La Familia de Imran
آل عمران Ali 'ImranVersículo (Español)
[3:75] Entre la Gente del Libro hay quienes, si les confías un gran tesoro te lo devuelven, y quienes si les confías una moneda te la devuelven solo después de pedírsela con insistencia. Eso es porque dicen: "No seremos recriminados por no cumplir con quienes no han recibido ninguna revelación". Ellos inventan mentiras acerca de Dios a sabiendas.
Tafsir de Al-Qurtubi
{۞Y entre la Gente del Libro hay quien, si le confías un quintal, te lo devuelve; y entre ellos hay quien, si le confías un dinar, no te lo devuelve sino mientras permanezcas sobre él en pie. Eso es porque dijeron: «No hay contra nosotros camino alguno respecto de los ummíes», y dicen contra Dios la mentira, a sabiendas.} (75)
Contiene ocho cuestiones:
La primera:
Su dicho —Exaltado sea—:
«Y entre la Gente del Libro hay quien, si le confías un quintal, te lo devuelve»,
como ‘Abd Allāh ibn Salām.
«Y entre ellos hay quien, si le confías un dinar, no te lo devuelve»,
y es Finḥāṣ ibn ‘Āzūrā’ el judío: un hombre le confió un dinar y él lo traicionó.
Y se dijo: Ka‘b ibn al-Ashraf y sus compañeros.
Ibn Waththāb y al-Ashhab al-‘Uqaylī leyeron: «man in ti’manhu», según la lengua de quienes leen «nasta‘īn», y es la lengua de Bakr y Tamīm. Y en la lectura de ‘Abd Allāh: «mālaka lā tīmannā ‘alā Yūsuf». Los demás, con alif. Nāfi‘ y al-Kisā’ī leyeron «yu’addīhi» con yā’ en la unión.
Dijo Abū ‘Ubayd: Abū ‘Amr, al-A‘mash, ‘Āṣim y Ḥamza —en la transmisión de Abū Bakr— coincidieron en detenerse en la hā’, y leyeron: «yu’addihْ ilayka».
Dijo al-Naḥḥās: con la hā’ en sukūn no es lícito sino en poesía según algunos gramáticos; y algunos no lo permiten en absoluto y consideran que es un error de quien lo leyó así, y que imaginó que el jazm recae sobre la hā’. Y Abū ‘Amr es demasiado eminente como para que se le atribuya algo semejante. Lo correcto de él es que quebraba la hā’, y esa es la lectura de Yazīd ibn al-Qa‘qā‘.
Dijo al-Farrā’: la doctrina de algunos árabes es hacer jazm de la hā’ cuando lo anterior está vocalizado; dicen: «ḍarabtuhu ḍarban shadīdan», del mismo modo que aquietan la mīm de «antum» y «qumtum», siendo su origen el raf‘, como dijo el poeta:
«lammā ra’ā allā da‘ahْ wa-lā shiba‘ْ *** māla ilā arṭātin ḥiqf»
[3170] faḍṭaja‘
Y se dijo: sólo fue lícito aquietar la hā’ en este lugar porque cayó en posición de jazm, y ello es la yā’ elidida. Abū al-Mundhir Salām y al-Zuhrī leyeron «yu’adduhu» con ḍamma en la hā’ sin wāw. Y Qatāda, Ḥumayd y Mujāhid leyeron «yu’addihū» con wāw en la unión; se escogió para ella la wāw porque la wāw es labial y la hā’ es de punto de articulación distante.
Dijo Sībawayh: la wāw en el masculino es como el alif en el femenino; y se cambia por yā’ porque la yā’ es más ligera cuando antes hay kasra o yā’; y se suprime la yā’ y permanece la kasra, porque la yā’ ya se suprimía estando el verbo en raf‘, y por ello se mantuvo en su estado.
La segunda:
Informó —Exaltado sea— que entre la Gente del Libro hay el traidor y el fiel; y los creyentes no distinguen eso, por lo que conviene evitar a todos ellos. Y mencionó en particular a la Gente del Libro aunque los creyentes sean también así, porque la traición entre ellos es más frecuente; así, el discurso salió conforme a lo predominante. Y Dios sabe más. Ya pasó la explicación de «quintal». En cuanto al dinar, son veinticuatro qīrāṭ, y el qīrāṭ son tres granos del centro de la cebada; su total es setenta y dos granos, y ello es objeto de consenso. Quien guarda lo mucho y lo entrega, con mayor razón lo poco; y quien traiciona en lo exiguo o lo retiene, en lo mucho es más aún. Esto es la prueba más clara para sostener la doctrina del mafhūm al-khiṭāb. Y sobre ello hay entre los sabios una gran discrepancia
[3171] consignada en los Fundamentos del fiqh.
Y mencionó —Exaltado sea— dos clases: quien entrega y quien no entrega sino con la vigilancia constante sobre él; y puede haber entre la gente quien no entregue aunque permanezcas sobre él en pie. Mencionó —Exaltado sea— las dos clases porque son lo predominante y lo habitual, y la tercera es rara; así, el discurso salió conforme a lo predominante. Ṭalḥa ibn Muṣarrif, Abū ‘Abd al-Raḥmān al-Sulamī y otros leyeron «dimt» con kasra en la dāl, y son dos lenguas; la kasra es la lengua de Azd al-Sarāt, de «dimt tadām», como: «khift takhāf». Al-Akhfash transmitió: «dimt tadūm», como anomalía.
La tercera:
Abū Ḥanīfa dedujo, para su doctrina sobre la obligación de permanecer junto al deudor, el dicho —Exaltado sea—: «sino mientras permanezcas sobre él en pie»; y el resto de los sabios lo rechazó. Ya se adelantó en al-Baqara
[3172] Y algunos bagdadíes de nuestros sabios
[3173] dedujeron la prisión del deudor a partir de Su dicho —Exaltado sea—: «Y entre ellos hay quien, si le confías un dinar, no te lo devuelve sino mientras permanezcas sobre él en pie». Pues si le es lícito vigilarlo estrechamente y impedirle disponer, es lícito encarcelarlo.
Y se dijo: el sentido de «sino mientras permanezcas sobre él en pie» es: con tu rostro ante él, de modo que te tema y se avergüence de ti, pues el pudor está en los ojos. ¿Acaso no ves el dicho de Ibn ‘Abbās —Dios esté complacido con él—: “No pidáis al ciego una necesidad, pues el pudor está en los ojos”? Y cuando pidas a tu hermano una necesidad, míralo al rostro hasta que se avergüence y la satisfaga.
Y se dice: «en pie», es decir, apegado a él; pues si le concedes plazo, te negará.
Y se dijo: quiso con el “estar en pie” la continuidad de la reclamación, no el acto mismo de estar de pie. Y el dinar, su origen es «dinnār»; se sustituyó una de las dos nūn por una yā’ buscando aligeramiento por su frecuente uso. Lo indica que su plural es «danānīr» y su diminutivo «dunaynir».
La cuarta:
La amāna (depósito/fiabilidad) es de enorme rango en la religión; y de la grandeza de su rango es que ella y el parentesco se alzan en los dos flancos
[3174] del Ṣirāṭ, como en el Ṣaḥīḥ de Muslim. No se permite el paso sino a quien los haya preservado.
Muslim transmitió de Ḥudhayfa, que dijo: El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— nos habló del levantamiento de la amāna, y dijo: «El hombre duerme una dormida y se le arrebata la amāna de su corazón…», el ḥadīṯ. Ya se adelantó completo al inicio de al-Baqara
[3175]
Ibn Mājah transmitió: nos narró Muḥammad ibn al-Muṣaffā; nos narró Muḥammad ibn Ḥarb, de Sa‘īd ibn Sinān, de Abū al-Zāhiriyya, de Abū Shajara Kathīr ibn Murra, de Ibn ‘Umar, que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Ciertamente, cuando Dios —Poderoso y Majestuoso— quiere destruir a un siervo, le arranca el pudor; y cuando le arranca el pudor, no lo encuentras sino detestable y detestado; y cuando no lo encuentras sino detestable y detestado, se le arranca la amāna; y cuando se le arranca la amāna, no lo encuentras sino traidor y tenido por traidor; y cuando no lo encuentras sino traidor y tenido por traidor, se le arranca la misericordia; y cuando se le arranca la misericordia, no lo encuentras sino apedreado y maldito; y cuando no lo encuentras sino apedreado y maldito, se le arranca el vínculo del Islam».
Ya pasó en al-Baqara el sentido de su dicho —sobre él la paz—: «Entrega la amāna a quien te la confió y no traiciones a quien te traicionó». Y Dios sabe más.
La quinta:
En esta aleya no hay declaración de probidad para la Gente del Libro ni para algunos de ellos, contra quien fue a eso; pues entre los pecadores de los musulmanes se encuentra quien entrega la amāna y a quien se le confía mucho dinero, y no por ello son justos. El camino de la ‘adāla (probidad) y del testimonio no basta en él el mero cumplimiento de la amāna en el dinero por la vía del trato y del depósito. ¿Acaso no ves su dicho: «No hay contra nosotros camino alguno respecto de los ummíes» [Āl ‘Imrān: 75]? ¿Cómo se declararía justo a quien cree lícito apropiarse de nuestros bienes y de nuestro honor sin que haya para él reparo? Y si eso bastara para declararlos probos, se aceptaría su testimonio contra los musulmanes.
La sexta:
Su dicho —Exaltado sea—: «Eso es porque dijeron», es decir, los judíos: «No hay contra nosotros camino alguno respecto de los ummíes». Se dijo: los judíos, cuando comerciaban con los musulmanes, decían: “No hay contra nosotros camino alguno respecto de los ummíes”, es decir, no hay estrechez ni culpa en oprimirlos, por su discrepancia con nosotros. Y pretendieron que eso estaba en su Libro; y Dios —Poderoso y Majestuoso— los desmintió y les replicó diciendo: «¡Sí!»; es decir, sí hay contra ellos camino de castigo por su mentira y por considerar lícitos los bienes de los árabes.
Dijo Abū Isḥāq al-Zajjāj: aquí concluye el discurso.
Luego dijo: «Quien cumpla su pacto y tema» [Āl ‘Imrān: 76].
Y se dice: los judíos habían tomado prestados bienes de los beduinos; cuando los dueños de los derechos abrazaron el Islam, los judíos dijeron: “No tenéis nada contra nosotros, porque abandonasteis vuestra religión y, por ello, cayó nuestra deuda hacia vosotros”. Y pretendieron que era el dictamen de la Torá. Entonces dijo Dios —Exaltado sea—: «¡Sí!», como refutación de su dicho «No hay contra nosotros camino alguno respecto de los ummíes»; es decir, no es como decís. Luego reanudó diciendo: «Quien cumpla su pacto y tema» la asociación (shirk), no es de los mentirosos, sino que Dios y Su Mensajero lo aman.
La séptima:
Un hombre dijo a Ibn ‘Abbās: “Nosotros tomamos deliberadamente de los bienes de la gente de la dhimma una gallina o una oveja, y decimos: no hay mal en ello”. Él le dijo: “Esto es como lo que dijo la Gente del Libro: «No hay contra nosotros camino alguno respecto de los ummíes». Cuando pagan la yizya, no os son lícitos sus bienes sino con el beneplácito de sus almas”. Lo mencionó ‘Abd al-Razzāq, de Ma‘mar, de Abū Isḥāq al-Hamdānī, de Ṣa‘ṣa‘a, que un hombre dijo a Ibn ‘Abbās, y lo mencionó.
La octava:
Su dicho —Exaltado sea—: «Y dicen contra Dios la mentira, a sabiendas» indica que al incrédulo no se le considera apto para la aceptación de su testimonio, porque Dios —Exaltado sea— lo describió como mentiroso. Y en ello hay refutación de los incrédulos que declaran ilícito y lícito fuera de lo que Dios ha declarado ilícito y lícito, y hacen de ello parte de la Ley.
Dijo Ibn al-‘Arabī: de aquí se desprende la refutación de quien juzga por istiḥsān sin prueba; y no sé de nadie de la gente de la qibla que lo haya dicho.
Y en el relato: cuando descendió esta aleya, el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «No hay cosa alguna de la época de la ignorancia sino que está bajo mis pies, excepto la amāna: ciertamente se entrega al virtuoso y al depravado».
Notas y Referencias
[3170] - La arṭā’a: singular de arṭā, y es un árbol de los árboles de la arena. Y al-ḥiqf (con kasra): lo que se curva de la arena.
[3171] - De D.
[3172] - Véase t. 3, p. 371.
[3173] - Nḫ: ب.
[3174] - Janbat al-wādī (con fatḥa en la nūn): su lado y su flanco. Y al-janba (con sukūn en la nūn): el lado; se dice: “fulano descendió janba”, es decir, a un lado.
[3175] - Véase t. 1, p. 188; y Ṣaḥīḥ Muslim, t. 1, p. 51, edición de Būlāq.