Los Grupos
الزمر Az-ZumarVersículo (Español)
[39:42] Dios toma las almas en el momento de la muerte, y durante el sueño las de quienes aún no les ha llegado su hora. Retiene aquellas de quienes decretó su muerte, y devuelve las otras hasta [que se cumpla] el plazo prefijado [para su muerte]. En esto hay signos para quienes reflexionan.
Tafsir de Al-Qurtubi
{Alá toma las almas en el momento de su muerte, y también la que no ha muerto durante su sueño. Retiene aquella sobre la que ha decretado la muerte y envía la otra hasta un plazo determinado. Ciertamente, en ello hay signos para un pueblo que reflexiona} (42)
En él hay cuatro cuestiones:
La primera.—
Su dicho —Exaltado sea—:
«Alá toma las almas en el momento de su muerte»,
esto es, las recoge cuando se extinguen sus plazos.
«Y también la que no ha muerto durante su sueño».
Se ha discrepado acerca de ello.
Se dijo: las recoge impidiéndoles disponer, permaneciendo sus espíritus en sus cuerpos.
«Retiene aquella sobre la que ha decretado la muerte y envía la otra hasta un plazo determinado»;
esta es la que duerme: la deja libre para disponer hasta el término de su muerte. Dijo Ibn ʿĪsā
[13315]
Y dijo al-Farrāʾ: el sentido es: y recoge a la que no ha muerto durante su sueño cuando se cumple su plazo.
Dijo: y puede ser que su “tawaffī” sea su sueño; entonces, según esto, la elipsis sería: «y la que no ha muerto: su toma es su sueño».
Y dijo Ibn ʿAbbās y otros exegetas: las almas de los vivos y de los muertos se encuentran en el sueño y se reconocen entre sí cuanto Alá quiere de ellas; y cuando quiere que todas regresen a los cuerpos, Alá retiene junto a Sí las almas de los muertos y envía las almas de los vivos a sus cuerpos.
Y dijo Saʿīd b. Jubayr: Alá recoge las almas de los muertos cuando mueren, y las almas de los vivos cuando duermen; y se reconocen entre sí cuanto Alá quiere que se reconozcan.
«Retiene aquella sobre la que ha decretado la muerte y envía la otra»,
es decir, la devuelve.
Dijo ʿAlī —Dios esté complacido con él—: lo que el alma del durmiente ve, estando en el cielo, antes de ser enviada a su cuerpo, es la visión verídica; y lo que ve después de ser enviada y antes de asentarse en su cuerpo, se lo arrojan los demonios y le hacen imaginar falsedades: esa es la visión mendaz.
Y dijo Ibn Zayd: el sueño es una “toma” y la muerte es una “toma”.
Y del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— se transmitió que dijo:
(Así como dormís, así mismo morís; y así como despertáis, así mismo seréis resucitados).
Y dijo ʿUmar: el sueño es hermano de la muerte.
Y se narró, elevado (marfūʿ), en el hadiz de Jābir b. ʿAbd Allāh, que se dijo: «¡Mensajero de Alá! ¿Duermen los moradores del Paraíso?» Dijo:
(No; el sueño es hermano de la muerte, y en el Paraíso no hay muerte).
Lo transmitió al-Dāraquṭnī.
Y dijo Ibn ʿAbbās:
(En el hijo de Adán hay nafs y rūḥ; entre ambos hay como el rayo del sol: la nafs es con la que hay intelecto y discernimiento, y el rūḥ es con el que hay aliento y movimiento; cuando el siervo duerme, Alá toma su nafs y no toma su rūḥ).
Este es el dicho de Ibn al-Anbārī y de al-Zajjāj.
Dijo al-Qushayrī Abū Naṣr: en esto hay lejanía, pues lo que se entiende de la aleya es que lo tomado en ese momento —la nafs— es una sola cosa; por eso dijo:
«Retiene aquella sobre la que ha decretado la muerte y envía la otra hasta un plazo determinado».
Así pues, Alá toma el espíritu en dos estados: en el estado del sueño y en el estado de la muerte. Lo que toma en el estado del sueño significa que lo cubre con aquello que lo retiene de disponer, como si fuese algo tomado; y lo que toma en el estado de la muerte, lo retiene y no lo envía hasta el Día de la Resurrección.
Y su dicho:
«Y envía la otra»,
es decir, aparta de ella lo que la retenía, y vuelve a ser como era. La “toma” de las almas en el estado del sueño es mediante la supresión de la sensibilidad y la creación de la distracción y del defecto en el lugar de la percepción; y su “toma” en el estado de la muerte es mediante la creación de la muerte y la supresión total de la sensibilidad.
«Retiene aquella sobre la que ha decretado la muerte»,
esto es, no crea en ella percepción: ¿cómo, si ya ha creado en ella la muerte?
«Y envía la otra»,
esto es, devolviéndole la sensibilidad.
La segunda.— La gente ha discrepado, a partir de esta aleya, acerca de la nafs y el rūḥ: si son una sola cosa o dos cosas, según lo que hemos mencionado. Lo más aparente es que son una sola cosa, y eso es lo que indican los relatos auténticos, como mencionaremos en este capítulo.
De ello está el hadiz de Umm Salama, que dijo: El Mensajero de Alá —Dios lo bendiga y le conceda paz— entró donde Abū Salama, y su mirada se había quedado fija
[13316]; entonces se la cerró, y luego dijo:
(En verdad, cuando el espíritu es tomado, la vista lo sigue).
Y el hadiz de Abū Hurayra, que dijo: Dijo el Mensajero de Alá —Dios lo bendiga y le conceda paz—:
(¿No veis que cuando el ser humano muere, su mirada queda fija?).
Dijo:
(Esto es cuando su vista sigue a su alma).
Ambos los transmitió Muslim.
Y de él, del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—, dijo:
(Se presentan los ángeles; y si el hombre era virtuoso, dicen: “Sal, oh alma buena que estabas en el cuerpo bueno; sal alabada, y recibe la buena nueva de descanso y albahaca, y de un Señor complacido, no airado”. Y no cesa de decírsele eso hasta que sale; luego se asciende con ella al cielo...)
Mencionó el hadiz; su isnād es auténtico; lo transmitió Ibn Mājah, y ya lo hemos mencionado en al-Tadhkira.
Y en el Ṣaḥīḥ de Muslim, de Abū Hurayra, dijo:
(Cuando sale el espíritu del creyente, lo reciben dos ángeles que ascienden con él...)
Y mencionó el hadiz.
Y Bilāl dijo en el hadiz del valle: «Me tomó mi alma, ¡Mensajero de Alá!, Aquel que tomó tu alma».
Y el Mensajero de Alá —Dios lo bendiga y le conceda paz— le respondió, en el hadiz de Zayd b. Aslam, en el hadiz del valle:
(¡Oh gente! En verdad, Alá tomó nuestros espíritus; y si hubiera querido, nos los habría devuelto en un momento distinto de este).
La tercera.— Lo correcto al respecto es que es un cuerpo sutil, entrelazado con los cuerpos sensibles: es atraído y sale; en sus mortajas es envuelto y plegado; con él se asciende al cielo; no muere ni se extingue; es de aquello que tiene comienzo y no tiene fin; y tiene ojos y manos; y posee fragancia buena y fragancia mala, como en el hadiz de Abū Hurayra. Esta es la descripción de los cuerpos, no la de los accidentes. Ya hemos mencionado las noticias sobre todo ello en el libro al-Tadhkira, acerca de los estados de los muertos y los asuntos de la Otra Vida.
Y dijo —Exaltado sea—:
«¿Por qué, pues, cuando llega a la garganta?» [al-Wāqiʿa: 83] esto es, el alma, hasta que sale del cuerpo; y esta es la descripción de un cuerpo. Y Alá sabe más.
La cuarta.— Al-Bujārī y Muslim transmitieron, del hadiz de Abū Hurayra, que el Mensajero de Alá —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo:
(Cuando uno de vosotros se recoja en su lecho, que tome el interior de su izār y sacuda con él su cama, y que mencione el nombre de Alá, pues no sabe qué ha quedado en su lecho después de él. Y cuando quiera recostarse, que se recueste sobre su costado derecho y diga: “Gloria a Ti, Señor mío: he puesto mi costado y por Ti lo levanto. Si retienes mi alma, perdónala”).
Y dijeron al-Bujārī, Ibn Mājah y al-Tirmidhī:
(ten misericordia de ella)
en lugar de
(perdónala).
(Y si la envías, guárdala con aquello con lo que guardas a Tus siervos virtuosos).
Al-Tirmidhī añadió:
(Y cuando despierte, que diga: “Alabado sea Alá, que me ha dado salud en mi cuerpo, me ha devuelto mi espíritu y me ha permitido recordarlo”).
Y al-Bujārī transmitió de Ḥudhayfa, que dijo: El Mensajero de Alá —Dios lo bendiga y le conceda paz—, cuando tomaba su lecho por la noche, ponía su mano bajo su mejilla y luego decía:
(¡Oh Alá! En Tu nombre muero y vivo).
Y cuando despertaba decía:
(Alabado sea Alá, que nos dio vida después de habernos dado muerte; y a Él es el retorno).
Su dicho —Exaltado sea—:
«Retiene aquella sobre la que ha decretado la muerte».
Esta es la lectura de la generalidad, como nombre de agente,
«la muerte»,
en acusativo; es decir: Alá decretó sobre ella [la muerte]. Es la opción de Abū Ḥātim y Abū ʿUbayd, por su dicho al comienzo de la aleya:
«Alá toma las almas»;
así pues, Él decreta sobre ellas.
Y leyeron al-Aʿmash, Yaḥyā b. Waththāb, Ḥamza y al-Kisāʾī:
«se decretó sobre ella la muerte»,
en pasiva. Al-Naḥḥās [dijo]: el sentido es uno, salvo que la primera lectura es más clara y más acorde con el hilo del discurso; porque ellos han concordado en
«y envía»,
y no leyeron
«y es enviada».
En la aleya hay una indicación de la inmensidad de Su poder y de Su unicidad en la divinidad: que Él hace lo que quiere, da vida y da muerte; nadie fuera de Él es capaz de ello.
«Ciertamente, en ello hay signos para un pueblo que reflexiona»;
esto es: en que Alá recoge el alma del muerto y del durmiente, y envía el alma del durmiente y retiene el alma del muerto.
Y dijo al-Aṣmaʿī: oí a Muʿtamir decir: el espíritu del ser humano es como una madeja
[13317] de hilo: se suelta el espíritu, y avanza, luego avanza, y después se pliega y vuelve y entra. Así, el sentido de la aleya es que, en el estado del sueño, se envía algo del espíritu, mientras que la mayor parte permanece en el cuerpo, unido a lo que sale de él mediante una unión sutil; y cuando la persona despierta, la mayor parte de su espíritu atrae lo que se había extendido de él y retorna.
Y se dijo otra cosa distinta.
Y en la Revelación:
«Y te preguntan acerca del espíritu. Di: el espíritu es asunto de mi Señor» [al-Isrāʾ: 85] esto es: nadie conoce su realidad sino Alá. Ya ha precedido en
«Subḥān»
[13318]
[13315]
:En una copia: “lo dijo Abū ʿĪsā”.
[13316]
:«Se le quedó fija la mirada»: es decir, se abrió.
[13317]
:«Madeja de hilo»: lo que se reúne de él.
[13318]
:Véase t. 10, p. 323 y siguientes, primera o segunda edición.