102

La Rivalidad

التكاثر At-Takathur
Aya 2

Versículo (Español)

[102:2] hasta que la muerte los sorprenda y entren en la tumba.

Tafsir de Al-Qurtubi

{حَتَّىٰ زُرۡتُمُ ٱلۡمَقَابِرَ} (2) La segunda— Su dicho —Exaltado sea—: { حتى زرتم المقابر } es decir: hasta que os llegó la muerte, y pasasteis a estar en los cementerios como visitantes, para regresar de ellos como regresa el visitante a su morada, ya sea al Paraíso o al Fuego. Se dice de quien muere: «ha visitado su tumba». Y se ha dicho: es decir, la rivalidad por la multiplicación os distrajo hasta que contasteis a los muertos, conforme a lo ya expuesto. Y se ha dicho: esto es una amenaza; es decir, os ocupasteis en la jactancia de la vida mundanal hasta que visitéis las tumbas y veáis lo que desciende sobre vosotros del castigo de Dios —Poderoso y Majestuoso—.

La tercera— «Al-maqābir» (los cementerios): es el plural de «maqbara» y «maqbara» (con la bā’ en fatḥa o en ḍamma). Y «al-qubūr» (las tumbas): es el plural de «al-qabr». Dijo:

Veo que la gente de los palacios, cuando mueren, *** construyen sobre los cementerios con rocas.

No rehúsan sino la vanagloria y el orgullo *** sobre los pobres, incluso en las tumbas.

Y ha venido en la poesía «al-maqbar». Dijo:

Para cada gente hay un maqbar en su patio *** ellos disminuyen y las tumbas aumentan. [16333]

Y es «al-maqbarī» y «al-maqburī» [16334] por Abū Sa‘īd al-Maqbarī, y él habitaba en los cementerios. Y «qabartu» al difunto —«aqbiruhu» y «uqbiruhu»— «qabran», es decir, lo enterré. Y «aqbartuhu», es decir, ordené que se le enterrase. Ya ha pasado en la sura «‘Abasa» lo relativo a ello [16335] Y alabado sea Dios.

La cuarta— No ha venido en la Revelación mención de «al-maqābir» sino en esta sura. Y visitarlas es de los más grandes remedios para el corazón endurecido, porque recuerda la muerte y la Otra Vida. Eso impulsa a acortar la esperanza, al ascetismo respecto de la vida mundanal y a abandonar el deseo por ella. Dijo el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz—: «Os había prohibido visitar las tumbas; visitad, pues, las tumbas, porque ellas hacen renunciar a la vida mundanal y recuerdan la Otra Vida», transmitido por Ibn Mas‘ūd; lo sacó Ibn Mājah. Y en el Ṣaḥīḥ de Muslim, por el ḥadiz de Abū Hurayra: «pues ellas recuerdan la muerte». Y en al-Tirmiḏī, por Burayda: «pues ellas recuerdan la Otra Vida». Dijo: «Este ḥadiz es bueno y auténtico». Y en él, por Abū Hurayra: que el Mensajero de Dios —Dios le bendiga y le conceda paz— «maldijo a las mujeres que visitan las tumbas». Dijo: «Y sobre este asunto hay [relatos] de Ibn ‘Abbās y Ḥassān ibn Thābit». Dijo Abū ‘Īsā: «Y este ḥadiz es bueno y auténtico». Y algunos de la gente del saber han visto que esto fue antes de que el Profeta —Dios le bendiga y le conceda paz— concediera licencia para visitar las tumbas; y cuando concedió licencia, entraron en su licencia los hombres y las mujeres. Y algunos dijeron: en realidad se reprobó la visita de las tumbas para las mujeres por la escasez de su paciencia y la abundancia de su desconsuelo.

Digo: la visita de las tumbas para los hombres es asunto acordado entre los sabios; respecto de las mujeres hay discrepancia. En cuanto a las jóvenes, les es ilícito salir; en cuanto a las ancianas, les es permitido. Y es lícito para todas ellas, si salen separadamente, sin [mezclarse con] los hombres; y no hay discrepancia en esto, si Dios quiere. Conforme a este sentido, su dicho: «visitad las tumbas» es general. En cuanto a un lugar o un tiempo en que se tema la tentación por la reunión de hombres y mujeres, no es lícito ni permitido. Pues el hombre sale para reflexionar y su mirada cae sobre una mujer y se ve tentado, y a la inversa; y regresa cada uno de hombres y mujeres cargado de pecado, no recompensado. Y Dios sabe más.

La quinta— Dijeron los sabios: conviene a quien quiera tratar su corazón y someterlo con las cadenas del dominio a la obediencia de su Señor, que multiplique el recuerdo del demoledor [16336] de los placeres, el dispersor de las reuniones, el que da muerte a los hijos y a las hijas; y que persevere en presenciar a los agonizantes y en visitar las tumbas de los muertos de los musulmanes. Estas son tres cosas: conviene a quien se le haya endurecido el corazón y se le haya adherido su pecado, que se ayude de ellas como remedio para su dolencia y que con ellas clame contra las tentaciones de Satanás y sus auxiliares. Si se beneficia de multiplicar el recuerdo de la muerte y con ello se despeja la dureza de su corazón, bien está; y si se le agrava la herrumbre de su corazón y se afianzan en él los impulsos del pecado, entonces presenciar a los agonizantes y visitar las tumbas de los muertos de los musulmanes alcanza, para apartar eso, lo que no alcanza lo primero. Porque el recuerdo de la muerte es informar al corazón de aquello hacia lo que será el retorno, y ocupa para él el lugar del amedrentamiento y la advertencia; mientras que en presenciar a quien agoniza y en visitar la tumba de quien ha muerto de los musulmanes hay constatación y contemplación: por eso es más elocuente que lo primero. Dijo —Dios le bendiga y le conceda paz—: «No es la noticia como la visión directa». Lo transmitió Ibn ‘Abbās. En cuanto a tomar lección del estado de los agonizantes, no es posible en todo momento, y puede no darse a quien quiera tratar su corazón en una hora de las horas. En cuanto a la visita de las tumbas, su disponibilidad es más rápida y el provecho de ella más adecuado y más merecedor. Conviene, pues, a quien se determine a la visita, que observe sus normas de cortesía, que haga presente su corazón al acudir a ellas, y que su parte en ello no sea únicamente dar vueltas mirando a las novedades; pues quien está en tal estado lo comparte en ello una bestia; y nos refugiamos en Dios de eso. Antes bien, que con su visita busque el rostro de Dios —Exaltado sea— y la reforma de la corrupción de su corazón, o el beneficio del difunto mediante lo que recite junto a él del Corán y la súplica; y que evite caminar sobre las sepulturas y sentarse sobre ellas; y que salude cuando entre en los cementerios; y cuando llegue a la tumba de su difunto, al que conoce, que lo salude también, y que se le acerque de frente, pues en su visita es como si le hablara estando vivo; y si le hablara vivo, la cortesía sería recibirlo con el rostro: así también aquí. Luego, que tome lección de quien ha pasado a estar bajo la tierra y se ha cortado de la familia y de los amados, después de haber conducido ejércitos y tropas, competido con compañeros y clanes, y reunido riquezas y tesoros; y le llegó la muerte en un tiempo que no calculaba y un horror que no esperaba. Que el visitante contemple el estado de quienes se fueron de sus hermanos y de quienes precedieron de sus coetáneos, los que alcanzaron bienes y reunieron riquezas: cómo se cortaron sus esperanzas, y sus riquezas no les sirvieron de nada; la tierra borró las bellezas de sus rostros; sus partes se dispersaron en las tumbas; sus mujeres quedaron viudas tras ellos; la humillación de la orfandad alcanzó a sus hijos; y otros se repartieron lo nuevo y lo antiguo de sus bienes. Y que recuerde su ir y venir [16337] en los propósitos, su avidez por alcanzar las demandas, su engaño por la complacencia de las causas y su apoyarse en la salud y la juventud. Y que sepa que su inclinación al entretenimiento y al juego es como la de ellos, y su desatención a lo que tiene delante de la muerte terrible y la destrucción rápida es como su desatención; y que, sin duda, llegará a su mismo destino. Que haga presente en su corazón el recuerdo de quien andaba yendo y viniendo en sus fines, y cómo se derrumbaron sus piernas. Se deleitaba mirando lo que se le había concedido, y ya se han derramado sus ojos; arremetía con la elocuencia de su habla, y el gusano ya ha devorado su lengua; reía por la complacencia de su tiempo, y la tierra ya ha gastado sus dientes. Que tenga por cierto que su estado es como el suyo y su desenlace como su desenlace. Y con este recuerdo y consideración se le desvanecen todas las mudanzas mundanales, y se vuelve hacia las obras de la Otra Vida: renuncia a su mundo, se entrega a la obediencia de su Señor, se ablanda su corazón y se humillan sus miembros.

[16333] :Señaló el verso el autor de Tāj al-‘Arūs junto con otro verso después de él, en la entrada (qabr), y los atribuyó a ‘Abd Allāh ibn Tha‘laba al-Ḥanafī. [16334] :Dijo Ibn Qutayba en al-Ma‘ārif: Abū Sa‘īd al-Maqbarī: su nombre era Kaysān; transmitió de ‘Umar. Y falleció en el año cien. [16335] :Véase t. 19, p. 217. [16336] :Hāḏim (con ḏāl mu‘jama) con el sentido de «cortador»; y lo que se pretende es la muerte, ya sea porque su recuerdo hace renunciar a los placeres, o porque cuando llega no queda nada de los deleites de la vida mundanal. [16337] :En una copia: «tazawwuduhum al-ma’āb».

Notas y Referencias

[16333] Señaló el verso el autor de Tāj al-‘Arūs junto con otro verso después de él, en la entrada (qabr), y los atribuyó a ‘Abd Allāh ibn Tha‘laba al-Ḥanafī.

[16334] Dijo Ibn Qutayba en al-Ma‘ārif: Abū Sa‘īd al-Maqbarī: su nombre era Kaysān; transmitió de ‘Umar. Y falleció en el año cien.

[16335] Véase t. 19, p. 217.

[16336] Hāḏim (con ḏāl mu‘jama) con el sentido de «cortador»; y lo que se pretende es la muerte, ya sea porque su recuerdo hace renunciar a los placeres, o porque cuando llega no queda nada de los deleites de la vida mundanal.

[16337] En una copia: «tazawwuduhum al-ma’āb».