El Trueno
الرعد Ar-Ra'dVersículo (Español)
[13:20] que cumplen con el compromiso que asumieron y no lo quebrantan,
Tafsir de Al-Qurtubi
{ٱلَّذِينَ يُوفُونَ بِعَهۡدِ ٱللَّهِ وَلَا يَنقُضُونَ ٱلۡمِيثَٰقَ} (20)
En él hay dos cuestiones:
La primera:
Su dicho —Exaltado sea—:
«quienes cumplen el pacto de Dios».
Esto forma parte de la descripción de los dotados de intelecto; es decir, sólo recuerdan los dotados de intelecto que cumplen el pacto de Dios. Y «el pacto» es un nombre de género, esto es, todos los pactos de Dios: Sus mandatos y Sus prohibiciones con los que exhortó a Sus siervos. En estas expresiones entra el compromiso de cumplir todas las obligaciones y evitar todas las desobediencias.
Y Su dicho:
«y no quebrantan el compromiso».
Cabe que con ello se quiera decir el género de los compromisos; es decir, cuando contraen, en obediencia a Dios, un pacto, no lo quebrantan.
Dijo Qatāda:
Dios advirtió a Sus siervos acerca de quebrantar el compromiso y lo prohibió en unas veintitantas aleyas. Y cabe que señale un compromiso determinado: el que Dios tomó de Sus siervos cuando los sacó del lomo de su padre Adán.
Y dijo al-Qaffāl:
Es lo que fue implantado en sus inteligencias de las pruebas de la unicidad y de las profecías.
La segunda:
Abū Dāwūd y otros transmitieron de ʿAwf b. Mālik, quien dijo:
(Estábamos con el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— siete, u ocho, o nueve, y dijo: «¿No juráis lealtad al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz—?», y nosotros acabábamos de jurar lealtad
[9384] Entonces dijimos: «Ya te hemos jurado lealtad», hasta que lo dijo tres veces. Extendimos nuestras manos y le juramos lealtad.
Entonces dijo alguien:
«¡Oh Mensajero de Dios! En verdad ya te hemos jurado lealtad
[9385]¿Sobre qué te juramos lealtad?»
Dijo:
(«Que adoréis a Dios y no asociéis nada con Él; que recéis las cinco oraciones; que escuchéis y obedezcáis —y dijo en voz baja una palabra oculta—; dijo: “No pidáis nada a la gente”»).
Dijo:
Y ciertamente a alguno de aquellos hombres se le caía el látigo y no pedía a nadie que se lo alcanzara.
Dijo Ibn al-ʿArabī:
De los más grandiosos compromisos mencionados está el no pedir a otro que a Él. Abū Ḥamza al-Jurāsānī —uno de los grandes devotos— oyó que unas gentes juraron lealtad al Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— a no pedir nada a nadie, el hadiz.
Entonces dijo Abū Ḥamza:
«Señor mío: éstos pactaron con Tu Profeta al verlo, y yo pacto Contigo no pedir nada a nadie».
Dijo:
Salió peregrinando desde al-Šām con destino a La Meca. Y mientras caminaba de noche por el camino, se retrasó de sus compañeros por una excusa, y luego los siguió. Y mientras caminaba hacia ellos, cayó en un pozo al borde del camino.
Cuando llegó al fondo, dijo:
«Pido auxilio, quizá alguien me oiga».
Luego dijo:
«Aquel con quien pacté me ve y me oye; ¡por Dios!, no pronunciaré una sola letra para los seres humanos».
No pasó mucho tiempo cuando pasó junto a aquel pozo un grupo de gente. Al verlo al borde del camino, dijeron:
«Conviene tapar este pozo».
Entonces cortaron madera, la colocaron sobre la boca del pozo y la cubrieron con tierra.
Cuando Abū Ḥamza vio eso, dijo:
«Ésta es una perdición».
Luego quiso pedirles auxilio.
Después dijo:
«¡Por Dios!, no saldré de aquí jamás».
Luego volvió sobre sí mismo y dijo:
«¿Acaso no has pactado con Aquel que te ve?».
Así que calló y se encomendó. Luego se recostó en el fondo del pozo, reflexionando sobre su asunto, y he aquí que la tierra caía sobre él y la madera se levantaba de encima de él.
Y oyó, en medio de ello, a quien decía:
«¡Dame tu mano!».
Dijo: «Le di mi mano y me alzó de una sola vez hasta la boca del pozo». Salí y no vi a nadie.
Y oí una voz que decía:
«¿Cómo has visto el fruto de la confianza (tawakkul)?».
Y recitó:
Mi pudor ante Ti me prohibió descubrir la pasión *** y me bastaste con el conocimiento que de Ti tengo, sin necesidad de desvelamiento
Te mostraste sutil en mi asunto y manifestaste mi testigo *** a mi ausente; y la sutileza se alcanza con sutileza
Te me apareciste mediante el conocimiento hasta que, como si *** me informaras de lo oculto, estuvieras en mi palma
Me veo —y en mí, por mi reverencia hacia Ti, hay soledad— *** y Tú me das compañía con Tu sutileza y con Tu benevolencia
Y das vida a un amante cuya muerte está en el amor *** y es asombroso: ¿cómo hay vida junto con la muerte?
Dijo Ibn al-ʿArabī:
Éste es un hombre que pactó con Dios y halló el cumplimiento en plenitud y perfección; seguid su ejemplo —si Dios quiere— y seréis guiados.
Dijo Abū l-Faraǧ al-Ǧawzī:
El silencio de este hombre en tal situación, por la confianza (tawakkul) que él pretende, es una ayuda contra sí mismo, y eso no es lícito. Si hubiera comprendido el sentido del tawakkul, habría sabido que no contradice el pedir auxilio en esa circunstancia; del mismo modo que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— no salió del tawakkul por ocultar su salida de La Meca, por contratar un guía, por mantener en secreto aquel asunto y por ocultarse en la cueva,
y por su dicho a Surāqa:
(«Escóndenos»).
Pues el tawakkul loable no se alcanza mediante un acto prohibido; y el silencio de éste que cayó en el pozo le está prohibido. La explicación de ello es que Dios —Exaltado sea— ha creado para el ser humano un instrumento con el que rechaza el daño y un instrumento con el que atrae el beneficio; si los inutiliza alegando tawakkul, eso es ignorancia del tawakkul y rechazo de la sabiduría de la humildad. Porque el tawakkul no es sino la dependencia del corazón respecto de Dios —Exaltado sea—, y no es de su necesidad cortar las causas. Y si una persona padeciera hambre y no pidiera hasta morir, entraría en el Fuego; lo dijeron Sufyān al-Ṯawrī y otros, porque se le ha indicado el camino de la salvación, y si se retrae de él, se ayuda contra sí mismo.
Y dijo Abū l-Faraǧ:
No se presta atención a la palabra de Abū Ḥamza:
«Entonces vino un león y me sacó».
Pues, si eso es auténtico, algo semejante puede ocurrir por coincidencia, y puede ser una sutileza de Dios —Exaltado sea— con el siervo ignorante. No se niega que Dios —Exaltado sea— haya sido sutil con él; lo que se censura es su acto, que es su adquisición: ayudarse contra sí mismo, siendo su propia alma un depósito de Dios —Exaltado sea— en sus manos, y Él le ha ordenado preservarla.
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