El Compasivo
الرحمن Ar-RahmanVersículo (Español)
[55:44] No dejarán de ir y venir entre el fuego y un agua hirviente.
Tafsir de Al-Qurtubi
{Giran entre ella y entre un líquido hirviente, abrasador.} (44)
«Giran entre ella y entre un líquido hirviente, abrasador».
Dijo Qatāda: giran una vez entre el líquido hirviente y otra vez entre el Yáḥīm; y el Yáḥīm es el fuego, y el ḥamīm es la bebida.
Y en Su dicho —Exaltado sea—:
«abrasador»
hay tres interpretaciones.
La primera:
que es aquello cuyo calor y hervor han llegado a su término. Así lo dijeron Ibn ʿAbbās, Saʿīd ibn Jubayr y al-Suddī; y de ello es el dicho de al-Nābigha al-Dhubyānī:
«Y se tiñe una barba que traicionó y faltó a la lealtad *** con algo más rojo que la sangre pura de las entrañas
[14571] abrasadora»
Dijo Qatāda:
«abrasador»
ha sido cocido desde que Dios creó los cielos y la tierra; quiere decir: cuando pidan socorro contra el fuego, su socorro será eso.
Y dijo Kaʿb:
«abrasador»
es un valle de los valles de la Gehena en el que se reúne el pus de los moradores del fuego; y son sumergidos en él con sus grilletes hasta que se les dislocan las articulaciones; luego salen de él, y Dios les produce una nueva creación, y son arrojados al fuego. Eso es Su dicho —Exaltado sea—:
«Giran entre ella y entre un líquido hirviente, abrasador».
Y también se transmitió de Kaʿb:
que es «lo presente».
Y dijo Mujāhid:
es aquello cuya bebida ya ha llegado a su momento y ha alcanzado su extremo. Y la gracia, en lo que se ha descrito del espanto del Día de la Resurrección y del castigo de los criminales, es lo que hay en ello de disuasión de las desobediencias y de incitación a las obediencias. Y se transmitió del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— que pasó junto a un joven de noche que recitaba:
«Y cuando el cielo se henda y se torne como una rosa, como el ungüento» [al-Raḥmān: 37] y el joven se detuvo, lo ahogó el sollozo y se puso a decir: «¡Ay de mí por el día en que el cielo se henda, ay de mí!». Entonces el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
«¡Ay de ti, muchacho! Por Aquel en Cuya mano está mi alma, ciertamente los ángeles del cielo han llorado por tu llanto
[14572]».