Las Hormigas
النمل An-NamlVersículo (Español)
[27:32] Dijo ella: "¡Oh, nobles! Aconséjenme sobre este asunto. No tomaré ninguna decisión sin que antes se pronuncien".
Tafsir de Al-Qurtubi
{Dijo: «¡Oh asamblea! Dadme un dictamen en mi asunto; no he sido yo quien decide un asunto hasta que estéis presentes»} (32)
En él hay tres cuestiones:
La primera:
Su dicho —Exaltado sea—:
«Dijo: “¡Oh asamblea! Dadme un dictamen en mi asunto”».
La asamblea (al-malā’) son los notables del pueblo; ya se trató en la sura «Al-Baqara»
[12287] lo relativo a ello.
Dijo Ibn ‘Abbās:
Con ella había mil qīl.
Y se dijo: doce mil qīl, con cada qīl cien mil. Y el qīl es el rey por debajo del rey supremo. Esto muestra su buen decoro con su gente, y su consulta con ellos en su asunto, y que les hizo saber que ello era en ella una norma constante en todo asunto que se presentase:
«No he sido yo quien decide un asunto hasta que estéis presentes».
¿Cómo, entonces, en esta gran contingencia? La asamblea le respondió con lo que le alegraba la vista: informándole de la fuerza y del poder; luego remitieron el asunto a su consideración. Y este es un buen intercambio de palabras por parte de todos.
Dijo Qatāda:
Se nos ha mencionado que ella tenía trescientos trece hombres, que eran la gente de su consejo; cada hombre de ellos al mando de diez mil.
La segunda: en esta aleya hay una prueba de la validez de la consulta.
Y Dios —Exaltado sea— dijo a Su Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—:
«Y consúltales en el asunto» [Āl ‘Imrān: 159] En «Āl ‘Imrān», ya sea como búsqueda de auxilio en las opiniones, o como política de conciliación con los allegados.
Y Dios —Exaltado sea— ha elogiado a los virtuosos con Su dicho:
«Y su asunto es consulta entre ellos»
[Al-Shūrā: 38].
Y la consulta es cosa antigua, y especialmente en la guerra.
Pues esta Bilqīs era una mujer pagana que adoraba al sol:
«Dijo: “¡Oh asamblea! Dadme un dictamen en mi asunto; no he sido yo quien decide un asunto hasta que estéis presentes”»
para poner a prueba su determinación en resistir a su enemigo, y su firmeza en lo que endereza su situación, y su perseverancia en obedecerla; sabiendo ella que, si no ofrecían sus personas, sus bienes y su sangre en defensa de ella, no tendría capacidad para resistir a su enemigo; y que, si no se aunaban su decisión, su firmeza y su empeño, ello sería una ayuda para su enemigo contra ellos; y que, si no probaba lo que había en ellos y no conocía el alcance de su determinación, no estaría con clarividencia respecto de su situación. Y quizá, en imponerse ella sola con su opinión, habría flaqueza en su obediencia, y un elemento oculto en la estimación de su asunto. En cambio, en consultarlos y tomar su parecer había un auxilio para lo que ella quería: la fuerza de su poder, y la intensidad de su defensa.
¿Acaso no ves su dicho en su respuesta:
Notas y Referencias
[12287] Véase t. 3, p. 243, primera o segunda edición.