6

Los Rebaños

الأنعام Al-An'am
Aya 1

Versículo (Español)

[6:1] Alabado sea Dios que creó los cielos y la Tierra, y originó las tinieblas y la luz. Pero los que se niegan a creer igualan [sus ídolos] a su Señor.

Tafsir de Al-Qurtubi

{Alabado sea Dios, Quien creó los cielos y la tierra, e hizo las tinieblas y la luz; luego, quienes han negado la verdad equiparan (a otros) con su Señor.} (1) Introducción de la sura: Es mecana, según la opinión de la mayoría. Dijeron Ibn ‘Abbās y Qatāda: Es toda ella mecana, salvo dos aleyas de ella que descendieron en Medina: la palabra del Altísimo: "Y no han estimado a Dios con la estimación que Le es debida" [Al-An‘ām: 91] —descendió acerca de Mālik b. aṣ-Ṣayf y Ka‘b b. al-Ašraf, los dos judíos—; y la otra, Su palabra: "Y Él es Quien hizo surgir jardines emparrados y no emparrados" [Al-An‘ām: 141] —descendió acerca de Ṯābit b. Qays b. Šammās, el anṣārī. E Ibn Ǧurayǧ dijo: descendió acerca de Mu‘āḏ b. Ǧabal; y así lo dijo al-Māwardī. Al-Ṯa‘labī dijo: la sura "Al-An‘ām" es mecana salvo seis aleyas que descendieron en Medina: "Y no han estimado a Dios con la estimación que Le es debida" hasta el final de tres aleyas; y "Di: venid, recitaré lo que vuestro Señor os ha prohibido" [Al-An‘ām: 151] hasta el final de tres aleyas. Dijo Ibn ‘Aṭiyya: Y son las aleyas inequívocas (muḥkamāt). E Ibn al-‘Arabī mencionó que la palabra del Altísimo: "Di: no encuentro" descendió en La Meca el día de ‘Arafa. Y vendrá la exposición sobre todo ello, si Dios quiere. Y en la tradición se dice que descendió de una sola vez, salvo las seis aleyas; y la escoltaron setenta mil ángeles; y con una sola aleya de ella, doce mil ángeles, que es: "Y junto a Él están las llaves de lo oculto; nadie las conoce sino Él" [Al-An‘ām: 59] Descendieron con ella de noche. Tenían un zayal [1] de glorificación y alabanza; y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— llamó a los escribas y la escribieron aquella misma noche. Y Abū Ǧa‘far an-Naḥḥās transmitió con cadena, diciendo: Nos narró Muḥammad b. Yaḥyà; nos narró Abū Ḥātim Rūḥ b. al-Faraǧ, liberto de los Ḥaḍārima; dijo: nos narró Aḥmad b. Muḥammad Abū Bakr al-‘Umarī; nos narró Ibn Abī Fudayk; me narró ‘Umar b. Ṭalḥa b. ‘Alqama b. Waqqāṣ, de Nāfi‘ Abī Sahl [2] b. Mālik, de Anas b. Mālik, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: (Descendió la sura Al-An‘ām; con ella, una comitiva de ángeles que colmaba lo que hay entre los dos horizontes; tenían un zayal de glorificación) Y la tierra temblaba por ellos, mientras el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— decía: (¡Gloria a mi Señor, el Inmenso!) tres veces [3] Y ad-Dārimī Abū Muḥammad mencionó en su Musnad, de ‘Umar b. al-Jaṭṭāb —Dios esté complacido con él— [4] que dijo: Al-An‘ām es de las excelentes [5] del Corán. Y en él, de Ka‘b, dijo: La apertura de la "Torá" es la apertura de Al-An‘ām, y su cierre es el cierre de "Hūd". Y así lo dijo también Wahb b. Munabbih. Y al-Mahdawī mencionó: dijeron los exégetas: Que la "Torá" se abrió con Su palabra: "Alabado sea Dios, Quien creó los cielos y la tierra" [Al-An‘ām: 1] —la aleya—, y se cerró con Su palabra: "Alabado sea Dios, Quien no ha tomado hijo y no tiene asociado en el dominio [6]" [Al-Isrā’: 111] hasta el final de la aleya. Y al-Ṯa‘labī mencionó, de Ǧābir, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, que dijo: (Quien recite tres aleyas del comienzo de la sura "Al-An‘ām" hasta Su palabra: "y sabe lo que adquirís" [Al-An‘ām: 3], Dios le asigna cuarenta mil ángeles que escriben para él lo equivalente a su adoración hasta el Día de la Resurrección; y desciende un ángel del séptimo cielo con una maza [7] de hierro: si el demonio quiere susurrarle o inspirar en su corazón algo, le asesta un golpe y quedan entre él y el demonio setenta velos. Y cuando sea el Día de la Resurrección, Dios —Altísimo— dirá: "Camina bajo Mi sombra el día en que no hay sombra sino Mi sombra; come de los frutos de Mi Jardín, bebe del agua de al-Kawṯar y lávate con el agua de as-Salsabīl: tú eres Mi siervo y Yo soy tu Señor".) Y en al-Buḫārī, de Ibn ‘Abbās, dijo: Si te place conocer la ignorancia de los árabes, lee lo que está por encima de la ciento treinta de la sura "Al-An‘ām": "Ciertamente han perdido quienes mataron a sus hijos por necedad, sin conocimiento" hasta Su palabra: "y no estaban bien guiados [8]" [Al-An‘ām: 140].

Advertencia: Dijeron los sabios: esta sura es un fundamento [9] en la controversia contra los asociadores y otros innovadores, y contra quien desmiente la resurrección y la reunión; y esto exige que haya sido revelada de una sola vez, porque está en un solo sentido de argumentación, aunque ello se despliegue en muchos aspectos. Sobre ella edificaron los teólogos los fundamentos de la religión, porque en ella hay aleyas claras que refutan a los qadariyyas, a diferencia de las suras que mencionan (otros asuntos) y lo mencionado; y aumentaremos [10] la explicación de ello, si Dios quiere, con el poder de Dios —Altísimo— y Su auxilio [11]

En ella hay cinco cuestiones:

La primera: Su palabra —Altísimo—: "Alabado sea Dios". —Glorificado sea— comenzó su apertura con la alabanza a Sí mismo y la afirmación de la divinidad; es decir, que toda alabanza es Suya, sin asociado para Él. Si se dijera: también otras (suras) se abrieron con "Alabado sea Dios", de modo que bastaría con una sola y no haría falta el resto. Se responde: Porque cada una tiene un sentido en su lugar que no suple el de otra, por estar vinculada a gracias distintas; y además, por lo que hay en este lugar de prueba contra quienes equiparan (a otros) con su Señor. Ya ha precedido el sentido de "alabanza" en Al-Fātiḥa [6217]

La segunda: Su palabra —Altísimo—: "Quien creó los cielos y la tierra". Informó de Su poder, Su ciencia y Su voluntad, y dijo: "Quien creó", es decir, Quien inventó, hizo existir, originó y produjo de la nada. La creación (al-ḫalq) puede significar invención, y puede significar determinación (taqdīr); ya ha precedido; y ambos sentidos son aquí pretendidos. Y ello es prueba de su carácter contingente: elevó el cielo sin columnas y lo hizo llano sin desviación [6218]; y puso en él el sol y la luna como dos signos, lo adornó con las estrellas y depositó en él las nubes y los nubarrones como dos señales; extendió la tierra y depositó en ella los sustentos y la vegetación; diseminó en ella toda clase de bestias como signos; puso en ella las montañas como estacas y caminos como desfiladeros; hizo correr en ella ríos y mares; e hizo brotar en ella manantiales de las piedras: indicios de Su unicidad, de la inmensidad de Su poder, y de que Él es Dios, el Único, el Dominador. Y mostró, con Su creación de los cielos y la tierra, que Él es el Creador de toda cosa.

La tercera: Muslim transmitió: dijo: me narraron Surayǧ b. Yūnus y Hārūn b. ‘Abd Allāh; ambos dijeron: nos narró Ḥaǧǧāǧ b. Muḥammad; dijo: dijo Ibn Ǧurayǧ: me informó Ismā‘īl b. Umayya, de Ayyūb b. Ḫālid, de ‘Abd Allāh b. Rāfi‘, liberto de Umm Salama, de Abū Hurayra, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— tomó mi mano y dijo: (Dios —Poderoso y Majestuoso— creó la tierra (turbah) el sábado; creó en ella las montañas el domingo; creó los árboles el lunes; creó lo detestable el martes; creó la luz el miércoles; diseminó en ella las bestias el jueves; y creó a Adán —la paz sea con él— después del ‘aṣr del viernes, al final de la creación, en la última hora de las horas del viernes, entre el ‘aṣr y la noche.)

Digo: Los sabios introdujeron este ḥadiz como exégesis de la apertura de esta sura. Dijo al-Bayhaqī: Y los conocedores del ḥadiz sostuvieron que no está firmemente preservado, por contradecir lo que sostienen los exégetas y los historiadores. Y algunos sostuvieron que Ismā‘īl b. Umayya no lo tomó sino de Ibrāhīm b. Abī Yaḥyà, de Ayyūb b. Ḫālid; e Ibrāhīm no es prueba (ḥuǧǧa). Y Muḥammad b. Yaḥyà mencionó: pregunté a ‘Alī b. al-Madīnī acerca del ḥadiz de Abū Hurayra: (Dios creó la tierra (turbah) el sábado). Dijo ‘Alī: Este es un ḥadiz mediní: lo narró Hišām b. Yūsuf, de Ibn Ǧurayǧ, de Ismā‘īl b. Umayya, de Ayyūb b. Ḫālid, de Abū Rāfi‘, liberto de Umm Salama, de Abū Hurayra, que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— tomó mi mano. Dijo ‘Alī: e Ibrāhīm b. Abī Yaḥyà entrelazó mi mano y me dijo: entrelazó mi mano Ayyūb b. Ḫālid y me dijo: entrelazó mi mano ‘Abd Allāh b. Rāfi‘ y me dijo: entrelazó mi mano Abū Hurayra y me dijo: entrelazó mi mano Abū al-Qāsim, el Mensajero de Dios [6219]—Dios le bendiga y le conceda paz—, y dijo: (Dios creó la tierra el sábado) Y mencionó el ḥadiz con un tenor semejante. Dijo ‘Alī b. al-Madīnī: No creo que Ismā‘īl b. Umayya haya tomado este asunto sino de Ibrāhīm b. Abī Yaḥyà. Dijo al-Bayhaqī: y lo siguió en ello Mūsà b. ‘Ubayda ar-Rabaḏī, de Ayyūb b. Ḫālid, salvo que Mūsà b. ‘Ubayda es débil. Y se transmitió de Bakr b. aš-Šarūd, de Ibrāhīm b. Abī Yaḥyà, de Ṣafwān b. Sulaym, de Ayyūb b. Ḫālid; y su isnād es débil. De Abū Hurayra, del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, dijo: (Ciertamente, en el viernes hay una hora: nadie coincide con ella pidiendo a Dios —Poderoso y Majestuoso— algo, sino que se lo concede.) Dijo: entonces ‘Abd Allāh b. Salām dijo: Dios —Poderoso y Majestuoso— inició la creación: creó la tierra el domingo y el lunes; creó los cielos el martes y el miércoles; y creó los sustentos y lo que hay en la tierra el jueves y el viernes hasta la oración del ‘aṣr; y entre la oración del ‘aṣr y la puesta del sol creó a Adán. Lo transmitió al-Bayhaqī. Digo: En ello consta que Dios —Altísimo— inició la creación el domingo, no el sábado; y así ha precedido en "Al-Baqara" [6220] de Ibn Mas‘ūd y otros compañeros del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—. Y en ella ha precedido, de manera exhaustiva, la discrepancia sobre qué fue creado primero: la tierra o el cielo [6221] Y alabado sea Dios.

La cuarta: Su palabra —Altísimo—: "e hizo las tinieblas y la luz". Mencionó, tras la creación de las sustancias, la creación de los accidentes, porque la sustancia no puede prescindir de ellos; y aquello que no puede prescindir de lo contingente es contingente. La sustancia (al-ǧawhar), en la terminología de los teólogos, es la parte indivisible que porta el accidente. Ya hemos tratado su mención en el Libro al-Asnā, en el comentario de los Nombres de Dios —Altísimo—, en Su Nombre "el Uno". Y se llamó accidente (al-‘araḍ) “accidente” porque sobreviene en el cuerpo y en la sustancia, y por él cambia de un estado a otro. Y el cuerpo (al-ǧism) es lo compuesto. Lo mínimo a lo que se aplica el nombre de cuerpo son dos sustancias reunidas. Estas terminologías, aunque no existieran en la primera época, su significado está indicado por el sentido del Libro y la Sunna; no hay, pues, sentido en negarlas. Los sabios las han usado, han convenido en ellas, han edificado sobre ellas su discurso y con ellas abatieron a sus adversarios.

Los sabios discreparon sobre el sentido pretendido por “las tinieblas y la luz”. As-Suddī, Qatāda y la mayoría de los exégetas dijeron: Se pretende la negrura de la noche y el resplandor del día. Al-Ḥasan dijo: la incredulidad y la fe. Dijo Ibn ‘Aṭiyya: esto es apartarse del sentido aparente.

Digo: El término los abarca; y en la Revelación: "¿Acaso quien estaba muerto y le dimos vida, y le hicimos una luz con la que camina entre la gente, es como aquel cuyo ejemplo está en las tinieblas [6222]?" [Al-An‘ām: 122]. Y “la tierra” aquí es un nombre de género; su singular en la expresión equivale a su plural; y así también "la luz". Y semejante es: "luego os hace salir como niño [6223]" [Ġāfir: 67]. Y dijo el poeta:

Comed en parte de vuestro vientre y seréis castos

Ya ha precedido [6224] Y “hizo” (ǧa‘ala) aquí tiene el sentido de “creó”; no es admisible otro, como dijo Ibn ‘Aṭiyya.

Digo: Con ello concuerdan la expresión y el sentido en la trabazón: el plural queda coordinado con el plural, y el singular con el singular; así se armoniza la dicción y se manifiesta la elocuencia. Y Dios sabe más. Y se dijo: se pluralizó "las tinieblas" y se singularizó "la luz" porque las tinieblas no trascienden, mientras que la luz trasciende. Y al-Ṯa‘labī transmitió que algunos especialistas del significado dijeron: "hizo" aquí es redundante; y los árabes añaden "hizo" en el discurso, como en la palabra del poeta:

Y he llegado a ver dos como cuatro, y el uno como dos, cuando la vejez me abatió [6225]

Dijo an-Naḥḥās: Ǧa‘ala tiene el sentido de ḫalaqa; y cuando tiene el sentido de ḫalaqa no se transitiva sino a un solo complemento directo. Ya ha precedido este sentido; y los valores de ǧa‘ala en "Al-Baqara" [6226] han sido expuestos exhaustivamente.

La quinta: Su palabra —Altísimo—: "luego, quienes han negado la verdad equiparan (a otros) con su Señor". Es un inicio y un predicado; el sentido es: luego, quienes han negado la verdad ponen para Dios un igual y un asociado, siendo Él Quien creó estas cosas Él solo. Dijo Ibn ‘Aṭiyya: "luego" indica la fealdad del acto de los incrédulos, porque el sentido es: Su creación de los cielos y la tierra ya ha quedado establecida, Sus signos han resplandecido y Su favor por ello se ha hecho manifiesto; luego, después de todo eso, equipararon (a otros) con su Señor. Esto es como si dijeras: “Oh fulano, te he dado, te he honrado y te he hecho el bien; luego me insultas”. Si la coordinación se hiciera con “y” en esto y en lo semejante, no sería necesario el reproche como lo es con “luego”. Y Dios sabe más.

Notas y Referencias

[1] Quizá sea ‘Amr b. Murra, mencionado en la cadena del ḥadiz (véase Ibn Māǧa, t. 1, p. 139, y Sunan Abī Dāwūd, t. 1, p. 77, edición de Egipto).

[2] En algunas copias: «Abī Qāsim».

[3] En algunas copias: «al-masīy».

[4] Aleya 92, sura al-Ḥaǧǧ.

[5] Aleya 98, sura an-Naḥl.

[6] Su dicho: se le llama Ḫunzub. En la Nihāya de Ibn al-Aṯīr: «Dijo Abū ‘Amr: es un sobrenombre suyo; y al-ḫunzub (con fatḥa) es un trozo de carne; y se transmite también con kasra y con ḍamma».

[7] El añadido procede de Lisān al-‘Arab, voz (ḥǧr).

[8] Es an-Nābiġa aḏ-Ḏubyānī, como en Lisān al-‘Arab (šṭn).

[9] El añadido procede de Lisān al-‘Arab, voz (šṭn).

[10] En los originales: «iḏ baṭal»; la corrección es según al-Lisān.

[11] Al-fā’il: un tendón en los muslos, situado en la cavidad de la cadera, que desciende por las piernas.

[6217] Véase t. 1, p. 131 y ss.

[6218] Al-awad: la torcedura.

[6219] De ǧ.

[6220] Véase t. 1, pp. 255-256 y ss.

[6221] Véase t. 1, pp. 255-256 y ss.

[6222] Véase t. 7, p. 78.

[6223] Véase t. 12, p. 11.

[6224] [6224]: El verso completo es: «Ciertamente, vuestro tiempo es un tiempo de escasez» Dice el poeta: comed en parte de vuestro vientre hasta que os habituéis a ese tiempo, tiempo de hambre y sequía.

[6225] El verso aparece en t. 1, p. 228: «y los cuatro, dos»; lo correcto es lo que aquí figura.

[6226] Véase t. 1, p. 228.