Las Hormigas
النمل An-NamlVersículo (Español)
[27:80] Tú no puedes hacer que los muertos [de corazón] oigan ni que los sordos [que no quieren oír] escuchen la prédica cuando rechazan la Verdad.
Tafsir de Al-Qurtubi
{إِنَّكَ لَا تُسۡمِعُ ٱلۡمَوۡتَىٰ وَلَا تُسۡمِعُ ٱلصُّمَّ ٱلدُّعَآءَ إِذَا وَلَّوۡاْ مُدۡبِرِينَ} (80)
«Ciertamente, tú no haces oír a los muertos»
Es decir: los incrédulos, por haber abandonado la reflexión; pues son como muertos: no tienen sensibilidad ni entendimiento.
Y se dijo: esto se refiere a aquel de quien se sabe que no creerá.
«Y no haces oír a los sordos la llamada cuando se vuelven de espaldas, alejándose»
Es decir: los incrédulos, que están en la condición de sordos respecto de aceptar las exhortaciones; cuando se les llama al bien, se apartan y se vuelven como si no oyeran.
Su paralelo es: «sordos, mudos, ciegos» [al-Baqara: 18] como ya se mencionó.
Ibn Muḥayṣin, Ḥumayd, Ibn Kaṯīr, Ibn Abī Isḥāq y ʿAbbās, de Abū ʿAmr, recitaron:
«y no hace oír»
con apertura de la yā’ y de la mīm,
«los sordos»
en nominativo, como sujeto. Los demás: «tú haces oír»,
verbo en imperfecto de «asmaʿtu» (hacer oír),
«los sordos»
en acusativo.
Cuestión:
ʿĀ’iša —Dios esté complacido con ella— argumentó con esta aleya, al negar que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— hiciera oír a los muertos de Badr; así, consideró el asunto mediante un razonamiento intelectual y se atuvo a esta aleya.
Y se ha confirmado del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— que dijo:
(«No sois vosotros más oyentes que ellos»).
Dijo Ibn ʿAṭiyya: parece, pues, que el episodio de Badr fue una ruptura de la norma habitual para Muḥammad —Dios le bendiga y le conceda paz—, en el sentido de que Dios les devolvió una percepción con la que oyeron sus palabras; y, de no ser por la información del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— acerca de que oían, habríamos entendido su llamada a ellos en el sentido de reprensión para los incrédulos que quedaban, y en el sentido de aliviar los pechos de los creyentes.
Digo:
Al-Buḫārī —Dios tenga misericordia de él— transmitió:
«Me narró ʿAbd Allāh ibn Muḥammad: oyó a Rūḥ ibn ʿUbāda; dijo: nos narró Saʿīd ibn Abī ʿArūba, de Qatāda, quien dijo:
Se nos mencionó que Anas ibn Mālik, de Abū Ṭalḥa, [transmitió] que el Profeta de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— ordenó el día de Badr [respecto de] veinticuatro hombres de los notables de Qurayš, y fueron arrojados a un pozo de entre los pozos de Badr, inmundo y corrompido. Y cuando vencía a un pueblo, permanecía en el lugar tres noches. Cuando estuvo en Badr, al tercer día ordenó preparar su montura, se le ajustó la silla, luego caminó y sus compañeros lo siguieron.
Dijeron: no creemos que se dirija sino a alguna necesidad suya; hasta que se detuvo al borde del pozo y comenzó a llamarlos por sus nombres y los nombres de sus padres: “¡Oh fulano hijo de fulano! ¡Oh fulano hijo de fulano! ¿Os complacería haber obedecido a Dios y a Su Mensajero? Pues nosotros hemos hallado verdadero lo que nuestro Señor nos prometió; ¿habéis hallado verdadero lo que vuestro Señor os prometió?”.
Dijo: entonces ʿUmar dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! ¿Cómo hablas a cuerpos que no tienen espíritus?”.
Y el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo:
(«Por Aquel en cuya mano está el alma de Muḥammad: no sois vosotros más oyentes de lo que digo que ellos»).
Dijo Qatāda: Dios les dio vida hasta hacerles oír sus palabras, como reprensión, humillación, castigo, y [para que sintieran] pesar, remordimiento y arrepentimiento. También lo transmitió Muslim.
Dijo al-Buḫārī:
«Nos narró ʿUṯmān; dijo: nos narró ʿAbda, de Hišām, de su padre, de Ibn ʿUmar, quien dijo: el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— se detuvo junto al pozo de Badr y dijo:
(“¿Habéis hallado verdadero lo que vuestro Señor os prometió?”)
Luego dijo:
(“Ciertamente, ahora saben que lo que yo les decía era la verdad”).
Luego leí
[12319]“Ciertamente, tú no haces oír a los muertos”
hasta que leí la aleya».
Y se ha objetado a esta aleya con el episodio de Badr, con el saludo a las tumbas, con lo transmitido al respecto de que las almas están en ciertos momentos al borde de las tumbas, y con que el muerto oye el sonido de las sandalias cuando se alejan de él, y otras cosas; pues, si el muerto no oyera, no se le saludaría. Esto es claro, y lo hemos expuesto en el libro «al-Taḏkira».
[12319]
: es decir, ʿĀ’iša —Dios esté complacido con ella—.
Notas y Referencias
[12319] Es decir, ʿĀ’iša —Dios esté complacido con ella—.