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ص SadVersículo (Español)
[38:44] [Le ordené:] "Toma en tu mano un manojo de hierbas y golpea [simbólicamente] con él a tu esposa, para que no perjures". Job fue paciente [ante todas las adversidades]. ¡Qué excelente siervo; volvía a Dios en todos sus asuntos y se arrepentía con sinceridad!
Tafsir de Al-Qurtubi
{Y toma en tu mano un haz, y golpea con él, y no faltes a tu juramento. Ciertamente, lo hallamos paciente. ¡Qué excelente siervo! En verdad, él era muy retornante.} (44)
En ella hay siete cuestiones:
La primera.— Ayyūb, durante su enfermedad, juró que golpearía a su esposa con cien azotes.
Y acerca de la causa de ello hay cuatro opiniones:
La primera: lo que transmitió Ibn ʿAbbās: que Iblīs la encontró con la apariencia de un médico; ella lo llamó para que tratara a Ayyūb, y él dijo: “Lo trataré con la condición de que, cuando sane, diga: ‘Tú me has curado’; no quiero otra recompensa fuera de esa”.
Ella dijo: “Sí”; y se lo sugirió a Ayyūb, y él juró que la golpearía.
Y dijo: “¡Ay de ti! Ese es el demonio”.
La segunda: lo que transmitió Saʿīd b. al-Musayyab: que ella le trajo una cantidad de pan superior a la que solía traerle; temió su traición y juró que la golpearía.
La tercera: lo que transmitió Yaḥyà b. Salām y otros: que el demonio la sedujo para que indujera a Ayyūb a sacrificar un cabritillo como ofrenda de acercamiento a él, y que así sanaría; ella se lo mencionó, y él juró que, si era curado, la golpearía cien veces.
La cuarta: se dijo que vendió sus trenzas por dos panes, al no encontrar nada que llevar a Ayyūb; y Ayyūb se apoyaba en ella cuando quería levantarse; por eso juró que la golpearía. Luego, cuando Dios lo curó, le ordenó que tomara un haz y golpeara con él; tomó entonces espigas (o varillas) en número de cien y la golpeó con un solo golpe.
Y se dijo: el ḍiġṯ es un puñado de hierba mezclada, fresca con seca.
E Ibn ʿAbbās dijo: es un racimo de palmera que reúne sus ramillas.
La segunda.— Esta aleya incluye la licitud de que el hombre golpee a su esposa como corrección disciplinaria. Ello porque la esposa de Ayyūb erró, y él juró que la golpearía cien veces; y Dios —Exaltado sea— le ordenó que la golpeara con un racimo de racimos de palmera; y esto no es lícito en los ḥudūd (penas legales). Dios se lo ordenó únicamente para que no golpeara a su esposa por encima del límite de la disciplina. Pues no le es lícito al marido golpear a su esposa por encima del límite de la disciplina;
y por eso dijo —la paz sea con él—:
«Y golpeadlas con un golpe no severo»
según lo ya expuesto anteriormente en “Las mujeres”, en su explicación.
La tercera.— Los sabios discreparon sobre si este dictamen es general o particular de Ayyūb únicamente. Se transmitió de Muǧāhid que es general para la gente. Lo mencionó Ibn al-ʿArabī. Y se narró de al-Qušayrī que eso es particular de Ayyūb. Y al-Mahdawī transmitió de ʿAṭāʾ b. Abī Rabāḥ que sostuvo que es un dictamen vigente, y que si golpea con cien varas y semejantes con un solo golpe, queda cumplido (barّ). Y se transmitió algo semejante de al-Šāfiʿī. Y se transmitió algo semejante del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— respecto del inválido por el cual quedó encinta la esclava joven: ordenó que se le golpeara con un racimo en el que hubiera cien ramillas, con un solo golpe.
Y dijo al-Qušayrī:
Y se le dijo a ʿAṭāʾ: “¿Se obra hoy conforme a esto?”.
Respondió: “El Corán no fue revelado sino para que se obre conforme a él y se siga”.
Ibn al-ʿArabī: y se transmitió de ʿAṭāʾ que es particular de Ayyūb.
Y así transmitió Abū Zayd de Ibn al-Qāsim, de Mālik: quien jure que golpeará a su siervo cien veces y las reúna y lo golpee con ellas con un solo golpe, no queda cumplido.
Dijo alguno de nuestros sabios: Mālik pretende con ello la palabra de Dios —Altísimo sea—:
«Para cada uno de vosotros hemos dispuesto una ley y un camino» [al-Māʾida: 48] es decir, que eso está abrogado por nuestra ley.
Dijo Ibn al-Munḏir: y hemos transmitido de ʿAlī que azotó a al-Walīd b. ʿUqba con un látigo de dos puntas, cuarenta azotes.
Y Mālik reprobó esto y recitó la palabra de Dios —Poderoso y Majestuoso—:
«Azotad a cada uno de ellos con cien azotes» [al-Nūr: 2] Y esta es la doctrina de los partidarios de la opinión (aṣḥāb al-raʾy). Al-Šāfiʿī argumentó para su postura con un ḥadīṯ, y se ha hablado acerca de su cadena de transmisión; y Dios sabe más.
Digo: el ḥadīṯ con el que argumentó al-Šāfiʿī lo transmitió Abū Dāwūd en su Sunan. Dijo: nos narró Aḥmad b. Saʿīd al-Hamdānī; dijo: nos narró Ibn Wahb; dijo: me informó Yūnus, de Ibn Šihāb; dijo: me informó Abū Umāma b. Sahl b. Ḥunayf que le informó uno de los compañeros del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— de entre los Anṣār: que un hombre de ellos enfermó hasta quedar exhausto, convertido en piel sobre hueso; entró a verlo una esclava joven de algunos de ellos, y él le hizo señas y cayó sobre ella.
Cuando entraron a visitarlo hombres de su gente, les informó de ello y dijo: “Consultad por mí al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz—, pues he caído sobre una esclava joven que entró donde yo estaba”. Se lo mencionaron al Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— y dijeron: “No hemos visto en nadie de la gente un daño como el que él padece; si lo lleváramos ante ti, sus huesos se dislocarían; no es sino piel sobre hueso”. Entonces el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— ordenó que tomaran para él cien ramillas y lo golpearan con ellas con un solo golpe.
Dijo al-Šāfiʿī: si alguien jura que golpeará a fulano cien azotes, o “un golpe”, y no dice “un golpe severo” ni lo ha tenido en intención en su corazón, le basta un golpe como el mencionado en la aleya y no falta a su juramento.
Dijo Ibn al-Munḏir: si un hombre jura que golpeará a su siervo cien veces y lo golpea con un golpe leve, queda cumplido según al-Šāfiʿī, Abū Ṯawr y los partidarios de la opinión.
Y dijo Mālik: no hay golpe sino el golpe que duele.
La cuarta.— Su palabra —Altísimo sea—:
«y no faltes a tu juramento»
es prueba de que la excepción en el juramento no levanta un dictamen si se hace con retraso. Ya pasó la exposición sobre ello en “al-Māʾida”. Se dice: ḥaniṯa en su juramento, yaḥnaṯu, cuando no lo cumple. Y para los kufíes, la wāw es expletiva, es decir: “golpea y no faltes a tu juramento”.
La quinta.— Dijo Ibn al-ʿArabī: Su palabra —Altísimo sea—:
«golpea con él y no faltes a tu juramento»
indica una de dos posibilidades: o bien que en su ley no había expiación, sino únicamente cumplimiento y perjurio.
La segunda: que de él procedió un voto (naḏr), no un juramento; y si el voto es determinado, no hay expiación en él según Mālik y Abū Ḥanīfa.
Y dijo al-Šāfiʿī: en todo voto hay expiación.
Digo: la afirmación de que en su ley no había expiación no es correcta; pues Ayyūb —sobre él la paz—, cuando permaneció en la aflicción dieciocho años, como en el ḥadīṯ de Ibn Šihāb, sus dos compañeros le dijeron: “Has cometido un pecado que no creo que nadie haya alcanzado”.
Ayyūb —la oración y la paz sean sobre él— dijo: “No sé qué decís; pero mi Señor —Poderoso y Majestuoso— sabe que yo solía pasar junto a dos hombres que se disputaban y cada uno juraba por Dios, o junto a un grupo que se disputaba; entonces regresaba a mi familia y expiaba por sus juramentos, queriendo que nadie incurriera en pecado: no mencionaba a Dios sino con verdad”. Entonces invocó a su Señor:
«Ciertamente, me ha tocado el daño, y Tú eres el más Misericordioso de los misericordiosos» [al-Anbiyāʾ: 83] Y mencionó el ḥadīṯ. Este ḥadīṯ te muestra que la expiación formaba parte de la ley de Ayyūb, y que quien expía por otro sin su permiso ha cumplido lo obligatorio por él y la expiación queda levantada de él.
La sexta.— Algunos ignorantes de los ascetas y la chusma de los sufíes adujeron como prueba, a partir de la palabra de Dios a Ayyūb:
«golpea con tu pie»
la licitud de la danza. Dijo Abū l-Faraǧ al-Ǧawzī: esta es una argumentación fría; porque si se le hubiera ordenado golpear el pie por alegría, tendrían en ello una apariencia de prueba; pero se le ordenó golpear el pie para que brotara el agua.
Dijo Ibn ʿAqīl: ¿dónde está la indicación, en un afligido al que se le ordena, al retirarse la aflicción, que golpee con su pie la tierra para que brote el agua como milagro, de la danza?
Y si fuera lícito que Su palabra —Glorificado sea— a Moisés:
«golpea con tu vara la roca» [al-Baqara: 60] fuera indicio de golpear a los contendientes con varas, nos refugiamos en Dios del juego con la ley.
Y algunos de los de entendimiento corto de entre ellos argumentaron que el Mensajero de Dios —Dios lo bendiga y le conceda paz— dijo a ʿAlī:
«Tú eres de mí y yo soy de ti»,
y entonces él hizo ḥaǧl;
y dijo a Ǧaʿfar:
«Te pareces a mi forma y a mi carácter»,
y entonces él hizo ḥaǧl;
y dijo a Zayd:
«Tú eres nuestro hermano y nuestro protegido»,
y entonces él hizo ḥaǧl. Y algunos argumentaron que los abisinios zafana(t) y el Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz— los miraba.
La respuesta: en cuanto al ḥaǧl, es un tipo de andar que se hace en la alegría; ¿dónde está eso y la danza? Y asimismo el zafn de los abisinios es un tipo de andar que se hace al encuentro para la guerra.
La séptima.— Su palabra —Altísimo sea—:
«Ciertamente, lo hallamos paciente»
es decir, ante la aflicción.
«¡Qué excelente siervo! En verdad, él era muy retornante»
es decir, penitente, vuelto (a Dios), obediente. Se preguntó a Sufyān acerca de dos siervos: a uno se le probó y fue paciente, y al otro se le concedió favor y fue agradecido.
Dijo: “Ambos son iguales”; porque Dios —Altísimo sea— elogió a dos siervos, uno paciente y el otro agradecido, con un mismo elogio:
dijo en la descripción de Ayyūb:
«¡Qué excelente siervo! En verdad, él era muy retornante»
y dijo en la descripción de Sulaymān:
«¡Qué excelente siervo! En verdad, él era muy retornante».
Digo: el autor de (al-Qūt) refutó estas palabras y argumentó con la historia de Ayyūb para preferir al pobre sobre el rico, y mencionó muchas palabras con las que apuntaló su discurso; y ya lo hemos mencionado en otro lugar de este libro [Manhaǧ al-ʿubbād wa-maḥaǧǧat al-sālikīn wa-l-zuhhād]. Se le ocultó que Ayyūb —sobre él la paz— fue uno de los profetas ricos antes de la aflicción y después de ella; sólo fue probado con la pérdida de su hacienda y de sus hijos, y con una grave enfermedad en su cuerpo. Asimismo los profetas —las oraciones de Dios y Su paz sean sobre ellos— fueron pacientes ante aquello con lo que fueron examinados y puestos a prueba. Ayyūb —sobre él la paz— entró en la aflicción en un estado y salió de ella tal como entró; no cambió en él ni condición ni palabra. Así, se reunió con Ayyūb en el significado pretendido —que es la ausencia de cambio—, por el cual unas personas superan a otras. Y bajo esta consideración, el rico agradecido y el pobre paciente son iguales. Y es como dijo Sufyān. Y Dios sabe más.
Y en el ḥadīṯ de Ibn Šihāb, del Profeta —Dios lo bendiga y le conceda paz—:
«Ayyūb salió para lo que solía salir a hacer por su necesidad; entonces Dios le reveló:
“Golpea con tu pie: este es un baño frío y una bebida”.
Se lavó, y Dios le devolvió su carne, su cabello y su piel en el mejor estado que habían tenido; luego bebió, y Dios hizo desaparecer todo lo que había en su interior de dolor o debilidad. Y Dios hizo descender sobre él dos vestiduras del cielo, blancas; se ciñó una de ellas a la cintura y se cubrió con la otra. Luego se encaminó andando hacia su casa, y se demoró respecto de su esposa.
Ella salió hasta encontrarse con él sin reconocerlo; lo saludó y dijo: “¡Oh, que Dios tenga misericordia de ti! ¿Has visto a ese hombre afligido?”. Dijo: “¿Quién es?”. Dijo: “El Profeta de Dios, Ayyūb. Por Dios, jamás he visto a nadie más parecido a él que tú, cuando estaba sano”.
Dijo: “Yo soy Ayyūb”. Y tomó un haz y la golpeó con él».
Ibn Šihāb afirmó que aquel haz era de ṯumām. Y Dios le devolvió a su familia y otro tanto con ellos. Entonces vino una nube y vertió en su era de trigo oro hasta llenarla; y vino otra nube a la era de su cebada y de sus legumbres, y vertió en ella plata hasta llenarla.
Notas y Referencias
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