Las Abejas
النحل An-NahlVersículo (Español)
[16:103] Sé muy bien que dicen: "Es un hombre quien se lo transmite [el Corán]". Pero bien saben que el idioma de quien ellos aluden no es el árabe, mientras que éste [Corán] es en árabe puro.
Tafsir de Al-Qurtubi
{Y ciertamente sabemos que ellos dicen: «No es sino un ser humano quien se lo enseña». La lengua de aquel hacia quien se desvían es extranjera, mientras que esta es una lengua árabe clara} (103)
Palabras del Altísimo:
«Y ciertamente sabemos que ellos dicen: “No es sino un ser humano quien se lo enseña”».
Se discrepó acerca del nombre de aquel de quien dijeron: «No es sino quien se lo enseña».
Se dijo: era un muchacho de al-Fākih b. al-Mugīra, cuyo nombre era Ŷabr; era cristiano y luego abrazó el islam.
Y cuando oían del Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— lo pasado y lo venidero, pese a que era iletrado y no había leído, decían: «No es sino Ŷabr quien se lo enseña, y él es extranjero».
Entonces dijo Dios, Altísimo:
«La lengua de aquel hacia quien se desvían es extranjera, mientras que esta es una lengua árabe clara»;
es decir: ¿cómo podría enseñarle Ŷabr —siendo extranjero— estas palabras, ante las cuales ni los seres humanos ni los genios pueden oponer siquiera una sola sura, y menos aún algo superior a ella?
Al-Naqqāš mencionó que el patrono de Ŷabr solía golpearlo y decirle: «Tú enseñas a Muḥammad»; y él respondía: «¡No, por Dios! Más bien él me enseña a mí y me guía».
Ibn Isḥāq dijo: El Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—, según me ha llegado, se sentaba con mucha frecuencia junto a al-Marwa con un muchacho cristiano llamado Ŷabr, siervo de los Banū al-Ḥaḍramī, y él leía los libros. Entonces los asociadores decían: «¡Por Dios! No es sino Ŷabr el cristiano quien enseña a Muḥammad lo que trae».
ʿIkrima dijo: su nombre era Yaʿīš, siervo de los Banū al-Ḥaḍramī; el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— le dictaba el Corán; lo mencionó al-Māwardī. Y al-Ṯaʿlabī transmitió de ʿIkrima y Qatāda que era un muchacho de los Banū al-Mugīra, llamado Yaʿīš, y que leía los libros extranjeros; y Qurayš dijo: «No es sino un ser humano quien se lo enseña», y entonces descendió.
Al-Mahdawī, de ʿIkrima: era un muchacho de los Banū ʿĀmir b. Luʾayy, y su nombre era Yaʿīš.
Y ʿAbd Allāh b. Muslim al-Ḥaḍramī dijo: «Teníamos dos muchachos cristianos, de la gente de ʿAyn al-Tamr: el nombre de uno era Yasār y el del otro Ŷabr». Así lo mencionaron al-Māwardī, al-Qušayrī y al-Ṯaʿlabī; salvo que al-Ṯaʿlabī dijo: a uno de ellos se le llamaba Nabat, y su kunya era Abū Fakīha, y el otro era Ŷabr; y ambos eran pulidores de espadas [10057] que fabricaban espadas, y leían un libro suyo.
Al-Ṯaʿlabī: leían la Torá y el Evangelio.
Al-Māwardī y al-Mahdawī: la Torá. El Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— pasaba junto a ellos y escuchaba su lectura; y los asociadores decían: «Aprende de ellos». Entonces Dios hizo descender esta aleya y los desmintió.
Y se dijo: se referían a Salmān al-Fārisī —Dios esté complacido con él—; así lo dijo al-Ḍaḥḥāk.
Y se dijo: a un cristiano en La Meca, cuyo nombre era Balʿām, y era un muchacho que leía la Torá; así lo dijo Ibn ʿAbbās.
Y al-Qutbī dijo: en La Meca había un hombre cristiano llamado Abū Maysara, que hablaba en romano; y quizá el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— se sentaba con él. Entonces los incrédulos decían: «No es sino de él de quien Muḥammad aprende», y descendió. Y en una versión se dice que era ʿAddās, el muchacho de ʿUtba b. Rabīʿa.
Y se dijo: ʿĀbis, el muchacho de Ḥuwayṭib b. ʿAbd al-ʿUzzā, y Yasār Abū Fakīha, el liberto de Ibn al-Ḥaḍramī; y ambos habían abrazado el islam. Y Dios sabe más.
Dije: todo ello es posible, pues el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— quizá se sentó con ellos en momentos distintos, para enseñarles de aquello que Dios le había enseñado; y eso fue en La Meca.
Y al-Naḥḥās dijo: estas opiniones no son contradictorias, porque es posible que aludieran a todos ellos y pretendieran que ellos le enseñaban.
Dije: en cuanto a lo que mencionó al-Ḍaḥḥāk, de que era Salmān, ello es remoto; porque Salmān no llegó al Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— sino en Medina, y esta aleya es mequí.
Palabras del Altísimo:
«La lengua de aquel hacia quien se desvían es extranjera».
Ilḥād: la inclinación.
Se dice: laḥada y alḥada, es decir: se desvió del propósito. Ya ha precedido en al-Aʿrāf [10058]
Y Ḥamza recitó: «yalḥadūn», con apertura de la yāʾ y de la ḥāʾ; es decir: la lengua de aquel hacia quien se inclinan y señalan es extranjera.
Y la ʿuŷma es el ocultamiento, y su contrario es la claridad. Y un hombre aʿŷam y una mujer ʿaŷmāʾ, es decir: no se expresa con elocuencia; y de ello «ʿaŷama al-ḏanab», por su ocultamiento.
Y «al-ʿaŷmāʾ» es la bestia, porque no se explica por sí misma. Y «aʿŷamtu al-kitāb», es decir: le quité su ambigüedad. Y los árabes llaman aʿŷamī a todo aquel que no conoce su lengua ni habla con su habla.
Al-Farrāʾ dijo: al-aʿŷam es aquel en cuya lengua hay ʿuŷma, aunque sea de los árabes; y al-aʿŷamī o al-ʿaŷamī es aquel cuyo origen es de los no árabes.
Y Abū ʿAlī dijo: al-aʿŷamī es el que no se expresa con elocuencia, sea de los árabes o de los no árabes; y asimismo al-aʿŷam y al-aʿŷamī, el adscrito a los no árabes, aunque sea elocuente.
Y con «la lengua» quiso decir el Corán; porque los árabes llaman a la qaṣīda y al verso: «lengua». Dijo el poeta:
La lengua del mal nos la conduce hasta nosotros *** y has traicionado, y no pensé que traicionarías
Con «lengua» quiere decir: la qaṣīda.
«mientras que esta es una lengua árabe clara»;
es decir: lo más elocuente que puede ser del árabe.
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