17

El Viaje Nocturno

الإسراء Al-Isra
Aya 60

Versículo (Español)

[17:60] Cuando te dije [¡oh, Mujámmad!]: "Tu Señor tiene poder total sobre las personas [y Él te protegerá]". Lo que te mostré y el árbol maldito mencionado en el Corán, no es sino para probar la fe de las personas. Los atemorizo [con Mis signos], pero esto les incrementó aún más su desobediencia.

Tafsir de Al-Qurtubi

{Y cuando te dijimos: «Ciertamente, tu Señor ha abarcado a la gente». Y no hicimos la visión que te mostramos sino como una prueba para la gente, y [también] el árbol maldito en el Corán. Y los atemorizamos, pero ello no les aumenta sino en una gran rebeldía} (60) Palabras del Altísimo: «Y cuando te dijimos: “Ciertamente, tu Señor ha abarcado a la gente”». Dijo Ibn ‘Abbās: “la gente” aquí son los habitantes de La Meca, y Su abarcarles es Su aniquilación de ellos; es decir, que Dios los aniquilará. Y lo mencionó con la forma verbal del pasado por la certeza de su realización. Y con esta aniquilación prometida se quiso decir lo que aconteció el día de Badr y el día de la Conquista. Y se dijo: el sentido de «ha abarcado a la gente» es que Su poder los ha abarcado; están en Su dominio y no pueden salir de Su voluntad. Así lo dijo Muŷāhid e Ibn Abī Naŷīḥ. Y al-Kalbī dijo: el sentido es que Su conocimiento ha abarcado a la gente. Y se dijo: lo pretendido es Su protección frente a la gente para que no lo maten hasta que haga llegar el mensaje de su Señor; es decir: “y no te hemos enviado como guardián sobre ellos”, sino que sobre ti está la transmisión. Así pues, transmite con empeño, pues ciertamente te preservamos de ellos y te guardamos: no les temas, y prosigue con lo que te ordeno de transmitir el Mensaje; pues Nuestro poder abarca a todos. En este sentido lo dijo al-Ḥasan, ‘Urwa, Qatāda y otros.

Palabras del Altísimo: «Y no hicimos la visión que te mostramos sino como una prueba para la gente». Cuando aclaró que el descenso de las aleyas del Corán entraña el amedrentamiento, unió a ello la mención del signo del Isrā’, el cual se menciona al comienzo de la sura. En al-Buẖārī y al-Tirmiḏī, de Ibn ‘Abbās, acerca de la palabra del Altísimo: «Y no hicimos la visión que te mostramos sino como una prueba para la gente», dijo: es una visión ocular que se mostró al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— la noche en que fue llevado en el viaje nocturno a Bayt al-Maqdis. Dijo: «y el árbol maldito en el Corán» es el árbol del Zaqqūm. Dijo Abū ‘Īsā al-Tirmiḏī: este ḥadiz es auténtico. Y con la opinión de Ibn ‘Abbās estuvieron ‘Ā’iša, Mu‘āwiya, al-Ḥasan, Muŷāhid, Qatāda, Sa‘īd b. Ŷubayr, al-Ḍaḥḥāk, Ibn Abī Naŷīḥ e Ibn Zayd. Y la prueba fue la apostasía de gente que se había islamizado cuando el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— les informó de que había sido llevado en el viaje nocturno. Y se dijo: fue una visión de sueño. Pero esta aleya dictamina su invalidez, pues en la visión onírica no hay prueba, y nadie habría de negarla. Y de Ibn ‘Abbās se transmitió que la visión de esta aleya es la visión del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— de que entraría en La Meca el año de al-Ḥudaybiya; pero fue rechazado, y los musulmanes se turbaron por ello, y descendió la aleya. Luego, al año siguiente, entró en ella, y Dios —Altísimo sea— reveló: «Ciertamente, Dios ha confirmado a Su Mensajero la visión con la verdad [10293]» [al-Fatḥ: 27]. En esta interpretación hay debilidad, porque la sura es mequí y esa visión fue en Medina. Y dijo en una tercera transmisión: que él —sobre él la paz— vio en sueños a los Banū Marwān saltando sobre su púlpito como el salto de los monos; y ello le apenó. Entonces se dijo: “no es sino el mundo que se les ha concedido”, y se le alivió. Y no tenía en La Meca púlpito, pero es posible que en La Meca viera en visión el púlpito de Medina. Esta tercera interpretación la dijo también Sahl b. Sa‘d —Dios esté complacido con él—. Dijo Sahl: esta visión no es sino que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— veía a los Banū Umayya saltando sobre su púlpito como el salto de los monos; y se afligió por ello, y desde aquel día no volvió a reír plenamente hasta que murió —Dios le bendiga y le conceda paz—. Entonces descendió la aleya informando de que ese dominio suyo y su ascenso lo hace Dios prueba para la gente y examen. Y al-Ḥasan b. ‘Alī recitó en su sermón acerca de su juramento de fidelidad a Mu‘āwiya: «Y no sé; quizá sea una prueba para vosotros y un disfrute hasta un tiempo [10294]» [al-Anbiyā’: 111]. Dijo Ibn ‘Aṭiyya: en esta interpretación hay reparo, y no entran en esta visión ni ‘Uṯmān, ni ‘Umar b. ‘Abd al-‘Azīz, ni Mu‘āwiya.

Palabras del Altísimo: «y el árbol maldito en el Corán». En ello hay anteposición y posposición; es decir: “no hicimos la visión que te mostramos y el árbol maldito en el Corán sino como una prueba para la gente”. Y su prueba fue que, cuando se les amedrentó con ello, Abū Ŷahl dijo en burla: “Este Muḥammad os amenaza con un fuego que quema las piedras, y luego pretende que en él brota el árbol; y el fuego devora el árbol. Y no conocemos el zaqqūm sino como dátiles y manteca”. Luego Abū Ŷahl ordenó a una esclava, y ella trajo dátiles y manteca, y dijo a sus compañeros: “¡Zaqqimad!”. Y se ha dicho: quien dijo “no sabemos del zaqqūm sino dátiles y manteca” fue Ibn al-Zab‘arā’; pues dijo: “¡Que Dios multiplique el zaqqūm en vuestra morada!, pues es dátil con manteca en la lengua del Yemen”. Y es posible que ambos lo dijeran. Y también se turbaron por esta expresión algunos de los débiles; entonces Dios —Altísimo sea— informó a Su Profeta —sobre él la paz— de que sólo hizo del Isrā’ y de la mención del árbol del Zaqqūm una prueba y un examen: para que descrea quien ya tenía decretada la incredulidad, y para que crea quien ya tenía decretada la fe. Como se transmitió que a Abū Bakr al-Ṣiddīq —Dios esté complacido con él— se le dijo la mañana del Isrā’: “Tu compañero pretende que anoche vino de Bayt al-Maqdis”. Dijo: “Si lo ha dicho, ciertamente ha dicho verdad”. Se le dijo: “¿Le crees antes de oírlo de él?”. Dijo: “¿Dónde están vuestras mentes? Yo le creo en la noticia del cielo; ¿cómo no he de creerle en la noticia de Bayt al-Maqdis, siendo el cielo mucho más lejano que él?”.

Digo: Ibn Isḥāq mencionó esta noticia, y su texto es: Dijo: de lo que me ha llegado acerca de su viaje nocturno —Dios le bendiga y le conceda paz—, de ‘Abd Allāh b. Mas‘ūd, Abū Sa‘īd al-ẖudrī, ‘Ā’iša, Mu‘āwiya b. Abī Sufyān, al-Ḥasan b. Abī al-Ḥasan, Ibn Šihāb al-Zuhrī, Qatāda y otros de la gente de conocimiento, y de Umm Hānī’ hija de Abī Ṭālib, se ha reunido en este relato lo que se ha reunido: cada uno transmite de él parte de lo mencionado de su asunto cuando fue llevado en el viaje nocturno —Dios le bendiga y le conceda paz—. Y en su viaje nocturno y en lo que se mencionó de él hubo una prueba y un tamiz, y un asunto de los asuntos de Dios —Poderoso y Majestuoso— en Su poder y Su dominio, en ello hay lección para los dotados de entendimiento, guía, misericordia y firmeza para quien cree y confirma, y está cierto del mandato de Dios —Altísimo sea—. Así, lo llevó en el viaje nocturno —Dios le bendiga y le conceda paz— como quiso y del modo que quiso, para mostrarle de Sus signos lo que quiso, hasta que contempló lo que contempló de Su mandato y de Su inmenso dominio, y de Su poder con el que hace lo que quiere. Y ‘Abd Allāh b. Mas‘ūd —según me ha llegado de él— decía: se trajo al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— el Burāq —que es la montura sobre la que montaban los profetas antes de él; pone su casco en el límite de su mirada—, y montó sobre ella. Luego su acompañante lo llevó, mostrándole los signos entre el cielo y la tierra, hasta que llegó a Bayt al-Maqdis. Allí encontró a Ibrāhīm, Mūsā y ‘Īsā, en un grupo de profetas que fueron reunidos para él; y oró con ellos. Luego se trajeron tres recipientes: un recipiente con leche, otro con vino y otro con agua. Dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Entonces oí a alguien decir, cuando se me presentaron: “si toma el agua, se ahogará y se ahogará su comunidad; y si toma el vino, se extraviará y se extraviará su comunidad; y si toma la leche, será guiado y será guiada su comunidad”. Dijo: “tomé el recipiente de la leche y bebí”. Entonces Ŷibrīl le dijo: “has sido guiado y ha sido guiada tu comunidad, ¡oh Muḥammad!”». Dijo Ibn Isḥāq: y se me transmitió de al-Ḥasan que dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Mientras yo dormía en al-Ḥiŷr, vino a mí Ŷibrīl —sobre él la paz— y me empujó con su pie; me senté y no vi nada. Luego volví a mi lecho; vino por segunda vez y me empujó con su pie; me senté y no vi nada. Volví a mi lecho; vino por tercera vez y me empujó con su pie; me senté, me tomó del brazo y me levanté con él. Salimos hacia la puerta de la mezquita, y he aquí una montura blanca, entre el mulo y el asno; en sus ancas tenía dos alas con las que impulsaba sus patas; ponía su casco en el límite de su mirada. Me montó sobre ella; luego salió conmigo: ni me adelantaba yo a él ni él se adelantaba a mí». Dijo Ibn Isḥāq: y se me transmitió de Qatāda que dijo: se me ha contado que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Cuando me acerqué a él para montarlo, se encabritó [10295] Entonces Ŷibrīl puso su mano sobre su crin y dijo: “¿No te avergüenzas, oh Burāq, de lo que haces? Por Dios, no te ha montado ningún siervo de Dios antes de Muḥammad más noble ante Él que él”. Dijo: se avergonzó hasta que sudó copiosamente; luego se aquietó y lo monté».

Dijo al-Ḥasan en su relato: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— prosiguió, y prosiguió con él Ŷibrīl, hasta que llegó a Bayt al-Maqdis. Allí encontró a Ibrāhīm, Mūsā y ‘Īsā, en un grupo de profetas. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— los dirigió y oró con ellos. Luego se trajeron dos recipientes: en uno había vino y en el otro leche. Dijo: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— tomó el recipiente de la leche y bebió de él, y dejó el recipiente del vino. Dijo: Ŷibrīl le dijo: “has sido guiado a la fiṭra, y ha sido guiada tu comunidad, y se os ha prohibido el vino”. Luego el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— regresó a La Meca. Cuando amaneció, fue a Qurayš y les informó de la noticia. La mayoría de la gente dijo: “Esto, por Dios, es el asunto evidente. Por Dios, ciertamente la caravana tarda un mes desde La Meca hasta al-Šām, y un mes de regreso y un mes de ida; ¿y va ese Muḥammad en una sola noche y vuelve a La Meca?”. Dijo: muchos de los que se habían islamizado apostataron. La gente fue a Abū Bakr y dijeron: “¿Qué dices, Abū Bakr, de tu compañero? Pretende que esta noche ha venido a Bayt al-Maqdis, ha orado allí y ha regresado a La Meca”. Dijo Abū Bakr al-Ṣiddīq —Dios esté complacido con él—: “vosotros mentís sobre él”. Dijeron: “no; ahí está en la mezquita contándoselo a la gente”. Dijo Abū Bakr: “por Dios, si lo ha dicho, ciertamente ha dicho verdad. ¿Qué os asombra de eso? Por Dios, él me informa de que la noticia le llega del cielo a la tierra en una hora de noche o de día, y yo le creo; y eso es más lejano que lo que os asombra”. Luego se dirigió hasta llegar al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y dijo: “¡Oh Profeta de Dios! ¿Has contado a éstos que has venido a Bayt al-Maqdis esta noche?”. Dijo: «Sí». Dijo: “¡Oh Profeta de Dios! Descríbemelo, pues yo he ido a él”. Dijo al-Ḥasan: el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Se me elevó hasta que lo miré». Y el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se lo describía a Abū Bakr, y Abū Bakr —Dios esté complacido con él— decía: “has dicho verdad; atestiguo que eres el Mensajero de Dios”. Cada vez que le describía algo de ello, decía: “has dicho verdad; atestiguo que eres el Mensajero de Dios”. Dijo: hasta que, cuando terminó, el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— dijo a Abū Bakr —Dios esté complacido con él—: «Y tú, Abū Bakr, eres el veraz (al-Ṣiddīq)». Y aquel día lo llamó al-Ṣiddīq. Dijo al-Ḥasan: y Dios —Altísimo sea— reveló acerca de quienes apostataron del islam por ello: «Y no hicimos la visión que te mostramos sino como una prueba para la gente, y el árbol maldito en el Corán; y los atemorizamos, pero ello no les aumenta sino en una gran rebeldía». Éste es el relato de al-Ḥasan sobre el viaje nocturno del Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— y lo que en él entró del relato de Qatāda. Y mencionó el resto del Isrā’ de quienes le precedieron en la sīra. E Ibn ‘Abbās dijo: este árbol son los Banū Umayya, y que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— desterró a al-Ḥakam. Ésta es una opinión débil, novedosa; y la sura es mequí, por lo que esta interpretación queda lejos, a menos que esta aleya sea mediní, y no se ha probado eso. Y ‘Ā’iša dijo a Marwān: “¡Que Dios maldiga a tu padre, y tú estabas en sus lomos; tú eres parte [10296] de la maldición de Dios!”. Luego dijo: «y el árbol maldito en el Corán». Y no ha ocurrido en el Corán la maldición de este árbol; pero Dios maldijo a los incrédulos, y ellos son quienes lo comen. Y el sentido es: “y el árbol maldito en el Corán”: quienes lo comen. Y puede ser esto conforme al decir de los árabes para todo alimento detestable y dañino: “maldito”. Y dijo Ibn ‘Abbās: el árbol maldito es este árbol que se enrosca sobre los árboles y los mata; se refiere al kušūṯ. «Y los atemorizamos»: es decir, con el zaqqūm. «pero ello no les aumenta»: el amedrentamiento, sino en incredulidad.

[10293] [10294] [10295] [10296]

Notas y Referencias

[10293] Véase t. 16, p. 289.

[10294] Véase t. 11, p. 350.

[10295] Se dice: «šamast» la bestia y el caballo «tašmas»: se desbocó, se encabritó y rehusó dejarse montar.

[10296] Ésta es una expresión de Faẖr al-Rāzī. Y lo que hay en los ejemplares base: «فأنت قطط من لعنة الله». Lo correcto, según al-Nihāya: «فأنت فضض من لعنة الله»; es decir, una parte de ella.