7

Las Alturas

الأعراف Al-A'raf
Aya 175

Versículo (Español)

[7:175] Y relátales la historia de aquel a quien habiéndole concedido el conocimiento de Mis preceptos, los descuidó, el demonio lo sedujo y fue de los extraviados.

Tafsir de Al-Qurtubi

{Y recítales la historia de aquel a quien dimos Nuestros signos, y se despojó de ellos; entonces el Demonio lo siguió, y fue de los extraviados} (175) La gente de la Escritura mencionó una historia que conocían en la Torá. Y se discrepó acerca de la identificación de aquel a quien se le dieron los signos. Ibn Mas‘ūd e Ibn ‘Abbās dijeron: es Balaam ibn Bā‘ūrā’ —y se dice: Nā‘im—[7471], de los Hijos de Israel en tiempos de Moisés —sobre él la paz—; y era tal que, cuando miraba, veía el Trono. Y es el aludido por Su dicho: «Y recítales la historia de aquel a quien dimos Nuestros signos», y no dijo «un signo». Y en su asamblea había doce mil tinteros para los aprendices que escribían de él. Luego llegó a tal punto que[7472] fue el primero en componer un libro en[7473] el que afirmaba que «no hay para el mundo un Hacedor». Mālik ibn Dīnār dijo: se envió a Balaam ibn Bā‘ūrā’ al rey de Madián para llamarlo a la fe; pero este le dio dádivas y le concedió tierras, y él siguió su religión y abandonó la religión de Moisés; y acerca de él descendieron estas aleyas. Al-Mu‘tamir ibn Sulaymān transmitió[7474] de su padre, quien dijo: Balaam había recibido la profecía[7475], y su súplica era respondida. Cuando Moisés avanzó con los Hijos de Israel queriendo combatir a los gigantes, los gigantes pidieron a Balaam ibn Bā‘ūrā’ que invocara contra Moisés. Se levantó para suplicar, pero su lengua se volvió con la invocación contra sus propios compañeros. Se le dijo sobre ello, y respondió: no puedo hacer más que lo que oís; y su lengua se le descolgó sobre el pecho. Dijo entonces: ahora se me han ido la vida mundana y la otra; no queda sino el engaño, la astucia y el ardid. Os tramaré una estratagema: veo que saquéis ante ellos a vuestras muchachas, pues Dios aborrece la fornicación; si caen en ella, perecerán. Lo hicieron, y los Hijos de Israel cayeron en la fornicación; y Dios envió sobre ellos la peste, y murieron de ellos setenta mil. Este relato lo mencionó completo al-Tha‘labī y otros. Y se transmitió que Balaam ibn Bā‘ūrā’ suplicó que Moisés no entrara en la ciudad de los gigantes; se le respondió, y permaneció en el desierto[7476] Moisés dijo: ¡Señor mío! ¿por qué pecado hemos permanecido en el desierto? Dijo: por la súplica de Balaam. Dijo: así como escuchaste su súplica contra mí, escucha mi súplica contra él. Entonces Moisés suplicó que Dios le arrancara el Nombre Supremo; y Dios lo despojó de lo que tenía. Abū Ḥāmid dijo al final de[7477] su libro Minhāŷ al-‘ārifīn: y oí a algunos de los gnósticos decir: uno de los profetas preguntó a Dios —Altísimo— acerca del asunto de Balaam y de su expulsión tras aquellos signos y prodigios. Dijo Dios —Altísimo—: no Me agradeció un solo día de los días por lo que le di; si Me hubiera agradecido por ello una vez, no se lo habría arrebatado. ‘Ikrima dijo: Balaam era un profeta y se le dio un Libro. Muŷāhid dijo: se le dio la profecía, y su gente lo sobornó para que callara; lo hizo, y los dejó en lo que estaban. Al-Māwardī dijo: esto no es correcto, pues Dios —Altísimo— no elige para Su profecía sino a quien sabe que no saldrá de Su obediencia hacia Su desobediencia. ‘Abd Allāh ibn ‘Amr ibn al-‘Āṣ y Zayd ibn Aslam dijeron: descendió acerca de Umayya ibn Abī al-Ṣalt al-Thaqafī. Había leído las Escrituras y supo que Dios enviaría un Mensajero en aquel tiempo, y deseó ser él ese Mensajero; pero cuando Dios envió a Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz— lo envidió y descreyó en él. Y es acerca de él que el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «Creyó su poesía y descreyó su corazón». Sa‘īd ibn al-Musayyab dijo: descendió acerca de Abū ‘Āmir ibn Ṣayfī. Vestía sayal en la época preislámica, y descreyó del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—. Y ello fue porque entró donde el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— en Medina y dijo: ¡Muḥammad! ¿qué es esto con lo que has venido? Dijo: «He venido con la ḥanīfiyya, la religión de Abraham». Dijo: pues yo estoy en ella. El Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «No estás en ella, porque has introducido en ella lo que no es de ella». Abū ‘Āmir dijo: ¡Que Dios haga morir al mentiroso de entre nosotros, desterrado, solo! El Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo: «Sí: que Dios haga morir al mentiroso de entre nosotros así». Solo dijo esto aludiendo al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— por haber salido de La Meca. Abū ‘Āmir partió hacia el Šām, pasó ante el César y escribió a los hipócritas: preparaos, pues iré a vosotros desde donde el César con un ejército para expulsar a Muḥammad de Medina. Y murió en el Šām, solo. Y acerca de él descendió: «y como acecho para quien antes combatió a Dios y a Su Mensajero[7478]» [al-Tawba: 107]. Y vendrá en Barā’a[7479] Ibn ‘Abbās dijo en una transmisión: descendió acerca de un hombre que tenía tres súplicas cuya respuesta le era concedida. Tenía una esposa llamada «al-Basūs», y tuvo de ella un hijo. Ella dijo: concédeme una de esas súplicas. Él dijo: tienes una; ¿qué ordenas? Dijo: suplica a Dios que me haga la mujer más hermosa de los Hijos de Israel. Cuando supo que no había entre ellos nadie como ella, lo desdeñó. Entonces él suplicó contra ella que la hiciera una perra ladradora. Se fueron en ello dos súplicas. Vinieron sus hijos y dijeron: no tenemos paciencia para esto; nuestra madre se ha vuelto una perra y la gente nos afrenta por ello. Suplica a Dios que la devuelva a como era. Suplicó, y volvió a lo que era; y se fueron en ello las súplicas. Pero la primera opinión es más conocida, y es la que sostiene la mayoría. ‘Ubāda ibn al-Ṣāmit dijo: descendió acerca de Qurayš: Dios les dio Sus signos, los que Dios —Altísimo— hizo descender sobre Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz—, y se despojaron de ellos y no los aceptaron. Ibn ‘Abbās dijo: Balaam era de la ciudad de los gigantes. Y se dijo: era del Yemen. «y se despojó de ellos»: es decir, de la gnosis de Dios —Altísimo—; esto es, se le arrancó el conocimiento que sabía. Y en el ḥadiz, del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—: «El conocimiento es de dos clases: conocimiento en el corazón, y ese es el conocimiento beneficioso; y conocimiento sobre la lengua, y ese es el argumento de Dios —Altísimo— contra el hijo de Adán». Este es el ejemplo del conocimiento de Balaam y de sus semejantes; nos refugiamos en Dios de ello, y pedimos el acierto y una muerte en la verificación. El insilāḫ: es la salida. Se dice: la serpiente se despojó de su piel, es decir, salió de ella. Y se dijo: esto es de lo invertido; es decir, los signos se despojaron de él. «entonces el Demonio lo siguió»: es decir, lo alcanzó. Se dice: seguí a la gente, es decir, los alcancé. Y se dijo: descendió acerca de judíos y cristianos: aguardaron la salida de Muḥammad —Dios lo bendiga y le conceda paz— y descreyeron en él.

[7471] :En ع و ز و ى: بلعم. Y en ز: «y se dice: باعم». Y en ع: «y se dice: بلعم». Y en ى: «y se dice: باعر». [7472] :De ع. [7473] :De ع. [7474] :De ع. [7475] :Su dicho: «se le dio la profecía»: que se considere cómo se le da la profecía y luego se extravía, pues ello es incompatible con la impecabilidad (‘iṣma) de los profetas —las oraciones de Dios y Su paz sean sobre ellos—. [7476] :Al-Tīh: un lugar entre Egipto y al-‘Aqaba. [7477] :De ج و ك و هـ و ى. [7478] :Véase t. 8, p. 252 y siguientes. [7479] :Véase t. 8, p. 252 y siguientes.

Notas y Referencias

[7471] En ع و ز و ى: بلعم. Y en ز: «y se dice: باعم». Y en ع: «y se dice: بلعم». Y en ى: «y se dice: باعر».

[7472] De ع.

[7473] De ع.

[7474] De ع.

[7475] Su dicho: «se le dio la profecía»: que se considere cómo se le da la profecía y luego se extravía, pues ello es incompatible con la impecabilidad (‘iṣma) de los profetas —las oraciones de Dios y Su paz sean sobre ellos—.

[7476] Al-Tīh: un lugar entre Egipto y al-‘Aqaba.

[7477] De ج و ك و هـ و ى.

[7478] Véase t. 8, p. 252 y siguientes.

[7479] Véase t. 8, p. 252 y siguientes.