenado. Lo correcto es que no se le asigna, porque es un derecho de propiedad que se adquiere por el combate; quien se ausenta o quien asiste enfermo es como quien no asistió.
Vigésima cuarta.— Al ausente absoluto no se le asigna parte. El Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le dé paz— no asignó parte a ningún ausente jamás, salvo el día de Ḫaybar, pues asignó parte a la gente de al-Ḥudaybiya, tanto a quienes estuvieron presentes como a quienes estuvieron ausentes, por el dicho de Allah, Exaltado sea: «Allah os ha prometido muchos botines que tomaréis [7731]» [al-Fatḥ: 20]; así lo dijo Mūsā b. ʿUqba. Se transmitió esto de un grupo de los salaf. Y el día de Badr repartió para ʿUṯmān, para Saʿīd b. Zayd y para Ṭalḥa, estando ausentes; así, son como quienes la presenciaron, si Allah —Altísimo— quiere. En cuanto a ʿUṯmān, se quedó con Ruqayya, hija del Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le dé paz—, por orden suya, debido a su enfermedad; y el Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le dé paz— le fijó su parte y su recompensa, de modo que fue como quien la presenció [7732] En cuanto a Ṭalḥa b. ʿUbayd Allāh, estaba en al-Šām por comercio, y el Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le dé paz— le fijó su parte y su recompensa; por ello se cuenta entre la gente de Badr. Y en cuanto a Saʿīd b. Zayd, estaba ausente en al-Šām también, y el Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le dé paz— le fijó su parte y su recompensa; así, está contado entre los badríes.
Ibn al-ʿArabī dijo: en cuanto a la gente de al-Ḥudaybiya, fue una cita de Allah que se reservó para aquel grupo, y nadie más participa en ella. En cuanto a ʿUṯmān, Saʿīd y Ṭalḥa, cabe la posibilidad de que se les asignara de entre el quinto, porque la comunidad está unánimemente de acuerdo en que a quien se queda por una excusa no se le asigna parte.
Digo: lo aparente es que ello fue específico de ʿUṯmān, Ṭalḥa y Saʿīd, y no se hace analogía con otros; y que su parte fue del botín mismo, como la de los demás que la presenciaron, no del quinto. Esto es lo aparente de los hadices, y Allah sabe más.
Y al-Buḫārī narró de Ibn ʿUmar, quien dijo: cuando ʿUṯmān se ausentó de Badr, estaba casado con la hija del Mensajero de Allah —Allah le bendiga y le dé paz— y ella estaba enferma; entonces el Profeta —Allah le bendiga y le dé paz— le dijo: «(Tú tienes la recompensa de un hombre de los que presenciaron Badr y su parte)».
Vigésima quinta.— Su dicho, Altísimo: «Si creéis en Allah». Al-Zaǧǧāǧ transmitió de un grupo que el sentido es: sabed que Allah es vuestro Protector, si (creéis); así, «si» está vinculada a esta promesa. Y otro grupo dijo: «si» está vinculada a Su dicho: «Y sabed que, de cualquier cosa que obtengáis como botín». Ibn ʿAṭiyya dijo: esto es lo correcto, porque Su dicho «Y sabed» implica la orden de someterse y entregarse al mandato de Allah respecto a los botines; por ello vinculó «si» a Su dicho «Y sabed» conforme a este sentido, es decir: si sois creyentes en Allah, someteos y entregaos al mandato de Allah en lo que os ha hecho saber acerca del estado de la distribución del botín.
Su dicho, Altísimo: «y lo que hicimos descender sobre Nuestro siervo el día del Criterio [7733]». «Lo que» está en posición de genitivo, coordinado con el nombre de Allah. «El día del Criterio»: es decir, el día en que se separó entre la verdad y la falsedad, y es el día de Badr. «El día en que se encontraron los dos grupos»: el partido de Allah y el partido de Satanás.
[7680]: En Z: «lo presentamos».
[7681]: Al-īǧāf: la rapidez en la marcha; es decir, no emplearon en obtenerlo ni caballos ni camellos, sino que se obtuvo sin combate. Y al-rikāb: los camellos sobre los que se viaja; no tiene singular de su misma forma.
[7682]: Véase t. 5, p. 71.
[7683]: Véase t. 18, p. 31.
[7684]: Taḏfīf del herido: rematarlo.
[7685]: En Z: «el ciego».
[7686]: Es decir, cargado de heridas.
[7687]: Es decir, almuerza.
[7688]: Al-ṭalaq (con vocalización): una atadura de cueros; y al-ḥaqab: la cuerda ceñida al ijar del camello, o a su ḥaqība, que es el suplemento que se pone en la parte posterior de la albarda; y el saco en el que el hombre pone su provisión. (Según Ibn al-Aṯīr).
[7689]: Es decir, un estado de debilidad y flaqueza en los camellos.
[7690]: Es decir, salió apresuradamente.
[7691]: Al-awraq, de los camellos: aquel cuyo color es blancura tendente a negrura.
[7692]: Nadara: cayó.
[7693]: Es decir, un hombre de los refuerzos que vinieron a reforzar al ejército de Muʾta y a ayudarles.
[7694]: En B, Z: «mis cautivos».
[7695]: Al-Zāra: aldea en Baḥrayn.
[7696]: Al-himyān: aquello en lo que se pone el dinero para el gasto; y el ceñidor de los calzones.
[7697]: Al-šārif: la camella vieja.
[7698]: En Šarḥ al-Mawāhib: que la expedición de Banū Sulaym es la expedición de al-Baḥrān.
[7699]: Es al-Ḥasan b. Muḥammad b. ʿAlī, conocido como Ibn al-Ḥanafiyya.
[7700]: Es decir, Su dicho, Altísimo: «a Allah le corresponde su quinto»; véase el hadiz en el libro de la distribución del fayʾ en Sunan al-Nasāʾī.
[7701]: Véase t. 3, p. 26.
[7702]: Se dice: almaʿa y lamaʿa, cuando señaló con su vestido o con su mano.
[7703]: Es Muḥmiyya b. Ǧuzʾ, un hombre de Banū Asad.
[7704]: Véase t. 13, p. 143.
[7705]: Al-natnā: plural de natin, como zamnā y zaman.
[7706]: Es decir, el documento que Qurayš escribió para no comerciar con los hāšimíes ni los muṭṭalibíes ni emparentar por matrimonio con ellos. Y es Muṭʿim b. ʿAdī b. Nawfal b. ʿAbd Manāf; murió incrédulo en Ṣafar, antes de la batalla de Badr, unos siete meses aproximadamente. (Según Šarḥ al-Qasṭallānī).
[7707]: Ṣabr del hombre —y de otro— para la muerte: retenerlo y arrojarle (dardos) hasta que muera.
[7708]: Un lugar cerca de Badr.
[7709]: Ḏū l-Faqār: nombre de la espada del Profeta —Allah le bendiga y le dé paz—; se llamó así porque tenía pequeñas y bellas hendiduras; y a la hendidura se le dice faqra.
[7710]: El verso es de ʿAbd Allāh b. ʿAnʿama al-Ḍabbī, dirigiéndose a Basṭām b. Qays. Al-našīṭa: lo que el jefe obtiene en el camino antes de llegar al lugar de reunión del clan. Y al-fuḍūl: lo que sobra del reparto, de aquello cuya división no es válida según el número de los combatientes, como el camello, el caballo y similares. (Según Lisān al-ʿArab).
[7711]: Al-ḫurṯī (con ḍamma): el ajuar de la casa o lo más vil de los enseres y de los botines.
[7712]: El hadiz lo citó Muslim en el libro del zuhd. Al-Nawawī dijo: con ḍamma en la fāʾ y sukūn en la lām; su sentido es «¡oh fulano!», y es un apócope contra la analogía. Se dijo también que es una lengua con el sentido de «fulano». Y el autor de al-Mirqāt dijo: con sukūn en la lām, y también se vocaliza con fatḥa y con ḍamma.
[7713]: Al-karāʿ (con ḍamma): los caballos.
[7714]: Lo que está en Ṣaḥīḥ Muslim: «…y gastaba en su familia el sustento de un año…», etc.
[7715]: En Z: «no está en la aleya».
[7716]: En K: «lo que indica».
[7717]: Lo que está en la copia de al-Dāraquṭnī: «de Ibn Numayr».
[7718]: Al-rahīṣ: aquel al que le ha afectado la rahṣa, que es una grieta que afecta la planta del casco del caballo y lo debilita.
[7719]: Al-ḥašwa (con ḍamma en la ḥāʾ o con kasra): la chusma de la gente.
[7720]: Véase t. 19, p. 54.
[7721]: Aḥassahu: se le quitó el polvo con la ḥassa.
[7722]: En Z: «su parte».
[7723]: Al-raḍḫ: una dádiva no abundante.
[7724]: Es Naǧda b. ʿĀmir al-Ḥanafī; fue uno de los jefes de los ḫawāriǧ.
[7725]: Yaḥḏīna: dan la ḥaḏwa (con kasra o con ḍamma en la ḥāʾ), que es la dádiva.
[7726]: En B: «y siendo creyente, es lícito: etc.».
[7727]: De J, Z, K.
[7728]: Al-wabr: un animalito del tamaño del gato, grisáceo o blanco, de ojos hermosos, muy tímido.
[7729]: Al-ḍāl: el árbol del sidr, de los árboles espinosos; y en B: «desciendes sobre nosotros desde la llegada de un ḍāl».
[7730]: Adraba la gente: cuando entraron en tierra del enemigo.
[7731]: Véase t. 16, p. 278.
[7732]: En B: «por ello se cuenta entre la gente de Badr».
[7733]: Lo que se entiende de inmediato es que la cuestión vigésima sexta es esta aleya, porque forma parte de la continuidad del discurso.
Notas y Referencias
[7680] En Z: «lo presentamos».
[7681] Al-īǧāf: la rapidez en la marcha; es decir, no emplearon en obtenerlo ni caballos ni camellos, sino que se obtuvo sin combate. Y al-rikāb: los camellos sobre los que se viaja; no tiene singular de su misma forma.
[7682] Véase t. 5, p. 71.
[7683] Véase t. 18, p. 31.
[7684] Taḏfīf del herido: rematarlo.
[7685] En Z: «el ciego».
[7686] Es decir, cargado de heridas.
[7687] Es decir, almuerza.
[7688] Al-ṭalaq (con vocalización): una atadura de cueros; y al-ḥaqab: la cuerda ceñida al ijar del camello, o a su ḥaqība, que es el suplemento que se pone en la parte posterior de la albarda; y el saco en el que el hombre pone su provisión. (Según Ibn al-Aṯīr).
[7689] Es decir, un estado de debilidad y flaqueza en los camellos.
[7690] Es decir, salió apresuradamente.
[7691] Al-awraq, de los camellos: aquel cuyo color es blancura tendente a negrura.
[7692] Nadara: cayó.
[7693] Es decir, un hombre de los refuerzos que vinieron a reforzar al ejército de Muʾta y a ayudarles.
[7694] En B, Z: «mis cautivos».
[7695] Al-Zāra: aldea en Baḥrayn.
[7696] Al-himyān: aquello en lo que se pone el dinero para el gasto; y el ceñidor de los calzones.
[7697] Al-šārif: la camella vieja.
[7698] En Šarḥ al-Mawāhib: que la expedición de Banū Sulaym es la expedición de al-Baḥrān.
[7699] Es al-Ḥasan b. Muḥammad b. ʿAlī, conocido como Ibn al-Ḥanafiyya.
[7700] Es decir, Su dicho, Altísimo: «a Allah le corresponde su quinto»; véase el hadiz en el libro de la distribución del fayʾ en Sunan al-Nasāʾī.
[7701] Véase t. 3, p. 26.
[7702] Se dice: almaʿa y lamaʿa, cuando señaló con su vestido o con su mano.
[7703] Es Muḥmiyya b. Ǧuzʾ, un hombre de Banū Asad.
[7704] Véase t. 13, p. 143.
[7705] Al-natnā: plural de natin, como zamnā y zaman.
[7706] Es decir, el documento que Qurayš escribió para no comerciar con los hāšimíes ni los muṭṭalibíes ni emparentar por matrimonio con ellos. Y es Muṭʿim b. ʿAdī b. Nawfal b. ʿAbd Manāf; murió incrédulo en Ṣafar, antes de la batalla de Badr, unos siete meses aproximadamente. (Según Šarḥ al-Qasṭallānī).
[7707] Ṣabr del hombre —y de otro— para la muerte: retenerlo y arrojarle (dardos) hasta que muera.
[7708] Un lugar cerca de Badr.
[7709] Ḏū l-Faqār: nombre de la espada del Profeta —Allah le bendiga y le dé paz—; se llamó así porque tenía pequeñas y bellas hendiduras; y a la hendidura se le dice faqra.
[7710] El verso es de ʿAbd Allāh b. ʿAnʿama al-Ḍabbī, dirigiéndose a Basṭām b. Qays. Al-našīṭa: lo que el jefe obtiene en el camino antes de llegar al lugar de reunión del clan. Y al-fuḍūl: lo que sobra del reparto, de aquello cuya división no es válida según el número de los combatientes, como el camello, el caballo y similares. (Según Lisān al-ʿArab).
[7711] Al-ḫurṯī (con ḍamma): el ajuar de la casa o lo más vil de los enseres y de los botines.
[7712] El hadiz lo citó Muslim en el libro del zuhd. Al-Nawawī dijo: con ḍamma en la fāʾ y sukūn en la lām; su sentido es «¡oh fulano!», y es un apócope contra la analogía. Se dijo también que es una lengua con el sentido de «fulano». Y el autor de al-Mirqāt dijo: con sukūn en la lām, y también se vocaliza con fatḥa y con ḍamma.
[7713] Al-karāʿ (con ḍamma): los caballos.
[7714] Lo que está en Ṣaḥīḥ Muslim: «…y gastaba en su familia el sustento de un año…», etc.
[7715] En Z: «no está en la aleya».
[7716] En K: «lo que indica».
[7717] Lo que está en la copia de al-Dāraquṭnī: «de Ibn Numayr».
[7718] Al-rahīṣ: aquel al que le ha afectado la rahṣa, que es una grieta que afecta la planta del casco del caballo y lo debilita.
[7719] Al-ḥašwa (con ḍamma en la ḥāʾ o con kasra): la chusma de la gente.
[7720] Véase t. 19, p. 54.
[7721] Aḥassahu: se le quitó el polvo con la ḥassa.
[7722] En Z: «su parte».
[7723] Al-raḍḫ: una dádiva no abundante.
[7724] Es Naǧda b. ʿĀmir al-Ḥanafī; fue uno de los jefes de los ḫawāriǧ.
[7725] Yaḥḏīna: dan la ḥaḏwa (con kasra o con ḍamma en la ḥāʾ), que es la dádiva.
[7726] En B: «y siendo creyente, es lícito: etc.».
[7727] De J, Z, K.
[7728] Al-wabr: un animalito del tamaño del gato, grisáceo o blanco, de ojos hermosos, muy tímido.
[7729] Al-ḍāl: el árbol del sidr, de los árboles espinosos; y en B: «desciendes sobre nosotros desde la llegada de un ḍāl».
[7730] Adraba la gente: cuando entraron en tierra del enemigo.
[7731] Véase t. 16, p. 278.
[7732] En B: «por ello se cuenta entre la gente de Badr».
[7733] Lo que se entiende de inmediato es que la cuestión vigésima sexta es esta aleya, porque forma parte de la continuidad del discurso.