6

Los Rebaños

الأنعام Al-An'am
Aya 59

Versículo (Español)

[6:59] Él posee las llaves de lo oculto y nadie más que Él las conoce. Él sabe lo que hay en la costa y en el mar. No hay hoja de árbol que caiga sin que Él lo sepa, ni grano en el seno de la tierra, o algo que esté verde o seco, sin que se encuentre registrado en un libro evidente.

Tafsir de Al-Qurtubi

{۞وَعِندَهُۥ مَفَاتِحُ ٱلۡغَيۡبِ لَا يَعۡلَمُهَآ إِلَّا هُوَۚ وَيَعۡلَمُ مَا فِي ٱلۡبَرِّ وَٱلۡبَحۡرِۚ وَمَا تَسۡقُطُ مِن وَرَقَةٍ إِلَّا يَعۡلَمُهَا وَلَا حَبَّةٖ فِي ظُلُمَٰتِ ٱلۡأَرۡضِ وَلَا رَطۡبٖ وَلَا يَابِسٍ إِلَّا فِي كِتَٰبٖ مُّبِينٖ} (59) En él hay tres cuestiones:

La primera.— Ha llegado en la tradición que, cuando descendió esta aleya, descendieron con ella doce mil ángeles. Al-Bujārī روایتó de Ibn ʿUmar, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo: «Las llaves de lo oculto son cinco: nadie sabe lo que menguan los vientres sino Dios; nadie sabe lo que habrá mañana sino Dios; nadie sabe cuándo vendrá la lluvia sino Dios; ninguna alma sabe en qué tierra morirá sino Dios; y nadie sabe cuándo tendrá lugar la Hora sino Dios». Y en el Ṣaḥīḥ de Muslim, de ʿĀ’iša, dijo: Quien pretenda que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— informa de lo que acontecerá mañana, ha proferido contra Dios una enorme calumnia; y Dios —Altísimo— dice: «Di: nadie en los cielos y en la tierra conoce lo oculto sino Dios» [6403][Las Hormigas: 65]. Y “mafātiḥ” es plural de “miftaḥ”; esta es la lengua elocuente. Se dice: “miftāḥ” y su plural es “mafātīḥ”. Esta es la lectura de Ibn al-Sumayqiʿ: «mafātīḥ». Y “al-miftaḥ” designa todo aquello con lo que se abre un cierre: sea sensible, como el candado de una casa, o inteligible, como la reflexión. Ibn Māǧa en su Sunan y Abū Ḥātim al-Bustī en su Ṣaḥīḥ روایتaron de Anas b. Mālik que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Entre la gente hay quienes son llaves del bien y cerrojos del mal; y entre la gente hay quienes son llaves del mal y cerrojos del bien. Bienaventurado aquel en cuyas manos Dios puso las llaves del bien; y ¡ay de aquel en cuyas manos Dios puso las llaves del mal». En la aleya es una metáfora del acceso a los ocultos, del mismo modo que, en lo visible, mediante la llave se accede a lo que está oculto al ser humano. Por ello dijo alguno: se toma de la expresión de la gente: “ábreme tal cosa”, es decir: concédeme o enséñame aquello por lo que puedo llegar a ello. Así pues, Dios —Altísimo— posee el conocimiento de lo oculto, y en Su mano están los caminos que conducen a él; nadie los posee sino Él. A quien quiere darle acceso a ello, se lo da; y a quien quiere velárselo, se lo vela. Y esto, de Su efusión, no acontece sino sobre Sus mensajeros, como lo prueba la palabra del Altísimo: «Y no iba Dios a haceros conocer lo oculto, pero Dios elige de entre Sus mensajeros a quien quiere» [6404][La Familia de ʿImrān: 179]. Y dijo: «Conocedor de lo oculto: no manifiesta Su oculto a nadie, salvo a quien Él aprueba como Mensajero» [6405][Los Genios: 26–27]. La aleya [6406] Y se dijo: lo que se entiende por “mafātiḥ” son los depósitos del sustento, según al-Suddī y al-Ḥasan. Muqātil y al-Ḍaḥḥāk: los depósitos de la tierra. Esto es un uso figurado: se las nombró por aquello mediante lo cual se llega a ellas. Y se dijo: otra cosa, de entre lo que abarca el sentido del ḥadīṯ: es decir, que junto a Él están los plazos y el momento de su consumación. Y se dijo: los desenlaces de las vidas y los finales de las obras, y otras opiniones. La primera es la preferida. Y Dios sabe más.

La segunda.— Dijeron nuestros sabios: Él —Glorificado— atribuyó a Sí mismo el conocimiento de lo oculto en no pocas aleyas de Su Libro, salvo a quien Él escoge de Sus siervos [6407] Así, quien diga: “mañana descenderá la lluvia” y lo afirme con certeza, es incrédulo, tanto si lo informa por un indicio que pretende como si no. Y del mismo modo, quien diga que conoce lo que hay en el vientre es incrédulo. Pero si no lo afirma con certeza y dice: “el naw’ hace que Dios haga descender el agua por costumbre”, y que es causa del agua por costumbre, y que es causa del agua conforme a lo que Él decretó y precedió en Su conocimiento, no incurre en incredulidad; con todo, es recomendable que no lo exprese, pues en ello hay semejanza con la palabra de la gente de la incredulidad y desconocimiento de la sutileza de Su sabiduría: porque Él hace descender cuando quiere; unas veces con tal naw’ y otras sin naw’. Dijo Dios —Altísimo— [6409]: «Al amanecer, entre Mis siervos hay quien cree en Mí y quien descree por causa del astro», según vendrá su explicación en «Al-Wāqiʿa» [6410], si Dios quiere. Dijo Ibn al-ʿArabī: Y asimismo la palabra del médico: “si el pecho derecho tiene oscura la areola, es varón; y si está en el pecho izquierdo, es hembra”; o “si la mujer siente el costado derecho más pesado, el feto es hembra”; si lo afirma como costumbre y no como algo necesario en la constitución, no incurre en incredulidad ni en perversión. En cambio, quien pretenda adquirir (por sí) conocimiento del futuro de la vida es incrédulo. O quien informe de los acontecimientos, generales o detallados, antes de que acontezcan: no hay duda de su incredulidad también. En cuanto a quien informa del eclipse del sol y de la luna, nuestros sabios dijeron: se le disciplina, pero no se le encarcela. Que no se le declare incrédulo es porque un grupo dijo: es algo que se alcanza mediante el cálculo y la estimación de las mansiones, conforme a lo que Dios informó en Su palabra: «Y a la luna le hemos determinado mansiones» [6411][Yā Sīn: 39]. Y en cuanto a disciplinarlos, es porque introducen la duda en el vulgo, pues no alcanzan a distinguir entre esto y lo demás; así, perturban sus creencias y abandonan sus fundamentos en la certeza. Por ello se les disciplina hasta que oculten [6412] eso, si lo conocen, y no lo divulguen.

Digo: Y de este mismo capítulo también [6413] es lo que se recoge en el Ṣaḥīḥ de Muslim, de una de las esposas del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Quien acuda a un adivino y le pregunte por algo [6414], no se le aceptará la oración durante cuarenta noches». El ʿarrāf es el conjeturador y el astrólogo que pretende conocer lo oculto. Es de la ʿirāfa, y su practicante es ʿarrāf: aquel que infiere los asuntos a partir de causas y premisas cuya ciencia pretende. Y algunos de los practicantes de este arte se apoyan en ello en el augurio, el trazado y las estrellas, y en causas habituales en ello. Este arte es la ʿiyāfa (con yā’). Asimismo se le aplica el nombre de kahāna (adivinación), como dijo el cadí ʿIyāḍ. La kahāna: pretender el conocimiento de lo oculto. Dijo Abū ʿUmar b. ʿAbd al-Barr en el libro (Al-Kāfī) [6415]: Entre las ganancias sobre cuya prohibición hay consenso están la usura, los dotes de las prostitutas, el suḥt, los sobornos, cobrar por las plañideras y el canto, así como por la adivinación, la pretensión de lo oculto y las noticias del cielo; y por las flautas, el juego y toda falsedad. Dijeron nuestros sabios: Las situaciones se han invertido en estos tiempos por acudir a los astrólogos y a los adivinos, especialmente en las tierras egipcias: se ha extendido entre sus notables, sus seguidores y sus emires el tomar astrólogos; más aún, muchos de los que se adscriben al fiqh y a la religión se dejaron engañar y acudieron a esos adivinos y ʿarrāfūn: los embaucaron con imposibles, les extrajeron dinero, y de sus palabras obtuvieron espejismo [6416] y al, y de sus religiones corrupción y extravío. Todo ello pertenece a los pecados mayores, por la palabra de él —sobre él la paz—: «no se le aceptará la oración durante cuarenta noches». ¿Qué será, entonces, de quien los toma (por consejeros) y gasta en ellos apoyándose en sus dichos? Muslim —Dios tenga misericordia de él— روایتó [6417] de ʿĀ’iša —Dios esté complacido con ella— [6418] que dijo: Unas personas preguntaron al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de los adivinos, y dijo: «No son nada» [6419] Dijeron: ¡Oh Mensajero de Dios! A veces nos cuentan algo y resulta ser verdad. Entonces el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Esa palabra de verdad el yinn la arrebata y la vierte [6420] en el oído de su aliado como el cacareo de la gallina [6421]; y ellos mezclan con ella cien mentiras». Dijo al-Ḥumaydī: No hay para Yaḥyā [6422] b. ʿUrwa, de su padre, de ʿĀ’iša, en el Ṣaḥīḥ, sino este (ḥadīṯ). Y al-Bujārī también lo sacó [6423] por la vía de Abū al-Aswad Muḥammad b. ʿAbd al-Raḥmān, de ʿUrwa, de ʿĀ’iša: que ella oyó al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decir: «Los ángeles descienden en el ʿanān, que es la nube, y mencionan el asunto decretado en el cielo; entonces los demonios hurtan la escucha y lo oyen, y lo inspiran a los adivinos; y ellos, junto con ello, mienten cien mentiras de su propia cosecha». Este sentido vendrá en «Saba’», si Dios —Altísimo— quiere [6424]

La tercera.— Su palabra —Altísimo—: «Y conoce lo que hay en la tierra y en el mar». Los mencionó en particular porque son las mayores criaturas contiguas al ser humano; es decir: conoce lo que perece en la tierra y en el mar. Y se dice: conoce lo que hay en la tierra de vegetación, grano y hueso, y lo que hay en el mar de animales y el sustento de cuanto hay en él. «Y no cae una hoja sin que Él la conozca». Yazīd b. Hārūn روایتó de Muḥammad b. Isḥāq, de Nāfiʿ, de Ibn ʿUmar, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo: «No hay siembra en la tierra, ni frutos en los árboles, ni grano en las tinieblas de la tierra, sin que sobre ello esté escrito: “En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso: sustento de Fulano hijo de Fulano”». Y eso es Su palabra en Su Libro decisivo: «Y no cae una hoja sin que Él la conozca; ni un grano en las tinieblas de la tierra; ni lo tierno ni lo seco, sin que esté en un Libro claro». Al-Naqqāš نقلó de Ǧaʿfar b. Muḥammad que por “la hoja” se entiende el abortado de los hijos de los hijos de Adán; por “el grano”, el que no es abortado; por “lo tierno”, el vivo; y por “lo seco”, el muerto. Dijo Ibn ʿAṭiyya: Esta es una opinión que discurre por el método de los símbolos; no es auténtica de Ǧaʿfar b. Muḥammad y no conviene prestarle atención. Y se dijo: el sentido de «Y no cae una hoja» es: de la hoja del árbol, sino que Él sabe cuándo cae, dónde cae y cuántas vueltas da en el aire; y no hay grano sino que Él sabe cuándo brota, cuánto brota y quién lo come. «Y las tinieblas de la tierra»: sus entrañas. Esto es lo más correcto, pues concuerda con el ḥadīṯ y es lo que exige la aleya. Y Dios es Quien concede el éxito hacia la guía. Y se dijo: «en las tinieblas de la tierra» significa la roca que está por debajo de las siete tierras. «Ni lo tierno ni lo seco»: en genitivo, por coordinación con la forma (del término precedente). E Ibn al-Sumayqiʿ, al-Ḥasan y otros leyeron ambos en nominativo, por coordinación con la posición (sintáctica) de «de hoja»; así, «min» en este caso es para énfasis. «Sino en un Libro claro»: es decir, en la Tabla preservada, para que los ángeles tomen consideración de ello; no porque Él —Glorificado— lo haya escrito por temor a un olvido que pudiera alcanzarle; exaltado sea por encima de eso. Y se dijo: lo escribió, siendo que Él lo conoce, para magnificar el asunto; es decir: sabed que esto, en lo que no hay recompensa ni castigo, está escrito; ¿cómo será, entonces, aquello en lo que hay recompensa y castigo?

[6403]: Véase t. 13, p. 225. [6404]: Véase t. 4, p. 288. [6405]: Véase t. 19, p. 26. [6406]: De K. [6407]: En K: «de un Mensajero». [6408]: Naw’: la puesta de una estrella de las mansiones por el occidente al alba y la salida de otra por el oriente que la enfrenta en ese mismo momento. Los árabes atribuían las lluvias, los vientos, el calor y el frío a la que se ponía. [6409]: Es decir, en el ḥadīṯ qudsī. [6410]: Véase t. 17, p. 228 y ss. [6411]: Véase t. 15, p. 29. [6412]: En A y Z: «oculten». [6413]: De J, K y Z. [6414]: Adición respecto al Ṣaḥīḥ de Muslim. [6415]: De J, K y Z. [6416]: Sarāb: el que aparece al mediodía, pegado al suelo, como si fuera agua corriente. Āl: el que aparece a media mañana, como agua entre el cielo y la tierra, que eleva las figuras y las hace parecer (distorsionadas). [6417]: De J, K y Z. [6418]: De J, K y Z. [6419]: La corrección es de Z. [6420]: Al-qarr: repetir la palabra en el oído del interlocutor hasta que la entienda. [6421]: Adición respecto al Ṣaḥīḥ de Muslim. [6422]: Es uno de los hombres de la cadena de transmisión de este ḥadīṯ. [6423]: De K. [6424]: Véase t. 14, p. 278 y ss.

Notas y Referencias

[6403] Véase t. 13, p. 225.

[6404] Véase t. 4, p. 288.

[6405] Véase t. 19, p. 26.

[6406] De K.

[6407] En K: de un Mensajero.

[6408] Naw’: la puesta de una estrella de las mansiones por el occidente al alba y la salida de otra por el oriente que la enfrenta en ese mismo momento. Los árabes atribuían las lluvias, los vientos, el calor y el frío a la que se ponía.

[6409] Es decir, en el ḥadīṯ qudsī.

[6410] Véase t. 17, p. 228 y ss.

[6411] Véase t. 15, p. 29.

[6412] En A y Z: «oculten».

[6413] De J, K y Z.

[6414] Adición respecto al Ṣaḥīḥ de Muslim.

[6415] De J, K y Z.

[6416] Sarāb: el que aparece al mediodía, pegado al suelo, como si fuera agua corriente. Āl: el que aparece a media mañana, como agua entre el cielo y la tierra, que eleva las figuras y las hace parecer (distorsionadas).

[6417] De J, K y Z.

[6418] De J, K y Z.

[6419] La corrección es de Z.

[6420] Al-qarr: repetir la palabra en el oído del interlocutor hasta que la entienda.

[6421] Adición respecto al Ṣaḥīḥ de Muslim.

[6422] Es uno de los hombres de la cadena de transmisión de este ḥadīṯ.

[6423] De K.

[6424] Véase t. 14, p. 278 y ss.