El Humo
الدخان Ad-DukhanVersículo (Español)
[44:29] No lloraron por ellos ni el cielo ni la Tierra. Tampoco fueron perdonados.
Tafsir de Al-Qurtubi
{Y no lloraron por ellos el cielo y la tierra, ni se les concedió prórroga} (29)
Palabras del Altísimo:
«Y no lloraron por ellos el cielo y la tierra»;
es decir, por su incredulidad.
«Ni se les concedió prórroga»;
es decir, no fueron aplazados respecto del ahogamiento.
Los árabes solían decir, cuando moría uno de sus señores:
«Lloraron por él el cielo y la tierra», esto es: su desgracia abarcó las cosas, hasta el punto de que lo lloraron el cielo y la tierra, el viento y el relámpago; y lo lloraron las noches invernales.
Dijo el poeta:
Así, el viento llora su pena *** y el relámpago fulge en la nube
[13729]
Y dijo otro
[13730]:
Y el sol sale, sin estar eclipsado *** y lloran por ti las estrellas de la noche y la luna
Y dijo la jariyí
[13731]:
¡Oh árboles del Jābūr!, ¿por qué estáis frondosos? *** como si no os afligierais por Ibn Ṭarīf
Y ello es a modo de representación y figuración, como hipérbole en la exigencia de aflicción y llanto por él. El sentido es que ellos perecieron, y su desgracia no fue tenida por grande, ni se halló para ellos pérdida alguna.
Y se dijo: en la expresión hay una elipsis; esto es: no lloraron por ellos los habitantes del cielo y de la tierra, de entre los ángeles; como en la palabra del Altísimo:
«Y pregunta a la aldea» [ Yūsuf: 82 ] Antes bien, se alegraron de su destrucción; así lo dijo al-Ḥasan.
Yazīd al-Raqāshī transmitió de Anas ibn Mālik, quien dijo: El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «No hay creyente sino que tiene en el cielo dos puertas: una por la que desciende su sustento y otra por la que ascienden su palabra y su obra; y cuando muere, ambas lo echan en falta y lloran por él» —luego recitó—: «Y no lloraron por ellos el cielo y la tierra». Es decir: que ellos no realizaron en la tierra obra buena alguna por la cual se llorase por ellos, ni les ascendió al cielo obra buena, de modo que se llorase la pérdida de ello.
Dijo Muǧāhid: el cielo y la tierra lloran por el creyente cuarenta mañanas.
Dijo Abū Yaḥyā: me asombré de su dicho, y él dijo: «¿Te asombras? ¿Y cómo no habría de llorar la tierra por un siervo que la hace prosperar con la inclinación y la postración? ¿Y cómo no habría de llorar el cielo por un siervo cuyo tasbīḥ y takbīr en él tenían un zumbido como el zumbido de las abejas?».
Y dijeron ʿAlī e Ibn ʿAbbās —Dios esté complacido con ambos—: llora por él su lugar de oración en la tierra y el lugar de ascenso de su obra en el cielo.
Y la estimación del versículo, según esto, es: no lloraron por ellos los lugares de ascenso de sus obras en el cielo, ni los lugares de su adoración en la tierra. Y este es el sentido de lo dicho por Saʿīd ibn Ǧubayr.
En cuanto al llanto del cielo y de la tierra, hay tres aspectos:
El primero: que sea como el llanto conocido de los seres vivos; y parece que sea el dicho de Muǧāhid.
Y dijo Šurayḥ al-Ḥaḍramī: dijo el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—: «El islam comenzó siendo extraño y volverá a ser extraño como comenzó; así que, bienaventurados los extraños el Día de la Resurrección». Se dijo: «¿Quiénes son, Mensajero de Dios?». Dijo: «Son aquellos que, cuando la gente se corrompe, ellos se rectifican». Luego dijo: «Sabed que no hay extrañeza para un creyente; y no muere un creyente en extrañeza, ausente de quienes lo lloran, sin que lloren por él el cielo y la tierra». Luego el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— recitó: «Y no lloraron por ellos el cielo y la tierra». Luego dijo: «Sabed que ambos no lloran por el incrédulo».
Digo: Abū Nuʿaym mencionó —Muḥammad ibn Maʿmar—, diciendo: nos narró Abū Šuʿayb al-Ḥarrānī; dijo: nos narró Yaḥyā ibn ʿAbd Allāh; dijo: nos narró al-Awzāʿī; dijo: me narró ʿAṭāʾ al-Jurāsānī, quien dijo: no hay siervo que se postre ante Dios una postración en un lugar de los lugares de la tierra, sin que ese lugar testifique por él el Día de la Resurrección y llore por él el día en que muere.
Y se dijo: su llanto es el enrojecimiento de sus extremos; así lo dijo ʿAlī ibn Abī Ṭālib —Dios esté complacido con él—, y ʿAṭāʾ, al-Suddī y al-Tirmiḏī Muḥammad ibn ʿAlī; y lo transmitió de al-Ḥasan.
Dijo al-Suddī: cuando fue asesinado al-Ḥusayn ibn ʿAlī —Dios esté complacido con ambos—, el cielo lloró por él; y su llanto es su enrojecimiento.
Y Ǧarīr transmitió de Yazīd ibn Abī Ziyād, quien dijo: cuando fue asesinado al-Ḥusayn ibn ʿAlī ibn Abī Ṭālib —Dios esté complacido con ambos—, se enrojecieron por él los horizontes del cielo durante cuatro meses.
Dijo Yazīd: y su enrojecimiento es su llanto.
Y dijo Muḥammad ibn Sīrīn: se nos informó que el enrojecimiento que aparece con el crepúsculo no existía hasta que fue asesinado al-Ḥusayn ibn ʿAlī —Dios esté complacido con ambos—.
Y dijo Sulaymān al-Qāḍī: nos llovió sangre el día en que fue asesinado al-Ḥusayn.
Digo: al-Dāraquṭnī transmitió, en un ḥadiz de Mālik ibn Anas, de Nāfiʿ, de Ibn ʿUmar, que dijo: el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «El šafaq es el enrojecimiento».
Y de ʿUbāda ibn al-Ṣāmit y Šaddād ibn Aws, ambos dijeron: el šafaq es de dos clases: el enrojecimiento y la blancura; y cuando desaparece el enrojecimiento, la oración se hace lícita.
Y de Abū Hurayra, que dijo: el šafaq es el enrojecimiento. Esto refuta lo que transmitió Ibn Sīrīn. Y ya pasó en «al-Isrāʾ»
[13732] que, de Qurra ibn Jālid, dijo: el cielo no lloró por nadie sino por Yaḥyā ibn Zakarīyā y por al-Ḥusayn ibn ʿAlī; y su enrojecimiento es su llanto.
Y dijo Muḥammad ibn ʿAlī al-Tirmiḏī: el llanto es el derramar una cosa; así, cuando el ojo derrama su agua se dice «lloró»; y cuando el cielo derrama su enrojecimiento se dice «lloró»; y cuando la tierra derrama su polvareda se dice «lloró». Pues el creyente es luz, y con él está la luz de Dios; la tierra está iluminada por su luz aunque se ausente de tu vista; y si pierde la luz del creyente, se torna polvorienta y derrama su polvareda, porque era polvorienta por los pecados de la gente del politeísmo; y sólo se volvió luminosa por la luz del creyente; y cuando el creyente es tomado de ella, derrama su polvareda.
Y dijo Anas: el día en que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— entró en Medina, todo se iluminó; y el día en que fue tomado, todo se oscureció; y, estando nosotros en su enterramiento, no habíamos sacudido aún las manos de él cuando reprobamos nuestros corazones. En cuanto al llanto del cielo, es su enrojecimiento, como dijo al-Ḥasan.
Y dijo Naṣr ibn ʿĀṣim: la primera de las señales es un enrojecimiento que aparece; y ello no es sino por la cercanía de la Hora; así que derrama el llanto por quedar vacía de las luces de los creyentes.
Y se dijo: su llanto es una señal que aparece en ambos, que indica pesar y tristeza.
Digo: el primer dicho es más evidente, pues no hay imposibilidad en ello. Y si los cielos y la tierra glorifican, oyen y hablan, como lo hemos expuesto en «al-Isrāʾ, Maryam y Ḥā Mīm Fuṣṣilat»
[13733], así también lloran, junto con lo que ha venido en la noticia acerca de ello. Y Dios sabe mejor cuál es lo correcto de estas opiniones.
Notas y Referencias
[13729] El verso es de Yazīd ibn Mufarriġ al-Ḥimyarī. Este verso ha llegado en los ejemplares alterado; la corrección se toma de Wafayāt al-aʿyān y de Šarḥ al-Kāmil.
[13730] Es Ǧarīr.
[13731] La jariyí es Laylā bint Ṭarīf al-Šaybānī; compone una elegía por su hermano al-Walīd ibn Ṭarīf, que era jefe de los jariyíes y el más duro de ellos en valentía y acometida.
[13732] Véase t. 10, p. 220.
[13733] Véase t. 10, p. 266; t. 11, p. 157; y t. 15, p. 344.